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Full text of "Escritos póstumos de J. B. Alberdi..."

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A33 



ESCRITOS POSTUMOS 



DE 



J.B.1LBERDI 



CORRESPONDENCIA DIPLOMÁTICA 



TOMO XIV 



BUENOS AIRES 



Imprenta JÜAI BAUTISTA ALBERDI— Diu ?iia 782 

leoo 



» > 



CORRESPONDENCIA DIPLOMÁTICA 



EDITOR 

FRANCISCO CRUZ 






u. 



DEL EDITOR 



Necesidad verdaderamente penosa es la que obliga 
al editor de obras tan notables como las del Dr. Juan 
B. Alberdi, á intercalar en ellas alguna página, escrita 
contra su voluntad y teniendo que violentar sus de- 
seos 3' la conciencia de su misión humilde y limi- 
tada por los respetos debidos á la memoria del escritor 
ilustre. 

Hasta ahora, el editor de estos escritos ha procurado 
contenerse en su modesta situación de impresor, sin 
pretender, en ningún momento, acometer tareas para 
las que es incompetente. Eu sus notas, sencillamente 
explicativas para facilitar al lector la inteligencia del 
texto en algunos pasajes de las obras, también ha 
procurado ser sobrio, y puede felicitarse de no ha- 
t)er publicado ningún escrito que no contenga una 
unf>ortancia notoria. Las obras publicadas con an- 
terioridad, quizá contengan palabras y juicios morti- 
tíoantes para algunas personalidades contemporáneas 
de Alberdi, que influyeron en la política y en la di- 
rección de los destinos de la república. Mas si esto 
pudiera menoscabar la fama del escritor en una época 
de agitada lucha y controversia ardiente, muchos auto- 
res de obras que exigen por su carácter mayor se- 
renidad de espíritu é imparcialidad de conciencia, no 
merecerían los honores que se les tributa. Pasiones, 
dicterios, ironías, sarcasmos y burlas sangrientas hay 



en loa escritos délos enciclopedistas franceses del si- 
glo XVlil, en los libros de Voltaire, en los desen- 
fados de Be&umarchais, en los epigramas de PiroL.y 
en los cuentos del abate Prevost, "'Y un poco nías 
adelante y más cerca de nuestro tiempo, no se distin- 
guen por sn i m parcial ¡dad, ni por su falta de apa- 
sionamiento, el «Ensayo de lasTevoluciones» de Cha- 
teaubriand, la «Hiatoriadelosgirondinos» deLamartine, 
<Avant I'exit" do Víctor Hugo. El libro más apa- 
sionado ó insoltante que se ha producido en este siglo, 
«Napoleón le petit» ha obtenido en el mundo una re- 
sonancia excepcional, y no ha obscurei^ido. sino más 
bien abrillantado la gloria del genio qne lo produjo. 

Buscar serenidad de juioioy lenguaje mesurfído en 
los escritores que analizan las ideas y los aoont«otmiei 
tos de su épooa, intervienen en ellos y son actores e 
la lucha, es pretander algo superior á lo humano. So 
aprecia al escritor oomo es, con susvioioa y sus vir- 
tudes, sus gmiidi^zas y bus pe(]ueñecefl, Y no son lorf ■ ' 
libros más fríos ó impersonales los que logran raks 1 
grande y general renombre, sino precisamente aquellofi J 
en que se revela todo lo contrario, porque so dése»! 
descubrir al hombre al través , de sus páginas y cono-* 
cerle por sns obras, mejor que por las notas de sus 
biógratós. 

El editor no es más que un instrumento inteligente 
de la publicidad- No puede mutilar la obra del autor, 
desfigurarla, ni descomponerla á titulo de convenien- 
cias y consideraciones de tiempo y de lagar. N'o está 
facultado para oficiar de censor, ni someter ásojui- , 
oio la obra que edita, ni emborronar la figura moral 
del escritor, ni seleccionar sns producciones sino con 
grau limitación y cautela. La opinión publica y la tirí- 
tioa sapiente se encargarán de apreciar el valor de lA < 
obra en su totalidad y en sus partionlaridades. 

Si se tratase de conocer á Juan B. Alberdi por las 



— 7 — 

liases y otros estudios coQstitucionales solamente, con 
exclusión de todo lo que produjo en su agitada vida 
de polemista y luchador infatigable, su personalidad re- 
saltana muy disminuida y despojada de los perfiles 
que la distinguen, y su obra no aportaría a la historia 
nacional y al conocimiento de su época y de los hom- 
bres que en eUa figuraron, el rico é interesante cau- 
dal de datos que contiene. 

Todo lo no publicado de Alberdi excede en interés 
á lo ya conocido, y el editor se propone demostrarlo 
sin necesidad de otra prueba que la del hecho. Toda 
la correspondencia diplomática, y política de Alber- 
di y la autobiografía, abundante en memorias inti- 
mas é impresiones personales, constituyen un verdade- 
ro tesoro de noticias y documentos, que ha de enriquecer 
la historia patria y contribuir al esclarecimiento de 
la evolución operada en un periodo de la vida nacio- 
nal, que por ser demasiado cercano, oírece grandes di- 
ficultades á una investigación serena. Al historiador 
tuturo corresponde utilizar esos datos. El editor que 
los reúne, ordena y publica cree prestar un servicio 
á su nación 

La apreciación del presente volumen y los que han 
de seguirte, la deja confiada a la rectitud del sentido 
público. 

Resta solamente al editor hacer una declaración res- 
pecto al carácter general de la obra cuya publicación 
ha emprendido. 

Alberdi no tenía nada reservado en su archivo. Si 
hubiera deseado sustraer alguno de sus papeles al co- 
nocimiento de su país en lo futuro, lo habría signi- 
ficado en alguna nota, él que tan minucioso fué en 
la colección de sus trabajos y en la clasificación de 
todos los documentos de su archivo : hasta las cartas 
más insignificantes tienen notas puestas por él. 

Aparte de esta consideración decisiva, para no su- 



piímir oingaii escrito suyo, cree el editor qao pro- 
porciona con la pablícación completa de aquellos es- 
critos, un gran medio de ensañaiusa á la geaeracióo 
presente y á las que le sucedan. 

Más provechosas lecciones que las obras puramen- 
te doctrinales, pueden encontrarse en las páginas de 
política combatiente, porque en ellas se descubre la 
índole de aquel tiempo en que Alberdi vivió, y se re- 
vela su sentido moral y el de los escritores de la épooa. 
Los aspectos de la lucha política han cambiado, por- 
que ni el tiempo, ni los hombres, ni el estado de la 
oÍTÍlÍzación son tos mismos. ¿ Pero no aleccionará co- 
nocer á aquellos hombres, que se sometían eu su labor 
inteligente y en los ardores del combate, á una es- 
pecie de evangelio como el del < Código ó declaración 
de los principios que constituyen la creencia social de 
la Bepi'iblica Argentina?> 

Jiizgunelo los lectores por el texto de una parte de 
ese documento de la Asociación de Mayo, de 1837 
que se reproduce al final de esta nota, y consideren 
si Alberdi y otros escritores se sujetaron á la seve- 
ridad de esos dogmas. Tales son y hau sido siempre' 
en todos los pueblos y oontínuará siéndolo en lo por- 
venir, Las grandes enseñanzas en que la juventud apren- 
da y se ilustre, el libro abierto á los hombres que as- 
piran á ocnpar alguna posición distinguida en su patria. 

Al presente volumen, seguirán otros de correspon- 
dencia histórica y política, la autobiografía, seguuseha 
dicho anteriormente, y nnacolecoion de trabajos jurídi- 
cos, económicos, de historia y otros asuntos, publica- 
dos en Chile durante la permanencia de Alberdf 
aquella república. 

Entre esos numerosos trabajos se enouentran loi' 
que publicó eu la Gacela de los Tribunales de Sao*' 
tiago, durante loa diez meses que la escribió; y li 
artículos de El Comercio de Valparaíso. De esto* 



i 



últimos indíoaremos algaaos de los títulos para que 
se juzgue de su interés : 

Bmpiéatitos para fomentar el prog^reeo. 

Origen de naeatros males económicos. 

La prensa y el eobierno. 

Organiaacion del trabajo. 

Irrupción de la América del Norte en la del Sud. 

Propiedad literaria:— reimpresiones. {Extenso: publicado en 8 númerotU 

El diario no es el diarista. 

Inferioridad social de la América del Snd respecto de la del Norte. {JBn 
euairo número»). 

Facultades extraordinarias: cuadro de las concedidas desde el año 1811. 

Del contrabando económicamente Yisto. 

Cuestión de Buenos Aires.— Política de Rosas. {J3n lo números). 

Influencia de la revolución de Francia en el Plata.— Contestación áQu- 
tierres. (Em 6 númerot). 

Sistemas de Buenos Aires y Chile comparados. 

Derecho marítimo: atribuciones de capitanes: costas. (En 4 número»). 

Política exterior económica. 

ISchererria y Angells. 

La revolución francesa y la América del Snd. 

Mis principios respecto á la política de Chile. 

Estado de la cuestión republicana en Sud América. 

Comparación délos sistemas políticos de Francia y Chile. 

Verdadero carácter de la reforma exijida en Chile. 

La Constitución de Chile no exije reforma. 

Kevolncion ftancesa.— La de Febrero no dará la república. 

Papel de Inglaterra en Europa. 

De la democracia en Sud-América. 

Ore aniíaoion provincial en Chile. 

tíistema mercNntil maritimo- 

Estado de la libertAd de escribir. ( En 4 números, ) 

Viajes de artistas célebres á América. 

Derecho canónico moderno. 

El Brasil y Chile. 

Honorarios de abogados. 

De los términos probatorios en lo judiciario. 

Influjo del estado de quiebra en los derechos politices. 

La suerte de Emilio. (Emocionante episodio ocurrido en el mar durante 
el viaje de Europa á Rio Janeiro). 

Qnlllota y sus coras. 

Cinco por cuatro. ( Sobre el 25 de Mayo ), 

Esta ultima parte, exige para ser coleccionada y ob- 
tenida, sacrificios que el editor no economizará, á fin 
de ofrecer á su país la obra más completa posible, de 
uno de los hombres que más le honran por su saber 
y su talento y, sobre todo, por su constancia en el 
trabajo, no desmentida en ninguno de los países á don- 
de los accidentes de su vida le llevaron. 



— 10 — 

ASOCIACIÓN DE MAYO.— (^' Cóéigo ó declaración áe ha primcipiot qn* 
eonttittiyen la ereenci^ 'ocialdeia Bejrítblica Argentina. 

Fragmento del capitulo VI 



Hay grande diferencia entre gloria y reputación. 

El que quiere reputación, la consigue. Ella se en- 
cuentra en un título, en un grado, en un empleo, en 
uu poco de oro : en un vaivén del acaso, en aventu- 
ras personales, en la lengua de los amigos y de la 
lisonja rastrera. 

La reputación es el humo que ambicionan las almas 
mezquinas y los hombres descorazonados. 
• Pero la reputación va á parar á menudo á su mismo 
féretro con el que la poseyó, y en un día se convier- 
te en humo, polvo y nada. 

En vano gravará la vanidad sobre la lápida que la 
cubre, un nombre. Ese nombre nadie le conoce, es un 
enigma que nadie entiende, es algo que fué y dejó 
de ser, como cualquier animal ó planta ; sin que per- 
sona sepa para que lo vació Dios en el molde del hom- 
bre, y estampó en su frente la dignidad de la razón 
y la inteligencia. 

La gloria es distinta. La gloria es como planta 



(1) Los fundadorefl de la Asociación "Mayo" concibieron una idea inspi- 
rada tal vez por la fraternidad en qae los vinculaban sus peligros persona- 
les y las desventuras comunes.— Quisieron entrar en la vida activa con un 
programa maduro, temerosos de extraviarse en medio de las vicisitudes á 
une 66 lanzaban; y encargaron á D. Juan Bautista Alberdi, D. Juan María 
Gutiérrez y D. Esteban Echeverría que redactaran una explicación sucinta 
de las quince palabras súnbóiieaa que el dia de la instalación hablan acep- 
tado, propuestas por Echeverría, como diNisa y como compendio de su 
credo. 

Dos de los comisionados delegaron su encargo en Echeverría; y con ex- 
cepción de un capítulo que redactó el señor Alberdi, — la exposición fué 
trabajada por él, mientras la asociación se preparaba á formalizar su sím- 
bolo conferenciando sobre numerosas cuestiones políticas y sociales.— Cuan- 
do la minuta estuvo terminada, Echeverría la sometió al análisis de sus 
colegas que la discutieron prolijamente y la aceptaron con ligeras modl- 
flcaüiones.— (Obras completas de José Manuel Estrada, tomo IV, pág. 39.) 



— 11 — 

perenne, oayo verdor nnuca amarillea. La gloría echa 
raíces tan profundas que llegan al corazón de la tie- 
rra y se levanta á las nubes, incontrastable como el 
cedro del Líbano. 

La gloria prende y se arraiga en todos los corazo- 
nes ; la gloria es el himno perpetuo de alabanza que 
consagra un pueblo ó la humanidad reconocida al in- 
genio, á la virtud y al heroísmo. 

La gloria es la riqueza del grande hombre, adqui- 
rida con el sudor de su rostro. 

Grande hombre es aquel que conociendo las nece- 
sidades de su tiempo, de su siglo, de su país, y con- 
fiando en su fortaleza, se adelante a satisfacerlas, y 
á tuerza de tesón y sacrífíeios se labra, con la espada ó 
la pluma, el pensamiento ó la acción, un trono en el 
corazón de sus conciudadanos ó de la humanidad. 

Grande hombre es aquel cuya vida es una serie de 
hechos y triunfos, de ilusiones y desengaños, de ago- 
nías y deleites inefables, por alcanzar al alto bien 
prometido á sus esperanzas. 

Grande hombre es aquel cuya personalidad es tan 
vasta, tan intensa y activa, que abraza en su esfera 
todas las personalidades humanas, y encierra en sí 
mismo en su corazón y cabeza, todos los gérmenes 
inteligentes y afectivos de la humanidad. 

Grande hombre es aquel que el dedo de Dios se- 
ñala en la muchedumbre, para levantarse y descollar 
sobre todos por la omnipotencia de su Genio. 

El grande hombre puede ser guerrero, estadista, 
legislador, tilósoío, poeta hombre científico. 

Solo el Genio es Supremo después de Dios 

La supremacía del Genio, constituye su gloria y 
el apoteosis de la razón. 

El Genio es la ruzon por excelencia. 

Toda otra supremacia no es mas que vanidad pue 
ril, e ignorancia sin seso. Pero desde la altura don 



■ 12- 



de e! genio se sienta como el soberano, hasta la 
máa ínfima grada de la sociedad, hay mil escalones, 
donde podrán colocarse otras tantas glorias también 
legitimaa, pero más humildes ; hay mil Ingiires para 
el hombre de mérito; mil gerarquías que puede am- 
bicionar la capacidad, la virtud y el heroísmo, con 
tal que marchen por la senda del honor y lleven 
siempre al frente da sus pretensiones, el titulo legi- 
timo que las sanciona. 

Ambiciou legitima es aquella que se ajusta á la I 
ley y marcha á sus fines por la senda que ella tra- 1 
za. Toda otra ambición, no es más que el treneaí' J 
de las más innobles pasiones cubierto con la máa- j 
cara del verdadero mérito. 

El que se siente oapáz de haoer una cosa, de lie*' 1 
var á cabo una grande empresa, de ocupar un pues-í 
to elevado, debe ambicionarlo ; pero, sin hollarla' 
ni la justicia, sin emplear los medios reservados á J 
la incapacidad y la malicia. 

La astucia es un instinto de animal que poseen e 
alto grado los hombres que carecen de inteligencia^ 1 
y el cual emplean sin rubor, para llegar á sus de^ 1 
pravados fines. 

La virtud y la capacidad, marchan á cara desou- . 
bierta : la hipocresía y la estupidez ae la cubren. 

No hay gloria individual legitima sin estas oondi- J 
Clones. 

En este crisol pondremos lii reputación de núes- 1 
tras notabilidades revolucionarias : eu esta balanza las J 
pesaremos, con esta medida mediremos y con ella.] 
queremos ser medidos. 

Hemos entrado recien en las vías del progreso : ea-M 
tamos al principio de un camino que nos propond-fl 
mos andar: no tenemos ni gloria ni dignidad, nadal 
poseemos. Cuando hayamos conoluido nuestra carrera 1 
estaremos pronto á aparecer ante ei tribunal de la^ J 



13 



generaciones venideras y á qae se pesen nuestras al- 
mas en la misma balanza en que nosotros pesaremos 
la de la generación pasada. 

Contados son, en muestra opinión, los hombres que 
han merecido la reputación y honores que les ha tri- 
butado el entusiasmo de la opinión y de los partidos. 
Nos reservamos hacer un inventario de los títulos, y 
colocarlos en su verdadero pedestal. — ¿ Dónde irán á 
parar, entoncesi todas esas reputaciones tradicionales ? 
Todos esos grandes hombres raquíticos ? Todos esos 
pigmeos que la ignorancia y la vanidad han hecho 
colosos? 

Difícil es discernir el verdadero mérito de los hom- 
bres públicos, cuando la opinión general no lo san- 
ciona ; sino lo proclaman las pasiones é intereses de 
sus partidarios.— Nosotros, que no hemos tenido, to- 
davía vida pública, ni pertenecido á ningún partido, 
que no hemos contaminado nuestras almas con las 
iniquidades ni torpezas de la guerra civil;— nosotros 
somos jueces competentes para conocerlos á fondo y 
dar á cada cual según sus obras, y lo haremos sin 
consideración ni reticencias. 



CORRESPONDENCIA 

dirljtda 

Al EiwleDttsimo Stiior linistro de Relaciones Exteriores 

de la 
CONFEDERACIÓN ARGENTINA 



París, 7 de Diciembre de 1S57. 



A S, E. el Sr. Ministro de Relar iones Extran- 
}rnis (le la 0>/i federación Ar/jenliva, Dr. I). 
lirrnahr López, 

S<*ní»r Ministro: 

n ' Loiiiílo ol Iionór do recibir el oficio de 
V. K. íle 2\\ de Setiombre último, en que se 
sir\ e romnnicarmo, que los tratados celebra- 
dos por mí con la Corte de Madrid, fueron 
sometidos al Consejo de Gobierno^ y qae niuíni- 
mevtr derlaró inadmisibles el artículo 4:' con sus 
rorrrbuivos y el artículo H.^ del ti'atado de reconocí' 
viiento, no obstante las buenas disposiciones de ese 
(fnbin'nn y las plausibles raj^ones aducidas por mí. 
En cuanto aj tratado consular, me dice V. E., 
jfÍH/fuua objeción ofrece; pero se ha creído que 



<> 



— 18 — 

no aceptando el de reconocimiento^ aquel no podía 
tener lugar. 

Como V. E. se sirve dejar á mi elección 
el entablar nuevas negociaciones para modi- 
ficar los dichos artículos, ó dejar correr el 
tiempo estipulado para las ratificaciones, ca- 
ducando así do hecho el tratado ; creo de mi 
deber manifestar á V. E. los inconvenientes 
serios que presentan uno y otro expedien- 
tes; y la necesidad de prevenirlos, sometien- 
do do nuevo el tratado á la reconsideración 
del Gobierno, en vista de los motivos que 
voy á exponer en este oficio. 

Desde luego, éntrelos dos malos caminos; 
me parece pieferible el de dejar caducar el 
tratado por el simple transcurso del termino 
para su ratificación; pues, así á lo menos 
duraría un año á Uc^estro Gobierno el pres- 
tigio que le da el haber conseguido el re- 
conocimiento) de la Independencia Argentina 
por la madre patria. 

Teio indudablemente ambos expedientes 
ofrecen en su ejecución los inconvenientes 
prácticos que me voy á permitir señalar al Go- 
bierno si hubiese sido interrunq^ida ó aplaza- 
da la negociación antes de firmar el tratado 
yo habría podido irá continuarla; pero dene- 
gada la ratificación de mi tratado ya firmado, 
yo quedo destituido en cierto modo ó inhabili- 
tado para la Corte de Madrid, y se requiere 



- 19 — 

naturalmente nuevo negociador para empe- 
zar nuevas negociaciones, como V. E. ha 
debido conocerlo. 

Es preciso que V. E. me permita asegu- 
rarle, que el nuevo negociador, la nueva mi- 
sión, y los nuevos gastos, no darían á nues- 
ti\) Gobierno más resultados que los que he 
conseguido yo ; porque la España ha proba- 
do ya por diez tratados concluidos con sus 
antiguas posesiones de América, que no tiene 
dos maneras de entender su política moder- 
na para con esos nuevos Estados. 

¿Qué iría íí pedn* el nuevo negociador, ó 
yo mismo, si fuese á pedir un segundo tra- 
tado [ porque á este punto ha llegado el 
negocio)? — En la cuestión de ciudadanía, quo 
nos permita tratar á los españoles en nues- 
tro país menos bien que españa trata á los 
argentinos en el suyo. Esto mismo tendre- 
mos que pedir á la Francia, que coincide 
con España en la pretensión de que sus na- 
cionales sean tratados en el Plata como los 
argentinos son tratados en estos dos países, 
con resi)ecto á la nacionalidad de sus hijos 
aquí nacidos. 

En la cuestión de la deuda, ¿ iríamos á pe- 
dir á España que nos permita desconocer, 
en un tratado, el principio de equidad que 
hemos reconocido ya en nuestras leyes, de 
que el sucesor en ventajas lo es también en cargas ? 



— 20 — 

Bajo la inspiración de Rivadavia fué aplica- 
do ose principio á la deuda hispano-argen- 
tina poi' las leyes de 19 de Noviembre de 
1821 y 15 de Febrero de 1826. Es decir que. 
en materia de ciaíhulanía y de deuda, ¡ iiía- 
mos á pedirle que nos permita desconocer lo 
que toda la América independiente le ba 
reconocido ya por sus tratados! 

¿Iríamos, ademjis, á pedirle ?m tratado de 
recoiíorimirfilo sin condiciones? Un tratado de 
paz sin 'Condiciones, entre dos naciones que 
lian estado en guerra, es cosa incomprensi- 
ble para mi en derecbo de gentes: con re- 
lación á Espafía, sería imponerle una espe- 
cie de capitulación a título de vencida en los 
campos de batalla; para lo cual me parece 
que no es muy opoituno el momento en que, 
dividida y debilitada nuestra nacionalidad, 
buscamos justamente en nuestros tratados con 
Eurjpa los medios de reconstruirla 5" de afir- 
marla. 

En el oficio de V. E* á que tengo el bo- 
nor de contestar, liay una equivocación que 
debo rectificar en el lionor de nuestra Nación. 
Yo no be cedido, en los puntos de la dudada- 
via y de la deuda, de pretensiones anteriores 
y distintas que hubiese tenido á ese respe- 
to, como se insinúa en el oficio de V. E. en 
las aberturas que yo hice como iniciador de 
la negociación, establecí los dos principios 



21 



tales como se han fiíTaado, con diferencia de 
palabras, pues, siend<3 bilateral el acto del 
tratado, yo no tenia el derecho de redactar- 
lo solo. 

Declarando espontáneamente esos princi- 
pios á favor de la España, que los aceptaba 
con perfecta reciprocidad, seguí el ejemplo 
de nuestro país, que en su Constitución fede- 
ral acaba de dar á la America antes espa- 
ñola, una alta lección de largueza hacia las 
naciones cultas de la Europa. Y siendo esa 
cr>nstitucion un precedente americano sin 
ejemplo en ese punto, un trata lo concluido 
seí^un su derecho piiblico^ como prescribo su 
artículo 27, no debía negar á la Espaíia los 
misinos principios que le habían concedido 
las demás Repúblicas, menos pretensiosas en 
sus Constituciones. 

Absteniéndome de seguir en esos puntos 
el V4)ittra-¡)ro!iecto de tratado^ remitido como 
anteredente de la negocútcion aplacada, en el 
Paraná, no salí de mis instrucciones, como 
pretende el señor Ministro en la nota á que 
tengo el honor de responder. Al contrario, 
|>ara entrar mejor en mis Instrucciones for- 
nuiles: para tratar según el derecho púhlico 
de nuestra Constitución, como ella lo exige 
iMi su artículo 27, y no según el Estatuto 
pronsorío de lst7; tuve necesidad de prescin- 
iiir del contra-proyecto lemitido del Paraná, 



en que están coiiiprometidas A mi ver, la 
Coustitiicion y la integridad de ia nación. La 
cuestión es mny alta y trascendental para que 
yo calle los motivos de patriotismo que tu- 
ve a! abstenerme de sogiiir ol contra-proyoc- 
to precitado, no obstante sn orijen loal y 
respetable. 

MÍ8 instrucciones formales para la misión en 
España, fueron dadas en Mayo de 1S54 por 
mi Iinnorable amigo ol señor Ontierrez, mi- 
nistro entonces. En ellas ae oxpi'esa que la 
inspiración de eso negocio era debida al ilus- 
trado argentino D, Francisco Pico, cuya car- 
ta so me mandó oficialmente formando par- 
te de dichas instiueciones. Se me dejó en 
ellas la latitud de acción y do medios que 
lie tenido para las otras negociaciones de- 
scmpeuadiifl en Europa. En o.sa.s ínslruccio- 
ííis se me dice, quo no hay inconveniente 
en admitir el principio de que la deuda de 
tesorería del virreinnto es deiida de la lío- 
públiea Argentina. En la demás se me de- 
ja la Constitución por regla y mi criterio 
por guia. 

Mas tarde hc me envió un contra -proyec- 
to de tratado desechado por Ewpaiiá, y no 
monos desecliable por nosotros, pues á mi 
ver comprometía las miras de nuestra alta 
política interior y exterior. Se me mandó 
ese contra- proyecto eij Enero de 1856 como 



— 23 — 

simple anlecedente. para inducir á España á 
modificar las instrucciones de su negociador 
en el Plata. Seis meses después, viendo sin 
duda que la España, no cambiaba su política, 
88 mo mandó una plenipotencia para prose- 
guir en Madrid la negociación del tratado 
apl^iJtado en el Paraná. Entonces se dio al 
contra-proyecto, remitido como antecedente^ 
ol carácter de hase ó especie de instrucción, 
sin derogar por de contado las Instrucciones 
fo raíales primitivas. 

Desde ese momento mis instrucciones pa- 
i-a España se convirtieron en un caos, y sus 
límites se llenaron de incertidumbre. No po- 
día respetarlos todos á la vez, porque eran 
contiTidictorios. Una pie^a decia : la deuda es- 
pañola es admisible. Otra decia, j)or el con- 
ti'ario : No .-e puede admitir la deuda española. 
Eln una parte se decia: Sernid ante todo la in- 
tegridad Argentina. En el contra-proj^ecto es- 
taba cx)mpi()metida esa mira, pues aduiitia 
la Independencia de la Confederación, dejan- 
do ambigua la nacional argentina de Buenos 
Aires. En vista de la oscuridad de mis ins- 
trucciones y do la necesidad de trafcir, pues 
no se me daban plenos poderes para no ha- 
cer nada, seguí la parte de mis instruccio- 
nes que estaba conforme con la Constitución 
y con los altos intereses del país; 3' pres- 
cindí de la parte que en mi opinión los com- 



24 



prometía, es decir, del contra- proyecto de tra- 
tado remitido del Paraná. 

Si yo no liubiese obrado así, si yo hubie- 
ra tratado según el contra-proyecto sobre- 
dicho; yo habria comprometido á la Repú- 
blica Argentina de los diferentes modos que 
voy á expresar. 

En la cuestión de la Integridad nacional^ 
(alto fin de nuestra política interna y ex- 
terna, y casi todo el fondo de mi misión á 
España, según las Instrucciones primitivas) 
lejos de servirla en el tratado con España, 
yo habiía contribuido á volverla mas oscura 
y complicada, siguiendo el contra proyecto re- 
mitido del Paraná, cu^'o artículo 1." admite 
el reconocimiento de la Independencia de la Con- 
federación^ tal cual se encuentra actualmente cons- 
tituida. Como la soberanía de Buenos Aires 
se encuentra hoy en litigio, y en el hecho 
aparece separada de la Confederación, el re- 
conocimiento de ésta hecho por España, en 
los términos ambiguos del contra'i)royecto^ hu- 
bíeía venido á dar una especie de sanción 
inapelable á la ambigüedad política de Bue- 
nos Aires, (pie tanto com pióme te la integri- 
dad argentina. 

En la cuestión do cildadanía, (conformándo- 
me al contra pro\^ecto sobredicho, yo habría 
celebrado un tratado según el dereclio público 
del Fjstatuto provisional de 1817, repetido en el 



— 26 — 

artículo 6.*» de la Constitución local de Buenos 
Aires, que es el que hace argentino al hijo 
de extranjero, en lugar de seguir el derecho 
público de la Constitución nacional actual^ como 
debo hacerse todo tratíido, según dispone su 
artículo 27. 

Todo nuestro actual derecho público ha sido 
concebido para atraer al extranjero, con el 
fin de poblar el país. Dejar en presencia de 
ese derecho á la ley feudal de Partida, res- 
taurada en el Estatuto de 1817 y en la Cons- 
titución actual de Buenos Aires, es lo niisnio 
<jue decir al extranjero : Venid al país, for- 
mad familia ; pero tmed entendido que nuestras 
let/es la harán j)6r/a^05, convirtiendo á ¡os her- 
manos en extranjeros de los hermanos y d los pa- 
dres en extranjeros de sus hijos. Si el extran- 
jero huye del país que le arrebata su altar 
y su culto, ¿qué no hará del suelo que le 
quita sus hijos y le sume en la horfandad 
política, que el emigrado solo puede mitigar 
por la presencia de su familia conipatriota? 
Kn la cuestión de la dkuda, c(m formándo- 
me al C()ntra-pro3'ccto, yo habría desconocido 
el principio que aceptó y reconoció ya la 
Re[)iiblica Argentina, por las leyes genero- 
síis y leales dadas bajo la inspiración de Ri- 
vadavia, en 1821 y en 1820. 

Va\ lugar de seguir, pues, esa parte defec- 
tuosa de mis instrucciones, seguí la parte alta 



— 2G 



y principal, que estaba en armonía con la 
Constitución gcnoial vigente, con las leyes 
anteriores (jne lian empeñado oí linnor de la 
República }■ Pn las altas miras do nuestra 
política presente en cuanto á la integridad 
do la Nación. 

Por csn camino me tnú fácil iratar dentro 
do loa límites de nuestra Coustitncinn vigen- 
te, que era para un' la instrucción de las ins- 
trucciones, ó su modio natural de comento. 

Atendí, desde luego, al alto interés do la 
Iiitvi/ridail nacional argeiidiia, y lo serví consi- 
guiendo i|U6 el reconocimiento de nuestra 
Independencia por España fneno lieelio pai'a 
todo e! piiís arf/ciit/}io, vteiicionnilo en nuestra 
Constitiiritm írdi-nd riíjrnh, os decir, paia to- 
da la lic^mhl tai Arijailina, comprontlida Bue- 
nos Aii-e.s. Como nuestra Constil.ncion nt> 
ílfsrrilie el tiuritorio, sino que le íxcncio/ía so- 
Inmente en su aitícnlo 34, adoptr^ esa locu- 
e.iun, que no deja duda sobre la pertenencia 
de liiienog Aiies á la llepública Argentina. 
No creo que en esto punto se puetla com- 
parar el artículo I" del tratado que firmt! en 
Madrid cnu los artículos 1" y ¿" equivalente 
del voutni-invi/ivlo remitido del Piíranil 

En la cnestiuii do la ciudadanía ( que nueBa 
tra Constitiieinn dejí^ iiidofínida precisumen< 
te para no tenor disputa sobre eae punto 
dejó el principio feudal de la ley de Partí 



á 



27 



da Q)j restablecido en la Coiivstitucion de J817 
y en la de Buenos Aires de 1854, según las 
cuales es argentino el hijo de extranjeio que 
nace en iniestro país. — En lugar de seguir 
esa legislación abolida por retrógada ó in- 
hospitalaria, seguí naturalmente el piincipio 
contrario de nuestra Constitución incluido 
implícitamente en sus artículos 20, 21, 25, 
27, 64, inciso 16, y en su preámbulo, que 
ofrece los Ifeneficios de la libertad para todos los 
Jiotnbres del mundo qiie quieran hahífar el suelo 
argentino. 

Esos artículos crean en la Repiíblica Ar- 
gentina un derecho de geyítes privado^ excep- 
cional en favor del extranjero. Ellos for- 
man justamente la fisonomía que distingue 
á nuestra Constitución entre toda la Améri- 
ca Española, constituida, al parecer, para 
alejar al extranjeio y quedar desierta per- 
petuamente. El artícenlo 20 le dá todos los 
derechos civiles de ciudadano^ sin imponeiie la 
ciudadanía. El artículo 21 eximo do la car- 
ga del servicio militar del ciudadano argén ti 
no al extranjero nacionalizado. El artículo 25 
obliga al gobierno á estimular la inmigra- 
ción de extranjeros, y le prohibo restringirla, 
limitarla^ ni grabarla de modo algmio. El ar- 
tículo 27 quiere que los tratados afiancen y 



tt» Ley I, Tlt. 20. Partida II. 



— 28 — 



gai-anfcicen ese derecho público Á favor del 
estraujoro. El íirb. 64 dá al Congreso la ta 
cuitad de proveerlo conducente á la prospe- 
ridad liél \rdi>f, prumoviendi} la iumiyracion 
extranjeros, ]>or If.yes proteríorns de este (iii y ¡i 
conccsümes p>ioilegÍarÍas y recompensas de vsm 
mulo. 

Todos osos artículos, todas esiis miras dgi 
nuestra Constitución, lian sido respetados 
servidos por el artículo 8" de mi tratado, < 
que estipulé o! principio de que d hijo i/fÍ 
exlranjeio sigue la nacionalidad de su padre. 

Ese principio pertenece hoy al derecho í 
teriiacional privado de toilas las naciones t 
vilizadas de la Europa, con excepción de I 
Inglaterra, que, en ese pnnto, eonserv 
legislación ioudal lespecto del extranjera 
Los Estados- Unidos lian abandonado el dé" 
lecho de la madre piitría á este respecta 
La Inglaterra es demasiado grandi> para qu 
esa anonialia pueda dañar á su. progreso. ~ 
ro una República de 8nd-América no tendi'í 
más que copiar el deiecho internacional j 
vado do la (rran Bretaña, en punto i 
diidaníii, para quedar demorta, y apara 
ctinio biiibara á los ojos de la Europa, 

En la cucHtiou do la ukuda, respetó el effl 
peño do honor que contrajo la República / 
gentina, bajo la noble intiiionciji de Ri' 
davia, el día (]uo consolidó su deuda interit^ 



— 29 — 

por las leyes de 1821 3' <le 182G, en qno ad- 
mitió el piincipio, tan justo entre las na- 
ciones como entre los individnos ; de que : 
suceile en cargas el que sv.cede en ventajas. — 
Mis Instrucciones forwales me habían recor- 
dado ya eso antecedente honorable de nues- 
tro país. El Dr. Pico, distinguido publicista 
argentino al servicio de nuestro (ilobierno, 
4]ue liabía inspirado la misión á España, me 
repetíai nueve meses después de remitido el 
i*ontra-pr<\vecto, que desconoce la deuda de 
tesorería, que esa deuda no debía detener- 
nos, pues liabía sido ya reconocida y paga- 
da en su mayor parte. (*) Y como el honora 
ble predecesor de V. E., mi ilustre amigo, en 
lugar de enviarme., documentos de nuestro 
Ministerio de Hacienda, que justificasen el 
recelo de admitirla deuda hispano-argentina 
de tc*sr)rería, me decía, con la probidad que le 
distingue, que ign avaha por su parte lo que la 
EsjHina entiende j)or la deuda de tesorería ; j^o 
no tuve embarazo en resolver esa cuestión 
\yoY v\ tratado exactamente como lo habían 
resuelto ysL las lej'^es de la República en la 
consolidación de la deuda interior. 

Yo adquirí antes de eso el convencimiento 
de que la ÍLspaña no tiene dos modos de en- 
tender la deuda de tesorería de sus antiguos 



(1» El lector podrA ver la carta del Dr. Pico que se publicará mas ade- 
lante. 



— 30 " 



viifinafcos da América, lio}" repúblicas ó es- 
tados independientes. Ella oiitienile la deu- 
da argentina do tesorería del mismo modo 
quo lia entendido la deuda de tosororía de 
Chile, dol Ecuatl'ir, de Vime,sue1a, etc. Todas 
esas i'ü[HÍblÍGii8 han admitido como suj'a esa 
deuda ainericano-esjjañola en los tratados, 
Jlan estipulado un término para sus pagos. 
Ha pasado eso téi'uiijio en Uia más de ellas. 
¿ Tenemos noticia de que la España haya 
cobrado el precio de sus expcdicione.s milita- 
res contra e^as repúblieasí' ¿Tenemos noticia 
de que dos naciones que han estado en gue- 
rra so cobren entre sí los gastos de sus ejér- 
citos y ciimpañaa ? ¿Y delante de mi tema 
nacido do irreflexión había de trepidar yo 
011 admitir la renuncia, que hat-ia la Coi-ó- 
lia de España en tavor dt'l Gobierno Nacio- 
nal del Paraná, de su antigua soberanía en 
io que lia sido y es hoy la Hepüblim Argén- 
íma ; y el reconocimiento solemne de la in- 
depeiuleiicia y nacionalidad de nuestro país, 
hecho nada menos que por el gobierno á 
<piieu habíamos sucedido, por las armas vic- 
toriosas, en el ejer< icio de la soboiunfíi po- 
lítica quo estamos empeñatlos en constituir 
y consolidar por todos loa medios que reco- 
noce la civiliz.icion ? 

Yo escribí el artículo -i." dol tratado, que 
admito la dinula de tesorería, en los mismos tér- 



31 



minos y casi con las mismas palabras en que 
le admitió Veneniéla en su tiatado con Es- 
paña : Venezuela, el país de Bolivar, donde 
la España multiplicó sus expediciones mili- 
tares, y en que la guerra de la Independen- 
cia fué más obstinada que en las provincias 
de la actual República Argentina, admitió 
ese principio sin menoscabo de su dignidad ; 
y es notorio qne no ha tenido que rcspon 
der do los gastos que hizo España para man- 
dar los ejércitos despedazados por Bolivar. 

A la par del ejVmplo de las demás Repú- 
blicas, me decidieron á reconocer esa deuda 
las consideraciones de que estaba pagada en 
su mayor parte, y que el resto (presumible 
más bien que cierto ) debia pagarse, no en 
dinero, sino en papeles de deuda pública, ó 
en tierras de esas que estamos dando gratis 
á los inmigrados extranjeros de otras nacio- 
nes que no descubrieron el suelo que habi- 
tamos. 

Obrando así, lejos de temer responsabilidad 
alguna por \\n tratado entre la opinión do 
mí país, la asumí con una confianza que es 
más enérgica y tranquila á medida que re- 
ilexiono más en lo que hice con el mismo 
desinterés, con el mismo amor al país, con 
la misma conciencia de que son testinionio 
t4>di»s mis escritos y trabajos en su favor, que 
él conoce. 



32 



AImíit»» lík tiriiio crtiitiai /^i «le «iiu mi país 
no t^-iuiíá oti-a ••pinioíi •^n^- I.i 1111011011611188 
naíi'.iios iiiíbi «'i'* i!¡zaila> il»* Emi»pa y Amé- 
r'v'n í-ii piiiií*ijt¡i>; ilt- 1 1*""!'. «'1)11 ¡nt«'i nacional 
{iH vadti. V si aii^nna^ |»riOiii paciones que- 
íla^íon í-n iiii.'^srii» paí< «!•• !• -^ ti»:*nipos leiula- 
los í'í d" !os tioinp«i-5 i]o iriii-ira, nuostio de- 
\)f'\' Hi'iía ¡Iiistrailii, 011 liiiiar ile ci»ntiMnp!ar 
sus f.srra\ÍM^. 

V. K.. sin rMiibíir^ii. nii- si-nala como motivo 
ílr» la inaílmisiíin <l«l tiataili» c\ u mor do con- 
frariar la o¡tinion ¡iiiUlh n, umuiffsUithi m contra 
(l( los í'(/Ñ jn'i/tíijfi ts si^fiíf Iti r¡ii*hitlanírt // la 
(Ifndn. Diré el oíirio á í|ii«» t díxo il lionor 
<l(; rosiKíjulí.r I. 

Yo mo ])orm¡tx) croor ijiio oso tomor os in- 
finulado, <*n vista <lo la 1í*v «|Uo ol Congre- 
so Ar^^íMitiiio, <*0'> iiimidiato do la opinOn 
do la Nación, acá ha do dar 8ol>re la ciuila' 
(lanía, consíigranílo ol prnici|)io mismo cpio es- 
tipuló on (»1 tratado, f^olnv. (¡ue\oí^ hijos deex- 
Iraiijcros nacidos en nuestro país pueden optar 
(i la nacionalidad de su ¡mdre 01 llef/ando d su ma- 
yor edad. 'J^iiid)ion mo poimitiré recordar 
(pu» la ai)otoosis fpio I103' so hace á líivada- 
via y íi sus loyes ( dos de las cuales consagran 
(d priní*ip¡o sobre la deuda de tesorería, que 
rí^sp(»(ó on el tratado), os una sanción in- 
directa, de la opinión general en íavoi* 
do osi' |)rincipio. Podria yo agregar á todo 



— :í3 — 

esto la autoridad de la prensa argentina, 
pailidciria dol Oobierno Nacional, que ha re- 
c;ibido con el más alto elogio la ley precitada 
del Congreso sobre ciudadanía; y tsunhien la, 
autoridad de la prensa curoj^ea, que acaba 
de condenar ol principio contrario, defendido 
|X)r el gobernador do Buenos Aiies. 

Fuera do estas manifestaciones indiiectas 
do la opinión en favor de los principios do 
mi tratcido, no conozco otras en contrca; y 
me permitirá V. E. agregar que no só cómo 
ni cuándo haya podido la opijiion manifes- 
taa'se contra esos puntos de imestras cues- 
tiones (!on España, que no han salido hasta 
ahora dol socreto de la diplomacia, 3" que 
|)or lo Uí( nico y científico de su carácter, 
son ajenos (ui cierto modo del criterio po- 
pular ó connm. (.'omo publicista argentino, 
debía vo misuio conocer esas manifestacio- 
ntís; pero no croo quo podíamos tomar como 
opinión de la Nación la de la prensa oficial 
4lel (lobierno de Buenos Aires. 

La res|X)nHabil¡da.d verdadei amonte de te- 
mor sería la de los nsultados quo va á traer 
la |)olíti(*a iniciada en la repulsa dol tratado 
con España. No los debo ocultar al (iobierno, 
jK^njue ellos sojí otros tantos 'motivos que 
tuvo á la vista para líi celebración de eso 
tratado, en que procure evitarlos desde lejos. 



M 



No e^ un tratado simplemente, es un sis- 
tema lo rjue :fe rechaza en el tratado : y ose 
dístetna es el de la Constitución vigente. EU 
ataque es hoy á uno de sus principios : peit) 
ellod forman una cadena que ariastiai-á eu 
la misma suerte á los dt-más. 

Alterada la Coustitucion en su derecho pú- 
Uim déf/erido á b)s extranjeros, cambiará natu- 
ralmente la actitud favorable de las nacio- 
nes extranjeras hacia el Gobierno de la 
Con fedei-acion . 

No delx>mos olvidar que su actitud actual 
es un ensayo, una tentativa, y que no i\a 
un medio de estimular su decisión definitiva 
el desvirtuar los principios que hemos invo- 
cado para atraer sus simpatías. 

l'ara que un Gobierno pueda desechar 
decorosamente un tratado estipulado en su 
nombre, es preciso que el negociador haya 
envuelto á sn Gobierno ó á su país en una 
situación vilipendiosa, ó comprometido sus al- 
tos intereses. Yo debo creer que no he in- 
cunitlo on esta desgracia, puesto que el Go- 
bierno Argentino me conserva el honor de 
ser su representante en España. 

¿(Juáles son entonces los motivos en que 
s(5 Cunda el acto gravísimo de desechar un 
tratado ya firmado? 

Naturalmente tendré que explicar al Go- 
bierno de España los motivos que ha teni- 



— 35 — 

do el de mí país para desechar el tratado 
que firmé en su nombre. Yo no conozco 
otix>s que los seííalados im el oficio á que 
contesto. Naturalmente me son trasmitidos 
con el fin de satisfacer al gabinete de Ma- 
drid. 

Y no solamQiite tendremos que explicar- 
los á España, como es decoroso, sino tam- 
bién á los Gabinetes de Francia é Inglaterra, 
que nos han ayudado á llevar á cabo esa 
negociación. Si no ha habido para ello más 
luotivos que los contenidos en el dicho oficio 
de V. E. de 23 de Setiembre último, mu- 
cho temo (jue cuando los conozcan á fondo 
esas naciones, encuentren contrariado y com- 
prometido el sistema de la constitución que 
hemos invocailo para atraer su considera- 
ción, y que empiecen á retirarnos su con- 
fianza poco á poco. 

Desde luego la España no quedará conten- 
ta del rechazo, sobre todo cuando conozca 
los motivos. Y sin embargo no será ella la 
que mas pierda (hablo en esta nota con el 
gobierno de mi país). Ella queda en posesión 
de todas las franquicias y garantías que nues- 
tro país ha dado al extranjero ; nosotros con- 
tinuauíos destituidos de la sanción que su 
reconocimiento debo dar á imestra soberanía 
nacioual. 

Es verdad que V. E. me observa después 



— se- 
de hecho ei tratado (las lustrucciones decían 
otra CA)Hii) (|uo nos basta la independencia de 
lioclio conquistatla por los triunfos 3' asegu- 
rada por el reconocimiento de la Europa. Te- 
mo, señor Ministro, que esttí medio de esta- 
l)lec<:;r nuostia soberanía no nos recomiende 
nmclio á los ojos de los Gabinetes de la Eu- 
ropa. Observe V. E. que estos nnsmos Gabi- 
netes que han reconocido nuestra Independen- 
cia de hecho, Hon\()H i \no han apoyado nuestra 
solicitud para obtener el reconocimiento de 
nu(stro derecho por España y no lo han 
j)ract¡cado en interés nuestro solamente, sino 
taml)ien en el interés i)ropio, pues la sanción 
moral do España absuelve su política pasa- 
da y afirma su política presente para con nos- 
otros. 

Por otra parte, si enseñauíos á la Europa 
y a las naciones extranjeras que todo nues- 
tro derecho j)ara poseer y gol)ernar la Repúbli- 
ca Argentina descansa en los triunfos de nues- 
tras armas, obtenidos en el campo de batalla 
(juerrá decir que convenimos de antemano 
en que todo poder extranjero que disponga 
de mas bayonetas que nosotios y pueda vencer- 
nos lili acciones de guerra, será soberano legí- 
timo de nuestro suelo al mismo título que noso- 
tros invocamos. — En presencia de la política 
invasora de los Estados Unidos y del Brasil, 
y de la necesidad que tenemos de apoyarnos 



— 37 — 

en la Europa para con-tenorla, no sería muy 
discreto ostentar esa doctrina del derecho 
puro de las aimas. 

La España quedará en actitud de tratar con 
Buenos Aires, y no le íaltarán disposiciones 
desde que vea el caso que nosotros hacemos 
de su reconocimiento. Buenos Aires tiene 
paiu ella el mérito de haber sancionado las 
leyes que comprendieron la deuda española 
en la consolidación de su deuda interior ; y 
sí bien es verdad que pei*s¡ste en sus errores 
de ayer en materia de ciudadanía^ á lo me- 
nos aparece consecuente mientras que nos- 
otros quedamos come falsos liberales en la 
genei^osidad esci-ita de nuestra Constitución. 

El gobierno local de Buenos Aires que tu- 
vo el honor de iniciar la revolución de la In- 
dependencia, vendrá también á tener el do 
concluirla, celebrando en nombro de esa mis- 
ma nación la paz que ella no fué la primera 
en interrumpir, ni ha sabido celebrarla cuan- 
do ha esbido en su mano. 

La Francia no verá con gusto el rechazo 
do un tratado que ayudó á negociar ; — sobre 
todo cuando se sepa que ese rechazo envuel- 
ve el de un principio que ella misma sostiene, 
de aeueiílü con toda la Europa civilizada, 
cuntía el principio en cuyo nombro el gober- 
nador de Buenos Aires liace soldados de li- 
nca á ios hijos de extranjeros. 



La Inglaterra deseaba el loconoriinieiito de 
miestra Iniiepondencia como la flancion mas 
genuiua y legitima de la política que ella lia 
iniciado y hecho recibir en Europa y Amé- 
rica en favor de la integridad política de 
nuestra Repúblicn. Retirándole esa base por 
nnestra paite, aparecemos nosotros como em- 
peííados en dividir el país que los estados de 
Europa se esfuerzan en consolidar. 

Los Estados Unidos y e\ Brasil se tendrán 
por felices de que nosotros misinos les demos 
allanado el cauíino, como han hecho las pro- 
vincias de la América Central, cuj'a antigua 
capital, Guatemala, disputa hoy mismo á la 
España el priucí|jio de que son ciudadanos 
los hijos de extranjeros, exactamente como 
BuenOft Aires, iuiitadora do su papel en el 
liio de la Plata. 

Si no ofrecemos á la Europa mejor polí- 
tica que la de Buenos Aires, fique interés 
tendrá ella en darnos su consideración pre- 
ferente sobre esta antigua capital en que al 
fin existen basta hoy los iutercMes más con- 
siderables de su comercio? 

Un cambio de opinión en la Europa liá- 
cia nosotros puede arrebatarnos en gran par- 
te la poltbica exterior que es el resorte maes- 
tro de todo nuestro sistema de gobierno. 

A estas consecuencias políticas no tarda- 



— 39 — 

rían en suceder otras que afectasen nuestros 
intereses materiales de inmigración, bancos, 
caminos de hierro, etc., que habíamos querido 
atraer y fomentar por la generosidad de 
nuestras instituciones desde que apaieciese 
dudosa su sinceridad al llegar á su aplica- 
ción del principio mas capaz de afectar á 
las poblaciones extranjeras. 

A condición do servir á esa política, admi- 
tí con placer el honor que mellizo el gobier- 
no argentino de constituirme su agente di- 
plomático en estas Cortes de Europa. Desde 
que la veo comprometida en el recliazo opues- 
to al tratado (*on España, comienzo á dudar 
de que pueda yo serie útil en la posición que 
ocupo. 

Si no obstante las consideraciones que he 
tenido el honor de representarle, no como un 
simple empleado comprometido, sino como el 
amigo qne no se ha detenido en sacrificio 
ni cM>nipromiso alguno, para ayudar á su or- 
ganización y defender sus altos intereses, que- 
dase sin reconsiderarse y desechado el tra- 
tadlo en cuya elaboración he puesto mas 
conciencia y empeño que en todos mis traba- 
jos: desde ahora rogaré á mi gobierno se sirva 
darme un sucesor en Madrid, que comprenda 
mejor sus int(Mic¡ones en sus relaciones con 
España. 



— 40 — 

La (letenuina •ion qué el (íobicrno adop- 
te á ese respecto, me indicará naturalmente 
hasta qué grado puedo quedar en la actitud 
de entender y servir sus miras en las demás 
Cortes en (]Uü tengo el lionoi* de represen- 
tarle. 

Si mi tratado es conforme á la Coústitu- * 
cion y al alto interés de la ¡{epiiblica, aunque 
no lo fuese con la parte de mis instruccio- 
nes en que vi la Constitución comprometi- 
da; creo (¡ue no sií debería castigar al país, 
para corregir la indisciplina atribuida al 
negociador. La remoción de éste sin perjui- 
cio del respeto del tratado, sería el medio 
natural de conciliar el interés y el decoro 
de la Nación con la disciplina de sus agen- 
tes. Pero protéstale de nuevo' al concluir, 
que oblando como lo bice, seguí mis instruc- 
ciones cji la paite que las creí más confor- 
mes y más (liguas del pensamiento y del 
patriotismo del Gobierno. 

No será tal vez fuera de pi*oj)ósito repetir 
aquí las siguientes consideraciones reunidas 
en un documento que el Cobierno me remi- 
tió oficialmente, para que comprendiese me- 
jor los objetos y alcance de mi misión á 
Espaíía. Como yo no los olvidé al bacer mi 
tratado, desearía que el Gobierno los tuviese 
presentes al examinarlo. 



41 



«La Confederación, etc.» (sigue aquí el 
extracto de la carta de Pico). 

Aprovecho esta oportunidad para renovar 
á V. E. la seguridad del respeto con que 
tengo el honor de sahidarle. 



43 



Paris, 7 de Diciembre de 1857. 



A S. E. el señor Ministro de Relaciones Ex- 
tranjeras doctor don Bernabé Lópe^. 

Señor Ministro: 

Tengo el honor de acusar recibo de los 
tres oficios de V. E* del P de Setiembre y 
del 23 del mismo. Varios de sus objetos 5^ 
algunas ocurrencias de este mes serón la ma- 
teria de este oficio. 

Usando de las facultados que me tiene 
dadas el Gobierno, he nombrado para cón- 
sul de La Confederación en el Havre de Gra 
cía al señor C. L. Braumüller, negociante 
prusiano, largo tiempo establecido en esa 
plaz¿i, sujeto de posición honorable y ven- 
tajosa. Todavía no se ha expedido su Exe- 
quátnr. 

IWos ilias después de mandar á Londres 
la patente para el Sr. Charles Holland llegó 
el oficio de V. E., expresándome ol gusto que 
tendría de que continuase el señor Smith. 
En ol acto escribí á lord Charendei-, supli- 
cándole dejar las cosas como estaban, si no 



— 44 — 

so había dado ya el Exequátur al Sr. Hollaiid ; 
y S. E. se })iestxi fá'ilniente á esta solicitiul. 
Debo añadií' solamente á V. E. que en el 
Sr. Hollaud liubióramos tenido un coopera- 
dor poderoso para la formación de la Com- 
pañía de íeno-carril do Córdoba. 

El Sr. AVhoelwrig, encargado de la lor- 
macion do la dicha Compañía, partió el mes 
pasado para los Estados Unidos por algunos 
meses, dejando en su lugar en Londres un 
agente de la primera respectabilidad. El 
mensaje de la Reina de Inglaterra que man- 
do á V. E., es el documento que puede dar 
idea más cabal de la crisis pecuniaria que 
pesa hoy sobre la Inglaterrii. Su duración 
depende do la cuestión de India, cuyo des- 
enlace no se considera próximo todavía. 

Este antecedente le bastará á V. E. para 
estimar el valor que pueden tenor las pro- 
mesas de los que nos anuncian un Banco 
para la Confederación con cai)itales euro- 
peos. Inútil que yo añada que esa crisis es 
extensiva á la Francia en gran parte. 

Los empresarios de la línea de vapores en- 
tre Hamburgo y Rio Janeiro me han diri- 
gido la proposición que acompaño á V. E. de 
un servicio prolongado hasta el Paraná, ba- 
jo una subvención de nuestro Gobierno. Des- 
pués de la línea inglesa, la de Hamburgo 



— 45 — 

v9 considerada como la miis digna de con- 
fianza y respeto. 

Usando de las facultades que me tiene de- 
feridas el Ciobiei-no, he nombrado con fecha 
diez de Noviembio pasado, oficial adjunto 
de ostii Legación, con el sueldo de la ley, 
al señor Gabriel Florentino Valens, Bachi- 
ller en derecho español, conocedor profundo 
(le las dos lenguas, sugeto de piobidad cono- 
citla y de laboriosidad infatigable. Ya me 
era imposible desempeñar por mí solo la nml- 
titud «le negocios acumulados. 

El señor ÍB'ilippani, nuestro agente confi- 
dencial en Roma, me ha dirigido la carta que 
ac<mipaño original á V. E., por algunos da- 
tos dignos de ser conocidos de nuestro Mi- 
nistro de Cidt^. En ella me acusa recibo 
de los pliegos remitidos por V. E., y que yo 
encaminé últimamente., sobre disminución de 
los días festivos en Córdoba y en el resto de 
la Rí^pública. También me habla en dicha 
carta del estado de la misión del señor Ma- 
rini ( á quien V. E. supone nmerto en Rio 
Jancíiro, probablemente por una equivoca- 
ción, ) 

Tengo noticia de que el señor Mirabeau 
I^inas, nombrado ministro de Estados-Uni- 
dos para el Paraná, partirá dentio de poco 
al Plata ó Rio Janeiro en un transporta del 
Estado. 



46 



Se solicitó por mi conducto desde Estatlos 
Unidos un privilegio paia alunibiai' con gas 
carbónico la ciudad de Rosario; y liabicudo 
yo iiidiciido in respuesta la forma on (]ue 
había de liaceiwe la soiicitud, espero que po- 
dré encaminarla por el próximo vapoi'. 

El si'fíor Don Pedro P. Ortiz dirige á nues- 
tro gobicino desdfí Eatados-Unidos la solici- 
tud que acompaño origiual á V. E., para la 
entrega del premio que dice corresponderle 
como autor do la Memoria sobre tierras pilhU- 
cas. firmada por un .sud- americano que triun- 
fó cu el certamen oficia! de Paraná. El se- 
ñor Ortiz, amigo decidido de nuestra causa, 
no está distante de trasladarse á nuestia 
Cüuíederai'.ion para emplear su8 talentos de 
un modo útil para nosotros y para él. 

El ministro de la Confedeiueion Suiza en 
París me ha dirigido la nota y el documen- 
to que aconqjaño originales á V. E., á fin 
du que los deseos del Ministro helvético so 
realicen mediante la bondad de nuestro Go- 
bierno, como lie tenido el Iionor de prome- 
terle anticipadamente en su nombre. El do- 
cumento adjunto o.s una obligncion de pago 
do ciento treinta Trancos, suscrita por X. . . 
colono suizo i|ue debo estar en la colonia 
«Eapeíanza» . cerca de Santa Fé. Es remi- 
tido en lionaeion con el objeto de que llrguo 
por nuestro conducto en manos de dicho co- 



47 



iono, acerca de cjya persona se desea re- 
cibir alguna noticia en Suiza, también por 
nuestro conducto. 

Me invita V. E. á que averigüe en qué 
términos y con qué sueldo se decidiría el 
señor Michel Chevallier á pasar á la Con- 
fedei-acion. Yo no conozco aquí otro indi- 
viduo de este nombre que el eminente eco- 
jiomista, autor de tantas obras populares en 
Europa y en América, miembro actualmen- 
te del Consejo de Estado del Emperador. 
Dado que esté decidido á ir como ingenie- 
ro á la Confederación ; pero sin embargo yo 
hablaré con él en estos días, cuando se res- 
tablezca de una enfermedad grave que aca- 
ba de sufrir. Tal vez la indicación que so 
ha hecho á V. E. sobre este punto esté li- 
gada secretamente con un negocio muy grave 
y trascendental, de que yo hablaré á nues- 
tro Gobierno si llegase ocasión. 

Quede instruido de que V. E. firmó un 
tratado de amistad, comercio y navegación 
con el Ministro de Prusia en el Paraná. 
Creo deber participar á V. E. que en Ale- 
mania ha hecho una impresión alarmante, 
entre los empresarios de colonización, la 
simple noticia de que nuestro país trata de 
hacer un concordato con Roma. 

Me permito recordar á V. E. el deber en 
que está nuestro Gobierno de responder acep- 



i^ndo ó desechando las prfkpoííicioucs < 
dirigió el si'ñor Km-st, de Priisia, por « 
duclu del señor Hiiei-go con iiespocto á.A 
Ionización en nuestro jmis porinmigi'ados i 
manos. El señor Karst esjtei-a osa deciait 
Es persona muy rGspnta.l)le y que ejerce 
grande influt-ncia en In prensa de Alema- 
nia. 

Remito á V. E, algimos articnloa de lea 
diarios de Europa que se refieren á los ne- 
gocio» dol Plata Por ellos vení V. E. la 
pésima impresión que- ha piTjducido en la 
opinión piilílica do Europa la pretensión de 
Buenos Aires de naturalizar por hieiza á 
los hijos de extiaujoros que quieren seguir 
la nacionalidad de sus padres, coniorme al 
principio reinante en todo el mundo civili- 
zado. 

He recibido la copia que ha tunido V. E. 
la bondad do mandarme del documento de 
9 de Setiembre, en que nuGstrn Ciobieino 
invita al de Buenos Aires ú examinar la 
Constitución Foilei-al para allanar la roinoor- 
poracion de osa provincia ¡i la República. 
Lo he visto con el mayor placer, poi^jue 
coincide en mucha parte con los tmbajos 
que yo habia realizado aquí, para llegar al 
misuiü resultado con la cooperación dn los 
poderes extranjeros, empleada dn modo que 
los empeñase más y más en nuestro íaiü 



— 49 — 

fin pst-e mes he tenido el honor de presen- 
tar al señor Conde Walewski la Memoria que 
á ese fin había presentado en Londres á 
lord Clarendor. Yo supongo que los Minis- 
tros de ambos Gabinetes en el Paraná re- 
cibirón indicaciones favorables á nuestro 
propósito de traer por un medio ü otro á 
Buenos Aires al seno de la familia nacio- 
nal. 

No dejaré de llamar la atención de V. E. 
sobre la necesidad cada día mayor de ad- 
(juirir el apoyo de algunos diarios en Eu- 
ropa, para defi^ndoi- á nuestro Gobierno y 
hacer conoc^er á nuestro país contra la de- 
tracción sistemada que hacen do nuestras 
cosas los diarios subvencionados por Buenos 
Aires. Las subvenciones del Gobierno de 
psa provincia son eficaces, poique se pagan 
<ii Kiiropa por sus banqueros conocidos, en 
Jo cual nos llíívanín una ventaja inmensa, 
iniíiitras el (íobionio nuestro no abra rela- 
ciones do crédito con alguna casa ó banco 
de Euro[)a. para el pago do sus libranzas. 
La ventaja <le mejor causa es completamen- 
ta inútil ó ijisio;uiíic:ante en la consideración 
de los diaristas o;iropeos. 

El doctor lirufi^nes, fundador de la Colo- 
nia francesa on ( Venientes, me ha encarga- 
dii de trasmitir al señor Presidente do la 



50 



Confederación el memorial que incluyo á 
V. E. para ese eíecto. Cediendo á mis ins- 
tancias, el doctor Brugnes parace dispuesto 
á entenderse directamente con nuestio Go- 
bierno, en lugar de hacer sus reclamaciones 
exclusivamente por conducto del suyo, como 
pensaba. 

Aprovecho de esta opoitunidad para re- 
novar a V. E. la seguridad de mi respeto, 
con que tengo el honor de saludarle. 



AÑO 1858 



París, 7 de Febrero de 1858. 



Al señor Ministro de Relaciones Extranjeras en 
d Paraná. 

Señor Ministro: 

He tenido el honor de recibir las comu- 
nicaciones de V. E. del 28 de Noviembre de 
1857 con los varios documentos que venían 
adjuntos relativos al Banco de los señores 
Trouvé-Cbauvel y Dubois, y con las leyes 
de contrabando y de ciudadanía, tarifa, etc. 

CJomo V. E. no me daba orden terminan- 
te de publicar un aviso oficial de haber ca- 
ducado el privilegio de los señores Trouvé- 
Cbauvel y Dubois, ni venía entre los docu- 
mentos el decreto que había declarado ese 
hecho, creí conveniente dar notoriedad en 
la prensa de París, sin carácter oficial, á 
la extinción de dicho privilegio; en lo cual 
tuve por segunda mira prevenir una polé- 
mica desagradable á que parecían dispues- 
tos esos señores. Ellos me dirigieron en ton- 



— iJ4 — 

no caDibiaría de actitud respocto de nuestro 
Gobierno. 

Muy lejos estaba yo, pues, de esperar una 
modificación tan cuuti-aria á los mismos in- 
tereses franceses, cuando llegó el vapor del 
Plata de principitís de Noviembre. Apenas 
recibí las comunicaciones de V. E., redacté 
una nota para el Conde Walewski, dirijürida 
á impedir el reconocimiento del señor Bal- 
caree. La dirigí el IG de Diciembre, y en 
el mismo día me presenté al Ministro para 
llamar verbalmente su atención ¡í esa nota, 
y pedirle en nombre del Gobierno Argen- 
tino una declaración sobre la política que 
estuviese dispuesto íl seguir en este punto. 

Remito á V. E. en copia la nota que pa- 
só el 16 de Diciembre, 

Bise dia justamente había sido recibido el 
Sr. Balcarce, sin que el Ministro me hubiese 
consultado ni participado, precisamente la. 
menor cosa sobie ese paso, que tanto afecta 
al Trobierno y al país que yo represento. 

El Ministro me explicó el hecho del modo 
siguiente; filemos heclio todo lo posible en 

• apoyo déla integridad y unión do la Con- 
» federación. Hemos procedido en ello cnu la 
i mayor franqueza, púas hemos retirado nues- 
. tni Legación de Buenos Aires para traslii- 

• darla al Paraná. No pensamos salir de esa 

• vía, pero no podemos ir mas adelante, sin 



— 55 — 

< mezclarnos en la política interior del país. 
* Queremos abstenernos de esa intervención. 
« En protección de nuestros intereses 3'^ na- 
«cionales que existen en Buenos Aires, y en 
Uíonsideracion á la actitud que gualda esa 
<pix)vincia respecto de la Confederación, 
«mandamos allí un Cónsul. Entonces se 
«nos preguntó de Buenos Aires si admiti- 

< riamos un encargado de negocios. Desa- 

* probamos esa idea, y dimos consejos ten - 

« dontes ala unión. Pero el los insistieron en 

i 8U pensamiento, y nombraron un encarga- 

« do de negocios. Teníamos que aceptarlo 

« ó rechazarlo, porque no habia término me- 

< dio. Si lo rechazábamos, rompíamos con 

c Buenos Aires, y no podemos hacer eso. Te- 

€ ncraos allí doce mil franceses y un gran co- 

€ mercio. Buenos Aires es un estado indepen- 

* diento que se gobierna por sí; y mientras que 

* no se incorpore en Ja Confederación, tiene 
4 derecho á tratar con los países extranjeros, 

* como (;n la Confederación Germánica lo 

* tendrían la Piusia, la Baviera, ó como lo 
•« tendría un c«\nton de la Confederación Sui- 

i za si se separase de la unión federal. > 

Aun(|ue mi nota del IG ei'a una protesta 
implícita contra osa declaración, no cíoí de- 
ber limitarme á eso. La obligación prin- 
cipal do mi misión en Europa es apoN^ár la 
integridad argentina, dispjiii^ad ) á o^t) 



5lí 



Dbiernos á una política uomiucente i 
fin, A mas de oso el Señor vice-prosiclente 
me anunciaba t]ue nuestro CJobieniü iba á 
pvotustar contra el nombramiento lieulio por 
Buenos Aires de un Encary;ado tle negocios 
en eata Corte. En vistii de tíido olio me con- 
sideré autorizado para dirigir ú eate Minis- 
terio, como lo bice, la nota-protesta del iíü de 
Diciembre, que acompaño á V. E. en copia. 

Seguii la opinión del nmiido diplomático 
y según la prensa ostraíijeia, al Conde Wa- 
íewnki no lia procedido con juicio en reci- 
bir al Si-. Balcarce. Por lesultlado de ese 
error catamos aquí dos Ministros del mismo 
país y en lu misma Corte: conciudadanos 
ambos, rosando los mismos colores, el mis- 
mo escudo de armas, el mismo sello, etc. 

Este becbo necesitaba una protesta mny 
fuerte. Yo bice la que remito á V. E. ; 
pero ella mo ba sido devuelta por los moti- 
ven invocados en la nota, que también le 
remito en copia. 

Me <iuedaba otro medio de protesta, y ora 
el (le pedir mi pasaporte; peioeomo laFian- 
cia tiene su legación ante el Cíobicrno del 
raransí, y se me ba prometido continuar 
en esa actitud sin mandar Agente político á 
Buenos Aires, yo he creído deber quetlar en 
mi puesto para trabajar con todos los me- 
dios quo están á mí alcance en dos propósí- 



57 



IOS, á saber: 1® conseguir que la Francia 

se detenga en este paso, ó lo modifique de 

algún modo ; que no vaya mas adelante en 

esta vía; que á pesar, del paso dado nos dó 

siempre su apoyo para vencer esa misma 

resistencia de Buenos Aires, que ella favorece 

tal vez involuntariamente : 2^ Evitar que el 

piíso dado por la Francia sea repetido por 

los demás Gobiernos de Europa. 

A este fin voy á presentar al Emperador 
mi credencial de Ministro plenipotenciario. 
Pero no debo ocultar á V. E. que en el 
cístado en que se está poniendo la opinión 
(le la Europa respecto de nosotros, el paso 
dado por un gobierno de tanto prestigio co- 
mo el de Francia puede traeinos consecuen- 
cias muy desagradables, si no tratamos de 
nvitcirlas con tiempo por los esfuerzos pro- 
pios de la Nación Argentina. Ya el mal 
de la desmembración toma proporciones ta- 
les que el remedio de la diplomacia puede 
ser iuip<jtente. Será preciso que la integri- 
dad i)olít¡cíi de la República Argentina no 
quede dependiente de los caprichos ó de los 
desaciertos de los gobiernos de Europa. 

El a[)oyo de la embajada de España, tan 
bien mirada en esta Corte, me habría podido 
ser útil ; pero en vez de apoyo, es más fá- 
(ú tj'ie encontremos en ella oposición y dis- 
guste», con ocasión del rechazo que nosotros 



hemos puesto á 8u tratado. Ya on España 
es conocido ese ¡mso de iinnativi f^obieriin, 
que ha producido muy ílcsnpiadiililo impre- 
sión. Debemos temer ilo él dos c^onsecuim- 
ciaa inmodiata.s en España, y moii ; que el 
señor Tliom¡jsoii, agento confidoiieial do Bue- 
nos Aii'es en Minlríd, sea roctinocidn, como 
el seuor líalcarce, en calidail do Encarga- 
do de Negocios, y qne la prensa de la Pe- 
nínsula, tan desparramada en Europa, si- 
declare contra noaotios, y noa dé la mala 
reputación de Méjico y del Perú, debida, en 
gran parto, á los diarios españolea. 

Si mi protesta hecha en Fiancia no leci- 
be la aprobación solemne do mi (fubiemo ; 
si la que él misino lia hecho contra el Gio- 
bierno de Buenos Aii'ea no os tiunnnií-ada 
solemnemente á todos los gobierii'ia do Eu- 
ropa, líneuos Aires va á mnlbiplicar sus 
agentes diplomilticosen todos países y va tal 
vez á celebrar tratados, y la desmoiubracion 
Gxterior de la República va á quedar reali- 
zada de lioitbo por esto camino peligroso. 

Entretanto aigu yo rodeado do obstíicnlos 
y dificultados paiu luchar contra las resis- 
tencia-s que .-je numentau. 

Aun uo t.onimos aquí fondos para el piígi» 
de los oni|)liiidüs tlu la Legación, para suíi- 
vención de pi-riódicns. etc. ; nos falta en con- 
secuoncia el apoyo de la prensa, y nuestro 



59 



serricio diplomático os incompleto. Nues- 
tros negocios argentinos continúan aquí os- 
curos y desconocidos, y este es el principal 
origen del extravío del Gobierno Francés 
en el paso que ha dado. En estas grandes 
naciones no se ilustra la opinión con pala- 
bras ó memorias manuscritas, sino con pu- 
blicaciones multiplicadas y abundantes. Allí 
mismo, en nuestro propio país, no se ilus- 
tra la opinión pública por otro medio. 

Buenos Aires, al contrario, hace muchos 
esfuerzos para fomentar publicaciones, de 
que remito á V. E. una pequeña muestra. 
Sus pagos son hechos en Europa, donde tie- 
ne relaciones corrientes con banqueros. 

Nuestro servicio diplomático, que tiene 
qne luchar en Europa contra la influencia 
del comercio monopolista ya establecido y 
de los numerosos cónsules de Buenos Aires, 
es incompleto por la misma causa. Hace 
más de un año que escribí al Paraná se- 
ñalando los inconvenientes que esto podía 
traer, pero hasta hoy no tenemos allanados 
los medios. Teniendo que cambiar constan- 
temente de pais para desempeñar las varias 
misiones que me están confiadas, y no con- 
tando ni con un solo secretario, toda Corte 
de que me ausento os una plaza que queda 
en descubiei-to. 

V. E. comprenderá que si esto sigue así. 



GO 



la opinión de la Europa irá cambiando po- 
co á poco tíu nuestra contra. 

En tanto qne nuestro Gobierno toma laa 
determinaciones que espero incesantemeute, 
he creído deber tomar algunas medidas que 
estíi situación reiilaniaba urgentemente. 

El 10 de Noviembre como anuncié á V. 
E., nombré al señor Valens Ofluial adjunto 
de esta Legación, con el sueldo do la ley, 
en atención al asiduo trabajo que le impone 
esto puesto. 

He nombrado también al señor Delfín lí. 
Huelgo secretario provisorio tie la Legación 
(sin asignación de sueldo,) con motivo de 
la posición de Ministro plenipotenciario (^ue 
voy á asumir. 

He hecho celebrar un cuntíate con un 
diario de París, noinl>rado la Estafeta, para 
que sus colunnias estt'n A imostra disposi- 
ción mediante una subvención de veinte rail 
francos al año, que serán pagados por tri- 
mestrL-s en el Paraná. Por el vapor que 
viene irá el contrato en copia legalizada. 
Esa subvención será menor á medida que 
los demás Ministros de América, residentes 
en París, tomen parte en el apoyo oficial 
dado á eso periódico, que sus empresarios 
van á consagrar al servicio de América, ei»- 
cargando su redacción á esciitores i 
mera nota en esto país. 



— 61 — 

No dude V. E. que en saliendo de estas 
primeras ocupaciones voy á llenar los deseos 
de nuasto Gobierno en la cuestión de los 
reclamos de indeninizn cienes dirigidos por 
los de Francia ó Inglaterra. 

Acerca de nuestros negocios de Roma no 
ha ocurrido en este mes sino lo que verá 
V. E. en las piezas (¡ue le adjunto origi- 
nales. 

Me parece conveniente que V. E. saque 
al señor Ministro francés Leí obre de Bé- - 
court de la equivocación en que está de su- 
poner al señor Mannequin empleado de esta 
Legación : iio lo es, ni lo ha sido. 

Como sabrá V. E. á la fecha, habiéndose 
ido de Europa ol señor Buchental en el me s 
de Noviembre, la libranza que me ha remi- 
tido contra él para pago do sueldos ha lle- 
gado cuando ese señor estaba ausente, por 
cu3"o motivo ha quedado sin pagarse. Es- 
timaría á V. E. so sirva arbitrar algún me- 
dio para que esa libranza sea pagada aquí. 

Pedí al señor (íil las bases y condiciones 
con que sería él, banquero de nuestro Go- 
bierno en Europa. Me ha prometido darlas 
I>or escrito, y puede ser que las lleve este 
vapor. Yo las conozco, 3^ son las muy sen- 
cillas que todos los bancos observan para 
sus suplementos y pagos. Consisten en efec- 
tuar estos pagos, previa la consignación de 



— 62 — 

fondos ó de efectos públicos negociables por 
parte del librador. No es otro el modo como 
la casa do Baring, de Londres, paga las li- 
branzas del Gobierno de Buenos Aires, que 
le hace remesas todos los meses. 
Aprovecho, etc. 



París, 7 de Enero de 1858. 

At b'tiior Ministro de Relaciones Exteriores de 
lii Confederación Argentina. 

Señor Ministro: 

Ho üiiiido el henar de recibir sus comu- 
iiicHcionos de 25 y 30 de Octubre. 

Kl encargo más urgente de los que en 
illas se sirve hcicernie V. E., es el relativo 
al noniljiainiento del señor Balcarce (onio 
encargado do negocios de Buenos Aires vn 
París. Voy á instruir á V. E. de lo ocu- 
rrido en ese punto, (jue tanto afecta á la 
int(»gridad de nuestja nación. 

Va\ el mes anterior había presentado yo 
un Mi mord/tihnn al Conde Walewski, hacion- 
du scíutir la necesidad de una política njás 
decisiva de su parte en favor de la integri- 
da»! Argentina. Antes de ahora he man- 
dad*» copia ci V. E. de ose Memorándum. 

Haría muy pocos días que en una visita 
el C\»nde Walewski había asegurado al ma- 
iiscid Santa Cruz que el (íobieino francés 



M 



ees la carta de 25 de Enorn que trasmit 
V. E. A oaa caitíi respondí yn con la i 
26 del mismo Enero, qiio también trasmil 
en ("Opia. Estos señoics confian en la 
cíe de resnrreccion de su privilegio qno 1 
hecho aquí el señor maiiscal Santa Cruz l 
gun ellos obrando como agente coniidontí 
. del Oobioino Argentino. Aiuique iiohel 
nido intervención oficial en ol pretend 
arreglo con el señor mariscal Santa Cit) 
creo que es puramente nominal, pup! 
carácter confidencial ('i privado del seíior '. 
riscal, no era anficiente para firmar emita 

tos cajiaces de obligar A la Repriblica Arg^ 

tina, y entiendo que si firmñ algiinü, fné 
con condiciones complicadas y numcrosaa 
que no so han realizado. De todos modos 
la pretensión de esos señores quedaría sa- 
tisfecha, si consiguiesen ser admitidas i") par- 
ticipar de una fusión de todas las empre- 
nas roncurrentes para la formación de un 
Banco. Ellos, por su parte, no han publicado 
nada en la prensa de ]'aiÍH. — Acompaño á 
V. E. las palabras que ¡lublicó la Extaffia, 
diario de ostu rapital. 

En cuanto á los deseos de nuestro fio- 
biorno, de que los <¡abinetes de Fiancia é 
Inglaterra adltioran il las bases de liqui- 
dación de los créilítos respectivos do hus 
nacionales, propuestas por el nuestro, me 



65 



parecen tan legítimas y bien fundadas, que 
casi no dudo de que obtendremos un buen 
éxito, si pei-sistímos en ellas con firmeza apo- 
yándolos tanto en el Paraná como aquí. La 
condescendencia, la justificación generosa con 
qne ha procedido en esos negocios la Con- 
federación, será considerada por estos gobier- 
nos como prueba de debilidad de nuestra 
parte si al mismo tiempo no tomamos una 
actitud firme que nos haga dignos de su 
i-espeto. ■ 

En cuanto ni asunto del Encargado de Ne- 
(focios de Barrios Aires, recibido por este Go- 
bierno de Francia, las cosas han quedado en 
el mismo pié que cuando escribí mi corres- 
pondencia anterior, ó más bien este Gobierno, 
lejos de ir msis adelante en el camino em- 
pozndo el 1(> do diciembre de 1857, hadado 
declaraciones y filmado una actitud que 
muestra su deseo ovidente de conservar su 
antigua polítiía de pr(dilecci-»n por nuestro 
<iobionio Nacional. 

El 8 do enero tlespues de despachar el va- 
por anterior, volví á tener una entrevista 
deten i la con el Chinde Walcwski. Aunque 
1*1 resultado de ella íué el restablecnniento 
completo de nuestra buena armonía, son muy 
dignas de fijar la atención de nuestro Go- 
bierno, algunas cosas pasadas en ella. V. E. 



i'ecortlará quo el principal motivo iuvocad» 
|>ai'a devolveiuie la protesta del 30 de di* 
cieiubre, fué que yo había rt-petido Ins pala- 
bras ütÍL'ialea que lue dijo el Conde VValewski 
letapundieudo á ta iuterpelaciou verbal que 
yo le hico en nombre de mi Oobieruo. Pue» 
bieu: e! 8 de euero observé al señor Conde- 
ijue ya i¡ue lui protesta iiiu había sido de- 
vuelta yo creía y esperaba quo me seria per- 
mitido exponeile en una turma ú otra, siu 
repetición Je palabras ni aire de protesta, 
las cdusL'Cuenciaj^ de la situación creada á 
mi Legación y á mi CTobierno. ¡tor el leco- 
nociniiento de Francia prestado al Encarga- 
do de Negocios en Buenos Aires. El señor 
Conde me interrumpió con viveza: 

— Nu, nada jmdemos admitir en ese sentido. 

Después do volver y de detenerse sóbre- 
los asuntos de la discusior. del 1" de Enero- 
ino repitió muchas veces; 

— Ntisn rus no hetnos cnmliiado; nuestra mira 
i-s sinit¡iri! apoifar y sostener la unión ar¡fenlina. 
Qvcmniiif y sostendranus con nuestra considera 
rioñ al Gohierno dd General Urquiza. A Bue- 
nos Aires mismo no le disiimilamos estos mismos 
nenlimienlos nuestros : todos los días le repetimos 
nuestros deseos de. ver reinstalada la unión ¡¡ue 
'■s útil para indos. Este es nuestro fin constan- 
te. Con este fin hacemos y haremos todo cuanto 
esté en nuestra mano : pero todo oficiosamente, nU' 



— 67 — 

da oficiabnente. Nosotros quedaremos solos en 
esta vía, si la Inglaterra tatiui otra. Nosotros 
no podemos forjar d Buenos Aires con cañones 
á que entre en la unión. Nos daremos de para- 
bienes el día que veamos reinstalada la unión. 
Pero no podemos intervenir en las cosas inte- 
riores del país para trabajar por esa unión. 

Cuando le pedj que al menos se me contes- 
tase á mi nota del 16 de Diciembre para pro- 
l)ar á mi gobierno que yo no había quedado 
impasible delante de un evento tan giave, 
me obsurvó que, en materias de reclamos por 
nuestra parte, era ya bastante esa nota; y 
qu« él por la suya había explicado ya á nues- 
tro gobieino los motivos de su determinación 
del 16 de diciembre (en que aceptó al señor 
Balcarce) por medio de su Ministro residente 
en el Paraná. A este propósito el señor Con- 
de incurrió en una contradicción, que descu- 
bre mejor el espíritu con que procedió al 
adun'tir al señor Balcarce. Me djio «jue yo 
ilebí conocer que mis rabones dadas en esa nota 
Ho les habían ])arccido bastante poderosas, puesto 
que, d pesar de ella^s, habían tomado aquella deter- 
minación: en cuyo caso yo no debí protestar, 

importa que V. E. se aperciba del anacro- 
nismo. Mi nota del 16 do diciembre fué 
«nitregada al señor Condtí horas después de 
la declaración (jue él me hizo ese mismo día 
de haber recibido ya al señor Balcarce. Al 



— G8 



ir á ver al Ministi-o yo mismo llevé la nota, 
que el ciiado entregó en la porter'a He las 
ofieinas, mientras yo hablaba con S. E. 

Del)n prevenir & V. E. qne el Conde \Va- 
lewski espera que mi protesta no so-á apro- 
bada por mi (iobicrno; y que aun me ha 
anienaza.lo con un ciimbio de política si el 
Gobierno la aprobase. V. E. debe aer juez 
de lo que conviene á la justicia y á Indig- 
nidad tle la República. Los libros mñs co- 
nocidoH de diplomacia, señalan como uno 
de los deberta prineipales de un Ministro 
diplomático, el de pjotestar contra los actos 
practicadoH en mengna.óen daño de ku país 
por el Gobierno cerca del cual está acredi- 
tado. V, E. lo sabe por experiencia propia, 
pues todos los dias ponen en ejecución ese 
deber los Ministr-os do estas Cortes acredita- 
dos en el Plata y en América. Si nuestro 
<robierno creyese prefeñble un expediente 
conciliatorio, yo creo que sin desaprobar mi 
protesta, podía él comunicar á estos gobier- 
nos lo que haya heclio el gobierno nacional 
del Paraná contra el nombramiento diplo- 
mático practicado por el gobierno de Buenos 
Aires. 

Tengo datos para creer que la Inglaterra, 
lejos de adherir á la política de Francia t 
este punto, ha dirigido interpelaciones < 
nuestro favor, como las ha dirigido e 



- 69 — 

nistro del Brasil. El mismo señor Conde 
Walewski me ha dicho que ha respondido á 
la Inglaterra en los mismos términos en que 
se ha expresado para conmigo. 

Por la respuesta de dicho conde dada al 
Ministix) del Brasil, he sabido ima cosa muy 
impoi*tante, á saber : que la Francia ha ad- 
mitido al Encargado de Negocios de Buenos 
Aires, bajo la condición diez veces expresa- 
da de no reciprocidad de Legación; es 
decir, que la Francia no enviará agento di- 
plomático á Buenos Aires. 

Con motivo de la presencia cu Paris del 
señor Tresena, cónsul de Buenos Aires en 
Barcelona, se ha dicho que el señor Balcarce 
aprovechaba activamente de ella para pre- 
parar el recibimiento del señor Thompson en 
Madrid. Nuestra posición en este punto no 
puede ser más desventajosa; pues con el ro- 
fhazo del tratado con España, y hasta ]io 
ver cómo se decide ese negocio, evito todo 
lo posible dirigirme al Gobierno de Madrid, 
jK)r no tener que responder prematiuamente 
á interpelaciones que no dejarán de hacérse- 
me en términos, sean cuales fueren, que no 
dejarían de perjudicarnos. 

El cónsul que nombré para la ciudad del 
Havre de ÍJracia, ha recibido el Exequátur 
dado por el Conde Walewski en nombre del 
Emperador, y hoy día se encuentra ya en 



vtcio de aus ínnciones. So llama el 
señor C. L. Braumüller, pniaiano de origen 
y gcfe <le una casa i*espetable de comeicio. 

El snuor presbítero Eyzügiiirre, a su le^ 
greso de Auéiica pata Roma, habló hace 
pocos Uíaa en París conmigo, y me significó 
que tenia datos para creer qne en Roma se 
esperaba hu llegada, lo que vale dei^ir algún 
informe suyo, para proceder al nombramien- 
to canónico de loa obispos de imestras igle- 
sias. Por lo domas, en todo este mas nada 
se me ha comunicado desde Roma por nues- 
tro agente confldencial. 

Se me lia escrito particulainnente de Es- 
tados Unidos que el soñoi' MiiTibeau Lamas, 
nombrado Ministro de Washington para Pa- 
raná, ha recibido últimamente otro destino, 
dirigiéndose por consocuencia á Nicaragua 
y Centro-Amórica. Oobeinos esperar, pues, 
el nombramiento de un nuevo Ministro para 
nuestro jiaía. Nos falta saber la inliuencia 
que en su carácter é intenciones tenga el pa- 
so dado últimamente por el gobierno fran- 
cés y la situación en que hemos dejado los 
negocios de Espatía. Yo confio mncbo para 
este punto on la inllucucia favorable de la 
Inglaterra, pero no debemos perder de vis- 
ta que á medida que so estrechan nuestras 
relaciones con el íírasil, merecen más cui- 
dados y miramientos nuestras relaciones con 



71 



los Estados Unidos, ordinariamente recelo- 
4S08 del imperio vecino nuestro. 
. Me comunican igualmente que el teniente 
Page quedaba preparándose para partir á 
su nuevo viaje de exploración del Plata y 
sus afluentes. 

V. E. sabrá ya que el presidente de los 
Elstados Unidos en su último mensage ha 
amenazado inertemente al Paraguay. Me 
escriben de Estados Unidos que ese amago 
no tiene otro objeto que alarmar al gobier- 
no del Paragua}' para conseguir un tratado, 
pues no tienen un solo buque los Estados 
unidos que pudiera soivirles para hacer la 
guerra al Paragua3^ Agregan, sin embargo, 
que los tendrá en el año venidero, de tal 
naturaleza que bastará uno solo para hacer 
enorme daño al Paraguay. 

La paz d(í la Francia y de la Europa ha 
ceñido un grandísimo peligro en el último 
raes, por una tentativa de asesinato contra 
el Emperador Napoleón, ocurrido el 14 de 
enero, de la cuál han escapado él y la Em- 
peratriz tan milagrosamente que no deja du- 
da do que estos soIk» ranos son instrumen- 
to de la providencia para la quietud de la 
FVancia y de toda la Europa. Aunque yo 
me he dado priesa á tomar parte en todos 
los testimonios de simpatía \^ congratulación 
prestados al Emperador y á la Emperatriz 



72 



por el cutír¡)0 diplomátiwi, creo quu nuestro 
gubieruo deberia »egiiir el ejmii|>lo de todas 
las Cortes de Europa, (¡ue Iiaii diiigido con- 
gratulaciones directaH y expresan jil Empera- 
dor por la preservación de su vida contra, el 
iiteiitado di'l 14 de enero. 

El señor mariseal Sauta t'ruz partió pata 
oí Plata hacia el 20 del pasado en un buque 
de vela salido del puerto del Havre. 

Por di veiüas cartas que he recibido de Ale- 
mania veo que las poblaciones do ese país so 
fijan en las provincias de la Confederación, 
iHimo punto de prediliíccion para eudgiar. 
Pero los empiesarioa de cniie;racion no se 
determinan á empezar sus trabajos, liasta no 
ver promulgaila la ley sobro tierras públicas, 
que consideran como base prmcipal do todas 
sus opeíaciones. 

Algunos avisos confiíiont'iales y reservados 
me han s¡ Jo dirigidos sobro la nocesilad que 
nuestro gobierno tiene de andar con mucha 
circunspección y reserva en la admisión ó 
adopción de los planes sobre bancos propues 
tos hoy día por alg..nos capitalistas estran- 
jeros. Los estragos que los bancos acaban de 
producir en los Estatlos Unidos y en Alema- 
nia, no hacen sino muy dignos de atención los 
avisos á que aludo. 

En estos días me lio diiigido al Minis- 
ro de Relaciones Extianjeras di- Francia, 



- 73 — 

solicitando ser recibido por el Emperador 
|)ara pi'esentar mi credencial de enviado 
extraordinario y Ministro Plenipotenciario. 
Espero que en todo este mes asumiré esta 
nueva posición, que nos dará una nueva ven- 
taja sobre el agente de Buenos Aires. Pero 
no debe olvidar nuestro Gobierno que el me- 
dio principal de ascendiente que posee el 
agente de Buenos Aires, consiste en los fon- 
dos de que se halla provisto puntual y abun- 
dantemente. Para atender dignaniente á los 
deberes que me impone la nueva posición, 
dirijo á V- E., en este vapor una b'branza 
contra nuestro (xobierno por sueldos deven- 
gados y por devengar, por asignaciones de 
la ley y otros gastos oxtraordinaiios cuyos 
íletalles encontrará V. E. en nota separada. 
Los sueldos que en dicha libranza aparecen 
í-olírados anticipadamente no lo están, por- 
que cuando los fondos que parecen adelan- 
tados llegan á mis manos, han pasado )'a 
e4>n exceso los meses á que conesponden. 
Líi libranza es dirigida por medio de la casa 
de los señores (í. F. Dickson y C*^, que tie- 
nen mi encargo de cobiarla. También he 
dado autorización al oficial adjunto D. Ga- 
briel Florentino Valens para (jue libre por 
a.HÍgnaciones y sueldos que le corresponden 
|K)r la ley y cuyo pago inteíosa al servicio 
y d»jc )ro de la Legación en Francia. 



74 



Me escribe el cónsal de la Confederación 
en Suiza, recomendándome la necesidad de 
que nuestro Gobierno rectifique su diploma, 
en el que se puso equivocadamente Berna 
en lugar de Bálr^ en cuyo cant<m tiene su 
residencia. 

Incluyo íi V. E. diversos artículos apare- 
cidos en el último mes en la prensa de Eu- 
ropa con referencia á nuestro país. Los 
principales de ellos tienen orígnn en el arre- 
glo celebrado á ese fin de que di cuenta ;i 
V. E. en el vapor pasado, y cuyo documento 
irá en el vapor que viene. 

No debo cerrar esta correspondencia sin 
dar á V. E. la importante noticia de un .cam- 
bio casi repentino en la situación moneta- 
ria de Europa. El dinero ha bajado en tales 
términos que nunca fué más verosímil que 
hoy, la realización de la compañía, para el 
ferro carril do Cónioha v do todas nuestras 
empresas de créditos. 

Aprovecho, ote. 



París, 7 de febrero de 1858. 

AI señor Ministro de Relaciones Exteriores en 
Paraná. 

Señor Ministro: 

Tengo el honor de dirigirle inclusa la ex- 
plicación detallada de las partidas que com- 
ponen la libranza, que mando por medio de 
la casa de los señores G. F. Dickson y C". 
contra nuestro tesoro nacional por la can ti - 
iad de 17.060 pesos. 

Habiendo llegado después de la partida 
iel señor Buchental la libranza de 3.500 
pesos que contra él se me mandó últimamen- 
te, ha quedado sin pagarse y es osta la la- 
zon porque cobro todo el medio año de mi 
raehlo. desde Julio hasta Diciembre de 1857. 

Cobro igualmente por los seis primeros 
meses de este año de 1858, en atención á 
íjue cuando es? dinero esté en Europa paia 
responder á los gastos que estoy haciendo 
entretanto ya estarán vencidos los seis me- 



Como el rango de Ministro plenipotencia- 
lio tiene i-kigeiicias de instalación superio- 
i'es á las de un Encargado de Negocios, y 
por eso es que la ley acuerda á ese efecto 
una asignación, he creido necesario agregar 
la partida 5". 

Los continuotí cambios de corte y de ins- 
talación que nití veo obligado á efectuar pa 
ra atender las diversas misiones que me están 
encargadas, ine ocasionan gastos improvistos 
y me itiipidon toda clase do ahorro: por lo 
cual be tenido necesidad de poner la par- 
tida 6". 

En cuanto á la 3.", procede de una par- 
te de las erogaciones que me cuesta la re- 
dacción y aparición de artículos do periódi- 
cos inapiradoH para servir ¿i nuestra causa, 
desde muchos meses afci"ás. 

El señor Ministro del interior, Dr. D, San- 
tiago Derqui, me autorizó para introducir al- 
gunas adiciones en IHOO ejemplares de Ift 
edición oficial de mis librus. Estas agrega- 
ciones sumamente necesarios á la explicación 
completa de nuestra política y do nuestra or- 
ganización nacional lian traido un aumento 
en los gastos de impresión, que en los de 
encuademación, embalaje, ílete, eU--., me han 
sido valorados en mil pesos. Ue aquí el orí- 
gen de la partida segunda. 

Aproveclio de esta o¡)ortunidad. 



París 7 de Febrero de 1858. 

Al Ministro del Interior en Paraná, 

Señor Ministro; 

Tengo el honor de prevenir á V. E. que han 
salido de Francia con destino a América va- 
rios cajones de libros que contienen la obra 
titulada: Organización política y económica de 
la Confederación Argentina^ que se ha reimpre- 
so aquí por orden y por cuenta de ese go- 
bierno. 

Todos ellos van lemitidos para quedaí* á 
la orden de V. E. en cuanto á la distribu- 
ción. 

Las |>ersonas, países á que van dirigidos 
y loe buques conductores son los siguientes: 

1 cajón de los ejemplares con la marca C. L. 
m. a., va dirigido á Valparaiso íl D. Carlos 
LamarcH. Salió del Havre el 17 de Diciem- 
bre 1857 por el buque francés Enfant de Frun- 
ce, Otro cajón de los ejemplares con la marca 
D. O., fué destinado á Buenos Aires al señor 
Gabriel Oauwland y salió del Havre el 11 de 



— 78 — 

Eneio de este aiio en el biKnie francés Frati' 
ciscó polin. 

Otro cajón de 50 ejemplares con la mar- 
ca M. C, salici para Montevideo, dirigido á 
D. Miguel Cañé, el 11 de Enero de est*! año 
por el buque francés Levellier. 

Los (lemas cajones conteniendo 600 ejem- 
plares han salido dirigidos al Rosario con 
la marca M. D. L., dirigidos al señor Minis- 
tro delluterior, por el dicho buijue francés 
Franciscójioliíi, saliendo del Havre el 1 1 de 
Enero. 

Algunos cajones hablan ido ya encomen- 
dados al señor Lamarca, oficial adjunto que 
fué de esta Legación, Entiendo que uno ó 
dos de ellos pennaiiecon todavía en la adua- 
na de Montevideo de cuya remisión al Para- 
ná y Buenos Aires se había encargado, si 
mal nu entiendo, al siñor cónsul de la Con- 
federación en Montevideo. 

Creo haber distribuido una centena ó mas 
do ejeuiplares en Europa on el inteiés de dar 
á conocer nuestros asuntos argentinos á los 
hombrea do Estado. 

Teufío el honoi do repetirme de V E. sn 
muy oheiÜLiite y .seguro servidor. 



París, 7 de marzo de 1858. 

Al Sr. Ministro de Relaciones Exteriores en Pa- 
raná. 

Señor Ministro: 

Tengo el honor do acusar recibo de la 
<x)municacion do V. E. del 29 del pasado 
Diciembre. 

Sn deseo quo en ella me manifiesta sobre 
el orden en que he do llevar mi correspon- 
dencia está ya satisfecho, como V. E. lo ha- 
brá notado desde el 7 de diciembre último. 
Si mí honorable amigo el predecesor de V. E. 
hubiese hecho lo que V. E. de mandar al 
archivo mis cartas diplomáticas, no faltarían 
datos en ese Ministerio sobre la marcha de 
esta Legación, pero mi voluntad no ha te- 
uido parte en que eso suceda. Yo respondí 
en la forma de que mi jefe inmediato me 
daba ejemplo. Esa forma se acomodaba bien 
con la nmltiplicidad y rapidez de los tra- 
l)ajos, y no es sin ejemplo en las Legaciones 
complicadas y laboriosas, ilecelando un poco 



que la parte muy confidencial que á vodís ' 
había en osa correspondencia, hubiese retraí- 
do al Sr. Miniriti'o Gutiérrez, después que dejó 
el Ministerio, de dejarla entera en bis archi- 
vos, uuando fu¿ ol Sr. Lainarca al Rio de 
la Plata, le hice tMicargo especial de indagarlo 
y aun eren que advtTti al Sr. Presidente de 
la necesidad do hacerlo extractar, en oaso 
quo el Sr. OujiierreK la bubieae llevado con- 
sigo; puen siendo muy numerosa esa corrcs- 
pondeucio, y fani toda ella ella contraída á 
los negocios de ¡a Bepública Argentina en 
sus relacionen con Inglaterra, Frauriii y linma, 
convenía, A uii ver, que ella existiese en los 
registros de esa Secretaria de Relaciones 
Extranjeras, y yo lo deseaba por mi país y 
por mí. Yo creo que aun podría soliciíaifio 
de la bondad del Sr, Gutiérrez la ejocncioii 
de ese trabajo de separación entre lo que es 
público y loque es de carácter leservado. 
El 19 do Febrero he tenido una entrevista 
con el señor conde Waleuski, de cu3'o objeto 
paso it dar cuenta á V. E. Viendo quo pasa- 
ba muchos ilías sin tener contestación A la 
nota en que pedí audiencia del Emperador 
para presentarle mi credencial de Ministro 
creí deber acercarme al señor conde Waleuski 
y explicarlo el motivo político que yo habia 
tenido en vista para dar ese paso. Le dije 
en efecto que lo sucedido últimamente hacía 



— 81 — 

necesaria alguna explicación de mi paHe, que 
no permitiese pensar que yo quería declinar 
de él, ó apelar al Emperador. No necesito 
explicar á V. E. la conveniencia que había 
de conservar la confianza del Ministro de Re- 
laciones Extranjeras, con quien tendría que 
tratar todos los negocios, aun siendo yo Mi- 
nistro plenipotenciario. Declaró abiertamen- 
te al conde que mi objeto, al presentar la 
credencial, en estas circunstancias, era pura 
y simplemente asumir una posición que nos 
diese una ventaja de rango en esta Corte so- 
bre Buenos Aires á lo cual creía yo que se 
prestaría gustosamente el gobierno francés, 
supuesto quo nos daba seguridades de man- 
tener 8Íem[>re su predilección por nosotios, ó, 
lo que es lo mismo, por la integridad de la 
Confederación Argentina. 

fXos hemos ocupado de oso (me dijo) yo 

< habría contestado ya á su nota en que vd. 

* pide audiencia del Emperador y estaiiavd. 

< presentado á S. M. Pero hemos creído de- 
« ber SLp\siza,r (njotirnet') esa contestación, has- 
« ta no ver la actitud que toma el gobierno 
« del Paraná en el asunto de la protesta lie- 

• cha por vd. Si él aprueba su protesta, ó si 

< él mismo protesta por su parte, contra la 
i aceptación que el gobierno francés ha hc- 

< cho del sefíor Balearse, nosotros no podro- 



« iiios "recibir á vd. como Ministro, ni teniM- 
4 comniiicacion diplomática con vd. ni con 
t su gobiemo, en vista de! desconocimietito qjie 
« hace del derecho del Emperador. • 

Yo le observé qne no st! oponía á nii admi- 
sión iumedinta cualquiera otro partirlo «jue 
más tai di; creyora dtíber tomar en \ Ista de 
la ai;titud del y;ob¡ei-uo do! Patanti. Lu aña- 
di que mi admisión podría ser un medio de 
prevenir y aun calmar cualquier motivo de 
descontento. 

* No: (me dijo él entonces) ¿de qué aer- 
« viría que admitiésemos á vd. ahora como 
c Ministro, íii dentro de poco ti{'ni|i0 teudrfa- 
* mos que desconoceile bajo todo otro caiúo- 
< ter?. 

Lo observé yo tiue no com[>rentli;i cómo 
y poi' qué motivo las cosas pudieran llegar 
á tal extremo. Volvió entonces sobro .su tema 
fen que nunca cesa de inculcar) qw t/o nw 
hahia Unido dcredio de protestar, pues Ut Francia 
iioiia'iia violado tratrid') al/funo. 

No üreí yo deber insistir sol)re este punto, 
i'i pe.iar (le i|ue lo.s dos tiatadosque tiene la 
República Argentina con la Francia lian sido 
violados, en mi opinión, por el acto de abrir 
relaciones deplomátieas con una provincia do 
la Ilrpública que se mantiene on rebelión <:on- 
tra esa república á quisn la Fiancia prome- 
' S amistad por esos dos tiatados. 



83 



Hemos quedado, pues, en espeíai- las con- 
testaciones que han de venir del Paraná á 
la conespondencia que llevó el paquete de 
Euiopa del 7 de enero. 

Habiendo una legación de Fiancia on el 
Paraná, y siendo )'o aquí mismo un Agen- 
te Diplomático argentino, la demora del Con- 
de Walewski en recibirme en calidad de Mi- 
nistro, os para mí una manifestación visible 
y evidente de su parcialidad contra nosotros. 
Yo diría que es algo mas que eso: es tal vez 
una nueva ofensa á nuestro derecho. 

No me corresponde á mí dar consejos cá 
niigobiirno; pero si mi recepción en el ran- 
go de Ministro ha de tener por condición 
qno el gobierno aigentino apruebe y acepto 
el reconocimiento que ha hecho el de Fran- 
cia de un agente diplomático nombrado por 
Buenos Aires, yo me consideraré muj?^ feliz 
de no tener que asumir jamás ese rango en 
esta corte. 

Desd(í esta nueva ocurrencia el sentido 
de la política francesa hacia nosotros se me 
ha prpsentado más claro y perceptible. Aho- 
ra voy á permitirme indicarlo á mi Gobierno. 
Creo entretanto que cualquieía que él sea, 
nada debe desviarnos de una actitud firmen 
}• deliberada. Si aceptamos y aprobamos sin 
reclamo el desconocimiento que se hace del 
dercí-ho Soberano y exclusivo de la Nación 



Argentina á eje 



poli tic 



medio de su único tíobierno nacional. 
República so verá muy prinita desmembrada 
por nuestro consentimiento mismo. 

V. E. conipi-ende que ha llegado ya á ser 
indispensable la división de nuestro servicio 
diplomático en las doa Curtes do Inglaterra 
y Francia. Ea de todo punto imposible que 
nn mismo individuo pueda desempeñarlos A la 
vez en el estado en que so han puesto las co- 
sas. No Bolamente estos dos gobiernos empie- 
zan á ponerse en desacuiodo sobre la política 
del Plata, sino también sobre otros puntos 
muy graves. V. E, sabe que el nombra- 
mientí) del señor Balcarce liecbü por Bue- 
1108 Aires ba frustrado la negociación que 
pvoniovia el Ministro ingliís en intei-úa de 
nuestra integridad; pero V. E. sabii también 
que Buenos Aires no ha nombrado ese agen- 
te, ainú porque la Fi'ancia declai-ó previa- 
mente que lo admitiría. 

El Ministro de Inglaterra acaba de cam- 
biar recientemente por una cuestión que sus- 
citó el Conde Walewski, dirigiendo una nota 
en que solicitó de la Inglaterra un cam- 
bio de legislación que comprometía el dere- 
cho de arribo dado á los extranjeros en ese 
país. Esa cuestión, que no está terminada, y 
que es muy difícil que termino á satisfacción 
del Emperador, ha enfriado la cordialidad 



~ 86 — 

de estos dos gobiernos. Un nuevo ministe- 
rio se ha formado en Inglaterra, en el cual 
lord Malmesburg ha tomado el puesto que 
tenía lord Clarendon. 

No es creible que la política inglesa del 
Rio de la Plata se altere por ese cambio, 
paes se sabe que ella descansa en intereses 
permanentes bien estudiados y bien com- 
prendidos. Pero lo cierto es que el cambio 
de ministerio en Inglaterra es un nuevo mo- 
tivo que reclama mi presencia en Londres. 
Yo creo que no pasará mucho tiempo an- 
tes que se revele clara y distintamente el 
punto en que consiste la disidencia de la 
Francia con la Inglaterra en la cuestión del 
PlaUí. Yo creo que la Francia sostendrá 
Que desea como fin la integridad argentina 
tanto como lo desea la Inglaterra ; pero quo 
«lesea tener una opinión suya en cuanto al 
medio de conseguirla. Temo que la Francia 
llegue á creer más practicable la reinstala- 
ción de la integridad argentina alrededor 
del ÍTTobiemo de Buenos Aires que no al del 
Paraná, como lo cree la Inglaterra. Los in- 
íormes incompletos que el Gobierno Francos 
r«3cibe de sus propios agentes anteriores, y 
atrtuales tal vez, en el Rio de la Plata, con- 
tribuyen á darle esa preocupación, que se 
acomo<la bien, por otra parte, con su anta- 
gonismo tradicional con las ideas del Go- 



— 8G 



bienio Británico en todos los negocios que 
no son do un interés muy solidaño y común. 
La falta de estudios de aquellos negocios ; 
la esciisés completa que aquí se siento de li- 
bros 3' de publicíLcioiies en francés y en inglés 
que expliquen el nuevo orden de cosas de 
nuestro país i los sofismas de Biienüs Aires, 
servidos por sus publicaciones frecuentes y 
apoyados en las iiitinas conocidas, contiibu- 
yen á robustecer la presunción que existe 
aquí entre niucbos, do que Buenos Aires, es 
toda 6 la mayor parto de la República Ar- 
gentina, sino en extensión territorial, al me- 
nos en intereses. 

El principal error de la Francia, origen 
de todo el extravio de su política en el Plata, 
es de carácter económico. Consiste en creer 
que el comercio directo con las provincias 
es imposible, por falta de capacidad de nues- 
tros rios. El Ministro de Francia en Paraná 
es de esta opinión, que ha sabido ínculcaí' 
A BU Gobierno, Creen también que nuestras 
provincias no consumen pi"oilucto8 franceses 
á la medida que Buenos Aires y Montevi- 
deo. Esta equivocación, producida por e] 
giro indirecto que autos tenia el trílfico. les 
bace dudar de que la Confederación pueda 
tener tesoro y gobierno. V. E. vé que la po- 
lítica francesa, basada en preocupaciones y 
errores, no podrá str durable, ni tener éxi- 



87 



to en el Rio do la Plata, si nosotros pei'sis- 
timos firmeinente en la marcha que lleva- 
moa hasta aqui. 

Felizmente continúa el cambio favorable 
sucedido últimamento en el mercado mono- 
tario de Londres. Yo no dudo que la 
noticia de él acelere el legreso del señor 
Walewski á Europa. He puesto ya los docu- 
mentos que fueron remitidos por nuestro Go- 
bierno en manos de su repiesontante en Lon- 
dres. Pero tengo noticia de que, á pesar 
ele la baja del interés del dinero, la confinnza 
no es tan completa que permita acometer 
emprejías considerables, hasta este momento. 
Nuestro Gobierno habrá notado que el de 
Baenos Aires ha removido al señor Dickson 
del empleo que le había dado de Cónsul de 
esa Provincia en Londres. Bueno es que 
V. E. sepa que esa remoción no ha sido sino 
nominal, pues el señor Dickson no ejercía 
tal Consulado de Buenos Aires, habiendo el 
gobierno inglés rehusado admitir la patente 
que Buenos Aires dio í\1 señor Dickson; quien 
ejercía y ejerce simplemente el Consulado 
de la Confederación Argentina, (comprendida 
Buenos Aires, se supone, como provincia de 
ese Elstado) en virtud de la patente que le 
fné expedida por el Gobierno de la Confe- 
deración, después de caído Rosas, y sobre la 
cual rocaj'ó el Exequátur de S.M. la reina Vic- 



— 88 



toria. — A piopósito del iiimor í]iic han cifCtt- 
lado ciei'tos periódicos, (]ue bI g«iieriil Rosas 
estaba en Amériua, debo asegurar á V. E-, 
que me coasta (jue no se ha raovidu do In- 
glaterra. 

Kii el conei) pasailo liablé á V. E. do uii 
contrato que celebió de urgencia para tener 
un diario del país ¡i luiostra dÍH|)08¡cion, en 
vez de celebrarlo con Editor algiinc, como 
había penaado. lo he hecho con un escritor 
que nos es adicto y lau}' conocido, [ el señor 
Teodoro Manuequin ). dejando á hu cargo el 
insertar sus artículos en ul ptíiiódico ináa 
conveniente, pues siendo precaria la vida de 
los periódicos en Paiís, por las exigencias 
políticas du la situación, esto sistema ofrecía 
menos inconvenientes. — Acompaño á V. E. en 
copia el texto del contrato celebrado con el 
señor Mannoquin. 

Trasmito igualmente á V. E. una notifica- 
ción del bloqueo do Cantón, por la tuerzas 
aliadas de la Francia y de ¡a Inglateria, que 
se me ha coumnicado oliciahncnte, con la 
súplica de que nuestro gobierno le dó noto- 
riedad en lo-s países del Rio de la Plata. 

La noticia del establecimiento del Banco 
Maná y C", en Rosario, ha producido aquí 
buena iraprosion. Yo he cuidado de dar no- 
toriedad á ese hecho, por la prensa. Los se- 
ñorea Trouvé-Chauvely Dubois lo han admi- 



89 



tido, no sin murmuración y sin protestas, que 
á mi ver quedarán en nada, pues aquí está 
el señor de Bratti, decidido á entablar recla- 
maciones contra el señor Trouvé-Chauvel, que 
harán la justificación completa del Gobierno 
argentino, sin que nosotros tengamos que 
defendernos. El capitalista ó banquero Piost, 
que era uno de los apoyos con que contaban 
los señores Trouró-Chauvcl y Dubois, para 
llevar á cabo el aixeglo hecho con el Maris- 
cal Santa Cruz, ha quebrado hace pocos dias, 
í<egimdiceiA. Sin embargo, los señores Trouvé 
Chauvel y Dubois acaban de dirigirme la 
caita fecha 2 de marzo, que trasmito á V. E. 
original, para quo mejor se instru3'a nuestro 
;íobiemo ilel estado de las pretensiones de 
<i5H>8 señores. 
Aprovecho, etc. 



París, 7 de Abril de 1858. 

Al Exnio. señor Ministro de Relaciones Exterio- 
res de la Confederación Argentina^ en Paraná. 

Señor Ministro: 

Por el vapor del Plata salido á principios 
de febrero y llegado á Europa á mediados 
de marzo, no he tenido el honor de recibir 
comunicación alguna de V. E. En la iu- 
certidumbre en que esta ocurrencia me de- 
jaba sobre el partido definitivo que tomará 
el Gobierno Argentino acema áv\ tratado 
con España, he creido prudente solicitar del 
Gobieino de Madrid una prorogacion de seis 
meses, del término que se había estipulado 
para la ratificación, el cual debía fenecer el 
29 del presente mes de abril. 

La noticia del restablecimiento del orden 
legal en Montevideo lia producido en Euro- 
pa una excelente impresión. Era importan- 
te establecer eu la opinión de la Europa el 
origen 5^ naturaleza de la revolución venci- 
da en Montevideo, para que las consecuen- 



91 



cias ulteriores que pueden nacer de ese he- 
cho sean apreciadas como conviene á la 
buena causa de esos países. Aprovechando 
de algunos datos importantes que me había 
trasmitido S. E. el señor Presidente en car- 
tas particulares y de otras que obtuve del 
repi'esentante de Montevideo en esta Corte, 
me dirigí al señor Conde Walewski para fi- 
jar su atención sobre la parte activa que 
Buenos Aires había tomado en ese ataque 
á la tranquilidad del Río de la Plata y á 
la independencia de la República Oriental. 
Importaba fijar la atención del Gobierno do 
Francia en las consecuencias que puede te- 
ner el apoyo de su consideración, dado equi- 
•/ocadamente al Gobierno perturbador de 
Buenos Aires. Convenía igualmente expli- 
car y fijar de antemano el principio y carác- 
ter (le la intervención que los tratados exis- 
tentes podían reclamar, y habían reclamado 
ysíj de parte de la Confederación y del Bra- 
sil pai*a la pacificación completa do Mon- 
tevideo y del Río de la Plata. Después de 
escucharme atentamente el señor Conde Wa- 
lewski me declaró que el Gobierno de Fran- 
cia estiaba mu}' bien informado por sus pro- 
pios agentes. « Nosotros no creemos ( me 
c dijo ) que la revolución de Montevideo ha- 
« ya sido suscitada por el Gobierno de Bue- 
« nos Aires. > En seguida calificó la orden 



(le ejecución de loa gefes revoiucionavios,' 
dada poi' el ÍTol)iorno de Montevideo, en tór- 
iiiinoH tim velieinentes, que, sin entrar ú 
disentir su justicia, fueron para mi una nue- 
va prueba de su especio de simpatía al Tfo- 
bierno de Buenos Aires, 

Me agregó también el señor Conde \Va- 
lewski que el agente de Francia en Mon- 
ttivideo había tomado bsijo su protección á 
los argentinos (le Buenos Airea residentes en 
aquella ciudail. con motivo de la partida y 
ausencia del Cónsul de Buenos Aires, de cuya 
medida pareció estar satisfecho el señor Con- 
de. Observe V. E. que á esa fecha (media- 
dos de enei'o) no podía saberse en Montevi- 
deo que el señor Balcarce había sidn recibido 
d JO de diciembre como Encargado de, negocios 
de Buenos Aires en París. El correo salido de 
aquí el 7 do enero, fué el que llevó recienesa 
noticia. Luego el agente Irancós en Monte- 
video no se (leterminó á desconocer la inte- 
gridad política argentina en la pi-oteccion 
dada á los argentinos de Buenos Aiie.s i'euni- 
dos en Montevideo, á la faz del cónsul gene- 
ral argentino que allí tenemos; no se deter- 
minó, debemos creer, por el antecedente de 
la recepción del señor Balcarce en París, 
Este dat4j es notable, porque es una nueva 
prueba de que la Francia obra en nuestros 
negocios según un plan y sistema concebidos 



93 



desde antes de la recepción del señor Bal- 
earle, y según las miras <)ue me peimití seña- 
lar á V. E. en mi cíununicacion anterior 
hablando de la politicii francesa hacia nos- 
otros. 

Afortunadamente esta política vacilante ó 
iDcierta de Francia en nuestras cosas no se 
ha extendido, hasta aquí, á otrcs gobiernos. 
Algunos pasos datlos en Madrid por el señor 
Tliompson, alentado por el ejemplo del señor 
Balcarce, han quedado sin resultado, pues 
el Gobierno de Madrid se ha mantenido en 
la política que comandaba el tratado, espe- 
rando sin duda su ratificación. 

El Sr. Thompson, sin embargo, usando de 
la prensa para estraviar la política española, 
ha levelado indiscretamente algunos de los 
resortes que Buenos Aires pone en juego para 
indisponer la Francia conti a la Inglaterra en 
la política sabia por la cual esta última na- 
ción apoya tan decididamente á la integri- 
dad argentina. El empleo extemporáneo de 
ese resorte es una reminiscencia de los tiem- 
pos en que defendían desde Montevideo la 
causa que hoy combaten desde Buenos Aires 
los sucesores ho}' de Rosas, y ayer sus antago- ' 
nistas. Remito á V. E. uno de los artículos 
del señor Thompson agente de Buenos Aires 
en Madrid, en que se atribuye á Inglaterra 



94 — 



, ambición de hacer de Mart 
nuevo ííibraltar. 

Las relacioDfs entre la Francia y la In- 
glatoirn. í|Uu tanto aloctan á luiestios nego- 
cios argentinos, se han medio restablecido 
lie la indisposición grave que las compro- 
nietia ahora poco; pero queda siempre en 
ol íóiido un sentimienUí de frialdad visible 
para ttido e\ nmndo, t]uo se hacu sentir en 
todos los asuntos, y lue inquieta los ánimos. 

El Conde Walewski dio á la Inglaterra 
una aati-sfaccion, que ésta nación aceptó, 
como digna, reparación de la ofensa que en- 
tendió i-eeibir por algunas palabras de la nota 
del Condi! Walewski del 20 de eneio últi- 
mo, Es de notar, por nuestra part^?, que el 
neñoi- Conde Walewski, que devolvió nuestra 
protesta por la razón de que repetí sus pa- 
labras contra los usos diplomáticos, según él, 
ha aceptado las notas inglesas, que remito á 
V. E. impresas, en que se han mpetído las 
palabras del mismo señor Conde, dichas en 
iwiversacion confidencial á lord Cowley, Emba- 
jador de Inglaterra en París. Luego los usos 
diplomáticos, que vaiían en Europa no solo 
de Corte á Corte sino dentio de cada una 
respectivameníe, son un código que sola- 
mente 30 qui-.rt; imponer á nuestra debilidad. 

La Francia tiene ideas muy falsas acerca 
de nuestra fuerza. Su.s hombies públicos la 



96 



estiman por el número de nuestra población. 
Nos consideran débiles, porque nos ven un 
millón de habitantes. Situados en Europíi, 
seriamos realmente una nación impotente y 
débil. Pero protegidos por una distancia do 
dos mil leguas de mar, y poseedores de un 
territorio cavas condiciones lo harían inac- 
cesible á un ejército de cien mil hombres que 
fuese de Europa con niiras de dominación, 
nosotros no somos débiles con respecto á es- 
tas naciones. Esas circunstancias nos dan un 
valor respectivamente igual al que pueden 
tenor aquí la Prusia ó el Austria. Nuestras 
reía 'iones estarán siempre en mejor pié, cuan- 
do estos gobiernos sientan por nuestros actos 
que tenemos la couciencia de nuestra fuerza, 
y que esta es un hecho indudable y evidente. 
No creo de más llamar la atención de V. 
E. al modo cómo han sido apreciadas por la 
pnnsa de Europa las consecuencias posibles 
de la revcilucion de Montevideo. Como veiá 
V. E. en los artículos que me permito incluir- 
le, todos empiezan á convoncei*se aquí de que 
la única garantía eficaz y permanente do 
la ¡ndependencia de Montevideo es la integridad 
diila l{í*¡nlhlica Argentina, Basta que la cues 
tion so establezca de ese modo para rocono- 
C4*rque los deberes del Brasil, como Estado 
limitríde de los países del Plata, no han con- 
«•iuídn con la campaña de 1852. 



— 90 



De las interesea do earáctrcr político paaorJ 
ahora íi hablar ¡i V. K. de varios asuntos de 
interés niaberial, que importan A nuestro país. 

Los SS. Trouvé, Chaiively Dubois me hají 
visto en este mes con niiras leferentes á su 
antiguo proyecto de líauí'o, en cuya ejecución 
no insisten; pero tampoco abandonan el pre- 
tendido dereclio (jne creen t^ncr por el i^rre- 
glo liecho con el señor Mariscal Santa Cruz, 
para reclamar cuando monos una indemni- 
zación del gobierno do la Confederación Ar- 
gentina, De sus palabras lie podido colegir 
que ellos desearan que nuesti'o gobierno se 
haga cargo de pagar una suma de 60,000 
francos más ó menos, que los señoios de Brast 
y Belaustegui cobran judicialmente á los di- 
chos señores TriiuvtS, Chauvel y Dubois. He 
dicho repetidas veces á estos señores que en 
lugar de esperar indemnización, que no tie- 
nen derecho de reclamar por el asunto del 
Banco, harían mejor en indemnizarse de sus 
sacrificios proponiendo á nuestro gobiorno al- 
gún otro nuevo negocio de lecíproca conve- 
niencia, do los iimchoa que pueden empren- 
derse al favor do la nueva HÍtuacion. 

El capitán Page ha salido ya de los Esta- 
dos Unidos, mandado por el gobierno do au 
país para proseguir sus exploraciones de los 
afluentes del IÍ,io de la Plata. Aunque es cí'eí- 



97 



ble que V. E. esté informado de esto por la 
presencia de este oficial en nuestro país, creo 
conveniente participarlo en previsión de cual- 
quiem accidente. 

La comisión de negocios extranjeros de- los 
Estados Unidos ha recomendado al Senado 
autorice al Presidente para que use de sus 
fuerzas de mar y tierra, á fin de compeler 
al Paraguay á que dé satisfacción á los Es- 
tados Unidos. En tanto que así se empeoran 
las relaciones de Washington con el Para- 
guay, es do notar que el gobierno brasilero 
»e rehabilita mas y mas en las simpatías de 
los Estados Unidos. V. E. comprenderá fá- 
cilmente el interés de estas noticias, que prue- 
ban la feliz actitud de nuestro gobierno res- 
j)ecto á esos diferentes poderes. 

El 8r. Wheohvright me ha escrito ültima- 
ineiito de los Estados Unidos anunciando su 
regrosó próximo á Londres, cuyo mercado 
monetario presenta el estado mas satisfacto- 
rio para nuestro deseado proyecto de un fe- 
rro carril entre Rosario y Córdoba. 

El señor Coullet, subdirector de los servi- 
cios marítimos de las Mensajerías imperia- 
les lie Francia se dirige por este vapor al 
Rio de la Plata, para ocuparse del estable- 
riniiento inmediato de la línea transatlántica 
de vapores franceses. He dado á conocer á 



— os- 



la empresa qun repiesenta ese señor las ll 
poaicJonGs de nuewtro (¡óbieino en favoRl 
la prolongación de la linea hasta el 7 
El 8(iñor CoiilJKt pusai'á probabieuienfci 
Paraná, y en eata viHud lo lio dado 
carta de introducción para nuestro (toK 
no. Ci'co conveniente pi-evenir á V. E. 
ia compañía de servicios maiitimos úa Fl¡Í 
cia, establecida ya en el Mt-ditiTiáneo d^ 
alguno-s añotí, es de las más serias que c 
ten en Europa. 

Me lia sido comunicada por el Gobierno! 
Fiaucia una notílicacion oticial de liab 
levantado el bloqueo de Cnntoit. pov las fii¿ 
zas navales de Inglaterra y Francin. L© ^ 
trasmito á V. E. con el deseo del gobierno 
francés, de que nuestroH órganos oficiales don. 
notoriedad á esa meiHda de interés maríti- 
mo, en los i)aíses dfl KÍo de la Plata. 

El caballero á quien líuenos Aires uom- 
bró, ahora poco para cónsul do esa provin- 
cia en Londres, en lugar del señor Dickson, 
que no ejercía tal consulado, ha rehusado 
admitir esa irregular promociou, y ha devuel- 
to la patente y oficios al Mcñoi" lialcaree. 

Permítame V. E. recordarle, en interés de 
noG.sti'0 stíi'vicio di|)lomátÍco en Europa, la 
necesidad de los fondos por los cuales di 
una libranza á la casa de los señores Geo. F. 
Dicksou y C, encargados de cobrarla. Es- 



99 



pero que ella haya sido atendida, honorable- 
mente. 

Si las comunicaciones del vapor del Pla- 
ta que llegarán en este abril no me trajesen 
motivo de cambiar de determinación, creo 
que llevaré á efecto la que tengo formada, 
desde el cambio de gabinete en Londres, de 
pasar á esa Corte en interés de nuestros ne- 
gocios que allí penden, y de la necesidad 
de formar la opinión del nuevo ministerio 
en nuestros asuntos argentinos. 

Me permito también llamar la atención de 
V. E. sobre una respuesta que el señor Kerst, 
de Prusia, espera incesantemente de nues- 
tro f Gobierno á unas proposiciones que hizo 
por conducto del señor Huergo sobre un plan 
de colonización europea en nuestras provin- 
cias. 

También debo participar á V. E. que, en 
nombre del Gobierno de Bélgica se me ha 
preguntado nuevamente si nuestro Gobier- 
no constituiría un plenipotenciario en Eu- 
ropa para celebiar un tratado de comercio 
entro la Bélgica y la Confederación Argen- 
tina. 

Aporvccho, etc. 



París, 7 de Mayo de 1858. 

Al señor Ministro de Relaciones Exteriores de 
la Confederación Argentina. 

Señor Minintro: 

He tenido el honor de recibir las comuni- 
caciojies de V. E. de 23 de febrero sobre 
asuntos generales y sobre el tratado de Es- 
paña, y de 25 del mismo sobre la comuni- 
cación dirigida por el Gobierno Nacional al 
de la provincia de Buenos Aires. 

Para la ratificación del tiatado con Es- 
paña ha sido prorogado el término por seis 
meses más por un acto del Gobierno de Ma- 
drid, que S. E. el señor Isturiza me ha comu- 
nicado el 5 de abril. 

El Sr. Wheehvright acaba de llegar á Lon- 
dres, de donde me escribe, que, á pesar de 
estar tan bajo el interés del dinero, el momen- 
to es inadecuado para emprender la íorma- 
cion de la compañía, porque no hay la más 
mínima actividad. Cree, sin embargo, que si 
tíidos los documentos están en orden, ya es 
tiempo de empezar á buscar un directorio* 



— 102 - 



El Sr- Wheehvright me ha consultado so- 
bre esos documentos, remitiOndoiuelos en co- 
pia. Estos documentos son una carta del señor 
Ministro Derqui, un oficio y un decreto, del 
30 de octubre las trea piezas. Por ellas veo 
que el téimino para Ut cotdratacion de la obra, 
como dice el decreto prorogado últimamente 
por ocho meses más, debe fenecer el 30 de 
junio. Como la crisis lo ha esterilizado en su 
maj'or parte, y el espíritu de empresa aun 
no se ha repuesto, es casi indudable que los 
ocho meses de la próroga volverán á fene- 
cer antes que esté formada la compañía. 

Será indispensable, pues, una nueva pró- 
roga, para que no se objete al señor Wlieel- 
wright la falta de podeies. 

El Sr. Wheelwright no sabe claramente 
lo que significa la contratación 'íe la obra del 
ferro-carril, designada en el decreto, couio ob- 
jeto de la próroga. Él espera que ol decreto 
nuevo esclarezca este punto, expresando que 
el término concedido es para la formación de 
la compañía, y que la próroga sea bastante 
larga para hacer frente á las vicisitudes que 
pueda presentar el mercado monetario y el 
tiempo que terdan en venir A Europa los de- 
cretos del gobierno argentino. 

Es un punto de muchísima importancia en 
Cfte negocio, que el nombre del señor Wheel- 
wright lo represente exclusivamente, aunque 



103 



el decreto le asigne un concesionario ó par- 
tícipe do las ventajas. En virtud de las obser- 
[ vaieiones confidenciales que me ha hecho el 
\ í?eñor Wheelwright, yo creo deber indicar á 
V. E. que nuestro ( lobierno haría bien en 
confirmar y ratificar un acuerdo celebrado en 
Londres, por el cual el señor Buschental dejó 
toda la gestión del negocio al señor Wheel- 
wright Ese acuerdo ó convenio debe existir 
en Ulanos del seño! Buschental. 

Siento decir á V. E. que la línea de \'apo- 
res entre Ham burgo 5' el Rio de la Plata ha 
dejíulü de existir, como aparece do una nota 
<lc nuestro cónsul, que tiasmito inclusa en 
copia. No nos queda oti o recurso que pensar 
en la línea inglesa, para lo que es prolon- 
gar su seivicio hasta el Rosario. 

Permítame V. E. repetir que mientras no 
exista correspondencia ó posta directa entre 
Ja ContiHlorrVcion y Europa, muy difícil senl 
que pueda existir y desarrollarse nuestro co- 
nierrio dilecto. La correspondencia directa 
es ¡«j^ualmente esencial ala política exterior 
<¡e la Con ledei ación, pues según el régimen 
actual, Ikíenos Aires v IVÍontevideo nos lie- 
«AU la ventaja de un mes do tiempo. Si 
yo tuviese poderes ó autorización paraexti- 
¡lular con la compañia inglesa una subven- 
ción, tal vez seria más íacil arreglar ese asun- 
to en Etn'opa que en América. 



— 104- 



El mal e-stai' de las relaciones entre la In- 
glaterra y Fiuiicia, que tione tanta relación 
con nuestros negocios argentinos, no ha ein- 
peorado en el último mes. La absolución de 
Bernard, acusado de complicidad eu el aten- 
tado dü 14 de eiiLTO, ha probado la insufi- 
ciencia de las leyes inglesas para colmar los 
deseos del gobierno trances; pero no por eso 
se han modificado esas leyL-s. ni se piensa 
ya en tocarlas. Las demostraciones halagüe- 
ñas, hechas al nuevo ambajador mandado 
por Francia, han ateimado el sinsabor del 
Empeíador; peio existen siempre temores se- 
rios sobre la estabilidad de la alianza de 
estos dos países. 

En cuanto á los negocios del Plata el go- 
bierno francés descubre de mas en mas la 
incertediimbre é inconsistencia de su políti- 
ca: y su anhelo de complacer á Buenos Ai- 
res á la pai- que á nosotros. 

Los de Buenos Aires, por su parte, traba- 
jan activamente en propiciarse el apoyo do 
la Francia. Para conseguir (|ue esta nación 
embarace ó estorbe la acción del gobierno ar- 
gentino encaminada á someter á Buenos Aires 
á la iinion, el gobierno de Alsina presenta 
como obra del Brasil toílos los trabajos de 
nuestro gobierno, dirigidos á defender la in- 
tegridad argentina. Dice que el Brasil inter- 
viene en los asuntos inipriores de los pueblos 



106 



argentinos, y que los gobiernos de Europa 
deben estorbar esa intervención. Se ve que el 
trabajo de ^Alsina consiste en oscurecer y 
embrollar los negocios del Plata. Nuestras- 
Cuestiones con Buenos Aires son negocios do- 
mslicos 6 interiores^ según él, para lo que es 
alejar alBrécsil; pero se vnelven internacional 
4» ó de Estado á Estado, si se trata de bus- 
car ol apoyo de la Francia en íavor de Bue- 
nos Aires. Tal es la táctica de Alsina. Temo 
que el compromiso del Brasil de apoyar nues- 
tra integridad política contenido en el trata- 
do de 7 de marzo de 1856, encuentre un 
obstáculo en la actitud que ha tomado la 
Francia desde que ha reconocido un agente 
político de Buenos Aires. Esto puede com- 
plicar mucho nuestros negocios si se dejan 
andar por el camino de la discusión y de la 
diplomacia. Pero si la acción de las armas 
se anticipa á darnos un resultado favorable; 
la Francia aceptará los hechos consumados, 
y prescindirá de Buenos Aires, sean cuales 
íuesen sus simpatías. Así, nunca la rapidez 
de acción ha sido más necesaria á nuestra 
causa que en este momento. Ija Fiancia 
no podrá dañarnos sino por la acción in- 
directa en diplomacia. Pero ningún mira- 
miento á ella ni á otro poder europeo debe 
f*mbarazar la franqueza de nuestra acción 



- 100 - 



en i«ost.(>n de la integridad de la Bepúbticft- 
Argentina. 

No creo que por esto dtíbiinn'S nosotn»» 
desoiiidar el terteno de la diplomacia. Si 
el (iohienio urgentino hnltieíra pruíeat4ido, 
ó leclaniailü enérgicamente contra el leco- 
nocimionto que ha hecho la Fiancia de un 
agente político de Buenos Aires, no serírt 
improbable que nuestrjis velaciones con este 
gobierno sulriefen alguna interi iipcion. En 
oste caso, la prensa y los gobiernos dn Eu- 
ropa se ocuparían de este punto. En Fran- 
cia sei'ia explicado en el interés do su 
(jobiernn. Por si este c.a,Ho llega, creo por 
conveniente indicar á V. E. que no seria an 
mal medio de informar á la opinión publica 
el dar á lu/, las diferent-es Mf.mon'as que se 
han presentíido por esta Legación ¡d Gobier- 
no de Fiancia en sosten de la integridad 
argentina, como gaiant.ía de la p.iz y de la 
libertad de conu^rcio en el Río de la Plata. 
Si hubiera dn haceise en Europa, será pre- 
ciso que nuestro gobierno uii' lo ordene ex- 
presamente. 

En lii lii]iúti-sis ilf algún enti-edicho wi 
Francia, la piensa y las «elaciones do Bél- 
gica 8t lían para iU)Sotros de un auxilio iu- 
dispeiisabKi. como medio de discusión y pu- 
blicidad lie nuc-tros asuntos en loa puebltw 
meiidionales de Europa, Muchas veces ha 



107 



repetido á nuestro Gobierno que la Bélgica 
está deseosa de celebrar un tratado con nos- 
otros. 

El aAunto de Monsieur Michel Chevalier 
está ligado, á mi ver, á una pretensión do 
D. Blas Despuy sobre el dominio de las tie- 
rras de Misiones, provincia de Corrientes. 
E! señor Despuy trabaja activamente en 
conseguir que el Empei-ador tome ese nego- 
cio bajo su patrocinio. Felizmente sus me- 
moriales han agraviado, según entiendo, al 
Conde Walewski ; y esto puede arrebatarle 
el apoyo que busca en el soberano. El se- 
ñor Despuy ha conseguido extraviar hasta 
cierto grado las opiniones del señor Cheva- 
lier, hombre de influencia; y yo creo que la 
idea del viaje de este caballero al Paraná 
ha podido tener por objeto tentar la gestión 
pacífíca del reclamo de Despu}^ por un apo- 
derado de prestigio y de gran mérito. 

El ííobierno de Inglaterra me ha comuni- 
cado la cesación del bloqueo do Cantón, 
para tramitirlo al Gobierno Argentino con 
i'l onrargo de darle notoriedad en nuestro 
país. Aunque es probable que se haya ve- 
ríticado por igual petición que mandé del 
ííobierno francés, yo creo que daremos una 
prueba agradable (le consideración al de In- 
glaterra, repitiendo el mismo anuncio on vir- 
tud de su comunicación. 



Me permito acompañar á V. E. al{^ 
artículos apaiecidos en la prensa de El 
pa sobre nuestros negocios, que merec 
lectura atenta de nuestro Gobierno, y tall 
la reproducción en nuestros periódicos, 
señor doctor Delfin Huergo, á quien hí 
nombrado yo Secretario para esta hegí 
me avisa desde Inglaterra que saldrá 
el Plata por el vapor de í) de mayo, que om 
duce estas comunicaciones. El señor Huergo 
está probablemente informado de nuestras 
cosas por acá, y puede instruir de porme- 
nores interesantes a nuestro Gobierno. 

Se bailaba la redacción de &sta nota en 
cata altura, cuando he tenido una entrevista 
con el señor Benedetti, director de los ne- 
gocios políticos en el Departamento de Re- 
laciones Extranjeius de Francia. En carta 
conñdencial que dirijo al señor Presidente, (') 
trasmito detalladamente las interesantes pa- 
labras del señor Benedetti, que modific-an algo 
en nuestro favor lo que arriba dejo dicho. 
El me ha renovado la firme resolución eii 
que está el Gobierno francés de no separar- 
se de su política adoptada en 1856 respec- 
to á la Confederación. El insi.ste. como el 
Conde Walewski, en que el recibimiento de 
Balcarce no altera esa poKtica, ■ porque el 



— 109 — 

nombramiento de Balcarce, dice él, es un 
acto del Gobierno de Buenos Aires y no del 
Gobierno de Francia, cuyo rol es pasivo en 
este negocio. La Francia solo responde de 
loque ella inicia 6 hace^ y es bien notoria su 
iniciativa por la que en 1856 trasladó su Le- 
gación de Buenos Aires al Paraná. » Esta 
solacion es fría, pero sofística. — Sin embar- 
go, por este correo desaprueban el protecto- 
rado que los cónsules franceses residentes 
en Montevideo 3' Buenos Aires han dado á 
k» argentinos y montevideanos últimamente. 

Antes de concluir, me permitiré recordar 
H V. E. (jue esta Legación tiene mucha ne- 
cesidad de los fondos que fueron objeto de 
las libranzas de 7 de febrero último. 

Aprovecho, etc. 



Paris, de junio de 1868i 



A 8. E. el señor Ministro de Relaciones Extran- 
jeras de la Confederación Argentina. 

Señor Ministio : 

Teugr> (il honor de acusar recibo de la 
correspoiuiencia de V. E. fecha 29 de mar- 
zo. I^or ell« veo que el (jobierno Argenti- 
no lia tenido á bien aprobar la protesta qne 
Wííe en *í() de diciembre contra la reccp- 
^•ion luíclia por el (jobierno de Francia del 
Eiiiartrado de Negocios nombrado por Bue- 
no» Aires. Yo esperaba con ansia esa de- 
terminación, porque de la manera eu que 
^lla liuliiese sido concebida, dependía el par- 
tido (pie t(»maría el (ío!)ierno francés on cuan- 
ta ií mi recepc^ion de Ministro Plenii)oten- 
eiariw. Yo me permito cumplimentar á V. E. 
(xir f^l tacto con que ha sabido expedirse el 
ínibiiMUí) Argentino, conciliando las íxigen- 
cias del honor nacional con los respetos de- 
bidos al más fuerte. 

* 

La ciicular de fecha 4 de febrero pasada 



al Cnerpo Diplomático, anunciando la nuevfti 
política que seguiría el Gobierno Argentino 
y sus motivos, con ocasión de la actitud qus 
Buenos Aires tomaba para non las naciones 
extranjeras, eia el mejor medio en el estr- 
ilo en que se habían colocado las cosas de 
desaprobar la conducta de Francia sin pro- 
vocar coutlictos difíciles. 

Por resultado de esa conducta el ÍTobier- 
no fi'ancés fstá hoy contento respecto de nos- 
otros, y no tendrá dificultad líe recibirme 
en mi calidad de Ministro Pleiiipoti-nciario. 
El 14 de mayo tuve una entiovista con el 
Conde Walewski en su gabinete, después de 
la llegada del vapor del Plata, portador de 
las Goiiuinicaciones que esperábamos, para 
saber la contestación que se daiía á mi so- 
licitud de audiencia del Emperador. 

Dije yo al conde Walewski que aunqvie el 
gobierno argentino había visto con mucho 
sentimiento las consecuencias dolorosas que 
podría tmer á nuestro país el disfavor que 
parecía inferirnos la Francia por el trato di- 
plomático abierto con una localidad de la 
Confederación, él se ha abstenido hasta aquí 
de todo acto de desaprobación directa y es- 
pecial, porque cree todavía, espera que la 
consideración y amistad del gobierno de S. M. 
nos ayude á establecer la integridad política 
de la República. 



\ 



113 



€ Y bien, me dijo ól entonces, yo me ale- 
gro tanto más de eso, cuanto que acaba- 
mos de decir nuevamente á Buenos Aires, 
que no queremos oir ni saber de nada que 
no sea de unión á la República Argentina. 
Esto se lo hemos dicho al señor Bal caree ; 
y, por conducto de nuestro cónsul residen- 
te en Buenos Aires, al gobierno mismo de 
esa ciudad. > — Entonces le observé que si, 
en su política, creia ól que yo podría ser re- 
cibido por el Emperador como Ministro Ple- 
nipotenciario, estaba yo á sus órdenes. — 
«Comente, me dijo él, yo no veo dificultad 
«ninguna. \ — Entonces, con motivo del viaje 
tiel Emperador á Fontanebleaud, y teniendo 
yo que ir á Inglaterra, acordamos que mi 
recepción tendría lugar á mi regreso. 

Para no retardar la entrega do la carta 

dirigida por nuestro gobierno al Emperador, 

con ocasión del atentado del 14 de enero, 

í»npliqué al Conde WaUíWski se encargase de 

6Je varia á manos del soberano francés, como 

lo hizo en efectí^. Como pasaban muchos días 

«in que el Moniteur mencionase la recepción 

de la carta del gobierno argentino, hice dar 

algunos pasos para conocer el motivo áo. esa 

reserva, y resultó no ser otro que el muy fácil 

de presumirse, á saber: — que el gobernador 

de Buenos Aires había dirigido al Emperador 



- lu- 



ana carta del misiuu género; y el Conde 'i 
lewski vacilaba sobre el modo de salir c 
diücultad. Salió por lin dr-típues de miloj 
días por ei único camino que se ha dej< 
él mismo desde que ha abierto' dos órd^ 
de relaciones diplomáticas con cl mismop 
entieí^ó al Emperador las dos cartas, 
Monittur hizo lueuciun de ellas en los t 
nos que verá V. E. en el articulo que i» 
rijo adjunto, donde no dejará de llama 
atención la calificación oticiosa de Go7i8Í 
cional, dada al gobierno de Buenos Aires. 1 
decir, que el Conde Walewski pei-severa más 
ó menos en au falsa via, y lo que debi- 
mos temer es que el ejemplo pase á otras 
naciones. 

Yo debia de estar ya en Inglatoi ra ; peio 
una enfermedad grave venida repentinamen- 
te, me ha obligado ii. retarilar el viaje íjuo 
llevaré ¡I C4dn) dentro de poquísimos diaa. 

Por el señor Huergo lia debido V. E. sa- 
ber de una petición que muchos negocian- 
tes de Lómire-s han elevado al gobieino bri- 
tánico, paia que envftí un Ministro á Uuenos 
Aires y reconozca la independencia do esa 
pro\iucia. No tuve noticia del Itecho sino 
des|>ues de la salida del vapor pasado. Sé 
que la conducta del gobierno brit;ín¡co ]]a 
sido hasta aquí de la mayor reserva y su 
opinión sobre el negocio es desconocida del 



— 115 — 

todo. El asunto es serio porque tiene el 
apoyo activo de la casa de Baríng, llena de 
ínflojo en el Parlamento, y muy ligada con 
loe tenedores de bonos de Buenos Aires. Pa- 
rece indudable que el pensamiento 'de la pe- 
tición ha venido de Buenos Aires, y que su 
aator disimulado no es otro que el gobernador 
deesa provincia. No atreviéndose á proclamar 
la independencia de Buenos Aires que combie- 
ne á su ambicibn personal, porque causaría 
escándalo á sus propios paisanos, hace que la 
desmembración apetecida |por él de hecJw sea 
solicitada por negociantes extianjeros y que 
el gobierno brifclnico despedace la Repúbli- 
ca Argentina, reconociendo independiente á 
una provincia que no se ha proclamado in- 
dependiente. 

Con ocasión de este negocio, y desde que 
Uegí'í á mi conocimiento, he dirigido á lord 
Malniesburg las dos notas que remito á V. E. 
on copia y muchas memorias impresas para 
ponerle en actitud de conocer el error en que 
pretenden precipitar al gobierno de S. M. B. 
Io8 anarquistas del Rio de la Plata, sirvién- 
<lo66 de los incautos comerciantes de Londres. 
El 8eri<:)r Balcarce apoya desde aquí la so- 
licitud de los tenedores de honos^ y aun ha es- 
crito á \nri\ ^falmesburg, ministro de Relacio- 
nes Extranjeras de S. M. B. Esta cooperación 
*k Bahrarco no deja duda de que la solicitud 



-116 — 



de desmembración ea obra del gobemadra 
Buenos Aire8. 

Loíd Mahnesbury ea jintigiiG amigo peí 
nal del Emperador Napoleón III. Audi 
la Inglaterra no acostumbra imitar á la Fli 
cia en materia íle política extenor, á 
por propiciarse su alianza para las grandes 
cuestiones, suele hacerle concesiones en las 
pequeñas. 

Todo esto me hace creer mas y mas que 
nuestra integridad, amenazada por la política 
exterior, no tiene mas medio de salvarse (jue 
nuestro poder interior y propio. El día que 
el extranjero ponga su mano en la desmem- 
bración de nuestra patria, nosotros debemos 
unirla por la fuerza de las armas, si no bas- 
tase la tueiza de los inteiesOH. l'ermitir que 
Buenos Aires se erija en nación independien- 
te, sería dejar construir á la t'mbocadura del 
Eio de la Plata, una gran fmtaleza enemiga 
y lival que haría eterna guerra á las liberta- 
des y á la paz de las provincias unidas. Cuan- 
do no podamos hacer nada, nuestro deber- 
será protestar solemne y ruidosamente, para 
obrar legítimamente mañana, á medida quo 
vayan entrando en nuestras manos los gran- 
des recursos qua ya empiezan á desenvolver- 
se en nuestro país. 

Dos expediciones científicas deben salir en 



117 



estos días con destino al Rio de la Plata : una 
de los Estados Unidos y otra de Prusia. 

Probablemente pasará por delante de nues- 
trct país otra expedición de los Estados Uni • 
dos dirigida al Paraguay. Pero esta será de 
caráter militar. El Presidente Buchanan aca- 
ba de ser autorizado completamente á este 
efecto por el Congreso. El interés de los Es- 
tados Unidos en esa cuestión y el nuestro son 
idénticos : — la más completa libertad de na- 
vegación y de comercio. Esto hace que la 
prensa de los Estados Unidos se exprese á 
menudo en sentido tan favorable hacia nos- 
otros. El Journal of Commerce de New York, 
periódico influyente y ministerial acérrimo, 
ha publicado últimamente dos artículos que 
remito á V. E. adjuntos. 

Participo á V. E. que he hecho suscribir á 
nuestro íjobierno por diez números de la Re- 
medes races latines, que aparece mensual men- 
te en un extenso vohunon, y se ocupa muy 
esjHicialmente do la América Española. La 
suscricion por los diez números cuesta como 
14o pc'sos al año ; será pagadera en el Paraná 
y onipczará á corior desde el 5 del precíente 
jiiiiio. Kstú obligada á darnos todo su apoyo 
y ocuparse todos los meses de la Confedera- 
ción, 

Koniito á V. E. muchos artículos impresos 
(-•uva niaj'or parte es obra de nuestro labo- 



— 118 — 

rioso y fiel cooperador el señor Mannequin. 

Los señores Trouvé-Chauvel y Dubois no 
han dado paso alguno en este último tiempo, 
y no só lo que pretendan ó quieran ahora. 
Lo más creíble es que hayan abandonado 
completamente el pensamiento que no fue* 
ron capaces de llevar á cabo. 

Aprovecho, etc. 



Londres, de 4 a 8 de Julio de 1858. 

Al señor Ministro de Relaciones Extranjeras de 
k Confederación Argentina. 

Señor Ministio: 

He tenido ol honor de recibir las comn- 
n¡?aciones de V. E. do 29 y 30 de abril. 

Las he recibido todas en Londres, por don- 
de verá V. E. que los deseos de nuestro Go- 
bierno de verme trasladado á esta ciudad, 
c-raban satisf eolios de antemano. 

Dejé las rosas de Francia, no en el esta- 
da alaiTnanto en que parece suponerlas V. E. 
por sus comunicaciones de abril, sino ya 
cilmadns y restablecidas á la mejor armonía ; 
pjes, como dije á V. E. en mi correspon- 
dencia de junio, el Conde Walewski me de- 
Hanj qu(í ningún obstáculo se oponia \'a á 
rai recepción de Ministro. 

La noti(;ia de la espera ( no repulsa ) que 
dicho Conde puso á mi recepción no debía 
de hal>ei-se publicado, porque nos hacía apa- 
recer en posición desventajosa á loa ojos de 



120- 



niiesti'oa adversarios. El hecho era un seci^ ■ 
to de que solo hice contídonte al Ministro del 
Brasil en Paria ; y n. » me cabe duda de que 
es él quien lo trasmitió á su tíobierno, ó i 
sus correa pon salea del Bi'asil, cuya prensa, 
publiei!) la noticia, que reprodujei'un en se- 
guida los peiiódicoa del Plata. 

Esa conducta, que no se puede llamar, 
amigable de parte de nuestros amigos lea 
brasileros, no hace máa quo confirmar los 
numerosos motivos que tengo para ci'eer, que 
debemos ser nmy discretos y circunspectos 
611 el seno ile nuestra amistad con el Bi'asJ, 
por otra parte tan preciosn.. 

Su Ministro en Londres ha dado comple^ 
seguridad al (íobieino de ¡S. M. B. de qie 
el Oobierno del Brasil no ayudará al (ione- 
ral Urquiza en sus cuestiones con Buenos 
Aiies, 1(1 que en cierto modo equivale á íb- 
cir, que no cumplirá con el tratado de 7 
marzo. Los diarios de Londres lo han ra- 
petido, y el Journal des Déhatif de París, cu- 
yo articulo acompaño á V. E., ha corrobn- 
rado/refiíióndoseá su corresiionshl oficial bru- 
sileño, el aserto de que el Brasil no ayudara 
al Gobierno Argentino. 

Por ese motivo, y en atención á lo que V. 
E. me prevenía, de ortien de nuestro (lobier- 
no, quo me trasladase á Londres, como' lo 
•he hecho todos los años, sin llamar la aten- 



121 



cion. he creído no deber dejar nuestra Le- 
gación Argentina en manos del Ministro del 
Drasil, pues ese paso hubiera producido el 
mayor ruido en el mundo diplomático, y ha- 
bría causado sorpresa al mismo Gobierno fran- 
cés, que nos ha visto trabajar cerca de él 
mismo, antes de ahora, para asegurarnos con- 
tra las aspiraciones del. Brasil. La medida 
tenía además otros inconvenientes. Dejar 
la Legación en manos del Ministro brasile- 
ño, era entregar al Brasil muchos secretos 
de la política argentina que lo conciernen 
á él; y yo creo que, por grande que sea la 
confianza que nos inspira su amistad, no de- 
bemos olvidarnos quo somos una nación apar- 
te, con intereses y deiechos que nos son 
¡íeciiliares, los cuales pueden no hallarse de 
acuerdo con los del Brasil mañana ú otro 
día. 

Sobre todo, como no existía el supuesto 
desacuerdo entre el Ministro francés y yo, 
lie creído deber seguir, según he hecho to- 
llos los años, mi correspondencia con él des- 
do Ijr>ndres, como estaba en coriesponden- 
cia con lord Malmesbury desdo París. — Hay 
d(xv horas de distancia. 

Sea (|ue yo deba contimiar ó no en h" ran- 
cia, yo croo <jue convicm». á nutístra política 
i|ii*' Sí'a nM'ibido por el KmpíMador en cali- 
dad (le Ministro. Poi* ese medio podré yo 



122- 



Ilevar á cabo la inilif^icion de \'. E.de í 
bajar con el ayuda del influjo inglés en I 
, tablGcer al (lobiorno de Francia á su prin 
política para con nosotros. E.s posible 
á este fin regrese á Francia como proiri 
al Conde WalGWfiki, hiego que haj-a asn 
lado su estabilidad de la política ingles! 
do su apoyo en favor nuestro. 

Tenemos plausibles motivos para creer i 
el apoyo del gobierno británico no nos 
tara. 

El 1 1 de junio tuve una conferencia 
el señor FitzOcraid, subsecretario de Esti 
dtí S. M. B., en quien lord Malmesbury i 
legó el encargo do discutir conmigo miicí 
puntos referentes al estado nuestra polítS 
con Inglaterra. La conferencia tnó " 
da. Cartas geogiáficas, estadística, leyes, 
tados, todo fuó puesto delante de los ojj 
La fíoía-verhnl que acompaño á V. E. en f 
pia. le dará una idea del modo como 
blec¡ la cuestión con respecto á la solicilj 
que hacen los tenedores de bonos, impu" 
dos por ol Gobierno de Buenos Aires, p* 
que la Inglaterra adopte la política da€ 
Francia acerca de Buenos Aires. 

El señor Fitz Oerald me declaró, por < 
chision, que el gobierno de S. M. B. eeti 
decidido á no cambiar su política en el Pl8 
que no recihiria agente diplomático de Bd 



„ 123 — 

nos Aires, ni lo mandaría por su parte á esa 
provincia; que solo nombraría un cónsul; y 
que probablemente lo sería el señor Parish . . . 
— € E^sta será nuestra política, me dijo, mien- 
tras me asegure vd. que la Confederación no 
hará la gueiTa á Buenos Aires; poique, en 
caso contrario, no sabemos lo que tendría- 
mos que hacer ante los empeños del comer- 
cio, que solicita activamente un cambio. » 

Yo le observé que la actitud tomada por 
la Francia era la linica causa de la agita- 
ción que hacía temer una guerra; y le ase- 
guré que si la política inglesa se mantenía 
tínnemente como hasta aquí, la Confedera- 
ción no tendría necesidad de hacer la gue- 
rra, pues estaba cierto de que la mayoría 
délas potencias extranjeras seguirían el ejem- 
plo de la (íran Bretaña, sin que tuese ex- 
traño que la Francia misma volviese á abra- 
zarla. Coü esta cooperación moral, le dije. 
la Confederación no necesitaría salir do la 
política pacífica que ha tenido hasta a^^uí, y 
le bastaría el uso de medios indirectos de ca 
rácter económico, para defender su integri- 
dad naííional contra la acc«.ion disolvento de 
Buenos Aireas. 

Quedamos en esto, y el señoi* Fitz í íorald 
me dijo (¡ue lord Malinosbury tendría mu- 
cho placer en oir de mi boca esta declara - 
cion. 



- 124 - 



El señor Fitz Gerald me confesas qud 
empeño de lo9 tenedores de bímos, ena 
zade por la cana de Baring, era el re 
do de los arreglos hechos, últimamente i 
el Cíobierno de Buenos Aires sobre la i 
da. «No le ocultaré á vd., rae dijo, que ^ 
señores trabajan fuertemente por un caá 
en nuestra política. En caso de guerra, 
nosotros descariamos más bien que la 
federación nos pidiese la interposición í 
tosa déla Inglaterra.» Me expresó el d0 
del Gobierno de S. M. B. de poneree de a 
do con el de Francia y de la Confederad 
para trabajar pacíticamento en reatablea 
armonía de Buenos Aires con la Confedij 
cion. Me añadió que el Gobierno de la C 
federación meiecía y tenía todas las sia 
tiaf de la Inglaterra. 

En ese estado estaban nuestras cosas, o 
do llegó el vapor con la correspondend 
abril. Después de leer la de V. E., 
de junio tuve una nueva conferencia t 
señor Fitz Gerald, en que le repetí mi < 
. viccion do que solo la actual polítioajil 
glesa. coiist'ivada íntegra y tielmonte,M^ 
dría prevenir una luclia annadaentre Bi* 
Aires y la Confederación. 

El halló muy oportuna mi presencia, 
dijo que acíibaba de mcibir las comu 
Clones del señor Chiíatie, eu que refeiíi 



— 126 — 

motivos (le temer como probable uiiíi guerra 
tsntre Buenos Aires y la Confederación ; que 
en igual sentido escribían los ministros in- 
gleses de Montevideo y del Brasil. Me de- 
claró que esto alteraba lo que habíamos ha- 
blado en la conferencia del día 11, pues me 
recordó haberme dicho que, en el caso de 
gaerra, tal vez la política inglesa tuviese que 
alterarse en el sentido de la solicíitud de los 
tenedores de bonos. — Yo le observé que no 
creía imposible que el Gobierno Aigcntino 
hubiese pensado en la guerra, como último 
medio do defender la nacionalidad en peli- 
gm ; pero le aseguré que la guerra no ora 
un hecho hasta aquí, sino un pensamiento 
posible, que quedaría probablemente en na- 
tía, si la políticíi inglesa continuase en ayu- 
damos con su influencia á defender, sin gue- 
iTa, la unidad de la llepública, apartando, si 
era posible, á la Francia de la actitud con 
que ella había producido toda hi agitación 
actual del Jíio de la Plata. 

Pocos días d(}spues me ha dicho lord Mal- 
nip.«>hury rpie su pensamiento ora conservar 
í*iempní la misma política en iú Ilio de la 
Plat£i. Me lo dijo en el palacio de Buchin- 
gham, y <!on ocasión de un hecho por el cual 
el f íobierno Britiinico nos acreditaba su cons- 
tante predilección. Ese hecho era mi re- 
cepción por S. M. la Reina Victoria en mi 



126- 



carácter de Enviado Estiaordinario y Mints^ 
tro Plenipotenciario, que tuvo lugar el 21 de 
junio, como da cuenta la Gaceta OficUd, que 
acompaño á V. E. La prontitud y el co- 
medimiento de lui recepción- forman un con- 
traste lisonjero para nosotios con la resis- 
tencia obstinada de esto fíobieruo á recibir 
uu agente político de Buenoa Aires. Aun- 
que el Gobernador Alsina lo disimule, yo no 
dudo que él es el autor de esos esfuerzos, 
pues han sido apoyados por el seííor Balear- 
ce, su a^'üiite en l'aris. Esta conducta dea- 
miente la sinceridad de su proyecto de ley, 
que anuncia la intención de abstenerse de 
toda medida capaz de embarazar el resta- 
blecicnto de la unión. Yo creo más bien que 
au abstención os nacida del temor dn recha- 
zos humillantes como los que Inglaterra y 
Chile han pufstf> á los cónsules nombrados 
por Buenoa Aires. Tres voces el fiobierno 
Inglés lia rehusado admitir el nombramien- 
to, do un cónsul para Londres, hecho por Bue- 
nos Aires. 

Los trabajos du lo.s tenedoivs ;le bonos, 
para que la Inglaterra abrace la política de 
Franda en el Plata, están fundados en un 
error grosero, que Buenos Aires les ha in- 
culcado. Ellos creen que la provincia aislada 
de Buenos Aires, compuesta de 200.000 ha- 
bitantes, tiene una renta anual de 5 miUo- 



- 127 — 

nes de pesos fuertes, como la tiene Chile com- 
puesta de 14 provincias y dos millones de 
habitantes. Ellos n j reparan en que Buenos 
Aires tenía o millones de pesos fuertes, cuan- 
do monopolizaba la aduana exterior de las 
catorce provincias argentinas, pero que hoy 
dia la mitad de esa renta está ya en manos 
de las demás provincias. lil señor Withe, so- 
cio (le la casa de Baring, vmido ruciento- 
inente de BuenoH Aires, donde ha represen- 
tado á los acreedores ingleses en el último 
an-üglo de su deuda, repite^, aquí que Buenos 
Aiit?8 es todo y las provincias nada. 

Yo puedo rectificar ese error, y lo hago así 
delante del Gobierno Inglés. Pero debemos 
tenor prc^'ente que este ííobierno, por su na- 
turaleza, tiene que ( omplacer á la opinión 
íjeiieral, muchas veces aunque sea eíjuivoca- 
da, según sus conveniencias. Es preciso que 
uuífstro (íobierno no olvido que en la opi- 
nión pública del comeníio inglés existen mu- 
clias equivocaciones y errores en nuestra con- 
tra. Yo creo qiui es un deber esencial de 
nuestra política exterior buscar un remedio 
á ese mal. Afortunadamente es muy senci- 
llo, y consiste en hacer publicacicmcís en in- 
glés, ípio den á conocer nuestras cosas en su 
nuevo aspecto económico. Buenos Aires nml- 
tiplica las publi(!ac¡ones, para extraviar la 
opinión en nuestra contra, y lo consigue. 



-128- 



Hace tres años que llamó incesantemtii 
ia atención de luieatro gobierno sobre i 
punto. De él dependen y lian de depon 
por mucho tiempo todas laa coutrarieda 
que nos sobrevengan en nueatia política I 
te'rior. Para atender á este punto, se na 
sitan fondos aqtii, no en el Paraná ; foni 
efectivos, no simples autorizaciimes. Ninguñfl 
critor, ningún periodista respetable consiqi 
en trabajar ron la condición de hacerae i 
gar en América. Nuestra posición es ex(M 
cional en esto. No [)odemü3 imitar el f' " 
de loa gobif-nios (¡ne tienen un crédito f 
establecido en el extranjero, y cuyos agei 
pueden fácilmente leducir á dinero sui 
branzanen lo» mercados mas lejanos. 

Otro medio de sacar de la oscurida 
nuestro gobierno y al de la Confoderacioi| 
Europa, es establecer la correspondencia í 
ta, brazo derecho del coM&cio directo. Teñen 
necesidad vital de prolongar la linea ÍDg¡ 
de vaporea hasta e! Rosario, á precio de c 
quier sacriíioio. Los empresarios de i 
nea exigen una subvención de doce mil lin 
esterlinas al año por prolongarla basta el.-| 
sario. Esta subvención enorme se fundad 
el error rjuo Buenos Aires la ha inculcado, 
de que no hay tnlíico ni negocios capaces de 
alimentar ese servicio, si no lo paga exclusi- 
vamente el gobierno argentino. El i'mico 



— 129 — 

medio de destruir este eiTor, es la prueba de 
la experiencia. Bastará ensayar esta prueba 
por un año para poner en evidencia el he- 
cho de que la Confederación posee medios 
de sostener ese trá íico. Y supuesto que nues- 
tro gobierno estaba decidido á subvencionar 
al mismo [tiempo las tres líneas, sarda, ham- 
bargoesa é inglesa (lo cual no podía costarle 
uiénoH de doce mil libras al año), no hay ra- 
zón para que no dé la misma suma á la 
única línea que hoy existe. Si el gobierno 
tiene á l)ien autorizarme, para celebrar un 
contrato con el Directorio de la Compañía in- 
glesa en Londres, este negocio podrá quedar 
allanado prontamente, y tal vez con una sub- 
vención menor que la fundada on errores que 
desaparecen gradualmente. 

Tengo noticia de los Estados Unidos de ha- 
lierse nombrado ya un nuevo Ministro pleni- 
potonc^iario para la Confederación argentina, 
í|De partiiá prontamente. Es el señor B. C. 
Yancy, sngeto, según parece, muy distin- 
guido. 

El s(*nor ( )rt¡z, que salió premiado por una 
Metnon'a sobro tierras piiblicas de la Confe- 
deración argentina, está decidido á invertir 
el valor de su premio en una edición nueva 
de su Memoria, que quiere hacer en los Es- 
tados Unidos con aumentaciones considera- 



■ 130- 



' A eete fin se ha cmpfñailo cüumiga 
para suplicar á V. K. se sirva mandarle una 
copia iuiprcKa ó mantiRcrita di; la Memoria 
que dirigió al Paraná por ini conducto, sin 
haber conservado otro original que borrado- 
res ininteligibles hoy. Coiuo eMtu interesa i 
nuestio pai.s, no dudo de que Y. E. acceda 
á este deseo. 

Cada día el señor Wheelwright se preocupa 
mas seriamente del asunto de nuestro ierro- 
carril Dutre Rosario y Córdoba ; pero por 
desgracia la óonvaleeencia de este nieicada 
es tan larga y penosa que no se diferencia 
de la crisis en sus efectos. Los capitales so- 
bran, los euipresaiios laltan. Ni aun para 
Chile, cuyo crédito está tan bien sentado 
aquí, ha podido el señor Wheelwight torinar 
la Conipañia del turiocarril de Tres Ptin- 
tas. El señor Mopkins, empresario del teiit>- 
cariü entre Buenos Aires y San Fernando, 
se vuelve al Plata, pur este vapor, sin haber 
podido íotmar compañia. Ni para Europa 
mismo se emprende cosa alguna en trabajo» 
de eso urden. 

En virtud de una decisión de V. E-, escri- 
bí al señor Filippani, anunciándole que ca- 
saba en su empleo de agente coníidencial d& 
la Coníederacion en Roma. Los inconve- 
nientes de esta remoción, que yo ya preveía, 
me ha sidon representados por el señor Fili- 



131 



ppani en una carta coniideiicia], que trasmi- 
to original á V. E., para que pueda estimar 
mejore! asunto. Yo me permito indicar á 
V. E^ que sería conveniente dejar al señor 
Filíppani en el puesto que tiene, hasta des- 
pués que hayan sido nombrados los obispos 
presentados, y sancionada por el Papa la 
creación de la nueva diócesis del litoral. La 
posición del señor Filippani cerca del Santo 
Padre y su interés propio personal harán más 
eficaz su cooperación en nuestro favor, que 
todo el celo do otro cooperador distante y 
desinterasado, por alto (jue sea. En lugar do 
<»sto, nos crearíamos, tal vez, un obstáculo, 
destituyendo al señor P'ilippani en momentos 
en que nos conviene tener la cooperación do 
tollos. 

Lo que antes he dicho de la necesidad de 
loud(»s en Europa para disponer de buenos 
escritores, es doblemente aplicable á los em- 
pleados de la Legación. No nos conviene 
emplear sino hombres capaces de un trabajo 
sostenido é inteligente. Esta tarea no puede 
desempeñarse sino por hombres que no tie- 
nen fortuna. El rico no desierta los placeres 
y se encierra ocho horas al día para traba- 
jar por un país que no es el suyo. El emplea- 
do ¡Kibie níicesita ser pagado sin demora. 
Eato es lo que no puede suceder en nuestro 
.sistema a(^tual de pagos. Por esta razón es- 



toy sin empleados aiiJí i liares, á pesí 
facultad que ni gobierno me ha dado < 
brarlns. Ahora estoy recüiido Ministro, y no 
tongo secretario. El único empleado que te- 
nía en París era ol señor Valens. Allí tiene 
él su casa y sus medios de vivir. Para el 
despacho del correo he tenido que llamarla 
á Liendres, con gastos quo no pueden pesar 
sobre 6\. Tendrá que volver d París A su 
domicilio, pues det»dt' onho meses que hace 
que os empleado de la Legación, todavía no 
ha percibido un medio de sns sueldos. 

Si el Banco de Maná, que V. E. mo dice 
ser el Banco del gobierno, estuviese encarga- 
do de efectuar algunos pagos aquí por sa 
cuenta, yo nombraría desde luego un secre- 
tario. Pero como V- E, no me dice que ese 
Banco esté encargado de pi-estar tales ser- 
vicios il nueiítro gobierno on Europa, yo voy 
íi buscar alguioii que quiera avanzar algunos 
londos para la instalación de un secretario. 
En caso de obtenerlos, pienso nombrar secre- 
tario al señor Mannequin, conocedor á fondo 
de nuestros negocios argentinos, adicto hon- 
ladamente á nuestra causa, versado en el 
idioma español y escritor muy distinguido 
en su propia lengua, el francés. Conoce ade- 
más la lengua inglesa. Sin estos requisitos 
no puede un individuo llenar ese puesto de 
un modo que haga honor á la Legación y 



133 



á nuestro país. En caso de ser nombrando 
secretario el señor Mannequin, dejaría natu- 
ralmente de servimos en la prensa, como 
hasta aquí. 



Hallándose la redacción de esta nota en 
este estado, he recibido la comunicación de 
V. E . de 24 de mayo ( que en vez de venir 
dirigida á Londres había sido dirigida á Pa- 
rís. ) Hasta ese momento, me dice V. E., no 
había llegado á sus manos mi corresponden- 
cia de abril. Me es tan sensible como inex- 
plicable ese retardo, pues el señor Presidente 
me contesta en 26 de maj'o á las m^as de 
abril, recibidas el día antes, 25, por la mano 
de V. E. 

Quedo informado de los objetos de la mi- 
sión del señor Peña al Brasil, que por cierto 
no pueden ser más importantes y oportunos. 
Ojalá el éxito corresponda á nuestros legí- 
timos deseos, y á los intereses bien entendidos 
del Brasil mismo. Temo que la acción del 
Brasil sea contenida por las exigencias de 
los gobiernos de Europa, que miran de mal 
ojo toda guerra entre nosotros, aunque su ob- 
jeto sea el más santo ; pero temo aun más 
que el Brasil exagero estas exigencias, y las 
haga servir de pretexto para eludir toda 



-i:i4- 



alianza contraíila en el interés de nuestra ■ 
tegt'iilad. 

La iufluencia qiiP oí Brasil pudiera ejer~ 
cer en t-stoa gobiernos pai-a rectificar el ex- 
travío de la política írancesa, es muy dndosa 
ó nata. Sentiría que nuestro ÍJoltierno se 
fiase en ella demasiado. El Brasil nos pue- 
de ser i'itil en Améiicíi, pero aquí muy poco. 

He visto con dolor en la nota de mayo 
de V, E., que nu&stro (robierno insiste en 
la idea de depositar nuestra política argén- ' 
tina en Francia en las manos del Brasil, y ' 
estoy impaoioní« porque lleguen cuanto antó) 
á nuestio (íobiiruo mejores informes que le 
pei-suadiran que esa medida no es necesaria, 
y tieno al contrario muchos inconveniente^ 
siendo el primero ta especie de escándalo qae 
producii'ía en el mundo diplomático. 

V- E. me dice que mo adjunta copias le- 
galizadas de la protesta que el Gobierno Na- 
cional dingió al de Buenos Aires sobre el 
nombramiento del señor Balcarce. Siento 
decir á V. E. que esas copias no han veni- 
do adjuntas á su nota, y que probablemen- 
te se han quedndo ohidadas en el Paraná. 
Es muy lamentable ente accidente, porque no 
hay documento cuya necesidad sea más ur- 
gente á nuestra política en Europa, en este 
momento, que esa protesta, sin la cual todos 
mis esfuerzos porque el agente nombrado p«r 



135 



Buenos Aires sea inadmisible, aparecen co- 
mo simples gestiones personales de ini parte. 
Tengo el honor de repetirme de V. E. su 
muy obediente servidor. 



Londres, de 5 á 8 de Agosto de 1858. 

i S. E. el Sr. Dr. D. Bernabé López ^ Minis^ 
tro de Relaciones Extranjeras del Gobierno de 
la Confedera^^ion Argentina. 

Señor Ministro: 

Después del rechazo que este gobierno dio 
á la solicitud de los tenedores de bcnos para 
que se admitiese un ministro de Buenos Ai- 
res, (de que di aviso á última hora por el 
vapor anterior á S. E. el señor Presidente) 
nada ha ocurrido de notable durante el mes 
en el estado de nuestras relaciones con este 
n otroH ( fobiernos de Europa. 

Con ocasión del cambio de ministerio en 
Madrid, el agente confidencial de Buenos Ai- 
res en esa (íorte renovó sus esfuerzos para que 
le recibiera el gobierno de España, en el ca- 
í^ter, que el señor Balcarce anunció en Pa- 
ri«; pero sus esfuerzos fueron desgraciados, 
l^rque el nuevo ministerio sigue la política 
de] anterior en cuanto á los negocios del Pla- 
^- Nuestro cónsul general que mo trasmite 



-138- 



esta nueva me avisa tambion f|ue el gobiomO' 
español espera con intorés la detenninacion 
de la Confederación sobre el tratado que yo 
firmó allí. 

De los Estados Unidos so nnnn.ia la próxi- 
ma partida de la expedición militar dirigida 
al Paraguay con el objeto de pedir satisfac- 
ción al gobierno de esa líepública. 

Acouipañü il V. E. nna disposición de S. 
M. ol Emperador por la cnal A petición del 
conde Walewski, será insertada en el Bole- 
tín (le las Lei/e.1 de Francia, el acto de ad- 
hesión de nuestro gobierno argentino á los 
beneficios <le derecho marítimo consagrados 
poi" el Congreso du Paris, en I85(i. 

El Parlamento inglés ha (^errado sus sesio- 
nes el 2 de este, en cuyo acto l<is comisio- 
nados de la Corona han leído el dinrinso, que 
remito adjunto d V. E. 

La prensa de oposición con este motivo, 
ha historiado la política de los últimos seis 
meses en los términos que V. E. verá en el 
adjunto aitícnlo del Tiinet\ 

En este momento la Reina de Inglaterra 
hace una visita im Cherburg. al Emperador 
Napoleón III, con motivo de la inauguración 
de ese nue^o puerto militar y comercial de 
Francia. Se considera esta entrevista, por 
todo el mundo imperial, como un teliz sín- 
toma de paz durable entre ambas naciones 



— 139 — 

aliadas, y por tanto de toda la Europa. Para 
nuestix» negocios argentinos este aconteci- 
miento es muy feliz. El Ministerio de lord 
Derby que nos es tan favorable cx)mo el an- 
terior, dá señales de ser duradero: ha resuelto 
arduas cuestiones con mucha felicidad. 

Para apoyar y justificar más 3^^ más su 
politica respecto de nosotros, he preparado 
la memoria que remito adjunta á V. E. so- 
bre el origen, naturaleza y carácter local de 
la deuda inglesa de Buenos Aires, y sobre 
cómo el problema de esa deuda no puede en- 
contrar su solución definitiva sino en el res- 
tablecimiento de la integridad argentina. — 
Prevengo á V. E. que en este negocio nada 
he dicho ni aseverado oficialmente que obli- 
gue á nuestro gobierno. 

N<» debo ocultar á V. E. que en el convenio 
de Londres, el gobierno de Buenos Aires ha 
conquistado y disfruta de mucha^s simpatías 
por raedío del último arreglo que celebró so- 
bre Ru deuda. No obstante, los fondos de 
Buenos Aires han sufrido alguna baja. 

Trasmito á V. E., por solicitud del se- 
ñor Haine, nuestro cónsul en Amberes, una 
propuesta de establecer vapores de remolque 
en nuestros rios, bajo las condiciones que 
¿I establece en su dicha carta. — Una con- 
testación categórica, de cualquier carácter 



140- 



que sea, daría una buena idea de la activi- ' 
dad de nuestra aduiinistiacion. 

Esta plaza empieza á mejorar de situación, 
asi como la generalidad de las de Europa. 
La confianza en la paz, robustecida por la 
reciente entrevista de (Jherburg, acabaría por 
restablecer estos mercados á su estado nor- 
mal. Nuestra empresa de ferro-carril será, 
yo espero, una de las que más ganen con es- 
te cambio. Mr. Weelwi-ight, espei'a que en 
uno ó dos meses más, podrá lanzar el negocio 
en la plaza 

Algunos capitalistas interesados en abrir 
relaciones de crédito con la Confederación, 
me han manifestado sus deseos de conocer 
á fondo el estado de nuestras finanzas, de- 
mostrando, pues, datos oficiales y estadisti' 
COS. — Sería de muellísima importancia para 
nuestro crédito exterior, el que se sirviese 
V. E. hacerme remitir en txidos lo» vaporea, 
cuanto documento vea la luz pública con re- 
lación al estado de nuestras rentas y liacienr 
da. — He sentido no recibir la Memoria del 
señor Ministro de Hacienda, presentada ea 
mayo al congreso argentino. 

Por la casa de los señores J, F. Dikson 
y C." , he recibido ya alguuaa entregaa á 
cuenta del valor de una libranza, que les di 
en el mes de febrero, contra nuestra teso- 
rería. 



141 



Trasmito á V. E . una solicitud que hacen 
á nuestro Gobierno unos bficiales científicos 
de Francia, para entrai- al servicio civil de 
nuestra Confederación. Ruego á V. E. se 
sirva comunicarme lo qiie hubiere resuelto 
el Gobierno á ese respecto, después de to- 
mar en consideración el asunto. 



Estando e^sta comunicación en esta altu- 
ra, tengo el placer de recibir la do V. E. 
del 23 de junio. Ho}^ mismo trasmito á Mr. 
Wheelwright la noticia de la prorrogación del 
término para formar la compañía del ferro- 
carril. Trasmitiré también íil señor Filippa- 
ni lo que V. E. me dice A su respecto. 

Creo poder asegurar á V. E. sin petulan- 
cia que no conozco la pereza ni la negligen- 
cia en tratándose de negocios públicos, que 
estén á mi cargo. Si no he tocado hasta aquí 
el punto relativo al pago de indemnizacio- 
DeB, es porque en todo el último año ha pre- 
valecido de tal modo el carácter político en 
^Qestras relaciones con estos gabinetes, que 
^e pareció fuera de tacto el no esperar más 
Wiz ó niíls oportuna ocasión para entablar 
nuestras justas objeciones á sus reclamos . 
Nuestra posición empieza á ser mejor á este 



142 



respecto, y espero no dejare Londres sin 
á V. E. una noticia halagüeña sobre el ] 
ticulai'. 

Con respecto á las cosas de Francia 
refiero en todo á mi nota del mes pasad 

Tengo el honor, etc. 



Londres, del 5 ai 8 de Setiembre de 1858. 

Al stñor Ministro de Relaciones Exteriores de la 
(Confederación Argentina. 

Señor Ministro: 

Dui*ant.e el último mes no ha tenido lugar 
ocurrencia alguila que altere la situación 
lHV(»rable de nuestros negocios en estas Cór- 
t*í8» tal como tuve el honor de exponérselo 
en el vaiK)r pasado. La ausencia de lord 
Malnicsbury con ocasión de los viajes de la 
Heina á Cherhourg, á Priisia y á Escocia actual- 
mente, ha sido causa de que no esté arre- 
glado ya, como lo espero, el asunto que V. 
ií. Ule tiene recomendado sobre el modo de 
llagar las indemnizaciones reclamadas por 
'«« «úliditos británicos. 8in embargo de eso, 
'*e t4jni(lo una entrevista á este respecto con 
®l honorable señor Fitz ííerald, que hace 
m Veces de lord Malmesbury en su ausen- 
cia- He encontrado en él la constante y no- 
We disposición de este goljierno á íavorecer 



144 — 



nuestras legítimas exigencias. Por indici 
del mismo señor Fitz Gerald he consignado 
en una nota los puntr.s de nuestra solici- 
tud (') que está ya en manus liel goliierno de 
S. M. B. Para hi conclusión de esto punto 
asi como para el arreglo de otros que mi- 
raa á la política de Francia en el Plata, 
pienso esperar algunas semanas el regreso de 
lord Maliufcsbury á Londres, en easo de que 
no pueda arribar á un resultado satiafactorib 
con su honoiablc represen tinte actual. Con- 
vendrá que V. E. retarde todo lo poeible 
el cureo de ese negocio. El tratado con Es- 
paña si estuviese ya ratificado, nos serviría 
de un poderoso antecedente para decidir al 
gobierno de Inglaterra. 

Por varias disposiciones el (robienio de la 
Contoderacion ha tenido la bondad de aiitn- 
rizarme para hacer los nombramientos exi- 
gidos por nuestro servicio címsular en Fran- 
cia. He usado de esas facultades cou la 
más grande discreción, cuidando mucho de 
sondear la respetabilidad de los candidatos 
y su completa independencia de toda in- 
ñuencia comercial ])or parte de Buenos Ai- 
res. Hace dos aiios que nombré al señor 
don Pablo íiil como uuesti'o Cónsul en Pa- 
rís. Tanto poi' mis frecuentes casos do 



145 



sencia como para la facilidad misma de 
nuestro servicio, nos convenía un Cónsul 
geneiTil en París que sirviese como de ór- 
gano intermediario entre el Ministerio de 
V. E. y todos nuestros cónsules y vicecón- 
«ules en Francia. Como el señor Gil al prin- 
cipio no estaba familiarizado con los asun- 
tos argentinos, empecé por nombrarle cónsul 
de primera clase, para dar tiempo á que se' 
pusiese ai comei^te de ellos ; de lo cual hice 
confidente á él mismo, anunciándole que más 
tarde seria nombrado cónsul general. Su 
servicio leal y asiduo ha correspondido á 
nuestras esperanzas. Después de dos años 
creí llegado el tiempo do que diéramos al 
señor Gil en Francia la misma posición que 
tien^ en Inglaterra el señor Dickson, es de- 
cir, do Cónsul general, en lugar de Cónsul 
de primera clase. Nombré, en consecuencia, 
«n el mes de agosto último al señor Gil en 
íMinel carácter; pero el gobierno de Francia 
mella observado que las facultades que yo 
tenía del Gobieino Argentino no me auto- 
rizaban para nombrar cónsules generales. 
El Oobiemo francés se funda en que la de- 
nominación de Cónsul general no está liteíal- 
í^ente expresada en los decretos del Gobierno 
Argentino. Aunque no tengo duda de que 
'3 intención de nuestro gobierno fué com- 



-146- 



prender las proinociones coiisulartís de to3 
especie en las facultades que me otorgó, he 
cieido no deber insistir, ni suscitai* discusión 
alguna sobre la extensión de mis poderes. 
Pero como esa objeción no debo ser causa 
deque la República Argentina quede siu la 
ventaja de un Ct')nsul general en Francia, 
como la tonemoB en lugWitierra, en España, 
en Bélgica, etc., cíoo deber diriginne á V. 
E. proponiéudole se sirva, ó bien ratificar y 
confirmar el nombramiento de 10 de agoati) 
de Cónsul geneial en favor del señoi' Gil, ó 
bien paiticipar al Ministerio francés que la 
facultad puesta en duda está comprendida 
efectivamente entre las que tengo, ó bieu 
mandarme la facultad especial para ello. El 
señor Gil, que ni noLicia tifne de esta promo- 
ción, ii (]uien no debo seivicio personal nin^ 
guno, ni pienso ileber, es en justicia, poi'la 
respe tabilidiid de »\i posición y carácter, dig- 
no lio ser ascendido de un grado, en el quft 
no podríamos colocar á otro sin agravlíirie 
y sin violar las formas. 

Ho trasmitido ai soiíor Filippani la última 
determinación qne V. E. tuvo la bondad dfi 
comunicarme sobre su ccao en el t^mlcter de 
agente confltloncial para el fin del año pre- 
sonte. Ese caliallerí) me ba contestado rt- 
pitiéndonie las cu nsidurat; iones en quü apoys 
su esporaníiii de que el liobierno Argentino 



147 



le mantenga en la posición que cree mere- 
cer por sus servicios prestados á nuestro país. 
Tal vez no será de más que V. E. sepa que 
cuando yo llegué á Roma en 1856, el sen o 
Giménez, agente confidencial entonces en esa 
Coi te, me hizo conocer al señor Filippan 
como el hombro cuya cooperación y auxilio 
no» sei-ian más preciosos y útiles de cuantos 
rodeaban hi persona do Su Santidad el Papa 
Pío IX. ÍjI señor Filippani, que acompañó 
al Siinto Pailre á Oaeta en sus infortunios 
«le 1848 no ha perdido su favor ni sus sim- 
I)atia8. 

Trasmití también al señor Wlieelwght la 
comunicación de nuestro Gobierno que con- 
tenía la pr<')rr()ga del término acordado pai a 
la íonnaci(ni de la Compañía del ferrocarril 
ele Córdoba. El señor Wheelwrigth, que con- 
duce este negocio con una f ó y ardor cada 
día niayoras, me ha asegurado, en estos días, 
lufl muy poco 1(5 faltaba ya para completar 
lafoiiiiacion del Directorio do la Compañía. 
La situación de esta plaza, en lo concerniente 
á civditíí y empresas, aunque mejor que en 
lo« m«.*Hes pasados, no es bastante satisfac- 
toria todavía. Las empresas de Chile (em- 
JMxHjtito del gobierno y ferrocarriles) se man- 
^ienoii estacionarias por el motivo arriba 
difihn. 

Hay más confianza hoy día en la paz ge- 



nei-a! de la Euroi 



pa que 



antps de la i 



vista de Clieibourg , pero después de S 
acto que reanimú la confiauza pública, 
frialdad entre los (íobieinos de Inglaterra y 
Francia se lia dado á conocer por laa hos- 
tilidades de la prensa, qne han continuado 
tan vivas como antes. A pesar de esto, 
nadie espora uu rompimiento entre las das 
naciones, pero tampoco nadie lo cree impo- 
sible. 

La causa du la civilización gcnei-al ha 
hecho dos conquistas en el mes pasado, que 
importan á. la América como al mundo en- 
tero. La América del Norte, ha sido colocada 
A pocos minutos de distancia de la Europa 
por medio del telégrafo eléctrico submarino, 
y el imperio de la Cliina ha sido abierto al 
comercio y á las creencias religiosas de los 
pueblos cristianos de la América y Europa. 
Se habla en estos días de empresas dii'igidas 
á unir la América del Sud con la del Norte 
por telégrafos continentales, como están en- 
tre sí todas las naciones del viejo continente. 

El 29 de julio último se ha ensayado 
en las calles de Londres con el mejor éxito 
un nuevo sistema do coche de vapor, porel 
cual se ejecuta su locomoción sin necesidad 
de rieles (ó canil de fierro), y con la misma 
libertad con que se mueve un coche por ca- 
ballos. Si esta invención resulta ser comple- 



— 149 — 

tamente victoriosa, como se cree, las extensas 
llanuras de nuestra República serán las lla- 
madas á aprovechar de tan preciosa mejora. 

El señor Haine. Cónsul de la Confederación 
en Ainberes, me ha escrito ratificando las 
ptx)posiciones que trasmití á V. E. en el co- 
ireo pasado relativas á la empresa de vapores 
de remolque, que desea establecer en los rios 
Uruguay y Paraná. Remito á V. E. la carta 
en que renueva dichas proposiciones. 

Ti-asmito igualmente á V. E. una nueva 
carta que he recibido do algunos oficiales 
franceses que persisten en su deseo de tomar 
«ervicio en la Confederación paia trabajos de 
ingeniero civil y militar. Tongo las mejo- 
res recomendaciones en cuanto á sus perso- 
nas. Con respecto á la importancia y valor 
de sus proposiciones, nadie síjrá mejor juez 
pío luiostro propio Cíobiorno. Solamente me 
IKíiTiiitiré prevenir á V. E. que estos señores 
•cuentan con una respuesta, sea cual fuere 
su cai"á?tor. 

Toda la prensa de los Estados Unidos ha- 
'Ja <le la oxpediíúon que el (íobierno de ose 
{•ais 04 Mitin na organizando para enviar al Pa- 
'■agnay. Por la hoja impresa (|ue acompaño 
ííV. E. S(» pu('d(;n ver las, dificultades con q\m 
í»nj»¡(.za. Este hcíJio es nmy significativo 
pam líi ropúblicas do la América del Sud en 
í^'is roliiciones i'on los Estados Uniílos. Si el 



I 



-150- 



Parognay du íues» tin estado tan egitista pan» I 

con nosotros, ni tan digno de ser severamen- 
te aleccionado por la civilización, su cavisa 
tendría cierto dcreclio dt- sernos simpátii-a por 
motivos de raza y de posición geográfica. 
De todos modos sería de desear que la vic- 
toria de los Estados Unidos fuese obtenida 
de un modo que los dejase convencidos á ellos 
mismos, de que no es fácil someter á una 
república do raza latina situada en las re- 
giones que ocupa el Paraguay. Por lo demás, 
en nuestro rol de neutrales, nosotros no de- 
bemos dejar conocer deseos ni sentimientos 
que enfrían las simpatías calorosas que en 
los Estados Unidos tiene todo el mundo á 
la causa do nuestra Confederación. No hay 
tal vez país extranjero donde el Gobierna Ar- 
gentino sea mejor comprendido y estimado. 
Creo deber llamar la atención de V. E. á 
un hecho significativo, ocurrido en eate mer- 
cado. Los bonos ingleses de Buenos Aires, 
que á principios de junio se cotizaban á 83 *', 
bajaron últiinamente á 78 por °/o y fluctúan 
hoy entre esa cifra y 70. Yo no dudo que 
el prestigio que el último arreglo de esa deuda 
dio á sus títulos, se disminuya giadualmen- 
tc á medida que so comprenda el origen y 
carácter local de la deuda de Buenos Aires, 
y la disminución que han sufrido las rentas 
efectivas de esa provincia, que le servían de 



— 151 — 

gaje, por consecuencia del nuevo sistema de 
DEvegacion fluvial. Una de las cosas que fa- 
vorece á ese crédito de Buenos Aires, es la 
opinión que generalmente existe de que el 
restablecimiento de la integridad de nuestro 
país ha de tener probablemente por una de 
8D8 condiciones la nacionalización de esa 
deuda. 

En vista ^e esto, yo creo que convendría 
á nuestro Gobierno no perder ocasión de ha- 
cer entender con respecto á Buenos Aires, 
que la Confederación no admitirá esa deuda 
sin recibir al mismo tiempo una parte de las 
rentas de aquella provincia para el ejercicio 
del pago de intereses y capital; y acerca de 
los acreedores ingleses, acostumbrados á la 
idea de que el medio de conseguir que la 
nación admita esa deuda, es facilitarle á ella 
un nuevo empréstito. Si nuestra República 
ha de usar do su crédito público como una 
de las fuentes que la Constitución asigna á 
su t43aoro, yo croo quo nuestro (¡robierno no 
debe perder de vista que la Inglaterra oh el 
terreno en que el crédito argentino, mediante 
trabajos perseverantes y discretos, puede lle- 
gar á ser una grande y poderosa realidad, 
como lo es ya para repúblicas de Sud Amé- 
rica que no tienen la importancia de la Con- 
federación. 

Estando esta nota en esto estado, t^engo el 



152- 



lioiior (le recibir la interesaute coiiiunlcaGJ 
d(! V. E. del 22 de julio. Extraño muoj 
que á esa fecha no luihieso llegado al 
rana mi con'espondeuciade Parisy Lóndá 
dfil 5 al 8 de junio, que fué por la \ 
ForeingOtíice en r1 pa']net.e do ese uies. 

Quedo instruido de los importantes í 
de nuestro Gobierno sobre política oxteri 
y económica que V. E. se sii've comuu¡<^ 
me y loa diré á conocer inmediatamente, I 
Europa por todos los medios que estén á. j 
alcance. 

Nuestra Confederación babrá obtenido i 
de ans raiís gi'andes victorias el día qn 
en ejecución las líneas do vaporea que 
ben ligar entre sí y de un modo aisteiuj 
nuestros puertos fluviales con todos los 
Rio do la Plata y extranjeros. 

La loy de derechos difei'enciales sobra 
exportación ha sido considerada aquí cofl 
consecuoneia lógica de la ley del lí) de ju 
que gi"avó la importación indirecta. Buei 
Aires, que no fume escrúpulo de hollar i_ 
dos los principios económicos manteniend 
una aduana de provincia en mL'ngiia de nues- 
tra aduana nacional, multiplicando las tarifas 
y rnglainentos, y quobiuntando la unidad del 
mércalo argentino, podi'á encontrar mal esa. 
ley ; pero esto comercio europeo no la con- 
sidiji-a del mismo modo, pues él couipronde 



153 



que ella tiene por objeto ensanchar y agran- 
dar el comercio directo de la Confederación 
con los mercados extranjeros. Comercian- 
tes antiguos de Londres me han diclio que 
esa ley no hará mal al tráfico exterior, pues 
ya la expeiíencia hizo conocer por los años de 
1808, antes que el comercio do Inglaterra con 
el virreinato de Buenos Aires fuese permi- 
tido, que los productos de las |)rovincias, sa- 
cadas entonces por contrabando, so trasbor- 
daban en el Plata sin tocar en Buenos Aires 
cou la mayor facilidad. Hoy, que ni esa ope- 
[ raci(»u es ¡necesaria, hi medida será nmclio 
menos sensible á los que hacen nuestro co- 
mercio de exportación. 

Me pennitiré instruii- á V. E. do un asun- 
to que aun cuando no tiencí carácter oficial, 
interesa de algún modo á la Confederación. 
En uno de h)s primeros cuerpos científicos 
de Francia se habló de hi (Jonstituciou de la 
C.'onfcdííracion Argentina C(m ocasión do mi 
libn», en t(»rminos que, aunque no liostiles, 
ronveníauKi dejar pasar en silencio por el pe- 
ligro de dar á nuestros adversaiios el apoyo 
de una auioiichid cientíii(*a. Con ese moti- 
vo íliiigí al Instituto histórico dií Francia, 
*ii ni¡ calidad de miembro de ese cuei po, una 
«•arta rcst;ibleííiendo el sentido liistóiico de 
nuestra ConstitUí-ion, la cual fue leída en se- 
sión púlihí^a, y acaba de sor iusiuta en ex- 



— 154 — 

tracto en el periódico del Instituto. Remi- 
to á V. E. las dos publicaciones para tenerle 
al cabo de este incidente, que los de Bue- 
nos Aires podrían querer presentar en su 
sentido. 

Tengo el honor de repetirme de V. E. su 
muy obediente servidor. 



(A la Dots qae vá á continaacion se hace referencia en la 
página 142 de este volumen. ) 



Londres, le 4 Septembre 1858. 

A Son ExceUence Lord Malmesbiiry. 

Excellence : 

Remplisant les desires du Gouvernement 
de la Conféderation Argentino, j'ai l'honneur 
de sollieiter de V. E. l'adhésion aux conditions 
avec lesquelles il est disposé á indemniser les 
préjudices souífeii:s par des sujets britanni- 
ques pendant Tópoque d'anarchie qui a pré 
cédé á son installatíon et orgauisation ac- 
tuelles. 

Ces conditions, qui serapportent seulement 
á la forme et maniere de réaliser lepaienient, 
sur celles que j'ai Thónnenr d'indiquer com- 
me il suit: 

!.• Le Gouvernement Argentin paiera au 
ionds publics, au pair, avec Tintóret annuel 
de 6 y„. II designara, en outre, la sommo 
néccssaire pour Tamortissement d'un Yo ^'^^' 
téret des fonds amortis devant augineuter le 
capital d'amortissement. 

2.** Les fonds publics seront re9us pour leur 



- 156- 



valeur écrite dans l'achat de ten-es uatio- > 
nales. 

3." La dette liquidóe commencera á gaguer 
rintórét dii 6 "/" seuleinent aprós et depuis 
la date de sa líciuidation ; oa bieu depuis 1858 
oü elle seiú liquidée. 

4." Deux années plus tard, en 1860, les in- 
íéréts de deux procedentes annéea svront ca- 
pitaliséd, et ¡1 8era donné poiir lo total les 
docuniGiits ou titres de fonds pubÜcs dont il 
est parlé plus haut. 

Les Gouveruements de France et d'Espa- 
gne ont admis cette maniere do payer les 
indcninités réclamées par liiurs nationaux. 
Le riouvenieinent Argentiu espere que le- 
Gfouveniement do S. -M. Ü. qui nous honoru 
de sa ties brillante amitié, adliérera au mcme 
Bysttiine, ayant eu considération : 

1." Que, pour le uiouieiit, lo Gouveruemeiit 
de la Coiifédération u'a pas les moyens pour 
payer d'uue autre raauiére, car il est notoire 
que depuis peu l'on a crc-ú son trésor national. 

2." Que le Gouvoniomont Argentiu a prou- 
vé sa bonne foi et son ilésii' d'étre agróable á 
l'Angleterre et a la Frauce, en aceo[)tant la 
roBpousabilitó de préjudicea occasioné» daña 
une époque oü il n'óxístait pas, ot dans la 
quelle il y avait une auarchio gíuórale. 

'ó." Que le Gíouverneuieiit Argentin est le 
premier qui ait accordó ü l'Angleterre et aux 



157 — 



natioDS européennes la libre navigation de 
ses fleuves intérieurs, avec le but d'attirer 
son commerce, et de cióer et d'augmenter 
des intérets mutuels entre les deux pays. 

4." Que le Gouvenicment de S. M. ne vou- 
dra pas nons priver des moyens de créór et 
de sontenir un Gouvemeiuent qui est néces- 
sarie á la protection et á la sécurité de ses 
méxnes nationaux y établis, et qui servirá 
pour prevenir le besoin de nouvelles réclama- 
tíons, évitant de nouveaux préjudices. 

Dana le cas d'obtener Tadhésion que j'es- 
pére de V. E., nous serions tres hereux si 
i'on écrivait á rhonorabte Mr. Christie, afin 
de se conformer avec les conditioiis admises 
par la France et TEspagne, qui sont cellee 
que j'ai eu Thonneur d'indiquer plushaut. 

Je saisis cette opportunitó pour renouvel- 
1er á Votre Excellence Tassurance de la hau- 
te considóration avec laquelle j'ai l'honneur 
d'étre de V. E. 
Tres noble Lord. 



Londres, del 6 al 8 de Octubre de 1858. 

A S. E. d señor Ministro de Relaciones Exterio- 
res de la Qmfederacion Argentina. 

Señor Ministro : 

He tenido el honor de lecibir la corres- 
pondencia de V. E. de 24 de agosto acom- 
pañada de las notas en copia dirigidas al 
gobernador de Buenos Aires protestando con- 
tra el nombramiento del señor Balcarce ; do 
ta cí)nvencion fluvial celebrada últimamente 
con el Brasil, y de la ley de 29 de julio úl- 
límo, que establece derechos diferenciales á fa- 
vor de la exportación directa. He recibido 
también las notas que, con ocasión de esta 
liiy, han tenido lugar entre el Ministro bri- 
tánico y V. E. 

Ayer mismo pedí una conferencia al señor 
Fitz (leíald, subsecretario de Estado en este 
gabinete, para solicitar que se escriba al señor 
Christie, á fin de que no remita su protesta. 

Los trabajos incansables de Buenos Aires 
en Francia y las indicaciones que V. E. me 



160 — 



trasmite de S. E. el señor Presidente me ha- 
rán trasladar muy presto á Paris; pero do 
lo haré sin tener antes con Lord Malmes- 
bury, que ostiirá de regreso en Londres, den- 
tro de diez diaa, una conferencia que me 
propongo hacer trascender á nuestras cosas 
de Francia. 

En este mes he recibido una declaración 
del Gabinete de Madrid, prorrogando á pe- 
tición mía por seis meses más, contados des- 
de el presente octubre, el término para la 
ratificación de los tratados celebrados con 
esa Corte. El reconocimiento de !a indepen- 
dencia argentina en los términos en que lo 
ha hecho nuestra madre patria, es de tal mo- 
do necasario al diBsarrollo de nnesbra políti- 
ca exterior en Europa, que llama la atención 
de todos el silencio de nuestro Gobierno oii i 
tan grave cuestión. Extra-oficial mente he re- 
cibido una orden del dia de nuestra Cáma- 
ra de Diputados, en que veo aconsejada la 
devolución del tratado al Poder Ejecutivo, 
por no haberse antes aprobado por él, con- 
forme al articulo 64, inciso 19 de la Consti- 
tución. Si me ea licito hablar de este asunto, 
que me concierne en cierto modo, me per- 
mitiré observar á V. E. que siendo nuestra 
Constitución, en el artículo citado, entera- 
mente igual á la Constitución, inglesa la 
opinión de nuestra Cámara de Dipiikaíios 



161 



\ está de acuerdo con la práctica del derecho 
británico, según la cual frecuentemente este 
Gobierno hace y ratifica los tratados, y des- 
pués los comunica al Parlamento. En el tra- 
tado con España no podríamos seguir otra 
jurisprudencia, pues siendo un tratado de paz, 
con estipulaciones políticas que afectan á la 

Srovincia disidente, su discusión pública, in- 
uiria necesariamente en daño de las miras 
del Gobierno Nacáonal. 

Quedo infoimado de lo que V. E. tiene á 
bien decirme sobre el envío de un Ministro 
Extniordinario ¿i liorna. Sobie este punto 
grave de nuestra política oxteiior, croo de- 
l)er rec^)rdar á V. E. que en Ale mania y en 
los países de Europa de scetiis disidentes, lla- 
mados á alimentar nuestra inmigiacion y 
nuestro couiorcio, s(^ ha manifestado por la 
prcn>a (tiorto t< mor d(» que un concordato 
nuestro con líoma r()m|»n)meta Ins miras de 
la i'nustitucion argentina, cu ])nnt()s que la 
hacen ser <•! niodclo do la. América española. 
Por lo denicís, el Santo Padre nos dá cada 
día nuevas prendas do su pr(MM*osa simpatía. 
Sfgun ww escriben do liorna últimamcn- 
to, ha rehusado ac( ptar un címisuI de Buenos 
Aires ncMubrado para esa. (Ñute. 

El estado ¡nomtario do la plaza de L<'»n- 
4lres es sin duda uu^jor que en los meses pa- 



H 



sados ; pero el espíritu de euipiesa no se alza 
de 9U letargo. El señor Wlieclwright, quo no 
cesa de vigilar en la enipiesu de nuestro fe- 
rro-carril, confiada á sus cnidadoa, cree fir- 
memente que el Diivctoi'io de la Compañía 
quedará formado antes do poco. Su té ha 
sido reanimada grandtiniente p<vr la carta 
lie un ingeuieio inglés que atravesó nuestra 
República, déla que me poruiibu acompañar 
ii V. E. una copia, por sor interesante su pu- 
blicidad aún íilü mismo. 

llemito á V. E. un artículo impoitaiite, 
aparecido on el Juuntal '/es Ecomniistcs de 
Paria, sobre la deuda inglesa de Buenos Ai- 
res que tanto interesa á nuestra política ex- 
terior. Los bonos tic esa provincia bajaron 
en cstt! último mes basta el 76 "/« y lian 
fluctuado después «rntre 77 y 78. Desde I" 
de este octubre se han debido emitir los 
nuevos bonos por los intereses capitalizados. 
Nui-'sf-ro giiLtieriu) nu del)0 surprenderse de 
que el Tiiiivs publii|ue algunas veces ata- 
ques contra nosotros. De i:ste género vio la 
luz nnu el último mes, el cual repliqué inme- 
diatamente por el mÍHino peiiúdico en lo» 
tóiuiinos del aiticvilo que reiidto á V. E., 
por si se ha propagado en Üueuüs Aiies la 
ahisiun ofensiva del Tiiiivs. Me lian astgu- 
radu que la casa tie liaring, que patrocina 



163 



á Io8 acreedores de Buenos Aires, tiene par- 
te en ia pix)picdad del Times. 
La prensa inglesa es la que más nos con- 
yeudvisL poseer en Europa, por serla más influ- 
yente y la más libre. Si V. E. hubiera alla- 
nado ya el medio de pagar aquí alguna 
írtibvencion, hoy tendríamos uno ó dos pe- 
riódicos ingleses ocupados de hacer conocer 
y defender nuestros derechos. 

Ante.s de ahora me dijo V. E. que ya nues- 
tro gobierno tenía su banquero en Europa 
en la casa de Maná. Con este motivo creo 
deber participar á V. E. lo que ha sucedido 
con la suuui do cincuenta onzas de oro, re- 
cibida por la casa Maná en el Rosario, paní 
entregarla por cuenta de nuestro gobierno 
«?n París á la orden don Pedro Ortiz, autor 
do la Memoria sobre tierras que fué premia- 
da. El Hícibo dado por la casa Maná fué 
remitido á Ortiz oficialmente. El me lo en- 
ílosí') desdi; los Estados Unidos, y á pesar de 
que yo añadí la responsabilidad de mi en- 
doso, cl agentf3 de Maná en París no ha que- 
rido pagar las 50 onzas de oro, diciendo 
que no tenía aviso alguno, á pesar de que 
veía la liiina do la misma casa en el reci- 
bo. No s('' que, haya gobierno ridiculizado 
ilíí peor modo qu<; lo ha sido el nuestro en 
e.s<* asunto. 

Kl nuíívo Ministro de los Estados Unidos, 



464 — 




señor Jancey, partió ya el 4 de septjeiiilrt 
para el Paraná por la vía de Río Jane" 
La flotilla contra el Paraguay, aegun me 
escriben, será formidable. Constará de 15 
ó más buques, y será comandada por el geftB 
de la estación Comodoro Sbubrick, bajo ifl 
dirección inmediata del capitán Page. I«(fl 
arsenales estaban ocupadisimos en el in^| 
pasado, preparíuido y armando esos h^M 
ques. fl 

Varios buques meicantes habían salido ÚM 
timamente de los puertos de los EstadcÉM 
Unidos con destino al Rosario. ^ñ 

De dicE buques que están en carga ^H 
este momento en Liverpool, nueve son do^H 
tinados al Rosario después de tticar en Bne- 
nos Aires. 

El Tiutcs ha dado aquí la noticia de una 
convención firmada por nuestro gobierno con 
los de Inglaterra, Francia y Cerdeña sobre 
pago de indemnizaciones. Como la comu- 
nicación de V. E. no alude en nada á ese 
negocio, creo que no estai'á do más que lia- i 
me la atención de V. E. á una convención J 
análoga celebiada liltimaiiieiite entro Ingla-I 
térra y el Brasil, en la cnal, tomo voni V. E.í 
por el texto adjunto, no so pagan interese» 
por los créditos reconocidos. fl 

Tampoco creo de más i'emitirá V. E. coH 
pia do la nota que pase á lord MalmosburH 



165 



acerca de aquel negocio y su respuesta. Yo 
as^uró á este gobierno que el de Francia, 
como el de Madrid, solo exigían intereses 
desde el otorgamiento de los bonos, estando 
á lo que V. E. me dijo en una de sus comu- 
mcacioncs anteriores. Pero en carta que 
recibí últimamente del Paraná, el señor Mi- 
üístro Lefébre de Bócourt me da á entender 
que su gobierno no aceptaba ese principio. 
Con este motivo creo conveniente que V. E. 
dé alguna explicación al señor Christie, pa- 
ra que no nos tengan por inexactos, pues 
él ha debido recibir copia de la nota que yo 
pase; á lord Malmesbury. 

Como V. E. notaría en mi comunicación 
pasada, no volví mcás sobro el pensamiento 
de nombrar Secretario al señor Mannequiri, 
ponjuc dejó de tener efecto á causa del com- 
promiso de os(*ribir en la prensa, que contra- 
jíí en su convenio con nosotros, y de otros 
c>om[)r()mis()s peculiares de él. Nailie más 
convencido que yo de la necesidad de emplear 
eA>mpatriotas en nuestras Legaciones, para ir 
formando hombres inteligentes en el servicio 
lio la política exterior. Creo haber indica- 
do cstíí mismo pensamiento antes de ahora 
á nuestro (Jobiorno. Pero como no tenemos 
jí'ivcncs c|ue escriban y hablen las lenguas 
extranjí-ras de la Europa con la perfección y 
turrza reípieridas en nuestros trabajos tan 



- 1G6- 



coiupUcadoQ y fi'ecueiites. he tomiün que on 
aecretario de nuestro pa,'», por iiwtniklo que 
sea, no llenase la necesidad de liouiliras ror- 
8?dos, que al fin habría que pagar por el 
desempeño de ciertos trabajos. De todos mo- 
dos yo satisfaré los deseos de nuewtro Gobier- 
no que V. E. jne comunica ú lísto respecto. 

Aates de concluir esta nota, ho tenido una 
entrevista con el señor Fitz Gerald, para lla- 
mar su atención hacia los puntos contenidos 
en la verbal de que remito á V*. E. ci''pia 
El Subsecretario de Estado me ha escneliado 
con el mejor espíritu, y me ha piouietido (pie 
el (fobierno Britíínico tomaiá on cousidera- 
cion este paso dado por mí, ¡I ün de conse- 
guir que el ;(Pñor Chnstie nn insista en su 
protesta contra la ley de derechos diferen- 
ciales. Si no estoy equivocado, el d'obieriio 
Británico no será más exigeTito vstii voz que 
en la pasada, para llevar á cabo hu píxjfces- 
ta contra leyes que mas bien son reglamen- 
tos orgánicos del tratado do 18^5, lejos de 
hallarse en oposición con él. 

Tengo el honor de repetirme de V. E. pii 
muy obediente servidor, etc. 



Londres, del 5 al S de Noviembre de 1858. 

A S. E, el Sf\ I)r. T). Bernahé Lópe^:, Ministro 
fio Relaciones Extranjeras de la Confederación 
Argentina. 

Señor Ministro : 

La larga ausencia do lord Malmc sbiiry de 
Londres y la casi cíMitínua ausencia del Em- 
perador, de París, por el mismo tiempo, han 
ixítardado mi rej^roso á Fiancia que llevaré 
ú efecto despiios do salir (íste vapor. 

Al romvso de lord IMalmesbiuv he tenido 
una conferencia, detenida con él, con el ob- 
jeto de expliíNir his miras de la ley de dere- 
<^hos difoKMiciales sobro la exportación, pro- 
t<'8tada por (O sonor ( -hristie, y la necesidad 
<lfM|ne se escriba á este Ministro para que 
"o insista en su protcísta. Remito A Y. E. 
"lía Memoria impresa (jue contiene v] lesú- 
'^en dv los medios de (]U0 me lie servido 
l^ia tratar esa cuestión. Lord Malmesbur}^ 
<lespnes de escucharme atentamente, me ha 
^íclio que los Consejos de la Corona serán 



invitados á deeidií- siinplomeiite si !a ley so*', 
biedicha esUí 6 no en opttsicioii tiuu gI tra- 
tado de 1825. Los demás puntos ijiie he 
tratado con lord Malm&sbury refcTeiitoa ú. 
nuestra política en Francia, se resiuntt'.n hoy 
uu poco díí iii |to3Ícitjn du este í^abinete les- 
pecto al de París, coin|)arativaniento á la 
época en que la guei'ra de Oi'íuiea los tenia 
tan estiBcliadoa. Con toilo, no creo ijue esto 
trobiorno dejará de liacer cnanto esto en su 
mano por í^ostenor nuestra [xilitíca. 

Aunque la parte <lel comercio de Londres 
ligada por intereses á Bneiio.s Airea no hada- 
do pasoalguno oficial últiinainente, tengo no- 
ticia dü qtio no cesa do ti-al)ajar en unestiu 
contra. Las nianileHtaciones, déla prénsalo 
t^onfirman El Times rehusó admitir una rec- 
tificación mía de datos inexactos, que dio d 
luz, priiceilentoa de jl/ííjíÍL'í7'(/(Yt; y el Er.oiwmist, 
papel mny conocido en In^lateri'a, Im hecho 
la defensa de Buenos Aires y Montevideo, 
en la cuestión da derechos diferenciales, en 
los términos del artículo que acompaño & 
V. E. La casa de líaiiiig, que patrocina á 
los acreedores ingleses lie Buenos Aires tiene 
grande influjo en el Tinms y en otros papeles, 
y á sus trabajos arbificiales sobre la opinión 
del comerciii es debida principalmonto la con- 
sideración infundada de <|uc distrntiin los 
bonos ingleses do Buenos Aires en Londres. 



— 169 — 

£sto deniostram á Y. E. Jo que tantas ve- 
ces he dicho sobre la necesidad de adquirir- 
nos un apoyo en la prensa inglesa, por sub- 
venciones pagaderas aquí, no en América, 
ün escritor y editor inglés considera un sa- 
lario que debe pagarse en el Paraná, como un 
editor 6 escritor del Paraná recibiria la pro- 
mesa de pagar su salario en Liverpool ó Ntieva 
York. Entre tanto nuestros negocios continúan 
casi desconocidos en este país tan importante 
para nuestros intereses, por falta do un apo- 
yo decidido en la prensa, obtenido del modo 
sobre dicho. Esperando que el Ministerio de 
V. E. provea el medio de llenar esta nece- 
sidad estoy limitado á las pocas inserciones 
«|ue puedo obtener mediante eiogaciones que 
tengo (jue hacer con dinero do mi sueldo. Es- 
te asunto os tan serio, que si nuestro gobierno 
lo abandona, no duhcmos extrañar que el 
gabiih'te britiinico ti^nga que contemporizar 
aljíuna vez con las preocupaciones generales, 
y tnoditicar su política en nuestro daño. 

Trabajando sienipre en contener el ascen- 
»li«iit<i d(í liuenos Aires en Francia, vo}'^ á 
prt^sentarme allí como Ministro. Acreditado 
^'on v.sU'. caráctiM' en las dos C-ortos mas ca- 
ías do la Europa para subsistir, tengo noce- 
í*i*lad de nícordar á V, K. í|ue el pago de mis 
libni'ízas por sueldos y otros gastos está re- 
laHoiiíulo estrechamente con el servicio de 



— 170- 



nuestra política on Kiiropa. En la posicioml 
Muiifitvo.Ia neoosiilad de un yetüvtaiio me ( 
indiMpensable. No lo tengo haata alittra, Ei^' 
toy convencido, como V. E,, doipie no deba 
serlo un extranjero, poique ilebioiido funciOí 
nar á moñudo como Encarfjailn lU- neqncioit 
por ausencia del Ministro, no haría honor A 
nuestro país qnn estos gobiernos dienon esa 
rango en poder de un individuo tpio no es 
argentino. Por otra parte, el que tenga esta, 
calidad debe reunir también, cuando menos, 
la de sabor hablar y escribir pprfectaraenteel 
idioma francés. V. E. verá el meího de He- 
nar esta necesidad formal de nuestro servi- 
cio diplomático en París y Londres, 

El señor Wlieelwright, siempre ocupado del 
proposito de formar un Directorio para la 
Compañía {jue debe hacer el feíincarril de 
Ci^rdoba, luclia con el malestar dt- este mor- 
cado; pero lo veo mas animado i]iie nunca 
en la esperanza de mi buen resultado pró- 
ximo. Lo que dé es que él no di-sciiida ni 
desatiende ol asunto por im inoment<.). 

Remito A V. E. nn pliego del gobierao de 
Venezuela nufívampnte instalado de resultasi 
de la caida de Monágas. Otro igual venía 
para BnenoH Aires; pero nua discusión quo 
he tenido cnn el Ministro de Venezuela en 
esta Corte, le ha henlio retener este últimt» 
pliego, debiendo dar cuenta de ello á su go- 



— 171 — 

biemocon largos informes sobre el moderno 
firtado de la cuestión del Plata, tan mal co- 
nocido en las antiguas secciones de Colombia. 

Por la prensa de los Estados Unidos es de 
pública notoriedad la salida de algunos bu- 
ques de guen'a que formarán la escuadra des- 
tinada al Paraguay. Remito á V. E. mi 
artículo del Times , do Nueva York, que se pue- 
de tomar como expresión del buen concepto 
qne disfruta nuestro gobierno en los Estados 
Uñidos de Norte América. 

Suplico á V. E. se sirva encaminar á ma- 
nos de S. E. el señor Capitán General, Pre- 
sidente de la República, TX Justo Josó do 
ürquiza, el pliego adjunto. 

Toiifro el honor, etc. 

P. I). — Hasta este momento 8 de novieni- 
kre á la una del día, no lio tenido ol lionoi- 
Je recibir comunicaciones do V. K. pc^i' ol va- 
! por (Uil Plata Uogado Imeo cuatro días. 



Londres, 8 Noviembre de 1858. 



M señor Ministro de Relaciones Exteriores de 
h Cmfedeí'ocion Argentina. 

Señor Ministro : 

Tengo el honor de informar á V. E. que 
ke (lado una libranza á la casa do los seno- 
íes fí. F. Dickson y C.^ por el valor de 6.325 
pesos, á que ascienden mis sueldos y otras 
Mignaciones de la ley, por Jos seis meses 
¿esde julio hasta diciembre de 1868. 

Tengo así mismo el lionor de incluir la 
<Süenta detallada en que tiene origen osa li- 
branza. 

Las partidas i" y \V^ no tienen necesidad 
^ explicación. 

La 2^ por sobresueldo de sois meses des- 
can8ii tauibien en la ley, y en el motivo de 
luibcr tenido (jue hacer gastos nmy conside- 
i^Wes, (!on oension de cambios de casa, cuj'o 
arrendamiento no coincidió siempre en su du- 
ración con el momento de mis viajes exigi- 
do» por el interés del servicio. 

En cuanto á la 4", ella procede simple- 



174 



mente de gastos extraordinarios que he teni( 
que hacer con mis fondos pai*ticulares en ir 
presiones y pubUcaciones exigidas imperio* 
mente par la necesidad de ilustrar la opinic 
sobre puntos de nuestra política confiados 
mis negociaciones. 

Como el pago de mis libranzas está ta 
ligado al desempeño del servicio público d 
nuestra república en Europa, me peimit 
creer que V^. E. hará de modo que la qu 
envío por este vapor sea atendida convenien 
teniente. 

Aprov(^,ch(), etc. 



176 



Londres, 8 de Noviembre de 1858. 

Cuenta de los liaberes y asignaciones del 
Excelentísimo Señor Doctor Don. Juan B. Al- 
berdi, Enviado Extraordinario y Ministro 
Plein[)otenciario de la Confederación Argen- 
tina en París y Londres, etc., etc.. etc., desde 
1" do julio de 1858 hasta el 31 de diciem- 
bre del mismo, á saber : 

PCHOS 

I'— iSueldo de los meses de julio, 

. agosto, septiembre, octubre, no- 
viembre y diciembre de 1858. 4.500 

2^— Sobresueldo de dichos seis me- 
ses L. L25 

3'— íiastos de oficijia y parte de la 

Correspondencia de id 200 

5 . 825 
^"-^ Vi\vi\ gastos extraordinarios de 
iinpnsion (hí artículos, etc., en 
♦stos últimos seis mes(\s 500 

Total ().325 

Así'it'nde dicha cuí^nta á l*i cantidad de 

'••>Ji) JM'SOS. 

VI «Hfíiül lie In Lojr;n'ioii de la ('«•iifoilorai-ioii Ar^r» niiiia, 

(tahriel Florentino WiIchs. 




F 

■ A 8u Excelencia el señor Minttsro de Rdaci 
I Exteriores ih la ConfeAcrnrion Argentina 

ior don Ber^atié López. 



Londres, 8 de Noviembre de 185 



Señor Ministro: 
Suplico á y. £. se sirva recabar dcd 
nisterio de Hacienda la aceptación y { 
de la presente libranza; que doy á la,(H 
A.& los señores G. F. Díckson y C*. pQ 
, cantidad de 6.325 pesos, según la not 
cuenta que por separado tengo el heno 
remitir á V. E. con esta fecha. 
(Son $ G.326.) 



París, del 5 al 7 de Diciembre de 1868. 

4 8u Excelencia el peñor Ministro de Relacio- 
nes Exteriores de la Confederación Argentina. 

Señor Ministro: 

El vapor del Plata salido á fin de octu- 
bre, que tocó en Lisboa antes de ayer, no 
llegará á Inglatena, sino dentro de dos días, 
68 decir, en el momento ó después de la sa- 
lida del qu<i conduce esta correspondencia. 
Con este motivo tendré el sentimiento de no 
responder á vuelta de correo á la corres- 
poniiencia de V. E., caso de tenerla, pues 
como dije á V. E. f)oi* (í1 correo pasado nin- 
guna recibí. 

Me hallo on París desde algunos días, con 
las miras de que be dado cuenta á V. E. an- 
tes de ahora. He dirigido una nota al Con- 
de Walowski, solicitiindo una audiencia del 
Emperador para presentarle mi (*redencial 
de Ministro; pero el Emperador ha estado 
en Compirgue, y no vendrá á París, según 
dicen, sino á princios do esta semana. Hace 

12 



como dos meses que el nuevo Embajador! 
España en o^ta Coite está íjÍii preí^enti 
credencial por la misma causa. 

Los acreedores ingleses de Buenos Aires 
y algunos inígucíautes, británicos do esa pla- 
za y de Montevideo han dirigido una iiua- 
va petición al gobierno de S. M. B.. para 
que se oponga á la lej' do durechos diferen- 
ciales dada últimamente por la Coufodera- 
ciou. La petieion contiene veinte firmas 
más ó menos, pero entre ellas tiguran las 
de los grandes banqueros Baring y Roat- 
cliildt. 

No bien he tenido noticia de ese paso, 
cuando he dirigido á lord Mahnesbury la 
nota de que remito á V. E. copia confiden- 
cial, para instrairle mejoi' de 1=1 manera couio 
ho tratadu ese punto. Lord MaUuesbnry lue 
ha respondido como lo haliía hecho ya vei^ 
balniente, i-ncoi'i'ándose cu la más completa 
reserva «ubre el partido (jue deba tomar el 
gobieino británico. Yo ereo que toda la 
razón en este negocio está de nuestra par- 
te; creo también que lo loeonoco el gobierno 
de S. M. B. Puru tenemos en contra el in- 
terés del comercio ingles establecido en Bue- 
nos Aires y Moutevidco, y las preocupacíünes 
que ellos entretienen en la opinión pública. 
Él gobierno inglés, por sn naturaleza, tiene 
la costumbre de respetar la opinión do su 



179 



país, errada ó no, 3' esto prepara para nos- 
otros el peligro, siempre inminente, de una 
variación en la política inglesa, sí, como he 
dicho á V. E. antes de ahora, no hacemos 
esfuerzos para ilustrar la opinión pública de 
Inglaterra sobre la causa ile la Confedera- 
ción, por publicaciones abundantes 3^ repe- 
tidas en lengua inglesa. Hasta esto momento, 
por falta de fondos disponibles en Europa, 
estoy atenido á las cortas publicaciones que 
puedo fomentar en Londres con njis medios 
pei-sonales, y de las cuales remito á V. E. 
inclusas unas pocas que he tenido que hacer 
últimamente. 

Un hecho notable acaba de suceder, qno 
demostrará á nuestro gobierno hasta qu<3 
punto son desconocidos nuestros negocios en 
el público de Inglaterra. Los bonos de Bue- 
nos Aires han subido en el último mes ámás 
de 84 "/y ; y la causa do esta alza inespera- 
da lio ha sido otra que la noticia deldescu- 
briniícnto de placeres de oro en la provincia 
lie San Luis. El Times y otros órganos de 
la Bolsa hicieron entender que San Luis 
formaba parte de Buenos Aires. Tengo per- 
tecta certeza de que eso erior ha sido la sola 
causa del alza de los bonos bonaerenses^ y 
no las remesas hechas para el pago de los 
diviilendos, dv cu3'a circunstancia, comple- 
tamente; secreta, no había la menor noticia 



en la Boba de Lrtinlifs. El eiTor geógíafii 
qno padece el piiblícn inglés no puede tonor 
otro fundamento plausible que la Constitu- 
ción de Buenos Aires, cuj^o ai-tículo 2." dA 
por límite occidental de su territorio la Cor- 
dillera do los Antes. Para el lector couiun 
de cualquier carta googi-áfica la provincia de 
San Luis aparece, en efecto, coiii prendida en 
el territ(jrio de Buenos Aires. 

Este heclio convencerá á V. E. del deber 
en que está el gobierno interior de la Confe- 
deración Argentina de protestar incesante- 
mente, y de hac^r notoiias sus protestas en 
el extrajere, contra los Estatutos arbitrarios 
por los que Buenos Aires se adjudica inte- 
reses y atributos de la soberanía nacional en 
provecbo de su crédito público local, emplea- 
do cabalmente en conipatir y oscurecer loa 
altos intereses de la República Argentina. 
El silencio de nuestro gobiBino nacional ea 
considerado como sanción tácita de las usur- 
pacione,s que hace Buenos Aires. V. E. se aper- 
cibirá al momento de la influencia ijue tendría 
aquel error de geografía A favor del plan de 
Buenos Aires de hacerse reconocer poco á 
poco como nación independiente. Su terri- 
torio 9G presentaría igual al de la nación Wi 
magnitud, si permitiOsemos que lo integi*ase 
con una parte de los territorios de San Luis 
y Mendoza, y con loa vastos territorios pa- 



— 181 — 

tagónicos pertenecientes á la República Ar- 
gentina. 

La impresión y propagación de la carta 
geográfica trabajada por el señor Campbell, 
tan necesaria á la empresa del ferrocarril que 
el señor Wheelwright tione á su cargo, ha 
padecido un entorpecimiento por la siguiente 
causa, que nuestro gobierno debe remover. 
El señor Buschental, al hacerla imprimir en 
Paiís, olvidó prevenir al grabador que esa 
caita pertenecia al Oobicrno Argentino, y 
que su agencia de él había pasado al señor 
Wlieehvright. El resultado es que el grabador 
nos ha resistido á Wheelvright y á mí el im- 
príniir 200 cartas geográficas qiio hacian su- 
ma falta en Liíiidres, y ha dicho que no las 
imprimii'á sin autorización escrita del señor 
Buschental, á quien reputa propietario de la 
carta. Sin embargo de los pasos oficiales 
que vo}' á dar para conseguir la impresión, 
no si.»rii de mas que venga una declaración 
escrita del señor Buschental. 

El señor Whcehvright no cesa de trabajar 
eu la fonuaciouL de la Compañia que debe 
hai^cr el fenocanil de Córdoba; peio lucha 
siempre con el desaliento del mercado que 
ílejó la última crisis, y con [)rec)cupaciones 
sol)re la situación de nuestro país que van 
desapareciendo poco á poco. Kn otro tiem- 
po rl mismo Sr. Wheelwirght tuvo que em- 



plear inuclius años de pei^eve rancia para f 
mar la Compañía quo estableció los vapon 
del Pacifioo- 

Creo conveniente informar á nuestro ' 
bierno que la República de Chile acabaj 
contraer un empréstito de millón y mediol 
libras Gstorlinas en Ijóndres para la obra 
su ferrocarril entre Santiago y Valparafl 
A pesar de! mal estado de la plaza. Ctf 
ha negociado su empiéstito en condición 
muy ventajosaH. El Brasil tuvo igual for-* 
tuna en un empréstito semejante, que levantó 
ahora puco en Londres. Esos dos Estados 
han conseguido hacer do su deuda pública 
unii vcrdailora riqueza, reconociendo sin di- 
ficultad sus deudas legítimas y pagándolas 
puntiialnionte. No debemos creer, en vista 
de esto, que síivan mucho para formar nues- 
tro crédito público argentino, las dificultades 
y retardos que oponemos al i-ecunociinieuto 
de la deuda hispauo-argenüna de tesorería, - 
que Chile admitió y reconoció pur su paite 
hace mas de doce años. 

En momentos de trasladarme íl París llegó 
á mis manos la patente consular extendida 
por nuestro Gobierno á favor del señor Oli- 
ver, de Plyniouth. En estos días la presen- 
taré al (lobierno Británico para oVitener su 
Exequátur. 

Roniito á V. R. varios artículos impresos, 



— las- 
que le darán idea de cómo la prensa euro- 
pea ha hablado de nuestros asuntos en el 
último mes. 

Suplico á V. E. se sirva trasmitir al señor 
Capitán (íeneral Presidente don Justo José 
de Urquiza el pliego que me permito incluir 
en este. 

Tengo el honor de repetirme do V. E. su 
muy obediente servidor. 



P. D. — Después de firmada esta nota, he 
tenido el honor de recibir las comunicacio- 
nes de V. E. do fines de octubre, do que ape- 
n<is he tenido tiempo do instruirme, y á que 
por lo tanto no mo es posible responder por 
este vapor. 



París, 6 de Diciembre de i858. 

ÁS.E, d aeñor Ministro de Relaciones Extran- 
jeras (le la Confederación Argentina Dr. Don 
Bernahé Lójyez. 

Señor Ministro : 
Tengo necesidad da llamar la atención de 
nuestro Gobierno sobre una pérdida sufrida 
en la cobnxnza y traslación de mis sueldos 
á £uropa, de una importancia capaz de afec- 
tar al servicio de esta Legación. 

En la libranza por 19.050 pesos que giró 
al princ¡[)io de 1868, la dicha pérdida ha si- 
do calculada en 420 libras esterlinas por la 
caaa de los señores G. F. Dickson y C* á quie- 
nes encargue de su cobranza. Hé aquí el 
modo como ellos han efectuado el cálculo : 
Pesos 19,050 al cambio de 17 pesos la 
onza 1,120. 10. 

Al cauibio de G4/y por onza : L 3,013. 18 

hau producido neto 

5? :í,08:3.3:íV:, L 530.17 

. 3,083.3373 ^ G28.10/" 
. 3,083.33'/., -> 6G2.05/« 
» 8,0<J0 -> 1.371.06/^ 

""$"19,050 L 3,192. 19/^ 

Dtjiíndu una diferencia de h 420.18/'* 



La p¿riUda procede especialmente del cam* 
bio y conversión de las nionedafi pii (jne es 
hecho el pago en América á las fjue coiTer 
en Europa. 

Signiendo la misma proporción, se debe 
calcular en setecientos pesos más ú menos !e 
pérdida que sufriré al percibir el producto 
neto de la libianza de 0.326 pesos (|ue maik. 
dé nltimamonte. 

Ambas partidas formarán entonces la per 
dida total de 2.800 pesos mrts 6 menos, ouya 
suma escedo el valor de lo ques cuesta el at 
quiler anual de ima casa para la Legación 

Nuestra ley, reglando ]oa sueldos diploma, 
ticos, ha calculado loa gastos de subsistencia; 
pero no ha provisto las pérdidas que el cambio 
y traslación do los fondos pueden hacer sufrir 
A esos sueldos. 

El hecho es que, por esta pérdida, yo dejo 
de recibir el valor leal de los sueldos y asig- 
naciones de la ley, In cual originn. un per- 
juicio no solo para mí personalmonte, sino 
para el servicio público que dichos sueldos 
tienen por objeto. 

En osta inteligencia me peimitido dar una 
libranza por el valor de 2.800 pesos á favor 
de los señores (}. F. Dickson y C^ que espe- 
ro será acogida favorublemente por nuestro 
Gobierno, mediante la explicación (|ue no le 



187 



aera difícil dar á V. E. con solo reproducir 
lo que dejo expuesto en esta nota. 

Aprovecho la oportunidad para renovar á 
V. E. mis respetos y consideración con que 
wy de V. E. su muy obediente servidor. 



París, 6 de Diciembre de 1858. 

i 8. E. él Sr. Dr. D. Bernabé López^ Minis- 
tro de Relaciones Extranjeras del Gobierno de 
h Confederación Argentina. 

Señor Ministro: 

Suplico á V. E. se sirva recabar del Mi- 
1 nifiterio de Hacienda la aceptación y pago 
íe la presente libranza, que doy á la orden 
áe los señores G. F. Dickson y C* por la 
cantidad de dos mil ochocientos pesos, según la 
iM)ta y cuenta que por separado tengo el ho- 
nor de remitir á V. E. con esta misma fecha. 
(Son 2.800 pesos.) 



París, 7 de Enero de 1859. 

A S. E, el Sr. Ministro interino de Relaciones 
Extranjeras de la Confederación Argentina 
Dr. D. Juan Francisco Seguí. 

Señor Ministro: 

Por ol vapor pasado, salido casi en el inis- 
Dío instante de la llegada del qne venía del 
Plataa penas tuve tiempo para acusar recibo 
<íe las comunicaciones de V. E. de mediados 
deoctubre. Ellas consistían en lo siguiente: — 
dos rlospachos sobie negocios generales, uno 
«leí 15 y otro del 21 de octubre : otro sobre 
^ Convención de indemnizaciones á los ex- 
tranjeros, acomjianado de cinco documentos. 
Sobre este negocio voy A dar los pasos que 
V. E. me previene. Antes de ab ora tuve el 
lionor do informar á nuestio (íobienio, que 
habicMulo llamado la atención del fJobierno 
britóiiico soiue la justicia que babria en su- 
primir hi partí» do intereses, lord Malmesbury 
í*e alistuvu de entrar <»n la discusión, y me 
í*ontostó que el Gobierno de S. M. B. íenía 



— 194 — 

confiado eso negocio en manos de su Minií«- 
tro acreditado en el [)aís donde hal>íaii octm- 
1 rido los daños, y del)ían tener Ingar las in- 
denniizaciones. Sin end)argo de eso, volveré 
todavía hoUw esc punto con 0(*asion del rechazo 
opuesto á la convención de 21 de agosto. 
. También v(inía un drspailio de V. E. do 
ir> (l(i ()(tubr<% a(U)mi)aña(lo del acuerdo por 
el ípKí lian sido d<»seclia(los los artículos 4 y 
8 del tratado con España. A este despacho 
tengo í^l lionoi' da contestar en nota sepa- 
rada. 

Venían igualmenU^. los tratados celebrados 
con el lirasil sobre extradición y límites, y 
la patente de Cónsul general para vA señor 
Gil. 

El 1!) (b* diciend)re tuve el lionor de ser 
lecibido por el Kmpcrador de K^s franceses 
en mi calidad de Enviado Kxtiaordinario y 
MinisI ro lMeni|)ob'nciario de la (,\Mil'ederaciou 
Al <j;('iiti!ia, s(<_;nn se anniici(') al díci siguiente 
en el Mouilcur iUA imperio, de <]ue mando 
<iV. K. nii oJ(ími)lar. Mu seguida tué recibido 
sucesivaiiKíiitci ;'i las visilas de estilo por el 
prín<'ii)0 ( íenuiimo, por i^l príncipe Napoleón 
y por la [)rincí^sa Alai ibie, de lo <pie también 
liicioion mcMicioii los diarios del gobi(n*no, 
(pie a(*om|)año A V. K, La leoepcion del Eu)- 
perador, lo mismo ipie la. de los prím^ipes, 
nada ukí d(íj<) (pie d(\sear (Mt afabilidad y cor- 



195 



tesía. El Emperador no aludió ni remota- 
mente á las ocurrencias del año pasado, y 
me encuentro en los mejores térniinos perso- 
oales con su Ministro el Conde Walewski. 

Tengo el placer do participar á V. E. que 
ol 23 de diciembre tuvo lugar un consisto- 
rio, en que su santidad -Pió IX proclamó los 
bt'8 obispos para las diócesis de la Confede- 
ración do Salta, Córdoba y San Juan de 
Cuyo, como aparece de la hoja oficial que 
aaanpano impresa á V. E. El señor Filippa- 
ni, íjiuí me trasmite esta noticia, me dice 
í]ue cíintinúa activando las dih'gencias con- 
cernientes á la nueva diócesis del Litoral v 
al nombramiento de su obispo. El señor Fi- 
lippani estima om 550 pesos fuertes los gas- 
tos (Kiuiiidos hasta el día, para dar curso á 
08OM negocios. 

Kl Hcñor Campillo, nuestro Ministro para 
líoiua. lleg() á París el 20 de diciembre y 
ayer tuve el gusto de darle la noticia que 
íint-eci.Mle. Por su c(m(lucto tuve el honor de 
leeibir la nota en que V. E. se servía parti- 
t*¡painie su nombra luiento provisorio en cali- 
larj (li; Ministro dv, Relacioncs.Extranjeras. — 
Peiniítainí; V. E. congratularle por tan hon- 
roHji y merecida j)romocion. 

Kl señor (Campillo me entregó el oficio de 
V. E. que contenía la orden de poner á su 
'lisptisicion r».(MM) p(5sos íjue so me habían re- 



I 



luitido para gastos di; carácter eclosiástico en 
Roma. En el instante entregué al señor Cain- 
pillo una orden sobi-e Londres, en virtnd de 
la cual á estas horas bg hallan en poder de 
dicho señor ó á su orden los G.OftO pesos ex- 
presados, que siempre mantuve en depósito 
couio dinero pertenecientü al Estado. 

El Gobierno de Francia ha pasado á la 
Legación de ini cargo una circular, que acom- 
paño á V. E., sobie el establecimiento del 
bloqueo de la bahía y del rio de FourannB, 
como del puerto de Ohan-Callao, en China. He 
prometido á S. E. el conde Walewski que 
la notificación de dicho bloqueo seiá repeti- 
da en los periódicos de la Confederación, á 
fin de que reciba en aquel país la notoriedad 
que interesa al comercin en general. 

Con ocasión de la patento que presentó li 
lord Malinesbury para c/inaul de la Confede- 
ración en Plymurth en favor del señor Oli- 
vev, el vice-cónsul que servia desde muchos 
años á la Confederación en e.sa plaza se 
ha quejado amargamente de esta promoción, 
en que ha visto un desaire inmerecido. Me 
permitirá V. E. recordarle que la Legación 
de mi cargo no propuso al señor Olivor, el 
cual parece que debió su promoción á una 
recomendación privada del señor Buschental. 

En estos días presentaré al Gobierno 
Francia la patente de cónsul general 



197 



wdel señor Gil, que V. E. ha tenido la bon- 
dad de extender por indicación mía. 

Con motivo de un rumor circulado en la 
prensa europea sobre alistamiento de mil 
hombres pai*a el servicio militar que Buenos 
Aires se proponía hacer en Suiza, hablé con 
el Ministro de la Confederación Helvética en 
París, y le señaló los peligros que esa ope- 
ración podría acarrear á la suerte de la emi- 
gración suiza en Sud-América. De acuer- 
do en todo con esta rcíflexion, el Ministro 
me aseguró que la Constitución helvética pro- 
hibía terminantemente los alistamientos como 
6l que intentaba Buenos Aires. Dado, por lo 
tanto, que esa determinación so lleve á efec- 
to, á lo cual añadiré á V. E. que el cónsul 
que Buenos Aires tenía en Suiza ha tenido 
que ausentarse repentinamente de ese país 
por conflictos, según dicen, en sus negocios 
privados. - 

No seni de más que ponga en noticia de 

V E. <|U0 el agento del Banco Maná en París 

eutregó por fin una carta que contenía una 

letm do cambio á favor de señor Pedro P. 

Ortiz por 50 onzas que le remitía nuestro 

í'obionio. El dicho agento, que había rcliu- 

«ulo entregar tísa suma á la vista do un re- 

cHk) dti su comitente, i)or no tener aviso, según 

«lijo, ha aceptado sin embargo la letra de cam- 



- !ͻS- 



bio, que probaljlenionte sciú pagada á sq-í 



cimiento. 



El 



■aiXJr iinteiior trajo á Europa el 



mor (le una revolución ocurrida oii Biiendi 
Aires. Coiiveraamlo aolireesto con el Condfl 
Walewski, le di la seguridad, que ól acogirf 
con satisfacción visible, de que esa noticia 
carecía de fundamento, y que, en todo oasO 
podía S. E. estar seguro de la :!Ín3iina in- 
gerencia del gobierno del I'aranú en wenia* 
jante trastorno. S. E. acogiii con igual sa- 
tisfacción esto nuevo aserto. Los agentes 
de Buenos Aires en Europa linn tratado, sia 
embargo, do demoatrar por la pren»a que la 
revolución liab'a sido fomenta(ia por ol ge- 
neral Urquiza. Este vapor les trae su des- 
mentido, pues la única revolución que ocu- 
rre en Buenos Aires es la que su gobioniu 
■local hace desdo algunos años al urden re- 
gular de esa ])rovincia y de la Nnrioii cn- 
tei'a. 

Me permito llamar la atención do \'. E. 
de un modo especial scibre la materia de 
una carta que me ha dirigido el señor Mau* 
nequin, la cual tiasiiiit'í original ¡I V. E., A 
fin de que se instruya mejor y poi' si míft- 
ma de su objeto. Por mi parte, puedt» ase- 
gurar á V. E. que ol seuor Maunc(|uin ti«ne 
razón en casi todo lo que dice en dicha 
carta, pues yo mismo antes de ahora he te- 



— 199 — 

Hilo el honor de omitir idons iguales on mis 
comunicaciones d¡rigi<laa al gobierno. 

Eu la posición de Ministro, que he tenido 
i)Qe asumir últimnmento, ya no podía seguir 
como hasta aquí el servicio de secretaría; 
pero sul>sistiendo siempre la dificultad do po- 
seer un secretario argentino, que escriba con 
inoi7.a l«is lenguas de la Europa, y no sien- 
uo oouveniente dar esa plaza á un extran- 
jero, he abrazado el expediente que me pro- 
paso el gobierno mismo, á saber: he tomado 
al Sfiñor Mannequin para (pie me d(?sempoñe 
trabajos de secretaría do un modo completa- 
mente confidencial y sin llo\ar título algmio 
oficial, ni aún (A de (tllachfK 

Es im|X)sil)le que una Legación sud-ame- 
licana pueda expedirse en estos países sin 
valoi*so dt» un nunlio semejante. La elección 
<!"(' hago en el señor NfanníMpiin, se funda 
í*tíii('ill.iment'> en las pruebas cpu^ me hadado 
«Ift sil pr<»bida.d, y en la inteligencia iv^peeial 
<|i'P lia adquirido de nr.estros negocios en < 1 
ft*tinlii» d(í tn^s años. Kn otro vnpor trMsmi- 
hn* íi V. K. las <».ondiciones pecuniaiias d»» 
wto ser\ i<'io del Señor Mannecpiin, <|ue en 
«inf^iui í'aso excedeitin (^1 sueldo de un di- 
laclif. 

Antes de í-oncluir. quicMO informar íi V. K. 
<|Uo el estado general d(^ la Kuropa es lavo- 
í"íihl<\ y ípu» la trancpiilidad mfis completa 



reina ou toda ella. Las relaciones entre' 
Francia é Inglaterra han rei-upei-ado 
á poco un touo satisfactorio, sobre todo 
los negocioa relativos á América. No es 
ble ijue la frialdad ocuirida entre la 
cía y el Austria anabe por una cuestión 
armas. La situación do Italia es la que ' 
pira menos confianza. 

A ¡usar do las palabras del Mensaje 
Presidente de los Estados L'nidos sobre 
América del Sur, que tanto han llamado 1* 
atención pública un los dos mundos, me pe»-*- 
mito decir á V. E. que conviene á nuestfO 
ííobierno Argentino guardar inalteraUemeu- 
te una actitud amistosa y cordial hacia G? 
(Icbiomo de Wii.sliingtA)n. 



icaMB 



En este mumentu (á última liora) a< 
de rei'ibir la comunicación do V. E. do 24 
de üctubrL-, acompañada de diferentes notas 
cambiadas entre V- E. y el Ministro de S, 
M. B. en el Purami. Estudiaré osas notas 
para proceder en todo cunlorme ú las órde- 
nes ulteriores de miestio tüohieiiio, como V. 
E. me insinúa. 

Si la lecha déla nota no twtá etiuívui 



— 201 — 

debo decir á V. E. que no he recibido comu- 
DKacíonde noviembre, como debía ser. 

Entre tanto tengo el honor de suscribir- 
me de V. E. su muy respetuoso y obediente 
flervidor, etc. 



París, 7 de Enero de hS59. 

i S. E. el señor doctor don Juan Francisco Se- 
guí, Ministro de Relaciones Exteriores de la 
Confederación Argentin a . 

Señor Ministro: 

He tenido el honor do recibir el despa- 
cho de V. E. de 13 de octubre, acompaña- 
do (le un acuerdo de 28 de agosto de 1858. 
por el cual se niega la aceptación del Go- 
bierno Argentino á K)s artículos 4 y 8 del 
tratado que celebré con España el 29 de 
abril de 1857.0; 

En pu virtud, uie dice V. E. que quedo 
antorizado conipletaniente para abrir nuevas 
íí^gociaciones, en las que se salven los in- 
<*onvonientos á que el acuerden se refiere 

A pesar de la d(»t^Mniinacion (pie babía 
fonnalíí <!(» dimitir mi misión íl España en 
gí caso ocurrido de im segundo lecbazo, 
a^*'pto la nueva autorización |)ara abjar to- 
do cargo de presunción personal ó de ten- 
dencia á imponer mis opiniones al gobieino. 

11» Vraii'i» l;i?« rnrtT* prirticMiL'in»>« qiio h(*nios ort»í«ío coiuonifMito iiist-r- 
'*ra cftiitiaiiicítMi «le o^ti noli, p.ir.i mejor ilustrar al loi'tor. — (Kditor;. 



--204- 



Procederé á las nuevas negociaciones, 
como espero, so pi-osta deferente el gobia 
do Madrid, y puede ser íjub para ello Á 
tenga necesidad de abandonar á Paría. 

Pei-o para no exponernos á una teo 
negociación sin resultado, que dañaría 
crédito de nuestro gobierno y de sus ntí 
ciadores, es preciso remover la causa en < 
han escoüado las dos uegociaciones entí" 
das hasta aquí en el Paraná y en Madrid 

A mi ver, tisa causa consiste en la : 

de instrucciones (¡ue expliquen y demaes^ 1 
tren con claridatl y abundancia los motivos 
de la opinión que tiene el gobierno en cuan- 
to :i la deuda de tesorería y á la nacionalidad 
de los hijos de españoles. 

La falta de claridad eu las instriiccionos 
vanan que ho recibido hast;i aquí procede, en 
mi opinión, de que la deuda de tesorería y 
la nacionalidad de los extranjeros i o han si- 
do objeto de un estudio profundo y severo 
y falta de una uocion clara y bien delinida 
de la deuda de tesoreiia especialmente, coii- 
aidcrada en su origen y naturaleza, en Ic3 
objetos que abraza, en las leyes patrias que 
la hau reglado antes do ahora. 

Todo lo que ¡i esto respecto me prevenía la 
nota de enero do 186G, invocada en <í1 acuerdo 
como una de las causas del rechazo del trata- 
do, era lo siguiente : — • Dos puntos eran los 



— 205 — 

€ que ofrecían mayor dificultad, y que liicie- 
« ron suspender Jas negociaciones (en el Pa- 
« rana): el de reconocimiento de la deuda 
< que pesaba sobre la caja del Vireinato en la 
« época de la emancipación, y la facultad á 
t los hijos de españoles nacidos en la Confe- 
« dera<;ion de optar á la nacionalidad de sus 
• padres. Vd. comprended que no so pue- 
« den estipular tales condiciones. » 

Esta era toda la explicación y toda la luz 
que se mo daba en esa nota para couipien- 
der y explicar por qué debían ser desechados 
esos puutos. K\ señor Ministro ({utiórrez, que 
suscribía esa nota, uie decía on carta semi- 
oficial de 24 3' 26 de enero de 1856, qnc no 
comprendía lo que es la deuda de Te^ororía 
á los ojos del negociador español. 

Yo nece,sitaba, en vez do eso, muchas 3^ 
muy claras explicaciones para hacer com- 
prender á la España qué motivos especiales 
teníamos los argentinos para desechar la dou- 
íladtí tc^sorería que habían admitido por su 
parto las Ilepüblicas españohvs de ('hile, 
Kí*nador, \'ene/iicla, etc., en sus tratados con 
la metrópoli \' en sus le^es exjxmtáncas de 
consolidación. 

Hablando cou los Ministros do la ( -orona 
en Madrid sobre lo que os la deuda do te- 
ííororía, conocí qu(í ella no eran lo (]ue las 
palabras del señor All>ístur pudieron hacer 



- 20tt — 



entender al señor (iutiérroz. En vista do| 
croí (ItfbpT rtiflpotar ol aiitecedL-ute do la i 
rici4 OM[i:)íiijla iridi'pcudiL'iitt!, <jiu- estub; 
acuordiidon l.i npiíiion del doctor Pico, « 
tida i-'li L'!ii't¡i «lun me mandó ul süuoi- 
ti^'nez, cuiii» |)íirtn dü niii^ íiiHtriiüciont» \ 
tratííi" ron España. El señor riuo 
con razuu ipto la deuda de tesüret'ía'4 
bia sido rctruiidcida expontáncjimcnte f 
República en aus tcyca dit consulidacioi 
que estaba pagada oii su mayor paite. ' 
lo íjuti averigüé y supo on Madrid oontíiij 
ba Li aaeiiiioii di^l Dr. Pico. MuUiplici 
las <^vin<IÍcÍ«iies y clilusula» sobre estu púa) 
la España ba querido salvaí- un princí" 
p^ra tratíidos con otras Rcpiiblicaw qoo, I 
no en vistii, más t)ien que ]ti'eparar i-e 
iiiacionus dirigida» ala Rti|)úblira Ai-gentífl 
que ya están satisleclias casi en su tíitalid 

A ¡k'sar do todo esto, que lo expliqué 
en mi nota al ííobiornu argeutino, de '^ 
difionibre de 1S57. yl tiobierno lia i 
deboi- dcSL'cbar do nuevo Ion nitículos 4} 
del Tratado, qu(! so refieren á la deuda do 
Tfaoreiia y á laniacionalidnd de los liijos do 
españoles. 

Como el dicbo aeuerdo solo indica ó inen* 
tjíouH kis niolivos del reebazn de nn modo 
general; y sin doinostrar i'i explicar lie i\\\é 
modo esfjs artíeuloa se oponen á Im.s pi in- 



— 207 — 

cipios de mientro dereclio público constitu- 
cional, base obligatoria do todo trat¿ido 
argentino, según el artículo 27 de la Cons- 
titución, venimos á quedar en las mismas 
dudas ó incortidumbres en que estábamos 
al principio sobre lo ([uo es en sí la deuda do 
Tesorería, y por cuales motivos, derivados do 
su origen y naturaleza, debemos desecbarla. 
Yo babía esp(»iado que la presencia en Pa- 
rí» del Sr. Dr. Campillo, jniembro del Mi- 
nisterio qu(í ba (lelebraílo el acuerdo en que 
es rccbazado el Ti atado, jno sirviese para 
>»l»toner las luces y explicaciones de (|ue nc?ce- 
sito para comprender el ])ensamiento del Go- 
bierno: pero desgraciadamente el mismo se- 
ñor (campillo me ba confesado (]ue no en- 
teiidia bien ese negocio. 

Ya sea para concluir una negociíicion que 
«aíisíaga los deseos delííobierno Argentino, 
ya para dar á la Kspana y «i los gobiernos 
íle íuglatoira y Francia que nos ayudaron 
á iiefTiíciar explicaciones que la dejen satis- 
Mu\ (le las justas razones que nuestra vo- 
luntad tiene ])ara no admitirlo que lian ad- 
Jii¡t¡dí> otros estados de Sud-América; yo 
í'sjK'n» que nuífstro gobierno se servirá re- 
niitiinuí nuíivas instrucciones, claras y pre- 
í'isas, sin dejar por eso de sei* destalladas y 
f'Xplicativas, sobríí Ií)s puntos capitales déla 
diticultad. 



El reconocimiento de la Indnpend* 
[ Argentina por España, interesa de tal 
á la orgaDÍzaciou del poder moderno ent 
pueblos del Plata, que vale bien la peni '' 
sacrificio de toda susceptibilidad pen 
para ronseguir con la paciencia y volt 
de buenos patriotas, los medios de llevi 
cabo un tratado que dé á la autoridad 
rana de la República Argentina la sai 
del derecho tradicional, respetado por la 
yoría de las naciones de Eui-opay por la 
yoria de las naciones de América. 

Hó aquí \f>s puntos dudosos á na 
rían reapondor las Instrucciones. f;La d( 
de tesorería debe ser desechada altsolutai 
te? ¿ Guilles son los motivos que liacen 
misible esa deuda? ¿ En qué consiste la di 
de Tesorería? En el caso que ella consii 
pueda definirse lo que debelan las provii 
que hoy se llaman Confederación Argonl 
cuando se llamalia Viroinato do Buenos AÍ 
¿ podni reconocerse como deuda de su Tí 
de hoy la misma que era tienda dt= su Tt 
de ayer? Los acreedores por valon's supli- 
dos para gastos de obras públicas, gobierno 
interior, defensa y seguridad de! vecindario 
de esas provincias integrantes hoy día de la 
Confederación Argentina, en la época en qqe 
peiienecían á la Corona de España, ^debe- 
rán ser mandadtiB por nuesti-o Gobierno á 



209 



oobrar sus acreencias al de Madrid, hoy que 
las provincias lian dejado de ser suyas, y 
que el producto de sus préstamos existe en 
nuestras manos ? ¿ Deberá ser desechada la 
deuda de este origen en que no entren para 
nada los créditos contraídos con ocasión de 
la guerra de Independencia, aunque se ex- 
prese asi en el tratado ? 

Muy útil seria también añadir á estas so- 
luciones un breve estudio demostrativo de la 
manera en que el Estatuto de Hacienda y de 
ertílUo hace inadmisible el reconocimiento de 
la deuda de Tesorería. No tengo el Esta- 
tuto de crédito en mi poder, y es sensible que 
el Gobierno no me lo hubiese remitido entre 
loa antecedentes que liabían de ser consulta- 
doe para el tratado, puesto que tenía tanta 
intimidad con la más impoi1)ante de sus es- 
tipulaciones. 

Ea cuanto á la nacionalidad de los hijos 
de los españoles nacidos en la Confederación, 
f, «e contentará el Gobierno Argentino con 
que el tratado reproduzca literalmente el prin- 
cipio contenido en nuestra reciente ley sobre 
ciudadanía? ¿Cuál es la diferencia entre ese 
principio y el principio adoptado por el ar- 
tículo 8^ del tratado de 29 de abril de 1857 ? 
ri Nuestro gobierno quedará satisfecho en todo 
caso con que el tratado establezca el prin- 

H 



-210- 



cipio reinante en España, Francia y ed 
mayoría do las naciones de Earopa, sobre < 
loB hijos nacidos en suelo extranjero sigij 
la nacionalidad de sus padres y pueden op^** 
tar á la del país de su nacimiento en llegando 
á. la mayor edad ? 8i este principio es inad- 
misible á juicio del gobierno, ¿cuál es el ar- 
ticulo de la Constitución argentina que lo 
rechaza ? 

Esperando las Instrucciones que me peimito 
solicitar del patriotismo del gobierno, no ten- 
dré mas medio de llenar sus deseos sobre que 
yo esplique á Enpana la justicia con que ae 
ha rechazado el tratado que yo mismo hict», 
que trasmitirle la misma explicación que yo 
recibo del gobierno, á saber: que los artícu- 
los 4 y 8 idel tratado están en pugna con 
las leyes del país. 

Difícil me sGi-á suplir las luces que no me 
da el acuerdo, pues si yo las hubiese tenido 
en contra de las estipulaciones del tratado, 
no lo hubiera celebrado ciertamente. Temo 
en tal caso que el gobierno español, á la vis- 
ta de esa razón contenida en el acuerdo, no 
quede muy peri^uadido del deseo que tenemos 
de tratar con él. 

Si los tratados con lasiiacionesestranjeras 
van al cuerpo legislativo, os para recibir su 
sanción, y tomar el carácter de leyes supre- 
mas de la Confederación, que tienen efecti- 



211 



vamente por el artículo 31 de la Constitución 
nacional. Los tratados buscan el carácter de 
ley, porque casi siempre tienen que derogar 
leyes anteriores por sus cláusulas. Desechar 
un tratado por la razón de que se opone 
á una ley, es como desecliar una ley nueva 
porque se opone á otra ley anterior. En vir- 
tud de ese principio, los tratados de libre na- 
vegación fluvial hubieran podido ser desecha- 
dos, porque estaban en pugna con las leyes 
de tres siglos que habian tenido cerrados 
nuestros ríos. Por eso es que la Coustitucion 
'articulo 27) solo exige que los tratados estén 
coiifonnes con los principios de derecho pú- 
blico que ella establece, y no precisamente 
con leyes anteriores. Según esto, la Consti- 
tución es la instrucción de las instrucciones 
para la estipulación de todo tratado. 

Aprovecho de esta oportunidad para reno- 
var á V. E. la seguridad del respeto con que 
tengo el honor de saludarle. 



Gftrtw |)«rticulare« relacionadas con el asunto tratado en la nota 

oficial anterior 



Paris, 7 de Enero de 1850. 
51, Rae de Loxemburgo. 

Al señor doctor clon Juan Francisco Seguí. 

líi distinguido señor y compatriota: 

Me tomo la libertad de escribirle de un modo 
personal para congratularme con vd. por su nombra- 
miento de ministro, aunque sea transitorio, en el de- 
pwtamento de que yo dependo. 

Pennítome decirle que la venida de vd. y del doc- 
tor Peña al gobierno me han hecho desistir de la 
determinación que tenía de dimitir el encargo de 
'^•cer un tratado con Madrid, en el caso de un se- 
gando rechazo. 

Eu mis comunicaciones oficiales digo que la causa 
^ qne ha escollado la negociación de Madrid es la 
oscuridad de las instrucciones/fiacida de la falta de 
•tndio de la cuestión. 

Asi es la verdad, en mi opinión, pero esa es una 
^® las causas. La otra es un deseo que ha existido 
^ «1 Paraná y que ha tenido por representante os- 
^8¡ble al Dr. López de hallar malo el tratado que 
y<> liice aun desde antes que yo fuese á España y 
floe lo hubiese celebrado. 

A los datos que yo tenia para creerlo así se agre- 
8* el que resulta de los simples motivos invocado» 
«i el acuerdo del 28 de Agosto. Ellos se resumen 



-214- 



ea que el tratado es iitndmisible porque csíj^ 
oposición con /(í.s Icys del país Si la iud<| 
dénoia de la Repúlilica, que es todo el objet^ 
tratado, no faese uu asuuto tan aério. se 
aquella razoo del Acuerdo era uoa jocosidad. 

Uri tratado t'.s tutu I^y SHpre>ría. Asi loj 
nuestra Constitución, art. 31- Abstenerse de] 
oioiiarlo porque coutfaría leyes anteriores, es 4 
dejar de dar una le}' por que hay otras leyes j 
riores que dispoueu Id contrario. Si un trntadoii 
conforme con la constitución, tiene todo lo qm 
exige por su art. 27. Si una ley se opone á m ^ 
tado constitucional, la ley es la que debe dero^ 
no el tratado, ¿ no es \-erdad mi honorable señ^ 

Pues bien, el Esttittitu de crédito 'en quid 
atropellada la constitución j que yo creía derc 
es la ley que lia venido á estorbar quelaEep^ 
Argentina complete la legitimidad de su sobi 
por el recoüocimieuto de España. 

Pero lo singular, según el Dr, Campillo i 
gura, es que el Dr. López, que desechó el trata 
en virtud del Estattito, no ha leido james, ni co- 
noce este Estatiit". Por todo esto, mi respetable 
aeíior, neoesito nuevas instrucciones que no dejen 
asidero á las prevenciones personales revelarlas por 
esa conducta. 

No hay ninguna razón seria para que no tenga- 
mos un tratado con España. 

Esta nación no quiere de nosotros sinú lo mismo 
que ha obtenido ya de Chile, de Venezuela, del 
Ecuador. Por nuestra constitución, larga y generosa, 
nosotros podemos darle más que esas repúblicas, y 
estamos empeñados en negarle lo que ellas le han 
dado. 

Ko lo olvide vd., señor, se trata de princi¡iios QO 
de caudales. La cuestión de la deuda de tesore- 



215 



fia es an simple principio para España en nuestro 
tratado. Esa deuda fué ya reconocida por nosotros 
7 está pagada. Lo que resta es una miseria. S.iva- 
davia la aceptó como deutla argentina porque lo 
era. Ella oonsiste en lo que esas mismas provincias 
de Córdoba, Entre Bios, Mendoza, que hoy se lla- 
man Confederación debían cuando se llamaban 
Vlrreynato de la Plata, 

Por no afectar el decoro de nuestro gobierno no 
he publicado ya un estudio de esta cuestión, en que 
estamos acras de las repúblicas más ilustradas y pa- 
triotas de Sud América ; y á la par de las más atra- 
cadas, á saber : Solivia y el Perú. Tanto en Madrid 
como en las frecuentes conferencias que aquí tengo 
con los ministros de la Repúblicas de América he 
idqairído datos suficientes para asegurar á nuestro 
gobierno que no debemos temer ningún mal resul- 
tado de las concesiones que solicita Madrid en cam- 
bio de la renuncia de su antigua soberanía á favor 
de! gobierno actual de la Confederación. 

Espero que el elevado talento de vd. domine fá- 
cilmente esta cuestión y le dé una solución que au- 
mente los títulos que vd. tiene al aprecio de la 
patria. 

Créame vd. su afectísimo compatriota que le res* 
peta y aprecia desde años atrás y le ofrece hoy su 
tmistad sincera. 

Ji'AN B. Alberdi. 



Contentación á la carta anterior 



Paraná, 18 Febrero 1850. 

Stñor doctor don Juan Bautista AlherdL 

Híi distinguido señor y compatriota : 

Muy sensible me es que el corto tiempo de que 
poedo disponer en estos momentos me prive del 
placer de contestar la apreciable de vd. de 7 de Enero 
nkiiiio. 

En mi correspondencia oficial hallará vd. el fruto 
^ niÍ8 esfuerzos para que la negociación de un nuevo 
Tritado con el Gobierno Español tenga un resulta 
*) satisfactorio. 

Por lo que á mí hace, ninguna ingerencia he te- 
íudo en este negocio, fuera del muy desagradable 
^cargo de comunicar a vd. el Acuerdo que rechazaba 
^ Tratado. — En sus ulterioridades vd. debe contar 
con que apoyaré cuanto sea conducente á fijar de 
^ manera digna el crédito de nuestra joven nación, 
?ne más que ninguna otra necesita del buen con- 
ato del mundo civilizado, de cuya acción progre- 
^^ tiene que recibir el impulso para adelantar en 
^ nueva carrera. 

Soy muy reconocido á las finas y cordiales pala- 
'^ con que vd. me revela sus amistosos sentimien- 
^ asi como á sus congratulaciones por el honor 
?ne me ha dispensado el Sr. Presidente. 



del Ministerio de R. 



Mi eucargo interino 
prolonga aun, siu que haya poclicl< 
por qué el Sr. Peüa que regresó t 
Janeiro, no haya sido puesto en (Kisesioii de este 
empleo 

Convencido de que el interés común de la pátrift 
es bastante titulo jiara conñar en un argentino del 
mérito de vd., le camimioo que la misión del Sr. Pe&a 
b1 Brasil ha sido desgi-aciada, habiéndose estrellado 
oontra la fuerte resistencia del Ministerio actual del 
Imperio, para un tratado de alianza, con la Conie- 
deracion Argentina, siempre que ella tenga el ca- 
ráoter de ofensiva á la provincia de Buenos Aires. 

El único Tratado concluido entre los Pteuipoteu- 
ciarios brasilero, oriental j" argentino, es el de U 
neutralización del Estado Driental, por el que se de> 
terminan los casos en que la Confederación y el 
Brasil considerarán atacadas la independencia é m- 
tegridad de la RepúbUca Oriental, y deberán obrar 
en consecuencia según lo acordado en U convención 
preliminar de paz de ISi^í. 

Forzado á terminar aquí, cumplo solo el deber de 
declarar á vd. que aoepto lleno de gratitud la amis- 
tad que vd. me ofrece, como que ella me pone en 
relación particular con un argentino ilustre á quien 
he admirado desde mis pi ¡meros años, y de quien 
nuestra querida República, ha recibido tau brillan- 
tes servicios. 

Soy de V. con toda consideración muy atento afeo- 
tisimo compatriota y S, S. 

Ji'AN F. Segli. 



París, 7 de Febrero de 1859. 

Al señor Ministro interino de Relaciones Extran- 
jeras de la Confederación Argentina, Dr. D, 
Jmn F. Seguí. 

Señor Ministro: 

Tengo el honor de remitir á V. E. por la 
vía del Forigen Office, que sirve de conducto 
á esta misma comunicación, un grueso pliego 
qae me La sido dirigido de Roma por el se- 
ñor Pilippani, nuestro agente confidencial, 
conteniendo un oficio para V. E. y las bulas 
pontificias sobre el nombramiento de los obis- 
pos para las iglesias de Salta, Córdoba y San 
Juan. 

El señor Campillo llegó á Roma el 21 de 
enero sin novedad alguna, y tuvo ya una 
conversación con el Cardenal Antonelli, que 
le ha dejado concebir favorables esperanzas. 
Hasta el 29 de enero no había presentado 
aun su credencial al Santo Padre. 

Cumpliendo con la orden que recibí de 
nuestro gobierno de redactar una Memoria 
para explicar á los gobiernos de Inglaterra, 



Francia y Cerdeña el estado de la cuei 
de indemnizaciones con el nuestro, y pn 
ner los medios de arribar á sucompletoa 
glo, he dirigido el 22 de enero al gobií 
de Francia, el 25 al de Inglaterra y el f 
de Cerdeña (ó á su Ministro en París) ' 
Memorándums, adaptados á la posición de c 
gobierno respecto del nuestro, cuyo confcj 
do es sustancialmente igual al de la : 
que remito á V. E. en copia, dirigida al S 
biemo francés. — Hasta este momento núl 
tenido respuesta alguna, lo que no es estrw 
porque no es asunto do eolucion tácil. 
gimas palabras que he tenido á este ra ^ 
to con el Conde Walewslíiy con uno di 
primeros funcionarios del iíinisterio de T 
Clones Extranjeras, me hacen creer qurf 

disposición de la Francia será mas ó méi 

favorable á los deseos de nuestro gobierna 
He hablado también con el Plenipotenciario 
de Cerdefía en París, y sus palabras rae han 
dejado ver que el ifemoráyidum ha producido 
en su espíritu una favorable impresión. Se 
ocupaba de dirigir á Turin una copia de ese 
documento al Conde Cavour, y me dijo que 
probablemente recibiría su autorización para 
tratar este negocio en Paría, conmigo y con 
los Miniatroa de Francia é Inglaterra, pues 
tanto él como Lord Cowley habian recibido 
instrucciones antea de ahora para entendej 



— 221 — 

oon el gobierno de Franciai y marchar de 
acuerdo los tres gobiernos en este negocio. 
Algunos ent-ecedentes de arreglos tenidos con 
otix)8 estados de América me hacen esperar 
on i-esultado favorable de esta negociación. 

He creido deber retardar entre tanto la 
participación al gobierno de Madrid de es- 
tar desechado nuestio tratado con España, 
mientras nos apoyamos en él para justificar 
el rechazo de la convención del 21 de agos- 
to, pues si aquí se hiciese público el primero, 
se debilitaría la confianza en nuestras esti- 
pulaciones internacionales. Estos gobiernos 
no creerían más firme una transacción apo- 
yando el principio del tratado español que 
les ofrecemos por modelo, si supiesen que 
también ese tratado ha sido desechado. 

Los pánicos del comercio europeo que se 
renuevan con un motivo ú otro incesante- 
mente, han influido de un modo desventajoso 
eu nuestra empresa del ferrocarril de Cór- 
dol^, que se prepara en Inglaterra por los 
esfuerzos del señor Weelwright. Con mo- 
tivo de los últimos temores de guerra, que 
han preocupado á la Europa en el último 
mes, y que se han calmado hasta cierto gra- 
do en estos días, el señor Weehviight me 
escribe el 27 de enero expresándome su es- 
peranza de un cambio favorable en la situa- 
ción para la próxima primavera, c Mientras 



< tanto, me dic«, es preciso que tenga 
• paciencia, pues la condición de una 
« tan ardua como al fen-ocarril de Con 
« es la constancia invencible, y el gobief 

< de todos modos debe hacer cuanto 

< en su mano para ayudarme, porgue taA 

< ó temprano vamos á vencer las dificulta- ' 
«des.» — Este lenguaje de un hombre tan 
sincero 3- tan capaz como el señor Weelwiight 
es digno del respecto de nuestro gobierno. 
Por mi parte, yo creo qne si ese empresa- 
rio, con todo el crédito qne tiene y la ca- 
pacidad de que ha dado tantas pruebas, no 
pudiese formar la sociedad que ha de cons- 
truir el camino, ninguno de los agentes 
que ha ocupado antes nuestro gobierno se- 
ria capaz de realizar lo que fuese superior 
á las fuerzas de Weelwright. Asi, yo pienso 
que si para el mes de junio, en que debe 
concluir el término acordado al señor Weel- 
wright, no estuviese formada la sociedad, lo 
más prudente será que nuestro gobieiTio le 
prorogue el término por un año más, en 
lo cual no aparece inconveniente alguno 
para los intereses de nuestro país Hago 
esta observación á nuestio gobierno en vista 
de indicaciones que me ha hecho el señor 
Weehvright en estos días. 

Por lo que puede importar á las relacio- 
nes extranjeras de nuestro país, debo partí- 



223 



cipar á V. E. que el estado de la Europa 
[ eB muy grave. La confianza en la paz está 
muy lejos de ser completa. Los motivos os- 
tensibles de la gueiTa pueden desvanecerse 
míos tras otros, como se ha disipado el que 
asomó últimamente en las relaciones del 
Austria con la Francia. Pero los intereses 
reales que pueden hacerla nacer continúan 
existiendo cada día más vigorosos. El go- 
bierno de Francia confiesa abiertamente que 
posee un ejército de 500.000 hombres, fue- 
ra de 160.000 destinados á mantener el or- 
den interior. 

Este poder militar, que es sin duda el pri- 
mero del mundo, ¿podrá consentir indefini- 
damente en que la Europa prosiga constituida 
y combinada como la arregló el Congreso 
de Viena sobre las ruinas del Imperio de 
Napoleón I, del cual os una tradición el pre- 
í*ente: con medios evidentes para ensanchar 
8u ascendiente, hasta tomar el rango que 
asignan á la Francia, en el sistema de la 
Enrnpa, sus antecedentes de grandeza militar 
é inteligente ? 

La Italia, á los ojos de todos, es el punto 
^nlnerable y en que puede tomar principio 
^1 movimiento general. Yo creo que esta 
circunstancia debe fijai- nuestra consideración 
pira no m«)8ti*arno8 muy complacientes, si 
Iw exigencias del Gobierno de Roma com- 



prometiesen de algún modo nuestra ConsH 
cion, puea no seiía cuerdo sometei' nuei 
derecho público, en vísperas tal vez de tri 
far en Italia, á exigencias llamadas quu 
desaparecer por 3Í mismas en uu porvenir i 
todos ven miu* próximo. 

Usando de la autorización «jiie me dij 
gobierno, en despacho de 24 de agosto I 
mo, para arreglar el servicio de la Secretan 
de esta Legación de un modo que concilie él"" 
pensamiento del gobierno de uo contíar á un 
extranjero la Secretaria, y la necesidad de 
poseer un redactor en lengua francesa de 
ilustración y de fuerza no comunes, he se- 
ñalado l.oOO pesos anuales al señor Manne- 
quin para que desempeñe de uu modo confi- 
dencial y sin carácter diplomático U>s trabajos 
de secretaria que yo le confié, bajo mi rea- 
ponsalidaJ y dirección. Remito á V. E. copia 
del documento extendido á su favor. Por 
este medio, con un sueldo menor que el asig- 
nado por la ley á uu secretario, está la se* 
cietaria servida con más fuerza y eficacia. 

Tocando prácticamente á cada instante la 
necesidad de destruir por la prensa una mul- 
titud de preocupaciones y errores acerca de 
nuestro país, eu los que se apoyan nuestioa 
adversarios para combatir al Gobierno Ar- 
gentino, he creído indispensable usar de otra 
autorización que me tiene dada nuestro go* 



— 225 — 

bienio, suscribiónclole por un año á la lie- 
ru6 des races latines por 15 números, y á La 
América, por 25 niímeros, periódico quincenal 
de Madrid, muy esparcido, que nos ha dado 
muchas pruebas do adliesion. y que ha re- 
sistido á las insinuaciones seductoras de los 
agentes del Gobierno de Buenos Aires. Re- 
mito á V. E. (^opia del arta do suscricion á 
La América. 

El vapor anterior ha traído á Europa la 
noticia del embargo puesto á la casaDickson 
y C*, de Buenos Aires, por cuyo conducto 
fneion dos libranzas que yo di por mis suel- 
dos, etc., contra el Cíobierno Argt^ritnio. Su- 
plico á V. K. so sirva mandar suspender su 
paK<» ii los afjjentcs de dicha casa, si no se 
luiljiese vciificado antes de llegar esta nota, 
y ordonar (pie ol pago so haga á la orden 
Jel soñor don Joaquín Fillol, vico-cónsul do 
Es|iana en B-osario. 

'bisLo es (jue yo haga sabor A nuestro Go- 
'>iorno, (|U(í hi casa de los señores G. F. Dick- 
Síai j' C*. d(í liíMidros, cuyo jefe es nuestro 
cónsul general (mi Inghvterra, no ha sido iiiec- 
tada <'n su crédito por el contraste que ha 
sufrido hi casa sucuisal de Buenos Aires. 

En este (ístado de la redacción de esta nota 
'ocibo conjunieacioniís do Boma del señor 
'^ilippani, acompañándome bis facultades 

I-, 



— 226- 



oñginales pui'a dispensas, que trasmito iucl 
sas á V. E. en varios documentos dirigid 
por la Ciiiia Romana á los obispos nuev 
mente proclamados pam la Confederación.- 
No puedo nifinos de lecomfcndar íl V. E. 
celo incansable por nuestros intereses de t\x 
el señor Filippani nos ba dado tantas pvu 
bas, y continua dándolas boy mismo quenue 
ti'O Ministro sg encuentra en Roma.— H 
biendo cesado en sus funciones de agen 
confidencial, y no babiendo hecho conoc 
él niiiguna solicitud directa, mi i-ecomend 
cion solo tiene por objeto señalar á la gi 
titud do nuestro Gobierno los servicios do i 
hombre que más tarde puedo volver d í 
útil á nuestro país en la Corte de Roma. 

Ku seguida de esto recibo nuevas comu! 
cacioiiee del mismo señor Filippani y de nui 
tro Ministro el señor Campillo, por las q 
sé que est(^ ultimo ha sido recibido por I 
Santidad en calidad de Ministro el 1" de 
brero. Tra-smito á V. E. una comunicaci 
que él le dirige desde Roma. 

La apertura del Parlamento inglés ha 
nido lugar el 3 de febrero, y mañana 7 ( 
escribe esto el 6 ) tendrá lugar la del Ca 
po Legislativo de Francia. Los discursos 
los Soberanos aliados, ocasionados por esl 
solcuinida<le3 parlamentarias, vienen á daj 
conocer ó á revelar, hastíi- cierto grado, ] 



— 227 — 

dificultades que hacen tan critico el actual 
oiomento de la Europa. El discurso que 
íemito á V. E. de la Reina de Inglaterra, 
descubre intenciones en ese gabinete que no 
«tan del todo conforme, con las que se atri- 
buyen á su aliado, el Emperador Napoleón 
y que serán mejor conocidas por su discur- 
so do mañana, esperado con la más viva 
ansiedad. 

Ayer ha tenido lugar un banquete en el 
Palacio de las TuUerías, con motivo del re- 
ciente matrimonio del Príncipe Napoleón con 
la hija del Rey de Cerdeña. Aunque el 
Euipiiíador ha declarado oficialmente que 
nunca haría depender los grandes intereses 
de la Francia de los vínculos de familia, to- 
dos atribuyen un sentido trascendental á 
este casamiento en las cuestiones italianas 
por el momento, y por el estado de cosas 
cu que él ocurro. 

Un despacho t(;lográfico de Lisboa nos ha- 
<*e saber hoy día que el vapor Avon, proce- 
dwito del Plata, tuvo averías al dejar aquel 
puoito, y (pío dos vapores habían salido en 
*w busca para traerlo de nuevo al Tajo. Por 
^e motivo no recibiremos tan pronto la 
f^rreapondoncia del Plata, que debía estar 
^m. iSiibemos ya por la vía telrgráfica des- 
vie Lisboa que la prensa del Brasil da por 



— 228 — 

filmada y concluida la nueva alianza oiitre 
la Confederación y el imperio vecino. 

Tengo el honor de renovar á V. E. mis 
respetos afectuosos con que soy de V. E. su 
muy obediente servidor. 



París, 7 de Marzo de 1859. 

A S. E. el señor Ministro interino de Relaciones 
Exteriores de la Confederación Argentina^ Ih\ 
D. Juan F, Seguí. 

Señor Ministro : 

La correspondencia do V. E. de 24 de di- 
ciembre no llegó á mi poder sino el 20 del pa- 
sado febrero, ocho días después del 12, en 
que llegó la correspondencia del Plata á In- 
glaterra, por resultas del atraso del vapor. 
Aquí habíamos tenido antes las noticias que 
reprodujeron las hojas impresas que acomnano 
á V. E. 

Lord Maluesbury ha contestado á mi nota- 
memorándum del 22 de enero, peisistiendo en 
las bases, para el arreglo de la deuda, acep- 
tadas en la Convención de 21 do agosto. Re- 
mito á V. E. una copia en inglés de la nota, 
de Lord Mahnosbury. 

A esta comunicación he replicado por otra 
nota extensa, de (jue mando igualmente copia 
á V. E., insistiendo en la necesidad de en- 



— 230 — 



sauchar laa inatrucciones del nogociaxlor in- 
glés en el Plata. Pienso dar copias de esta 
misma nota íl los gobiernos de Francia y de 
Cordeña, que marchan de acuerdo con In- 
glaterra en esta cuestión, á tín de que conoz- 
can la solución de las objeciones que nos ha 
hecho el gobierno inglés, y de que natural- 
me::te debemos suponerles al corriente. 

Los gobiernos de Francia y de Cerdoña 
no han respondido todavía, lo cual no es de 
extrañar, porque estos dos gobiernos son jus- 
tamente los que están á la cabeza de la vi- 
vísima anciedad que preocupa á la Europa 
política en estos momentos. 

Esta situación, en que la Inglatena no 
deja da tomar parte, hará que estos gobiernos 
se ocupen de los asuntos del Rio de la Plata 
monos atentamente, á medida que sube de 
punto la gi-an crisis que interesa á su exis- 
tencia misma. 

La armonía entre los gabinetes de París 
y Londres es íntima y completa en este mo- 
mento; y el gobierno francés parece dispuesto 
A complacer á la Inglaterra en todas las cues- 
tiones secundarias, con tal de conseguir su 
neutralidad, cuando menos, en la contienda 
que se prepara contra el Austria. 

Me detengo en la situación do la Europa. 
porque elia puede tener mucha influencia en 
los negocios del Rio de la Plata, como en 



— 231 — 

todos los (le América, si sobreviene la gue- 
rra en Europa, que está tan inminente. 

En los momentos en que nuestro Ministro 
inicia la negociación del concordato en Roma, 
el Santo Padre acaba do tomar nna ardua 
determinación, que puede sor la señal de una 
conflagración general, como sucedió en 1848. 
Ha pedido á los gobiernos de Francia y de 
Austria que retiren sus ejércitos que ocupa- 
ban los Estados Pontificios. Como todo el 
mundo sabe que el Gobierno da Roma no 
tiene fuerzas propias para sostenerse, si no 
cuenta con el apoyo de su pueblo, todos te- 
men por la suerte del Pontífice, si no refor- 
ma su Gobierno en un sentido liberal, en 
cu3'0 caso la revolución no es menos inevi- 
table. Entre tanto los gobiernos de Francia 
y de Austria prosiguen ocupando los Esta- 
<los del Papa, no 5'a por la voluntad de éste 
sino por las necesidades estiatégicas de cada 
uno de esos dos poderes, próxisnos á romper 
las hostilidades. 

Todo el mundo cree inevitable la guerra, 
á pesar de los esfuerzos pacíficos de la In- 
glaterra por conjurarla. La misión de Lord 
Cowley, Embajador inglés en París, enviado 
en estos días á Viena por el Gobierno de la 
Reina, parece ser el líltimo esfuerzo do la 
Inglaterra para evitar la lucha, en que que- 
dará neutral probablemente, así como la Ru- 



sirt y 



la Pi'iisi 



segiin se aíinna y parece 



mi tu tal. 

Eli la seiuiíiia qiK! vieiiü podra ya sEiber- 
se cuál de la« dos (ai la iliploiuacia ó la 
guerra) ha de resolveí- las cueíitioiics pon- 
dientes. 

El señor Dr. Cauípillo empezó la nego- 
üiacion dol Guucordato, el 25 de Febrero, cou 
Monseñor Berardi, uombiado al efucto por 
el Gobierno Pontifirio. Pero ea muy dudoso 
que la üebro creciente que se apodera de la 
Italia, asi como las aberraciones del Gobiev- 
no Romano, de que ya tiene algunaa pruebas 
nuestio negociador, le permitan llevar á 
cabo el Concordato. 

El señor Gnlicli, Ministro du Pi'usia para 
la Confederación, ijuc estuvo de paso en Pa- 
rís en estos días, se dirige por este vapor al 
Plata, conduciendo nuestro tiutado con la 
Prusia ya ratificado. 

Tengo el pesar de anunciar á V. E. la 
muerto de nuestro Cónsul general en Lon- 
dres, Coronel D. Jorge F. Dickson, jefe do 
la respetable casa do comercio que lleva sxi 
nombre. La República Argentina debe á 
este hombre honorable, muerto en su servi- 
cio, una demostración digna do la cultura 
do nuestro Gobierno, y do to.s acrvicios de 
tantos años que ha prestado á nuestro ¡laía 
cou la lealtad de un verdadero argentino. 



233 



Su hijo D. Spencer Dicksoii, que ejercía las 
funciones de vicecónsul, ha puesto á mi dis- 
posición el archivo y los sellos del Consu- 
lado ; pero yo le he pedido que los retenga 
y continúe en sus funciones, hasta que nues- 
tro Gobierno so instruya de lo ocurrido, y 
provea al nombramiento de un Cónsul ge- 
neral. 

Me permito prevenir á V. E. que la pro- 
visión de ese puesto es asunto nmy doHcado, 
por la influencia que ejerce la respetabilidad 
peraonal del individuo que lo sirve en el 
comeníio de Londres, que es y será el te- 
rreno favorito de nuestras grandes empresas 
industriales y en el Íoreigii-Office, que busca 
informes frecuentes en el Consulado argen- 
tino. Buenos Aires "onocía esto, y como su 
jK^lítica no contaba con las simpatías del se- 
ñor Dickson, le tomó la prevención que se 
lia venido á manifestar en una medida ul- 
trajante contra su casa de Buenos Aires, 
cuya impresión ha contribuido á quitarle la 
vida. 

Cuando yo vaya á Londres en el próximo 
verano, me informaré de la persona que pu- 
diera suceder dignamente al señor Dickson, 
y la propondré á nuestro (Jobicaiio. 

Habiéndose sabido por el último correo quc^ 
«|uedaba removido el embargo puesto á la 
casa Dickson y C" de Buenos Aires, luego 



- 234 - 



áV.E. se sirva toner por no hecha uii ad- 
vertencia del correo anterior, por la que pedí 
que lio se entregase á los agentes do dicha 
casa el valor do la libiunza de novieinbrr; 
esto 69 en la hipótesis de que n.» Imj'a sido 
pagada ya al seiíor Fillol, pues en este caso 
también podrá dejait?e subsiatonto In ya be 
cho, sirviendo mi advertencia paiu lo veni- 
dero. 

El Empeíador de los Franceses se ha sefí 
vido firmar el Exequátur imperial on el nom-J 
bramiento de Cónsul general que nuestro 
gobierno bizo en la perenna dul señor Gil 
y este señor esta ya en ejercicio de sus'j 
funciones. 

En estos días he creido necesario dar paíí 
te al gobierno de Madrid do la desaproba- 
ción hecha poi- nuestro gobierno >lel trata- 
do con España, a cnyo fin he dirigido una 
nota al Ministro de Relaciont's Exteriores, 
explicando, como me lia sido posible, los mo- 
tivos de esa determinación, que de ningún 
modo excluyen el ardiente deseo de nnoati'o 
país por estrechar aus lelaciones con l:i iüa- 
dre patria por un tratado que satisfaga los 
recelos 6 Ine dificultades pendientefi. Yo ha- 
bía demorado este paso, para que no se me 
objetase el rechazo del tratado español al 
proponerlo á Inglaterra y Francia como ba- 
se del nuevo tratado para pago de indem- 



be- 
¡ni- ^i 

tro 
fiil 



235 



nizaciones, on lagar del de 21 de agosto, 
que también ha sido rechazado. Pero como 
ya lord Malmesbury me ha hecho la objeción 
por ser tan notorio el liecho, he creído no 
deber tardar el trasmitir á Madrid el mal 
éxito del tratado. 

Remito á V. E. en copia una solicitud que 
hace por segunda vez el comandante G. F. 
Sheppoud, gojo que fué de la Legión anglo- 
italiana á que pertenecían los hombres que 
el señor Buschental contrató para llevar al 
Plata. La respetabilidad de este oficial y 
los motivos que alega, empeñan, en ciertci 
modo, el deber de nuestro gobierno de darle 
una respuesta satis factpria, oyendo previa- 
mente al señor Buschental, que es quien de- 
be saber lo que hay de real en todo este 
negocio, ari-eglado por él exclusivamente, 
como aparece del contrato en inglés, que 
acompaño. 

He creído deber hablar á V. E. en despacho 
separado acerca del informe de la Contailuria 
general que se me ha trasmitido por orden 
del señor Vice-prcsidcnte, en cuyo documento 
so pretende habérseme pagado imleh idamente 
8,475 pesos, que cobré para gastos do insta- 
lación de Ministro, y otros previstos por la 
ley de 21 de Agosto de 1856 y autorizados 
en diferentes comunicaciones del (íobiorno 
liácia mí. 



Roniito á V, E. diferentes publicaciones 
aparecidas oii el úl tinto mes, que tienen rela- 
ción con la política argentina. 

AI concluir este despacho he recibido una 
nota do Lord Malniesbury, en la cual me 
anuncia, cjue á pesar de las consideraciones 
con que repliqué á la primera respuesta en 
la cuGstion de indemnizaciones, el Gobierno 
de S. M. B. persiste en su primera resolu- 
ción, de no admitir otras bases de arreglo 
de la deuda que las convenidas en el tratn- 
do de 21 de Agosto. Remito á V. E. una 
copia do la reciento nota do Lord Malnies- 
bury. 

Voy ahora a proponer la otra baso do 
arreglo que mo indicó el Gobierno, á sabtn : 
la reducción del término á, siete anos con 
la rebaJ3, de un iíO "/„, siempre sin intereses 
por el tiempo pasado. 

No será de más qud repita a V. E., que 
por el vapor pasad. > i-einití por la via del 
Form/n-Office, además del pliego de mi corres- 
pondencia ordinaiia, otro grueso paquete, 
conteniendo laa tres bulas y un oficio del 
Gobierno Pontificio sobre el nombramiento 
de los obispos para las iglesias de San Juan, 
Córdoba y Salta. Como en esos diaa estaba 
agonizanilo nuestro pobre cónsul general en 
Lóuiircs, no sé si esa circunstancia haya sido 
causa de algún entorpecimiento eu la cor- 



237 



iTespondencia, que su casa se encarga de or- 
dinario poner en Foreign-Office. 

Al firmar esta nota he recibido la corres- 
pondencia de V. É. del 20 y 21 de enero, 
conteniendo un pliego para el Gobierno de 
Venezuela, que cuidaré de entregar á sii ple- 
nipotenciario en París. 

V. E. tiene á bien trasmitirme la deter- 
minación del señor Vice-Presidente, en vir- 
tud de la cual si? ha negado á aceptar mi 
libranza de 2,800 pesos por el quel)ranto oca- 
sionado en la cobranza y traslación de mis 
sueldos á Europa. El señor Vice-Presidonte 
sabrá si ese paso puede servir al decoro dt» 
su Legación en Europa, mejoi- que habría 
servido al de aceptar ese pago como un an- 
ticipo de sueldos, ya que le pareció objeta- 
ble por la ley. El hecho es que por ese sistema 
de entender y aplicar la ley de sueldos di- 
plomáticos, el del Plenipotenciario de la 
Confederación en París y Jjóndres no es de 
9,000 pesos anuales, como dice la le)^ sino de 
8,000 aproximadamente, estando á su pro- 
ducto líquido oji (íl país extranjero en que 
debo ser consumido. Es decir, que el Minis- 
tro no recibe el sueldo que le asigna la lej', 
el cual es de 9,000 pesos y no de 8,000; 
pues poco importa que le paguen nueve en 
América, si ese sueldo no ha sido calculado 
para gastarse en América sino en Europa. 



-238- 



Como eate puíitu afecta directamente al ser- 
vicio público, yo me pemiito creer que me- 
rece sor motivo tle una revisión de la ley, 
ó de una medida general 8obre la manera 
de aplicarla por parte de nuestro Gobierno. 

Tengo el honor de i-enovar á V. E. mis 
i'espetoa afectuosos con que aoj' de V. E, muy 
obediente servidor. 

P. Tt.— Ultima hora. — Ruego á V. E. se 
sirva disponer que el pago do mi libranza 
de 8 de noviembre de 1858 se baga á la 
orden de mi apoiierado el señor don Joaquín 
Fillol, como pedí en el vapor pasado, en lu- 
gar de hacei-se á los agentes de la casa Dick- 
son y C". de Buenos Aires como digo en el 
cuerpo de cuta nota. 

Tengo el honor, etc. 



i 



París, 7 de Marzo de 1859. 

A S. E. el Sr. Dr. D. Juan F. Seguí, minü/'^o 
interino de Eelaciones Extranjeras déla Confe- 
deración Argentina. 

Señor Ministro: 

Me es muy sensible tener que ocupar la 
atención de nuestro gobierno y la de esta le- 
gación, en discutir un punto de integres priva- 
do, que yo creía del todo ajeno de contro- 
versias y que lo toco por la influencia que 
tiene en el servicio público de la Confedera- 
ción. — Quiero hablar de la dificultad que se 
ha suscitado en el pago de mis sueldos y 
asignaciones. 

En noviembre d(il año pasado, giró una 
libranza por mis sueldos correspondientes al 
semestre de julio á diciembre de 1858. 

En el despaclio de 24 de diciembre, V. E. 
tiene la bondad de decirme, que sin embar- 
go de la orden de pago de esa libranza da- 
da por nuestro gobierno, el Sr. vice-presidente 
dispuso se me trasmitiera un informe de la 



Contaduría general, en que so pretendo i 
tal semestru de 1868, lejos de adeudárseme, 
me había sido ya pagado ron la suma de 8.47o 
pesos, abonados iti debidamente, según el infor- 
me, al cubi-iiiiie una letra de 19.050 |)esos que 
giré el 2 de febrero de 1858 por un año de 
sueldos devengados, por otraa asignaciones de 
la ley de 21 de agosto de 1856, y por va- 
rios gastos autorizados en diferentes despa- 
chos del gobierno. 

No he podido méno-< de extrañar, que ese 
resultado me haya sido dado á conocer un año 
después que giré la libranza, y después de 
dos de-ipachcs reiterados de! ministro prede- 
cesor de V. E., uno de 29 de abril de 1858, 
y otro de 23 de junio del mismo año, en ijue 
me participó que mi libranza de íVbroro ha- 
bía sido aceptada y mandada pagíir, s-in lia- 
cerme reparo ni objeción alguna, 

En el informe que V. E. me trasmite, se 
dice que un decretu tío] 12 de agosto de 1858 
e» el que mandó línisiderar como anticipo 
de sueldos, desde 30 de junio do ese año la 
suma de 8.475 pesos, abonados, aeguu el in- 
forme, íH'/cAzc/amenífí, al cubrirme lii libranza 
de febrero. 

Como yo no pedí anticipados ni por favor 
los dichos 8,476 pesos; no creo que un decre- 
to- tuviese la facultad de dar discrecioual- 
mente A su abono el canlcter de pago ó de 



241 



anticipo de lo que no se debía, segiin el ar- 
bitrio dol decreto. 

Así, yo me permito creer hasta ahora que 
he recibido esa suma, no indeh idamente^ ni por 
vía de anticipo de sueldos sino en pago de 
asignaciones que se me debian por la ley de 
21 de agosto de 1856, como pudo verse por 
la explicación que hice de sus partidas en 
rai despacho de 7 de febrero de 1868. 

Me permitiré repetir aquí esa demostración, 
con la ley en la mano, para probar que no 
he solicitado anticipo de sueldos, sino pago 
de asignaciones que ningún decreto podia 
quitarme desde que son concedidas por la ley. 

En mi libranza de 2 do febioio de 1858 
cobré 4,500 pesos paia instalación como Mi- 
nistro Plenipotonciario, en virtud del artículo 
2." de la ley de 21 do agosto de 1866, que 
dice lo siguiente: — «So abonarán anticipada' 
mentr d los Enviados Exiraordinarios // Ministros 
Plenipotenciarios la suma equivalente d medio añ^ 
del sueldo que les corresponde por su clase p>(^'^^ 
gastos de instalación y viático,^ — El sueldo de 
Ministro, sogun el artículo 1 ." son 9,000 pe- 
sos; luego la mitad para gastos de instala- 
ción son los 4,500 pesos quo he cobrado en 
1858 para instalaiino en ese año como Mi- 
nistro en Inglaterra y en Francia. 

Si se contase como hecho ya ese gasto de 

10 



-242- 



ilácion ou el que liico ahoia tres 'años' ' 
para mi instalación de Eucai-gado ile Nego- 
cios, por el mismo principio a un íuuciouario 
lie este último rango podría contáisele laius- 
tíilaciüu que so le pagó para secretario, y 
al secretario la que se le pagó para otícial 
adjv'ii'o- Fácilmente verá V. E. que no es 
oste el sentido de la k'V, la cual da, couio es 
natural, á cada raugo la cantidad que tojiea- 
pondo á- su instalación, esencialmente distinta. 
Trajes, habitación, criados, relaciones, recep- 
ción, todo ea distinto en cada una de las cla- 
ses que reconoce la jerarquía diplomática. 

Eu la dicha libranza do iGliroro cobró 
también 2,250 pesca por sobresueldo do Joco 
mesos (julio de 1857 ájmiio de 1858, ambos 
iuctusive), en virtud del articulo 6°. de la ley 
de 21 de agoato de 185G. que dicelo siguien- 
te; — 'fjos at/aitfs diplomáticos acreditados arca 
de mas de im i/ohienio i/o^ardn de mi sohresud- 
do, II" e iw podrá sermai/o)- de la cuarta parte del 
sui'Jdit de bits plaeas rtsjiedivas.t — Acreditado 
en las dos Cortes mas taiuia de la Europa, 
y teniendo que dejar á menudo alojamientos 
caros antes del téiniino de su ai'i'iendo por las 
necesidades del aerviciu, be creido tenor de- 
recho á cobi'ar el máxiinuii del sobresueldo 
que asigna á uii clase el articulo 5." de la 



ley, que son jiistamonte 2,250 pesos. - 



r:Podn 



— 243 — 

llamarse pagadas indebidamente estas asigna- 
ciones de la ley? 

¿Se llamaría también indehidameifte paga- 
<la la de 400 peso» que cobré en mi libranza 
de febrero por gastos de oficina y de corres- 
pondencia de un año ? — La ley de 21 de agos- 
to de 185G (art. 9") la asigna en estos térmi- 
nos: — € Para los gastos de oficina y porte de 
correspondencia se asignará d cada Legación la 
stima de 4()(> pesos anuales. » — Si el Gobier- 
no (íonsidera que yo tengo, más dedos Le- 
gaciones á mi cargo, íácilmente comprenderá 
que el doble de esa suma no bastaría para 
gastos de oficina y porte de correspondencia 
de esta Legación complicada. Bueno es 1<'- 
ner presente que la correspondencia entre el 
iíobierno aigentino y esta Legación repre- 
senta una centésima parte de la que es ne- 
cesario alimentar aquí en Europa con todos 
los que se cieen autorizados para dirigirse 
il la Legación sobre asuntos públicos y semi- 
pnblicos. 

Los ].(MM) pesos (jue cobié en la letra de 
lebreni para concluir la edición oficial de mis 
libros, no uhí lian sido pagados indehidamen- 
fe. Kn el decreto en que el (íobierno ordenó 
ofni edición, no s(i lijó cantidad. Cuando el 
Ministro del Interior me conuniicó ese decre- 
to. iiK» autoiiz(') para gastar 3.000 pesos, ó 
más, si la edición lo requiriese. A pesar de 



- 2 H - 



látibul, c<^mBulté id dicho Mint5ifro shii 
daríii 911 autorización pura iutroíliicir aignuns 
aumentos en la oJic.ion de 1.5Ü0 ejemplares 
do dicha obra, y con su autorizaciou fceiini- 
iiant« y espiesa hice ol desenibolso de esa 
í^'Jiiia, que servia á la vez para llenar el des- 
talco sulrido oii los Ü.UOO pesos con motivo 
de los cambios de América á Europa. En 
vista de esto, ¿ podida llamarse ¿ndcInUo o\ abo 
uo de esa partida? 

Eu cuanto A la jMii-tida de 1.900 posos que 
cobré en nii letra de iebrero, permítame V. E. 
decirlo que es tal vez la que menos pudiera 
llamarse iiulcbUlamente paf^ada. En efecto, 
desde mis piimeras instiiicciones que recibí 
al salir de Amcírica, se me piei?¡no que no 
solamente yo venía il Europa para instruir 
á \on (.iobiernos dfl estado de nuestras co.sas, 
sino también al público en general, por la 
ijilinencia que esto pudiera tener en la inmi- 
gración de hombros y capit-alos. No se ins- 
truye aquí al público sino por la preiisa; y 
si eyte medio de infoi inacion es costosa eu 
América, lo os aquí doblemente. Postenor- 
Uiente he recibido diez autorizaciones ilol I ío- 
bieruo para subvencionar publicaciones. He 
demostrado diez voces al (íobierno que una 
subvención pagadera á 3.000 leguas de dis- 
tancia es impracticable en Améaica, cuando 
se trata de publicaciones aisladas y sueltas 



246 



que la necesidad de nuestra defensa exige 
un día en París, otro día en Londres, otro 
día en Madrid, etc. En estos casos, que se repi- 
ten á cada instante, he tenido que pagar pu- 
blicaciones é inserciones varias exijidas ur- 
gentemente por la necesidad de explicar ó 
defender á propósito la política de nuestro Go- 
bierno, con el dinero que tenía á mano, porque 
no podía exigir de un escritor que vaya á 
cobrar 200 ó 300 fr. al Nuevo Mundo. Casi 
no necesito agregar que tampoco basta para 
esto la subvención que nuestro Gobierno pa- 
ga al señor Manuequin, para (¡ue esciiba en 
París, pues en Europa, como en el Plata, la 
subvención* que se paga para publicaren una 
ciudad, no basta para publicar en todas. 

Permítame V. E. recordarle que esta con- 
sideración es completamente aplicable á la 
partida de BOO pesos de mi libranza de 8 do 
noviembre de 1858, que la Contaduría ha ciei- 
do deber eliminar. 

Si todos estos cargos se han considerado 
indebidamente i)agad(^s. por la razón de que 
no esbiban prevístos-en el presupuesto de gas- 
tos públicos, lo natural, en tal caso, sería bus- 
carles cabida do algún modo en dicho pro- 
supuesto, pues todos los gastos que se deben 
por la ley ó por actos del (Jobicino, deben 
tener cabida en el Presupuesto de un modo 



ú otro, BÍ d presapaesto es hecho como i 
be de ser. 

Ed ruta de lo qae dejn expuesto, 
firmmncnte en qae nnestro Oobiemo. recon- 
aidnrando el decreto de 12 de agiisto de 
1858. citadrí en el informe de la Güntadurta 
Mayor, no tendrá difíctütad en admitir la 
ju9tii-ia con (|ue me fueron pagados por asig- 
naciones legales los 8.475 pesos, al cubrirme 
la libranza de 2 de febrero de 18ó8. y se 
ser^'irá considerar qne los 6^25 pesos de la 
libranza ite noviembre no son un adelanto 
sinrt el pago legitimo de mi snehlo deven- 
gado, correspondiente al s^ando semestre 
de 18d8. 

Si contiu las raeones que dejo demoetra- 
das, y por motivos qne no se me han hecho 
conocer, se me doclaiu deudor de sumas que 
yo he cobrado y i-ecíbido en fnerza de la ley 
que me da el derecho de cobrarlas, yo debo 
representar á mi (íobierno de la maneía. más 
explícita y formal, que si esta Legación so 
ha de costear con mi bolsillo privado en una 
proporción tan seria, imposible sei-á ipio pueda 
MOstenorH! sin arruinarme personalmente; y 
no creo que mi país pueda exigir esto de lui 
empleado que lo consagra su tiempo do un 
modo tan completo, que nada gana ni aho- 
rra para su bolsillo privado sírviemio en país 
extranjero un empleo incompatible con el 



247 



ejercicio de una industria ú ocupación que 
le permita adquirir ó mejorar de fortuna pri- 
vada. 

Tengo el honor de renovar á V. E. mis 
respetos afectuosos con que soj^ de V. E. su 
muy obediente servidor. 



Kste documento está relacionado con la iudicaciou que Aiberdi hacia ai 
Gobierno en la nota que sigue. (Véanc página 256.) 



París, 31 de Marzo de 1859 

Al Exmo. Sr. D. Saturnino Calderoíi CollanteSj 
Primer Secretario de Estado y del Despacho de 
Relaciones Extranjeras de S. M. Católica. 

Exmo. Señor: 

Hé tenido el honor de recibir con la más 
viva satisfacción la nota del 20 do maizo, 
en que V. E. se sirve manifestarme la dis- 
posición favorable en rjue se halla el Gobierno 
do S. M. Católica á entiar de nuevo en ne- 
í^ociaciones conmigo, á fin de hacer cuanto 
esto do su parte paia llegar al término que 
todos deseauios, do unir y estrechar la fami- 
lia española de ambos mundos. 

Respetando las consideraciones (¡ue S. E. 
tiene la bondad de hacerme en favor de la idea 
do negociar en Madrid con prefeiencia á Pa- 
rís, tengo el honcr de expresar a V. E. mi 



260 



entera conformidad con ellas, 3* mi resoln- 
cien de trasladarme á esa Corte tan luego 
como los asantes que aquí me detienen me 
den una tregua conveniente para ese propó- 
sito. 

Aprovecho gnstoso de esta opoilnnidad 
para renovar ¿ V. E. la s^urtdad de mi muy 
distinguida consideración, con que tengo el 
honor de ser, de V. Ex., señor Ministro, su 
muy humilde y obediente servidor. 



París, 7 de Abril de 1859. 

A S. E. el señor Dr. D. Juan Francisco Seguía 
Ministro Interino de Relaciones Extranjeras de 
la Confederación Argentina. 

Soñor Ministro : 

Los tres gobiernos de Francia, Inglaterra 
y Oerdeña se han puesto de acuerdo en la 
cuestión de indemnizaciones que reclaman 
de nosotros. Francia y Cerdeña han adhe- 
rido al partido tomado por Inglaterra de in- 
sistir en Ja base que el Grobierno argentino 
suscribió en la Convención de 21 de agosto, 
rechazada por el Senado, en la espeíanza 
que el Congi'eso argentino, solicitado do nue- 
vo por nuestro gobierno, modificará la de- 
terminación de la Cámara de Senadores. 

En ese sentido ha escrito el Gobierno in- 
glés á su Legación en el Plata por el pa- 
quete de marzo, 5^ en ol mismo escriben por 
este vapor de abril los gobiernos de Francia 
y Cerdeña á las Legaciones alh' estable- 
cidas. 



Todos mis esfuerzos, 



que 



lio han sido 



pe- 



queños, han podido menos que los informos 
del señor Chiistie, y que la siguiente retiexion 
que parece ser la principal causa do su re- 
sistencia. Habiendo yo presentado á Ingla- 
terra el cuadi-o de loa tratados americanos 
con España, como el precedente de derecho 
americano que servia do apoyo á la opinión 
del Senado argentino, para excluir los inte- 
reses por el tiempo atrasado, en oposición á 
los tratados ingleses que alegó el Sr. Chris- 
tie para reclamar osos intereses, han creído 
estos gobiernos que si ceden á la Confede- 
lucion Argentina én este punto (comotaUtz 
seria mu deseo ), van á ci-ear un antecedente 
que sería reclamado por todas las otras re- 
piililicas americanas con quienes tienen hoy 
cuestiones pendientes la Francia y la Ingla- 
terra por motivos de la misma naturaleza. 

l'or otra parte, desconfian mucho que el 
Congreso ;ló mejor acogida á la nueva con- 
vención que se hiciase, que la que ha dado 
el Senado á la convención de '21 de agosto. 

Dcuire caeiualmente en Venezuela un caso 
cuyo ejemplo nos hace mucho daño. Parece 
ipie el Congreso do esa república rechazó 
también un tratado sobro indemnizaciones, 
que tirmó el gobierno por manejos sordos dol 
gobierno misino en el Congreso, que han 
llegado á ser conocidos; y aunque del uue?i- 



— 253 — 

tro tienen una opinión uuiy aventajada, no 
ha dejado de aumentar la desconfianza ese 
antecedente. 

Mi opinión (que me peí mito ofrecer á nues- 
tro Gobierno del modo más respetuoso) es 
que el Poder Ejecutivo debe acudir de nuevo 
al Senado, y pedir la reconsideración del 
Convenio del 21 de agosto, en vista del em- 
peño de honor en que se enouentia nuestro 
Gobierno, y de la actitud que han tximado 
estos tres gabinetes, (*uyas notas deben ser 
comunicadas al Congreso con el nuevo pro- 
3'ecto de ley para la aprobación d(^l Conve- 
nio de agosto. 

Esta opinión no se funda en temor algu- 
no de <]ue los (lobiernos de P]uropa puedan 
hacernos ceder por la fuerza. Kn obsequio 
de la verdad, (lehcmos reconocer que los 
Gobiernos de Kuropa tienen de la Confede- 
cion y su Gobierno una opinión muy supe- 
rior á la general de los ( íobiernos de América. 
Yo creo qiu; debemos tomar ese partido en 
en el interés de n'^.estro crédito v de nuestra 
respetabilidad ante los países extranjinos. 

Esto no qiiita, (mi mi opinión, que miestro 
(Jobierno no pu(li(;ra introducir en la (Con- 
vención presentada por segunda v(»z al Con- 
gi'eso alguna modificación discreta y ])ruden'- 
te, dirigidaá contemplar la susceptibilidad del 
Senado, cuidando de que el punto principal 



I reclamat^ion extranjera no encuei 
un ubstáculo en esa uiCNlifit-acíon. 

Ci-eo poder decir á este ix-apecto á V, E., 
<jüe ái lo» MÍDÍíitros ncgociadoiTs ahí residen- 
tes no lian recibido facultades |>ai~a ofrecer 
6 (tara aceptar otra base t|ue la del Convenio 
lie 21 lie agOfto. se les ha pi-ev^nido al me- 
U08, »i no e.stoy mal infonnado, que en todo 
c-a»o oigan y trasuntan las proposiciones y 
reparos ^ue haga nueíítro tíobiei-no. 

Creo que en tanto que se toma un partí- 
<lü M>bre uiaiidaí- de nuevo al Senado la Con- 
vención de agosto, ó presentar nuevo pro- 
yecto conciliatorio de lüs puntos de disidencia, 
t-ouvendiia 8Íu pérdida de tiempo sancionar 
la ley de deuda interior, para que cesen las 
deoconfianzas de <*stos Cobifimis. Pei-o sei-á 
precÍKo que la sanción no se haga en tér- 
minos que aten las manos del Gobierno en 
la cuestiou peudíitnce; pues de utro modo se- 
ria mejor que el Convenio de '21 de agosto 
fuese aprobado por el Congieso antes de la 
íiUiciuu de dicha ley si ella ha de estable- 
cer el principio sobre intereses por el tiempo 
pasado que está en oposición el Convunio de 
agüsUj. 

Loa riobiornufi do Francia y Cenlefui conti- 
núan iibsoibidtis en su gran cuestión con Aus- 
tria, iiue va á ser iiomfctida ii la decisión de 



255 



un Congreso do la Europa, próximo á reu- 
nirse en todo este mes. 

La idea do este Congreso ha sido propues- 
ta por la Rusia y aceptada por la Francia, 
estando aún pendiente la tentativa de nm- 
diacion que la misma Francia había admitido 
de parte de la Inglaterra. Este hecho es sig- 
nificativo, porque descubre la reserva tradi- 
(*ional del Gobierno francés hacia ol de In- 
glaterra. 

Se espera generalmente que la cuestión de 
la Italia tenga una solución pacífica en el 
f^ongreso convocado, pero esta esperanza no 
es conq^leta, y las naciones entre (luienes 
ocurre el coníiicto continúan sus aprestos do 
guerra, como si la solución hubiese de ser 
militar on definitiva. 

I^or un camino ú otro, por los congresos 
ó por los ejércitos, un cambio profundo y 
ra<lical s(i acerca inevitablemente en el go- 
bierno d(í Itoma, que naturalmente debe in- 
fluir on stis relaciones con los gobiernos ca- 
tólicos. FiU esta situación, casi €s de felici- 
tai'se (juo las exigencias exageradas de la 
Santa Sede nos obliguen á posteigar para 
mejor época la celebiacion de un Concor- 
dato, <jue jmdiera costamos ho}- ei sacrificio 
de un solo priiicipio de la Constitución vi- 
gente, tan ntícesaria á los progresos de la 
República Argentina. 



— 256- 



El Sfintn Patire retira rt rPcüficA so insi- 
nnacjon relativa a] desalojo de sti territorio 
por los pjércitn» franctís y aiistñoco ; asi «s 
que esas fuerzas rivales continúan ocupando 
uus Estados hasta c] arreglo de la cuestión 
general peiidionie, por la diplomacia ú por 
la guerra. 

En estas circunstancias graves, el Minis- 
terio ingiíís está en msis, y acaba de tomar 
el partido de disolver el Parlamento pnr an 
ijesacueidu en In cuestión de la roforiua elec- 
toral - 

Jjord Maliuesbury y el Cunde Walewskí, 
Ministros de llelaciunes Extranjcias de In- 
glatoira y de Francia estíin ya señalados 
para n-presentar estos países eti el Congreso 
europeo, próximo ¡i reunirse en Bádorj. — Mf 
detengo en dar á. conocer il V. E el estado 
á ]c9 negocios europeos por la natural in- 
fluencia que ellos ofrecen en los nuestios, 
aunque de un modo indirecto, siempre que 
asumen un canicter tau grave como el 
actual. 

Estíi sería un momento muy á propósito 
para que yo fuese á España, A ver de con- 
cluir en ilns ó tres semanas la negociación 
reabierta del i-econocimiento de nuesti-a in- 
depeudencia. El gobierno tic Madrid me ha 
contestado expresándome su disposición á 
reabrir la discusión del tratado, y su ospo- 



257 



raiiza de concluirlo de un modo satisfactorio 
á ambos países ; pero prefiere que j'o me tras- 
lade á esa Corte, por razones que me ex- 
presa de conveniencia para los dos Estados. 
Como el tratado con España se liga tan es- 
trechamente con todas nuestras cuestiones 
extranjeras é interiores, yo creo que no ha- 
bría objeto más digno de nuestra atención, 
en esta especie de tregua y de crisis en que 
escán los negocios de París y Londres, que 
la celebración del tratado que debe servir de 
base á imestros arreglos eclesiásticos con Ro- 
ma, y, sobre indemnizaciones, con Inglaterra, 
Francia 5" Ceideña al mismo tiempo que de 
un auxilio importante para resolver la cues- 
tión de nuestra integridad nacional. Pero 
estoy detenido por la naturaleza de las instruc- 
ciones que poseo hasta aquí. La única apli- 
cación admisible de ellas ha dado por resul- 
tado el tratado desaprobado por nuestro 
gobierno, y por eso he creido necesarias nue- 
vas instrucciones para nueva negociación. 
Su Excelencia el Sr. Presidente, en carta del 
27 de diciembre, me ha indicado dos bases 
claras y justas sobre las que sería fácil tratar; 
y si no vienen las instrucciones que pedí á 
nuestro gobierno en el despacho de 7 de ene- 
ro, es creíble que dé principio á la negocia- 
ción sobre las dichas bases, que me ha indica- 



— 258 — 



do el Sr. Presidente. Ellaa son, en cuanto á 

la ciudadanía d^ hs hijos de eíijKimles, el piin- 
ctpiu textualmente cüiisagi'ado por la ley de 
7 de octubre de 1857, y en cuanto á ia deu- 
da de tesorería, la adnaision de ella con men- 
ción expresa de uo estar comprendidos los 
gastos de la gneria de la independencia, co- 
mo lo han hecho toda? las repiiblicas de Sud 
América que han tratado con Eí^paüa, y como 
enseñan todos los tratadistas de deveelio in- 
ternacional sobre el principio quo regla la 
deuda de un país que cambia de soberano, 
dtí dinastía ó de principio fundamental de 
gobierno. 

Inútil será que yo diga á V. E.. que uuei 
tra empiesa del ferro-carril de Córdoba, 
tada en Inglaterra, continúa sufriendo la i 
fluencia del malestar de ese mercado, prodl 
cida por los temores de guerra. 

Me escriben de Suiza, que una esped 
cion de emigrantes de ese pais debe partir 
en estos dias pava nuestras provincias. 

Al concluir esta nota, tengo el placer de 
recibir las comunicaciones de V. É. del IS 
de febrero, con la importante noticia de la 
paz concluida entre el Paraguay y los Esta- 
dos Unidos al favor de la mediación pei-so- 
ual del Presidente de la Confederación Ar- 
gentina, y con las nuevas instrucciones para 
el tratado que debe poner fin á la guerra 



— 259 — 

de la Independencia de la Repiíblica Ar- 
gentina con la Corona de España. La 
espectabilidad que había adquirido en la 
opinión de la Europa la guerra de los Es- 
tados Unidos con el Paraguay como nación 
de raza latina, podrá dar á nuestro gobier- 
no una medida de la importancia de su triun- 
fo y del honor que nuestro país recoge hoy 
en la opinión piíblica de los dos mundos. — 
En cuanto al tratado con España, yo creo 
que las instrucciones que V. E. me trasmi- 
te en su nota de febrero, nos darán por re- 
bultado el reconocimiento de la Independen- 
cia argentina, si, como espero, la ilustración 
de nuestro gobierno comprende que el nue- 
vo tratado dejará satisfechas todas nuestras 
exigencias, con tal que las dos bases del 18 
de febrero sean consagradas sustancialmente, 
y no se dé á la forma un interés tan sacra- 
mental que la paz de la República Aigentina 
oon la madre patria y la legitimación completa 
de su poder soberano se subordinen á meras 
palabras y formas de expresión. 

Se cree generalmente que las sesiones del 
Congreso europeo duren tres meses. Como 
he dicho á V. E., el Conde Walewski y 
lord Malmesbury asistirán á esc Congreso. 
Esta circunstancia v lo vital de las cuesti )- 
nes que va á tratar, nos dan cierta segu- 
ridad de que la atención de Inglaterra 3^ 



2^J 



Frano^i n: -erii giandé mente arraiia por 
kí? negocios d-el Río. de la Plata »]^iie puedan 
áa:rgir «rn e>to& meses con ocít^i-rn de la cues- 
tíon de Baeno-* Aires. 

Tengo el Li-nor de repedr á V. E. la se- 
guri'iad del ako aprecio con •^ae sc-y >u muy 
respecTi:-??'' -¡servidor. 



París, 6 de Maj'o de 1859. 

A S, E. el Sr. Ministro de Relaciones Extran- 
jeras de la Confederación Argentina. 

Señor Ministro : 

Conforme con lo que dije á V. E. por el 
correo pasado, tengo el honor de participarle 
que después de despachar esta corresponden- 
cia saldré para Madrid, con el objeto de 
concluir la negociación del reconocimiento 
de nuestra Independencia. 

Solo espero la llegada del vapor del Plata, 
en previsión de alguna orden que pudiera 
traerme inconciliable con esta determinación. 
De todos modos cuento con que mi perma- 
nencia en Madrid no durará más de un mes. 
Dejo entretanto en muy buen estado nues- 
tras relaciones con los Gobiernos de Ingla- 
terra y Francia, cuya consideración á favor 
nuestro se conserva la misma que en 1856, 
en lo que no ha contribuido poco, á mi ver, 
el papel honorable que ha desempeñado nues- 
tro Presidente en la cuestión del Paraguay 
con los Estados Unidos. Los de Buenos Ai- 



-2Ü2 — 



res no han ubteuido ventaja alguna oltima- 
mente que modifique su posición en estas 
cortes. 

Creo que el momento de mi viaje es opor- 
tuno, porque la gueiTa que acaba de estallar 
entre Francia, Ceideña y Austria absorbe de 
tal modo la atención de estos gobiernos, que 
no habría medio de atraerla á uuesti-as cosas 
aunque tnviéiarnos aquí alguna cuestión ur- 
gente que tratar. La luglateira con su neu»^ 
tralidad armada está tan absorbida eu Ift' 
situación general como los beligerantes mia- 
mos. El Parlamento se ha disnelto va, y 
se están haciendo las elecciones para el que 
haya de sucederle, durante cuyo lapso el 
Gabinete británico continúa en crisis. 

La cuestión, aunque contraída por ahora, 
á la independencia italiana, amenaza siem-. 
pre volverse general 6 europea, en atención, 
á que las miras é intereses que son el verda- 
dero objeto de ella, son esencialmente eu- 
ropeos, aunque sean otros los motivos que 
se Tnanifiestan en apariencia. El objeto de 
la Francia es agrandar su influepcia en 
Europa, on proporción de sus medios legítimos 
y disminuir la influencia del Austria, creada 
artificialmente en 1815 por los vencedores 
de Napoleón 1, para servir de contrapeso al 
influjo francés, considerado en atjuella época 
como la causa de la perturbación de la Eu- 



i 



— 263 — 

ropa. Es de creer que los votos de la Fran- 
cia se realicen sin perjuicio de ningún de- 
rocho legítimo, porque la Francia compuesta 
hov de 36 millones de franceses, tiene un 
peso igual en el equilibrio de la Europa al 
del Austiia, que no se compone de austria- 
eos sino en su cuarta parte, estando inte- 
grada artificialmente por italianos, polacos 
y húngaros. La Francia conseguirá lo que 
desea por ahora, con solo establecer la in- 
dependencia de la Italia libre de toda in- 
fluencia austriaca. En este sentido su causa 
tiene las simpatías y la aprobación de to- 
dos. Si ha de ir más adelante de esa mira, 
no es creíble que lo realice en la presente 
^erra, sino después de algunos años de se- 
paración. 

El Austria ha tomado la iniciativa de la 
guerra inopinadamente, eludiendo el Con- 
greso proyectado, y ha puesto toda la con- 
sideración de la Europa interesada en la paz 
á favor de la Francia, sin que por esto dejo 
de ser el gobierno francés el verdadero crea- 
dor de la situación. Así se encuentra la opi- 
nión al empezar la guerra, pero las vicisitu- 
des de las armas }' las revelaciones que se 
vayan haciendo, echarán la opinión de la 
Europa en un sentido ú otro. 

En Italia se encuentran ya en presencia 
los ejércitos de Francia y Austria. La Cer- 



- 264 - 



(leña pur ahora es el teati'o de la guerra, 
rey del Piamonte ha tomado en persona el 
mando de m ejército. El Emperador de los 
franceses se pondrá á la cabeza del suyo, y 
se cree que el de Austria, joven de ÜS años, 
salga también á campaña. Hecha la guen-a 
peiBonalmente por loa soberano», sus conse- 
cuencias pueden ser doblemente graves en 
la suerte de sus estados respectivos. 

Toda la Italia ae ha conmovido al movi- 
miento de ambos ejércitos. La Toscana se 
ha pronum-iado contra el Austria. Módena 
y Panna se han coumovidn en el mismo sen- 
tido. En Roma, el ejército francés ha te- 
nido que coutenei movimientos análogos del 
pueblo, en protección del Santo Padre, cuyo 
poder temporal corre giandisimo peligro de 
serle desconocido, si no adhiere á la lucha 
de la independencia de la Italia. 

Esta situación influj-e en nuestros nego- 
cios argentinos en diferentes sentidos. De- 
biendo la España quedar neutral, como no 
aea para dar protección al Santo Padre, po- 
dremos ocupamos de la negocien relativa á 
la Independencia argentina. La agitación de 
Roma, que irá creciendo de más en más, me 
dará lugar á concluir por ahora el Concor- 
dato, pero ella nos hace esperar una época en 
que podremos concluirlo más ventajosamente. 
La suerte del Santo Padre, que interesa á 



265 



todo el mundo católico, se presenta llena de 
incertidumbre y de peligros. Mientras que 
el Pontífice pretende quedar neutral á la lu- 
cha, el pueblo de Roma arde en parcialidad 
contra la dominación austríaca. 

La atención de estos gobiernos, compro- 
metida absolutamente en la lucha del dia, 
dejará libre la acción del Brasil y la nuestra 
en nuestras cuestiones de centralización na- 
cional. La guerra, que paraliza nuestra em- 
presa del ferro-carril en Londres, echará en 
desquite hacia el Plata, las poblaciones de la 
Europa que huyan del hambre y de las cala- 
midades que la guerra trae consigo. 

Los Estados-Unidos quedan neutrales en 
la lucha, pero sacarán mucho provecho, tal 
vez en contra de la América del Sud, si la gue- 
rra de Europa se complica y extiende. Las 
alianzas presumibles para ese caso son la Ru- 
sia con Francia ('que se cree ya celebrada); 
y la r^ran Bretaña con Prusia, Alemania y 
Austria. Yo creo que á nuestra América, 
le tocará naturalmente ser neutral, y nos con- 
vendrá que esa neutralidad se haga sentir 
desde ahora, en las palabras oficiales del Go- 
bierno, y Sobre codo, en el lenguaje de sus 
periódicos, porque la amistad de la Inglaterra 
nos es tan preciosa como la de la Francia 
y Ccrdeña. 

Por este vapor se dirige á Buenos Aires 



- 26(í - 



el8r. D. Miguel .I--itlaii y Llorens, en calidad 
de C'^nstil «le España, para residir en dicha 
cíadad. Me ha dicho él mismo, que no Itera 
carácter ninguno diplomático. 

Remito á V. E. copia de una iiota-citcular 
que me ha diiig^do lord Haluiesbury 9<ihre el 
modo como se expediiá el Exequátur de los 
cónsules extranjei'Oíi destinados á la India- 
Aunque sin aplicación pai-a nosoti-os. bueno 
será (jue nuestro Gobierno lo tenga presen- 
te, como lo ha deseado el ministro británico. 

Remito también á V. E. copia de una carta 
que me ha dirigido el Sr. ilannequiu, partici- 
pándome uu arreglo hecho por él. en vitud del 
cual la Presse, diario de Paris, de que se im- 
primen -lO.OOO ejemplares cada dia, estará 
desde ahora al servicio déla Confederación 
Argentina para la defensa de sus derechos y 
hasta de sus inteieses. Este apoyo obteni- 
do en favor de nuestra causa, en virtud del 
compromiso del Sr. Slannequiíi para con no- 
sotros, es de la mas grande importancia en 
el servicio de nuestra política argentina en 
Europa, donde los agentes y amigos de Bue- 
nos Aires, cada dia trabajan con mas acti- 
vidad eu extraviar la opinión de este públi- 
co y de estos gobiernos. Me permitiré recordar 
á V. E. con este motivo, que nuestro con- 
venio firmado con el Sr. Mannequin impone 
á las dú3 partee, la obligación de la reserva 



267 



que es peculiar á los contratos de esta na- 
turaleza, como nuestros periódicos han ha- 
blado de ól como de cosa pública, tanto el 
escritor como el Gobierno mismo padecerían 
en su consideración, si se agravase la publi- 
cidad de la subvención. 

Tengo el honor de repetir á V. E. la se- 
gundad del alto aprecio con que so}' su muy 
respetuoso servidor. 



París, 7 de agosto de 1859. 

A Su Excelencia el señor Dr. D. Luis José de la 
Peña, Ministro de Relaciones Exteriores de la 
Confederación Argentina. (^) 

Señor Ministro: 

Tengo el honor de participar á V. E., que 
' la independencia de la Confederación Argen- 
tina ha sido reconocida solemnemente por la 
Corona de España, en 9 de julio del presen- 
te año, mediante un tratado que lie firmado 
en Madrid con esa fecha, cuyo texto origi- 
nal tengo el honor de remitir á V. E. adjunto. 
Este tratado pone fin á la guerra de la 
Independencia, y completa la Revolución de 
Mayo de 1810. Los monarcas de España ce- 
don y traspasan por él sus antiguos derechos 
en el suelo argentino al gobierno de la Con- 
federación. El tratado, según esto, llena com- 



(\) üaa parte principal de esta nota fué publicada en La ** Memoria '\ 
qo€ el Dr. Alberdi aaha cuenta de los trabaJoH de su misión, pero ena 
BO Mria, qaisá, razón tiutlciente para rtuprimirla, pueH en de la mayor impor- 
tancia: y suprimida, dejaría trunca é^^ta serie de comunicacioneH diriícidas al 
MlnLiterlo de que dependía, y relacionadas, en mucha parte, con ei Tratado 
d« reconoeimiento de ia independencia con España.— (Editor). 



■ -270 - 



pletameute el gran fin de la guerra de la 
Independencia de América respecto á las pro- 
vincias Unidas del Rio de la Plata. Nues- 
tro gobierno argentino, que hasta ahora ha- 
bía sido un poder fundado en la victoria y 
en el derecho natural, adquiere ademas por 
el tratado la autoridad y sanción del dere- 
cho tradicional, y su legitimidad queda tan re- 
gularizada y bien establecida como la de los 
gobiernos americanos de Estados Unidos, del 
Brasil, Chile, etc., que cuidaron de obtener 
ese mismo reconocimiento por tratados con 
sus antiguas metrópolis del nu'smo género. 

Las condiciones con que España ha renun- 
ciado en favor del gobierno de la Confede- 
ración Argentina sus antiguos derechos y pri- 
vilegios en-el territorio argentino, son las mis- 
mas condiciones de todos sus tratados fir- 
mados hasta aquí con las demás repúblicas 
de la América antes española. 

Ellas son, entre otras (que no habían me- 
recido objeción de nuestro gobierno cuando 
firmé el primer tratado), las siguientes: 

1." La aceptación de la deuda que tenia 
el tesoro de nuestias pi'ovincias cuando eran 
espafjolas, y de la deuda procedente de em- 
bargos y daños causados á particulares duran- 
te la gueria por una y otia de las partes 
beligerantes. 

2.' La pioteccibn de la nacionalidad de 



271 



los hijos de españoles y argentinos nacido.s en 
los territorios respectivos de ambas partes. 

Estas dos condiciones no son peculiares 
de los tratados concluidos entre España y 
las repúblicas de la América del Sud. Ellas 
pertenecen al derecho de gentes, y por eso 
es que las lej'es patrias de muchos Estados 
de Sud-América reconocieion espontánea- 
mente como deuda nacional la que gravitaba 
sobre su tesoro territorial desde antes de la 
Independencia. En la República Argenti- 
na dos leyes inspiradas por el señor Riva- 
davia aceptaron esa deuda desde 1821 y 
1826, y el pago subsiguiente de ella la de- 
jó reducida á lo que es hoy: — una mera 
cuestión de principios. 

Los más respetables autores de derecho 
internacional, Grocio, Puffendoif, Wheaton, 
Heffter y G. F. Martens, enseñan que, un 
cambio en la forma del gobierno deudor, ó en 
la dinastía reinante, ó en la persona del soberano, 
no altera en nada la obligación del pago de los 
empréstitos contráidos en nombre de este Estado 
por representantes debidamente autorizados . . . 
y el f/obif*rno nuevo viniendo á ser propietario del 
domin io público del Estado, queda obligado d los 
covipf^omisos contra idos por el gobierno que lo ha 
precedido. Q) Esa es la razón porque Chile, 



(1) ti. F. de Marteoti. 



— 272- 



el Brasil, Venezuela, Ecuador. Méjico, etc., 
lian aceptado en sus tratados de reconoci- 
mieiito como deuda nacional la que teuta el 
tesoro de su tenitorio aiite.s de emancipar- 
se de la Europa. — Ahoia misuio, eu la paz 
de ViUafranca, se ha estipulado que la Cer- 
deiia tomaría sobre sí la deuda austríaca, que 
gravitaba sobre la LombardUt. cedida por ese 
pacto á la Cerdena. 

Con razón, pues, las instiucciones recien- 
tes de mi gobierno me autorizaban paia ne- 
gociar sobre las dichas condiciones. Al tiempo 
de ajustarías, he tenido naturalmente que 
conciliar nuesti'as exigencias con las de la E.s- 
paña, pues no podíamos diciarle ú imponer- 
le la ledacciou de un tratado en que ella era 
la que tenia que ceder lo más. á saber: — 
la soberanía de aquellos países. Un trata- 
do de paz es un acto bilateral, redactado á 
ia vez y conjuntivamente por dos partes 
con pretensiones peculiares y contradicto- 
rias en cierto modo. A pesar de eso, las 
miras del Gobierno Argentino han sido satis- 
fechas en el tratado. 

He aceptado como deuda de la Confedora- 
oion la que tenia el tesoro de nuestras pro- 
vincias basta el 25 de mayo do 1810, época 
en que su territorio fué evacuado por las au- 
toridades españolas. Consignando esta fecha, 
según los deseos de nuestro Gobierno, queda 



— 273 — 

en el tratado, cerrada la puerta á toda re- 
clamación espaíiola por gastos heclios para 
resistir á la guerra de nuestra Independen- 
cia. Así .so declara en las iiltimas palabras 
del artículo 4", que no formarán parte <h fUcha 
debida las caiUidades que el Gobierno de S. M. C. 
invirtiese después de hi evacuación del territorio 
argentino por los autoridades españolas. Como 
el mismo artículo, al principio, declara que 
el territorio do la Repiiblica Argentina, fué 
ovacnado por las autoridades españolas el 25 
de mayo de ISH), aquellas palabras exclu- 
yen forzosamente los gastos de la guerra do 
la independencia sucedida miis tarde. 

Mucho liemos conseguido ])or eso, y por 
oti*as razones con <]ue el tratado consigne esa 
techa célebre do nuestra, historia. Junto con 
ella s» iMicuenlra uniíla también, como fe- 
cha iW\ tratado mismo, la de ¡) de julio, no 
nient's mcíuioiable. De estas datas resulta, 
que la. Jíepüblica Argentina es la mayor y 
niiís antigua, en la cronología d(í los nuevos 
Estados de la Améiica nuíridional, pues nin- 
gún tratado S(í aproxima siquiera al año de 
18 in como épo<'a del desalojo de su terri- 
torio por las autoridades españolas. De este 
niod(^ la Kspaña misnia viene* á reconocer- 
nos la iniciativa de (»sa gloria americana. 

VA gobienu) español, talto de datos histó- 

Irt 



-274- 



la uiaiiu I puea ilt; todus los de Eank- 
pu es el t]ue ineiius coik>co boy á la Amé- 
rica ()ue anties fué su pi-opiodad ), ¡«celaba 
aceptar Cí<a ferlia tcmiéndula inexacta por 
precoz. Eii el interés de infundirle »iia coiii- 
pleta coiiHanza en la piobidad con i|Ue Ij-a- 
ta uueiftro ( iobieniu, yo dije á ose respecto 
al de KHpaña, como lo \em V. £. en la nota 
explicativa rjue remito on copia, ipie el Gu- 
Itienio Ai'gentiiiu no sota capaz de eniplrar 
ei-a fecba como medio de eludir el principio 
general aceptado en el cuso improbable que 
alguna (leuda real y vurdadeía so bubicse 
coutraído fMí«tei*¡onnenUj por alguna autori- 
dad «¡apañóla, que por acaso Imbmia quedado 
exi^tieiulo en nuestro territorio después dei 
25 de uiayo de IHIO. 

Como es muy í'ácil probar que talca auto- 
ridades no 4piodaiou on el territorio que for- 
ma lioy la Unpública Argentina, despucade 
1810,11(1 lii\o dificultad eu decir eso en una 
nota que en nuilu altctra el texto del tra- 
t:uiu. 

I'cro cuidé wieuque de prevenir, como lo 
verá V. E. cu la misma nota, que iiocntra- 
1 tan en tjile» deudas las que hubiese contraí- 
ilo vHii uutoi'idad círipañola, quedada por ai-aso 
para resisbii- á la gucí la de nucstia lude- 
pciideuciu. 

Aiiilms (leudas, es decir, la <le tisoieria y 



275 



la procedente de secuestros, deberán ser pa- 
gadas en papd de deuda consolidada^ lo cual 
significa que la Confederación solo estaría 
obligada á pagar los intereses del capital li- 
quidado, limitándose, en cuanto á éste, á un 
reconocimiento sin obligación de reembolso ; 
V si la Confederación deseara no desembolsar 
ni esos intereses mismos, el tratado pone en 
su mano la fa(?ultad de pagar la deuda con 
tierras piiblicas, sin desembolsai* un solo real 
en dinero. 

Pero conviene no olvidar, sobre todo esto, 
<]ue admitiendo las dichas deudas, solo ad- 
mitimos un principio^ dtl cual no se deduce 
precisamente que las deudas existan cw eZ //(> 
dio, pues, al contrario, he declarado repetidüs 
veces al ííobiorno español, que taks deudas 
reconocidas por nosotros expon táneamente 
antes do ahora, han sido ya satisfechas, y 
dejado de existii* por lo tanto. Así, no hay 
reconocimiento de cantidad ni deuda fija por 
nuestra paite; no hay promesa de pagar tal 
ó cual smna. 80I0 hay un reconocimiejdo de 
principios sobre una deuda puramente hipo- 
tética, según todas las probabilidades. 

Nuevas pes(|uisas hechas recientemente en 
Madrid sobre la existencia de expedientes ó 
reclamos cojitra la Confederación Argentina, 
han confirmado la cr( encia anterior de que 



17G 



ta\e^ recia ninciones no PxisU^n, /i. ni cKistrM, 
ilrlicn MiT TTAiisunas é íusignifícautes. 

La EüpañH. L^tipulajido s<ibro este ptutto. 
parecH haber querido no comprometer oii 
miei»ti'o tmtado uu príDcipio de que se pi^t- 
iiieu^ impoi-tantcs aplicai-ioDes prácticas paiit 
otros tratados, que tixlavía lo taita celebiar 
coa ricpúLilicaí^ en que la ^^ueira iiié larga 
y reñida. 

Se ha snprimido, según los deseo? <lel Go- 
hií-rjio argentino, ol ¡irtículo 6" dol tratado 
que ñrinfi piiuieramente, conolativo del de 
la dRuda de tesorería. i]U(' contenía la pro- 
metí de (-rcnr un fondo de ninortízaciou. 

Kti (-llanto al punto relativo á la Hociona- 
iidad de ion hijos de españoles y de argenti- 
iioH niLi;ido8 en los territmlos respectivos do 
las dos part«s contratantes, los d&seos del 
Oobiorno argentino han quedado satistecln* 
pni' la refeivncia que hace el tratado á nues- 
tra ley do ciudadanía de 7 de octubre de 
1857, la cual, concordada con la ley espor 
ñola, formarán la regla decisiva d(- los ca- 
sos (|iie ocurran aohre ese punto do derecho 
iiitei'nacional privado. Salvar y dejar en pié 
Ih» instituciones respectivas de los dos países 
en esa uiatería, era todo lo que podían ha- 
ctíi en un tratado dos gobiernos que no te- 
nían la facultad do derogar ni de imponer 



277 



el uno sus leyes fundamentales en el territo- 
rio del otro. 

Por esta solución que deja á los trabajos 
ulteriores y graduales de la diplomacia el 
cuidado de crear una jurisprudencia, nuestro 
país queda respecto de España como está 
i'espeoto de Inglaterra y Francia en el mismo 
asunto de derecho internacional privado ; y 
estas naciones no podrían invocar en favor 
de sus pretensiones cualesquiera que fueran, 
el texto del tratado, que acabamos do sus- 
cribir con España. 

Sobre este punto mo pennitiró señalar á 
V. E. cuál es la situación y esj)ír¡tu del de- 
recho internacional privado en Europa, se- 
gún los escritores más respetados y los tra- 
tados internacionales que estipulan sobre eso 
punto. 

« En regle genérale, dice Mr. Faílix, l'en- 
« tant tait partie de la nation á laquelle ap- 
» partiont son pere, s'il est nó en Ic^gitime 
« niariage, ou de la nation de sa mere, si 

< colle-ci n'est pas mariée. De meme l*en- 
« fant acquiert, au momont de sa naissanee 
« un domicile dans lesenslégal, et ce domi- 

< cilo est celui de son peie ou de sa men?, 
« d'apres la distinctioii ei-desKUs. C'cst ce 
«í 4|u'i)n appellelo domicile d'origine [rationi 

< oriíjinis. 1^ — Esta misma doctrina se halla 
sostenida por Watel-Rodenbon.ig, Carpzov, 



Voot, BouUenois, Merliu. GlíiV, Meier, Biirge. 
Proiulhon, Toulior. Ese mÍ8iiin principio ha 
sido conaignaflo en tratados concluidos por 
la Prusia con Sajonia-Weiniar (el 2o de ju- 
nio de 1324), con Sajonift-Altenlioiirg { el 18 
de febrero de 1832). con Sajonia Cobourg- 
Gotim (el 23 de diciembi-ode ISííií), con 
Reuss-flauen (el 5 de julio de IS^Íl), cmmi el 
reino de Sajonia (el 14 de octubre de 18;í9 ), 
con Schwarzbourg-Rudolstadt(el 12 deagos- 
to de 1840), con Anhalt-Bernboiirg (el 9 de 
setiembre de 1840), y con el Tíi-nnswicli (e! 
4 dñ diciembre de 1841). 

El frobierno do Fi'ancia, que reconoce y 
practica este niisin<í principio, pi-epara en es- 
te raoraeiito una proposición para cuyo asenti- 
miento se propone invitar A todas la nacio- 
nes civilizadas de la tierra. Solo la Inglaterra 
tiene eii e^te punto una legislaoion excepcio- 
nal, que se asemeja á nuestras Lri/ps de Pm 
tida. 

Yo bien veo que nunstra ley argentina, 
que muy liberal, comparada con otra-s de Sud- 
Aiiiérica, no ha ido tan lejos como la doctrina 
que dejo citada, y por lo uiisnio es que me 
lie limitado á citar la ley eo el tratado como 
una de las reglas que han de gobernar esta 
materia, para no obligar á nuestro Gobier- 
no á salir de la reserva qno él ha creído de- 
lierse imponer en este asunto. 






— 279 — 

Por todo ciiantx) dejo diolio, verá V. E. que 
no me ha abandonado la mas grande cir- 
cunspección en la negociación del tratado do 
9 de julio; y yo no vacilo en asegurará V. E. 
que ratific4Üidolo mi gobierno, como lo ospe- 
TOt ningún interés ni derecho legítimo del 
país sería comprometido, y antes al contra- 
rio son incalculables las ventajas que la san- 
ción do este tratado nos traería para la solu- 
ción do las grandes cuestiones que debate 
nuestro gobierno dentro y fuera del país, en 
el interés de constituir y consolidar la auto- 
ridad de la Nación Argentina. 

Para nuestras relaciones con Itoma, el reco- 
nocimiento de nuestra independencia por Es- 
paña es de un interés vital. La concesión 
que la Santa Sede hizo de las Américas á 
la Corona de España cuibaraza más de lo 
que se cree al gobierno rV)ntilicio, para tra- 
tar de un modo satisfactorio con las repúblicas 
ijue ejercen uua autoridad revolucionaria, y 
desnuda del asentimiento déla mndre patria. 
¿Cómo podría ol)ten(ír concordatos importan- 
tes un Miuistro (pie, en la Corte do Roma, 
no es reconoííido como tal por el Embajador 
de España, acreditado cerca del Santo Padre. 

Como verá V. E. en el artículo 4^\, el tra- 
tado expresa que la España nos trasíiere to- 
llos sus ¡fririlrfjios. Roma no podrá ahora des- 
conoceruos cfl derecho de patronato, bajo el 



-280- 



fmt/BXto de que smmuUi un ¡irinUifio concedi- 
tlo á lodiluy*.^ de Gttpaüa. rumo dicct.-lla. no 
lK:tno» podido Hucctledn» l-ii él, por la obi^ 
de In iXiVolucioD. 

Füi-a lo4 aritiglaii de la deuda con Iiigla- 
teriTi. Fi-aucia y Cei-deña, á iiuit^nes lif-mos 
ofrecido por baw; el ejeiuplo del tratado con 
KKpaña, nos convendría que su sanción pii- 
va»*e á la Inglaterra del derecho de decimos, 
C4ÍUIO hÍKo ahora imkxi. ipie se abstenía de 
hacer un nuevo tratado sobie indeuiiiizjicio- 
nett conforme al de España, poripic sería sa- 
péfÜiio ese trabajo, puos sabia que iwtc uiiftmo 
jiabia 8Ído desechado pov nuestro <tubierno. 

Para fundar imestro derecho sobre la pi-o- 
viiicla de líuenos Aires, y sostcnor con un 
titulii de la mayor aiitx^iridad la cansa de la 
integi'ídud nacional at'<^ntiua ; para t-ontener 
c^m las armas de la legitimidad lo^ avances 
del íilibustíTisnto de toda laza y especie, 
noB conviene altamente aceptar el tratado 
concluido en nombre de la Confederación Ar- 
gentina ol 1) de Julio del pi-esente afio. Do 
todos los tratados qno ha celebrado tia^ita abo- 
I a la República Argentina, es el único oii que 
so hace á nuestro país una concesión reat- 
iiionte importante. En todos los demás, nues- 
tro pais liace todas las concesiones bajo la 
rcciplDcidad de concesiones nominales. 

Cualquiera dificultad nueva (]ue so opusie- 



— 281 — 

He á e8te pacto, dañaría enoriiiemente á nues- 
tra consideración y á nuestios gi*andos inte- 
reses dentro y fuera del país. 

Deteniéndonos en motivillos de interés se- 
cundario y subalterno, daríamos prueba de 
liaber olvidado enteramente el tacto político 
con que nuestros hombres de 1810 suscribían 
los actos más objetables, porque sabían con- 
siderarlos como expedientes ncccsaiios y fá- 
ciles para llegar á un gran fin político. A 
no sor por una táctica semejante, ¿ae hubio- 
i-a firmado jamás ol acta de 26 do mayo de 
1810, en que so juró adhesión eterna á Fer- 
nando VTI? — ^Las capitulaciones con Eho 
y Vigoclet se hubieran firmado de otro modo ? 

Un tratado, lo mismo que una le}-, vale 
siempre menos por las palabras de su texto 
que ])()r su juiisprudencia ó aplicación prác- 
tica. Kl talento, la ciencia de su interpre- 
tación y a|)licaeion son todo. Así se toman 
en la realidad por las grandes naciones; y 
|H»i' (SO es (juo nunca son obstáculo para 
deOinder y sostener cualquier derecho, cual- 
quier interés legítimos de la nación que los 
ha suscrito, por más (juo las palabras del 
tratad<j se presten á veces á objeciones y 
reclamos. 

Si en cuanto á la d(nula. de tesorería, por 
ejenq)lo, la Kspaña tuviese una segunda in- 
tención; si tilla pensase comprender en esa 



-2S2- 



deuda lú« gastos que hiz*> od lii i^]'^''!^ ^*^"- 
tra niiastra ladependencia. las [t^ilaUí-ni* del 
tratado no podrían sür^'ii'le de a;x»yo para 
tal pretensión, poi-qne, en efecto, no se pres- 
tan ú una interpretación en tal »>niÍilo. Elsto 
es todo lo que dt.'l)taiu(H pretender, y lo he- 
nios obteiiidn. Por lo demái*. 8;il>idn ca qm? 
nunca faltan segunda^ miras ¡i nin^nn go- 
bierno. Sí España t-ul>Íeso la de cobriir loa 
gastos de guerra, nosotnis tonHnios la de mi 
pagarfofi. El tratado j>or ítiis' palabras sii-vi' 
mejor á e^ta mira nuestra, qtie A la de Es- 
paña, si en efecto la tupiese. Cuando llega-se 
el caso, "bien cuidado tetidría yode dar ¡i nú 
gobierno la jurisprudencia ú clave del trata- 
do, para recbazac on virtud de él tiído csirgn 
por gastos dt! la guerra de la Jnlependen- 
cia. Laa bases de esa jurisprudencia i-stán 
ya echadas desde ahora en la nota do 14 de 
julio, que he escrito al gobierno il^ Madrid 
sobre ol sentido que por nuestra |)arre te- 
nían las cláusulas del tratado: ñola que el 
gobierno de Madrid ha aceptado y conson- 
tilo sin replicar. En la del gobierno do 
Espafía, ii la que sirve de respuesta In mia, 
vei"á V. E. explicados los uiotivo-* dt^l tra- 
tado tenj.los eu vista por el gobierno de 
Madrid. Estas notas, que remito á V. E. 
on copia, no han tenido poi- objeto alterar 
en lo más mínimo el tratado de 9 do ju- 



— 283 — 

lio, sino explicar sus motivos en el sentido de 
cada una de las partes contratantes, para 
prevenir discusiones y embarazos en su apli- 
cación. 

He firmado el tratado con el caiácter de 
simple Plenipotenciario, porque entendí que 
el gobierno de Madrid no estaría dispuesto 
á recibir un Ministro diplomático de la Con- 
federación sino después que el tratado san- 
cionado y aprobado fijase completamente la 
posición internacional de nuestro país, para 
abiir y sostener relaciones diplomáticas nor- 
males y corrientes con la antigua metró- 
poli. 

Tengo el honor de repetir á V. E. la se- 
guridad de mis respetos con que soy S. S. 



I 



París, 7 de Agosto de 1859. 

A 8. E. el Sr. Dr. D. Luis José de la Peña, Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores de la Confede- 
ración Argentina, 

Señor Ministro : 

PerinítaiiK) V. E. hablarle en dospacho se- 
parado del asunto de mis sueldos 3^ asigna- 
ciones correspondientes á la segunda mitad 
de 1857, que no es asunto de mero interés 
privado. 

He visto los })apeles de la Contaduría que 
V.E. se sirve enviarme, <!on fecha 23 de mayo, 
como doeumetitos para convencerme que he 
cobrado indebidamente y por duplicado di- 
chos sueldos ó asignaciones corresp(Midiontes 
á dicha mitad de 1857. 

Si yo hubiese conocido, antes de ahora, 
esos papeles, lecícn llegados á mi noticia, ya 
estaría achirado ( ste embrollo, que exige un 
remedio pronto en honor de nuestra admi- 
nistración y de sus empleados. 

Esos papeles me autorizan para insistir 
hoy, con doble convicción, en que mis sueldos 
y asignaciones correspondientes <i la segun- 
da mitad de 1857, que cobre por medio de 




-ÍM ca«i de Dickson j O. j fberoo pagados 
m I» k-Eía de 2 de f^wero de I85S, íoerDii 
l«al y ilebúianteste pagado», poniue vo no 
lo* Inbía cobrado ante^, dí á oadie babtan 

Criaré aqní U fiqnidacioa remi&da por 
V- t, para «leuioeCrar por ella mbaia «jae 
la CoDlátluría íalta a ttudúA sos lióbercs. ase- 
vecandf» <]ne >/o A< co^tuío guddos por dupit- 
eaáo. P«rd«''nenie V. E. esta expresión, que es 
la más i«uavu con que se poede responder á 
mi cargo d<- esa naturaleza. 

< Ijíqaidiicion do K>8 haberes qav> ha de- 
vcntgad4i ol Enviado Extiaonliiiario y 
Ministro Plenipotenciario oerea de toe 

gotiiom*» (kí Francia, Inj^lateiTa. Espa- 
ña, Xoi-tc-Auíéricay Roma, Dr. D. Juan 
B. Albeidi, y demás gastos de la Lega- 
ción á »u cargo con arreglo á la ley, 
y según nota del Ministerio de Rela- 
cioiifs Extuiioies, íeeha 11 del coniente. 



Por loH lialjeros que lia deven- 
giido desde el I" de eneio de 
1857 hasta el 31 de diciembre 
iVA inisnio año, á razcu de 
D.IIOO pesos anuales 9.000 

por el Hotjiosiieldo que le corres- 
poncl(5 en el mismo periodo, á 



— 287 — 

FeHOB 

Del íreiito 9000 

razón de 2.250 posos anuales. 2.250 
« Per gastos de oficina y porte de 

correspondencia en todo el año. 400 

Total ll.~66'~) 



RK(MBIÓ Á rrKNTA 

Kn 21 de aluü de 1857, 
4.500 posos cnrrogados 
á I). Carlos M. Laniar- 
ca, como apoderado de 
diclio señor 4.500 \ 

¿1.521) p(»sos girados (»n ¿JO 
de octubre de 1857 con- 
tra D. José do Husclien- 
bil y á favor de dicho 
Kxnio. Señor Knviado. y.52GÍ- 



8 . 020 



y . 024 



• Según s(; demuestra asciendo iú saldo 
tpie resultíi á favor del Dw Juan H. Alberdi, 
IK)r sus su(íldos y gastos do, la Legación a su 
cargo en todo el año do 1857, á la suma de 
fres mil ^srisci<'llt()s veinte // cnatro pesos .^ 

(vOiitatiuría (íenerul, Paraná, Enero 17 do LSoT. (1) 

Firmado: W:\nn) Pondal. 
J^s copia: ./. /\imíeroAH\i'\ii\ Mayor. 
Es ct'ípia : José F. Lope^,{)l\c\ii\ Mayor. 



De nstas partidas de cargo la única vordtf- 
deiB, la única que lio recibido en veidad <?« 
la do 4.r>U0 $ que se entregamn á mi a|>odo- 
rado el nuñor Ijamarca, el 21 du iibríl dt? 
1857, como tulelanto de mi sueldo con'espon- 
dicnte á la pn'mora mitad de ese año G7. 
Fnera de esa suma, no he culirado nt reci- 
bido un nuídio real, corrts]K>ndieiite á ese año 
de 1857, hasta que giré la letra de 2 de fi-^ 
brei'O ptir I9.Mo() pesos li !a «'n-den de los 
señorea Dickson y C". 

Los :í.o20 pesos girados á mi favor conUu . 
líaschental, n¡ yo los hahia cubmilo autis al 
riubierno, ui nie han sido pagados por Bns- 
(rlientnl luisuio. La letra llegó á Kumpa des- 
pués déla salifla de Buscheuta). Asi lo dije 
á V. E. eu mi co tres pendencia de fobrer.i 
de 1858, explicando las partidas de la uueiila 
por la eual ilí mi libi'auza á Ins si-ñnrcs 
Dickson y C". 

V. K. convino en elln, y me dijo por su des- 
paelio de 29 de marzo, que se arreglaría el 
valor de esa letra en l-I pago do hv liliranza 
que giró á favor de los señores Dickson y C". 

Que jio lie cubrado esa letra ni hu iecibido 
su valor, se prueba poi" el docunientti mismo 
originnl, que devuelvo á V. E. roto y cance- 
celado. 

Busciiental ostii en América, y puede de- 
cir á nuestro Oobienio si sus agentes han 



289 



pagado esa letra. No es verdad, pues, como 
dice la Contaduría, que haya yo recibido dos 
. veces esa suma. 

En cuanto al saldo de 3,624 pesos que me 

concede la Liquidación, que dejo copiada, por 

la primera vez llega á mi noticia lo que dice 

la Contaduría en su Informe de 12 de mayOy 

á saber: — ^ que fueron girados el 10 de marino 

de 1858 contra la Dirección de Rentas del Bo- 

sario.T^ 

¿Quién solicitó ese giro? — ¿A quién fué 
entregada esa suma? — ¿En qué manos está 
ese valor hoy día ? — Este misterio importa al 
honor de la Contaduría, y el gobierno debe 
exigir la explicación y sus pruebas. 

Yo no tenía apoderado en marzo de 1858 
en el Plata para cobrar sueldos. El señor 
Lamarca estaba ya en Chile. La libranza 
que yo di á los señores Dickson y C*. solo 
llegó al Plata á fines de marzo de 1858. Si 
la Administración de Rentas del Rosario me 
ha pagado esa suma (girada espontáneamen- 
te y sin requisición mía), debe tener recibo 
de la persona que la haya percibido en mi 
nombre. El gobierno tiene derecho de exi- 
gir la manifestación de ese documento. Las 
simples palabras de la Contaduría no son un 
documento. Ella debe probar con libramien- 

19 



- 290 - 



tos y con recibos, dónde está el dinero de 
qae lleva cuenta. 

Siendo, pues, del todo contrario á la ver- 
dad que 3'0 haya cobrado y percibido los 
3,624 pesos antes (i«b me fueran abonados al 
pagar la libranza que giré á la Orden de los 
señores Dicksou y C'.. esa cantidad ha sido 
justa y debidamente pagada en la dicha li- 
branza de 19,050 pesos. 

No olvide Y. E. que en esa libranza cobré 
mis sueldos y asignaciones por un aiio ente- 
ro, á saber:— desde julio de 1807 hasta ju- 
nio de 1858. Por eso es que cargué por 
sobresueldo de dichos doce meses 2,250 pesos, 
y no 1,125. como me hubiera coirespondido 
en etecto si la segunda mitad de 1857 hu- 
biera estado ya pagada. 

Por la misma razón de no habérseme pa- 
gado la segunda mitad del año 57. fueron 
también bien cobrados y bien pagados en 
la libranza á los señores Dickson y C». los 
400 pesos por gastos de oficina y porte de 
correspondencia. 

Como el Gobierno ha aceptado uUimamen- 
to las partidas 2" y 3" de la cnenta de fe- 
brero de 1858, resulta demostrado á tocarae 
con las palmas de la mano, que en la li- 
branza de 19.050 pesos que giró á favor de 
los señores Dickson y C', no se me ha pa- 



291 



&^do un centavo que no haya sido bien co- 
^itido y debidamente pagado. 

En esta virtud, ruego á V. E. que, después 
ie oir de nuevo á la Contaduría; en vista 
de la letra que devuelvo anulada y de la falta 
completa de libramiento ó de recibo, es de- 
cir, de documento alguno que justifique ha- 
bérseme pagado ni yo cobrado anteriormente 
los 3.624 pesos que se dicen girados en 10 
de marzo de 1858 contra la Administración 
de Rentas del Rosario, se sirva V. E. provocar 
una declaración de que no adeudo al tesoro 
cantidad la menor de lo que se ha dicho pa- 
gado indebidamente, á fin de que esa decla- 
ración sirva á la Contaduría para arreglar 
la contabilidad de mis sueldos. 

No será de más que llame la atención de 
V. E. sobre un hecho que se relaciona con 
todo esto. 

El señor Lamarca salió de Europa en di- 
ciembre de 1856. Llevó mi poder para li- 
quidar mis sueldos y asignaciones hasta fin 
de ese año 1856. 

Así lo hizo en efecto, y por acuerdo del 
Grobiemo de 21 de abril de 1867 se me man- 
dó pagar la suma de 8.141 pesos, á que ascendió 
la liquidación de mis haberes ha&ta el 31 de di- 
ciemhre de 1856, ( son palabras del acuerdo ). 
El mismo 21 de abril de 1857 me dijo V. E. 
lo que sigue: 




.a 




«m «4-Miii'Míii «M» 1 18S7> 

jb 4e £4^, en tas de poner: 

ta fin ét IfíS^. eotüo cis i 

9.141 peM*, •«gnn el mimo 

biomo de 21 de abdl. y 

púea* y doeumoitoa que ^man en eaa 1>- 

qaídacíóiL 

/^Seria e«te error de fecha dd señor La- 
marca ^ artificio qae airra de base al {dan 
de iKMteDer <jae eÁaba va pagado hasta fin 
da 1857? 

Lo cierto e» que llama macho la atención 
ol modo ambiguo y vago de la siguiente de- 
mfjiAracian , contenida e u el iniorine de la 
Coitladuila de 14 de abiil de 1858. que V. E. 
me lia remitido en copia; — Suddas desde julio 
ha»ta diciemhrp. inclusive se han lirado, ¡j por 
roimf/uienia /leheii deducirse íntegros 4.500 pesos. 
Ku oníaji palabiag de la Contaduría, enviadas 
cuuio documento, no se cita el año á. que co- 
ri'oupoiide e»e julio y diciembre uombradí 
do modo que no se sabe si se habla de la 8 



293 



gunda mitad de 1856 ó de la de 1857, y V. E. 
comprende la importancia de esta ambigüe- 
dad, por lo que dejo dicho antes sobre el 
error del señor Lamarca. 

Suplico á V. E. se sirva excusarme y ad- 
mitir los respetos con que tengo el honor de 
saludarle, etc. 



París, 7 de Agosto de 1869. 

A S. E. el Sr. Dr. D. Luis José de la Peña^ 
Ministro de Relaciones Extranjeras de la Con- 
federación Argén tin a . 

Señor Ministro : 

Tengo el honor de acusar recibo oficial- 
mente á V. E. de las comunicaciones de 26 
y 28 de marzo, de 20 y 25 de abril, de 23 
de mayo y de ... de junio. 

He recibido igualmente todos los documen- 
tos que acompañaban á esos despachos. 

No he llenado antes de ahora este deber, 
por causa de mi ausencia de dos meses en 
España y de los trabajos de la misión que 
ine llevó á esa Corte. Salí para Madrid á 
mediados de mayo, y he dejado esa ciudad 
de regreso para Francia el 18 do julio, dos 
dias después de suscribir el tratado de reco- 
nocimiento, cuya negociación había sido ob- 
jeto de mi viaje. El tratado lleva la fecha 
de 9 de julio por una condescendencia que 
el Gobierno español, quiso tener á los deseos 
que le manifesté sobre ese punto. 



— 296- 



Estando yo en España tuvo lugar el cam- 
bio de Ministerio en Inglaten-a. Desde allí 
dirigí una nota al nuevo Ministro Lord John 
Eassell, expresándole nuestra esperanza en 
que el Gobierno de que él formabii parte, 
mantendría la política británica en favor de 
la integridad argentina, que debía su inau- 
guración justamente á Lord Palmei-ston. jefe 
del Gabinete actual. 

Lord Jolin Russell me respondió en loe 
términos de !a nota que remito á V. E. en 
copia. 

El aimisticio y la paz celebrados á media- 
dos de julio entre los Emperadores de Francia 
y Austria tomaron de sorpresa á todo el 
mundo. Pero la paz había llegado á ser tan 
necesaria é inevitable para los beligerantes 
mismos, que no por ser imprevista deja de 
ser sólida y estable, según todas las proba- 
bilidades, 

Sean cuales fueren las dificultades que 
ofrezca la organización de la Italia en una 
Confederación como está acordado, ellas no 
saldrán probablemente del terreno de la di- 
plomacia. En este momento se reúne en 
Zurich una conferencia que debe concluirla 
paz definitiva, cuyos preliminares; sii-^cribie- 
ron los dos Emperadores en. Villafranca. Tres 
son los resultados ostensibles de la guerra 
hasta aqui: 



297 



í.^ La agregación de la Lombardía al Pia- 
monte ; 

2.** La reunión de toda la Italia en una 
Confederación, bajo la presidencia honora- 
ria del Papa; 

3.*^ El convencimiento de que ni Austria 
ni Francia tenían alianzas entre los gran- 
des poderes, para llevar á cabo la lucha em- 
prendida. 

Los comerciantes ingleses interesados en 
asegurar todas las ventajas posibles á su deu- 
dor y á su mercado 'favorito en el Plata, 
que es Buenos Aires, y aprovechando de la 
paz y de la libertad de atención en que ella 
había dejado á los gobiernos de Inglaterra 
y Francia, han peticionado para que el go- 
bierno de S. M. B. autoiice á su Ministro 
residente en Montevideo, para mediar entre 
la Confederación y Buenos Aires, con el fin 
de evitar la guerra en perspectiva. 

Según los periódicos de Londres, el gobier- 
no inglés parece haber accedido á esa pe- 
tición, que ha visto la luz en el Times, y que 
remito á V. E. adjunta, con las apreciacio- 
nes que los periódicos han hecho de ella. 

Con este motivo he dirigido á lord John 
Russell la nota de qne mando copia á V. 
E., fecha 3 de agosto, á fin de ejercer algún 
influjo favoi'able en las instrucciones que este 



-298- 



vapor llevará probablemente al Ministro in- 
glés. 

Xo espero para pasar á lAJndres más que 
despachar este vapor, en que tengo que dar 
cuenta de mí misión á España, recibir en Pa- 
rís la correspondencia que debe traerme el 
del Plata, y ver al Conde Walewski, para 
llamar la atenciou del Gobierno francés ha- 
cia ta necesidad de que la mediación que se 
proponen ejercer estos dos Gobiernos, no com- 
prometa la integridad de nuestro país, por 
el modo como acreditan á sus representantes 
cerca de la autoridad de Buenos Aires, y no 
alejen la paz eu vez de promoverla, alentan- 
do sin pensarlo las pretensiones de la pro- 
vincia de Buenos Aires. 

Yo no necesito observar á V. E., que por 
aceptable que sea la mediación en los tót- 
minos confiílenciales en que hasta aquí la ejer- 
ció Monsieur Christie, no podría convenir á 
la integridad de nuestro país que' ella toma- 
se un carácter oficia! y tan normal, como si 
se ejerciese entre dos Estados soberanos é in- 
dependientes el uno del otro. El simple he- 
cho de aceptarla en estos términos, sin reserva 
ni protesta alguna, equivaldría á consentir 
en la desmembración de la soberanía argen- 
tina por la acción directa de las naciones 
extranjeras. 

De cualquier modo, yo creo que si el agí 



299 



te inglés encargado de tal misión no estu- 
viese prevenido contra la Confederación por 
motivos anteriores, ( como sería de temer un 
poco de su agente establecido é inspirado 
en Montevideo ) , nuestro Gobierno podría sa- 
car partido de esa mediación, propiciándose 
las simpatías y convicciones de los mediado- 
res, con la moderación y espíritu de compla- 
cencia en que nuestro beneméríto Presidente 
ha dado tantas pruebas de capacidad. 

Refiriéndose á la prensa de España, los pe- 
riódicos de París y Londres, han dicho que 
el Portugal preparaba dos buques de gueri'a 
para tomar parte en la lucha contra la Re- 
pública Argentina. Yo no he podido creer 
sino que esto sea una equivocación. 

En cuanto á los encargos que el gobierno 
me hace con relación á la cuestión Lacasse, yo 
no perderé oportunidad de llenarlos, de ma- 
nera que las relaciones entre Francia y nues- 
tro país no sufran lo mas mínimo por ese 
negocio. 

Estando en esta altura la redacción de esta 
nota, acabo de obtener los siguientes datos 
de un carácter casi oficial, pues los debo al 
mismo señor Benedetti, sub-secretario de Es- 
tado del gobierno francés, en el departamento 
de Negocios Extranjeros. La Francia, en efec- 
to, está de acuerdo con la Inglaterra en el paso 
que dan estos dos gobiernos para invitar por 



— 300 — 



BU8 Miniñtroe en el Plata á los gobiernos de 
la Confederación y Buenos Aires, en el sen- 
tidí' de evitai' la guerra, y aJHStar sus dife- 
rencias pacificamente. Este vapor llevará 
instrucciones del gobienio trances á este fin 
para el señor Lefebvre de Becour. y el de In- 
glaterra las envía á su agente en Montevi- 
deo. El modo como las legaciones de Ingla- 
ten-a y Francia estaban acreditadas en Pa- 
raná antes de ahora, continúa lo mismo que 
hasta arjiíi. Ninguna de ellas recibirá carác- 
ter permanente cerca del gobierno de Buenos 
Aires. No se trata de intervención pacífica 
y armada de estos gobiernos en nuestros ne- 
gocios argentinos. Una simple mediación 
amistosa es la que se proponen ejercer cerca 
de las dos autoridades argentinas en conflic- 
to. Se creen impulsadas á dar este paso, por 
loB intereses de su comercio. Los Ministros 
ofrecerán sus consejos y presentarán sus ba- 
ses en sentido de la unión; no con la deter- 
minación de imponerlos, sino para invitará 
811 adopción espontánea y libre á los dos go- 
biernos en litigio. Si la mediación es des- 
echada, no tendrá más resultado esta repulsa 
que afectar la consideración moral de los 
gobiernos mediadores hacia al que haga el 
j'echazo. — Por lo que hace el gobierno de Fran- 
cia, me ha repetido el señor Benedetti, su 
determinación firme es la de no intervenir 



— 301 — 

en nuestras cosas interiores, y mucho menos 
por medios coercitivos. Por mi parte, 5^0 
no ci*eo que la Inglaterra tenga otra mira. 

Si la mediación es tal como me la lia de- 
finido el señor Benedetti, en las palabras que 
anteceden, yo creo que todo este paso es de 
muy poca importancia en sí mismo, y que 
solo es dado por insinuaciones del gobierno 
inglés, que desea complacer en ello de algún 
modo á las personas de influjo que lo han 
solicitado con tanta obstinación. 

Nuestro gobierno podrá enterarse bien de 
lo que estos desean en la gestión que van á 
dar para ver de evitarnos la guerra. Si en 
efecto, los medios que ellos propongan pu- 
diesen llevamos pacíficamente á la unión 
con Buenos Aires, que es lo que nos pro- 
ponemos con la guerra, no veo por qué los 
medios diplomáticos no fuesen preferibles al 
de las armas. En tal caso, nuestro gobier- 
no podría sacar un buen partido de la me- 
diación anglo- francesa, cuidando siempre de 
establecer que la admisión de este medio de- 
licado no afecte en nada al principio de la 
integi'idad política de la República. Nuestro 
mtema federal^ mal entendido, ha de ser la 
puerta por donde se quiera legitimar el de- 
recho de mediación. Para evitarlo, debemos 
precisar bien lo que es nuestra federación. 
No es la federación de Méjico, ni de Centro 



— 302 — 



América, que solo puede servir en la Amé- 
rica española para precipitarla en su diso- 
lución. Es uua federación impropiamenta 
llamada tai, que consisto en la descentrali- 
zación interior de un poder nacional y úni- 
co en lo exterior, como es y ha sido el go- 
bienio argentino, según consta de sus tratados 
con todas las naciones extranjeras, y delaa 
leyes todas del país, inclusa la Constitución 
de Buenos Aires. 

Si las bases de la mediación no fuesen 
conciliables con el interés de nuestra nacio- 
nalidad, yo creo que una repulsa respetuosa 
y llena de conveniencias, y sobre todo bien 
razonada y bien establecida, no nos haría 
perder la amistad ni la consideración de estos 
gobiernos. 

Y si decidido el nuestro por la guerra, su 
acción fuese rápida, eficaz y feliz, sn amis- 
tad quedai'ía mejor asegurada para nosotios 
que si aceptásemos su misma mediación pa- 
cífica. 

Después de escrito lo que precede, he te- 
nido una entrevista con el conde Walewski. 
Me ha dicho que * en la mediación concer* 
« tada con la Inglateira cuentan también con 

• el concurso del Brasil. Es más que media* 
« cion lo que vamos á hacer, me ha dicho. 

• Vamos á ver de organizar, de constituir 

• la unión ó fusión de la Confederación con 



303 



« Buenos Aires, usando de la acción moral que 
€ podamos ejercer legítimamente. Si nuestras 
« bases ó medios son desechados, no sé lo 
« que podría sobrevenir. Tal vez nos viésemos 
« obligados á reconocer á Buenos Aires. » 

De estas palabras, aparece que la media- 
ción colectiva tiene por objeto ejercer una 
presión moral, en el sentido de reinstalar la 
unión é integridad de la República Argenti- 
na. Aunque no sea ésta la mira de los que 
han provocado la mediación, yo creo que 
este es el fin sincero de estos Gobiernos ; y 
como esto justamente, es lo que se propone 
corregir el Gobierno Argentino, por la guerra, 
yo creo que si la guerra no nos hubiese dado 
este resultado, al tiempo que llegue la me- 
diación, ella podría servimos para concluir 
por medio de la diplomacia los triunfos em- 
pezados por las armas. 

En esta nueva peripecia, el rol del Brasil 
vuelve á ser de importancia para nosotros, 
y yo creo que nuestro Gobierno no debe per- 
der medio de propiciarse sus simpatías y su 
confianza, para ganar más completamente las 
de Europa. Un agente diplomático de la 
Confederación en el Brasil, sería de gran 
oportunidad en estos momentos. 

Me permito recomendar á V. E., en el 
interés público á que está consagrada la Le- 
gación de mi cargo, se sirva conseguir que 



— 304 — 

el Ministro de Hacienda acoja fiívorablemen- 
te la libranza que remito, por este vapor, á la 
orden de mi apoderado D. Joaquín FiUol, 
por el valor de mi sueldo y asignaciones 
correspondientes al primer semestre de 1869. 
Aprovecho, Sr. Ministro, de esta oportuni- 
dad, para renovarle mis respetos, con que ten- 
go el honor de saludarle, etc. 



París, 7 de Agosto de 1859. 

A S. E. el Sr. Dr. D. Luis José de la Peña, Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores de la Confedera* 
cian Argentina^ 

Señor Ministro : 

Tengo el honor de informar á V. E. que he 
dado una libranza al señor D. Joaquin Fillol 
por el valor de 6.825 pesos, á que ascienden 
mis sueldos y asignaciones de la ley por los 
seis primeros meses de 1859. 

Tengo asimismo el honor de incluir la cuen- 
ta detallada en que tiene origen esa libranza. 

Aprovecho do esta oportunidad para repe- 
tir á V. E. la seguridad de mis respetos, con 
que soy, etc., etc. 



AI. MISMO SKÑOR MINISTRO 

Señor Ministro : 

Suplico á V. E. se sirva recabar del Mi- 
nisterio de Hacienda la aceptación y pago 
de la presente libranza, que doy á la orden 
del señor D. Joaquin Fillol por la cantidad 



'^■^'^^r^ 



306 



de cinco mil odiocientos veinte y dnco peeag, se- 
gún la nota 3' cuenta que por separado tengo 
el honor de remitir á Y. E. oon esta fecha. 

París, 7 de Agosto de 1859. 

(Son 6^25 pesos.) 

París, 7 de Agosto de 1869. 

Cuenta de los habeies y asignaciones del 
Exmo. señor Dr. D. Juan Bautista Al- 
berdi, Enviado Extraordinario y Minis- 
tro Plenipotenciaido de la Goniedei*a- 
cion Argentina en París y Londres, etc., 
ote, «etc., desde I"" de enero de 1869 has- 
ta el 30 de junio del mismo, á saj^er : 

Poeos 

1" Sueldo de los meses de enero, fe- 
brero, marzo, abril, mayo y 

junio de 1859 4.500 

2" Sobresueldo de diclios seis meses. 1 . 125 
3" Gastos de oficina 5^ porte de la 

correspondencia de id 200 

Total 57825 



^ 



(Ley de 21 de agosto de 1866.) 
Asciende dicha cuenta á la cantidad de 

cínico mil ochocientos veinte y cinco pesos. 

El oficial de la Legación de la Confederación Argentina. 

Gabriel Florentino Valens. 



París, 12 de Agosto de 1859. 

Sr. A, Hcj'j^og Berri, Cónsul de la Confedei'aciofi 
Argentina en Sni^a. (*) 

Respondiondo á la pregunta que se ha 
servido dirigirme por su carta de 25 de ju- 
nio, puedo decirle que, según la legislación 
argentina, en materia hipotecaria, serían va- 
lederas y eficaces las seguridades que se die- 
sen á la sociedad ó Compañía suiza por sus 
capitales aplicados á la creación do un ase- 
rradíM'o y de un molino, en alguna provin- 
cia arg(»ntina, con tal que los contratos en 
que fuesen estipulíulas so inscribiesen en los 
registros hipotecarios de la situación de di- 
chos aserradero v molino. 

Esas seguridndes son de dos clases, á saber: 
los privilegios y his hipotecas, según que los 
objetos gravad(ys son muebles 6 raíces. En 
cuanto íi los privilegios, no hay necesidad de 
estipularlos poi* contrato. 



(O Ap<*3«:ir (le no oiitar dirijiíla i'sti nt^ti ni Ministro de R. E. cómelos 
deniaH, no la eliminafnoH n^spetindo ani^l orijíinal. -(Kditor.) 



— 308 — 

Ellos son dados por la ley á ciertos acree- 
dores, eo cuyo número podría encontrarse la 
Compañía suiza, segtm los téimínos en que 
He estipulase el contrato. 

No puedo citar las leyes argentinas que 
establecen esto, porque no las tengo á mano, 
pero esas leyes no son otras que el mismo 
derecho civil español, que vd. puede consul- 
tar [>or sí mismo. 

Soy de vd. respetuoso y atento servidor. 



^ 



Londres, 8 de Setiembre de 1859. 

A S. E. el Sr. Dr. D. Luis José de la Peña^ Mi- 
nistro de Relaciones Extranjeras de la Confede- 
ración Argentina. 

Señor Ministro: 

A mí llegada á Londres, á mediados del 
mes pasado, tuve una entrevista con S. E. lord 
Joba Russell, en la cual me renovó y confir- 
mó las seguridades de la buena amistad con 
quo nos distingue el gobierno de S. M. B. Creo 
conveniente instruir á V. E., de los térmi- 
nos en quo yo me expresé en esa entrevista, 
quo no pu(lo tener lugar antes por mi au- 
sencia en España. 

Expusí' íi lord John Russell que solo boj" 
tenía el honor de presentarle mis cumpli- 
mientos, poiípie cuando entró en el gabinete, 
me encontraba en España negociando el re- 
conocimiento do nuestra Independencia por 
osa Corto.— «La España, le dije, nos ha he- 
cho, on el tratado que acabo de firmar, una 
justicia que la Inglaterra nos había hecho 



ya mucho lieiui>o ánt«:i, reconociendo nues- 
tra Independencia y nuestra integridad [tolt- 
tica por Siu relatíiones exclui^itaíj con el Go- 
bierno del Paraná. Le uutú «gue untos de 
ahora y moJeroamoutc, todas las lutcioueti del 
mmulo habían SL>guído el ejemplo do la lu- 
glatiMTa, por lo cual tenia ella en nuestras 
simpatías, un rango tan proiiiiiii.*nt<!. A pesar 
do »U!< estnorzos, le tlíje, ano <]üodaba que 
hacer algo on íav-or de nuestra integridad na- 
cional. Yo lo había imiieado ,i lord Cla- 
rendoii eu julio de I8ü7, pi_'ro no tuvo la di- 
cha do nt-r atendido, 6 al menos mí gostlon 
lio tuvo mas rebultado que la^t in^truccioues 
que recib¡(5 ul Sr. Chricítie para mediar cou- 
lideucialmente entre el Gobierno nacional y 
la ¡níjviucia ilisidi.ínto ile líui'uus Airea. Lo 
que faltaba que hacer, dije yo á lord John 
Russeit, es lo que acaba de hacerse uhora 
eu la mediación enviada para ayudarnos á 
restablecer la integridad argentina. Aunque 
la guerra se hubiera podido evitar del todo 
si la mediación, se hubiese entablado más 
antes, olla no dejará de ser útil para ayu- 
dar á terminarla ai 'hubiera da<iü ya princi- 
pio, como era probable. En todo caso. le aíía- 
df, para proponer una solución efifáz de la 
cuestión, era indispensable conocer ii fondo 
en qué consistía y cuál era realmente la mi- 
turaleza de dicha cuestión. 



311 



A este fin le presentó algunas Memorias 
impresas, que acogió con interés, prometión- 
dome instruirse de ellas, como espero que lo 
hará, porque esta cuestión es delicada, y pue- 
de llegar dia en que el Parlamento se ocupe 
de ella, según el giro que tome, como ha su- 
cedido en la época de Rosas. 

Como ya no había medio de prevenir la me- 
diación, y era preciso aceptar el hecho, creí 
conveniente recordar un precedente que nos 
sirviese para traer la mediación al terreno * 
y al sentido de nuestra política nacional, y 
arrebatarle, si era posible, á Buenos Aires, el 
derecho de considerarse iniciador de ella. 

Por lo demás, tengo datos casi oficiales que 
el (fobiorno inglés, tanto como el do Fran- 
cia, tienen repugnancia á intervenir y mez- 
clarse en nuestros negocios argentinos, y que 
su mediación será limitada á simples con- 
sejos do conciliación y de paz. 

El Sr. Christie, que fué Ministro do In- 
glaterra en el Paraná, ha sido nombrado en 
ul mismo carácter para la Corte de itio Ja- 
neir^o, y partirá para su destino en el mes 
([ue vien(í. Las opiniones que me ha expre- 
sado en una conversación, sobre el rol del 
Brasil en los negocios del Plata, como po- 
der intornunliario entre esas Repúblicas y 
las iKKíiones de Europa, me hacen creer más 
y más, en la necesidad de que la Confede- 



— 312- 



racion tenga un agente activo é inteligente 
en la Corte de Rio Janeiro. El Ministro del 
Brasil en París extrañó mucho, cmivei-sando 
áltimamente conmigo, que nuestro (lobierno 
no tuviese hoy un representan t« cerca del 
suyo. El Sr. Chrístie es de opinión t]Uo on 
la actual cuestión con Buenos Aires, el Brasil 
tiene predilección por nosotros. En cnantíi A 
las opiniones del Sr. Christie, respecto ác 
nuestiaa cosas, tengo buenos datos para creor 
que son muy ventajosas, para con el Gobierno 
del í Ten eral Uiquiza. 

A fin de que V. E. esté al corñente de todo 
lo que ha precedido desde que entró lord 
.Tohu Russell en el Ministerio, creo deber man- 
dar A V. E., como lo hago, una c«pia de la 
nota que le dirigí desde Madrid y otra do 
la respuesta de lord John RnssoU á la se- 
gunda nota que le dirigí desde l*arís. 

Por lo que pueda ligai-se con nuestras co- 
sas, creo deber informar á V. E. que la con- 
fianza pública sobre la paz de la Europa no 
es tan (X)rapleta como ahora ptico. Los ne- 
gocios de Italia vuelven á tom^r un canictei 
grave. La. paz de Villafranca permanece en 
estado de preliminar, y la conferencia reu- 
nida en Suiza pai'a concluir el tratado defi- 
tivo de paz está á, panto de disolverse, sin 
haber podido llevar á cabo su mandato. Mien- 
tras los Ministros discutían el tratado que 



313 



debe arreglar los negocios de Italia, la Italia 
por si misma se ha ido más lejos que el tra- 
tado en el uso de su independencia, que ha 
sido el fin de la guerra. La dificultad con- 
siste ahora en saber si los Emperadores beli- 
gerantes se conformarán con lo que han hecho 
los pueblos, ó si serán los pueblos los que ten- 
gan que confoimarse con lo que hicieron los 
Emperadores en Villafranca. Se cree que 
este último partido, que será el más proba- 
ble, sería principio de nuevos y grandes tras- 
tornos. La Inglaterra sería la primera en 
desaprobarlo. Mas que por esta considera- 
ción, por otras que'^le son peculiares, acaba 
de decretar medidas de defensa del reino, 
que han producido ciei-ta alarma en Fran- 
cia. El hecho es que en medio de la alian- 
za, y á pesar de ella, la confianza recíproca 
de las Cortes de Francia y de Inglaterra es 
muy dudosa en este momento. 

(V)mo lo sabrá probablemente V. E, por un 
modo directo, nuestro Ministro en Roma ha 
pordido ya la esperanza de celebrar un con- 
cordato que esté de acuerdo con los princi - 
píos do derecho público que nuestra Consti- 
tución establece. 

El sonor Wheehvright ha recibido de Chile 
informes 5^ planos de algimos ingenieros que 
é\ mandó á los Andes, según los que tiene 
hoy la plena convicción de que es practica- 



-314- 



blo un feírocari'il al través de las coixlille- 
las, por el cual las margene» del Pacifico y 
la» del Plata veugau á quedar á poquísimos 
(i ja» de distancia. El señor Wh(?ehvnght vaá 
solicitar la cooperación de los Oobieruna de 
LiglateiTa.lírasil, Confederación y Chile pai-a 
levantar los planos y practicar los ciítiulios 
deíiuitivos (jue deban precedei" íl la ejecu- 
ción. Después del establecí miento de la li- 
bertad fluvial no puede haber cuestión más 
capaz lie influir eu el porvenir y grandeza 
de la Cüufedeiucion que la obra ilo un ffiTo- 
cariil al través de su territorio, (pie sirva 
para la comunicación direiita entre las i 
cienes do Europa y los países de la Amérii 
occidental, y Uis mismas posesiones europa 
un Asia, y en la Oceania. 

Por lo do más, el obstáculo que estorS^ 
en este momento la formación du la Comp 
nía para el ferrocarril entre el Kosaiio y ( 
doba, es el recelo i^ue Íns|)Íra en este mQÍ 
ca lo la gueira declarada hoy día entre ^ 
Confederación y Buenos Aires. 

La muerte del coronel Dickson dojú i 
representación consular á la Coiifudcracid 
Argentina en este importante uieieado. 
hijo y socio en la casa de comercio, D. Sp^ 
cer, que desempeñó anteH de ahora el car| 
de vicc-cúnsul, ha estado ejeiciundo el ' 
subido por comisión mía desde la mnortaJ 



— 315 — 

su padre. Pero un consulado de tanta 
importancia como este no puede continuar 
on tal estado. Informándome sobre las per- 
sonas que pudieran desempeñarlo con más 
ventaja para la Confederación, me he con- 
vencido que el actual vice-cónsul D, Spon- 
cer Dickson es el llamado á suceder en ese 
jiuesto á su finado padre, cuyos sentimientos 
(le adhesión á la Confederación ha heredado 
completamente, y cuyos servicios pasados ha- 
cen, en cierto modo, acreedor á su hijo de 
nuestia simpatía y respeto. La antigua ca- 
sa de comercio en Londres sigue del mismo 
modo que autos, y í). Spencer está á la ca- 
beza d(5 ella. Yo creo, pues, y me permito 
indicarlo á nuestro gobierno, que sería con- 
veniente enviarlo la patente de Cónsul de 
la (Jonfederaciou Argentina en Londres. 

Ac^abo de saber (|ue en Madrid ha obte- 
nido su Ktrqudtar de (Cónsul general de Bue- 
Híís Aires don Juan Thompson, que ejercía 
las funciímes de agente confidencial. Es me- 
nos el nnigo en que ha sido recibido que el 
de encargado de Negocios solicitado por él 
on vano antes de ahora. Pero debo obser- 
var á nuestro gobierno que Buenos Aires no 
hubiera con.soguido tener un Cónsul general 
^•n Madrid, si el tratado consular que lirm(> 
alioia dos años hubiese tenido la suerte» do 



-316- 



ser aprobado. Son muchas laa cnntrariedji- 
des de este género que aliorrarenioa á nues- 
tro país aprobando cuanto autos ol tratado 
de reconocimiento concluido con España. A 
este propósito me permitirá V. E. notarlo, 
que el principio sobre ciudadanía que esti- 
pulé ahora dos años en el tratado con Es- 
paña y por el cual dejó de ser ratificado, 
acaba de ser sancionado por laa t'úmai'as 
legislativas del Brasil, ganando con ello en 
Europa su gobierno niuchisimas sniipatiaa 3- 
prestigio. 

Este vapor y el pasado han traído de Bue- 
nos Aiies una parte de la correspondencia 
que filé dii'igida de Enropa por conducto de 
esa provincia á la Contederacion Aigentina, 
Ha sido devuelta por el ailminiatiador de 
Correos de Huenos Aires por ordrn do su 
gobierno, porque este (son sus palabras) no 
se cree en la ohligadnn de trasmitir al enemigo 
las comunicaciones que se ledirigen, dc-cnalqtiier 
punto de dovde procedan. El consulado déla 
Confederación en Londres remitió de nuevo 
por la vía de Montevideo las cartas que le 
volvió el vapor pasado, y ahora van por este 
las que ha traído el último. 

El señor Mauneqnin, deseando llenar abun- 
dantemente el compromiso que tiene de ayu- 
dar á nuestro gobierno por sus ñer\ icios de 



— 317 — 

escritor, ha querido desempeñar una corres- 
ponden'^ria mensual de carácter noticioso, que 
empieza á dirigir por este vapor á las ór- 
denes del Ministerio de V. E., para que si la 
encuentra digna, vea la luz pública en el pe- 
riódico oficial, después de servirse el gobier- 
no de sus datos. 

Acabo de recibir la comunicación de nues- 
ti-Q gobierno del 27 de julio, firmada por el 
señor López, oficial ma\^or del Ministerio de 
V. E. Instruido de ella y de los borradores 
que la acompañaban, relativos á la protesta 
de los agentes extranjeros contra la inter- 
dicción establecida por nuestro gobierno res- 
pecto de Buenos Aires, he empezado desde 
luego á dar pasos para remover esa traba. 

He llamado la atención del Íoreign-Ofíice á 
la necesidad de que el gobierno de S. M. B. 
tome alguna disposición por este vapor, á 
fin de que la isla do Martín Garcia no sea 
empleada por Buenos Aires para embarazar 
el tráfico de los ríos en daño de la Confe- 
deración, contraviniendo á los tratados de 
1853. Yo creo que este vapor llevará algu- 
nas instrucciones á este respecto. 

También he llamado la atención de este 
gobierno sobre la necesidad do impedir la 
salida de dos vapores de guerra que se cons- 
truyen en Inglaterra por cuenta de Buenos 



-318- 



Wrm. Como el señor Baudiix, qno me tras- 
mite eate dato, no me da pornienorea, ten- 
dré que biiscailoa aquí positivos, como so 
requiere, para fundar una medida pioliibi- 
ti va. 

He llamado de nuevo la atención de este 
gobierno A un Mv»wránihtm que presenté en 
1857 (de que entt'inces di (cuenta a) nuestro) 
sobro las basea y medios de rtiinsíalar la in- 
tegridad argentina, bajo la mediación do po- 
deres iiniigos, incorporando á Buenos Aires 
en la Confederación, como es regular, y no 
la Confederación en Buenos Aires, aegun pre- 
tenden los de esa provincia. Como ambos 
partidos argentinos estanioa de acuerdo en 
el fin, era necesario el hacer sentirá este go- 
bierno que toda la cuestión reside en Iosjhi;- 
<Uos, y que el único medio nacional y justo 
de llegar al fin (la unión nacional) es el que 
propone la Confederación desde mucho tiem- 
po atrás. 

Acaban de asegui'aime que se está ne-go- 
ciando una contrata privada por ruer.ta de 
Buenos Aires y para llevar á esa provincia co- 
mo soldados, una cantitad de sepnyf, habitan- 
tes somi-salvajes de la India In;¡;lesa. que se 
arrojan sin duda á nuestras regiones para des- 
hacei-sede un mal e!eraeuto. Si este negocio 
tomase un carácter serio, no dejaré 
pasos para estorbarlo. 



— 319 — 

I 

Remito á V. E. un pliego que dirige el 
señor Wheelwright á nuestro gobierno sobre 
el importante negocio del ferrocarril inter- 
oceánico al través de los Andes argentinos. 

Remito también á V. E. otro pliego. 

Me repito, etc. 



Londres, 7 de Octubre de 1859. 

A S. E. el 8r. Dr. I). Litis José de la Peña, 
Ministro de Relaciones Exteriores de la Confe- 
aeración Argentina. 

Señor Ministro: 

En la Gaceta Oficial de Londres ha visto la 
luz el nombramiento que acaba de hacer el 
Gobierno de S. M. B. en la persona del se- 
ñor Thomton de Ministro Plenipotenciario 
y Enviado Extraordinario cerca de la Con- 
federación, sin referencia alguna al Gobierno 
local de Buenos Aires. Este paso importan- 
te es una nueva prueba de la consideración 
con que nos asiste el Gobierno de S. M. B., 
á pesar "de los esfuerzos de nuestros antago- 
nistas para privarnos de ese apoyo. El señor 
Thomton será reemplazado en Montevideo, 
en su carácter de Encargado de Negocios, 
por el agente inglés que residía en Bolivia, 
á cuya Repúbliva no enviará por ahora re- 
presentante el Gobierno británico, según se 
piensa. 

El. señor Christie, irá probablemente por 

21 



-322 — 



vapor á ocupar su puesto de Hinis^io 
lipotenciario en la C¿rte de Rio Janei- 
rjo. Con este motivo he llamado la atención 
del Fortign-Office, no sin algún antecedente, 
sobre el peligro que habría en que el Go- 
bierno S. M. B. uniese su política á la del 
Brasil en los negocios del Plata, con la la- 
titud con que pudiera hacerlo con la Fran- 
cia lí otra Corte de Europa. Me permito in- 
cluir á V. E. una copia de la nota verbal que 
he dejado en el Foreign-Office sobre ese y 
otros puntos de la conferencia que he tenido, 
contraída en gran parte á la condición de 
incorporación por la cual Buenos Aires soli- 
cítala reforma de la Constitución federal. 

En la oficina de nuestro Consulado argen- 
tino en Londres se ha recibido una nota de 
la Legación austríaca en esta Corte, que re- 
mito á V. E. en copia, á fin de que tome en 
consideración las indicaciones que contiene 
sobre la manera de proveer loa consulados 
argentinos en los puertos de Austria. 

El seiáor Peitxot Cónsul de la Confedera- 
ción en Barcelona, me ha pedido recomeu- 
dar á nuestro Gobierno al señor Victor Ray- 
baut como pereona digna de desempeñar el 
Consulado de la Confederación en Niza (Es- 
tados Sardos), y á. D. Alejandro Corsi para, 
un cargo semejante en el puerto de Odesa en 
Rusia. El señor Peitxot me hace estas re- 



323 



comendaciones con ocasión del desarrollo que 
toma nuestro comercio en esas plazas, y de 
lo lítil que fuera que nuestro Gobierno se 
adelantase en instalar representantes consu- 
lares suyos en aquellas. 

Conociendo la discreción del señor Peitxot 
V su adhesión á nuestra causa me atrevo á 
creer que sus indicaciones merecen la aten- 
ción de nuestro Gobierno. 

Me han asegurado que un señor Greenfel, 
que perteneció á la Legación anglo-italiana 
y estuvo en el Plata antes de ahora, irá por 
este vapor desde Inglaterra, á donde había 
venido como agente de Buenos Aires. 

Entre los fines que se asignan á su misión, 
se menciona el de contratar una gran can- 
tidad de sipoyps (semi-bárbaros de la India), 
para llevar á Buenos Aires probablemente 
como soldados ; pero cediendo á consejos ra- 
cionales, parece que ha abandonado la em- 
presa. 

Por cartas de Italia acabo de saber que 
nuestro Ministro en Roma el señor Campillo 
se hallaba 'en Florencia el 2 de Setiembre 
de paso para París y Londres, donde tendre- 
mos una conferencia de interés público. Re- 
comiendo á V. E. la correspondencia suya 
que acompaño para el S. E. el señor Vice- 
presidente. 

El vapor del Plata nos ha traído la noticia 



-324- 



del mal éxito de 1& mediacioc que entabtó 
el Ministro de Xoite-Atuérica entra Buenos 
Aires y la Confederación. Aunque los dos 
prorectos ile bases comparados no permiten 
dudar que la negociación ha fallado por cau- 
sa de Buenos Aii-es, en Inglateria se ha pre* 
tendido sostener lo contrario. 

Del Times no es extraño, porque es el ór- 
gano interesado de Bering y de los acreedon 
de Buenos Aires; pero el Gobierno miau 
parece inclinado á esta opinión, que boU 
puede apoyarse en la talca de conocimieatt 
de nuestras cosas. 

Las bases que ha propuesto Buenos Ait^ 
no son nuevas: son la expresión de su poU 
tica tradicional de cuarenta años, la 
consiste en admitir una nacionalidad argen^ 
tina para tener pretexto de mezclarse en 
ella, y, si es preciso, dominarla ; y en quedar 
separada del Gobierno de la Nación provi- 
aoriamence, hasta que se organice uua auto- 
ridad común que la misma Buenos Airea so 
encai'ga de frustrar indefinidamente. Esto lo 
sabemos nosotros los argentinos; lo saben muy 
poco estos Gobiernos ; pero el público de In- 
glaterra no lo sabe, porque no hemos publica- 
do trabajos que lo instruyan. Hace tres años 
que llamo la atención de nuestro Gobierno 
sobre esta necesidad de nuestra política, qu 
no es de simple vanidad, sino Je una ¡a 



— 325 — 



ncia real y de gi'ave trascendencia, por- 
touc los errores del publico inglés sobre nnes- 

i cuestión traerán al fin iin cambio en la 
•olítica de este Gobierno hacia nosotros. En 
lásta de esto, me voy á permitir hacer al- 
" Un gasto por cuenta de nuestro Gobierno 
Para imprimir una Memoria extensa que aca- 
oo de esciibir, con el objeto de generalizar 
sn Inglaterra 5' en Europa el conocimiento 
Úe nuestra cuestión, y las causas verdaderas 
de la resistencia de Buenos Aires. 

Creo conveniente hablar á V. E. de la si- 
tuación política de la Europa, y sobre todo 
de la situación recíproca de los Gobiernos de 
Inglaterra y Francia que et^tán mediando 
hoy en nuestros negocios. 

La situación de Enropa continúa siempre 
en una especie de crisis con ncacion de la 
cuestión de Italia. A impulsos de ia Fran- 
cia, la Italia comenzó una revolución pacifica 
que ha ido mas allá de los deseos de su pro- 
motor imperial, pero que nadie puede dete- 
ner por la moderación 5' legadidad con que 
ae opera. En el cambio, el Santo Padre mis- 
mo ha peidido una parte de sus Estados. Por 
esta situación no ha podido firmarse hasta 
hoy la paz definitiva entre Austria y Fran- 
cia. Pero parece que loa Emperadores con- 
aeguiíán firmarla excluyendo de ella los aiTO- 
gloB de Italia, que serán probablemente ob- 



— 326- 



feto de UQ Congre*) earopeo. Esto de 
ja Inglateri-a y la Italia, pero do lo 
del inUmo modo los Euiperadoi-es. 

En medio de esta situación, se eatrevé la 
posibilidad de uoa cuestión más grave de 
enancas han ocurríilo hasta ahora, padá pue- 
de afectar al mundo entei-o : y es la de un 
con6icto largo tiempo temido entre la Ingla- 
terra y la Francia. St^ atiíbuye obstinada- 
mente al Emperador de los franceses el 
pensamiento oculto de entablar alguna vez 
esta c-uestion como un dt;ber que le impusie- 
ra el nombre de su dinastía. Después de 
haberse granjeado la amistad de la Rusia y 
del Austiia, separándolas de la intimidad de 
la Inglaterra, hoy parece inducir á la Espa- 
ña en el sentido de un plan que ti<^ue por 
objeto inmediato la ocupación de Marruecos, 
como llave del estrecho de Gibraltar y del 
mar Mediterráneo; pero cuyo objecto ulterior 
parece f^er el de asegurar el éxito do la lu- 
cha temida contra el poder naval de la In- 
glaterra. Para estos planes se hacen apiestos 
militares, quo tienen preocupada la atención 
de la Europa, de tal modo que la misma 
cuestión italiana pudiera llegar á ser olvida- 
da de un dfa para otro. 

Según esto, si la influencia colectiva de 
estas dos naciones fuese hoy un obstáculo 
para quo la Confederación resuelva por lae 



— 327 — 

armas la cuestión de su integridad, no sería 
improbable que la oportunidad se renovase 
masó menos presto. 

Debo prevenir á V. E. que por el vapor que 
^caba de llegar del Plata, con frutos, hasta 
fines de agosto no he recibido comunicación 
ninguna oficial del Paraná, y que solo acci- 
dentalmente por los periódicos de Buenos 
Aires he sabido que el señor Dr. Peña con- 
tinuaba en el Paraguay, y que su puesto 
estaba provisoriamente ocupado por el señor 
Dr. D. Baldomero García 

Permítame V. E. llamar la atención de 
nuestro Gobierno hacia la posición difícil en 
que está la Legación de mi cargo, pues de 
mas de un año de mis sueldos devengados que 
vá ya corrido, no he recibido un medio desde 
mucho tiempo. La necesidad de constituir 
un apoderado en el Paraná, me determinó 
á encargar al Sr. Fillol el cobro de mis suel- 
dos ; pero hace muchos meses que no tengo 
carta de este señor, y ni sé si ha cobrado 
el último semestre de 1858. Como tengo en- 
tera confianza en la puntualidad de este ca- 
ballero, no puedo atribuir su silencio sino ala 
irregularidad de la correspondencia directa 
entre el Rosario y Europa. Por este motivo he 
determinado sustituir en lugar del señor Fillol, 
como mi apoderado para el cobro de mis suel- 
dos, á una persona establecida en Montevi- 



— 328 — 



deo, que será el señor don Mariano !^adi¿^ 
En e^ta virtnd, mego á V. £. de düponor 
lo coüveniente para que el pago de mis li- 
bramientos, comprendido el que fué por d ' 
primer semestre de 1859, se haga á la 6iv 
den del ^tefior Bandriz. 

Tomo esta determinación, porque no se tra- 
ta en esto solamente de mi interés personal, 
gÍDÓ del sen'icio público de la Ck}nfederacion * 
en Europa, donde hoy so agitan cuestiones 
de mucha trascendencia para noeotroe. 

Aprovecho de esta ocasión, para renovar ¿ 
V. E. la seguridad de los respetos con que 
soy su muy obediente servidor. 



Londres, 8 de Noviembre de 1869. 

8. E. d Sr. Dr. D. Luis José de la Peña, Mi- 
nistro de Relaciones Exteriores de laCofifedera- 
don Argentina. 

Señor Ministro : 

Después de despachar mi correspondencia 
^el vapor anterior, recibí con mucho retardo 
Xa de V. E. de 23 de agosto, que con tenia 
Xa reproducción de un despacho de Montevi- 
cíeo del señor Baudriz de 29 de julio que ya 
recibido yo directamente por el vapor 
itepasado, y de lo- cual habló á V. E. en mi 
>iota del 8 de setiembre. Un mes más tarde 
lie recibido cartas del señor Baudí iz, en las 
que no añade ningún dato ni noticia precisa 
sobre la construcción de los vapores para Bue- 
nos Aires, en que hubiera yo podido apo- 
yarme para reclamar una medida prohibitiva 
de parte de este gobierno. A pesar de las 
pesquisas y diligencias que se han hecho por 
nuestro consulado en Londres, para conocer 
el arsenal y constructor encargado de hacer 



— asó- 



los dichos vapores, nada hemos podido obte- 
ner con exactitud, lo cual no eg de extrañar- 
se, pues el temor de la vigilancia del go- 
bierno hace fjue los encargados deesas cons- 
trucciones ilícitaslaspractiquen con todas las 
precauciones y leservas dirigidas á eludir la 
ley. Sin embargo, no ceso de vigilar sobre 
este punto. 

Últimamente autoricé al Consulado gene- 
ral de la Confederación en París para lega- 
lizar la transferencia hecha á los señores Co- 
lombier hermanos, corredores, para los señores 
Barbey y C'., de París de un contrato cele- 
brado con el gobierno argentino por el se- 
ñor Ferreiva, para establecer en nuestros ríos 
algunos vapores de remolque, los cuales, se- 
g^n esos señores, debían partir próximamente 
para el Plata. 

Después de despachar este vapor y de te- 
ner una entrevista con lord John Russell, 
de que hablaré á V. E. al fin de esta nota, 
me propongo ir á París, donde la presencia 
de un agente oficial de Buenos Aires recla- 
ma nuestros incesantes cuidados, para evi- 
tar uu cambio hostil en la opinión de esa 
Corte, tan poderosa é influyente hoy día, ■ 
como de ordinaiio tan impresionable y sai 
ceptible. 

Remito á V. E. una Memoria publicadaii 
Londres en ingles, que trata en un sentid 



331 



muy tavorable, y desenvuelve, á mi ver, con 
la mayor verdad, toda la cuestión de la 
Confederación con Buenos Aires. Sea cual 
fuese la solución que reciba esta voz esa 
cuestión, la Memoria sobredicha ejercerá una 
influencia muy favorable en la opinión del 
público de Inglaterra, dispuesta siempre á 
simpatizar por la causa del orden y de la 
libertad en todas partes. 
' El Sr. Weelwiight con sus pei-severantes 
y acertados trabajos, consigue cada dia ñ* 
jar la atención del mundo comercial, sobre 
la importancia del camino de hierro que debe 
poner en comunicación á los dos océanos por 
intermedio de la Confederación. Desgracia- 
damente el estado de las empresas en Lon- 
dres se resiente, como en el Plata, de la com- 
pleta incertidumbre que prevalece en los asun- 
tos políticos. El señor Weehvright piensa 
ausentarse de Londres por algunos meses. 

Como anuncié á V. E. en mi anterior, la 
situación de Europa se agravó fuertemente 
en el último mes con motivo de la cuestión 
entre España y Marruecos, que con mucho fun- 
damento se considera promovida secretamen- 
te por la Francia, con la mira de adquirir al- 
gún punto estratégico en la boca del Medi- 
ten-áneo, y llevar á cabo el plan de hostili- 
dades contra el poder marítimo de Inglaterra. 
Sin embargo, la justicia que en esta cuestión 



asiste á la España y las declaraciones dadas 
por su gobierno, han calmado los temores de 
un choque inminente entre Inglateira y Fran- 
cia: pero sin que esto impida que la Inglate- 
rra siga armándose á gran prisa, y que la 
Francia prodiga su campaña, ya comenzada 
«obre el impeno de Slamiecos. 

Entre tanto la cuestión de Italia, que no 
ha perdido nada de 8u gmvedad, parece en- 
caminarse á encontrar una solución pacífica 
en las deliberaciones de un Congreso euro- 
peo, para cuya reunión están hoy concGr- 
tando los Gobiernos concurrentes las arduas 
y difíciles bases de deliberación. 

Me detengo en este punto, señor Ministro, 
por la natural influencia que tiene el estado 
de las relaciones entre la Inglaterra y Fran- 
cia sobre los negocios del Rio de la Plata, 
en que están ejerciendo hoy día esas dos na- 
ciones una mediación colectiva. 

Debo participar á V. E. que los bonos de 
Buenos Aires en el mercado de Londres se 
han cotizaíio en estos xUtimos días al alto 
precio de 80 "Z^,, cuj'o crédito, en mucha 
pai te, es resultado de los sacrificios que hace 
el Gobierno de Buenos Aires para tener el 
apoyo de la prensa y de la opinión en In- 
glaterm. 

Por muchas veces he llamado la atenci 
de nuestro Gobierno sobre la necesidad 



333 



los medios de vencer la resistencia de Bue- 
nos Aires en este teiTeno, y me limitaré por 
hoy á confirmar todo lo que acerca de esto 
tengo dicho á nuestro Gobierno incesante- 
mente de dos años á esta parte. 

CoiDo dije á V. E. en mi anterior, en tanto 
que nuestro Gobierno provea alguna cosa 
sobre este punto, he tenido que hacer un 
gasto para la impresión de la Memoria men- 
cionada más arriba. 

En una conferencia que acabo de tener 
con lord John Russell, S. E. me ha repeti- 
do la ñrme determinación de la Inglaterra, 
de acuerdo con Francia v el Brasil, de no 
intervenir ni mezclarse en los negocios inte- 
riores de la Confederación, v de limitarse á 
una simple mediación, para ofrecer sus con- 
sejos de paz. Yo le expresé que nuestro país 
no deseaba otra cosa mejor. El me habló de la 
objeción que Buenos Aires hace de las per- 
sonas del negociado francés y brasileño. Yo 
le dije que ese era un sofisma de antigua tác- 
tica de Buenos Aires, por el cual, cuando 
quería eludir una negociación, eludía al ne- 
gociador. La misma Inglaterra y la Fran- 
cia en otro tiempo habían sido el juguete de 
esa táctica política de Buenos Aires. Ex- 
pliqué por mi parte todo el acierto é impor- 
tancia que tenía la medida de retirar al se- 
ñor Thomton de Montevideo y acreditarle 



-334- 



cerca de la Confederación, por el antagonis- 
mo comercial qne existe y qoe existim entre 
la plaza de Montevideo y las provincias ar> 
gentinas. Le repetí nuestra esperanza de 
que el gobierno de Inglaterra nos conserva- 
ría siempre el apoyo de su consideración y 
su política á el Plata en qne debiamos en 
gran parte la paz de seis años; y él me con- 
testo en témiinoa halagüeños. Lord John 
Russell me dijo que había oido existir pla- 
nes de reelección al señor general Urquiza en 
la presidencia contra el tenor de la Constitu- 
ción ; y yo le di entera seguridad de que esa 
noticia no pasaba de ser un nimor hostil al 
presidente benemérito, y que la Constitución 
sería observada eu sus disposiciones sobre la 
renovación del poder. 

He conseguido al mismo tiempo que lord 
John Riissell se preste á tener una conferen- 
cia con el señor Ministro Jancey, de los 
Estallos Unidos, que se encuentra aquí de 
paso paia Norte-América, como un excelente 
órgano de información sobre el estado de 
nuestras cosas, y como un medio de uni- 
formar la política inglesa con la de Estados 
Unidos en el Plata. Esta conferencia ten- 
di'á lugar inaííaDa, y V. E. fácilmente en- 
treverá desde ahora su importancia y trascen- 
dencia, conociendo la disposición de espíritu 
con que viene el señor Jancey, á quien he 



335 



teuido el placer de oir extensamente las ex- 
presiones de la ma3'or adhesión á la noble 
causa de la Confederación Argentina. 

Al mismo tiempo he puesto en manos de 
S. E. Lord John Riissell y llamado su aten- 
ción sobre la Memoria en inglés que remito 
imprasa á V. E. 

Lord John Russell me preguntó si yo 
creía que habria paz después de la incorpo- 
ración de Buenos Aires, y yo le expresé mi 
creencia de que la paz sería siempre agitada 
y difícil por el legado de la vieja legislación 
de Indias que había preparado el antagonis- 
mo comercial entre los países de la emboca- 
dura del Plata y los países mediterráneos, que 
era el alma de la cuestión que divide á Bue- 
nos Aires con la Confederación. La resisten- 
cia de Buenos Aires, le dije, si se une á la 
Confederación, existirá en el terreno de la 
oposición constitucional, ya que no en el 
campo de batalla ó en el de las revoluciones 
militares. 

Al concluir esta nota he tenido el honor de 
recibir la circular de V. E. fecha 20 de setiem- 
bre, acompañada de los números del Nacio- 
nal Argentino que contienen los documentos 
relativos á la mediación del señor Jancey, 
Ministro de los Estados Unidos. Instruido del 
deseo de nuestro gobierno, que V. E, me tras- 
mite sobre que yo dirija una nota á los go- 



— 336 — 



biernos cerca de los cuales estoy acreditado, 
repitiendo sustancialmente el contenido de la 
circular de V. E. del IGdeaetiembre al cuer- 
po diplomático del Paraná, puede contar V. E. 
con que lo haré así con todo el interés y la 
brevedad que el asunto exige, Ya ese de-wo, 
como verá V. E., estaba servido de antemano 
en algún tanto por la Metnoria impresa en 
inglés que acompaño á V. E. No necesito 
advertir á V. E. que para presentar nuestras 
cuestiones ante los Gabinetes de Europa de 
modo que las comprendan y les interesen, te- 
nemos que hacerlo de una jnanera muy di- 
ferente que cuando hablamos en el seno de 
nuestra nación dirigiéndonos á los partidos 
argentinos. 

Permítame V. E. volver sobre un punto que 
interesa á la existencia de esta Legaciou en 
Europa. 

Por mis sueldos devengados en mas de un 
año (desde julio de 1868 hasta junio de 1859) 
he dado dos libranzas que deben existir en 
manos de D. Joaquiu Fülol. Sé que la pri- 
mera fué aceptada y debió pagarse á princi- 
pios de este año. Pero van cuatro vaporea 
con este, es decir, 4 meses, que no recibo 
carta del señor Fillol, de modo que no sé si 
mis dichas libranzas lian sido pagadas ó uoj 
de donde resulta que la posición de esta J 
gacion es la mas ciítica y difícil. Debioi 



337 



atribuir el silencio del señor Fillol á la irre- 
gularidad de la comunicación directa entre 
Rosario y Europa, he transferido la comi- 
sión que le tenía dada para cobrar mis sueldos 
al señor don Mariano Baudrix, que está en 
Montevideo. En esta virtud, confirmando mi 
anterior comunicación, ruego á V. E. se sirva 
proveer lo conveniente, para que el pago de 
dichas libranzas se haga á la orden de D. Ma- 
riano Baudrix, y no á la del señor Fillol, á 
quien he pedido que endose los documentos 
ó entregue el valor del que haya cobrado á 
la orden de dicho señor Baudrix. 

Tengo el honor de repetirme de V. E. su 
muy obediente servidor. 



París, del 5 al 7 de diciembre de 1859. 



A 5. E. el señor Dr. D. Luis José de h Peña, 
Mí7iistro de Relaciones Exteriores de ¡a Confe- 
deración Argentina, 

Señor Ministro: 

De acuerdo con lo que anuncié á V. E. en 
nii coirespondencia del mes pasado, he veni- 
do á Francia, donde permaneceré hasta que 
filgun deber del servicio me llame á otra 
parte. 

Antes de salir de Londres, tuve el honor 
de presentar al señor Yancey á S. E. Lord 
John Russell, con quien tuve una conver- 
sación detenida sobre los asuntos del Rio de 
Ja Plata, Fácil es apreciar la importancia 
para nosotros de una conferencia semejante, 
conociendo las excelentes disposiciones que 
ha traido el señor Yance}' respecto del go- 
bierno argentino. Este diplomático, con quien 
viajé de Londres á París, debe hallarse lio}' 
navegando para los Estados Unidos. 

Llenando, los deseos del señor Vice Pre- 



- 340 - 



Bidente, que V. E. se sirvió trasmitirme, he 
dirigido una Memoria á los gobiernos de In- 
glaterra, Francia y España, explicando los 
motivos y miras de la Confederación en su 
campaña última abierta sobre Buenos Aires. 
Remito á V. E. una copia de dicho dooumen- 
to. Pienso tener el asentimiento de estos go- 
biernos para publicarlo en el interés de gene- 
ralizar en Europa el conocimiento de nuestra 
imestion, y el derecho con que el gobierno 
del Paraná ha procedido respecto á la pro- 
vincia argentina de Buenos Aires. 

En estos días han debido salir para el 
Plata los vapores de remolque que el capi- 
tán Pereira se comprometió á establecer en 
el Parauá. Los concesionarios de esa etn* 
presa, los nenorea S. Ferreira y C^ estaban 
obligados por el contrato de 28 de marzo del 
corriente año á justificar el precio de costo 
de dichos vapores ante esta Legación, por 
si ocurriese el caso de ser comprados por 
el gobierno argentino. — La víspera de la sa- 
udade los vapores pretendieron dichos señores 
justificar el precio de costo con documentos 
y facturas certificados por ellos mismos. Co- 
mo yo no admití tales pruebas, organizadas 
sin la cooperación de esta Legación, y pedí 
que otros señores justificasen el costo de los 
vapores más ó menos como hubieran podido 
hacerlo tratando con el gobierno francés, en 



341 



lugar de tratar con el de la Confederación, 
dichos señores hallaron preferible no dete- 
nerse en ese requisito, y se han contentado 
con una simple certificación de nuestro Cón- 
sul en Burdeos, que nuestro gobierno debe 
tomar con la mayor reserva, en caso que se 
trate de comprar dichos vapores, porque el 
señor Fauchó, aunque muy leal y muy cir- 
cunspecto, ha dado probablemente ese cer- 
tificado sin tener en vista su transcendencia. 

La paz de la Europa acaba de recibir dos 
seguridades que parecen afianzarla por algún 
tiempo. Los tratados definitivos de paz en- 
tre Francia, Cerdeña y Austria han sido ya 
firmados en Zurich, y un Congreso de las 
grandes potencias de Europa debe reunirse 
en estos días en París para arreglar las difi- 
cultades de Italia que no han tenido cabida 
en los tratados de Zurich. 

Me permito llamar la atención de V. E* 
sobre la parte de estos tratados que se refiere 
á la deuda pública de Lombardía por la 
aplicación que tiene á nuestra cuestión con 
España el principio de derecho internacio- 
nal confirmado nuevamente por dichos tra- 
tados. 

El Piamonte, no obstante haber triunfa- 
do del Austria, y haber agrandado su terri- 
torio con la adquisición de la Lombardía, ha 



— 342 — 

reconocido. |>or lo mUmo, como denda pia- 
moDtesa la que pesaba aobre el país lombar- 
do, agi'egado á sus domínias por los triun< 
fos de Magenta y Solíeiino. 

Lacuescioude España coa el imperio de ifo- 
riTiecos, que se presentó al principio tan alar 
manta para la paz de la Europa, ba pej-dido 
poco á poco ese carácter, y parece limitarse 
ho}' á una guerra local de civilización entre 
naeatra madre patria y sus antiguos enemi- 
gos los bárbaros de África. 

El señor Ministro Campillo, cerca de la 
Corte de Roma y todo el pei-sonal de su 
Legación, se encuentran accidentalmente en 
París, próximos, según creo, á regresar á la 
Corte de su destino para concluir su nego- 
ciación pendiente. 

ElSr. Weelwright partió, como se lo anun- 
cié á V. E., para los Estados Unidos, y re- 
gresará á Inglaterra en el mes de mai-zo 
venidero, época en que él calculaba ver resta- 
blecida la confianza en la plaza de Londres, 
para proceder á formar la compañía qap 
debe ejecutar el feíTocarril entre Rosario y 
Córdoba. 

El telégrafo de Lisboa nos ha participado 
ayer {somos 5) la feliz noticia del triunfo 
de nuestras ai-mas sobre el ejército disidente 
de Buenos Airea, venida por el ultimo va- 
por, que llegará á Southaiupton esta noche 



343 



ó mañana. Lejos de contrariar interés ó 
simpatía alguna de Europa, ese tiiunfo pro- 
ducirá en todo el mundo la satisfacción de 
ver terminada la cuestión del Plata en el 
interés de la integridad de la República Ar- 
gentina por el derecho incuestionable de 
toda la nación. Yo no dudo que los mis- 
mos gobiernos de Europa que han mediado 
en ella se darán los parabienes por un des- 
cenlace semejante, pues lo que ellos desean 
es justamente la unión que han conquistado 
imestras armas, y que será consolidada por 
nuestra política nacional. Permítame V. E. 
congratularme con su persona y con todas 
las que componen nuestro gobierno, por ese 
plausible y brillante acontecimiento, que es- 
pero ver confirmado en la correspondencia 
oficial que recibiré mañana. 

Hasta el momento de cenar esta corres- 
pondencia (hoy 7) no hemos recibido la del 
Plata, pues recien anoche ha llegado el vapor 
á Southampton según aviso telegráfico, y no 
tendremos nuestras cartas hasta mañana. Es- 
to explicará á V. E. por qué no responde- 
mos por este vapor á las que debiéramos de 
haber recibido ya, si el tiempo hubiese sido 
mejor. 

Tengo el honor de repetirme de V. E. su 
mu3' atento y obediente servidor, etc. 



París, 31 de Diciembre de 1869. 

AS. E. el Sr. Ministro interino de Relaciones Ex- 
teriores de la Confederación Argentina, Dr. 
D. Baldomero García. 

Señor Ministro: 

Tengo el honor de remitir á V. E. una 
libranza por la suma de 2,800 pesos á la or- 
den del señor D. Mariano Baudrix, mi apo- 
derado, la cual no es sino una reproducción 
de la que giré con fecha 6 de diciembre de 
1868 á la orden de los señores G. F. Dickson 
y C*M y qwe quedó sin aceptarse. 

Renuevo hoy día ese libramiento en vir- 
tud de las siguientes palabras de V. E. con- 
tenidas en su nota de 23 de mayo de 1859: 
« Respecto á la libranza de 2,800 pesos que 
V. E. mandó por razón del quebranto de sus 
sueldos, y que hoy pide se admita en cuenta 
de anticipo, S. E. el señor Vice- presidente, 
no tiene inconveniente en acceder á este pe- 
dido, V en su consecuencia se dará el co- 




i^eciime <fe T. E. 9«1 



Pmrít, 31 áe DicKmbre de lgd9. 
Beñor Muiútrú: 

Suplico á V. E. se :?¡rva recabar del Minis- 
terio de Hacienda la aceptación y pago de 
la prfcsente libranza, que dov á la óiden del 
ttsñor T>. iíaríano Baudris, 'en reemplazo de 
lo» señores G. F, Di'ckson y C'., á cuyo fa- 
vor se expidió esta misma libiunza en 6 de 
dícioiiibre de 1853 sin haber sido aceptada) 
por la cantidad de 3,800 pesas, según la nota 
que por Hoparado tengo el honor de remitir 
A V. E. en esta fecha. 

fBon 2,800 pesos) 

Firmado: — Jüas B. Aldeedi. 



París, 31 de Diciembre de 1859. 

A S. E, el St\ Ministro interino de Relaciones Ex- 
teriores (le la Confederación Argentina, Dr. D. 
Baldomero Garda. 

Señor ministro : 

Tengo el honor de remitir á V. E. una 
libranza por la cantidad de 5.825 pesos á que 
asciende el valor de mis sueldos y asignacio- 
nes, correspondientes á la segunda mitad del 
año de 1859. 

En 7 de Agosto de este mismo año 1859, 
remití á V. E. otro libramiento, que liice á la 
orden del Sr. Fillol i entonces mi apoderado) 
por igual suma de 5.825 pesos á que ascen- 
día el valor de mis sueldos y asignaciones, co- 
rrespondientes á la primera mitad de 1859. 

Ambas libranzas forman la suma de 11.650 
pesos, cuyo valor coincide perfectamente con 
el de la liquidación de mis sueldos y asigna- 
ciones de todo este año lieclia poi- la Conta- 
duría General el 1 1 de Octubre de este año 
1859, y remitida por V. E. en su despacho 
de 21 del mismo mes. 



No tengo inconveniente en que el pago dé 
dicha suraa, se haga como ha propuesto la 
Contaduría en el inloiine de 1 1 de Octubre, 
que V. E. ha admitido y mandado cumplir 
por decreto de 18 del mismo mes. 

E! dicho informe de la Contaduría dice 
lo que sigue: — •. El infrascripto ci"ée, Esmo. 
Señor, salvo el mejor parecíer de V. E., que 
esta cuestión puede zanjai-se entregando al 
apoderado del Sr. Alberdi el libramiento quR 
se ha encOQtrado en el Ministerio de Y. E., y 
renovando el que se le dio contia el señor 
Buschental, que ha sido devuelto. Agregan- 
do á estos dos libramientos, el que corres- 
ponde por el saldo que arroja su liquidación 
hasta fin de este año. la cuenta del Sr. Al- 
berdi quedará chancelada. > 

Aceptado ese dictamen y mandado cum- 
plir por V. E. en el referido decreto de 18 
de Octubre, ruego á V. E. se sii-va mandar 
que el libramiento de 3,624 pesos encontra- 
do en el Ministerio de V. E. se pague á la 
orden del señor Baudrix; que se renaeveá la 
(Srden del mismo señor el libramiento por 
3,526 pesos que se me envió contra el señor 
Buschental (y que quedó sin pagarse por la 
ausencia de este señor de Europa, y porque 
el señor Ruete, su apoderado, repitió cons- 
tantemente que no tenia, ni orden, ni fondos 
del señor BuscFiental para pagar esa libranza). 



— 349 — 

Estando hoy en América el señor Biischen- 
tal, y no siendo tesorero del Estado, natu- 
ralmente el nuevo libramiento deberá hacer- 
se contra la tesorería general, y así lo solicito 
de la rectitud de V. E. 

También se servirá V. E. mandar que á 
estos dos libramientos, como dice el señor Con- 
tador general, se agregue el que corresponde 
por el saldo de 3,175 pesos que arroja á mi 
favor la liquidación oficial de 1 1 de octubre 
de 1859. 

De esta manera quedará cubierto el haber 
que me corresponde por todo el año de 1859, 
con solo renovar dos de dichos libramientos, 
que estaban ya expedidos por el gobierno ex- 
pon táne amenté, y por cuyo valor yo no habla 
girado antes del presente año. 

Así, mis dos libramientos, de 7 de agosto y 
el que ahora envío, podrán tomarse en con- 
sideración solamente para que en las oficinas 
de Hacienda conste el libramiento hecho por 
mí, para el pago de mi haber correspondiente 
á 1859. — Mis libramientos corresponderán con 
los del gobierno sobre la tesorería, y apare- 
cerán como el motivo determinante de estos. 

Me resta solo advertir á V. E., que sin em- 
bargo de conformarme con la manera propues- 
ta por la Contaduría de pagar mi haber de 
este año, no admito la justicia ó exactitud 
de la cantidad de 8.475 pesos que se reba- 



-360- 



)an del valor liquido de dicho haber: pues^ ■ 
aunque so quiera considerar como anticipo las 
dos libranzas espontáneas del Gobierno con- 
tra el señor Buschental y la aduana del Ko- 
sario, de que arriba se hace mención, esas 
libranzas solo cfimponen la cantidad de 7,150 
pesos, y no la de 8.475, por cuya diferencia 
ine reservo el deieclio de reclamar en oti'O 
tiempo. 

Jle permitiré hacer notar á V. E., que co- 
mo no tengo ni noticia de que se haya pa- 
gado al señor Fiüol la libranza por mis suel- 
dos correspondientes ala segumla mitml de 18o8, 
esta Legación se encuentra a estas horas con 
la falta de año y medio de sus liaberes. Si 
el jefe de la Legación ee encontrare en el 
país de sus recursos propios, ó acreditado cer- 
ca de gobiernos subalternos, esta falta sería 
llevadera ; pero á tres mil leguas de América 
y en las Cortes más costosas del mundo, esta 
falta es un asunto en que va el decoro del 
gobierno y de la nación que yo represento. 

En esta virtud me permito esperar c 
Ministerio de V. E. dará los pasos más ofici 
sea para que el servicio de nuestro país < 
este puesto sea atendido con los recursos ( 
ya son de necesidad urgente. 

Tengo el honor de repetirme de V. E. , 
muy obediente servidor, etc. 



351 — 



{Libran ;^a) 



\ AL MISMO MINISTRO DOCTOR DON BALD OMERO OARCIA 

Paris, 31 (le Diciembre de 1859. 

Señor Ministro : 

Suplico á V. E. se sirva recabar del Mi- 
nisterio de Hacienda la aceptación y pago 
^^ la presente libranza, que doy á la orden 
^©1 señor D. Mariano Baudriz, por la canti- 
dad de 5,825 pesos, según la nota que por 
^^parado tengo el honor de remitir á V. E. 
^n esta fecha. 

Firmado : — Juan B. Alberdi. 
(Sea 6,826 pesos) 



I 



AÑO 1860 



París, 6 de Eneró de 1860. 

-^ ^u Krcdcncia el Sr, Ministro de Relaciones Ex- 
i feriares de la Confederación Argentina^ Doctor 
f}, ÍAiis José de la Peña. 

Svñov Ministro: 

íSolo después que salió de aquí el vapor 
i^l 7 lie diciembre, tuve el honor de recibir 
1^ comunicaciones de V. E. de 21 de otubre, 
w«ra^iaH [)or el vapor pasado. 

Vijv los impresos que venían con ellas tuve 
ol placer de recibir la noticia del triunfo ob- 
U'nido [)or la escuadra nacional en Martin 
irarcui, y por muchas comunicaciones parti- 
«•ularcs la del triunfo completo del ejército 
argentino en hts campos de Ce2)eda. Estas 
victorias, s(íñor Ministro, han tenido en Eu- 
ropa las simpatías do todos los homlu'es im- 
parciakís que di sean á la cuestión argentina 
una solución (avoiablc á la integridad y re- 
pos(í iU'. mi(\sti() j)aís. Hablando sobre ello 
con el señor (.'onde Walewski, Uyos de mos- 
Irarsc int^^resado por la causa de Buenos Ai- 



^fí^ 



re", me dijo que si nitcstras vii-tnriaA iletiñm 
¡.oner fio á la gacrra v n la díviidon tlol país, 
ellas merecían la bienvenida. Ya alioni tíos 
años, ctiando previne á esto personaje qae 
podría Ik'gai'el caso deque tomii^emoa á Bae- 
nos Aires por lus armas, haciendo inútiles loa 
actos de estos gobiernus, dirigidos á fomen- 
tar la independencia de esa provincia, el ae- 
ñor Conde me contestó : tanü) ntejor. Segim 
(fflto, yo no dudo que el gobierno de Fi-ancia 
aceptó cou plac<?r el h'ícho de la reiucopara- 
cion de Buenos Aires «n la Confederación, 
auarivie se haya operado sin el anxilio de la 
mediación de estos poderes. 

En cuanto á la Inglaterra, su gobierno no 
podrá dejar de ver con satistaccion nn resul- 
tado que viene á coiifiruiar el acierto de sn 
|)olítica previsora y leal en íiivnr de la integri- 
4lad de la Repúljlica Argentina. 

En la recepción dada al cuerpo diplomá- 
tico por el Emperador Na|íoleon con ocasión 
del primero del año. el Emperador se sirvió 
preguntarme si todavía estaba conmovida 
nuestra Ropúblit-a por lagueiraeivíl. Yo le 
anuncié que felizmente nos hallábamos á un 
pasudo verla terminada, en el interés gene- 
ral do la nación. Al dia siguiente, 2 de 
enero, ha llegado el parte telegráfico do Lis- 
boa, que nos anuncia la celebiacion de la 
paz entre líuenos Aires y la Confederación 



357 



por la uiediacion del Paraguay, y la reincor- 
poración consiguiente de aquella provincia 
en el seño de la Nación Argentina. Los ami- 
gos de América y del principio de su inter- 
vención en los negocios interiores de otro 
país se han alegrado de ver conseguido ese re- 
sultado, por la mediación de un pequeño esta- 
do americano como el Paraguay, y no de las 
grandes naciones que habían ido á ofrecoi* 
su mediación, invitadas por la política di- 
solvente y anarquista que ha dejado de exis- 
tir en Buenos Aires. En Europa mismo, no 
dejará de conocerse 5^ apreciarse el mérito 
de nuestra política, que ha tenido el tacto 
de hacer servir una media(*ion en lugar dr 
otra. 

Somos felices de que al mismo tiempo que 
la [laz se restablece en imestro país, la paz de 
Europa parece alirmarse gradualmente con 
la buena inteligencia de los Gobiernos de In- 
glaterra y de Francia. El Emperador Napo- 
león, conformándose con las ideas inglesas 
sobre la cuestión de Italia, quiso preparar la 
opinión del Congreso europeo convocado pa- 
la resolverla, haciendo aparecer un j)anfioto 
titulado El Papa y el Congreso, i\\\e ha tenido 
toda la importancia de un acontecimiento. 
Por este motivo remito íi V. E. un ejemplar 
de ese escrito, íjue es considerado como el 
programa de la política de Napoleón en los 



■ 3B8- 



negocios de Italia, y con especiaüdad de 
Roma. Esos negocios, como V. E. sabe, in- 
tarosan á toJas las naciones del mundo ca- 
tólico, paes 36 trata de reducir y deieoigani- 
zar el poder temporal del Papa en tórminos 
que influirán poderosamente en las relaciones 
de la Santa Ssde con ios Gobiernos de loe 
Estados católicos. Toda la Europa liberal se 
adhiere visiblemente á las miras do esa re- 
forma, más bien saludable que hostil para loe 
intereses de la Iglesia universal. 

La aparición de ese opúsculo ha retarda- 
do la reunión del Congreso europeo (¡ue debió 
abiirss un 'todo el mes de enero, y aún oh 
general y válida la voz de que el Uongreao 
podrá no llegar á reunirse. Ño por esto las 
esperanzas de la paz se debilitan. Lo que 
puede asegurarse es, que, con Congreso ó sin 
él, ol cambio de la Italia en el sfiíitido do 
su libertad é independencia es ya un hecho 
irrevocable. 

El clero de Piancia ha querido levantar 
voces alarmantes contra la política del EufrJ 
perador Napoleón referente á Roma; pcn 
el Gobitrnn ha sabido calmarlo prontamenl 
con demostraciones tan discretas como firrr 

El señor Campillo-, nuestro Ministro pjfl 
liorna, accidentalmente en París, partii-ál 
estos dias para la Corte de su destino, ánfll 
de volver á América, — Se anuncia quo'í 



359 



Cardenal Antonelli, nombrado para repre- 
sentar á Roma en el Congreso de la Europa, 
se trasladara muy en breve á París ; por lo 
cual es de temer que, durante su ausencia, 
el Ministerio de su cargo, en manos de un sus- 
tituto, esté limitado á simples expedientes. 

Confonne á las órdenes de V. E., he man- 
dado cesar las suscripciones de nuestro Go- 
bierno A los periódicos La América, d(5 Ma- 
drid, y La Revue dos Races latines^ de París. 

En cuanto á la cuestión de mis sueldos, 
hablo á V. E. en nota separada ; y como este 
punto interesa á la poííticía exterior do la 
Confederación de que V. E. es el jefe, creo 
de mi deber comunicarle que esta Legación 
se halla en riesgo do vorse paralizada, si por 
dos ó tres meses mtis continúa privada como 
está de sus sueldos y asignaciones de año y 
medio ya devengados, pues aunque hayan 
itX€tá\'A,áo libramientos sobro ellos, los pagos (que 
3'0 sepa) no han tenido lugar, y esto es el 
punto de la dificultad. — Espero que V. E., 
dándose cuenta del alcance do esto hecho, 
sabrá tomar una medida eficaz para preve- 
nir un extremo, que daría en Europa una 
penosa idea d(» la Confederación, ó á lo me- 
nos de sus recursos. 

En la hoja impresa que acompaño, encon- 
trará \^ Fi. un dccrot) del Kmperad(»r Na- 



— 360 — 



poleon, por ei cual lia dejailo do ser su Mi- 
nistro de Rolaciones Exterioras el Conde 
Walewski, sucediéndolu el señor de Thouve- 
nel. La misma lioja contii;ne datoa dignos 
de atención sobro e! estado en que quedan 
los asuntos de Europa en el último instante. 

AI íirniar esta nota acabo de tenor el pla- 
cer de recibir las conuniicaciones de V. E. 
de 14 y 18 de noviembre, que confirman 
felizmente las noticias ele la paz definitiva 
que teníamos ya por el telégrafo de Lisboa. 
AI mismo tienqio veo con placer ocupada 
ese Ministerio por la persona de V. E., cuya 
noticia nos viene después que algunas piezas 
y documentos que van por este vajíor se ha- 
bían firmado ya con dirección al señor Mi- 
nistro provisorio, Dr. D. Baldomero García. 

En vista de las razónos y excusas (]ue me 
dirige el Sr. Fillol por este vapor para no con- 
tinuar con mi poder, confirmo cuanto ten- 
go (Ucbo ú V. E. antes do ahora, á íin-d© 
que los pagos de mis libramientos ya girados 
se hagan á la lirden del Sr. Bauílrix y no á 
la del Sr. Fillol. Por carta de este seííor 
que recibo en osUj vapor, acabo do saber re- 
cien que hizo efectivo el cobro de mis ha- 
beres correspondientes á la si-gniida mitad de 
1858, pero talus haberes no los he recibido 
hasta ahora; de modo que el jefe do esta Le- 



361 



gacion, continúa privado de si)s sueldos de 
año y medio ya devengados. 

Tengo el honor de repetirme de V. E. su 
muy respetuoso servidor. 



Paria, 7 tic l'Vbre 



. <ic IKiH). 



A 8. E. el Sr. Ministn) de RelacinnPi: E.HeriorfS 
tiela Confederaritm Argentina, Dr. D. Luis Jn- 
ííé de la Fem. 



Señor Minintio : 

fEn el moa pfwado,on qwo rpcibiinas lii iio- 
l^m dol convenio virfcnrioso do H de no- 
tembro, apénaa tuve tiempo d« aciiHarn-oilio 
scniminicacioneseoncGrnientofl iloae pac- 
*A medida iino sus condi<íion«s han sido 

nocidas en Europa, la impresión general lia 
jlo mus favorahlo á él, como lo acredita la 

iensa de todos los coloros y paises. Elgo- 
temo argentiiioao lia levantado ánnagran- 

t alfcnra en la opinión de oHtos países pnrd 

ultado de sn i'iltiina campaña y sn maneiii 

I concluirla. 

gobiernos do Lóndios y l*arís, onaloH- 

liera quesean Ihs intenciones que hc hayan 
tribuido !Í su últinia mediación, han vinto 

I satisfacción restablecida la integridad de 
frRepiiblica Argentina en torno de sn go 

ferno nacional establecido en Paianá. No 



creo (]ae «e pueda decir otro tanto dol grobienao ' 
del BraRÜ, hí hemos de estar á las nianifeíita- 
clones de aun órganos en Europa; pues el 
Journal des Défmts de París, papel que recibe 
inspiraciones del Brasil, lia heclio entender 
que el eptado de nuestras relaciones cc^u el 
gobierno de ese Imperio era cxceaivanioute 
alarmante. 

Uno de ios bueuos efectos del triunfo de la 
Confederación sobre la política separatista de 
Buenos Aires, es el alza de los bonos de esa 
provincia en el morcatio de Landres; lo cual 
lia venido á probar al tín que la Confedera- 
ción con la lealtad de su política nacioual 
era la que des<le ati'ás estal>a siendo causa- 
del alza de diclioa bonos, no ta conducta ddl 
gobierno local de Buenos Aires, como lo pre- 
tendían sus órganos. En Inglaterra sg ci-eía 
siempre que la Confederación liaría suya ui 
Hu esa deuda. £1 gobierno de Buenos Aii'ie < 
comunicó al señor Balcarce el convenio de 
unión celebrado en noviembre, anuuciándoi© 
la prójima incorporación do Buenos Aii-ee en 
la Confederación, según las palabras testuti- 
les con (|U6 el señoi' Balcarce misuto me ba 
dado esta noticia. El luievo (¡obierno do 
Buenos Aires le prevenía á unes de novienibi-e 
que el próximo va|)oi' de diciembre le ti'iie- 
ría las órdenes de lo que habría de liacer ■ 
en virtud de la nueva situación. El hecho 



— 365 — 

es que hasta este momento el señor Balear- 
ce conserva en la puerta de sn casa una gran 
tabla con el letiero: — Legación de Buenos Aires, 
lo cual no parece estar de acuerdo con el 
artículo G**. del convenio de 11 de noviembre. 
Según me ha dicho el señor Balcarce, él se 
ha dirigido al gobierno de Francia para darle 
á conocer los nuevos compromisos y la nue- 
va posición qué Buenos Aires ha tomado por 
ese pacto. 

Si me es permitido dar un parecer á esto 
i'especto, j^) creo que nuostio gobierno no 
debe perder un momento en tomar posesión 
complet>a y entrar en ejercicio [iIímio de la 
política exterior argentina, que le defiero ese 
artículo del convenio. A ese fin, sin esperíir 
áque Buenos Aires retire sus agentes y sus 
cónsules, el gobieino nacional de la Confe- 
deración debería tomar la iniciativa y reti- 
i^r los agentes de carácter político y confiden- 
cial que estiín de más, y su[)rimir ó confirmar, 
f^gunla necesidad, los de carácter consular. 
De todas pnites los cónsules de la Confe- 
deración in(í escí il)(»n señalándome la necesi- 
dad de una medida que ])onga fin á la exis- 
tencia anómala de dos (*onsulados de un 
mismo país argentino (^n casi todos los mei- 
cados de Europa. Sin una medida seme- 
jante, tomada franca y (enérgicamente hoy 
que el momento es feliz, la política separa- 



-S66- 



tista <(e BuenoH Aires irá conservando inscn- 
BibleiiieiiU; use a[Hiyo oficial ou ios países 
estmujtíros ; y iiucstiu absteution serii. Uima- 
da como santtiüu tácita do los nonihiam len- 
tos que hizo Bui-'noH Aires por la oina de 
una revolución. 

Por noticias de Roma sé que el señor 
Campillo, nuestro Ministro en esa Corte, lle- 
gó alli el 21 lio enero. Sus miras eran de 
triisliuljirsij enseguida á la Confoderacion. Es 
dudoso quo en el corto intervalo d© su pür- 
manencia consiga nogoeiar un Concordato, 
si 86 atiende aubre todo al estado gravísimo 
en (]Uo so encuentra Itouu». La gravedad 
do su situación reside In.y en el estado en 
que se iian colocado las relaciones lifl Saiito 
Padre con t4 Emperador de los franceses, 
llemiti.) il V. E. el discni'so tpie ha píxinun- 
ciado ti Santt.> Padre el 1." de enero oon 
referencia á la política del Empeiudor, for- 
nndadacn el panHeto— Ki Papa >/ el Congreso. 
R^tmito tamliion á V. E, una caita del Em- 
perador al Santo Padre, en que lia asumido 
bajo su nombre la responsabilidad de esa 
política. El Sanio Padre ba respondido á 
esa especie de nllimáhim cun la enciclica in- 
cendiaria quo acompaño también á V. E. 
El periódico Unirurs órgano de la política 
tdh'amontana en Pai ís, ba siiKi suprimido 



367 - 



r ni! decreto del Emperador en el interne 
i \a paz púbücd. 

El Congreso du la Europa, rpiu dobia reu- 
I en Paria para arreglar la cuestión do 
laiia, uo tendrá ya lugar probableiuente. La 
"Inglaterra y la Érancía, lian iu-ordado á ese 
i'csjjeutu una pulitica pur la cual serán ollas 
Has lys que vengan á ai reglar la auerte de 
Italia, oon solo respetar y liacor respetar el 
I>rincipÍo de la man completa uo interven- 
don de podei- alguno extranjero en los mo- 
j^mientuR de Italia para constituir su propia 
l|g:fini:úacion. 

iJmporta que yo instruya lí V. E. de la 

■■cnnstancia quo h¡\ preparado este feliz 

jOtírdu ontrt) la Jiiglaterra y Francia. Al 

no tiempo (|ue el Kuipt-railor su hacía el 

npeou tic la cauria liberal, on los negocios 

[ Italia y de Koma, dentro de la misma 

sucia daba una especie de goli)Q de Esta- 

í contra el sÍHtemu prohibitivo y proteccio- 

. en mateiia de economía, proclamando 

lefornia espléndida, poj' medio de la carta 

ho romito á \'. E., cuyo tlocuuiento ha te- 

^o en toda Europa la importancia de acon- 

Ipimieuto. Con respecto á Inglaterra, esos 

I hechos la lian constituido iiniicdiatanien- 

|,la aliada virtual de la Francia mejor que 

I hubiera conseguido la luiís hábil lÜplo- 



-36S- 



Para hacer ¡n-evocable y fcirzosíi en Fran- 
cia la libertad comercial pr.,clatnacia. el Em- 
perador la ha consignado en un tratado do 
comercio rjue acaba de iirmar con Inglaterra. 
Pai-a nofloto-os es halagüeño pensar que toda 
esta política, tiin parecida á la que ha se- 
guido en gi'ande la Confederación Argenti- 
na desde la caída de Rosas, es una especie 
de sanción y confirmación piúctica dada pov 
la Europa culta, al acierto de nuestro país. 

No estai-á de más que yo diga á V. E. una 
palabra sobre la suerte que ha tenido un con- 
cordato firmado ahora poco por el señor Ríos 
Rosas, Ministro de España en Roma, con el 
Gobierno do esa Cóile. Todo el inundo sen- 
sato era opuesto jí la idea de hacer un tra- 
tado con un poder que está en vísperas do 
sufrir un cambio profundo y radical. El Mi- 
nistro español, cediendo, sin embargo, á la 
presión de consejos fanáticos, dados confiden- 
cialmente por la Reina, á quien impulsan á 
ello algunos monges, celebró un concordato, 
haciendo á Roma concesiones que la España 
no quiere hoy admitir, por haberse hecho de 
tm modo intempestivo y pernicioso al inte- 
rés nacional de España, colocando al nego- 
ciailor en la posición más crítica. 

El señor Wlieelwríght, empresario de nues- 
tro ferro-carril entre Rosario y Córdoba, me 
ha escrití) desde los Estados-Únicos, de don- 



— 369 — 

<1b pasai-á en aste mes á Chile, para encon- 
trai-se de regreso en Londres on el mes de 
inayo. Si para entonces la crisis electo- 
ral de nuestro país ha pasado felizmente, el 
señor Wheelwright no tendrá obstáculo para 
formar la compañía y levantar el capital, 
pues el mercado de Londres á eso respecto 
se encuentra en el estado más favorable des- 
de que han desaparecido los temores de un 
desacuerdo entre Inglaterra y Francia, y que 
la paz de la Europa so presenta bien ase- 
gurada. Todo esto nos permite esperar que 
la nueva Presidencia de la Confederación Ar- 
gentina va á tener la felicidad de poder rea- 
lizar los más grandes servicios al país, si, 
como es de creer, sabe aprovechar de la paz 
de la Europa para sacar de esta fuente los 
ricos elementos de progreso que necesitia nues- 
tro país. 

El señor Hugo Wilson, residente en Ingla 
térra, me mandó después de la llegada del 
vapor anterior, una nota de V. E., datada 
seis meses antes, es decir, el 26 de julio de 
1859, on la cual me participa V. E. el nom- 
bramiento de dicho señor en calidad de Cónsul 
(¡eneral de la Confederación Argentina en lAÍndres. 
Con esa nota me envió también la comisión ó 
patente consular. Piesentada por mí al go- 
bierno de Inglaterra, acabo de conseguir el 

24 



370- 



Exequátur ilt- S. M .la KeÍDa. y roy á iiianitar- 

la <?ii seguida al señor Wilsou. La Ottcebt Oficial 
ih hindn-g (iol 3 del coiTieiit*" tta 1ier.hu meit- 
fion de la concí^siou de estf Exfquáinr. 

Aliora debo iiifoiniar ;i V. E. de lo «)uo 
ucuiTe act'ica de estíi promoción. El soñor 
Wilflon, buen sujeto, sofíim cieo. que fué Cón- 
sul de Jiiglateim en el Perú un tii-mpo en 
que gobeini^ allí ol general Santa Cruz, suli- 
sintia de n\\ sueldo, como «ueede con todos 
ios cónsules ingleses. El señor Wilsnn, lioy 
día on Inglatcna como simple partietilar, no 
tiene casa de comercio, como no la tiene tam- 
poco en la República Al gentiua, no tiene ri- 
sidencia on Londres, vive cercadeLiveipool. 
como me lo ha escrito íl mismo. No debe 
HOr muy conocido en Londres, pues cuandi> 
se lia tratado do darle el Excqui'ünr. del mismo 
Fon-ii/H -O/fice, han ido á pedir informes sobre 
él á la ca-ia lie Dickson, en qno antes estuvo 
niierttio consulailo general. K\ señor VVilson 
tiene un reclamo antn el gohieiiio briti'inico 
(íOn res|)eeto al ['en'i, por el cual no selialla 
en los meJoriH términos con la autoridad deí 
pais en fjue va á. ejercer su consulado. Yo 
iiubiora dado con tiempo estos infoimesánueH- 
tto gobierno, si en mi calidad de Mini.sti'O do 
la Confederación en L(')ndn'S Imbieso tenido 
e! honor de sor invitado previamente para 
darlos. 



— 371 — 

Entretanto, si como es de creer, por lo que 
dice el mismo señor Wilson, su instalación 
en Londres con su larga familia dependerá en 
mucha partí? do los emolumentos que le pro- 
duzca el Consulado general, será preciso es- 
perará (]uo so realice dcíinitivamcn te la fusión 
comercial y ccuisular de Iíuííuos Aires con 
la Confederación, pues el tráfico actual on su 
mayor parto es c(mi Buenos Aires. En el in- 
termedio (que puedo ser más ó menos lar- 
go) la Confederación quedará expuostíi posi- 
IJoüjiíntfi á carecer de un servicio eficilz v 
npoituno de paife de su Consulado general en 
LíHulies. 

Para responder á esta necesidad, lié aquí 
lo qu(í lií» creído deber hacer, consultando 
al mismo tiemjH) iú decoro de nuestro go- 
bierno. ll(i dejado que el señor Spcncer 
Dickson si;^a pr(\stando, como hasta aquí, sus 
servicios consulares en calidad de Vice-cón- 
.sul, á fin d(í que el interés del comercio no 
padezca, en nin«íun caso, hasta que yo so- 
meta á V^. E. los inconvenientes dolorosos 
• jUe presenta la espfície de destitución hecha 
al señor Dickson, con motivo del nombra- 
miento que se me anuncia del señor lírasth 
para Cónsid do la C!onfederacion en Londres. 
('omo tcun|)oc() ha llej^^ado á mi poder la pa- 
tento del señor Brasth, nada se opone á la 
adop(*ion de estií expediente. Nadie en Lón- 



■ fí72 



di"es cxplirai-á esta siistitncíon dp pei^shnw 
sino en mongiia dol señor Dickson, ijtie era 
el llamado por sus aiiUfnf-deufces á ser nues- 
tro Cónsul en Londres. Todo el mundo sabe 
qae tanto éi como sn pailrc so resistieron 
noblemente á siiHcriijir las [leticionCB sus- 
citadas por el doctor Alsina. para qne el giv 
hierno inglés recibiese nn Ministro de Bne- 
nos Aii-es. Todo et mundo sí\be la parUíque 
ha tenido í-sa noble rondoetíi en la dejara- 
ciatla tañerte del señor Dickíion. nuestro an- 
tiguo Cónsul general. La casa de Dickson. 
que figura como una de las primeras que 
plantearon el comercio biitiiiiico en el Pla- 
ta, y que dio á conocer el comercio argen- 
tino en Inglaterra, es hasta hoy una casa 
respetalíle y llena de conexiones en América, 
mienti-as que el señor Bras^fli ensaya recien 
algunos negocios con el Río de la Plata, y 
muy principalmente con el mercada extran- 
jero de Montevideo. Yo no dudo, pues, que 
cuando nuestro gobierno se haga cargo de 
estas cosas, que no se ven d&sde la distaai- 
cia, sabiíl encontrar nii expedienta que, sin 
lastimar al señor Brasth, libre al señor Dick- 
son del desnorabre que no merece, de una es- 
pecie de destitución, y á nuestro país del 
cargo de ingratitud que le haría la opin ión 
del comercio en Londres. 

Desde la llegada del último vapor pi| 



— 373 — 

ne ya al señor Manuequin que su corres- 
pendencia oficiosa y desinteresada, que había 
OQipezado á mandar al Gobierno para la 
prensa, no había sido aceptada. 

Yo desearía que V. E. se sirviese decirme 
de una manera muy positiva si la subvención 
quo se da á este escritor por un contrato que 
aprobó nuestio gobierno ha de continuar ó 
nó después de este diciembre, en que ha cum- 
plido ya dos años. 

Veo por los periódicos que se ha suprimi- 
do el gasto de Secretaría para esta Lega- 
ción. Yo no comprendo bien lo que significa 
esto. Sabido es que eso empleo no estaba 
ocupado por nadie, y que el sueldo de Se- 
cretario por nadie era percibido. Como por 
falta de Secretario no debía yo ejecutar por 
mis propias manos todo el servicio ile redac- 
ción de esta Legación, indiqué yo al Go- 
bierno, y él mismo adoptó la idea de em- 
pli*ar confidencia Unen te un individuo que 
8¡n carácter alguno diplomático se ocupase 
de desempeñarme muchos trabajos indispen- 
.sablas del servicio, con el sueldo, no de un 
Secretario, sino de un attaché. Este es el ser- 
vicio que el señor Manuequin nos hace en 
esta Legación desde un año á esta parte. Yo 
desearía saber si la supresión del gasto de 
Secretaría comprende también el gasto de 
\oH empleos de attachés ú oficiales indispeii- 



sabios para el servicio de est^i Legación, qtt© 
tiene a su caigo ol sorvicio de trns Lega- 
ciones, por decirlo asi. 

Atendiendo á simples conveniencias de de- 
coro y de rti presentación, he nuDilirado al se- 
ñor D. Mauíiel del Carril como otUirJié militar 
de esta Legación, sin sueldo ah¡nnn^ usando 
de la facultad que el Ciohionio me tiene dada 
á f*se respecto. 

El señor Thouvenel, que fné nombrado 
por el tiobierno de Francia Ministro de Ue- 
iacioncs Extoiiores, el 4 do enero último, os- 
tando como Embajador en Constantinopla, 
ba venido á Paría A finos de ilieho mes y to- 
mado posesión do su tleatino el 24 de enoi-o, 
con cuyo motivo me ha dirigido la nota cir- 
cular lie que remito á V. E. una copia. 

Al concluir esta notíi llegan á mis manos 
las comunicaciones de V. E. de 2^ y 24 do 
dii-iembre, con la copia adjunta ilel decreto 
de 23 de diciembre en que el aeííor Balcarce 
ha siiio nond)ra(lo Encargado de Negocios 
de la Oonfeduracion en esta Corte, por cau- 
sa de mis irecuentes ausencias de Francia. 
y en virtud dol art. G" del convtitio do 1 1 
de noviembre con Buenos Aires. 

Como el Gobierim no nio envía mis cartas 
de retiro de esta Coi"to, ni me ordina ti'aa- 
ladarnio á otra parte inmediatamente, yo 
creo que su intención en esa modida es asig- 



- 375 — 

navme desde ahora el Encargado do Nego- 
cios permanente que deba reemplazar al Mi- 
iiistro en los casos de ansfnicia, conservando 
iaa cosas en est3 estado por las necesidades 
<¡uo puedan ocurrir <á la cansa del Cxobierno 
iiacioncal, hasta la entera consolidación de la 
wnion entre Bnenos Aires y las provincias 
de la Nación. Entretanto, atendiendo á los 
compromisos de instalación que tongo con- 
trctídos en París (casa, sirvientes, etc.) para 
esto invierno, )-o quedaré aquí hasta el mes 
de mayo, en que pnsaré ¿i Inglaterra, si antes 
no lo reqnirieso así una necesidad uigonte 
en <?! servicio. 

Tongo el honor de repetirme de V. E. su 
uuiv respetuoso servidor. 



Madrid, 6 de Junio de 1860 

^ iS. E. el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores 
de la Confedera/:io7i Argentina, 

Señor Ministro: 

Hace trea dias quo llegué á Madrid, y ina- 
fifitua seré recibido por el Sr. Ministro de 
Negocios Extranjeros. Ya tengo datos sin 
f ^cnbargo, obtenidos en la Secretaría, que me 
'íBicen esperar que el tratado será ratificado 
^ pesar de la protesta de Buenos Aires. 

Pero antes de hablar de nuestros asuntos 
^fx España me permitiré volver á losdeFran- 
^'^, ocurridos antes de mi [)artida para. Ma- 
di-id. 

Además do la demora de quince dias en 
*'^c;ibir la caja, que contenia la ratificación, 
'^^'^ ve también que detenerme en París con el 
^^Vjjeto de redactar y dirigir las notas para los 
KC)biornos de Francia y de Inglaterra, deque 
*^án copias por este mi.smo vapor para V. E. 
^^esde París, l'or ellas verá el señor Minis- 



- 378 - 



I ruque nn he nmítitlo esfuei-zo {^ara cmtse'' 
gtiir lo i)ne líf-s^a nnf«ü-o gobienio cnn roa- 
pectü A la itgulariza^^ion de nticv^tra ropm- 
Kentaci<>n consular y diplomática cu Eiiiripa, 
y (lo la do Europa en nucíitra pJiis, 

Del gobierno lie Francia no he t«nido res- 
puesta liaijta hoy. Mi nota era ilc ÍL-cha 20 
de ilayo. 

Aíjui en Madrid, he recibido la c^mU^ta- 
cion do lord .Tolm RiisscII ú raí nota ile 21 df 
Mayo. La falta alnnolnta de nn uñctal auxiliar 
no me permite enviarle cópía de ella. En 
general os favorable. El ministro biitánico 
no puode olrecorme el apoyo de su interven- 
ción cerca d'.'l de Fiancia, para reglar de tal 
ó cual nioiio su piilítica en el Plata. Esto pun- 
to depende del estaílo poco cordial en que se 
hallan las relaciones entre Inglaterra y Fran- 
cia con ocafíiun de las co»as de Italia. 

En cuanto á cónsules, lord John Rossell 
me recuerda con razón que el Ciobierno de S. 
M. B., no ha recibido ni aceptado basta hoy, 
ct^nsul alguno de Buenos Aires, por mas quo 
á algunps Su les haya permitido fnnciones 
sin Exequátur de la Ucvna, en obsequio d*'l 
comercio. 

El señor füiisli, único cónsul que la Ingla- 
terra tiene en Buenos Aires, funciona hasta 
boy como vice-cónsul pues aún que tiene pa- 
tente de cónsul, no ha sol ¡citado Exequátur del 



— 379 - 

gobierno de Buenos Aires esperando el arre- 
glo definitivo de nuestras diferencias. Lord 
Jolin Russell cree deber conservar esta acti- 
tud; y luc expresa los vivos deseos que abriga 
el gobierno de S. M. B. de que nuestras di- 
ferencias encuentran su solución definitiva por 
cualquier medio que no sea el de la guerra. 

Antes de pasar mi nota al Gobierno dií 
Fiuncia, he convei*sado con el Sr. Thurvenel. 
Ministro de llelaciones Extranjeras, y con el 
Sr. Noel, á cuyo cargo están los negocios fran- 
ceses relativos al Plata. Ellos encontraban 
gran confusión en el castado de nuestra ropre 
mentación diplomática en Francúa, con moti- 
vo del pacto {l<* Xovicmhre y tli^l nonil)ramien- 
to del Sr. Balcarce, anunciado oíicialmentci 
por el Sr. Lefebvro do Becour, tm virtud de 
«'iviso que éste recibió do nuestro Gobierno. 
Sobre ésto, ban pedido esclarecimientos al 
°i'. do Becour por el vapor pasado. 

Yo expuse (pie V. K. me anunciaba ba- 
'Híi>jo suspendido los (afectos d(»l d(M'reto (]ue 
i^onibraba al Sr. Balcarce. Me objetaron que 
^o lo sabían por condu(*to del Sr. de Be(*()ur. 
Yo ofrecí copia diíl despacbo de V. E. y la Ikí 
dado ilutes (le mi partida para Madrid, anun- 
ciando, qiw prosigo yo c(^mo el solo repre- 
sent>íinto oficial de la Con fedcíi ación en i^\an- 
cia, baatii- que mi gobierno dispongíi otra 
c^sa. 



-380- 



Pov lo demás, yo obsei'vé A esos señorea 
que no hiihia confusión alguna, pues había 
datos positivos á que atenerse, y eran estos: 
— No hay una carta credencial para el señor 
Balcarce: no hay carta de retiro para mi: 
existe en manos del Emperador la cartii que 
ine acredita Ministro : luego no liay que bus- 
car otro representante que yo. ¿Hay mas 
que atonei-ae á esto? 

Tanto el señor Thurvenel voidü el señor 
Nóil han reconocido y admitido las justicia 
de esta observación. 

Me preguntaron con cierto aire de sor|>rG- 
sa. qué liabía sobre retiro de nuestras Lega- 
tíiones. Yo me limité á decir que no había si- 
do llamado todavía. 

Yo creo que nuestro Gobierno no debe des- 
conocer el valor y significado que tiene or- 
dinariamente el retiro de una Legación, (}U(i 
casi siempre es preludio de ruptura o sínlo- 
ma de írialiiad ú entredicho. 

El pi'eámbulü del decreto en que su nom- 
bró al señor Balcarce, expresaba, al contrario, 
el alto interés que nuestro país dá á sus i-o- 
lacioncs con la Francia. 

Hablé inciilentíilmciite de la protesta de 
Buenos Aires contra el tratado español, en 
que se consagran principios que la Francg 
respeta y deíiendo ; y vi (juo eso paso di 



— 381 ~ 

nos Aires no tiene el más mínimo apoy<^ en 
la opinión del Gobierno de Francia, 

Vengo ahora á nuestros negocios en Es- 
paña. 

Hace ocho días que Don Juan Thompson, 
Cónsul general de Buenos Aires en Madrid, pre- 
sentó \sL protesta ix\ Gobierno do España, acom- 
pañada de una nota. Si no ostoy mal infor- 
mado, la nota ha (juedado sin respuesta, y 
creo que la protesta no impedirá la iVitifi- 
cacion del Tratado, ni tondiil un resultado 
airoso para Buenos Aires. 

La publicidad que so dio á mi despacho 
en (juc expliqué á nuestro Gobierno el tra- 
tado con España nos ha creado ni<\s einba- 
itizos que la protesta do Buenos Ai reí?. Y 
aunque no sean insuperables, hubiera sido 
más feliz para nosotros en no tener que re- 
moverlos. 

Hice llegar á manos de los gobiernos de 
Fi'ancia, Inglatena 5' Suiza los pliegos au- 
tógrafos de nuestro Presidente anunciádoles 
sus elevación al mando Supremo. 

El Monilonr, dp París, hizo mención al día 
siguiente ; lord Jhon Russeü me acusó recibo 
cortcsmente avisándome haberla puesto (á la 
carta autógi'afa del señor Presidente Doctor 
Derqui) en manos de la Reyna; y el Pre- 
sidente de la Confederación Suiza que reci- 



\n6 taniViien la suya, ba respondida oott^'ll 
que ruiiiiU) ¡i V. K. inel'.isa 

En ctiaiiU) al }ili<^o quo veuía pam el so- 
ñor doL-tut Caui|)illü. y que yo abri t-rt-yoiido 
hiem la curta aiiti'igral» para $u Sautitlad, 
lo qiit! (■Hiabn «leu tro, lo fciré iimiedia ta- 
túente que me apon-ibi de mi fqaivocaoifm 
y »ocii»fc; fei'ia<lo y sclladu de nuevo en el 
archivo de nií Legación esperando las (orde- 
nes de V. K. á su i-cí»pecto. 

El «eñiir fialcarco ent>-aba en París (pro- 
twdv^iite de i'aii. iloiide había catado con so 
fauíiliii el invierno') al mismo tÍemfH> qne yo 
|>artía para Kspafia. Só qne todos los vor 
pori-9 han ^»eeln^lo trayéudole dca|»arhoa del 
Gobitíino de Buenos Aiios rotulado» al Ex~En- 
carfiado di- Mí/w/fw rf*-í Esiiulo tk Bifints Aires 
fm Francia. Semejante coi respondencia oficial 
cun un funcionario que ba dejado de serlo, 
no deja de llamar lu atención, y nuiestra, 
cuando menos, tpie Hueno» Aires conserva 
un ai/nite coii/Ídmi-ial i-n París. — -Yo no dudo 
que al paso que van las cosas con Buenos 
Aiías, esa provincia trato de restiiljlecer, ai 
pue<U\ su Logm'ion en Francia. 

Yo no e^pLTti sino efectuar el cango del 
Trataíln con Kspaña para regresar imuodia- 
tamoute ú París y Londres, y ocvi|>anne de 
los nt'gocioH qno V. K. nic! encüiiiondó última- 
mente. 



.._ 383 — 

Puedo ser que antes do íiniiar este des- 
pacho Iiaya recibido la correspondencia de 
V. E. do finos de abril que esta en camino 
(le Inglaterra. 

lleuiito á V. E. inclusos varios ¡nij)resos 
luciontes, (jue se refieren á nuestros nego- 
cios argentinos, y merecen la atención de 
nuestro gobiei'iio. 



( 7 do Junio. - Apuntos Hobn» .-isunloH qu»*, »lc- 
Harr(íll;uh»íH con cxlonsioii, ho a^re^an á 
OHta caria. ) 

— Acabo de lecibir las comunii'aciones de 
V. E. <le 10 y 24 de abril. 

Cuidaré d(í cumplir (ton todo lo que en 
ellas me j)re viene. 

—La conducta del Agente» de Huenos Aires 
©u Mtidrid, nos dice qu(í no debemos fiar del 
todo en lo (jue hacía el de París. 
Es mejor dejar las cosas como están. 
— Aveí' he tenido una entrevista con el Mi- 
'^istro de Relaciones Exteriores en que ex- 
Pl*osó (jiie mi nota misiva del Tratado, no lo 
'*Hl)ía satisfecho. Ella será objcito de otra 
^litrevista en íjue daría explicaciones indis- 
pensables para ocuparnos de la ratificación. 

— Interpelación del Nuncio. 

— Todo esto es resultado de la pnblicidad 
dada á la nota. 



-384- 



— Por lo di-más ul Hmistromc ha Hicbo qne 
L no aceptara, ia protesta de Buenos Aii'os. 
-Observación sobi*eIa faitade tratamiento 
de Su MajesUid, A la Reina, en la caita autó- 
grafa del Presidente. 

— Eftpeio (jue todo quedará allanado. 

— La situación de esta Legación, compues- 
ta toda do la persona de su gefe, es giave, 6 
más bien imposible, si el gobierno no envía 
oficiales del país mismo. 

— También debo llamar su atención al que- 
branto de 25 7" í"-"" *1*'6 SG han realizado 
mis libramientos por mis sueldos de 1859: lo 
cual unido á los gastos de cambio común y 
transpoi'te, reduce el sueldo á las dos terce- 
ras partes. 

El remedio sería un suplemento extraor- 
dinario en bonos 6 libiamientos por el vaJor 
real de seis mil pesos más ó monos, como se 
liizo en 1856. 

Tengo el honor, etc. 



Ha 



MBu 



Madrid, 2 de Julio de 1860. 

A 8. Excelencia el señor Ministro de Relaciones 
Exteriores de la Confederación Argentina, Doc- 
tor Don Emilio de Alvear. 

Señor Ministro: 

Tengo el honor de participar á V. E. que 
el Tratado de 9 de Julio celebrado eiítre la 
Confederación Argentina y la España ha si- 
do i-atificado por Su Magestad la Reina de 
España, y que las ratificaciones respectivas 
se han canjeado en toda forma el dia 27 
de junio, como verá V. E. por el texto del 
Tratado publicado en la Gaceta Oficial de Ma- 
drid de 30 de junio, que acompaño á V. E. (^) 

Los obstáculos con que hemos tenido que 
luchar para llegar á este lesultado que pa- 
recía tan obvio, venían de Buenos Aires y de 
Roma. 

En honor del buen sentido y de la lealtad 



( 1 ) A pefiar de ner un docunieDto conocido publicanioR en refluida e 
Timtído retipetando aHi ladi8poHiciou en que entaban estaH notaH. (Editor ). 

25 



ilel goliioriiit Español debo decir a V. E. <|W'- 
la protesta de Bucnúe Ain^í (') ha sido des- 
atendida c-n obsequio de e^a tnisiua provincia 
argentina reconocida independiente «.tino las 
demás, por e! Tratado que su gobierno local 
rechazaba. No »e ba contestado al señor 
T)ioinpí«on, ni creo que al gobierno de Bue- 
ii<r:« Aires. 

Másfléria era la dificultad que el gúl)L>ruo 
de Botna pretendía suscitamos, con los re- 
clamos vivos y neiterados que el Kxiiio. Señot-' 
Nuncio en esta Coi te diiigia al gobierno d« 
S. ií. C, antes de proceder á la latifícacinn 
del Tratado, con ocasión del artículo 4." en 
que la corona de España transfiere sus privila- 
gios de todo género á la Con federación, ett, 
aquel suelo. — Yo tme á este respecto una 
entrevista con el Ksnio. Señor Nuncio, quien 
deseaba alguna declaración escrita eti que 
quedase coiist;iiicia de que el patronato no esta- 
ba coinpiendiilo entre los piivilegios cedidcB' 
por España a ia^Confederarion. Le observó que 
las palabras reservadas del texto, no autoriza- 
ban el derecho de liucer una reclamación seme- 
jiiiite: que este punto, por otra paite, era hoy 
de iiii interés subalteino, pues el señor doc- 
tor Cauipill(>, Ministro argeutiiio, acababa de 
pont-rse de acuerdo con la Santa Sec' 



— 387 — 

el modo de conciliar los intereses de la Iglesia 
con ios de la Confederación, en cuanto al ejer- 
cicio del Patronato. Por último hice notar á 
S. E. el Nuncio, que yo, por mi parte, no tenía 
poderes para dar declaración escrita de ningún 
géueio á una tercera potencia sobre el sen- 
tido del Tratado ya concluido por la Con- 
federación. — El señor Nuncio insistió en su 
propósito: vio al señor Ministro de España, 
peix) el Tratado fué ratificado y canjeado á 
pesar de todo eso. 

La resistencia do Roma, tiene para nos- 
oti'os un sentido que nos sirve de compon- 
sacion; y es, cjue ella revela la persuacion 
que tiene la Santa Sedo de que el derecho 
lie píUronato ijstá comprendido éntrelos })ri- 
vUegios que nos transfiere el Tratado, pues 
de otro modo no hubiera mostrado tanta re- 
sistencia. 

Por lo demc'us, no deja de ser extraño, que 
el gobierno de Roma, hacia el cual tiene la 
Confederación tantos res})etos y miramien- 
tos, haya suscitado una gestión, que podía 
retardar ó comprometer el éxito pronto de 
una negociación (pío tenía por objeto nada 
menos que el reconocimiento de nuestra in- 
dependencia política por la Madre patria. 

Yo llevaré (tonmigo á Londres los instru- 
mentos del Tratado y del cange de las rati- 
ticaciones, para encaminarlas desde allí á 



— f\88- 



V. E. por condacto de! Foreign-Offltf, como 
de ordinario nuestra correspondencia oficial. 
Entonces tendré el honor de dirigir á V. E. 
un nuevo despacho explicativo de algunos 
pantos del Tratado que se han impugnado 
en Bueno» Aiies por falta completa de in- 
formaciones históncas en el derecho azneii- 
cano. 

El Gobierno de España se ha mostrado 
muy bien dispuesto á damos el apoyo de 
su consideración en todos los países en que 
le creamos útil, y sobre todo en los que V. E, 
me indicó á este respecto en su última oo- 
rrespondencia de abrii. Yo hice notar al 
señor Ministro de Negocios Extranjeros que 
había llegado el día en que España tendría 
que darnos el apoyo amistoso, que antes 
habíamos recibido habitualmente de Francia 
y de Inglaterra; y que nosotros en América 
lo daríamos igualmente en el sentido de aus 
miras legítimas encaminadas á tratar con las 
otras repúblicas, como había hecho con no- 
sotros. S. E. acogió completamente este pen- 
samiento y lo de3eu%'olvió en los términos 
más satisfactorios. 

El gobierno de S. M. O. piensa enviar una 
Legación al Paraná. El presupuesto del año 
inmediato contiene j'a la partida correspon- 
diente al gasto de esa Legación. Pero el se- 
ñor Ministro de R, E. no está decidido aún 



- 389 — 

sobre el carácter ó rango que llevará el Agen- 
te Español. Probablemente será el mismo 
que tiene el agente de nuestro país acreditado 
cerca de la Re3^na, como el señor Calderón 
GoUantes me lo significó. 

Yo hice presente á S. E. que mi Gobierno 
había ya resuelto eso, desde que yo estaba 
acreditado como Enviado Extraordinario y 
Ministro Plenipotenciario cerca de Su Ma- 
gestad Católica. Le observé también que si 
yo no presentaba ahora mis credenciales á 
la Reyna, esto dependía de una circunstan- 
cia que me era personal, y es la de que mi 
renuncia de todos mis empleos diplomáticos, 
estaba pendiente, y no me parecía bien pre- 
sentarme hoy á la Reyna paia retirarme 
ocho días después. 

El Ministro me dijo que creía siempre útil 
esperar la resolución final de mi Gobierno 
sobre todo esto : que en cuanto á mi presen- 
tación á S. M., él estaba dispuesto á efec- 
tuarlo ahora mismo «i yo lo deseaba, pero 
que no desconocía la justicia y prudencia de 
mi determinación. — En esta virtud me he 
abstenido <le ver á la Reyna, y me voy de 
Madrid dejando solamente en la persuaoion 
de S. E. que mi Gobierno tiene por Su Ma- 
gostad los mismos sentimientos de respetuo- 
sa simpatía, que su Negociador en Madrid. 

Una causa que estaba en el ánimo del Mi- 



-390- 



llllstro y en el luío, no fné menrioníMla wt 
I toda esa entrevista, y es U qne nos guiaba á 
los dos: tal es la noticia que aqaí en En- 
ropa corre tie qiin nuestro gobierno vá á re- 
tirar toda-s sus Legaciones. Esta determina- 
ción gravisitiia, si ella existe, como proyecto, 
es Ínter] )i-etada de mil modos más <> menos 
embarazosos. Pocos 3e.i"esMeU'en á ver en ella 
ana medida de cai-áeter ecomSmíco, sobre- 
todo cuaiidn ven que una Legación desem- 
peíia tres. Peio et hecho es que el simple 
rumor ya ejerce un influjo que no es del todo i 
ventajoso para nosotros. 1 

Dos mddios (le comunicación con el gobierne 
de España nos quedan en líste intermedio: 
\ACorrespon (inicia rfln^íewa'aí para la t^ual rae 
ha autorizado el señoi- Ministro don Sa- 
tnrnino Calderón Collantea. en los términos 
más cordiales, y el órgano de nuestro muy 
activo, inteligente y leal CAusul general en 
Madrid, el señor Marina Urquiza.^ — La coo- 
peración calorosa q uc he reci bido de este agen- 
te en toda mi iiegnciacion, desde tres años, es 
digna lie la gratitud míis viva por jiarte de 
nue'*tro pais. ( I ) 

Yo saldré para París mañana ó pasado. 
Solo alli recibiré la correspoiidencia de V. E, 
del mea de mayo, íi la que no podré 



391 



der por lo tanto sino en el vapor de ajgos- 
to. En Francia sabré la determinación de 
Mr. Thourvenel sobre mi nota del 20 de ma- 
j'O, á la que todavía no me ha dado res- 
puesta. — V. E. debe tener ya copii deesa 
nota mía, pasada en virtud de instrucciones 
que recibí de mi gobierno. Su silencio tie- 
ne ya en si mismo bastante significación. No 
me cabe duda de que el retiro del señor 
Balcarce fué capceoso, y con la reserva de 
restablecer la Legación de Buenos Aires si 
convenía á su gobierno local. — De Londres 
me escriben el rumor do que ol señor Bal- 
earse ha sido nombrado nuevamente Encar- 
gado de Negocios de Ihienos Aires. 

En seguida pasaré á Londres para ocu- 
parme de los negocios financieros que V. E. 
me tiene recomendados. — Sé que tendremos 
que luchar con la parcialidad apasionada 
de los tenedores de bonos de Buenos Aires. 
El mejor, el único medio de arrancarles el 
mono[ioli() vio la influencia inglesa en los 
negocios del Plata, os ol de crearen la Con- 
federación j^.uovos intereses inglos(^s, rivales 
de los que existen en Buenos Aires. Esto 
se puede obtener grandemente por la nego- 
ciación de un fuerte empréstito, que nos sir- 
va al mismo tiempo para desembolver y fo- 
mentar otros y otros intereses ingleses en 
las provincias, talos como los ferrocarriles, e 



-392- 



t fluvial. Ui colonización do las tierras 

adyacentes al fenoianil, si ha de ser he- 
cho por lina compañía inglesa. Tengo ya 
noticia de que bailaré en Lóndits á Mi'. 
Weelwiiglit de rt-gieso de Cliile. 

Para todo nos convendrá la paz por al- 
gún tiempo; una politita de tregua y de 
arraistieio para con Buenos Aires, pero táci- 
ta puramente acordada por óiganos confi- 
denciales, sin pactos ni acuerdos formales, 
(|ue comprometan la unidad de la Naciou, 
sería tan útil para el gobinj-no nacional, co- 
mo para Buenos Aires por algún tiempo. 

El establo de Europa se agrava de más 
en más con ocasión de Ins negocios de Ita- 
lia. — La revolución Siciliana victoriosa del 
todo, amenaza hoy á Ñapóles, y á los Esta- 
dos de la Iglesia í)ue antea de un mes pro- 
bablemente estarán envueltos en ella. 

Las reformas medrosas y estemponiueas 
acordadas por el Rej- de Nápolts á la reac- 
ción liberal triunfante, no liacen hoy más que 
alentarla y estimularla, basta que acabe por 
derribar la monarquía de los Borbones en 
Ñapóles. — Las relaciones entre Inglaten-a v 
Francia siguen siempre poco cordiales. Ea 
común opinión que el Emperador Napoleón 
no lia tenido feliz éxito en su entrevista do 
Badén con los soberanos de Prusia y Ale- 
mania. 



393 



Remito á V. E. algunos impresos apareei- 
dos en Europa que tienen relación con nues- 
ti'as cuestiones argentinas. 

Los agentes de Inglaterra y Francia en 
esta Corte de Madrid, se han mostrado sa- 
tisfechos con el Tratado español, que dá 
una nueva sanción á la Autoridad nacional 
argentina, reconocida por sus seberanos desde 
tanto tiempo. 

Aprovecho gustoso esta ocasión para repe- 
tir á V. E. la seguridad de mis respetos cor- 
diales, etc. 



P. D. — Permítame V. E. confirmar mi solici- 
tud anterior de una medida que me autorice 
A mantener los oficiales ( sobre todo al señor 
Valens) que me son indispensables para el 
despacho de la Legación en París y Londres, 
hasta que vengan otros. 

Mo repito de V. E. etc. 



TRATADO 



DE RECONOCIMIKXTO, PAZ Y AMÍSTAÜ CELEBRADO ENTRE 
ESPAÑA y LA REPÚBLICA AR(iENTINA, Y FIRMADO EX 
MADRID EL 9 DE JULIO DE 1859. 



S. M. la Reina de las Españas doña Isa- 
bel II por una parte, y S. E. el Presidente de 
la República Argentina por otra, animados 
recíprocamente del deseo de atíanzar por 
medio de nn acto público 3^ solemne las bue- 
nas relaciones que por natural impulso exis- 
ten ya entre los subditos y ciudadanos de 
ambos países, han determinado culebrar un 
tratado de reconocimiento, paz y amistad, 
fundado en principios de justicia y de miitua 
conveniencia. 

Para este fin S. M. Católica ha tenido a 
bien nombrar por su Plenipotenciario á I). 
Saturnino Calderón Collantos, Caballero Gran 
Cruz de la Real y distinguida Orden de Car- 
los III y de In Real de Isabel la Católica, 



— 396 — 

Senador del Reino y su primei' Secretario 
del Despacho de Estado; y el Presidente de 
la República Ai'gentina al Dr. D. Juan Bau- 
tista Alberdi, Enviado Extraordinario y Mi- 
nistro Plenipoteuciario de la misma en las 
coi'tes de París y LÓEidres, y nombrado con 
igual carácter cerca de S. M. Católica, quie- 
nes después de haberae comunicado sus ple- 
nos poderes y de haberlos hallado en buena 
y debida forniia, han convenido en loa ar- 
tículos siguientes: 



ARTICUI.0 I 

S. M. Católicii reconoce como nación libre, 
soberana é independiente á la República ó 
Confederación Argentina, compuesta de to- 
das las provincias mencionadas en su Cons- 
titución federal vigente y de los demás te- 
rritorios que legítimamente le pertenecen ó 
'jn adelante le pertenecieren; y usando de 
la facultad que le compete con arreglo á liw ' 
Cortea generales del Reino de 4 de Dicien 
bre de 18*16, renuncia en toda forma y paq 
siempre, por sí y sus sucesores, la sebera] 
derechos y acciones que le correspondían ( 
bre el territorio de la mencionada ReR 
blica. 



— 397 



ÁBTlCüLO II 

Por la alta interposición de S. M. Católica, 
y como consecuencia natural del presente 
tratado, habrá absoluto olvido y completa 
amnistía para todos los subditos de S. M. y 
ciudadanos de la República Argentina, cual- 
quiera que sea el partido que hayan seguido 
durante las disensiones felizmente termina- 
das por la presente estipulación. 



ARTÍCULO ni 

8. M. Católica y la República Argentina 
convienen en que los subditos y ciudadanos 
respectivos de ambas naciones conserven ex- 
peditos y libres sus derechos para reclamar 
y obtener justicia y plena satisfacción por 
las deudas bona fide contraídas entre sí, como 
también en qno no se les ponga por parte 
de la Autoridad pública ningún obstáculo 
en los derechos que puedan alegar por ra- 
zón de matrimonio, herencia por testamento 
ó abintestato, ó cualquiera otro délos títulos 
de adquisición reconocidos por las leyes del 
país en que haya lugar á la reclamación. 



AllTÍCl'LO IV 



La ConfeiJeracien Argentina, consi llevan- 
do que asi como adquiere los derechos y 
privilegios correspondientea ú la Corona de 
España, contrae todos sus deberea y obliga- 
cionea, itconoce solemnomontü como deuda 
consolidada da la República, tan privilegia- 
da como la quG más, contorme á lo estable- 
cido espontáneamente en sus lej'es, todas las 
deudas de cualquiera clase que sean con- 
traídas por el Gobierno español y sus Au- 
toridades en las antiguas provincias de Es- 
paña que forman actualmente ó constituyan 
en lo aucesivo el territorio de la Hepública 
Argentina evacuado por aquellas en 25 de 
Mayo de 1810. 

Seriín considerados como comprobantes de 
las deudas los asientos de los libros de cuenta 
y razón de las oficinas del antiguo Vireinato 
de Buenos Aires, ó de los especiales de las 
provinciiis que constituyen ó formen en ade- 
lante la República Argentina, asi como los 
ajusten y certificaciones oiiginiílos ó copias 
legítimamente autorizadas, y todos los do. ~ 
cumeiitoH que, eualesquieía que sean sus f 
chas, hagan fé con arreglo á los princip' 
de derocbo universalmentu admitidos, siem.'S 



399 



pie que estén firmados por autoridades es- 
pañolas residentes en el tei'i'itorio. 

La calificación de estos créditos so hará 
oyendo á las partes interesadas, y las can- 
tidades que do esta liquidación resulten ad- 
mitidas y de legítimo pago, devengarán el 
interés legal correspondiente desde un año 
después de canjeadas las ratificaciones del 
presente tratado, aunque la liquidación se 
verifique con posterioridad. 

No formarán parto de esta deuda las can- 
tidades que el Gobierno de S. M. Católica 
invirtiese después de la completa evacuación 
del territorio argentino por Jas Autoridades 
españolas. 

ARTÍCULO V 

Auiujue las luchas y desavenencias feliz- 
mente terminadas -no fueron tenaces ni de- 
sastrosas en el antiguo Vireinato de Buenos 
Aires, y es de presumir por consiguiente que 
hayan sido insignificantes los secuestros y 
confiscaciones do propiedades á subditos es- 
pañoles ó á ciudadanos argentinos; deseando 
evitar todo daño, S. M. Católica y la Repú- 
blica Argentina so comprometen solemnemen- 
te á que todos los bienes muebles é inmuebles, 
aiiiajas, dinero ú otros efectos de cualquiera 
especie que hubieren sido secuestrados ó con- 



l>Ascado> á subditos española* •'• á ciadadsno!> 
I de la Rep^iblica Argraitina durante la guerra 
flOBtenida en América 6 después de ella, y se 
hallasen todavía en poder de loe respectivos 
Gobiernos en cnyo nombre se hubieae hecho 
el secnestio ó la confiscación, sei-án inme- 
diatamente restituidos á sus actignoa dueños 
6 á sus herederos ó legítimos representantea, 
ñn que ninguno de ellos tenga acción para 
reclamar c»a alguna por razón de los pro- 
doctos que dichos bienes ó valores hayan 
podido 6 debido rendir durante el secuestro 
ó la confiscación. 

Los desperfectosó mejoras causados en tales 
bienes por el tiempo ó por el acaso durante 
el secuestro ó la confiscación no se podrán 
reclaraai- ni por una ni por otra parte : pei-o 
los antiguos dueños y sus representantes de- 
berán abonar al gobierno respectivo todas 
aquellas mejoras hechas por obra humana en 
dichos bienes ó efectos después del secuestro 
ó confiscación, así como el expresado gobier- 
no deberá abonarles todos loa desperfecto» 
que provengan de tal obra en la mencionada 
época. Y estos abonos recíprocos se harán 
de buena fé y sin contienda judicial á juicio 
amigable de peritos ó de arbitradores nom- 
brados por las partes y terceros que ellos eli- 
jan en caso de discordia. 

A loa acreedores de que trataestc artículo, 



'^'^^'yoa bienes hayan aido vendidos ó enajena- 
steis de cualquier modo, se les dará la indem- 
nización competente en estos términos y á 
**^ elección ó en papel de ladeada consolidada 
^e ia clase más privilegiada, cuyo interés 
empezará á coner al cumplirse el año de 
■^íilijfadaa las ratificaciones del presente tra- 
"^^•do, ó en tierras del estado. 

Si la iademnizacion tuviese lugar en pa- 
í ^ei, so dará al interesado por el gobierno 
'^"^spectivo un documento de crédito contra 
' * I estado que devengará un interés desde la 
' poca que se fija en el párrafo anterior, aun- 
1 vie el documento fuese expedido con puste- 
^"^oridad á ella; y si se verificase en tierras 
l^viblicas después del año siguiente al canje 
' * ^¡ las ratificaciones, se añadirá al valor de 
'■^^s tierras que se don en indemnización de 
''^B bienes perdidos la cantidad de tierras 
l^^ás que Be calcule equivalente al rédito de 
' ^^ [irimitivas sise hubiesen estas entregado 
' * «antro del año siguien al referido canje ; en 
'-*Srminus que la indemnización seaeí'eotiva y 
'-«jinpleta cuando se realice. 

Para la indemnización, tanto en papel como 
'"11 tierras del estado, se atenderá al valor 
' I vae tenían loa bienes confiscados al tiempo 
' ^ q1 secuestro ó confisco, procedióndose en todo 
'-'e buena fé y de un modo amigable y con- 
''"iliador. 



S. M. Católica por su pai-te se compromete 
á efectuar igual reconocimiento y pago res- 
pecto á los créditos de la misma especio qnc 
pertenezcan á ciudadanos argentinos en Es- 
paña. 



4 



Cualqniera que sea el pimto en qné*^ 
hallen entablecides los subditos españolea 6 
los ciudadanoB dy la República Argentina, 
que en virtud de lo estipulado en los artí- 
culos IV y V de este tratado tengan que ha- 
cer alguna reclamación, deberán presentarla 
precisamente dentro decuHtru años, contados 
desde el día en que so publique en la capi- 
tal de la república la ratificación del pre- 
sente tratado, acompañando una relación 
suscinta do los hechos apoyados en documen- 
tos fehacientes que justifiquen la legitimidad 
de la demanda. 

Pasados dichos cuatro años no se admiti- 
rán nuevas reclamaciones de esta clase bajo 
pretexto alguno, 

aetIculo vri 



Con el fin de establecer y consolidar la 
unión que debe existir entre los dos pueblos, 
convienen ambas partes contratantes en que 



403 



para fijar la nacionalidad de españoles y ar- 
gentinos se observen las disposiciones con- 
signadas en el ait. 1.^ de la Constitución 
política de la Monarquía española y la ley 
argentina de 7 de octubre de 1857. 

Aquellos españoles que hubiesen residido 
en la República Argentina y adoptado su 
nacionalidad podrán recobrar la suya primi- 
tiva si así les conviniere, para lo cual ten- 
drán el plazo de un año los presentes y dos 
los ausentes. 

Pasado este término so entenderá deíini- 
tivaniente adoptada la nacionalidad do la 
R-epiiblica. 

La simple inscripción en la matrícula do 
Inficiónales que deberá establecerse en las 
Le^gaciones y Consulados de uno y otro Es- 
^do será formalidad suficiente para hacer 
Constar la nacionalidad respectiva. 

Los principios y las condiciones que esta- 
"^lece este artículo serán igualmente aplica- 
bles á los ciudadanos argentinos y sus hijos 
los dominios españoles. 



AUTlcn.l) VIII 



Los subditos de S. ^I. Católica en la Re- 
püblica Argentina y los ciudadanos de la 
^pública en España podrán ejercer libre- 



mente sus oficios y profesiones, poseer, coi 
prav y vender por mayor y menor toda t 
pecie de bienes y propiedades muebles 
inmuebles, extraer del país sus valores int.«^ 
gramente, disponer de ellos en vida ó por 
muerte, y suceder en los mismos por testa- 
mento, y abintestato, todo con aiTeglo á las 
leyes del país, en los mismos términos y bajo 
de iguales condiciones y adeudos que usan 
ó usaren los de la nación más favorecida. 



ABTÍCirLO IX 

Los subditos españoles no estarán sujetos 
en la Confederación Argentina, ni los oin- 
dadanos de esta República en España, al 
servicio del ejéicito, armada ó milicia n&- 
cional. Estarán igualmente exentos de toda 
carga ó contribución extraordinaria ó prés- 
tamo forzoso; y en los impuestos ordinarios 
que satisfagan por razón de su industria, 
comercio ó propiedades serán tratados como 
los subditos ó ciudadanos de la nación más 
favorecida. 



En tanto S. M- Católica y ta Repübltoa 
Argentina no ajusten un tratado de oomer^ 



40& 



oio y navegación, las altas partes contratan- 
tes se obligan recíprocamente á considerar á 
los subditos y ciudadanos de ambos Estados 
para el adeudo de derechos por las produc- 
ciones naturales é industriales efectos y 
mercaderías que importaren ó exportaren de 
los territorios respectivos, así como para el 
pago de los derechos de puerto, en los mis- 
mis términos que los de la nación más favo- 
recida. 

Toda exención y todo favor ó privilegio 
^Ue en materias de comercio, aduanas ó na- 
^Ggacion conceda uno de los dos Estados 
Contratantes á cualquiera nación se hará de 
becho extensiva á los subditos del otro Es- 
tablo; y estas ventajas se disfrutarán gratui- 
tetmente si la concesión hubiese sido gratui- 
^, ó en otro caso con las mismas condiciones 
^on que se hubiese estipulado, ó por medio 
i^ una compensación acordada por mutuo 
^H:>nvenio. 

ARTÍCULO XI 

El presente tratado, según se halla exten- 
dido en 11 artículos, será ratificado, y las 
^ratificaciones se canjearán en esta corte en 
el término de un año, ó antes si fuese po- 
sible. 

En fe de lo cual, Nos los infrascritos Pie- 



DÍpotenciaríoe de S. M. Católica y de la B^»- 
pública Argentina, lo hetnos firmado pordiK.— 
pilcado y sellado con iinestros sellos n 
en Madrid á 9 de Julio de 1659. 



(L. S) — Firmado: 

Saitkkiko Caldéeos CollíKTH 



( L. S. ) — Firmado : j 

JüAs B. Albbbdi. < 

Este tratado se lia ratificado por S. It 

Católica y por el Esmo- Señor Presidente da 

- la República Argentina, y las ratifícacion«ft 

ae han canjeado en Madrid el día 27 de Jo^ 

niode 1860. 



IKlva do la Coateá' 



París, 2 tía Marzi 



I Ub9. 



tSu Excelencia d Señor Dr. Saturnino Calde- 
CoÜantes, Secretario de E'da.do y del Des- 
•ho de Relaciones Exterioras de Sit Mages- 
hd Católica. 



Excelontíaimo Señor: 

B egun tuve el honor de deoir á V. E. en 
mi comunicación de Londres del 10 de se- 
tiembre de 1858, mi Gobierno sometió á la 
aprobación del Congreso Argentino loa tra- 
tados que fij'mé como su representante en 
:Madrid, el 29 de abril de 1857. 

El Congreso absteniéndose de entrar en su 
examen porque carecían del requisito de la 
aprobación previa del Poder Ejecutivo, exi- 
g'ido por el ai'ticulo 83 de la Constitución, 
los devolvió al Gobierno. 



— 408 — 



El Presidente de la Confederación, en c<m- 
secuencia, los sometió por segunda vez al 
examen de su Consejo de Ministros, y con- 
formándose con su opinión ha creído deber 
abstenerse de aprobaí' los artículos 4" y 8° 
del Tratado de reconocimiento, porque, se- 
gún su manera de ver, están en contradicción 
con las leyes del pais (aon sus textuales pala- 
bras). 

El Presidente de la Confederación Argen- 
tina se ha visto en la necesidiid de dar este 
paso contra toda la voluntad que le asiste 
de ver cuanto antes ligado á nuestro país 
con la madre patria por tratados, que afian- 
cen la vieja amistad de sangre y de intere- 
ses; y he recibo sus órdenes especiales para 
no omitir esfuerzo á fin de penetrar de ello 
al Gobierno de S. M. C. — Como parte perso- 
nalmente interesada en el tratado que mi Go- 
bierno ha creído no deber ratificar, yo me 
permito asegurar á V. E.^que el Presidente 
ha obrado con la más grande sinceridad y 
desinterés en el paso que la opinión de su 
Consejo le ha decidido á dar. 

En prueba de ello, me ha enviado otra v^ 
au autorización plena para reabrir la nego- 
ciación, si, como espero, el gobierno de Su 
Magestad estuviese animado del mismo ea- 
plritu, hasta poner los dichos dos articules 
4" y 8" en conformidad con las leyes argén- 



409 



tinas, al mismo tiempo que con los deseos 
del gobierno de Su Magostad Católica. 

Me bastará explicar brevemente á V. E. la 
relación en que están estos artículos con las 
leyes argentinas sobre la naturalisadon y so- 
bre la deuría interior para que el gobierno de 
S. M. se dé cuenta exacta de la dificultad 
ocurrida y se persuada de que un pequeño es- 
fuerzo más será suficiente para remover esa di- 
ficultad, que lejos de existir, como verá V. E., 
en la realidad de los hechos, existe más bien 
en las preocupaciones y temores que ha de- 
jado la guerra pasada, y que, por lo mismo, 
debemos empeñarnos en remover á fueiza de 
paciencia y de buena voluntad, en el interés 
de afiarzar la paz, tan preciosa para todos 
loB pueblos de la familia española. V. E. re- 
cordará que no ha habido uno solo de los tra- 
tados concluidos entre España y las repúbli- 
cas de Sud-América, que no haya tropezado 
con embarazos semejantes, antes de llegar á 
su conclusión definitiva. 

Después de firmado el tratado de 29 de 
abril y antes de ser sometido al Congreso, re- 
cibió su sanción en la Confederación Argen- 
tina una ]ey, llamada de ciudadanía^ de 7 de 
octubre de 1857, por la cual (artículo 2^.) se 
declaró, que son argentino^ todas las personas 
nacidas en eí territorio argentino, — Pero se excep- 
iúan de lo dispuesto en el articulo anterior dijo 



-410- 



sa artículo 3".) /os Ai/os de extranjeros qiu pn- 
fieran la vatiottaüdad de su origfft. 

El gobierno argoutino ha visto una contra- 
diciun entre este artículo de la ley y el prin- 
cipio quej'o estipulé en el tratado de 29 de 
abril, concebido en estos tói-minos: — Los hijos 
de españoles nacidos en el terriforio de ¡a Repü' 
blica Argetiiina seguirán la naeionalidad de su 
padre durante la menor edad. En ¡a/iendo de la 
patria potestad, tendrán derecho d optar entre la 
nacionalidad española y Id argentina (artículo 8°.). 

Se ve que todo el interés de esta diferen- 
cia Be refiere á ios hijos menotes de edad. 

Eu los primei-os años que aucedieron á la 
guerra de la Independencia, baLiia toda una 
generación que podia ampararse del prinoi- 
pío sostenido entonces por España en sus 
primeros tratados. Pero sí consideramos hoy 
que van pasados cincuenta años desde que 
acabóla guerra deles pueblos argentinos con 
España en 1813, la aplicación del principio 
á los hijos menores no tiene el interés de 
entíinces, y basta hoy día con que loa hijos 
de españoles nacidos en el Plata puedan asu- 
mir la nacionalidad de sus padres, si así lo 
prefieren aunque por el principio de la ley del 
suelo en que nacen sean considerados como 
argentinos. 

El principio adoptado en esta forma ya se- 
ría un paso hacia la consecución de lo que 



- 411 — 

desea la España. El tratado de ahora no 
sería obstáculo para estipular otro futuro, 
cuando la opinión de aquellos países se hu- 
biese puesto más en armonía con la de Eu- 
ropa sobre derecho internacional privado. 

Entre tanto este punto no debe ser obstácu- 
lo para celebrar el tratado con la Confede- 
i'acion, así como no lo ha sido para ninguno 
de los otros tratados celebrados con las otras 
repúblicas de Sud América. En ninguno de 
ellos, en efecto, existe el principio estipulado 
en los tóiminos que la Confederación Argen- 
tina estaría dispuesta á aceptar, conforme á 
su reciente ley citada mas arriba. 

En cuanto á la deuda de tesorería, cuyo 
reconocimiento se estipuló en el articulo 4**. 
del tratado de 29 de Abril, el Gobierno ar- 
gentino ha creído que el Estatuto reglamen- 
tario (le la deuda interior argentina se oponía 
á su admisión. 

Esta creencia viene de la incertidumbre y 
vaguedad que existe on cuanto á los límites 
que tiene la deuda llamada de tesorería. 

Algunas palabras del Sr. Albistur Ministro 
español en el Plata, han hecho concebir, con 
razón ó sin ella, á mi Gobierno el temor de 
que la España parecía comprender en esa 
deuda todos los gastos hechos en sus expe- 
diciones militares, con ocasión de la guerra 



-412 — 



de la Independencia, de las ProvinciaB «*• - 
gentínas. 

No han bastado para desvanecer ese temor 
todas mis seguridades, fundadas en la decla- 
ración que el (robierno de Madrid me hizo 
de que trataría con nosotros sobre las mis- 
mas bases con que ha tratado con las otras 
Repúblicas de Sud-Amórica, en cuanto á los 
principios esenciales del tratado de recono- 
cimiento. 

Yo creo, pues, que la dificultad, en este 
punto, quedará removida con insertar en el 
Tratado una declaiucion como la contenida 
en el siguiente articulo del tiasado entre Es- 
paña y Venezuela, de 30 de Marzo de 1845: 

«Artículo 11. — Para alejar todo motivo de 
discordia sobre la inteligencia y exacta eje- 
cución de los artículos que anteceden (sobre 
deuda de tesorería y deuda procedente de se- 
cuestros), ambas partes contratantes declaran 
que no harán recíprocamente reclamación al- 
guna por daños ó perjuicios causados por la 
gnerra, ni por ningún pretexto; limitándose 
á las expresadas en este tratado.» 

Si la intención del Gobierno de Madrid,, 
hoy que el recuerdo do la guerra pasada está 
mas distante, no es la de tratar á la Con- 
federación Argentina de peor condipion que 
á Venezuela, yo creo que la inserción de una 
declaración semejante no podrá ofrecer difi- 



413 



t^ultad alguna al gobierno de Su Majestad; 
^ bastará ella para disipar una de las mas 
vivas oposiciones. 

En cuanto al tratado consular^ que contie- 
ne importantes estipulaciones sobre comer- 
cio y navegación el Gobierno argentino es- 
taría dispuesto á aprobarlo, tan luego como 
la personalidad del poder argentino para la 
celebración de ese tratado, quede reglada por 
el tratado de reconocimiento de la indepen- 
dencia. 

Yo habria tenido el honor de trasladar- 
me á Madrid ahora mismo para explicar, con 
mayor extensión, al Gobierno de S. M., el 
asunto que motiva esta nota, y ver de con- 
cluir la negociación del Tratado, si no estu- 
viese pendiente la discusión de cuestiones 
graves y urgentes para mi país, que trato en 
este momento con los gobiernos de lugla- 
terra y Francia, cerca de los cuales estoy 
aero. litado en ol carácter de Enviado Ex- 
traordinario y Ministro Plenipotenciario. 

En esta virtud, para no perder un tiem- 
po precioso, yo me permito insinuar A V. E., 
que si el Embajador de España en Francia 
recibióse poderes al efecto muy pronto po- 
dríamos concluir en París un Tratado entre 
España y la Confederación Argentina, que 
debe tener en Sud-Amórica la influencia mas 



— 4U- 



benéfica y saludable para los intereses 
raimes de la fumilia española. 

Aprovecho de esta oportunidad para o 
cer á V. E. la seguridad de la alta en: 
deracion con que tengo el honor de 

Lde V. E., Señor Ministro, su muy humild 
obedeciente servidor. 



'leiiipatcncluTio di 

cvrca del Uoblerno de S. S 

JuAS Bautista Albemh. , 



Albemii. M 



( Carta particular ) 



Madrid, 14 de Julio de 1859. 

-^? Exmo. Señor D. Saturnino Calderón Callantes 
Primer Secretario de Estado de S. M. C. 

Exmo. señor: 

Remito á V. E. mi contestación oficial á 
Bu nota do ayer 13. 

Yo creo que estas notas, de una y otra 
parte, no tienen por objeto liacer que el tra- 
tado no diga lo que dice, ó diga otra cosa 
que lo que expresa su texto. El tratado en tal 
caso no tendría objeto. 

Yo pienso (jue el verdadero interés de es- 
tas notas consisten en que ellas forman ó 
hacen las veces del protocolo que no se ha 
llevado por escrito, á causa de haber sido 
verbal su discusión, como más cómoda v ex- 
peditiva. 

Cómo protocolo ó haciendo sus veces os 



-416 — 



preciso que ellas cuntengau la hiatoría^ 6eÍ 
de todo lo que se ha dicho y alegado por 
una y otra parte, durante la negociación. 

Como verá V. E. á la cabeza de lui nota, 
yo doy fó de la exactitud con que V. E. con- 
signa en la suya, los motivos y uiiías que 
adujo en la discusión. 

Yo creo que V. E. uie hará la justicia de 
reconocer que nada digo en mi nota que no 
hubiese dicho á Y. E. durante lu discusión. 

Como por nadie ha sido presenciada esta 
discusión, solo nosotros dos somos los jueces 
de la exactitud del protocolo ó corití-spon- 
dencia destinada á recordar los motivos del 
tratado en loa artículos reformados, por una 
y otra parte. 

Quedo esperando que V. E. se sirva desig- 
narme la hora en que iié para tener ul ho- 
nor de dar cabo al tratado, suscribiéndolo. 

Entre tanto, tengo un verdadero placer en 
repetirle que soy su apasionado y afectísimo 
servidor, Q. B. S. M. 

J. B. Alberdi. 



Madrid, 14 de Julio de 1859. 

A. S. E. el Sr. D. Saturnino Calderón Collaiúes, 
Primer Secretario de Estado y del Despacho de 
Relaciones Exteriores de Su Majestml Católica. 

Señor Ministro: 

Hg tenido el honor de recibir la nota qno 
se ha servido V. E. dirigirme con focha IH 
del corriente, recordando los motivos tenidos 
en vista al efectuar la reforma de algunos 
artículos ííel tratado de reconocimiento fir- 
mado en 1857, con el fin de prevenir dis- 
cusiones en la íiplicacion futura del que he- 
mos concluido el í) del presente. 

En (íontestacion á dicha nota, tengo el 
honor de decir á V. E., que en efecto, du- 
rante la negociación, V. H se expresó cons- 
tantementíí en ese sentido: y por lo queme 
permitiré exponer j'i continuación, V. E. re- 
cordará que siempre le expresé mi opinión 
Sobre que Ins mirns d(»l gobierno español es- 
taban en armonía con lasque mi gobierno mc! 
había recouKmdndo consignar en el tratndo 



lT 



por MUS recientes Ínstrucciuue.s : cuvo res- 
pectivo cou%'eiic¡mieiito dio por resnltado la 
celolíi'afion de este pacto on los tórininoB que 
hemos tenido el liunor de suscribirlo. 

Con respecto á. la lleuda ilc frsort-ria mis 
insti-uecioiies me autorizaban para recono- 
cer como propia de la /írpítWiaí la «pie tenia 
el tesoro de las provincias que la componen, 
cuando ftirmaban partfi tle la España, hasta 
mayo de iSlO, en tine las aiitoridailes espa- 
ñolas, dejaron de gobernar en aquel país. 
Yo lio podido apoyar la exactitud de esta fe- 
cha histórica con el testimonio do las leye* 
patrias argentinas, cuya colección autéutica. 
(jue puse á los ojos de V. E., da piincipio 
justamente por una lista olicial de Ins autfl- 
ridades que han gobeniado el suelo argen- 
tino desde 1810. 

V. E., sin embargo, iil admitirla on el 
trntado, ha cioido deberlo hacer bajo la in- 
teiigoiicia de que esa data no [)Udiera servir 
como tiu medio par<i eludir alguna deuda 
\erdndeva ipie por acaso se hubiese contraí- 
do posteriormente por alguna autoridad ea- 
pañola. que hubiese quedado en d $ud<^ 
iiriji-ndno ^lespucs de esa focha, y podido con- 
h'iirr ilrudiis seí/nn los estatutos comunes pai*»!- 
ntcnder al servicio público. Sohíe esto de- 
bo umnifestar á V. E., que si tal caso at> 
pi-csintaae, lo que niu parece muy Improbable^ 



419 



mi gobierno no sería capaz de eludir una 
aplicación aunque excepcional, del principio 
aceptado con la más completa buena fe á sa- 
ber: que todo lo que las Provincias Argentinas 
adeudaban cuando eran parte déla Monarquía Es- 
pañolay 1/ constase de sus libros ^h cuenta ij ra^on 
¡f de documentos que hagan fé según las reglas 
dd derecho, firmados por autoridades residentes 
eii el territorio argentino^ y no se hubiesen pagado 
ánles de ahora, lo adeudan hoy siendo liepúhlica 
independiente, y debe ser comprendido en su deuda 
consolidada, como lo ha sido ya espontáneamen- 
te ¡M)r sus leyes anteriores. Pero, so entiende 
natuíalmontcí, que en tales deudas no serán com- 
¡trendidas las que se hubiesen contraído fuera, del 
minmo terrilorio por autoridades españolas para 
sostener la guerra ocasionada por la independen- 
cia de IfíS prorincias argentinas. 

En cuanto á la nacionalidad de los hijos dees- 
pañoles y de argentinos nacidos en los territo- 
rios respectivos d(í las partes contratantes, 
me había sido señalada como base precisa del 
tratado la ley de 7 de octubre de 18o7, que re- 
gla la ciudadanía dolos argentinos. Esta ley, 
como V. E. sal)e, es la reproducción casi 
textual del princi[)io consagrado por la Cons- 
titución vigente (española, con excepción de 
la reserva <|ue dicha loy hace en favor de 
los hijos do extranjeros, nacidos en suelo ar- • 
gen tino, que prefieran la nacionalidad de suo7'i^ 



4*1- 



gen. En c-aanto á la edad de ejercer este de- 
reclio de opción. V. E. expresó siempre sn 
opinión de qoe no |K>dria ser sinú la edad 
competente, según las leyes civiles de todos 
los países, á lo cual no encontré yo ni encuen- 
tro objeción que hacer, por lo mismo que la 
ley argentina no determina distinta edad. 

Por lo demás, tampoco dndo qnc el prin- 
cipio y HÍKteina contenidos en la ley argentina 
de 7 de. o'iuhre ile iSoT, sobre la ttacbmab'ilaá 
de VfS que nacen en suelo argeuiino, recibí- 
i-án en el Plata, la misma aplicación que el 
principio y sistema idénticos haii recibido 
de la jurisprudencia iutemaciunal de la Eu- 
ropa, señaladamente en £spaña y Fi-ancia. 

Poi' lo demás, señor Mini.stro, y sea cual 
fuero ol interés de los artículos cuya refor- 
ma lia sido objeto dol último tratado, yo 
creo que en él hemos servido un interés más 
gp-amle todavía, cual os el de legularizar las 
relacif»nas entro dos países que habiendo for- 
mado por siglos una misma familia, y ha- 
llándose hoy mismo ligados por los intereses 
do un vasto comercio, se mantenían hasta el 
día un un estado niiis paroeido á un arnijg- 
ticio que al de la paz completa y normal, 
quo tanto necesitan sus intereses recíprocos. 
Un tratado concebido con miras tan altad 
y genenwiiH por una y otra parte, discutido 
con tanta prudencia y concluido con tauta 



— 421 — 

buena fe, no puede dejar de tener una eje- 
cución tan leal, recta y pacífica como ha si- 
do su negociación, facilitada grandemente 
por las luces y nobles sentimientos de V. E. 
Aprovecho, etc. 

Firmado : — Juan B. Alherdi. 

Está conforme con la minuta inserta en el 
libro respectivo de esta Legación. 

París, 30 de julio de 1859. 

Gabriel Florcutino Valcns, 

Oñeial do La Legación de In. C(»nfod oración Argentina. 



París, 1" de Agosto do 1800. 

A S. E. el Sr. Minüitro de Relaciones Exteriores 
déla Confederación Argentina, Dr. 7). Emilio 
de Alvear. 

Señor Ministro : 

Como tuve el honor de decir á V. E. en mi 
despacho del 2 de julio, ratificado nuestro 
Tratado con España por 8. M. la Reina, y can- 
jeadas las ratificaciones ol 27 de junio, hubie- 
ra debido dirigir l(\s documentos oiiginales 
por el Correo de ese mas; pero las dificultades 
de la correspondencia directa entre Madrid 
y el Plata, me decidieron á retardar la remi- 
HÍon de osas piezas, que hoy tongo el honor 
<le hacer á V. E. por conducto dol Foreiqn- 
Office de S. M. li. 

Parece que estando ya completameiite aca- 
bada la niígociacion del Tratado, no debería- 
mos ocuparnos mas del valor de sus condicio- 
nes. Sin embargo, como no basta que una 
ley tenga la sanción del rfobiernodesu origen, 
8Ín<') i\\\i\ (ambien requiere la de la opinión 



-424 — 



pública, eren de mí deber, eii el intiüré^ dom 
ta últitna. rectiHcar atat^u&s de ()tie el tra- 
tado ha sido objeto, con motivo del envío 
que hago de sii testo. 

8e ha combatido el tratado por la amnis- 
tía estipulada i-n su art. 2". A nuestro Oo- 
biernn consta que yo no tuve el hrmor de pro- 
poner ese articulo. Lo traía el art. 3" del 
proyet^to de tratado redactado ou Paraná, que 
me Iné dado como baso ó punto de partida 
])aia la negociación. Pero debo confesar que 
si el |>ioyect<> no lo hubiese traído, yo lo hu- 
bieía iniciado. Nmstro (iohierno siguió en 
(•lio la autoridad de toda la América espa- 
ñola que ha cfilebrado tratados con España. 
No citaré ainó lo» tratados de laa Repúbli- 
cas mas ospectables. 

El art. 3" del proyecto de tratiido r|Ue me 
fué enviado como baso, era la repetición caai 
literal del art. 2" del tratado de reconoci- 
miento de la independencia de Chile, cele- 
brado por Rsa Repi'iblica con España el 2!3 de 
abril do 1844. ChÜL- aceptó, couiu noHOtma, 
la amnistía en los términos siguientes: — 
x Lhh parte» conti-atantea, estipulan y pro- 
meten solemnemente que habrá total olvido 
de lo pasado y una amnisbia general y com- 
pleta paia todos ios españoles y cliilenos, 
sin c.>:cepciun alguna, que puedan lialja 
expulmulos, ansiantes, desteri-ados, uL-ult* 



— 425 — 

que pov acaso estuviesen presos ó confinados 
sin conocimiento de los respectivos gobiernos, 
cualquiera que sea el pai*tido que hubiesen 
seguido durante las guerras y disensiones, 
felizmente terminadas por el presente trata- 
do, en todo el tiempo de ellas y hasta la ra- 
tificación del mismo. Y esta amnistía se 
estipula y ha de darse por la alta interposi- 
ción de su S. M. C, en prueba del deseo que 
la anima de que se cimenten sobre principios 
de justicia y beneficencia la estrecha amis- 
tad, paz y unión que desde ahora en ade- 
lante y paní siempre, han de conservarse 
entre los siíbdití^s españoles y los ciudadanos 
de la Rc[)ública de Chile. » 

Ese tratado fué negociado por el gene- 
ral Borgoño, soldado ¡lustre de la giierrade 
la Independencia, y aprobado y ratificado ba- 
jo la presidencia del general Biilnes, que 
también peleó en las jornadas de Talcahuano 
y Maipo, como soldado de la causa de Amé- 
rica. 

Rl tratado de V^enezuola, celebrado con 
España en 30 d(í marzo de 1846, siendo pre- 
sidente de esa Ii(*públicauno do. los generales 
mas ilustres de Bolívar, aceptó la amnistía 
por el art. ¿V* en los términos que signen: — 
< Habrá total olvido de lo pasado y una am- 
nistía general y completa para todos los es- 
pañoles y ciudadanos de la. Ifí'pnblica de 



- 420 - 



Venezuela, sin exeopcion alnuna, cu 
que haya sido el pai-titlo que bubieson seguí- 
do durante las gaernisy disensioma felizmen- 
te tei'iniuada» por el presente (i-atadn. Esta 
amnistía se estipula y ha de ilai"se por la 
alta iuter[i09Íi.'ion de S. M. C, en prueba del 
d&seo que la anima, de cimentar sobi-e pi-¡ii- 
cipios de bonevolencia la paz, unión y osti-o- 
clia amistad que desde ahora y para siem- 
pre, han de consorvnree enti-e sus snbditos y 
los ciudadanos de la República de Vi-m-íiti-la.» 

En esos téirainos ostipiiló la amnirttia de 
que se trata, la patria de Hoüvar. cuna ih- 
la libertad de tres Repúblicas amoric^nafl. 

Por no ser pródigo y redundante, me abs- 
tengo de copiar el artículo 2*^ del tratada del 
i-econoci miento de la independencia da Méji- 
co, concebido eu términos idónticos al articulo 
citado del tratado do Chile. 

La República del Ecuador acepU» la amnis- 
tía por el artículo 3" de au tratado con Es- 
paña, en que esta nación reconoció la in- 
dependencia de los vencedores de Jnnin y 
Hchincha. 

No hay un solo tratado americano cele- 
brado con España que no contenga ol prin- 
cipio de amnistía que ha valido al nuestro 
los ataques do los que no han ayudado á ce- 
lebrarlo. 

Solo en ima cosa so distingue nuestro tra- 



427 



tado de los otros en este punto, y es que la 
amnistíase estípula en el nuestro entóruii- 
nos más lacónioos, reservados y propios. 

También ha sido censurado nuestro trata- 
do, porque su artículo 4^ acepta como deuda 
de la República la que tenía el tesoro de las 
provincias que hoy la forman, cuando se lla- 
maban Vireinato de Buenos Aires. El tratado, 
en ese punto, no ha hecho sino confirmar 
dos nobles leyes dadas en tiempo de Riva- 
davia, por las cuales nuestro país aceptó es- 
pontáneamente ese principio, que pertenece 
al derecho universal de gentes. La deuda 
española, así reconocida, fué ya pagada en 
su mayor parte, y hoy no merece ser obje- 
to de discusión alguna. 

El principio en que descansa esa estipu- 
lación ha sido consagrado por todas las re- 
públicas do América que han celebrado tra- 
tados con España. Chile admitió la deuda 
española conjo deuda nacional por el artículo 
4^ de su tratado de reconocimiento. Vene- 
nezuela la estipuló en los mismos términos 
que nosotros por el artículo 5^ de su tratado. 
El Ecuador hizo lo mismo por el artículo H'» 
de su tratado de reconocimiento. Méjico no 
tuvo necesidad de recc)no(*er esa deuda en 
el tratado, poique ya la había reconocido y 
pagado totalniíMite por ley de 28 de junio 
de 1824. 



Se ha pretendido qne las victorias de ( 
caboeo y Maipo nos dispensahan de t 
ma deoda. haa anna« poedeii ayudar^ 
tríanfo del derecho, pero no son 
co origen y príocípío. La victoria paede ser- 
vir para eludir un derecho, p^Ti> nunca es 
máñ tirílliint'í que cuando sahn i-espetar el 
ílerocb^i del vencido. El Piamonte, apoyado 
por la Francia, ha venrido al AaHtria y ad- 
ipiírido l:i T>^imhardia por las victoiias de Ma- 
genta y ívdferiuo: y>ero no ha invocado estos 
triunroH pant eludir la deuda auntiiac^ de 
20o milloneit que ha tomado en sus manos 
jimio con el territorio lombardo adquirido. 

K! Brasil, más grande y poderoso que el 
Portugal, no solo tomó sobre sí la deuda de 
un tew>ro loíial por el tratado en que fué i-o- 
conocido inilcpendiente, sino que hizo 
lu iníttul íli! toda la deuda, pública pol 
gucHa. 

¿ Con qiiñ ÜL^recbü podíamos exigir que 
paña lii<:iera de nuestra República una eX' 
cepoion privilegiada de lae demás ? — ^^eria 
tal ve'A por la razón de que negociábamos 
escindo dividido» y dispjitándjiíos los peda- 
dazoB lio osa misma soberanía nacional, cuyo 
leconocimiento íbamos á solicitar? — ¿Y la 
provincia que, en vez de ayudarnos en e»a, 
tarea do patriotismo y de dignidad, nos opo- 
nía la i'csistencia de sus protestas, es la que 



I sinaÉa 

po^H 

iieE^^ 



429 



puede censuramos porque no ha3^amos con- 
seguido ser tratados mejor que Chile, que 
Méjico, que Venezuela ? 

Por 8U parte, la España, lejos de abusar 
de las desventajas y contrariedades de nues- 
tra situación, ha tenido la nobleza de tra- 
tamos como á la República de América más 
favorecida. Ninguna República de Sud- 
Amórica tiene tratado con España que pue- 
da considerarse míis ventajoso que el nuestro. 

España ha tenido ocasión on este nego- 
ciado de ser el mejor juez de nuestras con- 
tiendas con Buenos Aires, pues lejos de pe- 
dir estipulación alguna en daño de esta 
provincia, yo aseguró siempre que la Con- 
federación no aceptaría la independencia, si 
este beneficio no había de ser extensivo á 
Buenos Aires. Así ha sido estipulado el tra- 
tado, y filíenos Aires debe por él al gobier- 
no do la Confederación el servicio de haberla 
negociado su independencia de España sin 
el menor sacrificio ni cooperación. De modo 
que si las provincias deben á Buenos Aires 
el honor de la j>niírra de la independencia, 
como ella pietoiule, Huenos Aires debo á las 
provincias v] honor de la paz (pie ha coro- 
nado los rcísultados de la guerra. 

La luiion haiá que todas estas gloiias so 
confundan }' sean patrimonio indivisible de 



— 430 — 



I 



los argentinos. Para ello Buenos Aires ten- 
drá (|ue retirar sus dos protestan, ijue sin 
dañar á la independencia nacional y á la 
libertad de. Ids líos, por Iiaber sido di-aaten- 
didos, no dejan de hacer mal ¡il crédito mo- 
ral de esa provincia; pues aunque pretenda 
f|ue no ha protestado contra los principios 
de indepüiuloncia y de libertad servidos en 
caos tratados, sino contra e! derecho de la 
nación de tratar sin Buenos Airea, esta ra- 
zón enipeoia au causa en vez de mejorarla 
pai'a f|ue la protesta se disipe entonces con- 
tra el principio de ht soberanfa na-ional, en 
(\na deHcansu todo el régimen |)olítico inau- 
gurado en mayo de 1810. 

Tengo el honor de ofrecer á V. K. mis 
respetos con que soy, etc. 



i 



Carlu de reliro del Dr. Alberdi de la Corte tle España, por liaber 
teiminado satisfactorianienle su misión 



SANTíAiíODEiiQlJ], 

I'HKSIDKNTK 1)K J.A KKl'ÚJtLlCA AJiííKNTJNA. 

A SU M AGESTA!) DONA ISABEL SE- 

ííUNDA, roU I.A (ÍUACIA DE Dios Y LA 

Constitución de i.a Monauuuía Española 
Rkina I)K las Españas. etc. — Envía Salud! 

(¡raiide y Buena Auiiga: 

Tenniíiada satisfactoriamente el alta mi- 
sión confiada cerca de Vuestra Magestau al 
Doctor Don Juan Bautista Albeidi, en el 
caráctíir de Enviado Extraordinario y Mi- 
nistro Plenipotenciario y necesitando utilizar 
sus servicios en otra parte; — Hemos resuelto 
retirarle do Vuestra Corte, habiendo nom- 
brado al mismo tiempo Ja persona que debo 
sustituirle eji i epresentación de la República. 



— 432 — 

lEspero que Vuestra Magestad habrá líabido 
\ apreciar las cualidades distinguidas que ador- 
nan al Señor Alberdi, así como la sinceri- 
dad de los sentimientos de profunda é inal- 
terablo adhesión que estaba encargado de 
Imanifestar A Viiestia Magestad, un nom- 
) dol ( íobiorno Argentino — Al reiterar á 
Vuestra Magestad, la expresión de estos 
Itaismos sentí míen toa, hago votos fervientes 
íporque el Cielo consaive la preciosa vida de 
Vuestra Magestad y dt5 Ventura y piospe- 
ridad á Vuestro Reino — Dada en el Paraná, 
Capital I*rovÍ8oria de la República Argén- 
tinR, á los diez dias del mes de Diciembre 
del Año del Señor, mil ochocientos sesenta. 
Glande y Buena Amiga, Vuestro fininde 
y Buen Amigo. 

San TI Alio DiíKuri. 
\oibeito de la luestra, 



( EXTRACTO ) 



Londres, 7 de Septiembre de 1860. 

A S. E. él Sr. MÍ7iistro de Relacmus Exteriores 
déla Confederación Argentina, 

Señor Ministro : Q 

He tenido el honor de recibir su interesan- 
te correspondencia dirigida desdo Buenos Ai- 
res con fecha 23 de julio. 

La visita do S. S. E. E. el señor Presidente 
y sus Ministros y del señor Capitán Gene- 
ral de la Confederación á liuenos Aires, han 
producido en Europa una impresión tan sa- 
tisfactoria, como la que produjo el mes pasado 
la del convenció do 6 de junio. 

Aqui todo el mundo se interesa y desea 
vivamente la unión argentina. Pero aquí 
como allí hay dos maneras de apreciar osos 
hechos : una que pertenece al público y otra 
al numdo de los hombres políticos. 



(1) liO <|uo Ho Iperá no os más que un oxtrncto tic la notn do cst.i fo- 
cha íiiip Ho oiivl«'» nniartada más pxtons;Miu«nto. ( KdUor». 



— 434 — 

El primero lia ilailo como consumada la - 
unión, con las noticias del convenin do ju- 
nio y do la visita del gobionio nacional á 
Buenos Aires. 

Lüs liúinbres de estado solo liau visto, en 
eso, buejios anuncios de la unión que todavía 
no es un hecho, y esperan el resultado final 
y positivo para saber si tlcbuii aprobar ó- 
condenar lo que resulto. 

Kn ol Parlamento lia tenido lugar una in- 
terpelaciíin ala que lord Palmoiton ha dado 
la respuesta liona do reserva pero favorable 
á nuestra política nacional qvie aconipaño- 
á V.E. 

Si las condiciones do manera ú plan d© 
reformas nfi'ecidan por Buenos Áii'cs fuesen 
aijuí ciiiioeidas y fntoiididaH, las esperanzas 
de nuostia unión serian mas yolidarías cóma- 
se í-ambiaría en reprobación general contra 
nosotros el juicio do la Europa ol dia que se 
viesn (pií! Iiabiíniios adoptado literal, como- 
]u*i)|i(>ne ¡íiicnoa AircH, el sistema federal de 
los Estados Unidos que está labiando hoy día. 
la desunión y donmcmbrncion de las repú- 
blicas de Méjií'o, Centro Ainórica, Nueva Gra- 
nada, Venezuela, etí^., y toda esta parte la- 
coradií, dncrepita y ramosa do la América 
antes española. 

l'or el contrario, linenos AÍ7TS y la Coufede- 
Kivion, recibirían ol a|)lauPO caloroso de lo» 



— 435 — 

gobiernos de Europa y de todo ( 1 mundo si 
respetando el voto de la Cominon ad hoc con- 
forme á los pactos de noviembre, y de junio, 
Buenos Aires tuviese que uniíse, y se uniera, 
bajo la constitución actual que tanto aplau- 
so ha merecido de Euroi)a y América; por 
el buen juicio con que ella organiza la unión 
de todos los argentinos. 

En cuanto á los hechos que se dicen pre- 
paratorios de la uvion, hó aquí el resultado 
práctico que ellos han producido hasta aquí 
con respecto á los intereses matei iales (^e la 
Confederación en Europa que son, como V. E. 
sabe, el íondo y motivo de nuestra política 
exterior ])or lo cual hallo de ello á V. E. 

V. E. obsíírvará con ^u tacto, que ellos haii 
servido mejor al interés parcial de una pr(;- 
vincia (jue al de toda la Nación Argentina. 
— Tal vez ])ioceda esto de que aquí se com- 
prenden mal esos hechos; pero su resultado 
positivo y piáctico ha sido este. Y no es 
extraño los com})ieiida mal c(m publicaciones 
en las que, como la que envió á V. E., se 
hace cona'nlrar(?) toda Va. Confederación Argen- 
tina en Buenos Aires. 

Como el pufdiro romcrcial de Inglaterra no co- 
noce más (jue á Buenos Aires único puerto 
por donde hizo su tráfico con las provincias 
durante medio siglo cree de buena fé, que 
el orden normal de ese país consiste en res- 



-436- 



viaa 



tabiccer Jas cosas al astado en que cataban 
cuando Buenos Aires uva el centro de la vida 
material del país. — Lo que cree es lo quft¡ 
sea', y lo que desea es lo que dá ya como 
realizado. 

Ku el público comercial de Londres s 
tomado los hechos tendentes á nuestra unión 
como Id unión ó subordinación de las pro- 
vincias á Buenos Aires y no de Buenos Ai- 
res á las provinciaíi. 

La equivocación no es nominal; sino de 
un (ifecto muy práctico y muy grave que es 
el siguiente;- — Mientras que los bonos de Bue- 
nos Aires han subido al precio, sin antece- 
dente, en esa deuda, de 92 '%, las probabi- 
lidades de conHeguir un empréstito, y capitales 
para ocuparse de la Gonfedeíacion, han 
minuido. 

^.Cúrno se explica esto? Del modo aiguii 

La base del crédito de la Confederacii 
sería, ó la renta de aduana do su comtrcio 
directo ; 6 la renta de la aduana de Buenos 
Aires puesta en manos de la Confederación, 
á quién lo pertenece. 

Pero, para los arreglos ulteriores y para 
loa que se ven venir, el couiercio indiiectn 
de Buenos Aires, por la fuerza de la ruti- 
na, tomará el lugar del comercio directo de 
las provincias que liabia ocupado ó formado y 
su aduana local aumcntailaf?) de ese modo á 



— 437 — 

costa de la de nación, seguiría siempre aplica- 
da al pago de la deuda local de Buenos Aires 
ó lo que es igual, al servicio exclusivo del 
crédito público de su provincia. 

El millón y medio de papel moneda dado 
desde ahora por Buenos Aires como para 
compensar eso, es considerado aquí como otro 
de los hechos que sirve al crédito público de 
Buenos Aires á espensas del de la Confede- 
ración, por la siguiente razón práctica. 

Recibiendo el papel moneda de Buenos 
Aires (que es una razón de la deuda públi- 
ca) las provincias prestan á Buenos Aires 
los recursos efectivos que dan en cambio del 
papel que reciben ; y lejos de recibir un au- 
xilio efectivo que pudiera servir de base 
para el crédito nacional, admitiendo ese pa- 
pel, son las provincias las que dan á Bue- 
nos Aires los pocos recursos con que cuentan. 
— Con este auxilio que reciben, las entra- 
las efectivas de Buenos Aires, su crédito 
ocal sube naturalmente; y baja el do las 
l>rovincias en proporción de la baja de sus 
)nt radas. 

Estos resultados serían diferentes si el pa- 
^el que da Buenos Aires fuese reducido á 
)ro en esa misuia provincia, para pasar en 
netálico al tesoro nacional ; ó si el papel 
ueso declarado nacional, y las planchas y 
»1 derecho de emitirlo, fueran puestos en 



-438- 



manos del gobierno déla ConfeJei-acíon j 
adminUti-arJo tx)ii esclusion de todo otro f 

bierno local. 

Las tierras públicas sea cnnl fuere la pro" 
vincia argentina do su situación, son ntra do 
las bas<39 del crédito público nacional. Aqui 
se lia creiiio fjue también niieí*titis arreglo) 
servirían en adelante pai'a pagar mejor I 
bonos ingles'isile Bitenos Aires. — Remito á V. 
el uiticulo del Times que lo trae. 

Para todo argentino debería ser de gn 
satisfacción el ver tan alto el credito 
Buenos Aires en Londres, si sus titules i 
vez de ser honos de Buenos Aires, fuesen / 
de la República Argentina. 

Por el ciiaiiro de las deudas estranja 
que se cotizan en Londres ( que V. E. ve 
en el Times) no se ve más deAida de provine^ 
que la de Buenos Aires. Se conocen en í 
mercado bonoa de Chile, bonos de Panamá, 
nos del Brasil, bonos <le Venezuela, eta, pQi 
no (le Río Janeiro, no de Lima, no de Can 
cas, no de Santiago. 

Eríto descubre una enorme y dolorosa áM 
ficiencia en el crédito Rsteiior de la RoR 
blica Argentina, la más rica de las repúblia 
de Sud-América, por siia recursos naturaJej 
es decir, la más capaz de tener un cródll 
público. 

Sino me engaño, á nuestra política ( 



— 439 — 

terior le incumbe el deber grande y patrió- 
tico de avanzar los hechos que deben ser 
i'euiedio de este nial. La política exterior 
de una república de Sud América no puede 
ser «i no esencialmente económica. — Llevar 
el comercio, los capitales, las poblaciones de 
fuera: he ahí, sogun la Constitución Argen- 
tina el interés de Sud América, el objeto de 
nuestra diplomacia. 

No hay necesidad de llevarlos á las pro- 
vincias argentinas á espensas de Buenos 
Aires. 

Se pueden conciliar todos los inteiesos y 
con más facilidad, intereses que son solida- 
rios é idénticos, por ser de una misma na- 
ción. 

Generalmente (?) nacionalizar* con verdad los 
intereses del comercio y do la hacienda pú- 
blica, he aquí do lo que se trata: 

¿Cómo es el comercio inglés actualmente 
enti-o nosotros ? Todo él está localizado en 
Buenos Aires por la obra secular de sus le- 
yes coloniales que cerraban los rios. 

Lo que empozó por ser obra de las leyes 
88 conserva ho}^ por la fuerza de la rutina. 

A nuestra política exterior le incumbe el 
deber de destruir este legado comercial de 
de las Leyes de Indias, facilitando y fomen- 
tando la (ueacion do iniovos intereses que 



-440- 



se vinculen al iuterés general y colectivo de 
toda la Nación. 

Uno de los medios pi-ácticos conducentes 
á este &n, seria ia negocia cioii de un em> 
pi-éátiW de la Confederación en Europa. 

Para que los nuevos an-eglos sinceran á 
usté fin, seria preciso i|ue Buenos Aires to- 
mase parte con su tptíoro local en las garan- 
tías del empréstito ]ia>?ioual. 

Pero no sou recomendaciones gcneraltjs y 
escritas; sino asignando é hipotecando tales 
ó cuales rentas y bienes al pago do un ter- 
cio i?) del capital é interes&s del empréstito 
iroutraido por la Nación de que osa provincia 
es parte integrante. 

Si los hechos deben anticipar la unión y 
traoi' la virtualmente; en tanto que Buenos 
Aires no cumpla el hecho fandainental de 
unirse á la Nación ¿qué gaje mas piecioso 
de su amor á la unión podria dar qno tomar 
á su cargo una parte do la deuda pública 
argentina? 

Dado que Buenos Aires tomase paite en la 
deu'la púljlica de la Confederación, su pi-o- 
pio ¡úteros la llevaria á fomentar la riqueza 
(le las proviniias á fin de que pudiesen pagar 
por si, la deuda que Buenos Aires garanti- 
zaba y quo tendi'ia quo pagar ella si la na- 
ción no piígaba. 

De esa manera se baria mas fácil algiin dia 



441 



la fusión ó unión de las dos deudas que para 
honor y bien de nuestro país deben d^sapa- 
i*ecer alguna vez en el seno de una deuda úni- 
ca 3' nacional. 

Pero discutiendo las exigencias de nues- 
tra política externa, me ingiero sin pensar- 
lo en el terreno de las cuestiones que el 
señor Riestra, mejor conocedor de ellas que yo 
tiene á su cargo. El señor Riestra goza de 
un alto concepto entre los acreedores ingle- 
ses de Buenos Aires, y nadie mejor que ól po- 
dría, con la garantía de Buenos Aires, con^ 
tribuir á levantar el empréstito argentino. 
Sería una gloria para Buenos Aires y un be- 
neficio para su tesoro local, bien entendido 
que fuese uno de sus hijos, el que viniese á 
formar el tesoio de la Confederación que de- 
bo afianzar la existencia de su gobierno su- 
premo, la de su poder y ascendiente fniUtar(?) 
dentro y fuera de la República y al influjo y 
brillo do su diplomacia en Europa y Amé- 
rica! 

— Referencias sobre el estado de la polí- 
tica europea, i)or lo que puede influir en 
nuestras cosas. 

— La situación de Roma, es cada dia mas 
difícil. En vista de la suerte del Capitolio {?) 
con cuyo apoyo el l^apa contaba, parece dis- 
puoslo 8u Santidad á recibir la Confedera- 



412 - 



éion quu anUs repudiaba, y 



} boy ü 



loa 



eblos I 



rifantes t[ 
denean lii unidad ite ii Italia, nu la fed^racion^ 

— I>a EsjMiña, (iesochaíla cinoo nación de 
pninor ('»rden, es c^nsidorada notileinento en 
on progreso muy grando y ya cerca del ran- 
go que ella DO pai'ccc afnnamn por aleans 
anh» do tiempo. 

— Entrelnglatermy Francia, liit; relaciones, 
aanqtie no cordiales entán en estado satisfac- 
torio. 

— A medida que la rerroluctotí (?) italiana 
amenaza con mi» fuegos {? ) la paz de Euro- 
pa, las Cortea dol Norte hb aproximan entre 
hÍ y so entienden para las visicitudes proba- 
bles, 

— Garibiildi. ocupa va unfi niitinl flol Rei- 

— Hablar de los papeles que so remiten. 

— Hablar lespecto del Cónsul General del 
Estado de Buenos Aires en Londres, etc. 



CARTAS Y DOCUMENTOS 



DKL 



ARCHIVO DEL í)r. AlilíEHDI 



Cartas y doeomentos del archiTO del Dr. D. JaSii B. Alberdi 



DE JUAN MARÍA GUTIÉRREZ 

( Ministro de Relaciones Exteriores ) 

Paraná, Enero 24 de 1856. 

Señor Dr. D, Juan B. Alberdi, 

Empezaré esta misiva, mi querido Alberdi, 
por aquella materia en que, con tanta razón, 
inculca vd. en todas sus estimadas recibidas 
hasta aquí. En una de mis anteriores dije 
á vd., que al discutir el presupuesto de Re- 
laciones Exteriores, baldía logrado introducir 
en ól, una partida que se registra en aquel 
documento bajo este título : para gastos extraor- 
dinarios referentes d la misión del Encargado 
de negocios en Francia^ Inglaterra y España. . . 
6.000 pesos. Desdo la fecha de aquella ley 
no he cesado de espiar la oportunidad para 
mandarle aquellos fiéis mil pesos, sin haberlo 
logrado hasta ahora por los apuros de nues- 
tro erario. 



iblw ré, reobir por d praeote paqvete «na 
^Srdea ¿ mi ÍM.ror por aqaetta fiÜMaMl contia 
atgnn b«ai|aerD de Paró A de Lóndies. Le 
indoyo la cartífca orinal da don Gragoño 
Oohmk Mjbn.* este negocio y eofóu á cootí- 
tmiuri/jíi el párrafo de carta de don Joaé de 
BuMf;limthal referente á lo místoo : — « Rosa- 
rio, 2fJ do Knero de 1856 Por este 

tnÍMii'i fiaqovie \'oy á poner á la dí?po8Íci(hi 
do Albordt, Imi onzas correspondientes á loe 
6,000 (MHKw, que vd. lo dcstína . . . . ■ Ea- 
percf, pues, que vd. me escribirá oBcialmenbe 
lUtiiri: fiiU», liarii'ticioiiie todas las observacio- 
íiw* )H;<;(;Haiías en caso que haya habido algu- 
na iri(;j,'ijlar¡(laíJ ó píjrjiíicio en la Dianera de 
irasinitírlü á vd, moh foniioH; puia reclamar 
f.n o|)()itiini'ía<i. 

Ka última caita (¡iie tengo de vd. es de fe- 
r.lia í; <Uí iiovieiiiljiü — ffcoha la más reciente 
do l'!iii()|)a : doiitnjdo horas debo tener su car- 
ta ('oiii!H|»(iii(li(;uto al mes do diciembre y me 
ocupiín'! do olla. Me ainin de pacienciaá la 
oHpora del di.-i oii que vd. me diga ijuc ha re- 
cibido mí laiga y Hostonida correspondencia 
doHde (pie Hii|ie ipio había llegado vd. ásu des- 
tino. — Vd. verá entonces si le tenía olvidado. 

Iliistii iihora no tengo nada oficial que me 



447 



indique los progresos de sus negociaciones 
que conozco por la correspondencia privada. 
No se ha sentido mutación alguna en la diplo- 
macia por aquí. 

El Ministro anunciado de Estados-Unidos 
no ha venido, y Mr. Podón sigue en Buenos 
Aires sin dar síntomas de existencia. Atribu- 
yo á Mr. Becour, cuñado do Guido, la no- 
ticia que éste me comunica desdo Montevideo 
de haberse dado orden á Mr. Lo Muine pa- 
ra residir alternativamente en Huenos Aires y 
en el Paraná. La situación do la Europa, 
jio nos favorece j^ara nuestras miras. 

Los es imposible á sus gobiernos ocuparse 
de otra cosa, que no si^a la guerra do liu- 
sia y sus consecuencias generales. — Ha he- 
cho vd. bien: — tras el Memorándum^ el pro- 
3'ecto (bi tratado do coiikmcÍí) en (|ue (jueden 
aliados para siempre, (h^ una numera clara ó 
inamovible, nuestros i)rincipios de política ex- 
terior económica, si so |)uede llamar así aque- 
lla ipie a.segura toda franquicia justa y útil 
recí[>rocamento al hondero y al pioducto ex- 
tranjero en nuestro sucíIo y en nuestios mei- 
cados. — V^oy conteslando á su carta. 

Las connmicaciones para vd., las primeras, 
de julio y agosto, íiuíron diiigidasá Vaibesse 
que vd. me indicu') desde Chile, y que con- 
servo original en un pedacillo de papel de 
letrado vd. y con caracteres gordos, por más 



señas; — el papelito dice así: < Dirfjamo sti 
correspondencia á París á los seBoi-es Uriba- 
rren y Cia,, París, rué Trenife 32. > 

Cuando eatuvo aquí don Francísí-o Be- 
láustegui, me dijo que ese número 32 estaba 
equivocado, que era, cien, 35. Sin emí 
go, si parto de mi correspondencia se ha 
traviado, no dc-bo atribuirlo racionalmente 
no al entorpecimiento que existe entre 
ciudad y Buenos Aires para todo: no sei-ía 
extraño quo algún pasajero demagogo ó cual- 
quier curioso, se apoderase de la correspon- 
dencia oficial que más cocos les ha hecho v 
hace á los tontos de Buenos Aires. Mis últi- 
mos paquetes han llevado la siguiente adresse: 
— n Fraucü-Paris-Poste Restarito — Recomen- 
dét á Mi". lo Directeur íreneral de postes, pom 
remetve ú. Mr. le Chargó d'Af (aires de la G< 
federación Argentina, Dr. Juan B. Álberdi 

Independientemente de los periódicos 
le manda á vd, la administración general de 
correos en esta capital, tengo el cuidado de 
mandárselos íÍ su adrpsse, y recomendados A 
M. Gowland en Buenos Aires. Esta vez re- 
cibirá vd. desde el 20 del próximo paaado 
diciembre hasta la última feclia de esta co- 
rrespondencia. 

A Frías lo he pedido que le mande á vd. 
periódicos de Buenos Aires y que le escriba 
también. Supongo que no le faltarán á vd. 



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1 IJl»™ 



449 



unos periódicos que se difunden á carreta- 
das. — Y ya que hablamos de esto, D. Juan 
C. Gómez, ha llegado á Buenos Aires con 
el diablo en el cuerpo y se ha hecho cargo 
de la redacción de La Tribuna. — Este perió- 
dico, bajo la dirección de Héctor y Mariano 
Vareldi es un negocio y nada más: La Tri- 
buna es la cortesana de la vulgaridad que 
cuenta con mayor número de adeptos : lo me- 
jor de sus columnas es lo más picante, lo 
que más llame la atención curiosa de una 
población inmensa, y, por consiguiente, fri- 
vola y movible. Lo que huela á escándalo, 
eso es lo más fragante para aquella redac- 
ción. Por este camino han logrado que ese 
periódico sea el que cuente con más suscrip- 
tores, asegurando algunos que les dá 30.000 
pesos papel de ganancia mensual. Mientras 
tanto, El Orden de Frías está al borde de la 
tamba. . .5'a espira por falta de apoyo en el 
público. —Bien, pues, Gómez ha abierto una 
campaña bárbara contra la unión nacional, 
Gontoa nuestro gobierno, contra el general Ur- 
quiza, y por consiguiente contra los hombres 
qufe lo acompañan. Trate vd. de ver esos artícu- 
los. En uno de ellos, refiriéndose á no sé qué 
diario brasilero que, según él, dice que asegura 
que el aliado natural del Brasil es el gobierno 
del general Urquiza, insulta á éste llamán- 

19 



— 450- 



dole i^mt'IoUero del Brasil para que 
mine á todaj* la^ repñblif-a<> amerícan; 
tracque do algunos miles miserables ó 
cone» para pagar ogntrag mi^him a Ei 
qw ftcidfan sH ÍNsigHifireneia "n (a rne Bíam 
de Farín, etc. 

Al)( ti ne v.l. á ese Quijote ilel libei-atísiiio 
haciendo con la pinma el |iapol «{Qe hizo Don 
Manuel Or|l)e con la espada en el suelo 
gentino — tralja jar por el íeimento de nuesl 
pasiones y hact-raos todo «-1 mal posíblo.' 

Mientras tanto, mi amigo, si Gomi.z pue- 
de proceder a-^i, es por la situación política 
de Ráenos Aires, reducida hoy á terreno neu 
tro para (]ue lidien en él como en un infier- 
no, todas las malas pasionts, inoculándolas en 
aquella sociedad sobre la cnal pesa todo gi 
ñero de males. En este momento hay 
nueva invasión de Don José M" Flores alkRj 
do á Baltar y á otros varios gefes porteñi 
emigrados y ¡jertenecieiites al partido qne 
«e llftum federal. Parece que aun no tie- 
nen mucha gente ui muchos recursos. Esttln 
tranquilos por la impotencia del gobierno y 
por la indiferencia que se ha apoderado de 
los habitantos déla campaiBa, eutiegadosá 
la lihertad de no hacer nada y ú vivir en 
las estancias completamente abandonadas por 



9 en 



- 451 — 

sas dueños. Don Pe 1ro Rosas ha puesto toda 
su fortuna y su influencia con los indios (des- 
de Montevideo) al servicio de los invasores. 

Se dice que un coronel Bustos que ha re- 
sidido muchos años en las fronteras, ha mar- 
chado á ponerse de acuerdo con las indiadas : 
no sería esto extraño ; han de contar con los 
báybaros, primero como elemento de triunfo 
y después como elemento para tranquilizar 
las campañas, haciendo una paz con ellos á 
que no puede llegar el actual gobierno si es 
que entran los medios pacíficos en su actual 
potítica. — El gobierno nacional por medio 
de una nota al gobernador de Santa Fé, ha 
aceptado la más completa prescindencia en 
aquellas cuestiones domésticas de la provin- 
cia de Buenos Aires, al mismo tiempo que 
ha aprobado la conducta de las autoridades 
del Rosario que han hecho cuanto han po- 
dido para evitar que en aquel territorio se 
formen reuniones ni se asilen hombres ar- 
mados con intenciones hostiles sobre el otro 
lado del Arrovo del Medio. 

He comunicado á vd. una copia de las ins- 
ti*ucciones dadas á don J. B. Peña, sobre 
cada una se dio una contestación por los ple- 
nipotenciarios de nuestro gobierno, pidiendo 
como base de toda negociación que el go- 
bierno de Buenos Aires recabase del pueblo 
de Buenos Aires una opinión legal sobre la 



— «2 — 



>lo WBí» pedido tlCtm^tao l 
B- El gotaeno de Baenm Añ 
. t«d» DD poieee babene oc«i|Md9 de esto 
: mientia» tanto be dado irntracoo- 
' ne» A Peña, para que reclame sobre la /ana- 
fum lU Flf/rfJi y tm contra <le una poblicaeion 
en extracu* de laA conferencias hecfaas por el 
periódico del Rosario, titalado ¿« C»R/«rfrnt- 
mn, Ea esto tan ridiculo, qae Peña ha decla- 
ra/lo que no hará nada en ese >euti<1o. paes, el 
consta «■¡lie el gobei-nadoi de Santa Fé, su ami- 
go penwiial, lia li';eho cuanto estaba en snsta- 
cultadespara evitar que elemenio alguno san- 
tafeflíno «ntrahe eu apoyo délas intenciones 
de lofl íttvaHuieít: en cuanto á lo segando, él 
conoce lo que habria de monstruoso en recla- 
mar «obro ia conducta de su periódico y que un 
acto cuyo larácter uoofiíjial está manifiesto en 
ulgtinO'! orioreri cometidos en la sustancia de 
tt(jU4jlla« negociaciones por el redactor de Ln 
('onfederacion. Este proceder del gobieno de 
líuonos Aires, le tiene incóniodoádon J. B. Pe- 
Tiii, quien dice, (¡wi si á la llegada del va|:or 
quo debe estar aquí de un momento a otro, no 
tiono cnnttjHtacion seria y categóiica 
iiiandanl mudar y les tirará los papeles á 
cara >. Púnomos el mayor cuidado, en mfli 
(lio do toiia üNta conducta tan irregular, 
proceder con jieriodad y circunspección parjj 



453 



poder i-esponder de una manera digna á la 
espectativa despertada en el país con la mi- 
sión Peña al Paraná. — Las conversaciones 
en este, la lectura de sus periódicos en Bue- 
nos Aires y el conocimiento que tengo del 
espíritu que en el fondo de cada círculo do- 
mina allí, tengo la amargura de decirle á vd. 
que ítquel pueblo ha entrado en una senda 
de errores y extravíos de que no saldrá en 
muchos años. — No veo un hombre, una ca- 
beza en la cual puedan brotar las únicas ideas 
que pudieran salvar y hacer dichoso á Bue- 
nos Aires. — La manía de absorberlo todo, hace 
que nada apriete aquel gigante amapolas que 
todo lo quiere abarcar. Gracias, si en medio 
de tanta calamidad no se interrumpe la ave- 
nida de extranjeros y se les respeta en su 
propiedad y en su trabajo. Los irlandeses 
pastores de ovejas han transformado la cam- 
paña á este lado del Rio Salado, y sin las 
lanas no habría con qué responder al retorno 
de lo que se importa del extranjero. 

Mr. Campbell íia dado cuenta al gobierno 
del i'esultado de sus reconocimientos nara la 

A. 

plantificación del ferro-canil del Rosario á 
Córdoba, de una manera satisfactoria. 

Los planos originales están ya en poder de 
Buchenthal, y recibirá vd. un ejemplar á la 
memoria relativa traducida y publicada aquí 
en estos días. — Verá vd. también en el « Na- 



— 4*4 — 






Arífenlmu > el csjntialo 



M> 



di- ^/lut .'^MrfA para La Dsv^adoadd 
coya posibilidad acaba ded 
K ía«:ra de toda dada por les t«ocDO< ' 
te» practicados por el comandan ~ 
vapftT Water With de la marina oficial i 
gobierno de Estados Unidos. 

I'or ^l& bcañion le remito á vd. ana gran 
(tajeada y una uota relativa á negocios con 
fíoma paia la presentat-ioa de Obispes y crea- 
ción de la Diúcfcsis del litoral. Van copias 
do loii le^'oa y dec-reton relativos á estos ne- 
gocios y cuanto antecedente he tenido para 
hacerle á vd. máí* fácil esas gestiones. — Me 
Interesa poder dar cuenta de esta comisión al 
Presidente que se interese mucho en su buen 
r«r4uUado de ^una manera oficial y lo más 
pronto posible. Cuanto pudiera decir á vd. 
confidencialmente se lo digo en mi nota, y 
vd. me instruirá de lo que necesita á 
(lelo que le remito para el desempeño de 
nueva comiaion. 

Temo que la Curia pitia plata — circunstan- 
cia que por ahora seria uii estorbo para sa- 
tiafacer á los que se empeñan en tener obis- 
pos. — Yo deseo que sea vd. bien atendido en 
Uoma porque os convenieute que aparezca 
airoso el gubierno nacional en sus solicitu- 
das ante el Pontífice. No falta quien crea 
quo no» lieuiQs despojado de sus simpatías 



455 



los que hemos aceptado en la Constitución 
el libre culto de todas las creencias cristia- 
nas. Esto no puede ser. Acabo de ver que 
en Costa Rica (en un libro que vd. conoce) 
está declarada la libertad de cultos y con- 
ciencias y al mismo tiempo han estipulado 
un concoixJato con la Corte Romana. — En 
cuanto á concordato no debemos darnos pri- 
sa. Las iglesias no pueden quedar viudas 
enteramente por nuestras práticas actuales 
por que en falta de pastor gobiernan los ca- 
bildos según la más extricta doctrina y de- 
acuerdo con la autoridad de la iglesia. 

Me dice vd. que tiene relación con hom- 
bres de capital y de negocios. — Por consi- 
guiente debe vd. haber dado ya. algunos 
pasos sobre la indicación repetida que le he 
hecho sobre la conveniencia que habría en 
asociarle al presidente un gran capital per- 
teneciente á persona ó sociedad de vastas 
miras y caballeresca. El general tiene vas- 
tos campos magníficamente colocados, de pin- 
güe calidad, pero malamente ocupados por 
ganados vacunos que según nuestro actual 
sistema de pastoreo desperdician el campo 
y perpetúan el desierto ahuyentando las fa- 
milias contra las cuales tiene ojeriza el pas- 
tor en grande, miontias que en Chile, como 
sabemos, el mejor regalo para un propieta- 
rio es el najimiento de un hijo de uno de 



- 456 — 



loa numerosos inqatUoos. — En Buenos Ai- 
res por et mismo sistema de pastorear 30 ó 
40 mil vacas con cuatro gauchos nómades, 
célibes y sin techo, ha resultarlo que ia tie- 
rra no_ estaba poseída por el cristiano y los 
indios han llevado por si lo que era real- 
mente fruto de un sistema tan bárbaro como 
ellos. — Decía A vd. que mientras el gene- 
ral tiene aquellos valores casi muertos, ne- 
cesitaron frecuencia dinero, y en buena can- 
tidad, 3' como tiene la desgracia de haber 
hecho una especie de compañía con el mez- 
quino de L... SU9 apuros son repetidos y 
le atan las manos para dar vuelo á sus ideas 
industriales que realmente las tiene. Es pre- 
ciso hacer de modo que él espontáneamente 
y por su conveniencia, acepte la cultura i 
la europea, i-odee de casas rurales perfeccH 
nadas su morada de San .José y que enü' 
por los ojos de todos á las márgenes del Uru- 
gua}^ laa ventajas de los métodos eurepeos 
sobre los del país. Piense bien sobre esto : 
üs negocio público ; es operación hábil para 
acelerar por un lado y de una manera más 
lo que nos hemos propuesto al aceptar los 
principios que nos rigen respecto á nuestras 
relaciones con el mundo viejo. Yo le he 
dicho al general que le había escrito á vd. 
en el sentido de buscaiie un socio acauda- 
lado para aquellos fines, y me contestó por 



— 457 — 

« 

escrito agradeciendo me el favor como ami- 
go y como presidente. Si vd. hace algo á 
este respecto comuníquelo á él directamen- 
te y discuta y arregle con él las bases del 
arreglo. 

(Se saprime la pirte referente al Tratado con España que hallará el lec- 
tor en las '"lostraccciones" que ñiparan á continuación de la carta de 7 
de diciembre de 1857 dirigida por Aiberdi á Urquiza). 

Enero 26. — Hasta hoy hemos estado á es- 
pera de la conespondencia de Europa : dos 
vapores han llegado á este puerto y nada 
nos traen. El paquete de Europa llega al 
Rio de la Plata del 2 al 3, — juzgue vd. si 
la irregularidad de nuestras relaciones con el 
exterior por el hecho de que hasta hoy 26 
no contábamos recibir la carta de vd. corres- 
pondiente al mes de diciembre. 

Cerraré esta carta con una triste noticia. 
Dije á vd., en el 2" pliego de esta carta, que 
había una nueva invasión de Flores á Bue- 
nos Aires. Este general acaba de ser corri- 
do por Mitre, y en la persecución, ó bajo 
pretexto de ella, ha penetrado con 1000 hom- 
bres el ministro de la guerra de Buenos Ai- 
res hasta los orígenes del Arroj^o Pavonen 
el Departamento del Rosario. En la mañana 
de hoy se ha puesto en marcha para aquel 
destino el gobernador de Santa Fó D. José 
M. Cullen, decidido á hacer respetar el te- 
rritorio de la provincia. Este hombre leal, 



— 458- 



lógnatarírj de loe trata-io* de dkiembre,! 
dA'lo sin ahorrar cotnpicmttMM; la¿ pn 
ináA HÍicnctíf de na im parcial i 'úd en los i 
gocio* interioies con Boéii':* Aii«s y ha em- 

[dfeado todo* su?) reciir5<<a v poder para burlar 
a» iiit<!nf-ionts de FloiesV tie sus partidarios. 
A penar de ealan pnietas, insiste el gobierao 
de Biuno^ AJrc-s en hacer leítponsable al 
nuestro de Uh ucto» de un puñado de hom> 
bií» íjue lian oacado los retui-sos del Estado 
í orienta! donde estaban asilados. Pena ha re- 
cibido órdenes para reclauíar al gobierno de la 
Confedfciftcion contra )a conducta de Flores, 
y Peña que es amigo personal de Cullen, i^ue 
iiciibii d(; estar con él 3- íjut- es testigo de 
lo quf.' pasH aijuj, se ha negado á entablui- 
roclauío alguno y seausentaiía mañana paia 
ÜuenoH Airen sin ser llama'^lo por su gobiei- 
no, porque ósto 110 le ha contestado á sus 
nntan dando cuynta del resultado actual dü 
H\\ miftion. He pedia, oouio creo habtr dicho 
il vd, (piü HQ confederase nuestra constitn- 
i'iun |jur loH legítimos representantes de Bl* 
nos Aires — ya en una convención espec^ 
yn Qii lu KiUii actual de su legislatura. 

EstanniB. ¡me!*, una vez más. alboidede« 
iihismo: la guerra |)udÍQia eacender* 
ni'ceHitan, tal vv/., para galvanizar el espíiu 
|ii\blico do Buenos Aires y sobro todo ; 
reparar el erro 1 y el riiliculo en que hau c 



459 



con las instrucciones dadas á su comisiona- 
do. — Peña declara en alto que no quiere ha- 
cerse instrumento de intrigas ni de pasiones. 
Espero que á su regreso á Buenos Aires, hará 
conocer la verdad sobre estas cosas. 

Confiemos en nuestra buena estrella y en 
la excelencia de nuestra causa. A pesar de 
estos contratiempos, no hay que desmayar — 
cada uno que permanezca firme en su pues- 
to trabajando para que el tiempo venidero 
sea mejor y más feliz que el que á nosotros 
nos cabe. 

Le abrazo con toda la efusión de mi an- 
tigua amistad y consideración para vd. 

Su invariable compañero. 

Juan María Giitierre^^. 

P. D. — Ayer desembarcaron en el puerto de 
Santa Fé los primeros emigrados de la em- 
presa de Castellanos. El comandante del va- 
por que le trajo me habla muy bien do ello. 
Otra remesa de Mi*. Brougnes ha llegado á 
Montevideo, de donde se ha flotado un bu- 
que para que los conduzca á Corrientes. Des- 
gracia sería que estos incidentes, do que acabo 
de hablar á vd., interrumpiesen la corriente 
de emigración que se irá pronunciando ha- 
cia nuestros rios interiores. — Trabaje vd. por- 
que este efecto lamentable no se produzca. 



DE CARLOS M. LAMARCA 

( Ex-oflcial de la Legación en París á cargo del doctor Albtrdi ) 



Valparaíso, Enero 30 de 1868. 

Señor doctor D. Juan B. Alberdi. 

Mi querido gefe y amigo: 

... .Es bajo la misma impresión dolorosa 
que preocupa á los demás amigos, que me 
dirijo á vd. 

.... Un duelo profundo cubre hoy el sen* 
sato patriotismo de sus fieles corazones del 
Pacífico. 

. . . .Entre los arranques de soldado con 
que mi padre (^) se demostraba, decía: — Si 
tuviésemos vapor paia San José, no trepi- 
daba un solo instante en ponerme en marcha. 
Tengo idea, según creo haberle entendido, 
que aprovechará de la presencia del hijo de 



(t) El seAor Cirios Lamirca. Eaciri^addo e Ncjcocíoh de la Confedera- 
ción Argentina en Chile.— ( Editor.) 



— 462 — 

Santa Cruz 'p^ra esciibir una sentida cart» 
al general Urquiza manifestando con toda 
franqueza sus convicciones en abierta opo- 
sición a! procedimiento del Oobierno en el 
rechazo del tratado celebrado con España. 
{En 1857.) 

Esta nufcva violación de su dignidad, en- 
loda la ya tan comprometida oposición del 
Gobierno Nacional, por la Impotencia del 
circulo vicioso y egoista rjue le compone. 

Este rechazo comprueba mis cartas á vd. (,} 
A veces dudo si es nulidad ó infamia lo que 
se indujo "á cometer sacrilegios tan mons- 
tinosos, contraía Constitución, sin lógicaen 
corazones que pretenden abogar por la misig 
cansa — la rivalidad, el egoísmo, sobve 1 
la acusación más elocuente. 

Su intrepidez nos dá nuevo aliento y con- 
fianza: acostumbrado al combate, sabrá vd. 
dominar su posición, pues no puede ser i 
sengaño ni novedad para vd. Bien me ¡_ 
decía vd. el pago de su generosa abnegaoi 
en mengua de su salud y bien estar. 

Ah ! mi buen señor, el camino de la^íi 
lebridades estíí sembradi. de abrojos y llg: 
de culebras venenosas ; si en las monarquiaa" 
aquel .]ue sabe arrastrarse con más astucia 



11} li Sr. Lamiroa. aleado oficbl del& Legacioo. tai m 
l>r. Allii^rrli en mlBiou 9,1 ParinA y ee ^ loa carta» que le s 
alU. « ln« i|ue slmle. (Editor.) 



463 



posee el instrumento más eficaz para sus 
finas, en los Estados libres y nacientes, no 
hay otro recurso que la espada en mano. 

Es sublime nuestro consuelo: — la nobleza 
de sus actos, la prudencia, lo sensato y jus- 
to, solo, no está en contradicción con sí mis- 
mo. — Cuando sus máximas y principios, age- 
nos de todo egoismo, se practiquen en la 
República Argentina y reinen en el corazón 
de todos entonces tendremos gloria y hasta 
que no nos haga vd. subir á esa altura, el 
derecho de todos no será más que derecho de gue- 
rra y 'paz. 

Según se expresa vd. piensa quedar seis 
meses más en Europa, pero después vd. tiene 
que verse con Urquiza. — ¿Venir directamen- 
te á Chile? Imposible! — Es de primera ne- 
cesidad que le oiga, que vea vd. esa adminis- 
tración conozca esos hombres, de otro modo 
toda su misión quedará empolvada en los 
cajones del Ministerio. — No comprenden allí 
sus tareas, ó más bien no quieren compren- 
derlas. Su Constitución y organización de 
la república es lo que un buen reloj in ma- 
nos de un niño — que para hacerlo andar le 
tocan el registro, en lugar de darle cuerda 
simplemente. Esas finas ruedecillas que supo 
vd. construir, tienen hoy el ruido de las rue- 
das de carreta. 

Ui'quiza es la salvaguardia do la sociedad, 



— 464 — 



contra la flaqueza de sus miem'bros y i 
todo contra la inaptitud de hombres que no 
son más que lacayosde sucoche — él es allí lo 
que el alma en el cuerpo : la mas alta inte- 
ligencia, pues tiene sentido común. Es hom- 
bre de coiazon magnánimo, débil, fácil domi- 
nable, explotado por sus subalternos, á falta 
de conocimiento de derecho piiblico. etc. se 
valen de ésto para entorpecer el camino recto- j 
que le dicta su buen sentido, es así que debir 
vd. consideiarle inocente en la devolución ba 
tial que se hecho del Tiatado. 

Vaya vd., que es el único modo de salvar 
la situación. Si pedimos fuego tenemos que 
soportar la humadera. Qué puede esperarse 
de hombres que tiran cada uno por su lado? 

El Presidente prometiendo por un lado al 
Ministro Oriental, su adhesión á lo solicita- 
do y his Ministros cada uno por su lado cona- 
prometiendo esta disposición, dejándole como 
un negro. Se ha dicho bien que la sobera- 
nía ó poder político conserva, pero también 
no hay duda que las fuerzas separadas de 
su Órgano no tienden más que al desquicio 
y destrucción. 

Adiós, mi buen señor, saluda á vd. afectuo- 
samente su leronocido y muy adicto amigo. 

C. M. Lamarca. 



DE J. PABLO MARINA URQUIZA 

(Cónsul General de la Confederación Arj^ontina, eu Madrid) 

Madrid, 20 de Diciembre de 1857. 

Exnw. señor doctor Juan B. Alhcrdi, 

Mi muy estimado señor y amigo : 

Comprendiendo las desagradables conse- 
cuencias, que para el país y para el nombre 
del Presidente traería, desde luego, la nega- 
tiva a la ratificación del Tratado, ajustado 
por vd. con la España, me decidí sin vaci- 
lar ii poner cuantos medios están de mi paite 
para evitarlas, escribiendo al General Ujqui- 
za la que incluyo á vd. sn])licándole su pron- 
ta y segura dilección, y rogándole al propio 
tiempo se imponga vd. de su cojitenic40 y me 
diga con toda francp cza su opinión respecto 
de tratar la cuestión. Me lia parecido con- 
veniente ti atarla en el terreno de los prin- 
cipios, despojándola de toda personalidad ; 
para lo cual me be tomado el tiempo nece- 
sario á fin de adquirir algunos datos. 

30 



-466- 



Si v(i. creyese qiio no es stificiuiite aquel 
medio, espero de su bondad mo imiiqne'L-ual- 
quioi-a otro, en la seguridad de que estoy dis- 
puesto á cooperar en todo y por todo, á fin 
de qiio no se malogren taíittM esíiierzos co- 
mo vil. ha hecho parac<insegiiii' un triunfo 
en Espuñu, que por más que intenten des- 
truirlo pniHonas intorcsailas, será sie.iiprc un 
VGidadoio triunfo. 



Madrid, 25 tle Diciembre de \HñT. 
ISxmo. señor diivlor Juan B. Alhrr'h'. 

Mi muy aprtjuiable señor y amigo: 






Ya no t;M un misterio paia este Ministerio 
de Estado la intención del Gobierno Argen- 
tino, de recliazar el Tratado que vd. ha Ue- 
vailo á efecto con tunta gloria para la Nación 
Argentina, 

Esci-ibeu desde el Rosario al señor Don To- 
más Ascnsi, dándolo a»]uella noticia. Este 
señor mu intürpelú ayer en el Ministerio acer- 
ca do este desagradable asunto; y aunque 
por mi parto he tratado de atenuar d mal 



467 



efecto que semejante noticia ha producido, 
no sé cómo este Gobierno la mirará. 

Por cuanto hoy no quisiera que se confir- 
masen nuevas, que desde luego darían al tras- 
te con el prestigio de la Confederación : y qué 
papel haríamos los que tenemos alguna re- 
presentación de aquella nación en este país ? 
Lo comprendo, y en tal caso dígame vd. con 
franqueza qué es lo que yo debo hacer : si 
renunciar un encargo, que en tanto es honorí- 
fico, en cuanto la pei-sona que lo desempeña 
tiene aquel noble oigullo de represejitar á un 
Gobierno íueite por su consecuencia y por 
8U fó en los tratados. 



Madrid, 8 do Mayo de 1858. 
JíJxmo, señor J)v, Juan B. Alherdi. 

Mi apreciado señor y amigo: 

. . .Suplico á v,d. me tenga al corriente de 
todo cuanto conduzca á la suerte y desenla- 
ce de la cuestión del Tratado. Yo carezco 
completamente de noticias de aquel país, y 
iii contestación he iccibido del tio, á la que 
Je dirigí el 20 de diciembre, con motivo de 
ios rumores de la no ratificación del Tra- 
tado. Si aquella carta cayó en manos del 



408- 



V ice-presidente y se aplicsó lo de intñgan' 
tes, para hacer que no He me remitan ya, 
ni aun tos periódicos que oficialmente reci- 
bía, paciencia. Y- le consta il vd. que el 
deseo que me ftnimiv en ía\or de la Cunfo- 
derafion, nada tiene de peisonal, y que lo*" 
interesoa geneíales du ella 3on 'os que me 
inspiran la máh profunda simpatía. 

Reciba vd, afectuosos recuerdos de mi 
esposa, y disponga como guste de su afectí- 
BÍmo amigo. 



Madrid, K» d^ JiiHode 18f 



ligo: 



Exmo. Si-ñor Dr. D. Juan B. AUicrdi. 

Mi querido señor y apreciable amigo: 

Soy favorecido con su estimada carta del 
12. dando cubierta al extracto de las noti- 
cias ultimas del Plata, que se insertarán aquí, 
como todo cuan&j tiene un verdadero inte- 
rés por nuestra Confedeíacion. En este sen- 
tido publicó la América del 8 los dos mag- 
níficos artÍGuloá, qne habrá vd. visto, y pro- 
vocaron una débil retutacion en el periódico 
el Estado á donfie acude el seííor Tompson: 
refutación que el se'ior Asquerino ha oi"ei- 
do, que no merece el honor, siquiera, do í 
marae en consideración. 



— 469 — 

Doy á vd. el parabién por el acto solemne 
con que la Soberana de InglateiTa ha respon- 
dido al gobierno francés, recibiendo á vd. 
cerca de su graciosa persona como Enviado 
Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de 
la Confederación, y rechazando las pretensio- 
nes de la provincia de Buenos Aires. El go- 
bierno de esta no deja de gestionar aquí, 
paiti que su pretensión tenga la misma aco- 
gida que en el gabinete de París, pero la 
secretaría de estado está en el mejor sentido 
en favor de la Confederación, y aguarda con 
sumo interés la ratificación del tratado, por 
cuya suerte se me pregunta á menudo. No 
dude vd. de las mejores disposiciones de este 
actual gobierno para con la República Ar- 
gentina. 



Madrid, 31 de Octubre de 1858. 
Exmo. señor Juan Bautista Alherdi. 

Mi respetable señor y amigo : 

. . . De regreso en esta Corte he sabido, con 
sorpresa, que el Congreso legislativo de la 



— 470 — 

Confeileración, ha suspendido sa sanción 
al Tratado, de%'otviéndolo al [wder K)ecuüvo 
para que acerca de él emita su dictamen. 

SeirejantG salida de tono se lia mirado 
aquí como un pretexto, para no decir termi- 
nantomente <]ue nie^ au conformidad. 

También Ke me ha asognrado <]iie el go- 
bierno de la Confederación por su parte, y 
á fin de no perdei- todo el terreno por 
ganado, parece que piensa en enviar i 
mente el Plenipotenciario. 

Si esto e» aai quisiera tener el guato ! 
ver á vd. por aquí pronto. . . . 

Saluda i vd., etc. 



Madrid. 11 de Marzo de 1859. 
Exnto. ñpmr Dr. Juan Bautisla Álberdi. 



Mi respetable señor y amigo : 
. . .Veo que no recibió vd. mi carta escrita 
á Londres con fecha 4 de Noviembre, ape- 
nas regrese do mi expedicii^n de verano, en 
la cual le anunciaba á vd. el mal éxito que 
en la Cilmara Argentina había tenido el Tra- 
tado, Hegun escribió entonces el señor 
tur. DeHpue.s de este disgusto me trt 



471 



za, al fin, que el gobiei-no de la Confederación 
haga á vd. la merecida justicia de continuar 
las negociaciones basta concluirle, y creo po- 
der asegurar á vd. que verá coionados sus 
esfuerzos, porque aquí veo las mejores dis- 
posiciones y desoos en favor del gobierno de 
la Confederación, cuyos individuos deben pres- 
cindir de pasiones mezquinas, y tratar las 
cuestiones en ol terreno elevado de la con- 
veniencia pública. 

No dude vd. ni un momento, que me ten- 
drá vd. á su lado con mi débil 5^ casi inútil 
cooperación. Respeto los motivos que el Ge- 
neral Urquiza haya tenido, y celebio muy de 
corazón que satisfagan á vd. las explicaciones 
que ól mismo le dá. 

El despacho de que vd. me habla ha 
llegado á este gobierno, y aunque no ha habi- 
do tiempo de ocupaise del él, por la explica- 
ción que vd. me hace de su contenido, y 
por la que 5-0 he piovocado, veo que este 
Ministro preferirá soguir con vd. la negocia- 
ción por medio do notas confidenciales, al 
medio de autorizar á ose señor Embajador 
de España. El piimer medio ofrece la ven- 
taja de estar ambas partes más ceica de 
entenderse, y en esto estado, bastarían ocho 
días de permanencia de vd. aquí para fir- 
marlo. El segundo medio ofrece la dificul- 
tad de que para enterar al Embajador sería 



472* 



precien escnbir mucho ina.-*; pitr otra {iHi-te 
so me ha aseiiriii'ailo que tratjtmiose iiaiJa me- 
nos que de uu reoonoi-iiniento de indepen- 
(ieiipia _v auiistad so ha resuelto no dar co- 
inisiou ui eiieiugu pata celebrar souit-jantes 
tratados, ttino tpie esto teuga etcoto aquí: 
que únicamente en el (.-aso de que lo fuera 
á vd. imposible venir á íirmarlo sb podría dar 
(•omisiou pura que lo hieiora al señor Man 
(Euibajadoríie España en l'ati»), aunque ten- 
dría mucho gusto eati! señor Ministro Calde- 
rón Collantes, firmar él míflino el Tratado. 

lienpecto do nacionalidad, ninguna diticiil- 
tad creo que habrá en admitirla con la uio- 
ilificaeion que vd. indiea. 

En cuanto a la í/í'ííi/ti creo que es unacon- 
dicion "■/«(■ ípta non, consignarla en todoa los 
tratados de eate origen á souifejanza del que 
vd. cita concluido con Venezuela. Desde lue- 
go creo que en esto reconocimiento no so 
comprenden los gastos de la guerra de la In- 
dependencia ; y que bajo este nombre se en- 
tiende la declaración de derechos á los sub- 
ditos do ambas naciones, sobre bienes, mué, 
ble», halajaa, dinero ú otros efectos que le hu- 
bieren sido secuestrados ú cniíííscados 

Saluda, etc. 



MailriJ, -28 de Julio de 1860. 
Ejmo. señor Dr. Juan tí. Alberdi. 
Mi querido amigo: 

Recibí oportnnaniüiitG su carta del 21, y 
como el Ministro de Estado, con una parte 
de la SiiC retaría, está en la dranja con su 
S. M. la Reiuii, no puotio decir á vd. có- 
mo Imbi'á recibido la felicitación del Gobier- 
no Ai'gentino, aunque puede compren dei^se 
desde luego que á la Reina la habril aatis- 
íeciio, y que tanto ella como el Ministro ve- 
ían en esto paso una consecuencia inmediata 
del Tratado de amistad, que irá navegando, 
desde Londres, A piinci|)ios de agosto, según 
vd. me dice. 

No extrañaré que la conclusión del Trata- 
do baya inlUiido mucho para la íUvorable 
disposición política, liánia la Confederación, 
de parte de Mr. Thouvenel y que este tiem- 
po dará el opimo fruto del sometimiento de 
Buenos Aires, cuando vó que la Confedera- 
ción extiende y fortifica su prestigio en las 
principales naciones. Pero ¿á qué me detengo 
en hacer observacienea á vd. que lo com- 
prende mejor queyói:' — Perdóneme vd 

Recibii vd. mil cariñosos recuerdos de to- 
da la agradecida familia de su amigo. 

./. Pahlo Marina Urqiiúa. 



De JACINTO ALBISTUR (1) 

Carabanohel Alto, 27 de Julio de 1859. 
Exmo. señor D. Juan B. Alberdi. 

Mi estimado amigo y señor: 

También yo sentí mucho no tener la for- 
tuna de encontrar á vd. cuando pasé á verlo 
en Madrid después de su regrosó de Aran- 
juez. Mucho, mucho he celebrado el buen 
resultado de su negociación de vd., no solo 
por lo satisfactorio que debe ser para vd. ver 
al cabo coronada su obra (^) sino por lo mu- 
cho que importa el cimentar de una vez 
sobre bases sólidas y estables las buenas re- 
laciones que existen ya entre españoles y 



(í) Para dar á conocer la importancia que tienen las cartaH del Sr. 
Albistur creemoH convenionte insertar el Hi^uie/ite documento, con las 
partes subrayadas por el Dr. Alberdi: 

Tratado con la Kspaña— Lefcarión Argentina.— Madrid, 8bre. 21 de 186H. 

Sr. miniatro de relacionen exteriores de la Rfpúldira Arfjentiua^ Dr. />. Ru- 
fino de Klisalde. 

Bl abajo firmado tiene la nittii*f<tcciou de adjuntar á V. K. el tratado flr- 

<2) En 1864 decía el Sr. Albintur «<m» ofer.i'» refiriéndose al Tratado con 
España.— <KdltorJ 



— 476 — 

argentinos. El iuterós que me lia inspiraa 
el hermofío pafs de vd. y el deseo de coiitfrfl 
buir con eimieuo y buena (é á la ejecuciotf^ 
del Tríitadn (|ue acaba vd. de firniüJ'. me 
dL'cidijía tul vez á pasar todavía al^iiiioa 
años de mi vida en ei Río de la Plata: pero-^ 






la Un 






plcnlpowni'iaiiii dbííM'I 

BnjetAodose ci t|ue Brtni. 
clDHuy k<íH(H imOn^i-H. 
tnt aUtmi- aciitcU» vhi iÍhi 
iattiim, irlH Mn<v<"> *'* '-fxHtii dO \lUs 

Pmrde ttmr, ti gohi'' •»•> argmlii 



'i wfior nianiii^»ilellinlliir*ii y<j 



AiBcLlÉtia. 
II naiiiu fru m-< riul>(r, Mu Iclra do his n 
qu> V. B. ae Hirvió dtuis do hft podido i 



CHÍifl. 



I tlrtrépoU, > 
Aon *" »" 
lat ain*, 



ni tr^í"' 



le Hia iBsUtituiaueK. 

inlembrn* dol acUisl t lluHtndD rbMiiom m 

.os 8m, «nicga/M Oi tlirafiarajf rf" ' ~ ' 



P»r .'*«'» urii 


ñoiu brindo 


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do laníu 


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ubi U ucdHlHlún nus.Pla 1 



— 477 — 

no só lo que dispondrá el Gobierno, y no 
me parece natural ni decoroso el hacer por 
nii parte gestión alguna. No por eso agra- 
dezco menos la cooperación que vd.me ofrece, 
ni la rehuso tampoco : antes bien es nui}'^ 
satisfactorio para mí el sor considerado co- 
mo buen colaborador de vd. por la honrosa 
tarea de crear vínculos estrechos de amistad 
y comercio entre nuesti os países rospoctivos. 

Cuente vd. siempre conmigo para esta obrn, 
tan conforme con mis convicciones como 
simpática á mis sejitimieuuos. 

Mucho agradeceré á vd. el que cuando se 
lo permitan sus ocupaciones, me demuestre 
con algunas líneas que no ha olvidado que 
tiene un apreciable amigo en su atento, etc. 



Madrid, 9 do Mayo de 18()0. 
Exmo. Sr. D, Juan Bautista Alherdi, 

Mi estimado amigo 3' señor: 

Ya está sin duda el tratado en poder de 
vd*, y le supongo disponiéndose á hacernos 
una visita. 

Seguramente sabrá vd. que el Gobierno de 
Buenos Aires, ha protestado contia el tra- 
tado. 



— 478 



Ayer e^tiive en el Ministerio, y dije que fto 
-solo tío deliin esa protesta retardar un soh uto- 
manto e\ wiiige de las ratifií^ciones. sjuó que 
aún DO iletiía »er ailuiitida, piifs Buenos 
res no siendo \acion independieNlt^ carece 
¡ivrsiinalidad pura un acto semejante. — Explitilf 
además, que pura Buenos Airea el Trata 
no ea mas que un }»-elextt> qno alega pad 
iiu voi'ifieai' .su incorpoiaeíon á la Contodtf 
raííiim Argentina: puro que nuestra coiiv» 
nieiicia nOí4 acon.scja terminar cuanto aiitl'' 
el Tiataiio, para que Buenos Aires, que aÚJi' 
ca parto dii la Confederación, quede obligado 
por él : tan oliliifudo como quedaría cualquiera 
provincia di; JCr^paña, r^n la parte que le tocai 
por uu Triitado celebrado por el (iobietl 
Español. 

Todo eHtoíuó peí feelainente comprendido y 
iiceptjuio, y espero que el Ministro estii tan 
deseoso como vd., de hacer iiimediataniüntft_,j 
el cange. — Peíocoilsiiloioqueconvionesevaí 
ga vd. cuanto antt'a para concluirlo. 

Hay también la circunstaucia de que se es^ " 
tá preparando el presupuesto para presentar- 
lo á liis Cortes que so reúnen oí dia 2ó. y es 
urgente por tanto resolver acerca de la l 
prosGiitacion que hayamos de tenor en 
Confederación — El Álinistro, con la idead _ 
recargar poco el presupuesto, necesitará pi-o- 
I)ublemünte algún eatítmdo para decidirse á 



479 



establecer una Legación de primera clase, co- 
mo conviene á la importancia de las relacio- 
nes, á nuestros cuantiosos intereses, á la reci- 
procidad que exige su categoría de vd., y hasta 
á la importancia política de las cuestiones que 
ha de producir la actitud do Buenos Aires. 
— Creo que estos puntos, suscinta y hábilmen- 
te desenvueltos en un pequeño apunte ó Me- 
morándum, no podrán menos de convencer 
al Sr. Calderón Collan tes, y entiendo que vd. 
es quien está en mejor posición paia con- 
seguirlo, secundado por el sub-secretario de 
Estado, que está muy do acuerdo con estas 
ideas. 

Héctor Várela ha comenzado en el periódi- 
co demócrata La Discusión, una serie do ar- 
tículos bajo el epígrafe « Buenos Aires y la 
Confederación Argentina. » Ya puede vd. 
suponer cuál será el espíiitu de ellos. 

Empieza atacando al General Urquiza, y 
sospecho que concluya atacando el Tratado, 

Me parece convendrá que este brusco ata- 
(jue, no quede sin su merecida contestación, 
para que aquí, donde tan poco se sabe de 
aquellos países, no se arraiguen ideas equivo- 
cadas. 

Sahula, etc. 



Madrid, )7 Agmto d« 180qj 
Exmo. Sr. D. J»on B. Álherdi 

Mí muy estimado amigo: 

Tollos los días espero saber de vd-, pero cau- 
sa do venir retardando sus noticias, y como 
aliora no est-í aquí el Sr. Mari"a, tomo el 
partido do repetiiBcla. — ^Mt'clio deseo saber 
si se presenta bien el negocio que ahora tiene 
vd. en Inglaterra. Muy atortiinado ha sido 
vd. en la feliz coincidencia de li;>.bei*se reci- 
bido por el último paquete noticias tan fa- 
vorables para la integridad de la RcpübHca 
Argentina, y me paix'ie que el feliz suceso de 
la incorporación de Buenos Aires, contribuirá 
no poco d cimentar el crédito de la Coufede- 
racion y á facilitar el empréstito. — Mi co- 
rresponsal de Bucros Aires, que es hombre 
de seso y escritor apasionado, me escribe go- 
zosísimo del giro que tomaban las cosas. — 
Me han enviado La Tribuna que contiene el 
convenio firmado en el Paraná por el doc- 
tor Veloz y ino parece que las cosas van bien. 

Del asunto de la Legación creo no hay 
nada todavía. Don Satninino (') se ha ido á 



481 



tomar baños, pero volverá á fin de mes. Debo 
suponer que la incorporación de Buenos Ai- 
res ha de ser una poderosísima razón más 
para decidir al gobierno á dar á la Legación 
la importancia que merece. 

De cosas nuestras nada notable. Van lle- 
gando los millones de Marruecos. 

De los asuntos de Europa vd. debe saber 
más que yo. A mí se me figura que la paz 
lio ha de durar nmcho. 



Madrid, 17 de Septiembre de 18G0. 

JExmo. Sr. D. Juan B. Alberdi. 

Muy estimado amigo y señor: 

Agradezco á vd. su amistosa caita de 28 
del mes último y reconozco que en el cú- 
mulo de ateiH*iones que deben ocuparle, no 
tiene su demora en oacribirmo ninguna sig- 
nificación que pueda interpretarse como falta 
de buena memoria é interés hacia nuestra 
recíproca amistad. — Mucho celebraré saber 
que continúa vd. siendo tan feliz en sus tra- 
bajos como lo ha sido hasta aquí, pues esto 
redundai*á en bien de su interesante país y 
en legítima satisfacción de vd. Sin confiar 
yo tampoco demasiado en las protestas de 

81 



— 482 — 

entr.iñable amor que se lian hoclio por tióa 
y otra parte en Buenos Aires con motivo de 
la visita del PrGside..tti ilt? )a Confeili'iacion 
y del aeñor general Urquiza. veo con mucha 
satisfacción e! giro que allá toman las co- 
pas.— Por eso camino siem|irn se lia de adelan- 
tar liácia el término apete<-ido, al paso que 
las hostilidades no pueden sino alejíiilo más 
y más. I>e lo que no estoy tan satisfecho, 
es lie los ataques, que, segiiu iiiiw noticias, 
vá á sufrir nuestro tratado en la Convención 
de Santíi Fe. — Muy sensible me parece que 
lio ha>/a allí un Ministro I*leni|iotenciano de 
España para auxiUir al (íobieruo Árgoiitino 
en la defensa que, no dudo, liará de su obra 
de vd. '" 

Ya lie visto que el señor Ricstra se encar- 
gó de la cartera de Haciemlii, y esto me ttá 
esperanza de quo lo conservareiiioa á vd. por 
acá, como creo conviene al interés de la Con- 
Icderaeiou, Rn tal caso, ^, no cree vd. qno 
sería nuiy conveniente que viniese vd. cuan- 
to antes á presentar sus oriídencialcs? Esto 
sería, me parece, el mejor medio de iha'dir 



(lofüiider ■ i.n ■■' ■ . v 

cu GBtljiulsclán ¡inr A 
lo riue tunul» samo i 
til otíMao.—OSilUni. 



Mpu de IrAllUCu'ui Aires rc^rceCDiando A üñaUa, 
1 lupuUkuiOn luallKiM cuiitm au deiilDitfnwado pft- 



483 



al señor Calderón CoUantes á enviar un Mi- 
nistro Plenipotenciario á la Confederación. 

Con mucho gusto he visto la cordialidad 
de relaciones que reina entre el Gobierno Ar- 
gentino y nuestros agentes en el Rio de la 
ÍMata, como lo prueba el haber hecho los se- 
ñores Derqui y Urquiza en el vapor Concor- 
dia, su viaje de regreso de Buenos Aires. 
•••••••••••••••••••••••••••••••••••••• 

No dejo vd. do darme noticias suyas siem- 
pre que sus ocupaciones se lo permitan. — 
Sabe vd. me intereso muy de veras por su 
salud y el bncn éxito de sus trabajos. — Oja- 
lá pudiera probárselo á vd. con algo más que 
con palabras! 

/. Alhistur. 



De LUIS JOSÉ DE LA PENA 

(Ministro de Relaciones Exteriores) 



Paraná, Febrero 23 de 1860. 
Exino. Sr. Dr. D. Juan Bautista Alberdi. 

Amigo muy querido: 

Felicito á vd. y me felicito yo mismo, por- 
que mi última correspondencia, desde este Mi- 
nisterio, pueda llevarle la noticia de la ratifi- 
cación de su Tratado con España, que tanto 
trabajos le ha costado. 

Cuando cuento como hecha la ratificación 
del Tratado, es porque ayer ha merecido 
la sanción del Senado, y hoy está ya ala con- 
sideración de la Cámara de Diputados. 

No hay el menor motivo para recelar 
que pueda encontrar en esta Cámara dificul- 
tad alguna su sanción. 

He tenido particular satisfacción en apli- 
car, y sostener, primero ante la Comisión del 
Senado, y después ante la Cámara misma el 
Ti^atado celebrado por vd. 



— 486 — 



No es que él, no ae recomionde 
mismo; sino que en catas corporaciones hay 
siempre hombres que encuentran mny cómodo 
ejercer el rol do censores. 

Sírvale de satisfacción que en la Cámara 
de Senadores solo un voto — el de Taboada — 
ha quitado la unanimidad á la sanción. 

El Exmo. Sr. Piesidente Urquiza firmar:! 
la ratificación del Tratado ¡ y yo me honraré 
ceiTando con este acto un Ministerio en que 
esperé hacer algo, pei'o que me ha faltado 
el tiempo. — Vd. sabe cual ha sido en esta 
lUtiuia época mi peregrinación. 

Remito á vd. los detalles sobre la elección 
de presidente y vice presidente do la repúbli- 
ca en uno de los números adjuntos del «Na- 
cional Argentino > . 

El Ministerio futuro se organizará como 
lo indiqué en mi anterior, indudablemente 
respecto de los Ministros del Interior y Re- 
laciones Exteriores. — Repccto de los tres res- 
tantes se indican diveisas candidatos, que 
de cierto, no mejoran los indicados antes. 

Respecto de la situación de Buenos Aires, 
solo puedo decirle, que á juzgar por sus pe- 
riódicos, la reacción del circulo antinacional 
se ostenta ya con descaro. 

No tenemos noticia alguna de que la Con- 
vención haya adelantado un paso en el exa- 
men de laconstitucion nacional, y todoconfir- 



487 



ina que el pensamiento de repulsa predomina, 
para de él venir á la independencia de Bue- 
nos Aires. 

¿Qué hará, en ese caso, la Confederación 
Argentina ? 

Nuestra mala situación interior, se agrava 
por la de nuestra hacienda pública, y por 
la de algunas revueltas en las provincias in- 
teriores, principalmente en las de la Rioja 
y San Luis. 

Puede ser que ol nuevo presidente sea ca- 
paz de dominar todas las dificultades, que 
él gobierno que conchiye no ha podido ven- 
cer en sus últimos momentos de existencia. 

Yo lo espero todo del buen sentido y del 
patriotismo del pueblo argentino. 

La provincia de Entre Rios se ha dado su 
constitución especial, que está hoy sometida 
al examen del Congreso federal. 

No la he leido aún: — me aseguran que 
naíia hay en ella de notable. 

El gobernador de la provincia durará cua- 
tro años, y no podrá ser reelecto, sino después 
de un período. 

Se creo que el primor gobernador consti- 
tucional será el general Urquiza. 

Escribiendo esto recibo su correspondencia 
oficial, y su nmy apreciada caita de 6 de 
enero. 

Las órdenes de vd. y sus encargos respec- 



— 488 — 

lo Se" sueldos están cumplidos en !a~ 
quemo ha sido posible haoeilo. 

Está dada la órdeu para el pago del prímd 
trimestre del presente año. — ^Pero, amigo que- 
rido, en la bancairota on que nos tiallamos, 
no enciientio medio posilile do mejorar nues- 
tra situación particular. 

Tongo un reclamo presente del señor Bau- 
drix, por sus sueldos y por los de vd,. que 
remito hoy mismo al Ministeiio de Hacienda 
con especial recomendación. 

Todavía hoy estoy impago de mis sueldos 
por la misión al Paraguay; y esto que los 
cedo por dos terceías partes do su monto. 

Nada favorable puedo anunciarlo á este 
respecto, y mucho menos, quetUindome solo 
una stímana de Ministerio. 



El gobierno de Buenos Aires que ratifi- 
cando la Convención de noviembre quedó 
obligado á aceptar la garantía del gobierno 
del Paraguay, no ha querido hasta hoy ha- 
cer el cango de las ratificaciones <:on aquel 
gobierno. 

Ayer fui llamado por la comisión de la 
Cámara de Diputados para informar de nue- 
vo sóbrelos dos p'úntos del traadoquehan 
hecho constantemente materia dediula. Pien- 
so que la comisión de la Cdmaiu quedó a 
tis fecha. 




— 489 — 

Leí al señor Carril el páiTafo de la carta 
de vd. que le es relativo, y lo aoeptó con 
satisfacción. 

El lunes 27 será recibido por este gobier- 
no el señor Conde Paul de Boegrave como 
Ministro residente de Bélgica. 

S. E. el señor Presidente es esperado aquí 
el 1.** de marzo. 

Firmará el Tratado con España, y el po- 
der á vd. para verificar el cange de las ra- 
tificaciones. 

Con este acto cerrará ól su período presi- 
dencial, y yo mi ministerio que inició con 
ól mismo como Director Provisorio. 

Tengo preparado ya todo para enviar á 
vd. el correspondiente instrumento público 
del Tratado que ha de cangearse. 

Despidiéndome de vd., como Ministro, es- 
pero que no me olvidará como su amigo. 

(Somos 26) 

Acabo de recibir la visita del Ministro de 
Ból^ica. 

A consecuencia de indicaciones hechas por 
vd. desde 1854 — me ha dicho — viene á cele- 
brar un tratado de comercio. 

Doble motivo para quo yo lo consagro la 
semana que me resta do Ministerio á este 
importante trabajo. 

Se lo he prometido así al Ministro, y haré 



— 400 — 

todo porque el tratado de rd. y el de j 
gica, cierren el pnmer período pir-aJdencii 

Siempre de vd. moy aposÍMoado nmigo } 
aegam servidor. 

Lns J. nE LA PkSa. 



2 de la tarde. — He abierto esta para couiu- 
nicarle el aviso qne recibo en este momento 
de la Cámara tie Diputados. 

— «So/jre UtlAas ha aproltado e! tratado 
do vd. > 

IJu abrazo de felicitación 




De JUAN FRANCISCO SEGUÍ 

(Ex-MinÍ8tro de Relacionen Exteriores) 



Paraná, Mayo 20 de 18(30. 
Señor Doctor Don Juan B. Alherdi, 

Mi distinguido señor y compatriota!: 

Si algún premio merecían mis trabajos en 
favor del Tratado con España, y señalada- 
mente los artículos que á su respecto he pu- 
blicado en el diario que redacto, ninguno 
raás conforme á mis deseos que ol recono- 
cimiento de vd. consignado en su apreciable 
fecha 4 de abril último, que con placer he 
recibido por el último paquete. 

El Tratado do España ha recibido por los 
hombres que influyen en Buenos Aires, como 
lo sería el cólera-morbus, si desgraciadamen- 
te apareciera entre nosotros. — Esta circuns- 
tancia me ha obligado á escribir mucho sobre 
el Tratado, como lo verá vd. en los núme- 



- 492 - 



ros del Nncionat Argentino, que le adjnnto, y 
y en los (]nc antes de ahom he remitidu á 
vd. coa conataiite regularidad. 

He tenido el pesar de verme solo en la 
tucha con la prensa de Buenos Aires, porque 
loe demás periódicos de la Confederación han 
guardado silencio. — Este silencio no ¡mede, 
ni debe interpretarse, como oposición iil tra- 
tado, sino mas bien cumo falta de antece- 
dentes en la mayor parte de los hombros que 
aquí escriben en la prensa. 

Pero de todos modos vd. debe estar per- 
suadido de que los hombros de elevación, y 
de patrióticos sentimientos hacen á vd. cum- 
plida justicia, y cifran en vd. muy ahtga- 
düi'as e.sporanzas. 

Por lo que á iiit hace, desde muy joven 
he sentido por vd. aquella fuerte simpatía 
que solo el talento puede inspirar. — El pri- 
mer libro que yo encontré en mis estudios 
de derecho, capaü do llunar oí vacio qvie sen- 
tía tn los textos de la Universidad de Buenos 
Aites, fuó la obrita de vd. titulada Fragimiiio 
preUminnr al estudio de la jiin'spnidi'ncia. — 
Después leí sus escritos en el Salúii Ltttrarw, 
y desde entonces sentí por vd.. esa dulce esti- 
mación, que, como he dicho antes, solo la 
superioridad intelectual de un hombrt 
inspirar á otio. 



— 493 — 

No creo, pues, haber sido generoso, sino 
justo, cuando tributé á vd. el homenage que 
le debo como ciudadano argentino, por los 
eminentes servicios que vd. ha prestado á to- 
da la nación en momentos difíciles. — Yo que 
he presenciado las dificultades políticas de 
nuestro país después de la revolución de 
Setiembre, puedo, mejor que vd. mismo, valo- 
rar el peso y la influencia de sus trabajos 
de vd. en Chile en favor de nuestra naciente 
y combatida nacionalidad. — Sobre lo demás, 
todo el mundo lo sabe, siendo el mejor tes- 
timonio de sus gloriosos afanes en Europa, 
ese odio tremendo que le profesan los pro- 
tagonistas del aislamiento de Buenos Aires. 

No tiene vd., pues, porque darme las gra- 
cias. — Pero si cree vd. que algo merezco por 
mis débiles servicios á la causa argentina 
desde el primer dia de su libertad y antes 
de su época para procurarla del lado del li- 
bertador Urquiza, ya tendrá vd. una buena 
ocasión cuando vd. vuelva á nuestra patria. 

Los españoles residentes en esta capital y 
al frente do olios el señor Bermudez do 
Castro, cónsul general de S. M. Católica, han 
creído que mi artículo «ííloria española» me 
hacía acreedor á una demostración de su par- 
te. Con tal motivo, me han favorecido con un 
rico álbum que contiene una dedicatoria dema- 
siado lisongera para mí, y que viene subs- 



-494- 



cripta por U'iius loa españoles de esta loca- 
lidad. Bien, pues, la primera piígina está 
i>n Iilíuien, y [a resérvale asi, hasta que vd. 
piiríla ost'iibir allí cuatro rengloiios, quesien- ¡ 
lío tic la maiui de vd. wiliiiaráii mis dése 

Coiitrayéndoiue ahora á la.s cosas púhÜc 
le dir<'*: que la convención iIü Buenos AJreí 
termi!:ó su» trahajos, y en breve teiidrema 
iiquf el cuadro de reíonnns que propone, 
<j1 (.'oniírnso fedfiral dtcidiní si ha de coi» 
vocar ó no la Convención Nscional do i 
habla el nitícnlo V del pacto de Novíembn 

Observo con pena, que es muy dorainantí 
en el Congieso la opinión de que ih 
coiivocaiso la Convención ík/Aoc, sino rem 
var las objeciones do Buenos Aires hasta ( 
íiu de loa 10 años, que marca el art. 30 de 
la Constitución Argentina como periodo in- 
hábil para la leformn de la Carúi. 

No HÓ liasta doTiiIo esta apinion se funda 
en el unior ú la Carta, y hasta donde va 
el espíritu do partido. 

Sir-nto no potlor dar A vd. en esta carta un 
detallu de mis idoa-s il este respecto. Pero 
en reaúmon le diró, que el gobierno y Con- 
greso federal se bailan hoy en la indispen- 
ble necesidad, de conceder cuanto sea compa- 
tible con el ri^'or de nuestro derecho publict>, 
para que nunca el nnindo, ni la República 
Arg^ntiiiii puedau atribuir la continuación 



— 495 — 

del alslainienso de Buenos Aires á la mala 
voluntad do los hombres de la Confedeíacion. 

Comprendo que la ma3'or parte de las en- 
miendas que propone Buenos Aires deben ser 
rechazadas. Quiere decir, que es preciso 
trabajar, para que la Confederación tenga 
hombres de toda confianza en la Convención 
Nacional. Esto sería muy justo, y aún in- 
dispensable. — Así la victoria de la Confe- 
deración sería en terreno legal, y no daría 
ni pretexto á la maledicencia. — Buenos Ai- 
ros, á su vez, tendría que someterse á la 
resolución defínitiva de la Convención, sin po- 
der replicar coj^a alguna, porque á ellos la 
obliga el art. 2** del i>a(to do familia. — Y si 
por desgracia, no se contiene la justiciado 
la Confedeíacion, entonces contaría con el 
asentimiento universal. 

Tales son mis ideas en compendio, sintiendo 
(pie mi mala salud, y las tareas diarias del 
periodismo no me permiten extenderme mas 
con vd. como lo deseo. 

Aíjepte vd. de nuevo la distinguida estima- 
ción cojí que tengo el gusto de repetirme de 
vd. nniy affmo. amigo y compatriota. 

Juan F. Seguí. 



De MIGUEL CAÑE 



Buenos Aires, Marzo 28 de 1860. 
Señor doctor Juan B. Alberdi. 

Mi querido Alberdi: 

Le escribo bajo malas impresiones. 

El día 25 del corriente se han practicadp 
las elecciones de representantes y senadores, 
y la lista del Club Libertad ha triunfado sin 
oposición alguna. — Ya tiene vd. de nuevo á 
Velez Sarsfield, Alsina, Sarmiento, Obligado, 
Mitre, etc., en la misma ó mejor posición que 
antes del 1 1 de Noviembre. 

Para mi juicio empieza el año 20 de ingra- 
tos recuerdos, y no son los Ramirez, ni los 
López los autores de esta restauración sino 
los que se llaman los hombres de principios 
y de orden. Dios los lleve á los infiernos! 

Mientras Buenos Aires permanezca bajo 
las órdenes de los hombres del 1 1 de Setiem- 
bre, no hay unión ni nacionalidad posible. 
La chicana y la mala voluntad son infinitas, 

82 



— 498- 



y un nuevo Cepeda seria la ruina de > 
Provincia. 

El gobierno del Paraná, sin vd. por con-' 
sejero, no está á la altura de las necesidades, 
y si vd. viene á formar parte de esa admi- 
nistración, tendrá que resignarse á. sinsabores 
de todo género. 

Vea lo que hace, con calma, antea de 'hacer. 

He iutentíido romper la barrera que loa 
furiosos tienen levantada en Buenos Aire»1i 
contra su nombre, y aunque mi tentativa mO^ 
ha valido mil injurias, mucho se ha conse- 
guido. — ¡VéaDíe pJ«lnaB SOÍ y slgufentefll 

Como vd. comprende, mi situación no es 
buena, porque nuestro partido estácaido,y' 
en sociedades coiTompidas, el favor es el mé 
rito. No sé si corriendo los sucesos en " 
pendiente que llevan, no será necesario abas 
donar nuevamente la patria. 

Estoy solo, sin ninguno de los viejos ara 
gos, y para mi esta es una horfandad inw 
portable- 

Borbon que tiene la cabeza mas tranquila 
que yo, le informará mejor. ivénoMpiginMHi 

Suyo siempre. 

Miguel Cañé. 



De JOSÉ C. BORBON 



Buenos Airee, Marzo 28 del 1860. 
Sr. D. Juan B. Alberdi. 

Mi querido Alberdi: 

He leido con mucho gusto su estimada del 
7 de Febrero. 

Sus presentimientos en cuanto á la unión 
nacional se han realizado por demás, según 
se lo ^han ido comunicando sucesivamente 
mis anteriores : y de ayer en hoy los hechos 
son de una naturaleza tan grave que puede 
decirse que está roto el pacto del 1 1 de No- 
viembre de 1859! Aludo á la protesta del 
gobierno de Buenos Aires, á los gobienios 
de España y de la Confederación por el Tra- 
tado de reconocimento etc., últimamente ce- 
lebrado ; cuya publicación se ha hecho aquí 
en los diarios de ayer y hoy. Como creo que 
es muy importante que vd. las conozca in- 



— 500- 



cluyo en esta aquella parte de La TVtftMwa 
i|ue contiene ambas notas j* también el edito- 
rial que las encabeza, expresión completa de 
los hombres de Septiembre vencidos en No- 
Wembre del 59 y que hoj' están en comple- 
ta reacción. 

Es decir, que en Mayo ya estai-á Mitre 8enl 
do 'en la silla de los gobernadores de Buem 
Aires, puesto que en las elecciones que se prac* 
ticaron eu esta ciudad el pasado domingo, 
triunfó el partido que él encabeza, sin opo- 
sición alguna, pues quo nadie de la oposiciou 
ha votado. 

Antes de cinco meses estamos en peores 
condiciones para la unión nacional, que 
antes de la batalla de Cepeda; ya vd. vé 
que no se puede andar más bjero, en el tem- 
pestuoso camino de nuestia perdición ; hablo 
especialmente para Buenos Aires, y en ge- 
neral para la República, sino hubiere 
política muy hábil en el Gabinete del Pj 
rauá. 

Elevado A la Presidencia el señor Derqui 
ha nombrado á vd. para la Hacienda. — Serio 
momento para que vd. tome una resolución 
en pro ó eu contra de esa elección; yo no.íj 
tengo valor de darle mi opinión en éste ci 
porque de mi lado veo la necesidad ái 
una intehgencia superior para darle vida 
un tesoro exhausto y endeudado; y de otro 



jle- 



BOl 



composición de los hombres llamados á di- 
rigir la nave en tan difícil travesía! 

Al comenzar la discusión de la Constitu- 
ción en ésta prensa, Sarmiento, Mitre y C*. 
cuidaron de presentar el nombre de vd. con 
los peores colores, á ésta sociedad, como su 
más encarnizado enemigo: y Gané se pre- 
sentó en la arena para defender su puro y 
generoso patriotismo : la lucha ha sido larga 
y tenaz ; pero ellos tienen todo la prensa y 
á su devoción toda la juventud que hace caso 
á cuanto apuntan á aquellos funestos direc- 
tores de la desunión. 

En un pequeño paquetito le incluyo algu- 
nos de los artículos de Cañé ; (^) no mando 
todos porque serían muy voluminosos. 

López, desde Montevideo, ha estado publi- 
cando en La Patria, una serie de aitículos so- 
bre la Constitución de Mayo, que le hace mu- 
cho honor, creo que serán ocho ó diez. No 
son menos notables los que diariamente publi- 
ca, también en La Patria^ el joven abogado 
Marcelino Ugarte, defendiendo la Constitución 
y la pronta incorporación de Buenos Aires, 
á la voz que Cañé y Dominguez ; pero todo 
eso no bastará á la consecución del fin pro- 
puesto. 



(1) — LoB mismos que signen á esta cartA y que conservaba el Dr. Al- 
berdi, con algunas palabras subrayadas, quizá por el Sr. Borbon ó lo que 
es mas probable por él mismo. Esas palabras subrayadas, van en bastar- 
dilla y llevan al lado una letra, asi : (a), —(Editor.) 



- 5<>2 - 



Entre tanto la convención qne ha de re- 
visar la Constitución no ba comenzado aiín 
ladiscusiondelreglamentointerior. Enmipo- 
bre opinión no puede ser [teor la situación : 
y es notable que eate pueblo no se apercibe 
del riesgo, lo que es más de su proximidad ! 
O si se apercibe, en silencio se deja conducir 
á su ruina .... 

Saluda, etc. 

/ose C. BorboH. 



ArtlciOo* de Miguel Cuit (i 



ALBEEDl V : 



Hemoa hecho mal de salir á la defensa del pri- 
mero que se halla ausente, y que do puede pararse 
cara á oara delante de gQ9 enemigos, j decirles, en 
goardia pues, y la gracia de Dios. 

Hemos hecho mal de salir á la defensa del que 
fué el Licurgo para aquel que lo ha presentado an- 
te la opinión pública, después de haberlo encomiado 
basta las nubes, como al Maquiavelo argenta ' 
el apóstata, y el traidor. '"> 

Hemos hecho mal de no adoptar para AJberdi 
consejo de Maquiavelo, que era maestro su materu' 
de ingratitudes humanas, como era maestro en la 
ciencia de la política. 

Maquiavelo en su lecho de muerte les decía á los 
amigos que lo rodeaban, segiin Guerrazzi: «A vos- 
otros, amigos, coDtio mí nombre ; detendedlo, y si 




503 



de algunos oyeseis dichos injuriosos, más generosos 
que San Pedro, no reneguéis á vuestro maestro. 
Guando la injuria nazca de envidia, callady porque 
al odio por mis virtudes se unirá el de oirse clasifi- 
car de inicuos; pero si oyeseis que me injurian por 
error, ó engañados, decidles altamente: 

< Nicolás Maquiavelo no enseñó se quitase á los 
ricos la fortuna^ á los pobres el honor, ni á nadie 
la vida ; decidles que para comprender un gran co- 
razón es necesario también otro gran corazón, y 
que poco comprendieron el mío : decidles que creo 
en la virtud como en un camino abandonado por la 
mala condición de los hombres, y que debe seguirse 
para acercamos alguna vez á la perfección : que 
siempre he oreido imposible una política sin moral^ 
y que no entiendo por moral la imájen abstracta 
de Ias cosas, sino la verdad efectiva de las mismas, 
según el tiempo, los casos y los hombres : decidles 
que la política magnánima conviene al pueblo grande 
como el romano, en el que es más una necesidad 
que una virtud, y que no puede desviarse de ella 
sin perder á sus propios ojos y á los del mundo. » 

Sobre ese hombre pesó la maldición de sus con- 
temporáneos, que le envidiaron sus talentos y sus 
virtudes; pero la envidia pasa y queda la ver- 
dad, ^"-^ como queda el espíritu después que se ha 
destruido el cuerpo que lo encerraba. — Alherdi está 
condenado á pasar por esa purificación ; ^""^ para 
él será tardía la justificación porque todavía su es- 
píritu está en su cuerpo, mientras que para otro el 
espíritu ha venido á reemplazar el cuerpo, y todos 
pueden apreciarlo en su justo valor. 

Arrepentidos, pues, de haber salido á la defensa 
del amigo ausente, les dejamos el campo libre á los 
que gustan de herir al indefenso, ^""^ y golpeán- 
donos el pecho decimos con el justo ; señor, no, seño- 



ooota gastáis — 

bMM ea el miámx.. 

Im guerra como «1 venoedor de Argante. 



los 



cosrvos no oompí 



Miguel Cañé. 



klskSor sauuküto 

o limas csm» ftn iniraei loi chiaUoB 
Mo amlÍM, T tu msUlcluae* kU- 

Volvemos á dodar de la baena natoralezn qae te 
atribaiamos al señor Sarmieoto: volvemos á dodar 
de la inteligencia que le creíamos y volvemos á des- 
oooñar de la josticia de su criterio, ea méríco de 
las retribocioofis eucomiásticas que noa devuelve en 
El Nacional del miércoleg. 

Tálganos Dios! ¿Será necesario traerte á la me- 
moria lo qae hemos dicho del Sarmiento de Chile 
" y lo qae nos parece el Sarmiento de Buenos Aires ? 

Sea, pues, ya que se hace el vivo, y aparenta no 
comprendemos Sea, pues, ya que para él son arru- 
llos los chillidos y las maldiciones alabanzas. 

Antes qne nosotros, le había dicho Alberdi: «Vd. 
posee nn créHito lejítimo que debe á sus nobles es- 
fuerzos de diez años contra la tiratiJa derrocada por 
el General Urquiza. Ese crédito le ha dado imita' 
dores y sectarios antes de ahora, y tanto cuanto 
era provechosa su iniciativa cuando vd. combatía 
lo qae detestaba de corazón toda la República, se- 
ria peligroso que atrajese á la juventud qne oonooe 
sus antiguos servicios, en el sentido turbulento y 
continuamente agitador de sua piiblioacionea poste- 
riores á la caida de Eoaas.i Esto le ha dicho á 
vd. Alberdi, s'í victima aucente. su pesadUla mor- 
tal, '"■* y no sus amigos que no pueden tener la fortuna 



— 505 — 

de oomprender sus frases actuales, oomo nos suoede 
á nosotros. 

Divida vd. el Sarmiento en dos pedazos, como ha- 
ce el podador inteligente, y encontrará justa mi ala- 
banza y mi crítica. El pedazo de Sarmiento con 
sabia, el que sirvió para algo, el que lanzaba rayos 
y centellas desde la altura de Chile contra el poder 
de Rosas (así mi abuela ! diría alguno) y el Sarmien- 
to inservible, seco, sin vida reproductiva, el pedazo 
que se vota ó se destina al fuego. El uno es el 
glorioso y poderoso enemigo que nosotros aprecia- 
mos y aplaudimos ; el otro, el Sarmiento posterior á 
la caída de Rosas, el que nos ha causado una sor- 
prpsa despreciativa que desgraciadamente se au- 
menta. 

¡Pobre Buenos Aires, que le ha tocado el peor 
pedazo! 

Queda vd. dividido en dos, como ciertos animali- 
tos que se guisan (les grenotcilles); una parte bue- 
na, apetitosa, y otra parte inútil <i venenosa. 

Supongo que no se empeñará en hacerme acep- 
tar la segunda y arrojar la primera, ó lo que es lo 
mismo que deje la buena porción por la mala, el 
pedazo de Sarmiento fiel, verídico, enemigo franco 
y candoroso de la tiranía de Rosas, por el otro pe- 
dazo que todo es embolismo, contradicción y que 
habla de gallineros y de estiércol cuando discurre 
de la Constitución de Mayo. 

Ahora que queda determinado el pedazo de Sar- 
miento que mereció los elogios de Alberdi y los mios 
permítame rectificar una palabra que empleé mal en 
mi carta anterior por mi mala memoria ó por la 
precipitación con que la escribía 

Donde dije la media de onzas de oro selladas 
que vd. traía para su viaje á Europa, sírvase leer 
la calceta, porque no era media sino calceta, como 



-506 — 



▼d. y yo sabemos. La media no habría dejado eci 
mi metnoría el ret-aérilo que dejó la calceta, ni aqae- 
lla me habría hecho adivinar sa Datnraleza primiti- 
va : ana O hizo coiioc«r el t&lento del Ghiotto, ; 
su calceta me hizo desoabrir el suyo. Uoaor á esa 
calceta quo me reveló todo on mondo, porque vd 
es im mundo, señor Sarmiimto, annqne no el de ~ 
prottoeda. 

Afiguel Cañé, 



SEÑOR DOK NICÚLÁB AVELLANEDA 



5^ 



Fascinado por el espíritu del señor Sarmiento 
llena el orbe como la luz, tne pareció que era dig^o 
de ese aeñor el articulo titulado Secreto de la cons- 
titución que hoy declara usted suyo. Me pesa, por 
usted, colega, porque si á la juventud le es permi- 
tido el entusiasmo, le está vedada la cutumnia, y 
usted ha calumniado al doctor Alberdi, á quien confiesa 
no conocer ni aborrecer, atribuyéndole intenciones 
infames contra la patria, y corrupción degra- 
dante. <'"' Kstas cualidades de su esctito me hicieron 
incurrir en un error, que usted encontrará disculpa- 
ble porque era en su obsequio. 

Yo pienso hoy en cuanto á los hijos de los ven- 
cedores, como pensaba en esas páginas que usted 
dice liaber leido, como pieusa ustod, como piensan 
todos los argentinos que aprecian la gloria ganada 
oon la sangre de sus padres en las nobles batallas 
de la Independencia ; pero también pienso que el 
negociador de un tratado no es el autor del tratado; 
y que los reproches que usted le dirije al doctor 
Alberdi como negociador, serian más ^usío^ contra 
el aobierno qin; le dio las instrucciones '"> para 
celebrar ese tratado. 



507 



Pero usted ha salido de la esfei*a de mi defensa, 
confundiendo el articulo que comentaba al 107 de 
la Constitución, con otro que dice usted suyo sobre 
el tratado con España, que no tuve la curiosidad 
de leer. Revise usted mi contestación y rectifique 
usted lealmente las ideas que emitió, y entremos 
cuando usted guste en la discusión de principios, á que 
me invita con tanta frecuencia sin arrontarla nunca. 

No hace seis meses que hemos identiGcado nues- 
tras impresiones en asuntos de patria, y entonces no 
notaba usted en mi que tuve el valor de afrontar 
solo una propaganda pacifica, más peligrosa que la 
guerra, ese desencanto ó abatimiento que usted le 
increpa al marchitado Silvio Pellico. 

Hablaremos largamente cuando usted quiera, no 
sobre Alberdi ni Sarmiento, sino sobre nuestra ma- 
nera de apreciar las cosas de la patria, y verá usted 
que no pertenezco á la política ateista, sino á sus 
enemigos constantes, á las filas en que se encuen- 
tran los nombres de Marco Avellaneda , Estovan 
Echeverría, José Rivera Indarte y demás mártires 
que consagraron sus creencias muriendo por ellas. 

Miguel Cañé. 



( Sigue otra carta del aeñor Borbon ) 

Buenos Aires, Julio 27 de 1860. 
Señor doctor Juan B. Alberdi. 
Mi querido Alberdi : 

Hü recibido su estimadísima de Junio 6 de 
Madrid, juntamente con el artículo para Ganó, 
que le entregué en el acto. 



Todo ha cambiado completamente en la 
poUtica argentina, en confonnidad con K. 
(|ae le tengo comunicado en mis anteríoi'es, 
justicia sea hecha a! general Mitre I 

El 7 del presente á las 2 de la tarde de- 
sembarcaron on este puerto el Presidente de 
ta Confederación, su familia, loa uiinisti*os 
de relaciones esteiiores, de gobierno y de 
guerra, vaiios individuos del Congreso, el 
cuerpo diplomático extranjero residente en 
e! Paraná, el general Urquiza y su familia : 
esta comitiva fué conducida en tres vapo- 
rea, que recibieron salvas de honor al pasar 
por enfrente de la batería 1 1 de Setiembre 
y por la escuadra y buques de guerra ex- 
tranjeros. 

Una guardia de honor esperaba cei-ca de 
las escalas de la extremidad del muelle, á 
donde fué el general Mitre acompañado de 
BUS ministros, á. recibir á los ilustres hués- 
pedes. Mas de ocho mil peraonas, tomaban 
parte en esa recepción ó fiesta oficial ! 

Desde aquel dia, hasta el 24, en cuyo día 
8e retiraron, todo ha sido fiestas en honor 
de loa huéspedes. 

Esos fiestas, y el alojamiento del Presiden- 
te preparado por el gobierno, así como la 
morada del general Urquiza en la quinta de 
Lezama, han sido regias, dignas de este | 
pueblo. 



609 



Sería necesario escribir á vd. un libro para 
ponerle al corriente de los pormenores ocu- 
rridos en ellas y eso me es imposible por falta 
de tiempo : el general Mitre se ha mostrado 
en todo ello con mucha altura, sin cuidar- 
se de la exaltación de muchos de su partido, 
y se ha expedido con notable habilidad en 
todos los actos ; yo añadiré que procede todo 
bajo la influencia de una inspiración feliz para 
el país, y también para ól sin duda. Es muy 
de recomendarse que hasta hoy no ha des- 
mentido ni un momento la sencillez de sus 
costumbres anteriores. 

En la masa de la población se ha mos- 
trado en todos los actos de estos días pasados 
una gran tendencia ha tomar parte en las 
fiestas, del rico al pobre; y mucho más en 
la población extranjera; esta dio un baile 
en Colón, espléndido, en el cual había tal 
vez más de tres mil personas. 

Ha sido muy benéfica ésta visita, porque 
el contacto de estos 3' aquellos hombres les 
ha facilitado el hablarse y entenderse con 
buena fé; y sin duda que se han facilitado 
y allanado muchos puntos difíciles de ven- 
cerse por medio de notas oficiales. El Presi- 
dente y el general Urquiza, van llenos de 
satisfacción por la manera con que han sido 
obsequiados, y el pueblo ha perdido la mayor 
parte de las preocupaciones en que le tenía 



-510 — 



imbuida la política anterior exiusivista por 
excelencia. Hay todavía cierto número de fa- 
náticos localistas; pero que al fin los modifi- 
cará el ejemplo y la admirable destreza que 
desplega en toda situación el general Mitre. 

Si Dios nos protege en esta vida nueva y 
racional, por la que nos encamina la nueva 
política, oreo que pronto veremos sentados en 
el Congreso Nacional á los diputados de Bue- 
nos Aires. El dia 5 de Agosto tendiú lu- 
gar la elección, en ésta, de sus diputados á la 
Convención Nacional. 

He hablado con el señor Derqui, y con 
el general Urquiza: ambos están muy satisfe- 
chos de la situación y no abrigan temor de 
que varia ol rumbo honorable en que mar- 
chan hoy nuestras cosas políticas. El gene- 
ral Urquiza me habló con mucho interés de 
vd., puedo decir con mucho entusiasmo. Es 
un hombre de excelentes instintos y de i 
notable sagacidad. 

Véngase, mi amigo, véngase que ha 
gado el momento en que au presencia es md 
necesaria para el bien del país. 

Saluda, etc. 

José C. Borlón, 



De EMILIO DE ALVEAR 

(Ministro de Relaciones Exteriores) 



Paraná, 19 de Junio de 1860. 
Señar Ministro Dr. Juan Bautista Alberdi. 

Mi estimado señor: 

Recibí ayer sus comunicaciones fecha 7 
de mayo, y como hoy sale ya el vapor que 
debe alcanzar en Buenos Aires la mala de 
Europa; no puedo contestar á vd. sobre los 
importantes puntos que abraza su correspon- 
dencia oficial y privada. 

El feliz desenlace que se ha obtenido por 
el convenio del 6 de junio de las dificulta- 
des pendientes sobre interpretaciones del pac- 
to de Flores, abre al país una situación nue- 
va y llena de lisonjeras esperanzas que, con 
razón, nos tiene á todos á la espectativa. 
Oficialmente le acompaño todos los documen- 
tos relativos. 

El gobierno tuvo aquí y en Buenos Aires 
que luchar con algunas dificultades pero fue- 
ron allantas y la confianza restablecida para 
el futuro, promete una completa solución del 



-512 — 



gran problema que hace siete años está por 
reaolverse. 

Yo lo felicito á vd., mi amigo, como auno 
de esos mas ilustres y perseverantes cam- 
peones. 

Me tomo la libertad de adjuntarle el pe- 
queño discurso con que saludé en las Cámaras 
tan memorable suceao ; y debo decirle quelia- 
bia tan buena disposición en la maj'oria del 
Congreso que arranqué lágrimas de contento. 

La taita de tiempo me impide acordar con 
el Presidente nada relativo al empréstito, 
pues mi intención es que no interrumpa vd. 
8U trabajo porque siempre habrá necesidad 
de negociarlo, solamente que ahora lo consi- 
dero mas íácil. 

En este mismo instante se cangean las 
ratificaciones del convenio y tengo que ter- 
minar esto para asistir á este acto de con- 
fraternidad. 

Escuso decirle que cuento con su con'es- 
pondencia particular. 

De vd. siempre afmo. amigo y compata 

E. de Alvear. 



De JOSÉ FRANCISCO LÓPEZ 

(Oflcial Mayor del Miaisterío de Relaciones Exteriores) 



Extracto de ana carta dol Sr. Dr. D. José F. López, ofloial mayor del 
Ministerio de Éelaciones Exteriores de la Confederación Argentina, 
dirigida á D. Gabriel Florentino Valens, oflcial de la Legación Ar- 
gentina en París y Londres. 



Paraná, Enero 22 de 1860. 

En mi anterior, nada pude decir á usted, 
respecto al folleto del Sr. Alberdi, porque las 
premiosas atenciones que me rodeaban no me 
permitieron dedicarle un instante. 

Hoy que ló he leído, con la detención que 
merece un trabajo tan concienzudamente ela- 
borado, me es grato decirle algunas palabras 
respecto al juicio que me ha inspirado su lec- 
tura. 

El predicho folleto, es sin duda, un docu- 
mento clásico, como lo ha llamado el Ministro 
Americano Mr. Cushman, (á quien di un ejem- 
plar para que conociera á fondo nuestra cues- 

33 



— 5U- 



tion) el cual hizo Iw mejores elogios en una 

nverüacion qae tavimos. 

Hace mucho tiempo qne el señor Alberdi 
ee, en mi juicio, no solo el representaste ofi- 
cial de la Confederación Argentina, sino el 
abogado nato de su cansa, que ha defendido 
con lucidez y valentía en todos los episodios 
y peripecias por que ha pasado. En el mo- 
mento de hallarse para recibir un fallo en 
última instancia, el señor Albeixli ha pre- 
sentado fln alegato de bien prohado, que es el 
proceso histérico de las injusticias y usni'pa- 
cioiies que mantenida'» durante medio siglo al 
favor de las argucias riel poder y del prestigio 
que ellas proporcionaban, han llegado á en- 
caaqaetai^se. como un derecho en la concien- 
cia del pueblo monopolizador, y como un 
hecho pasado en autoridad de cosa juzgada en 
la de la» naciones que se habían familiari- 
zado durante aquel tiempo á esa anomalía en 
el pueblo mas adelantado de la América es- 
pañola. Y para que ese orden de cosas lle- 
vase todo el sello de la legalidad y de la 
fisonomía histórica del país, se tuvo el cuida- 
do de adulterar la naturaleza y fines de las 
resiaceiicias que hacían las Provincias, clasi- 
ñcá-ndolas de simples motines de caudillos, 
cuando tenían por objeto derribar el mono- 
polio impuesto por la violencia y la astucia, 
y restablecido de sus derrotas por la mala 



de 



^ 



íé con que se explotaba e! candor ile las pro- 
vincias, que siendo vencedoras, continuaban 
unidas al carro del monopolio, bajo la prome- 
sa de que luego les sería hecha justicia, sin 
que se dejase esperar el golpe de gracia que 
sellara sus labios, para que en adelante nn 
pudieran ni invocarla, como sucedió en el 
reinado de Rosas, hasta que de sus mismas 
filas se levantó el brazo que derribó el alcázar 
del sistema colonial, mantenido á despecho 
del democrático que habiau conquistado los 
lismos puebloa, á quienes se despojaba de 
n preciosa adquisición. 
El escrito luminoso y enérgico del señor 
Alberdi ha desenvuelto la cuestión bajo to- 
das 8U8 faces, y revelado con esa lógica y 
análisis incontrastable que caracteriza sus 
obras, la verdadera índole y natui'aleza íocaí 
de las causas quo, disfrazándose con los colo- 
res tomados sofísticamente á cada situación, 
han lanzado como un escollo en el canii- 
de la organización para impedirla ó fun- 
dirla en el molde del monopolio colonial. La 
justicia, pues, de la causa (le los pueblos ha 
quedado en todo su esplendor ante el tribu- 
nal de la opinión pública; y ese importante 
alegato de la cuestión argentina lo recogerá la 
historia como un documento precioso, quo un 
todo tiempo será la llave para explicar el an- 
tagonismo lógico de los dos principios laten- 



r — 616- 



tes que durante 40 años han mantenido eu 
continua buUicion á la familia argentina. He 
llamado esos doa principios latentes, porque 
antes que el señor Alberdi acometiera la ta- 
rea de derramar luz en el laberinto de la 
cuestión argentina, esta no era bien aprecia- 
da ni aquí ni eu Europa, cuyas naciones han 
tenido generalmente una política equivocada 
en estos países, debido á la falsa idea que 
se habían fonnado de laa verdaderas causas 
que los niantenian siempre en agitación, sin 
<|ue ninguna crisis pudiera conducirlos á su 
centro. Estaban, pues, fuera de él mientras 
violentamente se liallaban bajo la servidum- 
bre del sistema colonial, que por medio déla 
clausura de los nos los condenaba al divor- 
cio con la Europa, fuente de civilización y 
riqueza; y es por eso que ese centro y esa 
armonía se halló en la apertura de los ños, al 
favor de las cuales los pueblos asumieron 
su personería, y se costituyeron á despecho 
de todas las resistencias y escombros (¡ue la 
tiranía y demagogia habían aglomerado en 
su camino. Sin embargo, liamos visto toda- 
via á la Francia perpleja y hesitativa en su 
política, hasta el grado de autorizar anomalías 
sin ejemplo y muy perjudiciales, antes que 
dar á su política una fisonomía franca y pro- 
nunciada. Todo esto revela que allí todavía 
no se han conocido bien esos dos principios í 



517 



que constituyen el antagonismo de la cuestión 
argentina : — el de la centralización ó supre- 
macia por parte de Buenos Aires, y el de la 
igualdad federal y libertad fluvial por parte 
de la Confederación ; y que todavía se siente 
alguna influencia de la táctica tradicional de 
aquella provincia de llamar caudillos A todos 
los que intentaban derribar el centro del mo- 
nopolio. Al favor de esa palabra, el pueblo 
de Buenos Aires sacrifica sus tesoros y la 
sangre de sus hijos, las mujeres se convier- 
ten en caballo de batalla, y hasta no falta 
una Corte europea que adopte una política 
vacilante. 

«Aunque el trabajo del señor Alberdi ha lle- 
gado después del pacto de 11 de Noviembre, 
creo que su importancia no disminuye por esa 
razón; pues á mi juicio la cuestión no está 
definitivamente concluida. La integridad na- 
cional está restablecida ; pero el modo de 
consumar esa obra depende del mismo partido 
y del mismo jefe de la revolución de 11 de 
Setiembre. Ella puso en las manos de don 
Valentin Alsina la llave de la organización 
definitiva del país, y el uso que hizo de ella 
no ha podido ser mas trágico y desastroso. 
La derrota de Cepeda la ha indemnizado con 
una espléndida victoria electoral que coloca 
por segunda vez en sus manos la llave de la 
organización nacional, puesto que ese partido 



-618- 



examinará la Constitución, y de ese exámon 
depende el ingreso de Buenoü Aires á la na- 
ción, ó á la continuación del statu quo, hasta 
que el Congreso describa las reformas que 
propusieren, suponiendo que antes de la reu- 
nión de este no haya un segundo 1 1 de Se- 
tiembre que complemente la obra del pri- 
mero. 

-No le sorprende á vd. mi lenguaje, por 
que hoy toda la integridad nacional está li- 
brada á la buena fé de D. Valentin Alsina, 
cuyo partido, fuerte y audaz, impondrá su vo- 
luntad al GobieiTiO de Buenos Aires, puea toda 
la administración ha quedado en pió, y ella 
es la /íec7¡wra de aquel ; por consiguiente tiene 
en sus manos todos los resortes de la má- 
quina administrativa. Y yo no creo que deje 
de moverlos á su tiempo, porque ningún par- 
tido ae suicida en la mitad de su carrera, y 
mucho menos el de Alsina, que es obstinado, 
exaltado, lleno de recursos, y que está acos- 
tumbrado á dominar la situación. 

• ¡Ojalá mis temores no se cumplan! pero 
vd. verá que tengo razón para abrigarlos, 
pues la fó de Buenos Aires, en cuanto á or- 
ganización nacional, es púnica, sin perjuicio 
de que ella sea una garantía tratándose de 
los tenedores de bonos de InglateiTa. Es allí 
donde Buenos Aires ostenta su lealtad ' 



519 



ezhuberancia de sus caudales, aunque sea á 
costa de grandes sacrificios, lo mismo que el 
jugador enajena y arruina sus propiedades, 
con tal de inundar la taberna con dinero, y 
deslumhrar y engañar á los demás. Esta com- 
paración que hace el Sr. Alberdi en su escrito 
es sin duda de mucho efecto por la verdad 
de la analogía. 

Alguna vez he dudado que podamos for- 
mar nación con Buenos Aires. Este pueblo, 
altivo y absorbente, — pues desde muy tem- 
prano fué la piedra del escándalo que levan- 
tando disensiones en el seno de sus hermanos 
con el objeto de dominarlos y constituirse su 
tutor, como lo ha sido de nosotros en medio 
siglo, — ha ido preparando las desmembracio- 
nes. El antiguo Vireinato, hoy disperso en 
diferentes fragmentos; y mucho es de temer 
que ese pueblo, que se cree nacido para man- 
dar, cuando se convenga de que su cetro ha 
caducado, se resuelva á vivir solo, por no so- 
meterse á la igualdad de las instituciones 
que tanto blasona. 

Indudablemente el señor Alberdi es un po- 
lítico perspicaz cuya vista de águila no se 
detiene en la superficie de las cosas. El ha 
tenido razoh cuando desde el principio abrió 
sus filípicas contra las preocupaciones y ten- 
dencias puramente locales de la provincia de 



-520- 



Buenoa Aires, y no contra su gobierno qxc] 
sivaraente. como lo han hecho oti'OB. No es 
un partido, es el pueblo quien sostiene á Al- 
sina, porque este hace la corte á la vanidad 
y errores inveterados del mismo ; y lapnjeba 
es que hoy aeha levantado de entre el polvo 
de una derrota en que ha sacriíícado loa cau- 
dales y la sangre de los hijos do esa provin- 
cia, y no obstante eso él gana una batalla 
electoral á la cabeza de su partido. Si en Bue- 
nos Aires hay partido nacionalista es muy dé- 
bil, por que idea de nacionalidad, esto es, de 
llevar á la caja común de sus hermanos el 
producto de la renta, y someteíae al gobier- 
no y leyes que dé esa mayoría, causa una 
impresión antipática en ese pueblo que quedó 
en posesión de las prerogativas del mono- 
polio ; y que él solo se consideraba nación, 
pues las provincias habian sido sometidas 
á un régimen de servidumbre que acaso no 
existe en los países que viven bajo el yugo 
de otra nación, pues esta cuida dul desa- 
rrollo de la riqueza de aquellos, porque al 
menos forman parte del reino , y se au- 
menta en proporción el tributo ó las contri- 
buciones que debe recibir; mientras que las 
provincias eran despojadas de su renta y de 
su personería, reducidas de este modo á la 
postración de un país conquistado. La Ir- 
landa es representada en el Parlamento, oo- 



521 



mo lo son otros países conquistados á quienes 
se dá participación en la cosa pública, aun 
bajo el sistema monárquico ; así pues, la voz 
de O' Conell en el Parlamento, conquistó re- 
formas liberales para su país. Mas, ¿ por qué 
singular anomalía las provincias ya eran bajo 
una esclavatura política, puesto que no tenían 
derecho á sus propias rentas, ni el de man- 
dar un diputado á la Sala provincial, que 
obraba como congreso nacional, ni emitir un 
voto para la elección del gobierno provin- 
cial, que también era nacional y llevaba las 
relaciones exteriores? 

Mi amigo, cuando se lee el folleto del se- 
ñor Alberdi no puede uno resistir á esta co- 
rriente de ideas que brotan por sí mismas ; 
pues, su lógica y estilo, á la vez incisivo ó 
ingenuo, presenta la injusticia de una ma- 
nera tan flagrante, que ella se revela en toda 
su fisonomía, y no puede menos de desper- 
tar la indignación en toda conciencia que 
no esto obcecada por el egoismo y la pasión 
política. En fin, mi amigo, este es un tema 
que hace correr mi pluma, sin apercibirme 
que solo escribo una carta ; pero en una si- 
tuación tan delicada, como la presente, he 
creído deber comunicarle mis vistas recogi- 
das del teatro de los sucesos, para que vd. 
sepa á que atenerse. ¡Ojalá ellas sean exa- 
geradas y el buen sentido le sustituya á la 



tojurtici» 1»" ''XS»'- ^ ff ese pueblo, 
"° Tt«atl« recibido m ^^^ ,j,iao^U 
»^ *-" af^e pueWo, « ^;"^1 'notables ex- 
cepcionea- 



Dooaxnentos referentes k la política exterior de la Confederación Ar- 
gentina—Protesta del Gobierno de Buenos Aires contra el Tratado 
de reoonocimiento de la Independencia, celebrado con España el 
9 de Julio de 1859. 



Ministerio de Relaciones Exteriores. 

Paraná, Abril 10 de 1800. 

CIRCULAR 

» 

A los Agentes Diplomáticos acreditados cerca del 
Gobierno de la Confederación Argentina. 

El giro que toma la política indecisa y contradio- 
toria del Gobierno de Buenos Aires, amenaza de vol- 
ver á colocar el país en la misma difícil situación 
que trajo por resultado la última guerra, justamen- 
te cuando habia razones para que se creyese termi- 
nada para siempre por el pacto de familia celebrado 
en San José de Flores el 11 de Noviembre de 1869. 

El Gobierno actual de Buenos Aires, compuesto 
de las mismas personas que ratificaron aquel conve- 
nio, no solo no le cumple como era de esperarse, 
sino que en sus actos oficiales revela cuando menos 
una fluctuación incomprensible. 

Si alguna duda pudiera haber suscitado la letra y 
el espíritu del convenio mencionado, se hallaría per- 
fectamente desvanecida por la interpretación veri- 



eOBWi isImu fresas )mm i 
que lo díouron. 

Soliottondo aqoel Gobáenio la revocaeioa de Im I 
de U Ccmiedandoo Ifaanxfa de Dera^w» Difenn- 
óalea, dáigió al Oobierno XacJoaal Im neta qna «o 
cópi» legattsada ae acompaña, feoba 9 de Dicteinbre 
áltimo 

En ella empieza por 'Icclarar qne, inoorporada ym 
la fjroviiioia de Baenoa Aires á las demás de U Unioa, 
por el pacto d^ 11 de noviembre, i noa de siu oon- 
( «ecueticiati iam^Jiatas y sin duda la tbás fecunda, 

• es el restablecimiento de sos francas y amistosas 
« relacionea y el allanamiento de las barreras que 

* entre ana y otras habían levantado nnestras di- 
1 sensiones pasadas; > aolicita ser tratada en nn p^- 
fecto estado de igualdad, con las demáa provincias 
sos hermanas, y concinye invocando el deber en qne 
se halla el Gobierno G^eral de protejer aqnella im- 
portante fracción de la República. 

Después de recibida esta comonicacion, qae como 
Y. £. comprende importa nada meaos qne nna in- 
terpretación terminante del verdadero espirita y letra 
del convenio del 11 de Noviembre, el Gobierno Na 
cional no podía hacer otra cosa que mandar suspen- 
der los efectos de aqnella Ley, qne como lo dice may 
bien la misma oomnnicacion, recordaba la época íatal 
de la desanion de la República. 

Esto sucedía del 9 de Diciembr» fecha de la co- 
monicacion del Gobierno de Buenos Aires, al 24 del 
mismo en que el Nacional espidió su decreto sus- 
pendiendo los efpctos de ia Ley de derechos dife- 
renciales, apoyándose para ello en las mismas razo- 
nes aducidas en la nota de aquel Gobierno. 

Obtenida la suspensión de esa Ley, el Gobierno de 
Baenos Aires, con fecha 5 de Enero escribe la nota 



626 



que también se adjunta; ya niega lo que en su úl- 
tima afirmaba. — Buenos Aires no estaba todavia 
incorporado y la entrega de la Aduana dependia de 
la revisacion de la Constitución. 

Sabe V. E. que en todo tratado, convenio ó pacto, 
los artículos á plazo fijo ó condicionales, son expre- 
samente determinados con referencia á la época y 
condición de su cumplimiento; los que no, es claro 
que son efectivos desde el dia de su ratificación. — 
Ésta es la práctica universal, la única posible. 

Por el art. l^ del pacto, Buenos Aires se reconoce 
parte integrante de la Confederación y por el art. 6** 
se obliga á no mantener relaciones diplomáticas de 
ninguna dase. — Al instalarse el Gobierno del señor 
Llavallol, se suprimió el Ministerio de Relaciones Ex- 
teriores y con fecha 13 de Marzo ppdo. escribe al 
Gobierno Nacional, profesando siempre su adhesión 
al fiel cumplimiento del pacto y como consecuencia 
avisa la suspensión que hace de su Agente en París. 
Pero á los pocos dias, es decir, con fecha 21 del 
mismo, reaparece el Ministerio de Relaciones Exte- 
riores y por su conducto aquel Gobierno se dirige 
directamente al de Su Magestad Católica, protestan- 
do de soberano á soberano, contra un acto de sobe- 
ranía ejercido por el Gobierno Nacional de la Confe- 
deración. 

Resultaría, pues, á estar al tenor de las comuni- 
caciones y actos oficiales del Gobierno de Buenos 
Aires, que aquella provincia está y no está incorpo- 
rada, es y no es Estado soberano — tiene y no tiene 
relaciones exteriores; — en una palabra, una situación 
extraordinaria y completamente original en la histo- 
ría de los pueblos civilizados. 

Y como no es posible que una situación tan ex- 
traña, pueda prolongarse por mucho tiempo sin una 
subversión del orden interno y externo del país y 



— 626- 



le ios 



sin flagrante violación del pacto de familia d© 11 
de Noviembre, 8. E. el señor Presidente ha creído 
deber salvar la futura responsabilidad de la Confe- 
deraoioD, denunciando gon tiempo estos hechos á los 
gobiernos amigos, y por su conducto, á la inraausa 
población extranjera, <jue con razón busca la garantía 
de sus propiedades ó industrias en las leyes y pactos 
públicos del país que habitan, y al efecto me ha or 
denado instruir á Y. E. de un modo oñoial de 
sucesos ocurrentes. 

La reincorporación de Buenos Aires al resto 
Bepública, fué la razón de la guerra y ha 
(condición de la paz. 

Asi lo declaró el Congreso Argentino, asi lo 
tendió el as- presidente y Capitán General de sus ejér- 
citos y asi se pacti'i en San José de Flores. 

No era ciertamente la nacionalidad argentina la 
que podía sugetarse al examen de la convención de 
Buenos Aires, ni sobre lo que debía fallar la Con- 
vención ad hoc. — Aquella existia antes de la Cons- 
titución da Mayo y existirá con y sin la reforma de 
ella. 

Las constituciones no representan la soberanía de 
on país, sino su modo de ser mas ó menos perfecto. 

Cuando varios Estados soberanos se unen bajo la 
sola condición de un pacto politico, este viene á ser 
la razón de su unión. — Pero no es este el caso de 
Buenos Aires, ponjue siempre ha sido parte integrante 
de la República, antes y después de constituirse en 
ContederacioQ. 

La desinteligenoia sobre este punto ocasionó la 
guerra, pero quedó all añadan or la victoria, y el pacto 
de San José de Flores. — Y tan cierto es esto, que 
aún teniendo Buenos Aires el derecho de observar 
la Constitución de Mayo, queda sujeto sin embargo 
al fallo definitivo de la Convención ad hoc, acepte ó nó 



527 



ésta sus observaciones. — Por consiguiente, haciendo 
el Gobierno de Buenos Aires, depender la entrega 
de la Aduana, el ejercicio de su soberanía exterior, 
ejército y marina, que son los elementos que cons- 
tituyen la nacionalidad, del examen de la Constitu- 
ción de Mayo, desnaturaliza completamente el pacto de 
fiumlia y tiende fatalmente á restablecer las cosas 
en la misma crítica situación que produjo la guerra. 

El Gobierno Nacional, que durante seis años con- 
secutivos y en la última campaña, ha dado pruebas 
inequívocas de moderación, de su poder y generosidad, 
confia todavía en que los intereses y sensatez del pue- 
blo de Buenos Aires, le harán escuchar una vez mas 
la voz de la fraternidad, de la justicia y de la leal- 
tad. — Pero si por desgracia sus esperanzas fuesen frus- 
tradas, le quedará la satisfacción de haber hecho por 
su parte cuanto honrosamente puede exijirse de un 
Gobierno y de un pueblo: — toda la responsabilidad, 
pues, pesará sobre los causantes de tantos males. 

Dejando á V. E. instruido de los hechos á que me 
refiero, en cumplimiento de las órdenes de S. E. el 
Sr. Presidente, tengo la honra de ofrecerle las segurida- 
des de mi mas alta consideración y respeto. 

Emilio de Alveae. 



£1 Qobiemo de Buenos Airee. 

Buenos Aires, Diciembre 9 de 1859. 

Al Exmo. Sr. Vice- Presidente de la Confederación 
Argentina en ejercicio del Poder Ejecutivo. 

El Gobierno de Buenos Aires tiene el honor de dirigir- 
se al Sr. Vice Presidente de la Confederación para 



— 628 — 



&bÍAn le- 
lu sa atí^M 



hacerle presente, qad realizada la incorporada de 
eete Estado ¿ loa deioas de U anioo, por él pacto de 
11 de Xoriembre, ana de sus conseoneiuñas inmedia- 
tas, 7 sin diida la más f«<uuids. ea el restabE^imiento 
de sos trancas y amistosas relaoiooes, y el allauamian- 
to de las barreras qne entre ano y otros habian le- 
vantado nnestras disensiones pasadas 

A est« fin tíonden todos oaestros esfaerxoa, ^ 
aervamoB con gusto la docilidad con que el i 
presta á segundarlos. — La acción del 6obic-mo s 
tiende ya á todos tos puntos del territorio, los espi- 
ritas se tranquilizau, y al amparo del orden público 
asegurado, el tráfico mercantil renace y el comeroío 
risiblenjeate anhela por untrar de lleuo en toda su 
vivificante actividad. 

Solo se presenta nn obs tácalo para que eeto ól- 
timo se realice, y es la subsistencia de la Ley lia 
mada de Derechos diferenciales la cual, imponien- 
do á iaa meroancias que salen de puertos de «sta Pro- 
vincia para las otras litorales, un recargo tuerte de 
derefboa de Aduana que no pesan sobre las que se 
despachan del Estado Oriental, coloca á Buenos Ai- 
res en una posición desventajosa, y tiende á mantener 
Bobsistente e! entre dicho comercial á que puso tér- 
mino el pacto de 11 de Noviembre. — De manera que 
esa ley de Derechos Diferenciales que solo tuvo su 
razón de ser cuando la tamilta Argentina estuvo des- 
unida, y que tantos inconvenientes ha ocasionado á am- 
bas fracciones, viene á ser macho mas dañosa para 
Buenos Aires, precisamente cuando se ha deciilido á en- 
trar trancamente en la Union Nacional, esperando 
ser tratada en un pié de perfecta igualdad cou las 
demás provincias aua hermanas. 

Esta situación requiere un remedio tanto mas pron- 
to, cuanto que los resultados que produce, no solo 
son en provecho de uu país extranjero, siuó en daño 



629 



evidente de esta porción importante de la Kepiibli- 
ca Argentina, cuya decadencia comercial no puede 
ser indiferente al Gobierno Genera), y antes al con- 
trario debe ser objeto de su más esmerada solicitud. 

V. E. no ignora que durante la separación jamás 
entró en la política de Buenos Aires vulnerar en lo 
mas mínimo la prosperidad de los pueblos hermanos 
por medio de su lejislaoion económica. 

Principios muy diversos la guiaron siempre ; y no 
tiene en verdad por qué arrepentirse de haber sido fran- 
ca, liberal y generosa. Por esto mismo, y amparán- 
dose de los derechos que le reconoce el pacto de 11 
de Noviembre, presenta á V. E. estas observaciones, 
esperando de su rectitud la suspensión de los efec- 
tos de una ley de circunstancias, que ha caducado 
por el mero hecho de la desaparición de las causas que 
la habían producido. 

Tal es el objeto de la presente nota. — El Gobier- 
no desea que sea acojida con el verdadero espíritu 
de confraternidad en que ha sido dictada. V. E. co- 
noce que j)ara realizar la unión de voluntades que 
ha de ser el complemento del Pacto de 11 de No- 
viembre, toda medida coercitiva está ya de mas, y 
que la remoción de este estorbo que ofende tantos 
intereses honestos, ha de tener una influencia muy 
favorable en la completa pacificación de un país que 
para prosperar necesita de la más amplia libertad 
comercial. 

El Gobierno de BueLos Aires se complace con este 
motivo en presentar á V. E. la expresión de sus más 
cordiales sentimientos. 

FELIPE LLAVAIJ.OL. 
Juan B. Pe^a, (Ministro de Hacienda.) 

94 



1 Aires Euero o de I8tJ0j 



A S. E. el Sr. Více- Presiden te ik la C'm/edcran 
Argentina cri ejercicio dd Ptttler EjeciUim 
D. Salvador Marta del Carril. 

El infrascripto tiene el honor do dirigirse á V. '. 
por aiicargu ile su Gobierno, acusando recilx) d« 
nota en que se sirve uocauníuiirle el decreto exiw 
do cou l'ecliü '2'ii del corriente, relativo ul nomlirai 
to del I)r i). Jíelfiu B, Haergo, oorao comisic 
especial para representar al (Jobieruo de V. K. 
ejeciiciou del art. 8 del ])acto do 11 de Noviembre. 

Ea contesta:! ion á la mencionada nota debe el q 

frascrito manifestar á V. E, (|ue, segirn la monte del 
gobierno de Buenos Aires, el cumplimiento de laa es- 
tipulaciones del convenio del 11, que no se refierau 
al cese inmediato de las liostiliilades, á las cousetuieu- 
cíaa naturales de e-ste liecho óá los arreglos prt;vios 
para la ineorporucíou de Buenos Airea, solo puedo 
tenor lugar cuando esa incorporación se haga efeoti- 
vii por la aceptación y jura de la constitncion gene- 
ral; pues lii contrario importaría que Buenos A tre^ 
asumiese desde ahor» el carácter de un estado federa- 
tivo, cuando aun se ignora la formay condiciones eu 
virtud de las cuales entrará á formar parte de la 
república. 

Las consecuencias de la nacionalidad no pueden ve- 
nir sino después de Ja nacionalidad misma, y estaño 
puede invocarse antes que Baenos Aires ace]ite y 
jure la constitución naciouat, como expresamente 1» 
detí-rmina el articulo 1." del pacto de Noviembre 

Sin verificarse, puos, la incorporación efectívaj 



531 



Buenos Aires, no podría el gobierno, por mas que lo 
deseara» negociar sobre el cumplimiento del articulo 
8.** del convenio, á menos que se tratase de estipula- 
ciones ad referendum, para establecer desde ahora lo 
que se baria llegado el caso de la incorporación sobre 
lo cual parece mas natural esperar á que Buenos Ai- 
res representado debidamente en el Congreso, pudie- 
ra pactar por medio de órganos mas competentes 
las condiciones mediante las cuales sus aduanas se- 
rian nacionalizadas. 

El infrascrito tiene tanta mas confianza en que 
la ilustración do V. E. sabrá valorar estas razones, 
cuanto que el comisionado especial nombrado por 
este Gobierno cerca del de VE. ha asegurado al in- 
írascrito que quedaba claramente entendido por V. E. 
que el artículo 8/* del pacto de Noviembre no ten- 
dría ejecución inmediata y que la nacionalización de 
la Aduana se llevaría á efecto con las reservas 
establecidas en el artículo 8.® cuando Buenos Aires 
estuviese do hecho incorporado á la Nación, por la 
aceptación del pacto federativo. 

Este es el pensamiento del gobierno de Buenos 
Aires, respecto al tiempo en que debe darse cumpli- 
miento al mencionado artículo 8«° y el infrascrito 
cerraría a(]uí la presente nota si las instrucciones 
pasadas por V. E. al Sr, Huergo, délas cuales tiene 
conocimiento este Gobierno, no diesen á su juicio, 
al citado artículo 8." una interpretación que no está 
en el espíritu del convenio ni en ios propósitos que 
han presidido á su redacción. En tal caso, pues, 
y para evitar en adelante todo género de duda á 
este respecto, salvando de antemano cualquier obstá- 
culo que pudiera oponerse al fin común á que se 
aspira, creo el infrascrito (|ue debe abordar íranca- 
mente la cuestión desde ahora, exponiendo á V. E. 



«OMlndlad colín «BlnapttroBMdfe a ChIim— am 

El Gobieraa d» Bwbm Aír« bo pimí» si b* 

ada»an mporiMf b» ftirff. matmiti de «flaa al 
Gotáeno da h CoaáédnciaB. & efaüA la caai ; 
eaáamvm fuente de loa iiauíjua da Btix w Aires 
Mtá «Q so* reates adaaa«faK om días le « tofao- 
\*» B CM i ü idadea d* i 



Bjcama, on elba so&aga los gestee qoe le oeasumaa 
lo* «iBpteadoa que las pereíbea, cono loe que le nrí- 
gnaa la adfflátMtraflioa de jostiñ y la fíiena 
pábtica que garanteo 7 dafiendwn esos mtsmoa inte- 
r«eei qoe la» prodsoen. Abandonar poes ñn rraerva 
la íb«ate de mu lecuisoe, seria abeetar á las ieyea de 
sa propia conserracion y crearse ana tutela inoont- 
patiUe 00a los derechos qae, costo á estado lede 
rstñro, DO podrían dispatirsele. La mciooalixacion 
de las Adoaius de BueDOs Aires, no poede, poee, eti' 
tenderM sino en el sentido de qne este conoo- 
iTÍrá con üos reotaa entregaado el excedente de eltas 
al sosten de las ateocioDes nacionales, después <3e 
cubrir bus gastos propios é indispensables, tlnhon^ 
buena qae e)*as Adnanas deban sujetarse en lo 
imoe»iyo á los reglamentos generala que pudiera es- 
tablecer el Congreso Nacional y á esto solo es ñ lo 
que el Tratado puede referirse cusudo las saca déla 
jurisdiccioD privativa de Buenos Aires ; pero la eje- 
cución de esas mismas disposiciones no podria ser 
Itevada á cabo por otra autorídad que la de este Go- 
bierno, á menos que renuncíase al ejercicio de la so- 
beranía interna, poniendo el elemento más, iuJispen- 
sabl6 de existencia hiera de la órbita de su aiMiiou. 
Buenos Aires podia convenir, después de incorporado, 
en que el Gobierno de la Confederación nombrase los 
inspectores ó comisionados que su buen juicio le su- 



— 633 — 

giriese, ó que tomase las precauciones necesarias para 
asegurarse del fiel cumplimiento de lo que se esti- 
pulase, en cuanto á la entrega del excedente de sus 
rentas, sin por esto exigir más garantía, por su parte, 
que la fé empeñada por el Gobierno Nacional de 
cubrir el déficit que no es probable tuviese en su 
presupuesto ; pero en cuanto á la garantía ofrecida 
por el Gobierno de V. E. para ese presupuesto, en 
lo que no concierne al déficit, si ella ha de existir, 
no puede buscarse de otra manera, ni puede hallarse 
en otra parte que en el hecho de que Buenos Aires 
perciba sus rentas, las aplique á sus necesidades pro- 
pias y entregue el excedente para el sosten de la 
cromunidad. 

No duda el infrascripto que el Gobierno de V. E. 
persuadido que para arribar á la reconstrucción na- 
cional anhelada, es necesario estar poseido del espí- 
ritu conciliador que armoniza todos los intereses, al- 
canzara también (j[ue los principios do la equidad y 
de la justicia, los derechos de Buenos Aires como 
estado confederado, y la misma práctica constitucio- 
nal observada por las Provincias Argentinas que se 
hallan en un caso análogo, abogan en favor de la 
interpretación (fue del articulo 8*> del convenio hace 
el (lobierno de Buenos Aires. 

Tales son las consideraciones que el infrascripto 
h:i tenido encargo de presentar al ilustrado juicio de 
V. K. al ocu|)arse de la nota que ha tenido el honor 
de contestar; y dejando así cumplidas las órdenes 
do su Gobierno se hace un honor en ofrecer á V. E. 
las seguridades de su más distinguida consideración. 

Firma<lo: — Juan B. Pe^a. 



Señor Doctor J). Santiago Derqni — Minisirn « 
¡nierinr y de Hacienda dH GrJtierno ih 
Conftuleracion Arqent'mn ele , etc., iic. 

Tengo el houor ile dar cuente & V. E. d*l i 
tado d% la Comiüion que se djgnú oontiarrae para qoi 
en r(?|jrettcntacioii del Gobierno Nao¡on;il, .-uordaBe 
con •! de eíta Provincia los mcdíoíi de poner bajo 
la administración del Gobierno Federal laa Adnana» 
d« tíllenos Aires con arreglo al articulo 8» del Faoto. . 
dol It de Noviembre. 

Ante^ do dirigirme oficial mente al nobi^nio < 
Buenos Aires cotniíntcándole el decreto de i 
bramiento, creí oportuno acercArme á los señoras o 
niitro de Hacienda y Gobierno, quienes por condutri 
da V. E. tenían ya el conocimiento ofioial da mi non 
briimiento y la comunicación coulideHcial dd mis \tA 
traociones soljre los objetos de mi Comisión. 

Kl señor Ministro de Gobierno con quien tuve twjj 
oonfiireiicia en su oasa particular el dia 27 del \ 
ximo pasado, empezij por declararme que babia vist 
con desagrado el nombramiento de un Comisionadl 
eajjecial pam el arreglo de este asunto; que pocotf 
diaa despuew del pacto del 11 de Noviembre se ha- 
bía nombrado por el Presidente de la Confederación 
iirift tíomiaion para que representase á sn Gobierno 
en U BJecucion del pacto, y que el Gobierno de Bhb 
nos Aires linbia solicitado y obtenido el retiro de 
dicha Oomision; que no sabía por qnó el Gobierno 



— 636 — 

Nacional insistía hoy nuevamente en acreditar ofi- 
<;ia)meute otro comisionado. 

Contesté al señor Tejedor que me sorprendía en 
extremo su queja sobre este particular, cuando su 
Oobierno acababa de acreditar al señor Domínguez 
-como Comisionado cerca del Gobierno de la Confe- 
deración, para solicitar á su nombre la abolición de 
los derechos diterenciales : que el señor Dominguez 
había sido en este carácter perfectamente acogido 
por el Gobierno Nacional, habiendo logrado el éxito 
más completo en la Comisión que se le habia con- 
fiado por las buenas disposiciones que habia encon- 
trado en el Gobierno Nacional. Añadí que si el 
Gobierno de esta provincia pudo acreditar uu Comi- 
sionado cerca del (íobierno Nacional no alcanzaba 
los motivos porque no podía éste acreditarlo cerca 
del de Buenos Aires : que on esta medida no debía 
ver el señor Ministro sino el deseo que él mismo ha- 
bia tenido de obviar, por medio de un Comisionado 
munido de suBoientes instrucciones, la solución de 
las dificultades (jue sería largo resolver por medio 
de notas oficiales. El señor Tejedor me contestó en- 
tonces que objetaba únicamente la forma en que lia- 
bia sido hecho el nombramiento. 

Entrando después en el fondo del asunto, me ex- 
presó que el (iobierno Nacional daba una interpre- 
tación errónea al artículo S" del pacto de noviem- 
bre: que ese artículo no importaba (pie la Aduana de 
Buenos Aires debiera entregarse al Gobierno Nacio- 
nal ni ponerse bajo su administración inmediata antes 
de verificarse la incorporación de esta provincia por 
la aceptación de la Constitución General. - Añadió 
que por este artículo el ])rosupuesto de Buenos Aires 
quedaba garantido por la Nación ]>or cinco años, y 
que aun después de la incorporación de Buenos Ai- 



- 63(1 - 



rea, fla opitiHKi ai-k igue la Aduana ríe esta provñiHtt 

no debía enbrogarse á la autoridad Nucioiial, sioo rjue- 
dar en posesión del (iiibieriio de Buenos Aires y bfljo 
su inmedinta dependeiicin, p(in|ne era esa I 
garantía que le igiiedalia de que su presupuesto | 
ría cubierto: qub al liobíerno Nacional solo < 
pondería la inspc>ccion He la Adimna durante los < 
co aiioB. 

Ooutssté al señor Ministro que me iiermitieso ma- 
uitestarle mi extrañeza de que habiendo sido él uno 
de los comisionados que ooncurrieroii por parte de 
Buenos Aires á la» couferenuias de la paz de Sau 
José de Flores, diese semejante interpretación al aT- 
ticnlo 8 " del pacto : le recordé que no se habían Sus- 
citado en las conferencias ni la niftB pequeña duda 
sobre la inteligencia de ese artículo qne debía empo- 
zar, como todos los qne no tenían téi'mino señalado, 
á tener su ejecución al día siguiente de ratificado el 
pacto ; liicele también presente que en ta última con- 
ferencia, habiéndose dirigido su colega el señor Peña 
á los Comisionados de la Confederación pregnnLándo- 
lea desde cuando entendían que debía empezarse á 
contar el reoonocímento de los sueldos de los .Jetes y 
Oticiales establecido por el articulo 13, se contesto 
por estos que todas las estipulaciones eran inme<.l¡a- 
taniente obligat^íriaa desde el día que se firmase el 
pacto; y habiéndose dirigido acto continuo el señor 
Comisionado Araoz con igual pregimta a los señores 
Comisionados de Buenos Aires, respecto del término 
en que debía hacerse la entrega de la Aduana, se con- 
testó por el señor Peña que se entregaría como es- 
taba estipulado después de firmado el pacto, contes- 
tación que no íué contradiolja \¡ov el ge ñor Tejedor. 
Que si esl-o no oonsbaba etl los piotocolos era ))orquo 
uo había aparecido la más peipieña duda á ese res- 
pecto por parte de los Comisionados de Huenos Aires. 



537 



Hioe observar también al señor Tejedor que la 
iacorporacioQ de Barios Aires estaba ya defíaitiva- 
mente realizada por el articulo 1 ^ del pacto, porque 
aun en el oaso que la Convención Provincial de Bue- 
nos Aires propusiese enmiendas á la Constitución je- 
neral qun iba á examinar, estas serian admitidas ó 
desechadas por la Con vención Nacional convocada ad 
hoCí pero que en uno y otro ca*so Buenos Aires ten- 
dria que acatar esa resolución, quedando, como lo es- 
taba desde ahora, incorporada á la nación. 

Observé por iiltimo al seíior Ministro que el Go- 
bierno Nacional no tenia ningún interés material, ni 
esperaba ventaja alguna de la micionalizaoion de la 
Aduana de Buenos Aires, porque las rentas que ésta 
producia, como sabia bien el señor Ministro, no al- 
oanssaban á cubrir el presnf)uesto que la nación le ha- 
bía garantido : que ese artículo del pacto lejos de ser 
favorable era gravoso á los intereses de la Confede- 
ración, pero que esta antes (]ue todo habia deseado 
salvar en ese artículo, aun con sacrificio propio, el 
principio de la nacionalización de las aduanas como 
base primordial é indispensable déla unión federal de 
las provincias. Agregué ([ue las aduanas exteriores 
é interiores habian constituido durante el aislamien 
to, la única fuente de renta de todas las provin- 
cias oontederadas, y (juo todas ellas, jurada la Cons- 
titución ; las habian entregado inmediatamente á la na- 
ción, pasando por todas las ])enurias y perturbaciones 
que eran consiguientes, hasta (pie ])udieran crearse 
rentas propias para sostener su administración inte- 
rior, mientras (pie el pacto c()nc(»dia {\ Buenos Aires 
5 años para efectuarlo. ()bserv(S también al señor 
Tejedor que el Gobierno Nacional conocia y valoraba 
todas las preocupaciones y exigencias locales que la 
ejecución de ese artículo del pacto podia despertar, 
y que teniendo eso en vista había tratado de acallar- 



- 538 - 



las preseribi^iiilome en mtíj ÍDst.rucciouos, (]ne ef 91 
Tejedor conocía, la conservación de los mismos t 
pleados, regí amen tos y práetiríia exrstJ'iites. y t 
gieinio ünicairiente iBsustilncioiiiJp la Autoridad Fe- 
deral sobre la autoridad Provincial Pii la Administra- 
ción de la Aduana. — Hice tnml'ien preaenl^ial seiinr 
Ministro que pava i]uc la buena inteligencia lan feliz- 
mente reatablecidii por el Pacto fuese leal y venlnde- 
ra, era indispeiiaable qua Imbiese ontro ambos Croliier- 
nos recíproco Oiinibio iJe buisnos ¡iroceileres: (pie por 
su parte el Gobierno Narional acababn de dnr a! de 
Buenos Aires una pruebn inafpiívoca de su buen deseo 
de conciliae-iou, accediendo á su reoltimo ile abolir ios 
derechos ditereiioiales, que perjudicaban el cumeiv.io de 
líuenos Aires, nombrando también al señor Baloar- 
C6 como Kncargado de Negocios en Francia, y tratando 
asi de identificar los intereses de U Nación con los 
de Buenos Aires; que esperaba (jne por su parte el 
Gobierno de Buoiioa AiroB diese iguales pruebas de 
conciliación, ajustándose á las prescripcioneH úf\ pacto 
do 1 1 de Noviembre : que si en Buenos Aires liabia resis 
tenciaa locales que vencer, no las habia nii-nos en la 
Confederación, y que el Gtobierno Nacional se babia 
mostrado tan solícito do acallarlas basta i'l punto de' 
aceptar la reiinncia ipie había hecho ilo la cartera de 
Ministro de Huí^ieniia por no hallarsf conforme con 
la medida adoptud» a consecuencia del reclamo da 
Buenos Air-is sobre los derechos di fcrenoiales pi-«í 
tado por medio de su comisionado. 

Concliiyti el seíior Ministro por asegurarme qw 
Gobierno bimana est^t asiuibo en stVia cMiüsidí 
y que me cnmuiiicaria el resultado de sus delibí 



Pasé en esp mismo día á casa del Rr. Miniatrtí 
Hacienda con el objeto de hablarle sobre el mía 
asunto. El señor Peña me manifestó loa mejq 



539 



deseos para que pudiese darse á la nacionalización 
de la Aduana una solución satisfactoria á ambos go- 
biernos, pero se mostró alarmado del sentido extra- 
viado que habia la prensa de Buenos Aires dado al 
decreto del Gobierno Nacional, y de las resistencias 
que eso pudiera sublevar ; y sin entrar al tondo del 
asunto, se extendió en algunas observaciones confi- 
denciales sobre las dificultades que embarazaban la 
marcha del Gobierno y la situación vacilante y pre- 
caria en que se hallaba colocado por falta de unidad 
de pensamiento y de acción propia para adoptar una 
política decidida. 

Expuse al señor Peña las mismas razc mes que aca- 
baba de manifestar al señor Tejedor ; le recordé sus 
propias palabras de la última conferencia de San 
José de Plores sobre la inteligencia del artículo 8» 
del pacto relativas á la entrega iumediata de la Adua- 
na. Me contest(> el señor Peña que podía muy bien 
haberse expresado en esos términos, aun(|ue no lo re- 
cordaba, porque habia pasado sobre esa cuestión co- 
mo sobre carbones encendidos, ])rev¡endo todas las 
dificultades que traería su realización práctica. 

Concluyó manifestíimlome como el señor Tejedor 
que me haría conocer la resolución que adoptase el 
Gobierno sobre los objetos de mi comisión. 

Pocos días después de estas y otras coníereucias 
con el señor Pena, que no dieron ningún resultado, 
crei de mi deber dirigirme oficialmente al señor Mi- 
nistro de Hacienda, adjuntándole el decreto de mi nom- 
bramiento, como verá V'. K. por la copia (j[ue acompaño 
bajo el número 1 ." — Esa nota me fué contestada 
COL fecha í^ de enero en los términos (¡ue V. E. verá 
por la copia número 2 que adjunto. — Por ella se me 
liace saber que el gobierno de Buenos Aircb suspen- 
de í)or ahora mi rece])cion en el carácter de Comisio- 
nado del (Gobierno Federal. 



- 540 - 



iTioluyo tambiea varías nota» que me ftieroa eo- 
viadas por el MíniRtfHo d© Hacienda para remitir á 
Y. E. — Por ellas so impondrá V. E, de la resolución 
([ae haya adoptado e.ste Gobierno respeoto á. los ob- 
jetos de mi comisión, resolucioa de que el Gobierno 
de Buenos Aires no á tenido á bien darme codocL- 
m tentó. 

Es todo lo que el Comisionado especial de V. E. 
tiene el honor de poner en ooiiocin tiento de V E en 
desempeño de au encargo. 

Aprovecho esta nueva oportunidad, pava agradecer 
á V. E. el nuevo testimonio que me lia dado de au 
oonñatiza, y ofrecerle las seguridades de mi más dis' 
tinguida consideración. 



riKLn.V B. Hl-K 



I 



, Jlarzo IS de 1860. 



Al señor Minidra del Interior del Gobiprun de, 
la Confederación Argentina, Dr. Juan PujoL 

He recibido y puesto en couooímieuto de S. E- el 
señor Gobernador, la nota de V. S. , techa H del oo- 
rrieute, en que se sirve participar haber quedado 
en posesión <lel mando el Exmo. señor Presidente de 
la Oontederacion doctor don Santiago Derqui y S. E, 
el Vi ce -presiden te, Btigaclief General don Juan E. 
Pedernera, organizándose inmediatamente el Minis- 
terio con los ciudadanos que resultan de los imprcson 
acompañados, 



641 



El dar este conocimiento, V. S. asegura haber re- 
cibido especial recomendación del Exmo. señor Pre- 
sidente, para hacer presente al Gobierno del Estado 
de Buenos Aires, la esperanza que abriga de su pró- 
xima incorporación á la Nación, bajo las bases es- 
tipuladas en el pacto de familia de 11 de noviembre 
último, pacto que, según dico la misma nota, el Go- 
bierno Nacional está dispuesto á cumplir religiosa- 
mente. 

S. E. el señor Gobernador, que era informado de 
esta nota en momentos que ocupaban todo su tiempo 
las mcHÜdas que era necesario tomar contra la rebe- 
lión encabezada por uno de los coroneles inscriptos 
ya en el ejército del Estado, á virtud del pacto de 
Noviembre, no pudo dar la respuesta inmediata que 
merecía comunicación tan amistosa ; pero desembara- 
zado ya de aquel peligro, se apresura á hacerlo, y 
me ordena contestar á V. S., que felicita á la Con- 
federación por este acontecimiento, esperando que el 
nuevo Gobierno Nacional desenvuelva la política inau- 
gurada el 11 de noviembre, mas difícil quizá que la 
guerra: pero la única que puede restablecer el crédi- 
to de estos países, legando á las generaciones veni- 
deras la República de nuestros padres 

El Gobierno del Estado de Buenos Aires, Sr. Mi- 
nistro, á despecho de la debilidad que acompaña 
siempre á todo Gobierno provisorio, y de los intereses 
y hombres encontrados que la rápida solución del 11 
de Noviembre dejaba dentro del Estado, no ha per- 
dido un solo momento de vista las obligaciones que 
contrajo ; y tiene la satisfacción de creer que nadie 
podría dudar con justicia de' su finne voluntad de 
cumplirlas. — La convención de que habla el artículo 
2** del pacto, fué convocada en tiempo, y ella se espe- 
dirá dentro de muy poco, según está informado el Go- 
bierno. — Las relaciones diplomáticas han sido sus- 



— 542- 



, oonlunne al artioulo 6" , Mí donde ñoSd* 
menle exisUn.^ Los Gefes y OBciaJoa compreodidos 
*a el arfk-iilo 13, y <^u« han querido fn-e^eutaree, 
lian sido FvcofMK-idos en sus grados, mterpreutndose 
muchas veces Iwtit^volameiite e] iiiisinn articulo, j es- 
tando Uiilaviii eii caiuiíio de Días áui)iliuM tavore,)^ 
vuaudolja esLütlado el motiu cayos autores eatau y& 
refíijíadn» en la proviniáa limiUote.- - 8i mas do ha I»- 
cboelCíobieruo [lor el i>actoy sus hombres, es porf¡ue 
encima de eslas miamaa obligactoues esta la salvación 
del pai», de rus iustituoioiies y hbertade8.~Ix)8 «te- 
inigos constante» de su susiego ao pueden perderán 
ioatatite sus hábitos ; y junto oou los consejos de la 
jastioía y d« la uiiiou nacional, eUiobiemo tieoeiiue 
escuchar wm tVecuenoia los más altos de la pruden- 
cia y de la política deade que ae trate de! gobierno 
de los pueblos, y no de intereses particulttres. 

Con estas breves inflexiones creo dejar expresado 
el pensamiento il«l gobiemo de Buenos Airea eu las 
presentes cirounstancias, sobre los diversos puntos de 
la nota de V. S.; y réstame poIo sigiiitiiar á V. S. 
mis sentimientos {xirtioulares de consideruciou y rea- 
peto. 

Dios guarde á V. S. muchos sñoa 

Caritos Tejeií 



MliiiiiMria lie ij'>1,lcriii> y KdBi'Kiiit'd Kxtoiiuri'ii. 

Buenos Airea, Marzo 21 de 181 

A S. E. d señor Ministro de Rdac iones Exlerí 

de S. M. C. 

El abiijo firmiiHo Miuistro de Gobjemo y ¡ 
nes Exteriores del Estado de Buenos Airee, ha r 



— 543 — 

orden de S. E. el señor Gobernador para, dirigir- 
se á S. £. el señor Ministro de Relaciones Exte- 
riores del Gobierno de S. M. la Reina de las Espa- 
ñas con motivo del tratado de reconooimiento, paz 
y amistad celebrarlo el 9 de Julio de 1859 entre el 
Gobierno de la Confederación Argentina y el de S. 
M. C. haciendo á V. E. las observaciones a que di- 
cho tratado dá lugar por ])nrte del Gobierno de Bue- 
nos Aires. 

El Gobierno del Estado ha sido desagradablemente 
sorprendido al vei- ([ue el de la Confederación Ar- 
gentina se ha considerado autorizado para incluir la 
representación exterior de Buenos Aires en la de la 
Confederación, (^ue re[)resenta, celebrando el referido 
tratado á nombre de todas las provincias menciona- 
das en la Constitución que aí^uella Confederación re- 
conoce^ siendo, sin embargo, un hecho público y cons- 
tante qae el Estado do lUionos Aires, no ha hecho 
parte nimca de tal Confedoracion ni reconocido su 
Constitución, ni hecho delegación de su soberanía ex- 
terior en el Gobierno general de ai ju el la. 

Por la ley de este Estado do 22 de Setiembre de 
1852, que el abajo íirmado tiene el honor de remi- 
tir en oópia autorizada á V. E., se retiró a S. E. 
elSr. Gobernador de la provincia de Entre-Rios, D. Jus- 
to J. do IJrquiza, la delegación hecha en su perso- 
na, por parte de la piovincia de Buenos Aires, para 
la gestión de los negocios externos ; disponiendo la ley 
que esa gestión en lo (pie respecta á esta provincia 
quedase encomendada á su (gobierno local. Esa ley 
estaba en armonía con el principio constante de las 
provincias (pie integran la República Argentina, de 
delegar cada una individualmente? su parte do sobe- 
ranía externa en alguno de los Gobernadores de pro- 
vincia para mantener las relaciones exteriores de la 
Nación, principios que contenía virtualmente el de- 



de retirar la dicba aiitorizaciou cuando la p 
vincift lo hallase conveniente, y ^1 ejei-cioio de ese dere- 
cho lia sido repptido en dil'erentes P]K)eas y aplicado 
al Gobernador lie Buenos Aires, cuando ejercía la 
representación general. 

Después de terminado el (íobierno de D. Juau Ma- 
nuel Rosas todas las provincias ai'gentioas, inclusa 
la de Buenos Aires, dieron aquella autorización áS. E. 
el rTiibernaflor d« Entre líios. Pero sucesos poste- 
riores que desgraciadamente hicieron perder á Bue- 
nos Aires la contiauza en aquel tiobiemo aooonseja- 
rou la ley de 22 de Setiembre á que el abajo firmado 
acaba de referirse y desde entonces, 8r. Miniairo. Bue- 
nos Airea no badelegado en nadie, sino en sus pro- 
pias autoridades el ejercicio de su soberanía exterior 
protestando contra todo acto externo en que se haya 
hecho valer una representación ilegitima y usurpada. 

En 27 de Septiembre del mi.smo año 18B2 el GrO- 
bierno de Buenos Aires comunicó á todos los Agentes 
Extranjeros residentes en la República Argentina y á 
los gobiernos que no tenían Ministros acreditados en 
ella, el retiro de la delegación beclia en la persona 
de S. E el ÍTol>ernador de Entre Rios, oorao igual- 
mente que los negocios externos de la provincia que- 
daban encomendados A la Secretaria de Relaciones 
Exteriores de este Gobierno. 

Con motivo de los tratados con la Francia, la In- 
glaterra y los Estados Unidos en ll > de Julio de 1853 
celebrados por el gobierno del general Urquiza, el 
gobierno de Buenos Aires, protesto debidamente por 
lo que en aquellos tratados afectaban deretbos de la 
soberanía de este Estado, sin com))etencia en el gobier- 
no que lo firmaba y que no ejercían jurisdicción so- 
bre el pueblo á cuyo nombre contraía com])romÍB03, 

Posteriormente y mientras continuaba la lamenta- 
ble deainteligencia en que se encontraba dividida la 



545 



Itepúblioa, Buenos Aires se dio su Coostitucion po- 
lítica, y reconcentró el ejercicio de la soberanía ex- 
terior en nuestro Gobierno local, mie^itras no llega- 
se el deseado momento de delegarla en un Gobierno 
Nacional, y con esa solemne disposición se puso el 
sello de la declaración legislativa por la que se ha- 
bía retraído á Buenos Aiies, aquella representación 
exterior que había delegádose en el Gobierno de En- 
tre-Bios en 1852. 

Tal era, señor Ministro, la situación de estos países 
con relación á su vida exterior, cuando el pacto de 
11 de Noviembre de 1859 vino a poner un término 
á situación tan llena de inconvenientes, reconociendo 
el Gobierno de la Confederación Argentina el dere- 
cho que había sostenido siempre Buenos Aires, de 
examinar la Constitución Federal, y de enmendarla 
8Í así le conviniere, antes de incorporarse á la Con- 
federación y de recibir dicha Constitución como la 
ley común de la Nación. Este acto transcendental y 
que se está practicando con toda lealtad en los mo- 
mentos en que el abajo ñrmado, tiene el honor de 
dirigir á Y. E. esta comunicación, será, á juicio de 
V. E., la prueba más clara y concluyente de la au- 
sencia en que se hallaba Buenos Aires^ de toda de- 
pendencia política de las leyes y autoridades de la 
Confederación Argentina cuando se celebraba el tra- 
tado con la España en 9 de Julio de 1859, época, 
precisamente, en que Buenos Aires sostenía con las 
armas lo que logró conseguir en el pacto que consa- 
gró sus derechos. 

En virtud de esta exposición de causa, tan sencilla 
y clara ; el gobierno de Buenos Aires, amparado por 
8U legítimo derecho, se considera en el deber de pro- 
testar como lo hace, para ahora y para siempre, con- 
tra la validez del tratado celebrado por el gobierno 
de la Confederación Argentina con el de S. M. la Bei- 



-54^ - 



t de Us Empeños, aohre recoBocimiento, pn y m 
\ en todo cnanto en dicho TniMda pasdo. ser. hoj 

Kd^ ea d fotoro, referente al Estado de Boeoos Aires, 
' _ aobenuiia nrteñor do representa el Gobierno 
yiedieral qa» iwgDció el referido Tratado, ni el Coi^ 
Igr»» <1°^ aotorice so ratificaoon, por careoer de loe 

^iDderes de Boeooa Air» para aclo alguno relativo 
a la soberanía interna ó extema de este Eátado. 

£1 abajo finoado* al df jar cnmpüda esta parte de 
las órdenes de S. E. el ^ñor Gobernador, inspiradas 

[ por el dtreoho y la dignidad de Buenos Aires, tiene 

ftWkora qoe llenar el agradable deber de trasmitir a 
. E., por orden igoabneute recibida de S. E., la ma- 
nifestación sincera de los vivíaimos deseos del go- 
bierno como del pneblo qne representa, de ver siem- 
pre intimes j fraternales los vincalos que ttcenáU 
Bepública Argentina con la España, y sns relaciones 
políticas y comerciales en el pié de la mis alta ge- 
nerosidad y lealtad, pero animados á la Tez de nn 
deseo no menos vivo de qne tales lazos de amistad 
sean establecidos sin qoe se resientan por parte de 
la líepública, de un vicio de competencia y atitori- 
dad en el gobierno que lo formule, llegando á aer 
ilosorio de ese modo lo qne Buenos Aires, por su par- 
te, desea ver conyertido en realidad oonslante, 

Y batiendo así llenado los deseos de S. E., tengo 
el honor de ofrecer á V. E., señor Ministro, las se- 
guridades de ini más perfecta oonsideraciún. 

Carlos Tejedob, 
Es copia : — José M. de la FuentejM 
Oficial Mayor. 

Está conforme oon los documentos originales. 
Carlos Guido y Spano, 
Sub-aecretario. 



Correspondencia 

diiijida 

AL EXMO. SEÑOR PRESIDENTE 

de la 
CONFEDERACIÓN ARGENTINA 



Albinos de estos materiales se encontraban en la carpeta de la 
correspondencia dirigida al Presidente 



EL GENERAL URQUIZA 

Después del general Bolívar, que representa 
sumariamente la revolución que trajo á la 
América delSud á la comunidad de los países 
libres y civilizados, ningún hombre público 
ha producido esa parte del nuevo mundo más 
acreedor á las simpatías de Europa y Amé- 
rica que el general Urquiza ; pues ninguno 
representa hechos más grandes y benéficos 
que él. 

Procedente de una familia que figuró bajo 
el gobierno español, rico heredero y hom- 
bre influj^ente en su país, su vida de gran- 
de hombre no comienza, á pesar de eso, sino 
en 1851 en que arrojó el guante al poder 
tan temido del general Rosas. — Igual á este 
gobernante en rango como gobernador de 



Entre Ríos, no tuvo que a<'^iidir(?jeii autoridad 
cuando reclamó con espada en mano, la ver- 
dad de los pactos domésticos que prometí 
la institución de un gobierno general y } 
apertura de los i'íos. 

En la acción fuo tan feliz como en el peí 
miento (?) de su reforma. En dos meses, sin 
apoyo alguno extranjero, concluyó el sitio de 
Montevideo que duraba ya nueve años y V 
brú á ese país del poder de Oribe. 

Cruzó en seguida los más grandes ríos £ 
América y antes de dos niesea libertó á Bue- 
nos Aires de su Dictador de veinte años. 
Compuesto de 27.000 hombres, su ejórcito no 
contenía sino 4.000 brasileros. " 

En seguida derogó laa leyes oolouialea < 
pañolas, que por tres siglos habían maní 
nido cerrado el corazón de la América í 
Sud al eoniei'cio naval del mundo. 

La libertad fluvial, que él pioclamó 
1852, dio la vuelta en breve á toda la Amé- 
rica del Sud. En el año siguiente fué pro- 
clamada por Bolivia, Perú y Venezuela. Eli 
Brasil tuvo que aceptarla. 

Por ese cambio quitó á Buenos Aires y 
Montevideo los monopolios comerciales que 
enjendraron el poder absorbente de Rosas y 
Oribe. Pero, estas ciudades no le perdonaron 
ese despojo en que las sirvió mejor que triun- 



— 561 — 

fando contra Rosas, pues cortó las raíces de 
nuevas tiranías. 

La República Argentina tenía 14 aduanas 
de provincia : las suprimió y redujo á una sola 
nacional. 

Convocó un Congreso Constituyente y acep- 
tó y promulgó la Constitución que éste dio, 
en la cual la Nación confirmó aquellas re- 
formas y abrió en el derecho constitucional de 
Sud-Amórica, la reforma que debe traer su 
regeneración. La Constitución Argentina dio 
á los extranjeros todos los derechos civiles 
del ciudadano, y extendió á todas las regiones 
de las República la libertad de cultos combi- 
nada con la religión del Estado que es la ca- 
tólica. 

Firmó tratados con las grandes naciones 
de la tierra, en que convirtió en derecho per- 
fecto de los extranjeros para siempre las ga- 
rantías proclamadas por la Constitución. Por 
toda represalia contra el monopolio secular 
de Buenos Aires y Montevideo ha restringido 
el comercio de las provincias con estos puer- 
tos para hacerlo más extenso y más íntimo 
con los puertos de Liverpool, Marsella, Nueva 
York, Ambores, etc. 

Ha dado los primeros seis años de paz á 
la República Argentina. 

No tiene un desterrado. El general Ro- 



Bas lejos de temer su persecución, disfruti 
8U3 respotos en medio de su infortunio. 



¿Quién terminó, eu favor de la liboitad, 
el sitio de nueve añoa que Rosas puso á Mon- 
tevideo? — Vo. caudillo. Q) 

¿ Quién derrocó á Rosas y su tirauíü de 
de veinte años? — Un caudillo. 

¿ Quién abrió por la primera vez loa 
tes del Plata al tráfico libre y directo < 
mun<lo? — Un caudilb. 

¿Quién abolió las aduanas provinciales ar- 
gentinas que duraban desde 1820 hasta 1852? 
— Un caudillo. 

¿Quién reunió la Nación Argentina disp 
sa, en un Congreso constitiiyento? — Un t 
diUo. 

¿ Quién promulgó la Constitución de lib 
tad y progreso que sancionó ese Cougra 
— Un caudillo. 

¿ Quién consagró los piincípios econóraio 
de esa Constitución hecha para poblar yjí 



(1) Del toiiii. I lie CKloi 



553 



riquecer el país con inmigrados y capitales 
europeos, por tratados perpetuos intemacio- 
les de libertad fluvial y de comercio con Es- 
tados Unidos, Inglaterra, Francia y el mundo 
entero comercial ? — Un caudillo. 

¿Quién reinstaló y regularizó las relacio- 
nes que estaban inteiTumpidas entre el país 
y el Gefe de la Iglesia dominante? — Un cau- 
dillo. 

¿Quién negoció el tratado de paz que puso 
fin á la guerra de la Independencia contra 
España y obtuvo el reconocimiento de su in- 
dependencia por esta nación, su antigua so- 
berana? — Un caudillo. 

¿Quién inauguró el movimiento de coloniza- 
ción y de empresas de ferro -carriles, telégra- 
fos, bancos, etc? — Un caudillo, 

¿Quién fué el promotor de la riqueza, del 
crédito, de la prosperidad, resultado inmedia- 
to de esa serie do cambios? — Un caudillo. 

¿ Quién filé, por fin, el Presidente que dio 
el primer ejemplo de subir al poder, gobernar 
y bajar por la Constitución, en el período por 
ella designado? — Un caudillo. 

¿Quién fué, euál era el nombre de ese cau- 
dillo? — El mismo contra el cual fueron hechas 
la revolución del 11 de Setiembre, las repe- 
tidas campañas terminadas en Cepeda y en 
Pavón, y los empréstitos levantados para cos- 
tear esas guerras que dejaron endi'udada y 



— Ó54 — 

emprohrecida á la nación hasta ahora: el cau- 
dillo Justo José de tV^uiía; contra el cual esÍ9- 
ten volúmenes de libros y de leyes, escritos 
y firmados por los que han hecho sus títulos 
do gloria de sus veinte años de guerras y 
^'letonas contra ese caudillo y eae caudiüaje, 
odiado por ellos.» 



San Nicolás, Septíembie 19 de I85ü! 

Al señor Ministro de goJiierno, doctor 
leiitin Alsina. 

A pocos momentos de recibir el i::fra3ori_ 
to la circular del Esmo. gobierno de la pi-o- 
vincia, de fecha 12 del corriente, y cuando 
solo 30 ocupaba de preservar á la ciudad de 
San Nicolás de loa males que pudieran ame- 
iiazaihi, según los avisos alarmantes que tras- 
mitió ol General Don José Maria Flores des- 
de la Guardia de Lujan, y sin mas auxi- 
lios ni rtícursos que los que suministraba á 




665 



los ciudadanos el interés de su conservación, 
arribó el Exmo. Sr. General D. Justo José de 
Urquiza, en quien el infrascripto, como todos 
los ciudadanos de San Nicolás, no vieron sino 
al vencedor de Caseros, al argentino que li- 
bertó á la patria de la tiran ia de Rosas. 

Considerando entonces el subscripto al Gene- 
ral Urquiza en una actitud adecuada para 
medir Ja importancia de los sucesos y de la 
situación, y contando sobre todo que el alma 
de un hombre de su temple pruduciría algo 
de grande y digno de sí mismo, se acercó 
á él, y con la confianza del hombre honrado 
y leal, y ante todo como amigo del General 
Urquiza, le presentó en toda su luz el estado 
verdadero de la Provincia de Buenos Aires, 
manifestándoselo sin embozo y según las fir- 
mes convicciones de un ciudadano que jamás 
aduló al poderoso cualesquiera que fuese su 
tamaño. 

Comprendiendo el infrascripto que el Exmo. 
Gobierno aprobaría siempre cuanto fuese noble 
y digno del país, ofreció á S. E. el General 
libertador la hospitalidad que esta tierra ge- 
nerosa no ha rehusado jamás á sus hijos, y 
cuantos auxilios ha podido precisar. 

En tal estado y cuando el subscripto, ago- 
biado por tristes presentimientos por el por- 
venir oscuro y desastrozo que amenazaba al 
país, contemplaba que los abundantes ele- 



mentes de gnena ijae desde eso momento 
se aglomeraban en torno de San Nicolás y 
Btts inmediaciones, iban á sei-^'ir para entre- 
tener la destniccion de sa patria, y qvio ese 
poder inerte de que se nxieaba el General 
tirquiza, se iba A emplear en derramar san- 
gre argentina, oyó complacido emanar de la- 
bios de este grande hombre la palabi-a de con- 
saelo y de paz, la resolución in^ovocable de 
dejar á la Provincia de Buenos Aires dueña 
y señora de sus destinos, y retiraifse al seno 
de la vida privada, á contemplar los siicesoe 
y el pon-enir feliz de su patria. 

En estos momentos solemnes, Esmo. Si\, 
el infrasciipto no ha Wsto otra cosa qne la 
acoion del General Uiqniza, solo se ha fijado 
en el presente y porvenir de su patria ; y es 
bajo tales inspiraciones que mide la altura 
á que se lia elevado el vencedor de Caseros, 
apreciando con admiración y respeto este 
ejemplo de magnanimidad que debenln se- 
guir en adelante, en iguales circunstancias, 
todos los hombres que se eleven al poder- 
Este comportamiento del Exnio. General ür- 
quiza solo es digno de él, atendido á su po- 
sición, il los fuertes elementos que tiene en 
torno do sí, y á los funestos ejeuiplog que 
el país en su historia le presenta. Pero era. 
preciso per el libertador délas Repúblicas del 



— 567 — 

Plata, el vencedor de Caseros para produ- 
cir un hecho semejante. 

Al expresarlo así al Exmo. Gobierno por el 
inteimedio de V. E., sóame permitido felici- 
tar con V. E. á la patria porque esta vez se 
hayan conservado su honor, su bienestar y 
su gloria en la persona de uno de sus hijos. 

El infrascripto á nombre del Exmo. Go- 
bierno y de la Provincia de Buenos Aires pres- 
tará al Libertador sus servicios todo el tiem- 
po que permanezca en este Departamento. 

Dios guarde á V. E. — Pedro Alurralde. 



FRAGMENTO DE CARTA 

del GENERAL JUAN MANUEL ROSAS í^) 

Al señor Doctor Don Juan B. Alberdi. 

Londres, Marzo 30 de 1868. 

Señor Doctor: 

Las palabras del Exmo. Sr. General D. Jus- 
to José de Urquiza, y los hechos que las acre- 
ditan, rae honran, y me favorecen de tal modo, 
que escritas en lo más sensible de mi corazón, 



(1) Dos rasoQM tenemos para publicar edte fragmento de una de las nu- 
merosas cartas dirigidas por el Qeneral Rosas al Dr. Alberdi y que forman 
parte de su archivo histórico y politico. Una de esas ramones es hacer 



— r,58 — 

me imponen ese perdurable reconocimiento 
á Dios, y al hombre f]ue ha elejido para así 
justificar mi honor y mis derechos. 

¿Podría ser ingrato á Dios y á ese hom- 
bre elegido por el mismo Dios, para esc justo 
objeto? — Acaso no lo sé cuando pienso que 
he llegado íí comprender como son los hom- 
bres, y lo que haj' que esperar de sus pro- 
cederes en el Mundo? — Que diré entonces? — 
Üiró, que el Señor General Urquiza binó es 
prudentu que confie en mi correspondencia, 
debe eatar seguio de la de Dios, — Que mas? 
¿ Podré alguna vez pronunciar su nombre, e\\ 
justicia, sus demostraciones generosas, con 
que sabe explicarse su rectitud, sin Iiallar 
mi corazón ocupado déla gratitud, déla ter- 
nura, y del respeto? — Nada pueden contra 
BU idioma, otras consideraciones. — Mucho fal- 
ta á la gratitud, cuando le falta el honoi"; y 
la perfecta gratitud empieza, donde empie- 
zan la verdadera lealtad y la verdadera no- 



¡ Ojalá, que yo continué tan favorecido de 
Dios como hasta hoy, que pueda alcanzar á 
demostrar, cuanto y como estoy agradecido 

conocer cAmo apreciaba Robos á su vencedor íd Cuerna ; v la otra, pan 
■dTeitir EÜ. lector que cuido Raaaa del poder, el Ur. Alherdtle gOMiái son- 
■Idersoloaie en Karopu.-liu que en mis ourlai 1? leconocf el Uener^ Roa* 
"■confirmando»* en el juicio,— le dtce RoBaB,— de eim vtrtnde* y de m 
IJulrada capacidad ... cualidades dinclieo de encnntranie. " j" 

HacemoB notar qua hemo« renpetado en atiaoloto la urtografla dc^jj 
tegrafa y la prnitoiiclon, * 

fEl EditOTl, 



659 



al Señor General Urquiza, y cuanto y como 
creo que debo estarlo hasta el fin de mis dias, 
y después, por toda una eternidad ! No pue- 
do, no sé, ni tengo porque adularle — Nada 
le he pedido, ni le he de pedir, que no sea 
justo ; y nada tampoco quiero, aunque sea jus- 
to, que á él no le sea digno, conveniente, gra- 
to y cómodo hacer — Así es, que respecto de 
mí, debe estar seguro, que en todos tiempos, 
y en todos casos, he de aprovechar cuantas 
ocasiones se me presenten para decir en alto 
mi agradecimiento perpetuo por su justicia 
hacia mi honor, mis intereses, y por esas con- 
sideraciones personales, que debo á su inte- 
gridad. 

Reitero á vd., pues, mi más expresivo agra- 
decimiento, y quedo suyo, compatriota, muy 
atento servidor. 

Juan M. de Rosas. 



AÑO 1857 



38 



París, 22 de Setiembre de 1856. 

A S. E. el Sr, Presidente de la Confederación 
Argentina^ Capitán General Don Justo José de 
UrquLía. 

Mi querido señor Presidente: 

Tengo el honor de introducir á su cono- 
cimiento y de recomendar á su benevolencia, 
la persona muy distinguida, del señor doc- 
tor Hermán Burmeister, (^) sabio alemán quo 
va en misión especial del Rey de Prusia ;í 
estudiar la provincia de Mendoza, bajo el as- 
pecto geológico. — Aunque el objeto de esta 
misión y la reputación del doctor Burmeis- 
ter le sirvan de suficiente recomendación, 
cerca de V. E., yo me permito agregar mi 
empeño personal porque ^el doctor Burmeis- 
ter encuentre en V. E. y en los gobernado- 
res de las provincias de su tránsito, además 
del apoyo oficial debido A la ciencia que es- 
tudia nuestro país, la hospitalidad delicada 



<P Auu<iuo ei<ta carta no forma parto de la corroyimndviicia |K>Iitioa 
d<* ISA?*, la ÍDcluiíiiotí hqui. por la circunstuncia de haberla dado el Dr. 
Albeidi al nahio A qiiion <'l dta 7 de Octa'rv de VMW »e lo h» inaugura- 
do una estatua en HuenoH Airos. (Ktlitor.) 



— 664- 



3 extranjeros de gran mérito c 
contrar en el país, que ha fundado todas sua 
esperanzas de progreso en la acción de la 
civilización europea. 

Se asegura que un decieto prohibitivo de 
un gobierno de Sud-América, privó á esos 
países de la felicidad de ser estudiados por 
el Barón de Humbolt, á principios de este si- 
glo. Todos sabemoa que el dictador del Pa- 
raguay, confiscó los escritos del señor Bom- 
pland, y defraudó á la ciencia y á la Amórica 
de esos tesoros, — V. E., mi querido Sr. Presi- 
dente, está llamado hoy á reparar esas afren- 
tas de la América del Sud prodigando el 
apoyo y la consideración de nuestro gobier- 
no ilustrado y progresista á los sabios de la 
Europa que van á darnos á conocer las ri- 
quezas de que somos poseedores inatentos. 

Quiera V. E. ¡iuadir mis recomendaiiiones 
á las que el doctor Burmeister lleva por si 
mismo en el objeto de su misión y en la ce- 
lebridad de su nombre. 



Paris, 7 de Diciembre de 1867. <^ 

A S. E. el Sr. Presidente de la Confedej^acion Ar- 
getitina^ Capitán General Don Justo José de 
Urquiza. 

Mi querido señor Presidente : 

No he tenido el placer de recibir carta de 
V. E. por el últnno vapor, y la hubiera de- 
seado mucho en interés de nuestros negocios 
públicos. 

El Ministro de Relaciones Extranjeras me 
ha anunciado oficialmente que el tratado que 
firmé en Madrid ha sido declarado inadmi- 
sible por el Consejo de Gobierno. Como no sé 
qué poder sea ese según nuestra Constitu- 
ción, ignoro la parte que V. E., único de- 
positario del Poder Ejecutivo, haya tenido 
en esa decisión. Yo deseo creer que V. E. 
no ha participado de ese ataque contra mí, 
en que están envueltos muchos intereses. 

Yo lo atribuyo en gran parte al señor Ca- 
rril, que ha querido aprovechar de este ne- 
gocio alarmante á las preocupaciones de nues- 
tro patriotismo rancio, para llevar adelante 

O) (-oiiteHiada por Jrqui/.a el 27 do febrero de lt<5V. 



— D6e — 

nn plan persooal de qae hablé á Y. E. en 
mis pasadas. 

El señor Carril e(HitÍeiM> mi viaje á E/tpa- 
ña ante^ de conocer sa rc-5aIlado. Qaeria que 
yo liabíera quedado en Lúodres. ¿Con qaé 
objeto? Kn cuatro meses que lu? pasado en 
InglateiTa últimanioiite. no me ha eeerito más 
que una vc-z, para recomendar nn negocio 
del ríeneral Santa Cruz en que é\ tiene nn 
interés personal. 

Cuando avirié de Madrid que la Independen- 
cia argentina había sido recouociila, todos 
me cnmpliioentanjn desde Paraná, excep- 
to él : todavía no se sabían allí las condi- 
ciones. 

Un diario que lo apo^-a en Buenos Aires, 
Et Orilai. me insultó en vez de cumplimen- 
tarme, poi' haber coii»^iiido d i econocimiea* 
to. La reprobación tácita de señor Carril 
se volvió expresa, como era de esperar, desde 
que conoi:i¿ el Trabado. Los motivos alega- 
dos para su i-echazo me lo confinnan com- 
pletamente. Son un tejido de falsedades y 
de pretextos pueriles 

El oficio dice que br traspasado los IhniUi 
de mis inslntcciones. Eso no es verdad, y s"" 
plico íl V. E. que no lo crea. Mis Instnic- 
ciones oran oscuras y contradictorias. Seguí 
la parte constitucional de ellas, y abandoné 



567 



la absurda. Le incluyo á V. E. copia de la 
parte que seguí. (*) ^ 

El oficio dice que el tratado es desechado 
por temor á la opinión pública manifestada en 
contra. Por el mismo correo viene el desmen- 
tido de oso en la ley de naturalización que 
ha dado el Congreso, eco de la opinión del 
país, sancionando un principio que consig- 
né en el Tratado. Ni la opinión ha podido 
manifestarse en contra de unos puntos del 
Tratado que jamás han salido del secreto de 
la diplomacia. 

El oficio dice que he cedido en los pun- 
tos de la deuda y do la citidadanía. Permíta- 
me, asegurarle no he cedido de otras ideas 
que hubiese tenido á eso respecto. Yo mis- 
mo las propuse, lespetando las leyes de nues- 
tro pais, la parte de mis instrucciones acorde 
con ellas, y las altas miras de la política de 
V. E. hacia la Europa. — Nada he concedido 
en todo eso que no hayan concedido ya to- 
das las repúblicas do América á la Eispaña. 
Somos hasta aquí la única excepción en con- 
tra: ¡nosotros que nos preciamos do más libe- 
rales y generosos hacia la Europa! 

Pero osos motivos solo han sido pretextos 
para alcanzar las consecuencias (jue buscaban 



( l ) VéaMc pílj. 57r) y híj,'u lentes. (Kilítor.) 



los <pie Atafmm intmdDcir nn < 



i tntsdo, finMido en '. 
dnd. yo quedo dastíbúdo «n eca oArte v». 
tualmente; y eoo aae antecédeme no sé qué 
valor poeda tener mí rep nw cin tocaoo od 1m 
demás oórUs de Eoropa. 

En vUta de eso, estove decidido á enviar 
mi renancia por este vapor. Ui r _ 
Bonal á V. E., y el consejo del mariscal { 
ta Cruz me Uan hecho postergar este ^ 

Con mucho dinero Boenos Aires no ] 
Siera conseguido jauíás un triunfo tAU gn 
como tte lo da el rechazo del tratado, ata 
dos los motivoei, las personas y todas las i 
cunstanciaa <jue intervienen en él. 

AUina no cederá natui'almentf> en la < 
tion de la incorporación, desde que vea i 
la anarquía empieza á prender cutre noaoU 
•Siempre Buenos Airea tnunfó por ese me(' 
los advorsarioB de Rosas en otro ticmpoj 
dimos hechas sus victorias; y el mismo £ 
Carril ayudó tree veces á enterrar la < 
liberal con las TQejoi'es ínteDcionee de i 
virla. 

lUienos Aires queda ahora en actitad'S 
tratar con la España, y mejor y máa 
pático quizá que nosotros á los ojos de i 
Nosotros lo dejamos el camino de alcj 
mañana el honor de cerrar la guerra do la | 



— 669 — 
• 

dependencia, firmando el Tratado que noso- 
tros no hemos querido aceptar. No lo dude 
V. E: ningún Gobierno argentino conseguirá 
tratar bajo otras bases : son las mismas que ha 
admitido ya toda la América independiente. 
¿Nosotros, debilitados y divididos, hemos de 
ser una excepción superior? 

El rechazo al tratado os un golpe mortal 
dado á la política con que V. E. lia ganado 
las simpatías de la Europa. Los que no lo 
crean así, no ven las consecuencias, ó las di- 
simulan por otias miras. El golpe es á la 
Constitución en su política relativa á los ex- 
tranjeros. De un modo ó de otro nuestros 
adversarios van á su fin, — voltear la Cons- 
titución. No pudiendo hacerlo poi- la fuerza 
lo harán por la intriga. 

Alterada la Constitución, en eso punto, 
mudará la actitud de la Europa hacia nos- 
otros: no será en un dia, poro no dejará de 
suceder. 

No debemos olvidar (jue hi actitud de los 
gobiernos europeos hacia nosotros es un on- 
«ayo, es una prucíba. Si ven que no com- 
prendemos la política exterior ; si nos encuen- 
tran inferiores á Buenos Aires, á pesar del 
aparato de nuestra Constitución escrita, les 
sobrarán })retext(>s plausibles i)ara restable- 
cer su antigua consideración háeia Buenos 
Aires. V. E. no [)0(lrá desconocer las conse 



-570- 



ciipiipias que eso nos traería, A pesar de la 
libeitail de los rio». 

El recliazu del Tratado no podrá dejar de 
tener mucha espectabilidad, y do producir 
un desagiadaVíle efecto en los gobiernos mez- 
cladoB con él de algún modo. No es un tra- 
tado oscuro y doméstico: no es ini simple 
tratado de amistad, de eso» en que damas 
todo aunque no nos den nada. Ea el tra- 
tado de paz que pono fin á nuestiu gran 
gnerra: negocio ilrduo y espectable como fué 
la guerra misma. El afecta á la Inglateiray 
á la Francia por la cooperación que nos han 
dadocflii la negociación, y porque él compit)- 
mete las miras y principios do orden (pie 
osas Cortos tuvieron para apoyann'S. 

Si el rechazo viniese fundado en razones 
himinosas y sólidas, yo seila el primero en 
aceptarlas con respeto; y :í honor t^mdria el 
confosainie equivocado, aun ante España. 
Pero yo no veo razones, sino di^biles pretex- 
tos, movidos por pasiones personah s. que no 
me peisuaden á mí y que nos pondrían en 
ridículo, si yo los presentase á las cortes eu- 
ropeas. En vista do eso, yo no dejaré me- 
nospreciiir un trabajo que he desempeñado 
con toda la fuur'¿a de mis convicciones. Le 
defenderé, no por la vanidad de autor, no 
poi' eludir un compromiso: le defenderé en 
el interés de nuestra causa, por la causa de 



571 



nuestra civilización, á favor de la cual he 
hecho ese como todos mis trabajos. 

No es la primera vez que me sucede la 
desgracia de disentii* con el gobierno á quien 
tanto quiero. En los tratados domésticos de diciem- 
bre y enero ^ en el EstaiiUo de crédito, sanciona- 
dos por mi gobierno y atacado por mí, pu 
mejor amigo, le probé la sinceridad y la jus- 
ticia de mi disentimiento. 

¡ Ojalá este negocio tuviese la oscuridad 
de los otros ! pero los antecedentes de Belzú, 
de Echenique y de Rosas, que desecharon 
tratados firmados con cortes extranjeras, ven- 
drán á perjudicamos mucho c(m su recuerdo 
en estas cortes de Europa, en que desea- 
mos establecer un buen conco[)to. 

Solo V. E. puedo precavoi* osa crisis de 
vergüenza y de dolor, como ha vencido ya 
tantas para dicha de nuestro país. 

Los medios son muy simples: se los diré 
con la franqueza digna del asunto y del 
aprecáo que hago de su noble carácter. 

Yo creo que el gobierno de V. E. debe dar 
pase á la ley de naturalización, en cuanto 
al principio que permite asumir la naciona- 
lidad de su padre al hijo del extranjero que 
nace en nuestro país. 

Creo que V. E. debe paralizar enérgica- 
mente la acción disolvente de Buenos Aires, 
que se ejerce por medio de la }X)lítica equi- 



572 - 



vocada y pei-sonal del Sf. Carril. No rreo 
que él quiera servir á Buenos Aires; pero 
ól lo sirve sin quererlo. 

Creo que el gobierno de V. E. ganara i 
cho con aceptar la renuncia cjue hace &\ 
favor la (Jorona de España de su antig 
soberanía en los países argentino.^. 

Las condiciones que lie admitido en el t 
tado son las mismas que ha admitido ya 
toda la Amt^rica independiente de liet^ho y 
de derecho. En la cuestión de la deuda, he 
copiado casi el tratado de Venezuela, i^epú- 
blica tan espectable como la nue>>tra en la 
revolución de América. Sé que elh 
tenido que pagar expediciones militares. 

Conviene de.scle ahora á V. E. y .1 nues( 
país una política cjue no dejo caer la pn 
dencia que viene en manos de uno de ( 
hombros que han contribuiílo A perderí 
buena causa más de una vez. 

Si el gabinete de V. E. no es propio pa 
llevar á cabo todo esto, yo creo que intei^ 
ala vida de su administración y á la sum 
del país, cambiar ó viodificar su ministerio \ 
el sentido de sus altos intoreses. 

Mu duele pensar que nunca he pronoi 
cado en vano un desastre para nuestro { 
sin duda porque saco mi juicio de lo hoi 
de mi conciencia. 

Si se poiaiste en el ataque de que soiis 



673 



objeto yo, V. E., su política y la Constitu- 
ción, veo que voy á tener el dolor de se- 
pararme del Gobierno de V. E., mientras 
esté regido por tales consejos. He ayudado, 
aunque débilmente, á la organización de mi 
país; no deseo cooperar al desquicio que 
nuestros adversarios quieren prepararle, va- 
liéndose de nuestros hombres mismos. 

Me permito llaniar toda la atención de 
V. E., al examen de una nota que dirijo 
por este vapor al Sr. Ministro de Relaciones 
Extranjeras: contiene un estudio completo 
de nuestia negociación de España. Cual- 
quiera decisión que recaiga en él, va á 
tener una tianscendencia muy alta en nues- 
tra política. Con este motivo creo conve- 
niente mandar á V. E. una copia, para que 
pueda leerla por sí mismo. 

En cuestión tan grave, y fiel siempre á la 
amistad sin reserva que tengo á la causa y á 
la persona de V. E., mo lie permitido hablarle 
con la franqueza fraternal de un compañero 
de causa y de un amigo verdadero, diapuesto 
á paitir con V.E. la responsabilidad de todo 
lo que tiene el honoi* de proponerle y aconse- 
jarle; y cuanto 011 esta virtud con su indul- 
gencia y bondad de que le debo tantas pruebas. 

Permítame además V. E. tener el placer 
de saludarle con el respeto habitual, deseán- 
dole mucha prosperidad y larga vida. 



( Véase página 667 ) 

INSTRUCCIONES 

DADAS AL SEÑOR ALBERDI PARA LA MISIÓN EN ESPAÑA 



Instrucciones formales 
Ministerio de Relaciones Exteriores. 

Paraná, Mayo 1« de 1854. 

€ V. E. se servirá lomar el lexlo de la /frésenle 

vota como las inslruccioes únicas que el (Jobier- 

no de la Confederación cree necesario dar 

á V. S. por ahora sobre los ohjclos de stc inisiou, 

« El Gobierno ha tenido también el pen- 
samiento, después de lo ya expuesto á V. S. 
de autorizarlo y acreditarlo cerca del Gobier- 
no de S. M . C y de S. S. el Pontífice Pió IX. 
La primera idea ha onirrido cspecialmenle después 
de recibida la caria con/idcncial del Encargado de 
jVei¡ocios de la Confederación en AlonlevideOy que 
se acompaña en copia^ acusando recibo del plie- 
go cerrado que contenía una carta autógrafa 
del Presidente á S. M. la Ueina de España. 
En las acluales circuuslancias sería de la mayo^ 
imporlaucia oblener de una manera salisfacloria el 
tecopiocimicnlo de la independencia y nacionalidad 
argentina^ inlerviniendo en csle aclo el Gobierno Na- 
cional. A esto respecto hará V". S. cuanlo crea 



— 576 — 

eonJuttnte, ya sea ecliando \aa baw^s de tat 
arralo. 6 ya procediendo á celebrar trata- 
dos sujetos á la aprobación del Jefe de la 
Coníederacion y de! Congreso, síshm <■/ tsfi- 
riíu de nufUra CohíIUucíoh. V. S. ei/á al ío&o de 
ia pelitita que liíbe gutaniús f<ara C6n ¡a España. 
Ella ejt una Nación que debemos tratar al 
igual de las demás de Europa, y manifentarle 
que ni sombra existe ya CHlre tioioiroí Je ¡os rutó- 
nos, ftte />rodu/o ía guerra de!a indepeudenfia.* 
Firmado: — Juis María (irTii'UíBtt_ 



Con las íuítriitfioHes, quo anteceden, v Foi^ 
mando parte de ellas, se ma aiaiidú copia 
legalizada de la siguiente carta del doucoi' 
Pico, en que se inspiró el penHamtentii de 
la misión á España, 

Elsta caita es la parte prominente de mié 
Insirucciones, porque en ella se explica y fs- 
pecifican mejor que en ninguna otra parte, 
los objetos de mi negociación en Elspiiña. 

El doctor Pico tenía la autoridad deriva- 
da de sn antecedente de antiguo empleado 
del Gobierno Argfíntino bajo Rívadavia, y á 
la sazón Encargado de Negocios de la Con- 
federación en Montevideo. Yo no podía, 
pues, dejar de dar ¡I su palabra la misma 
autoridad que le había dado mi íiobienio, 




— 577 — 

enviándome su carta para entender mejor 
los objetos de mi misión en España. 



Carta del doctor Pico al señor Gutiérrez, enviado oflcialmente al señor 
Alberdi cunio parte de sus lastrucciones. 

Montevideo, Abril 30 de 1854. 
« Señor D. Juan Maiia Gufierrez. 

« La Confederación es la única ncuionalidad de 
la América Española que atm no se ha e^itendido 
con la España^ y cuya independeficia no está recono- 
cida por esta. Este acto pudo creerse a/gu?ia vez 
una vana forma por los que solo veían e?i él la san- 
ción del triunfo que había7i obtenido 7iuestras ar7fias; 
pero el ex de un grande alca7ice político^ desde que 
nuestros argumentos para fundar nuestro 
dominio sobro el territorio del antiguo vi- 
reinato quedaron, por el reconocimiento de 
la España, convertidos en verdades fuera de 
toda controversia. 

« Un tratado lon la España importaría que las 
ProvÍ7icias Argcuiíiias forinan una nación^ lo que 
sería un tiiunfo sobre el partido que promue- 
ve la segregación de Buenos Aires. 

«: Importancia que iodo el ten itorio perieiiece d la 

61 



Nación, lo que sería uu nuevo argumento con- 
tra el artículo 2" do la Constitución prosin- 
cial y contra las pretensiouea de los ingleses 
que han empezado á poner los limites de la 
Repiíblica eu el río Negro eu todas sus car- 
tas geográficas. 

< Imporlatla e! reconocer <omo Jefe de ¡a Con- 
federación al Presidente <o» quien en trate, 

* Evitará que se cometa una i rregitlatt dad se- 
mejante á la de Mr. Z,e Moyiu; 

* Nos dará una grande ini/'oríaneia tnorai, y 
nos recuperará las siin[)atfas de la gran po- 
blación española que hay en Buenos Aires. 

< Tantas ventajas y otras muchas no nos costa- 
rdn saaifiíio alpino, pues que lo único qrtefiaf>e- 
dido la España d los nuevos B'itados, es que paguen 
los secuestro-; hechas á los españoles en la revolución 
y las deudas de sus tesorerías, y esto lo pagamos ya 
en la ccnsolidadon de la deuda de Sai por un 
vimienio espon/aneo de justicia. 

t Sería muy importante que no se detuiñt 
V. S. S.e7i tan hien camino, y que á la oarfa 
autógrafa siguiera ya el nombi-amiento de 
un Ministro para ajustar un tratado. 

cLft situación de Buenos Aires nos obliga d 
ohrar con mucha actividad en las Cortes extranje- 
ras. Es preciso estorbar que se cometan errores, 



■IOS ya 



— 579 — 

porque tena ve^ cometidos cuesta infinitamente vol- 
ver atrás. 

Firmado: Francisco Pico. 

«P. D. — Desde hoy principio á numerar 
mis comunicaciones oficiales^ y sej ía bueno que 
el Ministerio hiciera lo mismo, para notar cual- 
quier extravío ó retardo. 
Es copia. 

Firmado: Monguillot.T> 

Observación es 

Antes que mis ocupaciones en Inglaterra y 
Francia, me pei'initiesen llegar á Madrid, se 
presentó en el Paraná un Ministro de España, 
á fines de 1855. 

Iniciada allí la negocinciou del tratado, que 
j^o dobia celebnír en Madrid, el Ministio que 
me habia dado las instiucciones para tratar, 
se vio en el caso de ponerlas en práctica 
por sí mismo ; pero lo singular es que dejó 
de observarlas en el contra proyecto de tra- 
tado, que presentó por su parte» y la negocia- 
ción se aplazó porque temió reconocer la 
deuda, que sus propias instrucciones me habían 
ordenado tomar como una condición que no 
debia. detenernos para tratar. 

Suspendida la negociación, eia necesario 
explicar á E^^paña los motivos en el sentido 



— 580 — 

de nuestra pretensión. A ese fin se me en- 
viaron entünces á Europa, en enero de 1896, 
todos los docmnentos relativos á la negociíu 
aplasada. No me vinieron como instrucción 
pues todavía se esperaba hacer el ti'atí 
en Madrid, sino i:oaxo antecedentes explicativos 
de la suspensión del negocio, y para conven- 
cer al Gabinete de Madrid (íe la necesidad 4 
enviar 7utei:as instrucciones á su negociador i 
I^ata. 

El oficio misivo de esos donimentos, es el qn 
sigue. 



MiIli^'tet¡» (Ig itclaaiona BiLeriucei. 

"Parauá, 18 de Enero da 1856.] 
*Exmo. señor doctor D. Juan B. Alberdi, 

Tengo el liouor de remitir á V. S. lodos i 
pliegos relativos d la negociación de un traitu 
de reconocimiento, paz y amistad, que fué a 
licitado por el gobierno de S. M. C, y >_ 
no pudo realizarse por los motivos que V.Í 
verá consignados en eatos dociimenií 

Dos plintos eran los que ofrecían mayor ( 
ficultad, y que hicieron suspender las negot 
'•iones: el reconocimiento de la deuda que f. 



— 581 — 

sobre la caja del vireinato en la época de la 
emancipación, y la facultad á los hijos de es- 
pañoles nacidos en la Confederación de optar d 
la nacionalidad de sus padres. 

El objeto que tengo en vista al enviar estos do- 
cumentos á V. S., es que, cuando tenga ocasión, 
haga comprender al gobierno español, que la Con- 
federación no puede aceptar esos puntos; y 
que j)or lo tanto es necesario que modifique las 
instrucciones que ha dado á su Plenipotenciario. 

Estoy persuadido que V. S. hará fácilmente 
comprender al gobierno de S. M. C. que la 
realización del tratado tiene mayor impor- 
tancia para la España que para la Confe- 
deración, y que es más conveniente tratar 
en las actuales circunstancias sobre las ba- 
ses que contiene el contra proyecto del Ple- 
nipotenciario de la Confederación, que espe- 
rar, sin duda alguna en vano, la aceptación por 
el gobierno argentino de los puntos que han 
hecho aplazar la realización del tratado. 

Firmado: Juan María Gutierres. y* 

Observacione». 

A los seis días de firmado ese oficio el 
Ministro me escribía la carta que se lee á 
continuación, en la cual me declara el mo- 
tivo, que tuvo para no aceptar la deuda de 



— 582 — 

tesorería: es qup uo snhia lo que esa iieiutá' 
iii/ica para el negociado español. 

Me repetía uuiifídencialmeiitQ el objeto con 
que me mandaba esos docamentos: como antece- 
dentes, no como instriicciojies. 

Uno de esos documoutoa eia el amtra-ipro- 
1/ecto de tratado, quo e! miiÜHtro (español, no 
haliía querido aceptar en Paraná. 



riDtldeaaial del u 



Paraná, 24 de Enero de 1856. 



" No hemos arribado á nada con el Plenipo- 
tenciario <-spañt>l D. .Jofind) Albistiir: hemos tro- 
pesado cu el recunocimifido de ¡a deuda. A'o sa- 
hetnos lo que él eulinide por deuda de tesorería, 
y sería una tontera ¡)yo.starse á pagar cuanta 
suma uparecifíje invertida en law grandes y 
costosas expediciones que se hicieron á esta 
parte de América, algunas de las cuales fra- 
casaron aun antes de rialir de la Peuiíisula. — 
Por el artículo que le proponíamots, todo es- 
pañol PKiucuk'Aiiu, (lu.vvAuu. DEsrüJAiK), hallaría 
reparación de los perjuieios padecidos, siempre que 
proviniesen de actos ile autoridades españolas ó 
americanas en territorio argentino desde el año 



— 583 — 

1810. Creo que en esta gran llave pueden entrar 
las clasificaciones de cuantas acciones pueden re- 
clamarse de nuestro gobierno por particulares, 
después de justificar sus dereclios. 

« Le mando una copia de toda la negociación , 
para que le sirva de antecedente en caso de 
entrar en algún arreglo en Madrid, ó para 
inclinar á aquel Gabinete á que autorice d su 
Plenipotenciario aquí, d tratar de conformidad con 
lo que le proponemos. » 

Firmado: Juan María Gutierres. 

Observaciones 

Habían pasado ya seis meses, después de 
la remisión de esos documentos, y la España 
no mandaba nuevas instrucciones á su Mi- 
nistro en el Paraná. Entonces me remitieron 
una plenipotencia, para promover yo en Ma- 
drid, la negociación aplazada en el Paraná, 
Eso era en el mes de junio de 185G. El ple- 
no poder venía acompañado del oficio, que se 
loe á continuación, en el cual se me indica- 
ba como base el contra-proyecto remitido seis 
meses antes como antecedente explicativo de 
la negociación aplazada en el Paraná. Este 
oficio me derogaba, por supuesto, las instruc- 
ciones de 1854. 



«El gobierno de la ConfederacñoQ. na gme- 
riendo prirarte Je las imporioMtía xrviciae que 
jmede pregar V. E. cfírra rfe la Corí^ dt Madrií. 
hm remefio hacer extender en favor de V. E. 
loa plenc0 poder^ qoe acompaño, para qoe 
pueda negodar la celebración de «ni frotado 
í/í rcí«-^í"uV >»?</, paz _r amistad, comercio \ 
navegación, tomando por hase de la negocia- 
ción (A contraproyecto, que el plenipotencia- 
rio argf.-ntino pre3entó al señor AJbistur. y 
que fuíí remitido ya á V. E. 

iLos puntos esenciales que dieron lugar 
al aplazamiento de la negociación entablada 
por el señor AlbLstur han sido, como lo nota- 
rá V. E. 

1". — El reconocimienlo déla deitda de tesorería. 

^. — La devolución de la nacionalidad española 
á los hijos de españoles nacidos en la Confcdi- 
ración. 



585 



3°. — El feconocimiento de /os perjuicios de gue- 
rra^ embargos^ eic. 

Los dos primeros puntos so7i del todo inadini- 
sib/es. En cuanto al tercero^ los españoles, co- 
mo los subditos de cualquiera otra nación, 
serán considerados á la par que los argeiitinoSy 
cuando se proceda al reconocimiento de los perjui- 
cios secuestrados, etc., que han traído largos años 
de guerra.» 

Firmado: Juan Maria Gutiérrez. 

Obaervacionet* 

Yo no tomé ese oficio, como he dicho, como 
una derogación de las Instrucciones forjnales de 

1854. 

Tomarle así, habria sido admitir que nues- 
tra política con España en 1855, tenia un fin 
diametral mente opuesto del que tenía en 1854 : 
lo cual era incomprensible para mí, pues sien- 
do la cuestión de principios , esencialmente, ella 
es la misma hoy dia que fué desde cincuen- 
ta años á esta parte. 

En efecto, un año antes, según mis Ins- 
trucciones, la tleicJa española de tesorería ei^a ad- 
misible en princijno : un año después, según el 
despacho, es inadmisible el principio de esa deuda. 
¿Por qué razón? ¿ Se habían adquirido nue- 
vos datos paia temer de su naturaleza ó ex- 



-586- 



tonñon? — Todo lo contrario: era porqtK-no 

ne. comprendía lo q\te « esa áeiida. 

Luego que yo vi que la Eiípaña no tenía 
(los modos de entender la deuda de sus anti- 
guas posesiones de América, yo creí deber 
seguir las Instrucciones de 1S-'Í4, considen 
dolas siempre vigentes en ese punto, paes l 
tomábamos la posición de Qiüe, de Vena 
la, etc., que han admitido esa deuda ea sus t 
tados con España. 

Tenia nuevo dato para ello, mas tresco ^ 
todos. Nueve meses después de desecliaí 
la deuda de tesorería, en el coutra-proyeo- 
to de Paraná, porque no se sabía lo qm era, me 
repetía el Dr. Pico, que no debía d^na 
esa deuda, para consee/uir el tratado, porque e 
ya pagada en su mai/or parle. 

E3to,ba pagaJa, quería decir que había si4 
admitido el principio en que reposa. 

A-SÍ, era lui principio lo que se trataba del 
tipulai", no ui>a suma. Y como el princi 
habia sido sancionado ya por imestras lejí 
el tratado solo debía confirmarlo. Si i 
na, en la aplicación ó deducción de ese prin- 
cipio, la España demandase una cosa injusta, 
nosotros tendríamos el derecho de resistirlo sin 
afectar al tratado expositivo de un principio 
solamente, como cualquiera otra lyy. 



587 — 



Carta <lol doctor I* ICO 

Montevideo, 4 de Setiembre de 1850. 

«¿Cuándo irá vd. á España? El Minis- 
tro español me aseguró que su gobierno desea- 
ría, « un tratado semejante al que ha cele- 
brado con las demás ex-colonias » y (jue no 
liabría mas punto discutible que las « indem- 
« nizaciones á los españoles confiscados en la 

< guerra de Independencia. Pero vd. debe 
^ saber que cuando en 1822 se consolidó la 

< deuda, se pagaron todas las confiscaciones. » 
Puede haber vivos algunos reclamos de los 
que no acudieron en tiempo, ó no pudieron 
probar su acción ; pero este debe ser insigni- 
ficante, y los reclamantes no serán españo- 
les, sino sus herederos argentinos. « No creo 
« que est^ pacto ofrezca dificultad para con- 
^ cluir un tratado que dará tanta impoitan- 
^ cia al Oobierno Nacional. 

Le desea salud y le abraza su amigo. 

Firmado: Pico. » 

« Recibo en este momento la noticia de que 
Gutiérrez, llegó el 2 á Buenos Aires. » 



ObaervnfEon» 

Como acaba de verse, las InslruccioHes qne 
preceden ( suponiendo que pueda darse el 
nombre de Indruccion al contra- proyecto remi- 
tido como aniecetlente,) se compouiau de mu- 
chas piezas, y sus preceptos eran coatiadic- 
torioa. 

La primera parte de ellos decia; Podéis 
reconocer la deuda de tesorería. Lia segunda 
decía» « La deuda de tesorería es inadmi- 
sible. » 

La primera decía : < Sabemos que la deuda 
de Tesorería no es nada, porque ya fué re- 
conocida y pagada por el pai3.> La segun- 
da decía; » No sabemos lo que es deuda de 
tesorería. > 

La primera decía : < Tratad en vista de 
los altos y urgentes intereses especificados 
en la carta adjunta.» La segunda decía: 
« Tratad pava aprovechar de vuestra presen- 
cia en Europa, ya que estáis allí. » 

La primera decía : « Tratad como creáis 
conducente y con arreglo á la Constitución. > 
La segunda decía: «Tratad según nuestro 
contra- proyecto rechazado, aunque no tratéis 
según la Constitución vigente. » 



589 



En la primera se decía : « Tratad con ur- 
gencia, porque es vital el tratado con Espa- 
ña. » Mas tarde me dicen : t Tratad ó dejad 
las cosas como están, según lo halléis mejor. > 

En la primera me decían : « El reconoci- 
miento de nuestra Independencia por España 
interesa esencialmente á nuestra legitimi- 
dad, > Ahora me dicen . « No basta el he- 
cho material de la Independencia. » 

En la primera me decían : « Vais á hacer 
el tratado de paz que debe poner fin á la 
guerra de la Independencia. » Se sabe que 
no hay paz, sin concesiones de una y otra 
parte. Pero ahora me dicen : « No firméis 
la paz con condiciones : > lo que vale decir : 
c Podéis exigir una capitulación simple á la 
España, como vencida en los campos de ba- 
talla. » 

En vista do esa confusión y contradicción 
de las Insifíicciones, en que vi falta de estudio 
y de conocimiento del asunto, comprendí que 
no podia respetar todas sus prevenciones á 
la vez, sino que debía seguir unas y prescin- 
dir do otras. Seguí la parto de ellas, que 
estaba en confomidad con la Coustiiucio)¡ actuah 
con el honor de la república empeñando en 
sus leyes anteriores que consolidaron su deu- 
da interior, y con el alto intorcs de nuestra 
política presente, (juc consisto en salvar la 
Integridad de la nación. 



Para respetar esas cosaa tuvo necesidad de 
prescindir del contra proyecto de tratailo, qoe 
las compromete á todíusA la rez. 

Ademas do eso, el respeto at contra pro- 
yecto baria del todo imposible la negooiacioD. 
Ese contra proj'ectoera vin tratado, que Espa- 
ña había rechazado en el Paraná. No debía- 
mos esperar que España nos concediese en 
Madrid) porque se lo veníamos á pedir) lo mis- 
mo que ella rechíi?/- en el Parami. cuando 
fué en buflca del tratado. Dai-rae plenos po- 
deres para tratar, como España no quería 
tmtar, eia lo mismo que darme poderei-pienc% 
para no poder hacer nada. 

Ni Gutiérrez ni Carril han entendidí 
qne es deuda de tesorería. 

i'or eso han querido exduv-la dd todn. 

Gutiérrez la creía comprendida en la pro- 
cedente de secuostros y daños de guerra. 

t Yo creo qne las dos deudas entran en una 
sola clase, es decir, en la deuda de secupsfros, » 
me decía él, en caita confidencial. 

Es que él desconneía la causa civil, el ori- 
gen financíelo de la deuda dti tesoro pAblico, 
que es del tcídn noimal y regular como el 
préstamo, la renta, los arriendos, los servicios 
hechos al Estado. 

Es la cau.sa ú origen ordinario de la rfejí- 
da del tesoro público en todas partes. 

Es por el contrario muy raro y auoimal 



1 



691 



que nazca de secuestros y embargos y daños 
que son tan exepcionales como la guerra, en 
que tienen origen. 

La España, en sus tratados ha separado 
esas dos deudas, y heclio de cada una, una 
estipulación separada. 

Comenzaron. 

La l*^ descansa en un principio, la 2" en 
otro, de derecho de gentes. 

Ella ha pedido que los pueblos argentinos, 
constituidos en República independiente^ reco- 
nozcan deben lo que debían siendo Virei- 
nato de España, pues el principio de derecho 
internacional sognn el cual los cambios de 
soberanía ó de gobierno, no alteran la deu- 
da pública, que siguen siempre el jurado de 
Dominio nacional. 

Ha pedido que la República pague los da- 
ños hechos á los españoles durante la gue- 
rra, como ella ofrece pagar los hechos á los 
argentinos, según es práctica entre las na- 
ciones. 



AÑO 1858 



88 



595 — 



París, 7 de Enero de 1858. <») 

A S. E, el Sr. Presidente de la Confederación Ar- 
gentina, Capitán General Don Justo José de 
Ur quiza. 

Mi quorido señor Presidente : 

He tenido nnielio i)lacer en recibir las dos 
cartas que V. E. se ha servido escribiime por 
condiieto del señor (íeneral Puch, cuya per- 
sona, (pie ya me era conocida y estimada, 
adquiere nuevo título con la recomendación 
de V. E. Desde luego, y á propósito de este 
amigo, me permito indicar á V. E. que nin- 
gún destino le sería tan conveniente en Eu- 
ropa como (il (le PiUcargado de Negocios para 
celebrar con la líóigica el tratado que tanto 
desea este|)aís y (pie tanto conviene al nuestro. 

Antes de ])asar á los asuntos frescos de 
grande interés, nie permitiré volver sobre el 
tratado con España, cuya cuestión se liga ín- 
timamente con todo lo que boy ocurre. A 
cada instante toco la necesidad deque ese. tra- 
tado sea aprobado; y cada dia tengo nuevas 
pruebas d(í (jur no ba babido razón })ara dese- 



( 1) t'Oii tentada ¡mr llniui/.a el Lti de Mar/.o de lb.'»8. 



- riíífi - 



charlo. El señor Canil me escribe pnraíjiHf 
cniísiga que los gobierima lio Tnglatei ra y Fran- 
cia iicopten el sistema ile |>ago que estipulé en 
el ti atado con España para las indemuiza- 
cioiie-i (]ne ellos reclaman y sin embargo mi 
tratado ha sido desechado jmr la manera como 
estipuló el prinoi|)¡o do la deuda. 

Otro motivo del rechazo ha sido el f|no no 
seguí el contra-proyecto í\l- tratado quehizo 
el señor Giitíeri'ez. Pues bien, el spfior Gu- 
tierre/, me escribe por el último vapor las si- 
guientes palabras :—fi< //" ''«'''^S''' estado en d 
Paraná, hahria sosten ido sn tratado, porque si tiii 
acepté el tratadlo tal citid lo proponía Alhídur, fnt 
con i'l ohjfto de que vd. lo Iiicirm m Madrid. 

Cuando he conocido los motivos del lyeto 
opuesto por el Ejecutivo á la Iny Ac ciudada- 
nía, he visto que no figura entre olios el prin- 
cipio aceptado por esa ley, de (¡ue los hijos 
de extranjeros siguen la ciudadanía de su 
padre. Luego la opinión del Congicso y del 
Ejecutivo, en ese punto, están enteramente 
de acuerdo con el principio que estipulé en 
el tratado sobre ciudadanía do los españoles 
nacidoH en nuestro pais y de los ai'gentinos 
nacidos en España. ¿ Cómo es, pues, (pie el 
tratado ha sido rechazado porque ailmiti ese 
principio? 

Llamaré la atención (íe V. E. á otro he- 
cho muy grave. Dos meses antes de enviar 



697 



el tratado, mandé el Memorand%mi de las ba- 
ses sobre que está fundado eso tratado ; y el 
Gobierno, lejos de desaprobar esas bases, dio 
las gracias á los Ministros de Inglaterra y 
Francia por la cooperación que sus gobier- 
nos me kabian dado para celebrar el trata- 
do concluido solare dichas bases; y me acusó 
recibo del Memorándum sin 'hacerme la menor 
objeción. Una de las bases del Memorándum 
era el punto de la deuda. 

Así, pues, los motivos que se han invoca- 
do para desechar el tratado, aparecen mas 
bien como pretextos insostenibles. Entre tan- 
to, mi querido Sr. Presidente, héaquí las con- 
secuencias de ese paso. 

Kl concordato con Roma será casi irrea- 
lizable por falta de la baso que se eneuen- 
tr¿i justamente en el Tratado de España tal 
como yo lo había concebido. Yo, que cono- 
cía ya las objeciones de Roma, trató de pie- 
parar su solución por los términos en que 
concebí ese tratado. 

Desechando el tratado por la razón de que 
el i)oder material, ó bien sea la independen- 
cia de hecho, nos l)asta. no podremos soste- 
ner cerca do estos gobiernos el derecho de la 
Nación Argentina sobre la provincia de Bue- 
nos Aires. Ese derecho, sin embargo, es el 
eje de toda nuestra política interior y exte- 
rior. Si nosotros misMios los deséchame» nos- 



- 598 - 






otrns mismos damos la razón al gobierno ae 
hecho de líuenos Airt>s y absolvemos la cau- 
sa de Waikor, rjue pieteude gobernar por el 
derecho simple do las armas. Justificamos 
también, de eso modo, la actitud qne hoy to- 
ma !a Francia cuando reconoce A Buenos Ai- 
res, sin ma^ razón -jue porque existe inde- 
pendiente de hecho. 

En resumidas ciuíntas, no lia tenido este 
gobierno otio nioti%'o para rt'cibir al Encar- 
gado de Negocios do Buenos Aires, que et*a 
independencia do hecho en que sp presenta esa 
provincia. 

El IG de diciembre ha sido recibido el se- 
ñor Balcarce. En el mismo dia pasé al Con- 
de Walewski una nota dirií^ida á provenir ese 
paso, y además me dirigí ¡i su palacio para 
hablar con él personalment^e. Procedía ello 
apenas lleg<i el vapor y tuve mis conutnifa- 
ciones: pero el señor Balcarce había recibido 
secretamente poi' el vapor anterior su cre- 
dencial. 

El Ministro de Francia ha recibido al señor 
Balcarce sin consultarme previamente. No 
ha sido sorprendido, pues la credencial del 
señor Balcarce lia venido de Buenos Aires 
en virtud de palabras del dicho señor Conde 
que equivalían á un asentimient<i. El mis- 
mo me lo ha confesado. 

Son dignas de llamar la atención de núes- 



— 599 — 

tro Gobierno las explicaciones que me dio el 
conde Walewski en la entrevista del 16 de 
diciembre. Ellas están reasumidas en una 
nota del 30 de diciembre que dirigí A este 
Ministerio, protestando solemnemente contra 
la recepción del Sr. Balcarce. 

Remito á V. E. adjunta una copia do mi 
qwotesta. Dos días después de dirigida, me ha 
sido devuelta por el conde Walewski, so 
pretexto que no era conforme á los usos di- 
plomáticos repetir en una nota una conver 
sacion oficial, y que nadie liabia disputado 
al Gobierno del imperio el derecho ejercido 
en la admisión del Sr. Balcarce. Prevengo 
á V. E. que las palabras del Conde Walews- 
ki, que yo repetí ante él mismo, me fue- 
ron dichas en su gabinete, hablando oficial- 
mente, y como explicación á las preguntas 
que }'o hacía en nombre del Gobierno de V. E. 
Yo no se cómo ])ueda sostenerae el otro 
aserto desdo que toda mi protesta está con- 
traída á disputar á este Gobierno el derecho 
que pretendo tenor. 

De todo ello ho dado participación al Go- 
bierno do Inglaterra, cuya opinión, si no me 
equivoco, nos os favorable. No es de temor 
cieiiianiente que ella siga el ejemplo de la 
Francia en este paso; pero debemos temer 
que las otras nai^iones adhieran á la políti- 
ca francesa en este ei ror, como sucedió cuan- 



-ÜOO- 



do ía doblo creiloncial dada á Mr. Le Moj^ 

Para evitar que esto suceda, trabajo 
con todos loa medios qno están á mi alcatf 
ce. Yo creo quo iiuostio Gobierno liabi-A pro- 
testado ya contra el nombramiento del tíi. 
líalcarcc qiio liizo ol de Buenos Aiie8. No 
bastará eso. Será necesaiio que mi protesta. 
y mi conducta aquí aoaii aprobadas ¡lur mi 
Oobierno torniinaiiteinentu, y que el Gobierno 
de Francia lo sepa por el doblo conducto de 
su Ministro un el Paraná y dircetameutej 
por ofiííio del nucstio. Provengo A V. E. qi| 
aquí es nniloriiiü la opinión de todo el od|ÍÍ 
po diplomático que el paso dado por el c 
de WalowHki es un error. 

Si no p^-ottstíiniüs ante este (íobierno de 
Francia, no tendremos deiedio á desconoo^B 
los reclamos que ól pueda hacer algún > 
por loa perjuicios que sufra su coinorcio i 
consecuencia de la luclia que él mismo ¡ 
pono en la necesidad do sostener para 
var una du las provincias porten ecientt 
la Nación. 

Do todos modos, las consecuencias que f 
do tener fon gravísimas. Si al recibir uü 3 
nistro lie Buenos Aires, el Gobierno do I 
cia admite al misino tiempo qiieeaapi'Oviií 
forme paito do la República Argentina, i 
consecuencia no son sino más graves. ~ 
quiero decir que so espora quo Buenos Aü 



601 



volverá á tomar el ascendiente y señorío de 
toda la República. Esto es lo que tenemos 
que atajar con tiempo. Para conocer los me- 
dios, importa no olvidar los orígenes del mal, 
porque no es uno solo. 

El Sr. Balcarce no ha necesitado habili- 
dad alguna para conseguir que lo reciban. 
Su recibimiento es resultado de la actitud 
de Buenos Aires y de la actividad con que 
obra esa provincia. Al mismo tiempo él es 
resultado de la inactividad completado nues- 
tro ministerio. Si V. E. so sirvo leei todas 
las indicaciones que hice un año ha en las 
cartas <pie llevó el Sr. Lamarca, V. E. verá 
señalado desde entonces el peligro de que 
sucediera lo (pie ha ocurrido. Señalé también 
los medios de prevenirlo. El primero de ellos 
era de ilustiar la opinión aquí en Europa 
j)or la prensa. Así se ha ilustrado en nues- 
tro propio país, y no hay aquí otro medio de 
con(^luii- con la completa oscuri(hid en que 
continúan miestros ncígocios. 

So me ha autorizado para subvencionar 
periódicos y escritores; pero eso es nominal, 
porque no se nje ha provisto de los medios. 

Nuestro servicio d¡[)lomático aquí es in- 
completo por la misma causa. Teniendo va- 
rias [jcgaciones á mi cargo, uec*esito ausen- 
tarme á menudo de un [)unto para ir á otro. 
Todo [)unto aluindonado es una plaza (jue 



•602- 



queda en deflcubici to. Imlíqué I» idea de t 
iier socfütarioa eu las diferoiitL-s Cortea ptu^ 
dejarlos coran Ennargados de Negocios i~ 
rantc mi auscucia. 

Ero uicdíu eñ más barato que el de cosU 
iiiinistios. l'ero tatupooo sa ha Regnidn i 
indicación. 

No lia dejado de contrihiiir á la actibi 
<|ue hoy tuina la Francia la qne tomó Id 
glaterra cuando arregló ana cosaa cím Bn^ 
noa Airea hace un año : arreglo que ao hubien 
podido evitar, si me hubiesen dado la aa 
• tórizacion qne pedí para intervenir en 
deuda inglesa sin comprometer la Repúhlií 

No queriendo quedar atriis de la Inglat,<i 
rra, la Francia envió un Cónsul á donde e 
lo principal de su comercio. Con esa motiw 
fué qne Buenos Aires preguntó ai le adinJM 
tirían un Encaigado de Negocios, y el conií 
Walewski negó el acierto do eso paso aid 
deeconocer terminantemente el derecho, 
error del conde Walewski. en este punto, 
apoya en el orior, muy general aquí, que 1 
propagado Buenos Aires, de que su indepeik 
dencia es como la de Prusia á Barkra. qn 
1(1 permite tener vida exterior, aim peitenri 
ciendo ih derecho á la Confederación. 

La máa temible y peligio.'ía de las con 
cuencias inmediatas del paso de este Gofaiedj 
no, es que la España reconozca también í 



— 6o:t — 

Sr. Thompson como Encargado de Negocios 
de Buenos Aires. No debemos extrañar que 
eso suceda desde que el Tratado con ella ha 
sido rechazado en el Paraná. 

Si el señor FJalcarce recibiese credenciales 
para otras Cortes, anteas de dos años la di- 
visión de la República Argentina quedaría 
preparada para siempre para" este camino 
peligroso. 

El conde Walewski me ha dicho que no 
tendría inconveniente en celebrai* tratados 
con Buenos Aires V. E. salje (jue Portugal 
solicitó, la vez pasada, tratados de esa clase. 

Si Buenos Aires «juedase como nación in- 
dependiente, ó si antes de serlo del todo, 
como sucedió á í hiatemala, empujase A Santa 
Fé, ó á otra provincia del litoral para en- 
trar en la misfna sonda, Buenos Aires di- 
solvería la Repüblica, con la mira de no tener 
por vecino en la Confederación constituida 
un Estado fuerte, que 1(3 impusiera respeto. 

Estamos, purs, amenazados imninentemen- 
te de ver caer á nuestra hermosa nación 
en la miserable suerte (jue ha hecho de la 
Repüblica de la Amc^rica Central, el objeto 
de la cotnpasion y del m(^nos caso de todo 
el mundo. 

Yo creo que Ikmuos llegado al caso de pen- 
sar en los grandes remedios. La diploniacia 
podrá ayudarnos útihnente, pero no nos dará 



-004- 



la solución que roclania hi salvacínn ite míe 
tro país. h[i integi'idiul de la Nación A.d 
f^ciitina lio puede quedar dependiente de lo) 
capi'iclins ó du !a igiioianuía de los gabina 
tes eviropeos. 

Con todas las ventajas do podor estis j 
liieriios üuii Iu3 ctiVtesanos do la victoiia: 
vuneaiuos, nosrospetaráii porque liemos ve 
cido á ditlilo titulo que por el derecho que 
noa ii:si,4te. Cuando lo oliservó al condw Wa- 
Itjwski que esto podía suceder — UiiUo iiifjor, 
me contesta. 

Se empieza á creer ya en Eurupa que ! 
iiide|ieiulQucia do Buoiios Airea es hija de 1 
iuipotoncia de la Conted^raciou: lo 
i)uiere decir, que cousíduran inevitable la dei 
luRinlpiacion ile ese país, pues crc^eu quena 
otros mismos saneionamüs la indepeudenei^ 
dj Buenos Alies, puesto que la boleíamofl y.^ 
dejamos subsistir. Para desmentir este coDi 
copto, que importa una sanción pública dfg 
la indepondeneia de Bueuos AircH, i 
ijueda otro medio que el que ha servido i 
lodiia his iiaeioiies para establecer su respüud 
tiva integridad, ú saber: la fuerza del deroi 
dio ajioyada en la fuerza de las armas. "Em 
recurso ba llegado á ser tan urgento hoy c-üí-^l 
en 1851. La Ñaciou tiene que salvar á Btii 
jios Aires de la vergüenza de su separacioaJ 
como la salvó antes d'í su Urania de veintH 



~ 605 -^ 

años. Yo creo que h(\y más que entouces la 
causa nacional podrá contar que tiene en 
Buenos Aires su más j30(lorosa vanguardia, 
pues esa provincia abriga numerosos píitriotas 
argentinos, y se reputaría feliz de verse libre 
al favor de una inflr.encia nacional, de la 
minoría tiránica que hoy la despotiza 3^ ex- 
travía. 

Por un cambio semejante Buenos Aires 
podía tenor un gobieino más dispuesto íí en- 
tendeiso con la Nación, sino on todas inme- 
diatamente, á lo menos sobre los puntos prin- 
cipales do disidencia. Bajo la iníluoncia de 
un triunfo nacional, todos los ai regios y 
todas las (combinaciones podrían ser venta- 
josos, sin excluir las relaciones á la Coiisti- 
tucion misma, que algún día debe ser mo- 
dificada en el intimes de lebustecer más y 
más el gobierno nacional. 

Para entrar en esa vía, y para atravesar 
los tiempos difíciles en que entramos, yo creo 
que V. E. necesita esj)ecialmente proveerse 
de un Ministeiio prestigioso y activo. Sin 
desconocer el m(MÍto d(i los actuales Minis- 
tros, el (lobierno tiene nc^cesidad de hacer 
concesiones esti alógicas á la opinión, con el 
objeto de propiciársela y ccmvei'tirla en una 
fuerza favoiable. Felizmentií V. P]. lo sabe 
por instinto nnicho mejor gue yo, pues lo ha 
probado muchas veces. Lo único que yo 



- 60G - 



puedo asegurarle, es que todo el muw 
¡lieiisa <[iie su Miiiisteria actual no eslá á| 
altiii'a lie V. E. y la-s uec-esidadfH de hi caí* 
«juc le itíi^oiioi^e (.'Oino un glorioso represe 
taute. r_.il mayiir venUija dfr! (íoLiieiiio 
))resentativo cousitíte en la lacílidad de : 
íri'scaí' i^u pnBtigio por eiiuibiuu ó iiiudifiQi 
cionea oportunas de au ininisterlo. A 
debe Chile eii inuolia píuto su paz y adehiTí^" 
tos de vt!Ínte años. Mudiuiite esas iiiodili- 
(■aciones, el jefe del Podoi' EjVuutivo puede 
coiicluii' el período de su ir.audo tan iiueridft 
y respetado del pafs ouino enipoüó. 

De los olonieutOH exterioreH eapiieeH de H 
vir á la política que debe rt^Holver por las 
ciou la cui-'stion de nuestra integiidad, ; 
CR!0 que el BriiHÜ seiia el único con quií 
podria contal' nuestro Gobierno. Una bufn 
alianza. cuin|)reudiendo toda^ las cuestioiS 
existautem, pudría darnoa por resultado i 
tin/eti, como tii lySI uos dió la libertad. -^ 

Para atiaer al lii'asil, yo creo qne nos 1 
taiá penetra lie de su interés evidente 
que Buenos Aires no quede porpetuanienl 
constituida en colodra y en ejemplo de ( 
dtísorilen qui' a iiiulie lo sería nuis peruici^ 
que al Brasil. 

Kti uiiautn ;l la introdiicciun de colun^ 
atiicanos en nuestro paít*, V. E. .compieu- 
derá lacilniente que no es oportuno ostn mo- 



— 607 — 

mentó para solicitar la tolerancia de la Iii- 
glateira respecto do un hecho que la prensa 
de ese país y de Alemania han caüficado ya 
(*omo la prosecución del tráfico do esclavos 
bajo el disfraz de Colonización de africanos li- 
bres. En todo ese negocio ven aquí la mano 
del Brasil. A mí mismo me han dirigido 
cartas do varias partes para <]U(3 llamo la 
atención do V. E. sobie el peligro do ese 
nuevo tráfico. Como yo no creo «pie un afri- 
cano por el hecho de ser negro no ha do te- 
ner deiecho de entiar en nuestro pais en ca- 
licad de colono como un inglés 6 un tVan(!Ós 
en momento oportuno yo daré los pasos con- 
venientes á ese respecto cerca del (íobicrno 
Jlritánico. 



Paris, 7 de Febrero de 1858. (d 

^4 S. K. vi ttr. Presidente de la Confederación Ar- 
(jetUitm, Capitán General Don Justo José de 
ür quiza. 

M¡ querido señor Presidente: 

No he tenido el honor de recibir carta de 
V. E. por el último vapor; pero sé que feliz- 
mente disírutal)a de buena salud. 

El estado de la cuestión del Encargado do 
Negocios de Buenos Aires en este país, no ha 
enipííoiado, y mas bien ha tomado un carác- 
tvx (|ue nos favorece. El 8 de enero volví 
íl teiuír una conferencia con el conde Wa- 
lewski, (íu la cual me re[)itió lo mismo que 
habia (contestado á las interpelaciones de los 
Ministi'osde la Inghit(ura y del Brasil, á saber : 
que el (¿ohierno de Francia no hahia cambiado 
respecto de n()Sot'H)s\ que su consideración sería 
siempre á furor nuestro, lo cual estaba 2n'obado])or 
la presencia de la l^equcion de Francia en el Pa- 
raná: que el (¡ohierno de Francia no cesaría de 
trabajar por nuestra unión, pero que para ello 



l\) ( 'oh t »'!■(. ni a pnr rii|m/a «•! -..'» »|r Al'iildc IvS'S, 
Mi 



— 610- 



■aria siempre oficiosamente i/mmcaoficiait 
pwíjiie lio querían mezclarse, en nuestras cosas in- 
teriores. 

Este lenguaje y esta actitud, que yo cveo 
BÍiiceiüs, prueban á lo menos que reconocen 
el desaijierto que Uan cometido recibiendo al 
Agente de Buenos Aires, y qne desearían re- 
mediarlo siu caer en contradicción. Pero 
todo esto no quita que el desacierto exista y 
que no3 haga un daño del que tenemos que 
defendernos por algún medio. 

IVngo datos para creer que los de Buenos 
Aires trabajan en hacer reconocer al señor 
Thompson como Encargado de Negocios en 
Madrid. El ejemplo de Francia por una par- 
te y el desaire que hemos hecho á España 
desechando el Tratado, por otra, hacen muy 
posible la repetición de un escándalo en Ma- 
drid, semejante al i^ue ha sucedido en Paría. 

Me escriben de Estados unidos que el señor 
Mirabeau Lamas, que estaba nombrado en 
calidad de Ministro para ir al Paraná, acaba 
de ser destinado á Nicaragua, y que un nue- 
vo Ministro debe ser nombrado para el Plata. 
La situación no dejará de favorecer la pro- 
pensión que siempre tuvo el gobierno de 
Washington de reconocer á Buenos Aires 
como Estado separado. 

Todo nos induce, mi respetable señor Pre- 
sidente, á obrar por nuestros propios medios 



611 



y á obrar muy activamente, para resolver 
dos grandes cuestiones en que se encierran 
todas las demás, á saber : la de la integridad 
de nuestra nación y la del aumento rápido 
■de nuestro comercio y de nuestra población, 
manantial de nuestras finanzas. 

El mas necesario, sino el principal de nues- 
tros medios, debe ser : la firmeza y la energía 
■de nuestra política. 

Los Gobiernos de Europa, solo se aper- 
ciben de que existimos en el mundo, cuando 
sienten nuestra lesistencia : de nuestros actos 
•de deferencia hacia ellos, no se dan la menor 
cuenta. Dol)einos respetar y buscar la ci- 
vilización do la Europa, no por considera- 
ción á ellos, sino por nuestro propio interés. 
Tenemos mas derecho de asumir esa firme- 
za, que muchos ílobieinos de Europa, que 
se créi'U inconmovibles. 

El orden 3^ ol (Jobierno actual de la Fran- 
cia han estado á piípie de sucumbir en la ten- 
tativa de asesinato contra el Emperador, ocu- 
rrida el 14 de enero. Muy felizmente la 
Providencia prott\í>;i(') los dias de esto Sobera- 
no, necesario al bien y al progreso de la Fran- 
cia. Una verdad dolorosa, sin embargo, se 
ha hecho perceptible con este motivo, y es 
•que toda la trauípiilidad de las naciones 
<le Europa está d('])endiendo de la vida del 



Enipei-aili>r Napoleón. Se puodo decir 
la única txcL'pcioTí de este peligro ftmuí 
es I;i liiglateira. Por eata razón debemos 



cnití 



var con preferencia s 



iieciüsa aniiaü 



qnc? y^ poneemoa felizmente. 



De: 



ipVlP; 



dt> la atnLstiul de la Tnglatc 



nada man préi-io90 para nuesti-a »ituaciou que 
la ami«tail del Brasil. Su tratado dt^ 7 de 
marzo de ISóU con nofotroa. contiene princi- 
pios ipie se pueden fecundar y desenvolver 
grandtuncnte en proveclio de ntiL'strii inte- 
gi'idad nacional parala solución de la cncstioa 
con Bueno» Aires.— En solo su iuticulo 2." 
so encierra la bafie tío toda una pulitica. 

En cuanto á los medios do mejomr nuestra 
tesoro, que debo ser nuoistia gran |mlanca 
para la solución de todas las dificultades, 
íidizinonte la situación de la Enropa cam- 
bia á grandes pasos en el «t'iitiili> ilo nues- 
tras necesidades financioras. El dimro prin- 
cipia á alMiitilar en tal grado y el ínti-ré» 
8C t'stii |iouien(lo tan bajo, que pronto se 
sentirá en Emopa una exuberancia de capí- 
Udi'S y mnneiarío. quü tormarii crisis ou 
sentido opuento á lo <pie acaba de verse. 

Un corredor de loti má.s respetables do Pa- 
rís ( según informes ipie obtuve inmediata- 
mente) se ha presentido días pasados eu cstA 
Legación para preguntaj- si el gobierno do 
la Confederación estaría dispuesto A aceptar 



--613 — 

nn empréstito hecho por una casa muy res- 
petable de esta ca|)ital. Algunas otras in- 
dagaciones que á este res])0(to he practica- 
do, me hacen creei- muy posible la venida de 
un momento en que nuestro gobierno pueda 
realizar un empréstito en Knropa ; en cuj-o 
caso entci medio puede ser mucho niíís favo- 
rable para nuestras finanzas qui^ el estable- 
cimiento de un banco. Ocho ó diez millo- 
nes de duros nos permitirían reducir á la 4^ 
parto nuestros derechos de adunna, y em- 
pujar pod(»rosa mente el desarrollo de nuestio 
comeicio direct(\ 

Para negociar un empréstito, yo creo que 
nuestro gobi(uno no necesita valeise de agen- 
tes de ninguna clase, sino proceder él mis- 
mo de frente y al)i(Mtamente, autorizando á 
su representanti* en Kuropa ])ara provocar 
y oir proposiciones concurrentes de todos los 
que estén (lispuestx)s á colocar su dinero en 
el em|)réstito argentino. Ks así como pro- 
ceden los gobiernos d(» Kuropa en estos ne- 
gocios. Ningún ag(»nto comercial, por ca- 
ract(M¡zado (pie sea, infunde nuis respecto y 
confianza que un Ministro diplomjitico obran- 
do en nombro d<» su gobierno. Pero como 
las 0(*asiones favorables se van y vienen con 
mucha, rapidez, nunca podremos arribar á 
nada, si las coníliciones del empréstito se han 
do oslar (]is( utier.do [»or correspondencias 



-(il4- 



qno echan finco meses en ir y volver. Seríí 
preciso, si el goliieino se decide á aceptar un 
empréstito, ijue ruuiita las biist'S y !o3 pode- 
res Huficientes para concluirlo: colaboradores 
de alta intelif^encia para la discusión y ajus- 
te del negocio sobríitían aiiut, á uii disposi- 
ción . 

Me han escrito de Alemania lil ti mámente, 
adviitiéndome la nocüsidad que tiene nuestro 
(íobieriio de andar muy circunspecto y re- 
servado en siia concesiones y arreglos, sobre 
el i'stablecimioiito de nn banco, con ciertos 
banqueros que liny se ccupan de eso por allá. 
No me han nombrado pei'soiia. perú la adver- 
tencia es muy i^ieiiificativa poi- au origen. IjOS 
estragos que han hecho los bancos en Esta- 
dos Unidos, Inglaterra y Alemania .se bau 
de hacer sentir entro nosotros, si no toma- 
mos precaucionas oportunas. 

El empréstito es preferible al banco; como 
recurso financiero, porque no trab'-i la liber- 
tad, que es nuestro principal estínnilanto. Un 
banco pi-oporcionai-á á nuestro país dos 6 tre» 
millones. Lo que necesitamos sou muchos 
millones, que no ii'ían si fut-sen rechazados 
pnia los privilegios repelentes y por la alar- 
ma que los bancos infunden en los países 
nuevos. 

Hice publicar aqui que el privilegio de los 
señores Trouvé-Chauvel y Dubois había cadu- 



615 



cado, y con este motivo estos señores me 
repitieron la persuacion en que están, do que 
el señor Mariscal Santa Cruz les ha resucita- 
do el privilegió que su agente en el Plata, 
señor de Brath, había hecho espirar. Ellos 
esperan, cuando menos, que todas las difi- 
cultades se resuelvan por una fusión de todas 
las empresas concurrentes en que les quepa á 
ellos una participación. Yo, por mi parte, 
persisto en considerar este negocio como des- 
tituido de bases serias y formales. 

Todos nuestros negocios en Europa, diplo- 
macia, bancos, población, impiéstito, colo- 
nias, comercio directo, etc., todo, todo se en- 
cuentra subordinado á una necesidad capital 
de nuestra política en Europa, á saber : la 
de dar á conocer por la prensa las institu- 
ciones, los elementos de riqueza y el sistema 
de gobierno de nuestro país. Sobre este pun- 
to hace más de dos años que escribo á nues- 
tro Ministerio de Relaciones Extranjeras. So 
me ha autorizado, es verdad, para ofrecer 
subvenciones; pero nadie las acepta si han 
de ser pagadas á 2.000 leguas de distancia. 
Con la única persona que ha querido pres- 
tai*se á ello he contratado una subvención, 
por un valoi* mayor naturalmentí» que el que 
hubiese sido necesario si los pagos se hicie- 
ran aquí. Pero esto no es suficiente. 

Es una lástima, señor Presidente, que este 



-G16- 



asiinto tan pequeño, por lo que hace al gai 
y de tanta conveniencia por snn lesiiltatloi 
esté sin solución hasta ahora. Una gn' 
parte de nuestro descrédito viene de nuesU 
silencio en Europa. 

El mejor uiedio de instruir á la Eui'Op 
seria el que liemos empleado para instruir á 
la República Argentina : la braduceion en 
francés, en inglés y en alemán, de los mis- 
mos documentos, libi-os y esi^rrtos, quo han 
servido allá para explicar al pueblo nue.st.ras 
cuestiones políticas, hisióricjis y económici 
Sería preciso que nuestro (íobierno manda 
autoriz:icion y fondos para esa.«i traducfioo! 
y publica<;iono3. Este no es punto de va 
gloria individual ó nacional: os de un 
teres y de una necesidad material quo 
el mundo toca. Con todo lo que hemos) 
dido escribir y publicar aquí hasta hoy, na 
tros negocios continúan oscuros y dei 
jjociilos. En Inglaterra, donde podrí» 
tener más simpatía, es domlo monos los i 
noL-en. El error det conde Walowski no ti« 
otro origen que la falta de noticias Boti 
nuestro país y las dihcultades que encufij 
tra nuestro comercio ilirecto, pinreden ^' 
gran parte tle la falta de noticias oxaotí 

El libro del señor de Uifity, que acabaí 
aparecer dedicado al roy de Bélgica, es r 
bueno en general, y será muy cnpazde ayu^ 



G17 



á satisfacer la necesidad que dejo indicada, po- 
ro adolece de parcialida(J, y nuestras cuestio- 
nes políticas ó históricas no son presentadas 
con toda la fuerza y valentía que conviene á 
nuestra hermosa causa. En las páginas 30 y 
31, por ejemplo, clasifica la Constitución unita- 
ria de 1826^ como una huvna Constitución que hu- 
biese hecho la felicidad de la República y hubiese 
<thorrado muchas desgracias, si las provincias del 
litoral y de Córdoba no la hubieran rechazado etc, 

V. E. sahe que no es conlcrme á la verdad 
de nuestra historia el decir, que las provin- 
cias hubiesen impedido la creación de un 
Gobierno general en 1820. Todo el mundo 
sabe (juo entonces como hoy esa institución 
fué resistida por Tiueiios Aires en el inte- 
vés do manejar él ]rs lentas y i)odei-(»s del 
Gobierno g(;neral. Los AiKíhorenas }' Dorrego 
no eian de las provincias. Rivadavia íuó 
botado al (ístranjero por Buenos Aires, no 
por las provincias. Es verdad que el mismo 
Sr. du ( iraty corrige su propia equivocación en 
la página 220, confesando (jne la (Constitución 
unitaria cayó porque (»ra absurda. Todo esto 
no prueba sino la ncesidad de generalizai* 
en Europa las fuentes mismas ou que se ins- 
piran y d(*b('n inspirarse los escritos histó- 
ricos y políticos reterentes ix nuestro país. 

En estos días he pedido una audiencia 
del Emperador, para presentarle mi creden- 



-r>i8- 



cial de Plenipotenciario. (!on la iiiíni ile f|ue- 
tlai' aun en el vaiígo uiáa aníba ilel Encar- 
gado de Negocios de Biiencs Aires. Las exi- 
gencias natiiialos de esta posición snperior 
me ha inducido ú girar una libranza, por 
este vapor, cuyo pago no iiresentará difi*i 
cuitad á nuustro ÍTobierno, si reñcxiona qi 
la )oy y la necesidad del buen servicio si 
latí bases sencillas de ese libramiento. Una' 
palabra de V. E. pudiera reniovL-r cualquiera 
dificultad en luiestroa hombres del ministerio, 
á ese respecto. 

El señor Lo Moyne y el conde Weilard (?) 
no nos son lavorables y su acción sorda no 
deja de sernos dañina en esta (lorte. El hon. 
Lefebvre de Beoour los ayuda sin saberlo coa 
sus informes quejosos y no muy reflexivos. 
Esto y las nacientes divergencias entre In- 
glaterra y Francia (sobre todo con respecto 
á la cuestión del Plata) exijen que nuestro 
servicio diplomático en Inulaterra y Fram-ia 
no este desempeñado por una sola persona. 
Si no fiiesu posible hallar fondos ni pci-so- 
na CGuijietente para mandar como Ministro 
á Paiis, podria al monos quedar aqui como 
Encargttdo di¡ iief/ocion algún hombre do nues- 
tra confianza ((iutiorrez, ó Kuergo, ó íioroi*- 
tiaga) en tanto que yo residii'se en Lon- 
dres, desde donde podría influir eu todos 
imesti'os ti abajos diplouiáticos en Europa, 






— 619 — 

quedándome tiempo para hacer algunas pu- 
blicaciones sumamente útiles á nuestra polí- 
tica nacional. 

Recomiendo nmchísimo á la perspicacia 
y buen tino do V. E. lo (jue me permito indi- 
carle en el párrafo, que precede. 



París, 7 de Marzo de 1858 

A S. E. d Sr. Presidente de la Confederación 
Argentina^ Cap dan General D, Justo José de 
Urgui^a. 

Mi lionoiabl(3 señor Presidente: 

He tenido el placer de recibir la carta 
de V. E. del 25 de diciembre ppdo. Sin 
sus palabras, tan llenas de fó y de convic- 
ción por nuestras cosas públicas, y tan amis- 
tosas para mí, no tendría otro estímulo de 
parte del Gobierno; pues las admoniciones 
tan generosas de V. E. á su Ministro, me 
procuran connmicaciones muy noticiosas, 
pero destituidas de la acción oficial en que 
pudiese apoyaise la mía. 

El lí) de febrero he tenido una conferen- 
cia con el Conde Wiilewski sumamente sig- 
nificativa. M(í ha diíOio que mi nota, en que 
pedía audiencia do] Emperador para presen- 
tíirle nn* credencial de Ministro, solo sería 
contestada cuando se sepa acjuí qué actitud 
lia tomado el (íobierno del Paraná con res- 



-622 — 



pecto á la protesta i^u© yo hice contra ' 
recibimiento del Sr. Balcarce lieelio por 
te Gobierno. Me ha dielio que si mi pro ti 
es aprobada, 6 si el Gobierno del Paraná 
protesta, por su parte, contra el refibimiento 
del agento diplomático de Buenos Aires, el_ 
Gobieino francés no podi-á recibirme on < " 
carácter de Ministro, ni tener relación dii¿" 
mática conmigo ni con mi Gobierno, á ( 
(íel tíescotioci miento que en ello se hace del /f^recJ^ 
del Empera.hr. Le observé que mi rocepcioB 
inmediata no so oponía á cualquier parbi^ 
que maiíana pudiesen tomar en vista de lid 
actitud del Purand; y qúc si es verdad que ( 
Grobierno de Francia nos asistía siempre c 
su consideración, según las seguridades ( 
das por el Sr. Conde, yo no veía por quépaS 
deira oponerse S. E. á que yoiíse do un niedM 
tan legítimo y obvio, para tomar un rand 
superior en esta Corte, sobre el agente de Ba 
nos Aires. A esto nio replicó que mi adn 
sion sería inútil, si dentro do poco había e 
tener que cesar toda comunicación diplon 
tica conmigo. Enti'»nces vi claro y itvidentí 
el espílitn de parcialidad de que el Ooná 
Walewski esül poseído contra nosotros. 

¿Cuál es el origen de esta actitud de ] 
Francia? ¿Qué se propone ella t>n la cuqi 
tion del Plata ? La respuesta á estas cuei 
tiones ae me presenta hoy menos oscura qti 



— 623 — 

antes. Yo veo formarse iin disentimiento 
grave entre la Inglateria y la Francia sobre 
nuestros negocios. La Fiancia, admitiendo 
al agente de Buenos Ai ios sin desconocer la 
integridad de la República Argentina, hace 
ver que considera posible la reinstalación y 
sostenimiento de esa integridad al rededoi* 
del Gobierno de Buenos Aires, en lugar de 
pensar como la Inglaterra, que apoya esa 
misma integridad pero al rededor del Go- 
bierno del Paraná. De este modo la Fran- 
cia y la Inglaterra estarán de acuerdo en 
cuanto al /???, que es la integridad argentina ; 
pero disidentes sobre el medio de conseguir 
ese fin, que para la Francia seiá el Go- 
bierno de Buenos Aires y para la Inglaterra 
el Gobierno del Paraná. Todavía esta po- 
lítica no está fonnulada ni practicada abier- 
tamente por la Francia, pero yo veo que se 
marcha hacia ella. La Francia es condu- 
cida por eiroros y preocupaciones de todo 
género; y su política así basada no dejará de 
ser frágil ó inconsistente, si nosotros soste- 
nemos con firuioza nuestro interés nacional 
y nuestro deíocho. 

El principal error del ííobierno francés en 
nuestros negooios es económico. Dudando 
de la capacidad de nuestros ríos y del co- 
mercio directo, creen inverosímil que poda- 
mos llegar á tener tesoro 5^ medios de go- 



-624- 



uficiont*'8 para fundar y coñsoüdAr' 
lu autoridad de toda la nación. Informes 
ini'omfik'Ujfl do sns agenten, rutinas lual es- 
tiiiliadas y mirt'ciadas, son el origen de ese 
orror. 

Puro á mi ver no reside alii toda la causa 
del caiiihiu de lu Francia luida nosotros. En 
mnLiha (¡artti vieno di¡ su antagonismo tra- 
dicional con la Inglaterra. Con excepción 
do iniDS ouantus grandes intereses en que 
estos dos (Jotjieruos estñn de acuerdo y alia- 
lios, en nuiclios otros estíín di.scordes y opu 
tos entre si. Yo creo que las miras all 
riorcs (|UG la Fianeia atribuye á la ln¡ 
tienen nuu-Iui parto en su dosacaordü nacien"^ 
te en nuestros negocios. Temo i|uc isas miras 
y las do nueatro írobierno hacia Inglaterra 
hayan sido alteradas y manejadas iwtutamí 
te por lo.'í dt! Buenos Aires paia desvia^ 
la Fiiincia. Cómo y dónde Buenos Aire 
podido conocerlas, ea paiii mi im niisteiio. 

Yo creo (¡uc cslariiiuios librea de los es- 
collos dt! esa clase, si las oiiciuas del Mi- 
nisterio do Relaciones Extranjeiiis del Paiauíl 
estuviesen servidas por oficialas y oniplea- 
d(j8 mandados de Europa, cuino me he per- 
mitido indicáisclo á V. E. untes de ahora. 
Difícil es que la Coiifoderaeión pueda tener 
diploniai'ia y política txteriur, uiicutias no 
haya un secreto inviolable en nuestro Mi- 



— 626- 

nisterio de Relac. Exteriores; y ese secreto sue- 
le ser muy difícil cuando los hijos de una 
misma familia y de una misma provincia se 
encuentran divididos por causas políticas. 

Me permito volver sobre este punto, por- 
cjue él afecta y lia de afectar por mucho tiem- 
po á la suerte de la política exterior de hi 
República Argentina. 

Otro disentimiento grave acaba de esta- 
llar entre los gobiernos de Inglaterra y Fran- 
cia con ocasión del asesinato intentado el 14 
de enero contra el Emperador. El conde 
Walewski dirigió una nota á la Inglaterra, 
solicitando una legislación [)reventiva de nue- 
vas conspiraciones preparadas por los refu- 
giados políticos. El pueblo inglés se ha ofen- 
dido de los términos de esa nota; ha caído el 
ministerio de lord l^almerston porque no la 
contestó con energía, y el nuevo ministerio 
ha respondido pidiendo á la Francia una es- 
pecie de satisfactcion. Esta cuestión delica- 
da tiene compronuitida la cordialidad de los 
dos (Jobicjrnos, y dudo nmcho que termine 
á gusto del Empeíador. 

Este estado de; cosas hace ya inevitable la 
separación de nuestro servicio diplomático 
en las dos Cortes. Un mismo individuo no 
puede sei' A la vez Ministro argentino en 
París y L(')ndn,\s. Lo que le hace agradable 

40 



- 626 — 



er^^H 



on UTia de cetas cortes, le hace aospechoso en 
otra. Dónde está Mr. Le Moine por cuyo 
retiro tiabajé yo, y dóndo se leen líis eo- 
irespondencias del que le ha sucedido en ma- 
cliíw de BUS preocupaciones, no creo que sea 
el puesto que me corresponda á mí. 

El cambio de gabinete en Inglaterra me 
llamará á Londres antes que se haya resuel- 
to la cuestión de mi protesta contra el i'e- 
cibimieuto del señor Balcarce; y si fum'a 
preciso que yo continuase allí, dejaré unem- 
oargado de negocios en esta corte, 
que mi representación continuase. 

Ningún consejo me atrevo á proponer' 
V. E. en la cuestión de la protesta desde quí 
eetrov comprometido personalmente en ella. 
Pero no puedo dejar de decir á V. E. que si 
he de fer admitido como Ministro en Fran- 
cia á condición de que el (robierno Argen- 
tino apruebe y tolere el golpe que ha dado 
este Oobierno á la integridad argentina, re- 
cibiendo lui agente diplomático nombrado por 
Buenos Aires, yo me consideraré muy t " 
y muy honrado de no ser Ministro de la ~ 
federación Argentina en Francia. 

El estado monetario de Inglaterra conl 
núa siempre favorable. No dudo que la no- 
ticia de este hecho haga venir más presto 
de América al señor Weelwright. El señor 
Dickson me escribe que, á pesar de la baja 



027 



del interés, la confianza no es completa, y 
que son muy escasas todavía las empresas de 
alguna magnitud acometidas al favor de la 
nueva situación. En carta que acabo de re- 
cibir de los Estados Unidos, el señor Wheel- 
wright se manifiesta muy abatido y descon- 
tento de ver asociado á su nombre el del 
señor B . . . paia la empresa del íeiro-carril. 
Teme él, que el nombro de su concesionario 
sea un obstáculo para la formación de la 
Compañía en Londres, y que aun perjudique 
al crédito del suyo propio. Yo le escribo hoy 
que C(^n tal de que su ncmibre aparezca solo 
al frente de la empresa, poco importii que el 
señor B. . . s(»a partícipci secreto de u]i inte- 
rés en ella. Así se arreglaron las cosas úl- 
timamente cuando los dosesta.ban en Londres. 
Yo autoricé oso arreglo 3^ lo comuniqué á 
nuestro (¡obicMno. Hubiera sido muy bueno 
que él lo confírmala en t(M*minos c\\u\ sin qui- 
tar í'i Huchental (í1 interés que pueda corres- 
ponderle. no pormiti<*se (|ue su nombre per- 
judique íl la r(íalizaí*ion de la empresa, y 
antes al contrario hiciera que el nombre pres- 
tigioso del señor Woelwright favorezca su 
ojeen cion. 

La noticia del establecimitmto del Banco 
Maná y C.*^ en Rosario ha producido muy 
buena impresión en Europa ; )' no tengo noticia 
<le que se ha)'a hecho ninguna crítica contra 



- 6^- 



esa empresa. Los señores Tmuvé-Chan\-e!y 
Dubois liau visto comprometido el privilegio 
que oieíaii haberles sido renovado por el 
mariscal Santa Cruz. El señor de Brath se 
prepara entretanto á entahlnr un pleito eon- 
tra esU>ssoñore«. Por mi ))art« croo tiiii poco 
serios [uíi reclamos de Ina señores Trouvé- 
Cliauvel y Dubois como me parecían siih me- 
dios y i'eciir«03 para foriiinr el Banuo. Creo 
que ellos escriben á V. E. una c;ir(a sobro 
este negocio. A mi me lian dirigido otra 
que trasmito original á nuetitro gobierno. No 
seria extraño que todo su negocio se resol- 
viese en un reclamo do indenniizaciones ; pero 
dudo que ese reclamo pudiese tener jamás 
fundainentnssóiioH ni patrocinio algjino. Yo 
he diclio al señor Trouvé que si gustase pro- 
poner algún otio negocio en el sentido da 
las necesidades materiales de tuiestro pais, 
me parecía que el gobiei'iio de V.E. estaría 
sioinpro dispuesto á estiumiarle por concesio- 
iiCH más i'i uieno.-^ i m portan ti^-8. 

Croo que el señor Hueigu partirá para el 
Plata en el vapor de abiil, si el que se es- 
pera en Europa en este mes no le trae mo- 
tivo de cambiar de determinación, — No me 
parece intempestivo liacer saber á V. E. que 
luieetio amigo el señoi' Gutieirez mo ha ea- 
critti asegurando su entera disposición á ser- 
vir de nuevo al gobierno federal del Paraná 



629 



con colegas de su confianza y simpatías. Yo 
lio conozco república algnna de América 
cnya política exterior presente más dificnlta- 
des y exija más inteligencia y cuidados que 
]a Confederación Argentina. El eje d(i esa 
política es natuialmente el Ministi'o de Re- 
laciones Extranjeras y de nada serviría que 
los agentes que están en el extranjero se 
iñnevan y agiten, si el Ministro que les di- 
rige y encal)eza en todos sus trabajos, no es- 
tuviese á la altura de su puesto. V. E. sabe 
que en el sistema de nuestra Constitución la 
])oIítica exterioi' es la llave maestra de nues- 
tra bóveda política. 

Tal viVA no esté de más un pormenor per- 
t^onal, que daré ix V. K. con respecto á mi y al 
Conde Wnlewski. En la última conferencia 
le supliqué se sirviese creer que el empeño 
que yo tomab;i en estas circunstancias por 
mi recepción de Ministro, no dependía abso- 
lutiimente de mirn. alguna personal, de vani- 
dad ó de ostentación de rango de mi parte; 
que el int-'-rés (]iie en ello me conducía era 
esencialmente ])úMic(>, como habían sido de 
público int.erés también los motivos que ba- 
í)ía tenido para retardar basta boy la soli- 
citud de mi re(*epcion. El aceptó inmedin- 
tamentc h\ sinceiidad v sentido de esta 
declaración: y íiñadió: ¡Oh, no! aquí vo Invf 



-630- 



aas 

1 



nada de personal: son asuntos de Estado á Es- 
tado. • 

Sin t'Hil>aigo, el Cnmlo Walewski lia ilictio 
Á alguien i)ue fxbi'uñaba el contraste que 
formaba la imideracion de mi convei-saciou 
con el tonri de mis notiis, y stibietodo con el 
de mi protesta. El Conde Im inferido de ahí 
que mía notan eran sugeridas y redactadas 
por algún francés, enemigo del gobierno 
imperio. 

Lad indicaciones del Ministro de Francia 
el Paianá, sobre el Sr. Mannequin, á quien su- 
pone empicado niÍo, no habi-án dejado de 
autorizar esa preocupación. Debo prevenir 
á V. E. que el Conde; Walewski no conoce la 
lengua i-spañola, y que no liabieiido leído 
ni comprendido mis escritos nunca, es nata- 
ral que haya concebido esa preocupacioD. 
Debo asegurar á V. E. que nadie me dicta 
ni sugiere la más insignificante nota, y qao 
mi primer cuidado ha sido y es, evitar toda 
circunstancia, que pudiera hacerme aparecer 
como instinmento de la oposición de este pais 
ú, su Gobierno. Poi' otra parte, aquí no hay 
ningún escritor francés, que comprenda bas- 
tante bion los negocios argentinos, cftmo para 
dejarle redactíir una Memoria por insignifi- 
cante que sea. 

Antes de concluir, permítame V. E. volver 
A un punto que iiunca será bastiiute inculca- 



631 



do y repetido, y es el de la necesidad de tra- 
ducir al inglés y al francés, y publicar en 
una y otra lengua, los libros y documentos 
que explican la organización moderna de la 
Confederación y las grandes cuestiones que 
interesan á su existencia moderna. V. E. me 
ha dicho que le indicase los fondos que serian 
necesarios para los gabtos más esenciales de 
publicidad. A este respecto no puedo decir 
á V. E. sino que en Europa son mucho meno- 
res que en América, y que una provisión anual 
de cinco á seis mil pesos podia ser suficiente 
durante dos ó tres años para divulgar exten- 
samente los negocios y cuestiones de la Con- 
federación en Europa — Mientras nosotros 
descuidamos este punto, Buenos Aires lo atien- 
de cada dia con mas cuidado, y sus agentes 
tienen que trabajar muy poco para resucitar 
las preocupaciones y errores que aquí existen 
en favor de la importancia de Buenos Aires, 
y déla condición insignificante de nuestras pro- 
vincias. 

Aprovecho, etc. 



P. I). — Permítase V. E., agregar algunas 
líneas, que no me parecen de mas. 

Acabo de saber que el gobierno de Francia 
so propone enviar algunos de sus presos po- 
líticos íi Montevideo ó á Buenos Aires. A este 



- (;:í2 - 



efecto, so ha vistn al cúnsiil general de Mrm- 
teT'/'dcc en ParÍH. Como esto gobierno (iiiiere 
enviarlos en sus buques fie guerra, y íiún ejer- 
cer allí cierta acción, sobre esos emigrados 
políticos, el Cónsul do Moiitovideo no se ha 
atrevido á aceptarlos. Se lia dif.ho que si 
ól no los aceptaba, no faltaría quien lo hi- 
ciera. So ha visto en esto, una alusión á 
Buenos Aiies y al señor Balcarce. A mí no 
se mo )ia visto ni hablado para tal propósito. 
Ignoro hasta boy si se ha ariibado íÍ algo. 

Un liijo político del señor Lefebvro de Be- 
eour, ha dicho la otra nocln- en casa del señor 
Balcarce, que su padre había anunciado svi 
regieso á Francia, para dentro de muy poco. 

¿ Habrá un plan concebido de retirar la Le- 
gación do Francia del Paraná, bajo cualquier 
pretexto que se presente? — No me atrevería 
á decirlo; poro no me sorprendería mucho. 

¿ Quó sucedería si Francia retirase su 
gacion del Paraná? — Creo que dobBmo3\J<l 
sar en esta cuestión. 

Quedaríamos en un estado de dcsinteli" 
gencia imludableniente, Pero la desinteligon- 
cia no os la guerra. Así está Ñapóles hny dia 
con la Fiancia. Esta nación retiró ru ~ 
gacion, y quedaron ahí las cosas. A la Fri 
cia, le importaría mas reanudar pronto bÚ 
relaciones con nosotros, pues ella tiene lUÉ 
intereses allá que ncsotros aquí. 



633 



¿Sería mucho malpara nosotros el no te- 
ner lina Legación de Fiancia en el Paraná 
en estos tiempos en que todo es naciente y 
está en formación? 

Es notable que Chile no ha^-a tenido hastíi 
ahora Legación de Francia, sin que su paz 
y 3U progreso ha3'an dejado de asegurarse. 

En ningún caso debemos esperar ni temer 
guerra con este país. Todo lo que tiene aire 
de amenaza me dií risa. Desjuiesdel estable- 
cimiento de la libertad lluvial y de la estipu- 
lación do tantos tratados internacionales fun- 
dados en ella los medios estratégicos de defen- 
sa que pone la. Confederarion debidos á su nue- 
va organización, son infinitamente superiores 
á los que tuvo en sus luchas con España, Brasil , 
Liglaterra, Francia en otras épocas. Con la 
libertad lluvial y el tratado con Chile, los 
bloqueos son imposibles. 

En todo esto debemos pensar porque todo 
í»llo conduce á la defensa v á la consolida- 
cion de la sobeiíNn'a nacional. 

Incluyo á V. E. nuevos datos de buqm^s 
que salen de Inglaterra para la Confedera- 
ción. 



r I 



036 



I>ai-ís, 7 de Abril de 1858. 

A S. E. el Sr. Presidente de la Confederación Ar- 
gentina, Capitán General Don Justo José de 
Urquiza. 

Mi (iiicrido señor Presidente: 

He tenido el placer de recibir sns dos car- 
tas interesantísimas del 26 do enero. La 
reservada de esa féciía, llena de nobles con- 
fidencias, me ba dado confianza sobre el por- 
venir de nuestro país ; y le agradezco de todo 
corazón los bellos sentimientos en que abun- 
da para nn. 

Los importantes datos contenidos en la 
otra cartel, son todos y los únicos que he re- 
cibido del Paraná por este correo, pues no 
he tenido la menor comunicación oficial de 
nuestro gobierno. 

Hasta no saber el desenlace ilel Tratado 
de España, Ikí creido conveniente el pedir 
una prórroga del término para su ratifica- 
ción por seis m(»si»s más. 

El triunfo del gobierno de Montevideo 



— (136 — 



fwibro loR revoluciónanos ha prn-liiriclo ima 

excelenlo impi-esioii en el públir-o tle Eiin> 
pa. pí^ro no ci-eo que haya iigniü:tilo tanto 
a este gobierno impi-rinl. 

Con los datiís contenidos en la carta do 
V. K. y con los que obtuve del repi*esentajiLc 
de Montevideo en París, me dirigí al Condi¡ 
Walewflki para explicarle i-l orÍf»en. nataii 
leza y consociiencias probables de la revi 
Incinn de Monteviden. La pres-ntó natnn 
monte como obra del gobierno do Bnenfl 
Aivüs en gran parte. 

Me contestó él qne estaba informado ■ 
los hechos por los agentes del gobiei'no fra 
cós en el Plata. Segnn esos informes < 
otros no creemos (me dijo) que el g<ihUrno i 
Buenos Aires, se haya incsdtulo en la revnluci 
de Montevideo. » Así el conde Walewski ' 
dado más eri'dito á sus agentes inspirada 
por BneiioH Aires que á las deolaracioQ 
oficiales de los gobiernos del Brasil, de üt^ 
tevideo y de la Confederación. 

Yo lio viflto en esta actitud una nue^ 
prueba de la parcialidad de ohUí gobieiij 
hacia nosotros. 

Sírvase V. K. notai' que A mediados de enS 
ro el señor Muillefer, cónsul francés en Moa 
tevideo, tomaba la protección de los arg 
tinos de Buenos Aires, hecho por el oui 
desconocía nuestra integridad política. 



637 



Recien el 7 de enero salía de Europa la 
noticia de haber sido recibido el señor Bal- 
caroe, es decir, del golpe dado á nuestra in- 
tegridad política por el conde Walewski. 

Luego el agento francés de Montevideo no 
so doterníinó en lo que hizo por la acción 
do este antecedente. 

Ksto pincha que hay un phuí y sistema 
concebido de antenmno por esto gobierno do 
(*.anibiar ó modificar su política en el Rio 
de la Plata. 

Yo no dudo (pío los errados inrormos que 
dan á esto gobierno sus agentes establecidos 
en Buenos Aires y Alontoviííeo, bajo la ins- 
piración do esas ciudades, contribuyen po- 
derosamente á extraviar su polític^a. Lo cierto 
es que los hombres de este gobierno empie- 
zan á creer (pie el único medio de restal)le- 
cer el (')rden nacional argentino, es ayudar 
á (¡ue kis cosas vuelvan á dar á Buenos 
Aires el ascendiente de toda la nación. 

J^os agentes do Francia en el IMata acep- 
tan esa opinión, (jue trasunten A su gobier- 
no porque la ven achnitida en las ciudades 
de Buenos Aires y Montevideo, donde resi- 
den, y por(pie (ísa opinión halaga su incli- 
nación á habitar cimlades co^ífortahlrs. Quien 
p()(hía corregir ese error, es el ministro fran- 
cés (pu? reside en el l\irand, l^ero no sabe- 
mos hasta qué punto este') avenido él mismo 



'EfSÜ- 



con ta ideii do haljitar indeltiütlainentfi ( 
ciudad; y por otni parte sus informes no 
non grandu autoridad en oste gobieruo. 
incertiduinbre y viicilacioii que aqni notan 
en su correspondencia, auinciitini la indeci- 
sión do su y;obit¡r»o y tlan mas fuerza á los 
datos que vienen de Montevideo y Buenos 
Aires. 

TamljÍGii os causiv de esta opinión, hoy bas- 
tante general (de ipio solo Buenos A iies pue- 
de encabezar nn in'den nacional argentino), 
la poca actividail, la falta de vida y do mo- 
vimiento que se nota en nuestro Ministerio 
de Relaciones Extranjeras. La comparación 
del nuestro con el Ministerio revolucionario 
de Buenos Aires, no es ventajosa para nos- 
otros á li)s ojos de los extranjeros. Las prin- 
cipales naciones de Europa han admitido jd 
Gobierno del Paraná como el representante 
de toda la nación. En vesn de aprovochar 
de esa ventaja para tomar posesión do la so- 
beiunia nacional apresurándonos á celebrar 
tratados con todas la& naciones, nuestro go- 
bierno so ha adormecido en ese punto ; ha 
puesto nuis bien difícultadiis al tiat^ido de 
España, y hemos dejado desairadas las in- 
sinuaciones repetidas do la Bélgica para ce- 
lebrar un tratado de conxeroio, que haría tan- 
to bien á nuestro país. Nuestro Ministro ha 
hecho varias promociones de Vice-cónsules 



— G39 — 

para Francia de que no se ha dado aviso 
al ministro argentino en París; y cuafndo se 
ha visto que los Vice-cónsules solicitaban su 
Exequátur, por ellos mismos 6 por los Cón- 
sules, prescindiendo del Ministro, se ha pen- 
sado mal de nuestra administración. 

Los refugiados políticos que este gobierno 
trató de mandar á Montevideo han sido, se- 
gún parece, dirigidos A Buenos Aires. 

El agento confidencial do Buenos Aires en 
Madrid ha revelado por la prensa algunos 
de los resoltes que Buenos Aires pone en 
juego paia indisponer íi la Fran(»ia contra 
la Inglat(»rra en la cuestión del Plata. Al- 
sina hará todo lo i)()sil)lo para restablecer ese 
viejo resorte, que usó en otro tiempo contra 
Rosas. Parece que imputa ho)'^ á la Ingla- 
terra la mira eahunniosa de buscar un se- 
gundo (iihraltar en la isla de Martin Garda. 

En el estado, en que están las cosas, la 
Francia ací'))taría toda imputación entre In- 
glaterra. VA antagonismo tradicñonal entre 
estos dos paisos se halla en todo su vigora 
pesar de la alianza. Medio se ha restable- 
cido últimamente» la armonía de estos dos 
gobiernos, pcMo v\ desacuerdo queda en el 
íondo, trabajando, por salir á la supei*ficie. 
La Inglaterra no ha dado, ni es creible que 
dé, la ley que deseaba el Emperador Napo- 
león (*ontra los conspiradores refugiados. Va- 



— B40- 



goa temores de un lompimieiito pasan 
todos'los espíritus. La Francia aumenta au 
ejército, y la Inglaterra íoititica sus coatas. 
La Injílaterra tiene ventajas en esta cues- 
tión, iyi*i fíl iiiiwuio Emperador conore aecre- 
tameuLe. El Goijiernu inglés tiene raices de 
HÍete siglos ; el de Francia es un accidenta. 
Los negdcioH de la India mejomn dt: inááen 
más para la Inglateria. 

El Contle Walewski dió )a satisfacción que 
piíiiú e! gobierno inglés por las palabras 
de la nota 20 de oneni, tomadas como ofen- 
sivas. 

V. E. recordará tiue el Conde Waiewski 
devolvió nuestra proteda, porque repetí au9 
palabras contra los usos diplomdticog, segii¡\ él; 
pues bien, él ha aceptado las notas ingle- 
sas en que han repetido las palabí as /nim(7- 
des, que ól dijo en conrersacion cDufiíltiiciat á 
lord Cowley (á pesar de los usos diplomá- 
ticos. ) " 

Pai'ece que de estos usos solo se preti 
hacer una ley contia nosotros por débiles. 
betnos y podonios probar que si souioa d^Í~ 
les por el número de nuestra población, so- 
mos fuertes por la distancia y por el territorio 
que habitamos. Rosas dió esa prueba atoa 
gobiernos de Europa, y nuestra política no 
debe abandonar los ejemplos útiles aunqu 
haya sido un déspota quien los ditra 



uina- 



641 



Para infundir esa creencia en estos mis- 
mos gobiernos, bastará que nuestra fuerza 
se haga sentir en el interior del país mismo. 

El giro que nuestras cosas toman poi* allá 
no puede ser más afortunado : aludo al tnun- 
fo reciente de Montevideo y sus consecuen- 
cias probables. 

He hecho aquí lo posible para establecer 
en la opinión el modo do entender 3^ consi- 
derar la política combinada del lirasil^ de la 
Coiifhleracion y de Mon'terideo, en sus aplica- 
ciones á la pacificación y tranquilidad del 
Rio de la Plata. So ouipiozaá reconocer por 
acá que la única (jarantía establo de la indepen- 
dencia de Montevideo^ es la integridad de la lie- 
¡nlblica Anjentína. Mientras liucnos Aires 
quede, aislado, llevando la vida de montonera^ 
no dejará on (luictud á la Confederación ni 
á Montíividco. En nombre de orden, ha de 
aer preciso obligarle á alinearse ¡^or la /-e- 
quierda, (^s decir, á unirse á las íilas do su 
propia tamilia. 

No hay solución seria para todas nuestras 
cuestiones interiores y exteriores que no se 
reduzca á la incorporación de linenos Aires en 
la (^onfedrrarion, ^remo mucho (pie si esto no 
80 realiza por un medio úotro, (pieden conipro- 
metidas todas nuestras conquistas en favor 
(lela Confederación. ¡ (¿ué i)restigio diría á 

41 



— fi-12- 



V. E. ese nuevn triunfo en favor de la 
dad déla patria! Seria <í1 que viniese á dar 
realce y seguridad á todos los anteriores. 

Si la fortuna de nuestra patria pusiese de 
nuevo los destinos de Buenos Aires en las 
manos de V. E„ seiía preciso no perder tiem- 
po, para ÜGvar á cabo ciertas medidas bajo 
las impresiones vivas do la victoria. Sería 
preciso trasladar todoi* los mrliii'os imcionales, 
á la ciudad capital donde reside el gobierno 
(Íp la nación ; todos los protocolos y registros 
ds nuestra política exterior argentina; todos 
los archivos y antecedentes, que intereaao 
á la deuda y al tesoro de la nación : todos 
Jos registros y antecedentes di-í ijohienio en 
general del virreinato español, reemplazado hoy 
por la uacirin argentina. Los trofeos q\iG per- 
tenecen á la nación, que se han conquista- 
do con la sangre de todos los argentinos, de- 
ben estai' en los museon nacionales, y no eu 
otra parte. iSeró preciso levantar la protes- 
ta pendiente contra los tratados de libre 
navegación fluvial. Convendrá revocar y 
casar todos nombramientos du cónsules y 
agentes para el extranjero hechos por Buenos 
Aires y renovar, en nombre de la nación, á 
los cónsules extranjeros que residen en Buenos 
Aires, el Exequátur que les hubiese dado esa 
provincia, en perjuicio do la integiidad na- 
cional argentina. 



643 



Sin perjuicio de todo eso, sería como de- 
biese procederse á la celebración de un con- 
venio ó pacto transitorio firmado con Buenos 
Aires para su reincorporación hasta la revi- 
sión posible de la Constitución general de 
1863. En virtud de ese convenio, la rein- 
corporación podría efectuarse solo en un corto 
niimero de altos poderes, dejando todo lo 
demás para más adelanto. Una incorpora- 
ción inmediata, completa y absoluta sería 
peligroso, por ahora, para las dos partes. Yo 
creo que un expendiente de aquel género 
sería preferible al de hacer examinar la Cons- 
titución general i)or Buenos Aires, porque 
este último medio tropezada siempre con la 
cuestión de la Capital, en que está la llave 
de toda nuestra organización nacional. 



Si el paquete qu(í (íspero próximamente 
no me trajese niotivo de cambiar de determi- 
nación, pienso pasar íi Inglaterra, donde creo 
necesaria mi presencia con ocasión del cam- 
bio d(4 Ministerio. 

El sugoto nombrado por Buenos Aires para 
Cónsul de osa i)rovincia en Londres, en lu- 



-644- 



gar del Sr. Dickson, se ha enojado rancho 
por ese nombramiento, y li¡i devuelto lo» di- 
plomas al Agente de Buenos Aiies eiiParfa^ 

Por este vapor se dirige al Rio de la Plaí * 
el Sr. Coullet, representante de la Comp(¿ 
ñia que va á establecer uim linea transatlá: 
tica de vapores trancases. Me he permitid» 
darle una carta para V- E. en el interós de 
la idea do prolongar esa línea hasta el Ho 
sario ó el Pai'aná. 

El Si'. Wbeelwriglit me ha escrito de ] 
lados Unidos anunciándome, su regreso ' 
Londres, donde el nit-rcado monetario 
mejorado grandemente para nuestra empre 
deseada del ferro-carril entre Rosario y ' 
doba. 

Doade los liltimoa acontecimientos de Mq 
tevideo cultivo activamente la relación de i 
agente en Paris el Sr. Gabrel, porque en 
que los intereses de los dos países están IQ 
mados á unirse en la marcha de los neg 
cios ulteriores. Con el del Brasil, estoy ( 
igual pió haco tiempo. Veo con placer qüff 
el BrHsil He rehabilita en las simpatías délos 
Estados Unidos. — Parece que en los mismos 
Estadow Unidos, se agita la idea de introdu- 
cir colonos aíricanos libres, para el servicio 
de 1.13 familiaí^, y que se hace eso en hosti- 
lidad á la esclavattiía de los negros en lo» 
Estados del Sud justamente. 



— 645 ~ 

De algunos otros asuntos de interés público 
de que doy cuenta á nuestro Gobierno, será 
V. E. instruido probablemente por el Sr. Mi- 
nistro do Relaciones Exteiiores. 

En carta separada me permito hablar á V. 
E. de varios asuntos personales que se ligan 
con los intereses piíblicos. 

Me rosta ahora renovar á V. E. la segu- 
ridad de mi amistad apasionada, con que 
8oy su muy obediente- servidor y compa- 
triota, etc. 



I 



I 



— 647 



París, 7 de Mayo de 1858. 

A S. E. el Sr. Presidente de la Confederación Ar- 
gentina^ Capitán General Don Justo José de 
Urqui^a. 

Mi querido señor Presidento : 

He leído con el ma3'or placer la carta de 
V. E. de 27 de febrero : los sentimientos que 
me acredita en ella y la determinación toma- 
da respecto al tratado de España, son nuevas 
prendas de la consideración con que me hon- 
ra V. E., y nuevos vínculos que me ligan 
á su persona, ya tan respetable para mí. 

El Gobierno de España, á petición mia, 
lia prorogado por seis meses mas, el término 
para la ratiíicacion del tratado. Así que ese 
negocio esté arreglado, como debemos espe- 
rar, será preciso, mi querido Sr. Presidente, 
que andemos como un relámpago en los de- 
mas tratados que tenemos en perspectiva con 
Roma, JMf/ica, Súpoles^ etc. Se puede decir 
que hemos perdido este ultimo año para 
nuestra política exterior europea. 

Desde la llegada del último vapor, se ha 



-648- 



haUado miirho en Eumpa de la ejecución 1 
ioí» dticialos ñe Montevideo, y de la i 
especie de uttimalnm, pasada por el Gobierní 
de la Confederación al de Bueno» AiVes. Es- 
te úttiíao paso no ha sorprendido, porque era 
una coiisecuencia probable de la revolncion 
de Montevideo, suHcitada por Buenos Aires 
con miras hostiles A la Coafederacion. Yo 
lie cuidado de hacer resaltar on la prensa toda 
la modoracioiiqno ha probado el Gobierno Ar- 
gentino, en invitar á Buenos Airiísá discu- 
tirpacífifiamentepn cnanto tenia el dprecho y 
ios medios de i-esolver la cuestitm por la fuer- 
za sin mas áspera. 

La actitud de V. E. en los negocios de Mon- 
tevideo, y la prontitud y discreción do mus 
operaciones, han (infirmado para mi í 
bnen sentido en que pocos hombros piibUoi 
de Anu'-riea le igualan. No habrá pen 
aquí y allá que aprecie su conducta de 
modo en la cnestion de Montevideo, anq^ 
tengan opinionen contrarias á las nueatn 
se t'Xpi'e.sen do otro modo. 

Ahora falta que no queden ahí las cosas^ 
que V. K. consiga llevar á cabo, con ¿XJ 
feliz, las aliaiiíías y las consecuencias á f^j 
de nuestra integridad nacional, que Y.-Jl 
me insinúa en bu interesante carta de 23!í 
febrei'o. Su política on ese punto e&tá i 
brillante camino; y la sola sospecha de f 



649 



hace respetable nuestro posición ¿i los ojos de 
estos países. 

Una vez empeñada la cuestión de armas 
con Buenos Aires, 5^0 creo que seríi preciso 
jugar hasta el último rosto de poder de nues- 
tra nación hasta conseguir de Buenos Aires 
un convenio de reincorporación, que asoguro 
la paz del país por los años que faltíin para 
que la Constitución federal pueda ser revi- 
da con la asistencia de esa provincia. 

Los do Buenos Aires so han apcucibido )^a 
que la política exterior (\s un gran instrumen- 
to. Se ve que trabajan |)ara arr(>batíínáolo 
al gobierno del Parauíi. Han enjpozado j)or 
propiciarse á la Francia. Para alarmar á es- 
ta nación, dicen ahora que os el Brasil el 
que nnieve á V. E. Su objetóos hacer apa- 
recer á la accnon de nuestro gobierno nacio- 
nal sobro Buenos Aires, como intervenciím 
indirecta (1(^1 Brasil en nuestros nerforios ude- 
riores, A fin d(»qu(» la Francia nos estorbe obrar 
sobre Muonos Aires con (»1 apoyo do nuc^stios 
aliados, so prctosto do contener al Brasil. En 
esto sentido han (*onsoguido algo ya, en)[)cñan- 
do á la Francuaen el reconocinnonto do Bal- 
earse. Los do Buenos Aires esperan que para 
sostener ost(> falso paso, la Francia s(» decidirá 
A estorbar (pie oí Brasil nos ayudíí á defondor 
iniostra integridad na^^ional, (mi virtud del tra- 
tado de 7 do maizo. No hay duda que el 



— 560 - 



Braail, obrando como debe según ese tratada, 
tondmque corabatír la independencia de Bue- 
nos Aires, que la Francia ha reconocido en 
cierto modo. Pero si el Brasil no lo hiciese 
faltarla á los tratados y dañarla á su ]?ropio 
interés, pormi tiendo que los gobieriuis de 
Europa se hagan arbitros de la integridad ó 
desmembración de nuestros estados america- 
nos. Por otra parte, como la Francia no ha 
dejado del todo su política en favor de la in- 
tegridad argentina por haber reconocido al 
agente de Buenos Aires, no podiá hací.r un& 
oposición tranca á nuestro gobierno, ni al 
Brasil, en sus trabajos unidos para reinstalar 
la integridad argentina, que la misma Fii 
cia asegura desear. 

Si la Fiancia obrase de otro modo, hi 
un abuso impertinente de su tuerza, un 
que gratuito á nuestio derecho, en que 
misma no iusiatiríl, si nos viese firmes onnüi 
tras deceriniuacioaes. No creo que lo haga. 

Nosotros; debemos ir adelante, en él sosten 
del derecho argentino, agrade ó desagiade 
á la Francia, ó á todos los poderes extranjeros 
juntos. A ella y á todas las naciones que 
desaprueben nuestra política, mucha atención 
y muclio respeto de nuestra parto. La po- 
lítica y la moderación de las formas, ey im 
poder aún en los gobiernos débiles. Pero á 
sus impertiiiciiüias debemos hacer oidos sor- 



li al 
al ar .1 

I 



651 



dos y responder multiplicando nuestra acti- 
vidad, con mas coraje que nunca. 

Si la política exterior es la llave de nuestra 
política interior, á su vez ésta última es el re- 
sorte maestro de la otra. Son dos ruedas 
cuyos dientes engranan entre sí y se hacen 
mover la una á la otra. Sometamos á Bue- 
nos Aires ala unión, y todas nuestras cuestio- 
nes do política exterior quednrán resueltas y 
arregladas con solp eso. 

Entro tanto la Francia sigue siempre sola 
en su política ambigua y doble hacia noso- 
tros. Sus relaciones con Inglaterra no han 
mejorado mucho. El Emperador no ha con- 
seguido ninguna de sus pretensiones y mas 
bien ha tenido (pie dar satisfacción á la In- 
glaterra por las palabras ofensivas del Conde 
Walewski. La Inglaterra ha vencido esta 
dificultad con solo la energía de su actitud 
hacia la Francia. La alianza de las dos na- 
cisnes, obra do. la necesidad mutua uias bien 
qito de las simpatías, podrá debilitarse; pero 
no por eso es de temer la guerra que yo rreo 
que sería mas desastrosa para el que aparo- 
sor más fuerte como poder militar. 

La situación del crédito comercial en Lon- 
dres, que tanto interesa á nuestras empresas 
demejoramiento nuiUírial, es nuiy singular. 
El interés del dinero está bajísimo, pero á 
pesar de eso nadie emprende cosa alguna. 



- G52 



8e considera iirm de la - oausn-s do I» Itaja 
del dlneiTi. la hilta ile sn deinantla, el no 
uso del capitid por ciiusn de teiii'Tes vagos 
sóbrela pa/, de la Eufupa, que Dacoii princi- 
palmente del oshido político de la Francia. 
Se ve venir un tiastanio europeo: á este 
respecto nadie aln'íga duda». La nuestion 
solo es de tii'uipo. 

El señor Weejwrifílit estA yaen Ijóndrea, y 
ine habla del estado do ese luerL-ado nutn i'i 
menos en los k>nniuofi que dejo expuestos á 
V. E. El cree fin embargo que es tiempo 
de empezar á formar el directorio de la Gora- 
paiifa para el ferrocarril, con tal que Inspape- 
les estén en reqhi. 

Me ha confiado sus dudas y «us repugiian- 
(!iaa flobre el decreto Vdtimo de 30 de octn- 
ble. He tiabajado por calmarle y darle con- 
fianza. Peio rae permitiré decir á V. E. 
conüdencialmente que el señor Weelvrii 
tiene razón en oiei'to modo. Yó oreo 
este giun negocio pava nuestro país está 
mala vin, por 1h predilección que el señói 
Canil da al señor Hnchental, cuyo nombro 
se prenentii con más realce y honor que el 
del señor VVIicelwriglit en el tercer conside- 
rando del dccretfí de 30 de octubre. Si V. E. 
supiera el modo como están establecidos com- 
par»tivameute estos dos nombres en la con- 
rtideracion liel nmndo comercial de Europa, 






— 053 — 

V. E. no vacilaría en hallar razón á las que- 
jas de Wheelwriglit. Yo creo que V. E. debe 
dar un corte á este negocio en los días que 
tenga el desempeño del poder ejecutivo á su 
cargo. Hay un medio fácil de hacerlo, y 
consiste en confirmar y ratificar un convenio 
celebrado en Lóndios, por el cual Buchental 
dejó á Whoelwright la representación entera 
y exclusiva del negocio, sin perjuicio de su 
interés (ís la mitad de las concesiones. Eso* 
se puedo hacer al tiempo do expedir un nue- 
vo decreto para pioirogar los últimos ocho 
Dieses, que lenecen el 30 de junio de este 
año. Otros requisitos necesarios á esc de- 
creto van indicados en el oficio que dirijo 
con esta fecha al señor Ministro deRelacio- 
nes Extranjeras. 

Otro negocio que redama un corte dicisivo 
de la mano de V. E., es el tratado (pie tanto 
nos convicíne celebrar con la Bélgica. Ese ne 
gocio está paralizado, á mi ver, por influen- 
cias pcípieñas (pie tal vez se ocultan a V. E. 

ÍjI Coronel (íraty alimenta la esperanza 
de venir á liélgiea como Ministro argenti- 
no, al mismo tienqjo que desea ser en el Pa- 
raná Ministro belga. Lo primero así lo ha 
dicho su mismo padre, y lo segundo un sub- 
secretario de Estado, en liruxelas, á un attaclió 
de esta Legación. Las libaciones de Jiélgica 
nos interesan, no solo por el lado comercial 



- 054 — 



Bino por el lado político. Su prendía deftem- 
pcña hoy día en Europa el rol que tenía la 
de Francia cuando eia libre. Pueilc llegar 
día en que la prensa francesa se cieñe del 
todo ])ara la ¡iropaganda de iinestra políti- 
ca argentina on Europa. Un tratado con la 
B'ílgi'-a nos daría, con el interés dd país y 
la influencia del gobierno, el auxilio de su 
pi-ensa, para llevaí* il cabo lo qne tanto ne- 
"cesitaniDs y que todavía no hemos ho<'ho. que 
es popularizaren Europa rl conocimiento de 
nuestro país y de su nuevo sistema de go- 
bierno. El libro del señor Graty se lia que- 
dado como estancado, porque se vende á tnáa 
de dos pesos íueites cada ejemplar, lo cual 
liace qu9 muy pocos lo loan. 

La indicación del señor Lelebvrode Becoar 
sobre el viaje del señor Micbel Ohevalier d 
nuestro país, rs un asunto que requiere mu- 
cho cuidado de nuestra parte. 

El señor Ohevalier es movido, según ci-eo, 
por algima mira de interés qno le ha hecho 
formar D. Blas Despuy, en la pretensión que 
éste tiene sobre las tierras de Misioiicf<, en la 
provincia de Cfírririitfs. Desde la protesta que 
hice contra el convenio de Despuy con la 
Compañía del Génlito marítimo, este sí-ñov nos 
mira \\e mal ojo, y trabaja inuclio por con- 
seguir que el Emperador tome bajo su patro- 
cinio el sostén de lo que llama su derecho 



— 655 — 

á las tierras de Misiones. El señor Despuy 
lia conseguido sorprender al señor Chevalier 
con falsos informes contra nuestro Gobierno. 
Por lo demás, el señor Chevalier es un sabio 
de primer orden y un hombre muy honesto 
y excelente. Nuestro país ganaiía de todos 
modos con tenerle por visitante. 

El general Miller escribe probablemente á 
V. E. por este vapor una carta, cuya copia, 
que he recibido de Inglaterra, le incluyo á 
V. E. 

Como no tongo apoderado en el Paraná, 
me tomo la libertad de rogar á V. E. se 
sirva llatnar la aten(»ion del Ministro hacia 
una Mbranzapor los sueldos de esta Lega- 
ción, que mande por la casa de los señores 
Dickson y C.*^ en el paquete de febrero. 



Se hallal)a la redacción de esta carta en 
este estado, cuando ha temido una conferen- 
cia interesanto con el Sr. do Benodetti dii-ec- 
tor de los nop;oci()s políticos en el Ministerio 
de Relacióneos Kxtranjí^rasde Francia. El Sr. 
Benedetti os el alma de este Ministeiio, aun- 
que su rango sea uunios alto que el del 
Conde Walewski. 

Sin embargo de que sus palabras, de que 



(bu* cuenta a V. E.. modiSeui ; 
lu qne ;>rTtha dejo diclio, cre^t do d<^l>er I 
carkn ú fía lii-* t]ue V. E. t-omprenda , 
la üíttMcwtn de mi a^piritu en el in*->álo ila 
upic'L-iiir la marcha de eate Gobk'rno ro»- 
peciu (le mwjCro». 

Le c\|>rL-s^ al Sr. Benedetti nuestro deseo 
de- facilitar y altauar laa recia luaciuní^ le- 
fint-iinas mu; la Francia luvie!>e en nueetio 
país en tavor de m» naeiúnaics. 

I«t! repcti el intere» que mi Gubiemo to- 
maba por maoteiier intacta la amistad y la 
(wnsideracion de la Fiancia. 

Ijf. renové nuestro ilese^^ de «|ae la Fi-an- 
cia nos conserve sn apoyo inocal en tavor 
del inierC3 uxcc-lente y sano de reinstalar la 
integridad do la República Argentina. 

£1 me aiM-giiró, por su parte, «(ue el Oo- 
iiierno francés estaba enteramente contento 
y satisfecho de la conducta del GobioruQ 
Argentino rc.s¡>eeto á la Francia: «pie ¿1 c 
colocailafl bajo el nifjor pié las relacioi 
ambos pai»es. 

Me repitió que el Gobierno trances^ 
había cambiado ni cambiaría la 
que adopta en IS^ití, cuando trasladó la'^ 
gacion de Buenos Aiit?» al Paraná. Que * 
declanicion habia sido hcclia á Buenos / 
mismc. cuyo agenlc en Fraucia fué i 
lado liajo la condición expresa de que 1 



657 



mandaría Legación á Buenos Aires, ni se 
reconocería su independencia, mientras ob- 
servase una actitud ambigua. Me observó 
que en Buenos Aires no hay ni siquiera 
un Cónsul general de Francia. Me explicó que 
aceptando, en el interés de la neutralidad 
y de la paz, el agente nombrado por Bue- 
nos Aires, la Francia guardaba un rol pasivOy 
pues en ello nada iniciaba de su parte. Que, 
al contrario, su iniciativa bien pronunciada, 
de 1856 qudaba siempre la misma. 

En prueba de esto, me dijo, por este va- 
por 80 escribe á los Cónsules franceses re- 
sidentes en Montevideo y Buenos Aires, des- 
aprobando su conducta por haber tomada 
bajo la protección á los argentinos resi- 
dentes en Montevideo y á los montevidea- 
nos residentes en Buenos Aires. 

Jjlamó su atención sobre la política de 
Alsina, dirigida á explotar las desinteli- 
gencias do Francia ó Inglaterra, siguiendo 
la táctica de la época de Rosas; y él me ase- 
guró que nada conseguirían los de Buenos 
Aires cu ese sentido. 

Le hablé do las jactancias de Balcarce, 
de que la Fiancia estorbaría la acción del 
Gobierno Argentino sobre Buenos Aires, pre- 
sentada por Halcarce como influencia sorda 
del Brasil. El Sj*. Bonedetti paró el oído. 

42 



-6B8- 



Le aseguré que Balcarce lo había i 
un agtiiite piUtlico, por quien yo lo sabíiv 
Lo lepeti que uosotros uo necesitábamoa de 
que el Brasil nos enseñase á amar y defon- 
der la integridad de nuestra patria, y el con- 
vino en ello táciimeute. Me aseguró ijug 
la miras de Francia, en las caestioues en- 
tre Buenos Aires y la Confederación, eran 
de quedar neutral, no mezclarse en ellas, y 
dejar ijue las dos parte del país arreglasen 
sus negocios según á\is medios y sus derechos. 

El Sr. Benedetti me ha repetido que el 
pensamiento del Conde Walewski en los ne- 
gocios del Platíi no es ni ha sido otro que 
t'l i|ue él acababa de espi-esarme. 

Sin embargo, eutre estas declaraciones y 
las del Conde Walewski, que he trasmitido 
á V. E antes de ahora, hay alguna dife- 
rencia. Pero esto puede ser una prueba de 
que este Gobierno vuelve sobre sus pasos 
á medida que comprende el mal efecto que 
ha producido la modificación de su política 
en la opinión de los demás Gobiernos, á 
quienes ól mismo indujo á reconocer un solo 
Crobierno Argentino. 

Según esto, mi queiido señor Presiden- 
te , yo treo que debemos ir despacio en 
nuestra conducta con respecto á Francia; 
no hacei- alteración notable; guardar hacia 
olla la misma compostora de tono que antes 



— 669 — 

do ahora, híii dejar por esto de protestar 
contra el jiombraiiiieiito que Buenos Aires 
hizo de un ministro para Fiancia, sin des- 
aprobar terminantemente mi protesta, y sin 
descuidar la energia y la rapidez de la 
acción de la Confederación Argentina hacia 
Buenos Aires, donde está todo el remedio 
del mal interior y exterior. 

Tongo el placer de repetirle la seguridad 
de mi amistad apasionada por V. E., con que 
soy su fiel compatriota y servidor. 



P. D.— Si(0 negocio dol ferrocarril tiene 
en Wheclwiight el repiesontanto más serio 
el negocio do emigración es representado en 
el mismo rango por el señor Kerst de Berlin. 

Nuostio Ministerio está en un eri'or res- 
pecto á este sefun-. El croo haber contestado 
á las ])i oposiciones que est(í señor hizo por 
conducto del Sr. Iluorgo. Se me ha man- 
dado ahora ( sa contestación, y veo que no 
respondida talos propuestas. Asilo ciooól, 
y así lo crecí el 8r. Iluorgo. Para que V.E. 
pueda apreciar oste asmito, me j)oi-mito tras- 
mitirle la carta coiifidencud y la Me^noria que 
acabo de lecibir del Sr. Kerst. — Este asunto 
marece una atención seria de nuestro Go- 
bierno. El señor Kerst es un liouíhre de im- 



— 660 — 

portancia por suposición oficial en Prusi^, y 
como escritor conocido en toda Alemeiiia. 

La inmigración alemana nos conviene mu- 
cho, por ser de pafses que no tienen niedins 
de molestamos con reclamos, y ponqué ne- 
cesitamos formar intereses europeos en nues- 
tro país para que sirvan de contra-peso á la 
inlhieiicia prt-pondeíanto dtí la Inglaterra y 
de la Fianeia en elRio de la Pliita, 



I 



(Extracto de lo escrito el 8 de Jonio de 1856.— Para el vapor 

del 8 de Jonio ) 



— Acusar recibo de la correspondencia fe- 
olía 6, etc. 

—Dar gracias por la confianza que nos 
acredita el general Urquiza. 

— Cumplimientos por el tacto con que se 
ha expodido el Gobierno argentino en el asunto 
de la protesta. 

— Resultados. 

— El gobierno francés está enterado, y no 
tendrá dificultad en recibirme como Ministro, 
volviendo de luglaterra. 

— La conversación con el conde Walews- 
Jci. No por ello deja de persistir en su po- 
lítica. Lo de las notas argentinas aludidas 
en el Moniteur. 

— Peligros (le que esta política se extienda 
Á Inglateria. 

— Las peticiones de Londres han venido 
•de Buenos Aires. 

— Apoyo que les dá la casa de Baring lle- 
na de influjo. 



-Cfi2^ 



— Es Alsiiirt (|iiu Iiace que los jndfos déla 
Bolsa de Londres soliciten del gobierno Bri- 
tánico (]ue d(^8ii]ünd>re I» He|mblica Argen- 
tina, piíra jirovetilio coiuun de las jiidioe do 
alia y do aquí. E^to en lo ipie Alsinu lia- 
maba los ^raiiilfs ¡ittdifís qne posee Buenos 
Aire» L>n pulitica iixteríor. E» simplemente 
ia traición ilel crimen de que cada poder da 
Gentío A mélica paga Iioy con lAgrimiis y 
sangie. 

— Una nueva nación on América, creada por 
la Bolsa de Londres, dejaría atrás todo el plan 
de disokiiinn atribnido ¡i Estados Unidos. — 
Tal srria ei reconocimiento de Buenos Aicc-s 
sin que esa provincia lo pida. A tyina tiene 
miedo y vergüenza de pioclnmav j;i indopen- 
dencifi do Buenos Aires, que conviene A sil 
intoréft personal 

— Balc^rce apoya eso decididamente. Ha 
escritxi á lord Malmcrbuiy. Lo que no de. 
ja duda deque es obra del gobierno de Bue- 
nos Aires. 

— Yo lie dirigido inniodiatanientelas notaa 
cuyas copias remito (esto es, de las notas pa- 
sadas á Londres) 

— -La memoria impresa con que lian sido 
acompañadas. 

— Lord Maliuesbury es antiguo amigo dol 
Emperador Napoleón III. 

— Aunque la Inglaterra no acostumbra 



663 



caer en la debilidad de imitar á la Francia, á 
veces por parecérsele en las grandes cuestio- 
nes, le hace convenios en las pequeñas. 

Cada dia se hace mas visible que nuestra 
integridad amenazada por la política exterior 
no tiene más medio do salvarse que nuestra 
política interior. Si el extranjero quisiese 
desmembrar nuestra patria, nosotros debemos 
unirla por la fuerza de las armas si no basta 
la fuerza de la razón v las acciones indirec- 
tas. Si no podemos hacer nada, protestare- 
mos hasta aturdir el mundo, para obrar legí- 
timamente mañana y cuando tengamos me- 
dios. 

— Lo de Estados Unidos con el Paraguay : 
autoriza al Presidente para expedicionar. 

— Expediciones científicas que salen de 
Londres y de Francia para los países del 
Plata. 



666 



Londres, 8 de Julio de 1868. 



A S. E. el señor Presidente de la Confederación 
Argentina, Capitán General D. Justo José de 
UrqutJsa. 

Mi querido señor Presidente: 

Me permito aún llamar la atención de V. E. 
á lo útil que nos sería emplear el crédito de 
la Confederación en Londres, para hacernos 
de recursos que nos permitiesen completar 
la obra de la oi'ganizacioa contra las resis- 
tencias de Buenos Aire». — Es doloroso que 
solo Buenos Aires apioveche hasta aquí de 
la ventaja del crédito exteiior como medio 
financiero. Nuestro gobierno pensó en lo mis- 
mo y mandó aquí al señor Buschencal cuando 
no era tiempo, pues no se nos conocía en- 
tonces. Hoy que la opinión del mundo fi- 
nanciero empieza á cambiar en nuestro favor, 
sería oportuno volver á ese fecundo recurso 
de nuestro país, tan rico de porvenir. — El 
ferro-carril de Rosario á Córdoba ; la prolon- 
gación de la línea de vapores ingleses hasta 
el /íomr /o mediante una subvención; la com- 



pra 



[le vapot'fi 



guerra para el «ervicín 



1 de 



iniestro gnljírruoy ob.servaciones de niustras 
leyes adiianci'as; la construcción do miiL-lles 
en nuestros puertos fluviales; la construc- 
ción (le edificios públicos en la Capital de 
la CoiittídcrHcitin, para el servicio do la ad- 
iniuistiaciuii ; nuestia propaganda en Euio- 
pa: son otni» tcintas cosas que podríamos lle- 
var á rabo inmediatamente si contáaemns con 
un millón de libras esterlinas, olitenido en 
Londres ¡i préstamo, bajo condiciones más ú 
nieuüs ventajosas. 

Sea que bayamos do emplear medios pa- 
cifií'os ó medios guerierns para traer á Bne- 
nos Aires á la unión : de todos modos el dinero 
09 el gran medio dn acción, qne hace falta 
al gobierno del Paraná. f;Por qué busca- 
mos hoy el Brasil ?— Porqno tiene los re- 
cursos que nosotros no tillemos.— Sus recur- 
sos, y no sus soldados, es lo que nos intortsa. 
PuCH bien, un buen empréstito obtenido hoy 
en Euiopa, nos libi'uria de la especie de de- 
pendencia en qitü estamos hacia el Brasil, por 
la necesidad de recursos. 

Si nos atenemos á la lenta de aduana co- 
mo recurso financiero, pronto Sanca Fé se 
ha de creer la señora y arbitra de la Con- 
federación. Nada puede unir la suerte de 
las provincias en un destino común y soli- 
dario, como ol crédito público ejercido por 



— 667 — 

medio de un empréstito nacional levantado 
en Londres 

Apenas se aclare y reconozca aquí el ca- 
rácter V naturaleza local de la deuda de 
Buenos Aires ; apenas se sepa que la Confe- 
deración no tiene casi deuda nacional, y que 
todos los reclusos, que Buenos Aires blaso- 
naba poseer en otro tiempo, pertenecen á la 
Oonfederacion, el crédito, la confianza de 
los prestamistas, se van á decidir por nos- 
otros, estimulados por la actitud que los gran- 
des gobiernos de Europa guardan hacia la 
Confederación. 

Si en vez de esto nos dejamos ir á paso 
lento por el camino, que hasta aquí, nos ire- 
mos quedando ociosos y pobres, al paso que 
Buenos Aires explota nuestros prestigios. 

Disimulóme V. E. estas consideraciones, 
que me permito ofiecer á su patriotismo en 
el interés de la hermosa causa que le tiene 
por representante, y á mí, por su soldado 
más constante. 

Tengo el honor, etc. 



I 



J 



o 



n 



— 669 — 



Londres, de 4 á 8 de Julio de 1868. 

.4. S. E. el Sr. Presidente de la Confederación Ar- 
geniina^ Capitán General I), Justo José de Ur- 
qui^a. 



Mi querido señor Presidente: 

He tenido el placer de lecibir la carta de 
V. E. del 26 de mayo, su proclama de ese 
día y su Mensaje dirigido al Congreso. Su 
carta está llena do ese aliento vaionil con 
que V. E. reanima tan fácilmente mi espí- 
ritu. La proclama descubre el objeto alta- 
mente político de la revista militar del 26 
de mayo ; y el mensaje es el mejor de todos 
los que V. E. baya dirigido al Congreso. La 
parte relativa á Francia, especialmente, es 
digna, alta, incontestable. 

Yo no extrañaría que la Francia volviese 
del todo á su política anterior. Lo que po- 
demos aseguiar ya es que no irá más ade- 
lante en la que hoy tiene. Contamos ya con 
motivos paia crcíerlo así. Su política res- 
pecto á nosotros no ha conseguido atravesar 



— G70- 



el canal (le la Mancha. No sé que el Cond© 
WalewHki lo haya iuteutatlo ; uo lo cieo : pero 
lo solicitaron, cuino dijo á V. E., loa tenedo- 
res de bonos ingleses de Buenos Airos. iuipiil- 
sadoB copiosamente por el gobernador Alsina. 
Ksta petición no ha tenido óxito, ni creo que 
)u tenga. 

Este asunto aceleró mi venida d Londres. 
Doy cuenta detallada al señor Ministro de 
Jlelaciones ExtrHnjeraa de las conferencia» 
oficiales tjue tuve aquí á su respecto, y de 
las declaraciones obtenidas tlel gobierno de 
S. M. B. 

Tanto el señor Fitz Gerald, como lord Mal- 
mesbtm/, me han dicho que el gobierno de 
S. M. B. está resuelto á no cambiar su políti- 
ca en el Río de la Plata; es decir, á no i-e- 
cibir Ministro de Buenos Aires, ni á mandarín 
por su parte á esa piovincia. Que por lu 
demás, su deseo es conservar neuti'alidadí 
uuestraa cuestiones interiores. 

En los momentos en que así resiste i 
relación diplomática con Buenos Aires^j 
he tenido el honor de ser recibido por S.-9 
la Reina del uiodo más cortés y satisfactí 
en mi calidad de Emñado E.vlnioidiuartíi 
Ministro Plenipotencia riu il<- ¡a Cnnfederacion t 
I/entina. En cierto modo este acto ha sido a 
aviso dado á los tenedores de bonos, á T 
nos Aires y al gobierno francés. 



— 671 — 

Acompaño á V. E. la mención que de él 
hizo toda la prensa dr; Londres al día si- 
guiente. 

El señor Fitz Gerald me ha dicho en nom- 
bre de lord Malmesbnr}^ que el gobierno in- 
gles no saldrá de esta vía, siempre que la 
Confederación no haga la guerra á Buenos 
Aires; porque en caso contrario, quién sabe lo 
que tendrían que hacer en el sentido de la 
petición de l<^s acreedores ingleses. Yo, por 
iní, creo pue en ningún caso el gobierno in- 
glés seguirá otra política con respecto á los 
tenedores de bonos que la presente, siempre 
que se comprenda que la separación de Bue- 
nos Aires seiía la ruina de la deuda inglesa. 
Esta verdad, que he demostrado al gobierno 
inglés, es preciso demostrarla al público; y 
en este sentido he comenzado ya á trabajar. 
Los acreedores ingleses han sido inducidos 
en las equivocaciones más groseras por el go- 
bierno de Buones Aires. 

Yo no vacilé en respond^^r al Sr. Fitz Ge- 
rald, cuando me hizo esta última declaración, 
que como la guerra solo podía provenir de la 
actitud pue ha temado la Francia, tan pc»- 
ligrosa para nuestra nacionalidad, yo no du- 
daba que si la Inglaterra guardase la acti- 
tud contraria, es decir, su misma política que 
hasta aquí, y nos ayudase á traer la Fran- 
cia á su primera política, la Coníederacion 




jiMiiDÍlia de noero sa antígna política « 
En este ca«>, le dijo, U CoDteideracion sega»- 
ría deten-ltendo su íntfg-.idad por medida* 
eoonúniican y dipluniática^ 

[V'rmítíime V. íl,. decirle a>iuí. iiii«> 1h tais 
esencial tie esas medidas, .«i hcDMxt de segnir 
tal pi^itica, es extender la aplicariotí de loe 
dcrechiM )liferenciale>« al ouua-rio de expinia- 
rio». Niit^tni cumerrio ilirédo solo oxiate hoy 
á ni<M)ia;4. Solo es dir&ia la imporlacioH. fia 
uuaodi li la fxpiirfacinu. Bueno» Aires conti- 
niia !4Ít>i)do nue«tm /íu^rf» íMÍíTwedío, como en 
los tiompdx del Gobierno colonial y de Ro- 
Ka». Esto daña de do^ modos á la Conté- 
dei'acioii: le quita una paite de sw» rentas, y 
lmc4í creer ¡tquí eu Europa que las provincias 
no tienen prodiictos para exportar al es- 
tranJRrc). El cabotaJL' sigue traiéndolos á 
Biienod AiroH, rl(! donde ¡talen para Eni-opa co- 
mo prodiicti'8 jHirtems: lo cual coutiii 
error que aquí existe, de que Buonoa Aii 
tod4t y las provincia» nada, en materia c 
mercio. 

Otra cosa que noH hace valer ménoB <i 
lluonos Airt-s, en la consideíation del púa 
lie la Kuropii, es la falta de ntírresjmnd 
ilirpda. Esto liar*? que los nombrea del J 
lio y dol ¡'nniiiá, im suenen para nadíi 
el Tiiiiiido comercial, cuando sn habla del^ 
(/(' la l'luta. 



— 673 — 

Yo creo que debemos prolongar la línea 
inglesa de vapores hasta uno de nuestros 
puertos interiores, aunque nos cueste la sub- 
vención de doce mil libras esterlinas al año, 
que piden los empresarios. Ese gasto por 
un solo ano sercá suficiente para probar que 
el tráfico de las provincias tiene elementos 
para existir. Los empresarios lo dudan, y 
por eso piden tanto. Lo dudan, porque el 
comercio de Buenos Aires los llena de pre- 
ocupaciones y errores respecto del comercio 
directo, que le es antipático. 

Si estábamos dispuestos á subvencionar las 
tres líneas sarda, hamburguesa ó inglesa (lo 
cual no podría costamos menos de doce mil 
libras), ¿por qué no podríamos hacer el sacri- 
ficio de ensayar ese gasto por un año, para 
prolongar la línea inglesa ? — Si yo recibiese 
una autorización del gobierno para arreglar 
este asunto con el directorio de la Compañía 
en Londres, no creo que tardaríamos mucho 
en verlo en planta. 

Después que ha3^a asegurado nuestras co- 
sas en Inglaterra, pienso volver á Francia 
á recibirme de Ministro, sea que deba yo 
continuar ó no en ose puesto. En esto que- 
dé con el Conde Walewski, y causaría no- 
vedad si se me viese faltar á ello. Nos con- 
viene también desvanecer la mala impresión 

43 



-674 — 



producida en el público por el reparo que 

tte pusti á mi recepción. Ese reparo no esi»- 
te ya, como lo dije á V. E. en mi pagada. 

Nuestro Ministro, sin embargo, me ha ee- 
orito muy asustado y mal informado »obre 
el estado de nuestras relaciones cou la Fran- 
cia. Los términos de su nota me descubren 
que él las suponía casí en estado do ruptu- 
na. Por mi parte, me interesa probar que 
no soy tan inhábil para haberme podido ha- 
cer rosponsable ante mí país, de un rompi- 
miento con la Francia, cuando no había bas- 
tante motivo. 

Me atrevo á decir á V. E. que la actitud 
enérgica que asumí en París, (en que algu- 
nos indiferentes han visto una imprudencia) 
nos ha hecho más bien valer que perder 
L ante el gobierno francés. Es que la energía 
1 1¡8 recomendable á los ojos de los gobiernos 
generosos, cuando ellos ven que es liija del 
patriotismo. — Un exiranjtn-o á nuestro país 
no habría podido sentir ese patriotismo, ni 
tener esa energía. Un Ministro sin sangre 
argentina, en mi lugar, liabría presenciado 
impasible el bofetón recibido por nuestra pa- 
tria; y hubiera hecho todo, menos una protesta 
capaz de hacerle perder los goces de París. 

A este propósito llamaré la atención de 
V. E. hacia un hecho notable. 

Nuestro Ministro me trasmitió una orden 



67B 



del señor Vice-presidente de dejar nuestra 
Legación de París en manos del Ministro del 
Brasil. Al mismo tiempo me ordenaba ve- 
nir á Lóndies en la misma forma que lo 
hice todos los años, sin dar paso nuevo que 
llamase la atención. 

Esto último es lo que 3^a estaba ejecutado 
cuando lecibí en Londres la oi den precitada. 

Como la otra medida estaba fundada en 
la equivocación de creer casi rotas mis re- 
laciones con el Conde Walewski, no he tenido 
necesidad de hacerme representar poi* el Mi- 
nistro del Brasil, lo cual hubiera producido 
la mayor extrañeza en el mundo diplomá- 
tico : es decir, lo que se me ordenaba evitar. 

Yo creo que no debemos desconocer los 
graves inconvenientes que tendría un paso 
de esa clase. Se puede depositar un consu- 
lado sin inconveniente, en manos de un Cón- 
sul extranjero. Pero entregar nuestra Lega- 
ción política ul Ministro del Brasil, hubiera 
sido poner en manos del gobierno del impe- 
rio vecino nuestro, loa secretos de la poli- 
tica argentina de los cuales muchos se refie- 
ren á él mismo. No se necesita mas que 
leer las Instrucciones que yo traje á Europa, 
y los Memorándum que he presentado al go- 
bierno de Francia, para saber si podíamos 
poner la política argentina en París, ni aun 
por un momento, en las manos del Biasil. 



-676 — 



Mil datos tengo, mi querido señoi' piT^ 
dente, paia creer que debemos ser ciictms- 
pectoa y reservados en el seno do niiesti'a 
amistad con el Brasil, por más que debamos 
cultivaila como preciosa y litil. No señalaré 
á V. E, mas que un dato, por ser muy (Vesco. 
La noticia del retardo (no reiliazo) opnesto 
en Francin á mi recepción, no debió salir 
á Uiz, porque nos hacía cierto daño. r.Sabe 
V E. á quién se debe el que haya sido pu- 
blicado?— A ese mismo Ministro del Brasil 
en cuyas manos se me ordenaba dejar la 
Legación. A él únicamente le había yo con- 
fiado el secreto de esa contrariedad. Nadie 
mas que él la sabia. Pues bien, él la guar- 
dó tan bien que fué sabida en au país, y allí 
nos probaron su coniialidad entregándola á 
los periódicos. 

Yo creo que debemos se¡' amigos, mu}' ami- 
gos del Brasil: pero sin olvidar que somos 
la Ri'pühliat Argentina, nación aparte, con in- 
teren(?s propios, que mañana ú otro día pue- 
den estar en lucha con los intereses del 
Brasil. 

Los Ministros brasileños han dado aquí 
-seguridades de que su gobierno no ayudará & 
la Confederación en sus cuestiones con Bue- 
nos Aires, lo que equivale á decir que no 
cumplirá con el tratado de 7 de marzo. No 
sé -ai esto sea simple táctica del gobierno 



677 



brasileño ; pero yo no estrañaiía que fuese 
verdad. El Brasil estaría muy contento de 
•que la Europa le estorbase ayudar á V. E. 
á defender la integridad aigentina; pues de 
ese modo vería servido su interés (nuestra 
desmenbracion ) por otras manos. Yo creo 
que el único medio eficaz que tendremos de 
traer al Brasil á la verdad de los pactos, es 
estrechar íntimamente nuestras relaciones con 
los Estados Unidos. Allá tienen muchas sin- 
patías por nuestra causa. Nosotros somos los 
únicos americanos del sur que, por nuestra 
posición geográfica, no debemos temer á los 
E. U. La ocasión oportuna viene ahora mis- 
mo. Un Ministro para la Confederación Ar- 
gentina acaba de ser nombrado en Wasing- 
thon, el señor Yancey que partirá inmediata- 
mente. Ellos van á necesitar de la Confedera- 
ción por sus cuestiones con el Paraguay. 

El vapor anterior no me dio el gusto de 
recibir carta de V. E., pero el general Puch, 
que estaba aquí, me leyó la su3'a, por la que 
supe del atontado contra la vida de V. E. 
tramado por el gobernador de Buenos A i íes. 
Por eso, sin duda, no quiso discutir los me- 
dios pacíficos de unión que propuso el gobier- 
no nacional: es que contaba con unir la nación 
á la provincia, por medio de un puñal: dig- 
no medio de un tal propósito. El Dr. Alsina 
representa hoy el partido que mató á Dorrego 



678- 



con la intención lie niatarála feíleracion. Pem 
él no ve «¡ue V. E. repi-esenta una cosa, que 
no puede ser iniiei-ta con t-l puñal: es la li- 
heilad de navegaciou fluvial y el comercio cti- 
i-ecto. en qvie reside el nuevo orden de cosas 
de la Confederación. Ese heclio consumado 
para siempre pasará á la posteridad con el 
nombre benemériUí de V. E. auníjue se val- 
gan do mil asesinos. Pei-o confío en que la 
Providencia conservará el instrnmeuto de 
que se sirve hoy dia para mejorar la suei"te 
de los pueblos del Plata. V. E. triunfará de 
sus malos adversañns. Este es el voto con 
que le felicita por sn escapada su apasioi 
do amigo y respetuoso servidor. 



Hallándose la redacción de esta cai'ta 
e.sta altura, he recibido la correspondencia 
de nuestro Ministro de Relaciones Exterio- 
res, sobre ía cual no puedo menos de llamar 
la atención de V. E. Viene datada el 24 
de mayo, momento hasta el cnal, según dice, 
no habia recibido mi correspondencia de abril. 
Sin embargo V. E. tiene la bondad de es- 
cribirme el 20 de mayo, contestando á mi 
correspondencia de abril, recibida el día an- 
tes 25 por la mano del misino Mint.-iti'o, quien 



1^^ 
i«^ 



679 



por lo visto ha podido contestarme ahorrando 
un mes, y no lo ha hecho. El Ministro me 
anuncia la remisión de la protesta del go- 
bierno nacional contra el nombramiento del 
señor Balcarce por Buenos Aires, y tal pro- 
testa no ha venido adjunta á su nota: do- 
cumento esencialísimo á mis gestiones de este 
momento en Europa. El Ministro insiste en 
la indicación de que yo deposito la Legación 
Argentina en París en manos del Ministro 
brasileño . . . mientras no se nombre otro en mi 
lugar (lo cual equivale auna remoción mía 
en una forma un poco extraña). 

Si V. E. ue fija en todo esto ; si además 
V. E. hace traer á su vista la corresponden- 
cia del Ministro de Relaciones Exteriores á 
mí y la mía á él, V. E. se apercibirá de que 
hay una completa falta de armonía entre 
nosotros dos, por no decir un estado de con- 
troversia sorda. Esto perjudica mucho al go- 
bierno de V. E. y á la República Argentina 



7 de Julio. 



Ayer he tenido una entrevista importan- 
te con el señor Fitz Cíerald, de que me apre- 
suro á dar cuenta á V. E. Desde luego le 



-680- 



daré la boena noticia de que la pe tic ioa úi 
]oé teDedores de bonos ha sido rechazada fcor- 
minantemente. coo la declai-acion de qne el 
Gobierno Británico no modará ea política en 
el Rio de la Plata. Asi. por ahora, estamos 
«eguros de que la poUtíca de Francia no 
veeará el Etír&Jto de la Mandia. V- E. que 
nocí; el influjo y el poder de la ~ 
en Europa comprenderá que esto nocí 
para esperar rjue la política francesa respento 
á nosotrat no salga de las TuUerioí:. 

El Cjobiemo inglés lia aceptado, sin estar 
dltpuesio á seguir, las esplicacionL-a dadas 
por el CoD<le Walewski de que la recepción 
del menor Balearse no significa el abamlono 
de la política anterior que la Francia habla 
acordado con la Inglaterra, para apoyar la in- 
tegridad argentina. En este sentido se ha es- 
crito A loa agentes francés é inglés en el Plata. 

£1 seiior Fitz fíerald me ha repetido qua.' 
Inglaterra conservará su misma política 
con nosotros, mientras V. E. no haga la 
rra á Buenos Aires. No sé hasta <]ué puní 
8e pueda considerar como de pura táctica esta 
renerva. Ln cietbn es que la Inglaterra recha- 
za vivamente la ¡dea de una guerra de la 
Confederación Argentina con Buenos Aires. 
De acuerdo con la Francia, ella influirá en el 
líra^il para que no coopere con 



— 681 -- 

favor nuestro. El Brasil no sentirá mucho 
que se lo estorben. 

En este caso, mi querido Sr. Presidente, me 
permito decir á V. E., lo que nos conven- 
drá hacer. Si la cooperación del Brasil es 
esencial para nuestro triunfo, y no podemos 
conseguirla de un modo completo; si además 
de eso, en el Congreso ó en el país se ex- 
perimentase alguna repugnancia á la guerra, 
yo creo que será mejor aplazarla, cediendo 
políticamente á las circunstancias, y dar á 
nuestra política una dilección, que nos lle- 
ve siempre al mismo fin, por otros medios 
que la guerra armada. Podemos, entre tan- 
to, fecundar la paz y hacerla servir á la reins- 
talación de la integridad nacional, con las 
armas que le son peculiares: los intereses. 

Podemos volver á la acción de los medios 
indirectos, para compelir á Buenos Aires á 
entrar en su deber. El primeio es la acción 
diplofndtica. La Francia nos dá 5^a bastan- 
tes motivos de creer que no proseguirá en 
el camino que nos hizo temer la recepción de 
Balcarce. Todas las demás naciones extran- 
jeras quedan filmes en su primera política. 

Volvamos á las medidas económicas. Los 
derechos diferenciales deben ser extendidos al 
comercio de exportación. Esto dará un empuje 
poderoso á nuestro comercio directo. De sie- 




te baques que en »;ste momento se carj 
Lir^rpaol paní el Hio de la Ptaia, seia son | 
Buenos Airi^ y Rosario Es preciso qae i 
l]aqae!« salgan cargado^ 'leí Rosario y qild, 
vengan en lastre á tomar en Buenos Al 
productos que pertene^t^-n á las provincarai 
y qae aquí s-jn recibidos como dt- Btienoa 
Aires. 

La cíiestion del reeouorimiento t/c la itt<lrrpen- 
d'sncia argentina, por España, ( punto cardi- 
nal de nnestra política e&tvríor) debe >er re- 
suelta sin demora en el interés de nuestra 
integridad. 

En materia de tratados extranjero», nos 
hemos quedado parados, y hay tantísimo qtie 
hacer. 

Hay «na cuestión, íiobre todo, que merei-e 
toda la atención de V. E. y ile nuestro Go- 
bierno. Ella es de vida <> muerta jttira et ur- 
den presente y venideio de nuestra Confeile- 
ración : es la de la piesidencía que viene. 
Los de Buenos Aires cuentan con que, aca- 
bada la presidencia de V. E., el triuaio de 
eu política de desorden sei-á seguro. E« pre- 
ciso que V. E. i)repare, desde ahoi'a, y i\ey9 
en el número de sus obias importantes, una 
administración que lesucoila en su mismísima 
política, y que deje burlados los planea anar- 
quistas de Buenos Aires. La reforma de la 



(583 



Constitución no debe ser hecha sino bajo el 
ascendiente supremo y soberano de la Confe- 
deración : de otro modo valdrá más no to- 
carla. 

Con un gobierno como el de V. E., conti- 
nuado por diez ó quince años, la paz nos lle- 
vará á la victoria, con la misma seguridad que 
la guerra. El triunfo ha de ser nuestro, 
sea cual fuere el camino. Los intereses que 
se desenvuelven, son soldados, que se arman 
en nuestro favor. 

Prevendré á V. E., que el señor Chistie ha 
escrito á su Gobierno de un modo un poco 
alarmante sobre temores que él abriga de que 
V. E. persiste en la idea de la guerra. Yo he 
mostrado el Mensaje y la Proclama de V. E., 
y he repetido que la guerra no se hará des- 
de que deje de ser necesaria: lo cual sucederá 
siempre que la Europa nos ayude con el apo- 
yo de su consideración á reinstalar la inte- 
gridad sin el uso de las armas. 

Por este vapor se escribe al Sr. Christie, 
para que insista y trabaje á fín de que los 
dos gobiernos, el de la Confederación y Bue- 
nos Aires, acaben por entenderse y unirse : 
ad virtiéndoles que la Inglaterra quedará neu- 
tral en sus querellas interiores. 

Ruego á V. E. que hable con nuestro ami- 
go don Juan María Gutiérrez, sobie algo 
que me ha escrito con relación al señor Chris- 



— 6«4 — 

tie. Es necesario que V, E. agote sa liabi- 
lidail para atraerse y propiciarse las simpa- 
tias de ese agente británico. Los »le Buenos 
Aires lo hamn, si no lo hacemos nosotros. 
Tampoco es bueno desatender al de Francia. 
Tengo el placer de repetirme de V. E. su 
más apasionado amigo y sen-idor 




Londres, de 5 á 7 de Agosto de 1858. 

A S, E, el Sr. Presidente de la Confederación Ar- 
gentina, Capitán General Don Justo José de 
Urquiza. 

Mi querido señor Presidente : 

Nada ha ocurrido en esto mes que altere 
el buen estado de nuestros negocios en In- 
glaterra. Los tenedores de bonos de Buenos 
Aires, que pedían un cambio de política, 
parec'en resignados al rechazo que lod ha da- 
do el gabinete de lord Dérby, tan leal y 
sabio para con nosotros, como fué el de lord 
Palmerston. — Buenos Aires, sin embargo, se 
ha hecho de muchas simpatías con el último 
arreglo de su deuda. — Yo he trabajado por 
demostrar que ese arreglo está basado en 
errores groseros, no por dañar á Buenos 
Aires, sino por evitar que esos errores en 
que están los prestamistas, no acarreen otros 
en la política de este gabinete. Le remito 
á V. E. una memoria escrita en este senti- 
do. Poco á poco se van disipando las pre- 
ocupacione s que han formado hasta aquí el 
poder de Buenos Aires y la respetabilidad 



-086- 



de )a Confedeíaciun se hace más conocida 
y aceptada. 

Es una felicidad paiu nosotros, que la In- 
glaterra, cuya política iif>8 es tan favorable. 
recupere en todaii parten la suerte de que es 
acreedora. En India acaba de obtener gran- 
des tiiunfbs, y su alianza con Fi'ancia, que 
presentaba ahora poco tan lóbrego aspecto, 
se reanima y renueva con la entrevista amisto- 
sa, (jue en este momento tiene lugar enCher- 
bourg entre la Reina de Inglaterra y el Em- 
perador Napoleón III. — Este nuevo giro de 
la política anglo-francesa va á ser para nos- 
otros muy favorable. Lord Malmesbury as 
un hombre muy hábil, muy activo y devoto 
de nuestra política. Hasta arpii yo considero 
al aeñor Christie muy buen amigo de nuestra 
causa; y creo que V. E. debe cultivar con 
especial esmero sus simpatías. 

En Madrid hizo nuevas tentativas el agen- 
te confidencial de Buenos Aires, para que le 
recibiesen en e! rango que ¿Balcarcc en Fran- 
cia; pero ha salido chasqueado. — En Ma- 
drid afirman siempre con grande intei-és las 
ratificaciones del tratado de 20 de abril que 
yo he presentado como muj' probable. 

La escuadia de los Estados Unidos para el 
Paraguay ha debido salir ya ó saldrá muy 
pronto según se escribe de allí. Este com- 
promiso en que se halla el gobierno de Was- 



687 



hington, nos promete para mucho tiempo 
una política favorable, pu( s ha de tener ne- 
cesidad de nosotros. V. E. puede manejar 
nuestra amista.d con Estados Unidos, como 
un instrumento eficaz para traer al Brasil 
á la verdad de la amistad que nos aparenta 
ó demuestra. 

El estado monetario de esta plaza empieza 
á ser más favorable al espíiitu de empresa. 
y Mr. Wheelwight, que tiene ya asegurado 
algunos hombies importantes para formar el 
Directorio de la Compañía del ferrocarril de 
Córdoba cree que en un mes ó dos lanzará 
el negocio en la plaza con todas las proba- 
bilidades de buejQ éxito. 

Un señor Haine, nuestro cónsul en Am- 
beres, remite á nuestro gobierno algunas 
proposiciones tendentes á establecer una em- 
presa de vapores de remolque en el Paraná 
y Uruguay. Yo creo que este asunto merece 
toda nuestra atención, y que sería muy útil 
que el vapor de vuelta trajese alguna respues- 
ta de nuestro Gobierno capaz de alentar la 
pronta ejecución de esta empresa bajo una 
base ú otra. 

También nos convendría prolongar la línea 
de vapores ingleses hasta el Rosario sin pér- 
dida de más tiempo, sobre todo si el go- 
bierno de Buenos Aires, hoy en poder de 
Mitre, tratase de fortificar á Martín García^ 



para molestar la navegación iutenor. iavo- 
cando la libertad tíuvial, como no dejarían 
de hacerlo esos tartufos políticos. 

Por este vapor dirijo á nuestro gobierno 
una petición de nnos oficiales científicos 
íranceses, qae desean vivamente entrar al 
«ervicio <;ivil de la Coníede ración. Su peti- 
ción es digna de la atención de V. E. Una 
roepaesta de nuestro gobierno admitiendo 6 
deaochaiido, sería muy conducente, pues el 
HÜencio en un modo de responder que nos 
díl aquí mala opinión. 



Jk 



Londres, del 5 al 8 de Setiembre de 1868. 



A. 8, E. el 8r. Presidente de la Confederación 
Argentina^ Capitán General D. Justo José de 
ürqui^a. 



Mi querido señor Presidente: 

No he tenido el placer de recibir carta de 
V. E. por este vapor ; pero só que felizmente 
no procede eso de novedad alguna en su 
salud. 

En todo este raes no ha ocurrido novedad 
ni alteración en el buen estado de nuestros 
negocios por acá. La Inglaterra nos con- 
serva inalterablemente su buena amistad, y 
quedará muy contenta al vemos proseguir en 
el camino de la paz (jue ella desea en el in- 
terés de su comercio. 

Buenos Aires debe estar desconcertado 
con su derrota sufrida en Londres ; pero de- 
bemos temer por lo mismo que redoble sus 
esfuerzos, para conseguir un cambio de este 
(¡abinete. V. E. debe hacer todo lo posible 

44 



para qne no consigan su objectD al faW 



npatú 



del 1 



Christie, 



ihí 






señor 
jropisiari 

Alsina formó sin (liidann mundo de aspe- 
ranzas on el apoyo de Tnglaleria con que 
contó. El esperó que la Francia, le daria su 
cooperación para atraer al Gabinete británi- 
co á la política del Conde Walewski. Yo no 
dudo que Balcarce haya trabajado en ase 
sentido, pero no tengo noticia de que el 
Conde Walewski baya coo|tprado activaineu- 
teáese fin, aunque no le babiia disguE ' 
el ver abiazar su política poi-sonal 
Inglateira. 

Nada noa pei-mite temnr que esto suceda. 
Si después de la entrevista de Cherítoiig en- 
tre el Emperador de los franceses y la líei- 
na de Inglateria es menor el temor de una 
guerra eutre ambos, también es cierto que se 
ha renovado la frialdad anterioi", y que el 
antagoiiiamo tradicional sigue en tndn sn vi- 
gor sin perjuicio de la paz. La Inglaterra 
tiene del Gabinete francés las mismas quejas 
exactamente que tenemos nosotros. La prensa 
inglesa lo califica diariamente como nosotros 
tendríamos el devenho de hacerlo. Todos 
hacen responsables de este, malestar al Con- 
de Walewski. Pero nosotros no debemos ol- 
vidar que antes de él hubo otro Ministro que 
nos fué todavía mas hostil, sin la menor in- 



691 



tención de ofendemos. No debemos esperar 
de Francia una política bien definida y cons- 
tante, porque esto está en contradicción con 
la índole de todos sus gobiernos. Hace 6 
años que desde Chile llamé la atención de 
V. E. sobre esto, y me permití señalar á su 
consideración la necesidad de cultivar con 
preierencia la amistad déla Inglaterra. 

El Conde Walcwski no alejará á Balear- 
ce. Cuando mas se quedará en el punto en 
que esfcui hoy las cosas. El Conde Walcws- 
ki acaba de remover al marques de Turgot 
de su puesto de embajador en Madrid contra 
la voluntad del Emperador, que habia ma- 
nifestado deseos difeientes. El Conde Wa- 
lewski influye en el Emperador, no por su 
talento ni ciencia, sino por su complacencias 
y por los pe({U(>ños medios domésticos con 
que ronsigne hacer venir al Emperador á 
practicar como suyos los deseos del Conde. 
Balcarce es irrrosistil)le en el terreno en que 
se ha colocado, por(|ue es el de la bajeza de 
un lacayo. 

No conseguiíá otra cosa que degradar á 
Buenos Ains, y vivir él un poco conforta- 
blemente. Pero tal adveraario no debe cau- 
í^amos miedo. 

Sepamos no arredrarní^s, mi querido señor 
Presidente. Traigamos á la política exterior 
esa misma constancia brava y digna con que 



-692 — 



V. E., ha sabido vencei' las mas grandes difi- 
cultades de Duestra política interior, y al fin 
coiiseguiíemos triunfar de todas las resisten- 
cias. Gracias á la protesta 3' á la actitud que 
yo guardé delante del (iobierno francés cuan- 
do la recepción de Balcai-se, y gracias á las 
inani testaciones dignas y firinea del Gobierno 
argentino con respecto á ese negocio, el Con- 
de Walewski nos ha fiado explicaciones sa- 
tisfactorias hasta cierto grado; y no lo dude, 
V. E,, ha desistido de su primera idea, que 
fué hasta celebrar tratados cou Buenos Aires. 
Monsieur Lo Moyne trabaja contra mi en 
París, como era natural esperar. Yo traje 
por misión liacerle venir á Francia. 8e en- 
tiende naturalmente con los de Buejios Aires, 
y trabaja de acuerdo con Balcarce. Traba- 
jará también contra GutíeiTez con doble ra- 
zón. Monsieur Lefébvre de Becour con oti-aa 
intenciones les ayuda por su lado, y, si no 
me equivnro, en su propio daño. París está 
lleno de gentes de Buenos Aires, todas contra- 
rias á nosotros. Estas circuiis tan cías hacen y 
harán muy difícil la posición de todo iliiiistro 
argentino en Francia mientras Buenos Aires 
nos hagalaguena en este terreno. Por ahora, 
para llevar á cabo su plan de arrebatarnos la 
política exterior, me atacarán á mí, que soy el 
soldado del Gobierno argentino en esa Corte. 
Ya oigo hablar de panfletos publicados ooa- 



— 693 — 

tra mi que se atribuyen á Mousieur Le Moy- 
ne. Me veo, pues, en el caso de señalar á 
V. E. la necesidad grande que tienen nues- 
tro Gobierno de apoyar y defender por todos 
sus medios al agente ó agentes que le repre- 
senten y sirvan en Francia. Como esta posi- 
ción es muy frecuente en diplomacia, los 
Gobiernos acostumbran recomendar á sus re- 
presentantes en las Cortes extranjeras por car- 
tas separadas de la credencial. Ahora dos 
años se me mandó una carta de este género 
para el Conde Walewski, pero era tan exa- 
gerada en mi favor que no me atreví á pre- 
sentarla. Los periódicos de Buenos Aires lle- 
nos de injurias contra la Confederación y sus 
agentes, circulan en Francia más que los de la 
Confederación. A nuestros diarios les tocaba 
defender á los agentes atacados; pero no lo 
hacen absolutamente, y su silencio, que equi- 
vale á una adhesión tíxcita á lo que dice Bue- 
nos Aires contribuye á debilitar en Europa el 
influjo de la Confederación. 

Pero la mejor recomendación sin duda con- 
siste en apoyar los actos del representante 
de la República Argentina en estas Cortes, 
cuando no son indiscretos ni impolíticos. No 
tendremos diplomacia ni política exterior sino 
á condición de observar esa táctica, de que 
la Inglaterra nos ofrece los ejemplos mas 
bellos. Un diplomático es un soldado siem- 



pfe ocapaíio de arralar intereses en IncTiit. ' 
La resistencia y la contiudicciotí son para 
él tan cieitas eumo para el militar. — Si eo 
d cltoqiie natural de los negocios le falta el 
apoyo fleciflido de aii gobierno, el enemigo 
en el que tritinfa, y el país es el que piei-üe 
uiáa que el agente que lo representa. 

Ahora ocurre nna ocasión en que el go- 
bicnio argentino puede probar al Conde 
Waletvitki la confianza que tiene en mi. £ste 
Ministro ha puesto en duda la facultad que 
Uíngo para nombrar Cónsules t/eneraks en Fran- 
cia. Dos ó tres veces me autorizií el gobierno 
para hacer \on nouibramiüntos consulares exi- 
gidoH poi- el interés de nuestro comei-cio, sin 
distinción de rango ni gorarquia. Nombré 
al señor Gil cónsul de printera rUise hace dos 
añoH, y obtuvo aa Ei4iquátur. Ahora poco, 
consultando á esas mismas necesidades, le 
nombré Góiisul general, como lo es en Ingla- 
terra el señor Diclíson y en España el señor 
Marina; pero se ha tenido reparo en darle 
en Exequátur por la pretendida inau ti ciencia 
de mi.s poíieiea. Al Oobierno argentino le 
toca ahora resolver esta dificultad, resistiendo 
de «u aarurion e! nombramiento practicado 
poi- «u i'epresentaiito. El señor Gil, con 
quion no tengo el menor negocio privado, 
es un banquiMO de mucha respetabilidad, 
muy amigo de nuestra causa y muy digno 



— 695 — 

de ser ascendido á Cónsul general por loa 
servicios que nos lleva prestados. Por mi- 
parte, la única garantía que puedo dar á 
V. E., es que en ningún acto oficial me de- 
termino jamás por motivos pequeños ó apa- 
sionados, y que la moderación y la reflexión 
siempre me acompañan. 

Si el tratado con España hubiese sido ra- 
tificado hace un año, á estas horas tendría-» 
mos en él un antecedente poderoso para 
determinar á la Inglaterra á que renuncie 
los intereses en el pago de las indemnizacio- 
nes de sus nacionales, que reclama de nues- 
tro gobierno. Tengo que trabajar en con- 
seguirlo sin ese apoyo, pero confío en que 
no nos abandonará la benevolencia del go- 
bierno inglés. 

Por cartas del Dr. Peña de Rio Janeiro 
veo que allí toca las dificultades que había 
yo tenido desdo aquí. Con todo, no será per- 
dido lo que trabaje, pues si no es hoy, será 
mañana el día en que el Brasil tendrá que 
venir por suí? piopios intereses á la política 
prudente y juiciosa que V. E. le ha propues- 
to por conducto de su negociador actual en 
Rio Janeiro. 

Seguiremos la lucha en el terreno en que se 
encuentra por las provocaciones de Buenos 
Aires: el de los intereses materiales. No que- 
daremos con los brazos cruzados, pues sería 



— G96 — 



perder el tietnpo esperar á que Alsina y en 
círculo tongau la voluntad de entregar las 
rentas y el poder que explotan á la autori- 
dad de toda la nación. Dejemos que decla- 
men nuestros amigos más dotados de entu- 
siasmo que de sentido práctico; pero ataque- 
mos en brecha el viejo edificio del comercio 
colonial, aunque tengamos que armar á la 
libertad naciente con restricciones transi- 
torias, que son legítimas y aun liberales cuan- 
do son enpleadas en sostener la libertad. 
Nuestra intención no es enscrrarnos como la 
China, sino abrirnos al mundo y estrechar- 
nos más y más con él. como loa Eatados 
Unidos que á su vez usaron también de los de- 
rechos diferenciales para reducir á la Union 
á dos estados egoístas que la eludía por no 
dividir sus ventajas de comercio. 

Dentio do poco Buenos Aires quedará 
reducida á la política de expectación. Con- 
traerá todos sus trabajos ít subdividir la 
opinión argentina y preparar una Preeiden- 
cia débil que le permita realizar lo que no 
ha podido conseguir luchando con el gobier- 
no memorable de V. E. Por la misma lazon 
el gran objeto de la atención y de los tra- 
bajos de V. E. serán muy pronto el disponer 
el país á la composición de un gobierno en 
que se estrellen todas las' malas espeíanzas 
de Buenos Aires.y la base natural para que 



— (597 — 

eso suceda, será que el influjo de V* E. conti- 
núe tan poderoso después de su Presidencia 
como lo es hoy mismo. La constitución no 
podrá resentirse de una influencia que tiene 
por objeto defenderla y aflanzarla más y más 
á ella misma. 

Tengo el placer de repetirme de V. EJ. su 
más apreciado amigo y servidor. 



Londres, del 6 al 8 de Octubre de 1858. 

A 8. E. el Sr. Presidente de la Confederación 
Argentina. Capitán General D, Jmto José de 
Urquis^a. 

Mi querido Sr. Presidente : 

He tenido el placer de recibir la muy in- 
teresante carta de V. E. de 24 de agosto, 
conteniendo nuevas pruebas de la confianza 
con que me honra V. E. 

Nuestros negocios por acá no han tenido 
alteración alguna en el último mes. 

Mañana tendré una conferencia con el se- 
ñor Fitz Gerald, subsecretario de Estado, 
para pedir que se escriba al señor Ministro 
Christie, á fin de que no insista en su pro- 
testa contra la ley de derechos diferencia- 
les del último julio. Nada me será más fácil 
que demostrar su taita de fundamento. Den- 
tro do poco la Inglaterra nos dará gracias 
por las dos leyes de derechos diferenciales, 
que son las que van á convertir en hecho 
práctico el comercio libre y directo, estipu 



- 700 — 



lado en el bratado de 1825, lejos de 
en oposición con él. Me consta que el 
mercio inglés de Buenos Aires arifgla ; 
todas sus operaciones al régimen do expor- 
tación que debo comenzar el 1" de unevo de 
1859. De diez buques que sa cargan hoy 
en Liverpool con destino al Rio de la Pla- 
ta, nueve son destinados al Rosario. Lo mis- 
mo sucede en los Estados Unidos, segunj 
noticias ciertas que tengo de allí. 

La Francia, (¡ue creía con la estadística^ 
del señor Balcarce, que tocia la riqueza ar- 
gentina estaba en Buenos Aires, tendrá que 
subir también las aguas del Paraná para ex- 
pender dos tercios de lo que envía al Ria 
de la Plata. Ella nos tiatará mejor á mtt 
dida quo salga de aus cjirores económici 
Allí es donde quedan las únicas resistencia 
contra nuestra política. En mucha parte í 
debido ello al inteiós personal del señor Baloj 
ce, que suscita sin escriipulo esas resistenoU 
como medio de adquisición y exptoracioi 
Por este motivo, y cumpliendo con la ind 
cacion de V. E. trasmitida por el señor T" 
nistro, pasaré á Francia así que vuelva loilf 
Malmeabury á Londres, con quien espero t 
ner antes una entrevista de importancia. 

El gobierno de Madrid, á petición mlí 
acaba de prorogar por seis meses más el i ' 
mino para la ratificación de ¡os tratados. Náli 



— Tol- 
da me dice á ese respecto el señor Ministro 
López en su última comunicación. Extra- 
oficialmente he recibido una orden del dia 
de nuestra Cámara de Diputados, en que 
veo aconsejada la devolución del tratado, al 
Poder Ejecutivo, para que use antes de la 
atribución que le confiere el artículo 64 de la 
Constitución, inciso 19. Yo creo que la Cá- 
mara tiene razón, pues nuestra Constitución 
es igual á la Constitución inglesa en ese pun- 
to. En Inglaterra, todos los días el Poder 
Ejecutivo concluye y ratifica los tratados, y 
después es cuando los pasa al Parlamento ; 
y no hay en el mundo un país donde el 
Poder Legislativo sea más ilimitado. Yo no 
creo que el señor Ministro López ignore osto, 
y tengo una prueba de la frialdad con que 
mira el tratado con España en el hecho de 
haberlo pasado al Congreso sin la nota de 
7 de diciembre de 1857, Q en que expuso jus- 
tamente, los motivos de la reconsideración 
del dicho tratado, ordenada por V. E. con 
tanta sensatez. Sin temor de que V. E. crea 
que quiero defender un trabajo mío, me per- 
mito decirlo que interesa á la gloria de su 
nombre el que no deje pasar á otra admi- 
nistración el honor do cerrar v concluir la 



ílí Página 17 de este bolüinon.— (Editor.) 



702- 



revolticion da Mayo por la sanción de un 
tratarlo on que la Corona de España, des- 
pu^ (lo la luciía de tantos años, viene á dar 
una base nueva á la antoriilad de nuestra 
patria, constituida y arganizado por V. E, 

A estas lioias estará ya en el Paraná el 
señor Yancey, Ministro de los Estatlos Uni- 
dor», ipie saliti el 4 de setiembre, segnn me es- 
ciibeii de ose pafs. La flotilla, fuerte de más 
de 15 buques destinada al Pai"aguay; debt- 
seguirle muy de cerca. Aunque el Paraguay 
tenga motivo de alarmarse por la presenta 
de fsa fuerza en nuestro» rios, yo creo i 
no será menor la alarma del Brasil, aunq 
no lo manifieste. Nos convendrá aproveclB 
de esta ocasión para hacer ver al iinp 
brasileño que podemos tener amigos cap» 
de balancear la influencia de au podei'i^ 
val, cada vez ijue se tiate de extenderla í 
bertad del tiAfico, que es el alma de nuei " 
sistema en esas regiones. El Brasil 
construir, en este momento, muchos buq 
de vapor fluviales en diferentes puntoo ij 
Europa. 

Según mo escribe el señor Peña dei 
Rio Janeiro, veo que no pierde sus espei-an- 
zas, pero no veo que adelante en au realiza- 
ción. No creo que au misión sea estén'l; 
pero temo un poco que el Brasil se limite 
á. darnos seguridades habladas y escritas, en 



— 7Q3 — 

vez de ayudarnos á reinstalar nuestra uni- 
dad nacional, que por más que pretenda no 
le es muy simpática. La emulación innata 
de ese gobierno para con los nuestros se re- 
vela mejor en Europa poi el lenguaje de sus 
agentes, para quienes todo es miseria y rui- 
na en esas repúblicas españolas, que, sin 
embargo, son solidarias de su destino por ha- 
bitar el mismo suelo. 

He visto con placerla elección del doctor 
Campillo para la misión extraordinaria que 
nuestro gobierno manda á Roma. El Santo 
Padre tiene por V. E. una simpatía tan se- 
ñalada, que no hay americano de los países 
inmediatos al Plata que se presente en su 
Corte á quien no Je hable de V. E. con en- 
tusiasmo. Acaba de probar esta predilección 
desechando un Cónsul que nombró Buenos 
Aires para Roma. Todo esto nos debe ha- 
cer vigilar en un peligro á que nos expone 
nuestra gratitud caballeresca. 

La Corte de Roma sabe hacerse amable 
hasta el extremo, cuando se propone sacar 
alguna ventaja. La mayor parte de lo que 
ella desea en sus concordatos es imposible 
concederle por nuestra Constitución. En la 
alternativa de una elección ó preferencia 
entre un Concordato y la Constitucmi siempre 
será más importante para nuestra patria, en 
todo sentido, conservar intacta la última, á 



-zoi- 



lo menoe por algunos años, hasta dar tiempo 
al (IfísatTollo de loe elementos de naes^ 
vida material. Los que eo Roma piensan 
como el señor Eyza^irre, rieron ana espe- 
cie de hei^gía en la exposición y defensa que 
hice de ciertos principios de gobierno, que 
no son sino los mismos que han mantenido 
y mantienen á la faz de Roma, la Inglaterra, 
los Estados Unidos, y hasta la Francia, á 
pesar de ser cat/^Hca: la Francia, que sos- 
tiene hoy el poder del Santo Padre con sus 
soldados. Permítame V. £. á este propósito 
hablarle sobre mi modo íntimo de %'er la 
religión de nuestros padre?. Educado en 
medio de la revolución, no se hallará, sin em- 
bargo, en mis numerosos escritos una sola 
frase contra la religión católica. Vituperar 
la propia religión me ha parecido íiiempre 
tan bajo como azotar á la misma madre En 
la especie de mancomunidad política queme 
liga tan honrosamente á V. E., me ha pa- 
recido conveniente ponerle al cabo de esto, 
para responder, cuando se oírezca, á cioi 
propósitos inspirados en la política y ea 
interés de Uimia. 

De acuerdo enteramente con la opinión 
de V. E., yo desearía que nuestros jóvenes 
argentinos fuesen empleados con pretevencia 
en nuestras Legaciones en Europa como ad- 
juntos y secretarios. Yo creo que hasta es 



3St0, 

uon I 




— 705 — 

una necesidad urgente para nuestro país, 
pues la Confederación necesita educar hom- 
bres para la vida diplomática. Los jóvenes 
argentinos que hay en Europa son — la ma- 
yor parte — de Buenos Aires, y tienen las 
preocupaciones de esa piovincia. Yo ten- 
dría el mayor placer en que nuestro Gobier- 
no mandase c3mo adjuntos algunos jóvenes 
argentinos á la Legación de mi cargo. El 
puesto de secretario es mu}^ delicado y di- 
fícil de llenar. Hay muchos obstáculos para 
que lo sea un extranjero. Tocándolos de 
cerca, tuve que abandonar el pensamiento 
de nombrar al señor Mannequin. Por otra 
parte, un hombre de nuestros países, por ins- 
truido que soa, no puede expedirse en idio- 
mas extranjero*^ tratando por escrito cuestio- 
nes complicadas, con una fuerza y capacidad 
que haga mirar á nuestra Cancillería con el 
mismo respeto que á una de Europa. Así 
nuestros secretarios tienen que ser nominales 
en la mayor parte del servicio. 

He remitido al fJem^ral Rosas la carta de 
V, E. que vino adjunta., 

Sé que ayer estuvo en Londres, y aunque 
pidió mi dirección para v^erme no ha venido, 
sin duda porque tuvo que regresar en el 
mismo día á Southampton, donde le ocupa 

45 



706 — 



el arrentla miento que se propone hacer de 
niia acendita ó granja. 

El Sr. Wheelwright no se diieiiue en el 
aHnnto del ferro-carril de Córdoba, pero la 
situación monetaria de este nit^-rc-ado, aunque 
niiis favorable que en los meses pasados, no 
se mantG<.-sta bastantemente por empresas 
prácticas. El cree, á pesar de <^to, que en 
breve tiempo e^taiá organizada la compañía. 
Por este vapor escribe á nuestro (.Tobiemo, 
oolicilando la lista de ios accionistas de nues- 
tix» país pai-a la empresa, y lecomendando 
qoe no se componga sino de personas mtiy 
abonadas, pnes la menor falta produciría c 
impresión de trascendencia entre los 
nifltas europeos. 



] 



7 de Ootubro.' 



Acallo de tener una entrevista con el señor 
Fitz fíerald, sub-secretarlo de Estado, en que 
le he explicado, claia y detenidamente, que 
la ley de derechos diferenciales sobre la ex- 
portación no está en contradicción con el tra- 
tado de 1825, y que es infundada la protesta 
del señor Christie. La impresión que me ha 
dejado esta entrevista, es favorable. El seBot' 
Fitz Gerald me ha prometido queel Gobiei 



707 



inglés se ocupará de este asunto, y que en 
regresando lord Malmesbury se acordará una 
determinación que yo, por mi parte, creo que 
será favorable. Dejé en sus manos, un corto 
Memorándum sobre la cuestión. 

Me felicito, mi querido señor Presidente, 
poderle repetir que soy su afmo. amigoy ser- 
vidor, etc. 



Londres, del 6 al 8 de Noviembre de 1858. 

A S. E. el Sr. Presidente de la Confederación Ar- 
gentina^ Capitán General Don Justo José de 
TJrqui:sa. 

Mi querido señor Presidente: 

La ausencia de lord Malmesbury de Lon- 
dres y la del Emperador, de París, me han 
obligado á retardar mi regreso á Francia más 
de lo que esperé. Partiré después de la sa- 
lida del vapor. 

He tenido una conferencia con lord Malmes- 
bury apenas regresó á Londres. Me propuse 
explicarle que nuestra ley de derechos dife- 
renciales no se opone al tiatado con Ingla- 
terra, y que la protesta del señor Christie no 
tendría otro resultado que alentar á Buenos 
Aires, por lo cual convendría escribirle para 
que no insista en ello. El Ministro me es- 
cuchó y discutió este asunto con buen espíri- 
tu, y se refirió en todo al parecer que die- 
sen los Consejos de la Corona, que iban á ser 



-710- 



oonaultados sobre .si el tratado había sitio A 
no quebrantado. Remito á V. E. una Me- 
moria en inglés, qnc contiene losrazonaraien- 
tos que le expuse. Tal vez sería bueno ha- 
cerla repetir en nueatroa diarios. Yo no meo 
que el Gobierno inglés tome gran interés en 
esa protesta. De todos modos, nos conven- 
dría seguir una política dilatoria, para dar 
tiempo á que la lay produzca su efecto. 

También solicitó de lord Malmesbury los 
buenos oficios de e.ste Gobierno para disponer 
al de Francia favorablemente hacia nosotros; 
pero no pnde dejar de conocer que e! estado 
de estos Crabinetes no es el de ahora dos años, 
cuando la guerra de Crimea los unía. No ten- 
go duda do que el Gobierno inglés hará cuan- 
to pueda por nosotios ; pero creo que será 
poco lo que pueda hacer con su influjo actual 
en Francia, 

Creo, por lo domas, que de astos gobier- 
nos no debemos esperar cooperación impor- 
tante para restablecer la integridad argen- 
tina, y que todo lo que deberemos solicitar 
de ellos es que no nos estorben, á lo cual 
felizmente están dispuestos por su propio in- 
terés, de no mezclarse en osos negocios lejanos. 

Con todo, no debemos perder de vista el 
esfuerzo constante de los tenedores de bonos 
ingleses por cambiar la política del Gobierno 
inglés. Todo el comercio inglés establecido 



711 



en Buenos Aires y Montevideo trabaja en el 
mismo sentido. Él Times es su órgano, por- 
que pertenece en su tercera parte á la casa 
de Baring, negociadora del empréstito de Bue- 
nos Aires. Por este motivo tenemos necesi- 
dad vital de adquirirnos un apoyo en la pren- 
sa inglesa, para destruir las preocupaciones 
y errores que podrían arrastrar á este go- 
bierno á un cambio de política. 

Nuestros negocios continúan desconocidos 
en el público de Inglaterra, á pesar de mis 
esfuerzos individuales. Siento mucho can- 
sar la atención de V. E. con este asunto; 
pero no debo ocultarle esta necesidad grande 
de su política. ,La autorización que me ha 
dado el gobierno para subvencionar perió- 
dicos es inútil en Inglaterra. Se necesitarían 
fondos disponibles aquí, y bastaría una cuarta 
parte del valor, que sería ineficaz pagadero 
en el Paraná. El banco de Rosario en que 
interviene hoy el doctor Pico, podría allanar 
esto del modo más sencillo. 

Remito á V. E. un pliego que el general 
Rosas me ha confiado á este fin. Me ha 
informado del asunto y pedido mi opinión. 
Yo me he peimitido deciile, que aprobaba 
completamente su petición relativa á los 
bienes. En cuanto á la otra sobre rango y 
sueldos, le he dicho que no estando deste- 
rrado y procesado por la Confederación, no 



-712- 



a yo por qué debiere ser él 
acogido rjiie lo iian sido .sus anIíguoK gené- 
rale» loK ti^eñores Guido. Maiisílla, etc.; á do 
t4er ()uu la superiodad misma de au rango 
histórico obligare li V. E. á contení pot izar 
con algunas prLOtu pación es persoriale», ó coa 
necesidades de su poíiii:¡on política, á lo 
DO» |>or algiin tiempo, eti cuyo caso éi 
bia liedlo muy bien cu tiejar este ne; 
al diifCGi'n i miento de V. E. Por !o demás, 
no extraño rpie baya rehusado la oferta de 
V, E. de apoyo pecuniario, pues creo que 
su situaciou no es del t<.>dü mala. Él arrienda 
(iesde mucho tiempo una de las más her- 
mosas casas de Soiithampton, y adoinás 
acaba de ancndaí' por 21 años una posesión 
de campo. Sé que, para comprarla como 
v\ deseaba, tropezó con el requisito de las 
leyes inglesas, que exigen naturalización en 
el propietaiio extianjero; y que renunció 
al de.seo de ser propietario en Inglaterra por 
no abandonar su nacionalidad argentina. 
Esto no lo he sabido por él. (') 

He oido que la Legación de Chile ''oo 
da á nuestro amigo el Sr Lamarca, esl 
á punto de ser suspendida, á juzgar porA 



presupuesto del año que vt' 



Sin 



— 713 ~ 

lo que haya de real sobre esto, me permito 
hacer la siguiente reflexión á V. E. — Pres- 
cindiendo de lo que merece nuestro amigo, 
como argentino honrado y antiguo sostenedor 
de la causa que representa V. E., la amistad 
de Chile (en que influye mucho la posición 
personal del señor Lamarca) es muj^ preciosa 
para nosotros por la consideración é influjo 
moral que ella ejerce á favor nuestro aun 
en Europa, donde Chile es tomado como tes- 
tigo ó juez de gran autoridad en el pleito 
que la Confederación sostiene con Buenos 
Aires. Una palabra enérgica de V. E. po- 
dría acallar pequeñas pasioncillas, que son 
el principio de hostilidad hacia ose bravo y 
honorable servidor de V. E. 

Me permito remitir á V. E. incluso lo que 
han publicado los periódicos europeos sobre 
candidaturas á la presidencia venidera de la 
Confederación. Como no só lo que hay de 
cierto en eso, ni creo llegado el momento 
de tal discusión, en otro vapor me touiaró 
la libertad de expresar á V. E. mi opinión 
acerca de ese punto tan delicado, en el interés 
de V. E., de la Constitución y de nuestro 
país, por cuyos tres objetos tengo el apego 
natural de que he dado tantas prueba.v. 

Por ho}^ voy á ocuparme en París de tra- 
bajar para que el ascendiente y la resistencia 
de Buenos Aires no conserven apoyo dura- 



dero en esa coite. Espero que niipB 
paso será reciltiriue oii calidad de Ministro. 
Acieditado en este rango ante las dus cortes 
más caras dii la Europa pai'a subsistir, serA 
preciso que iiueatro gobierno atienda puntual- 
mente á mis liliranzas pnr sulMos y asigna- 
ciones do la ley. Por este vapor remito una 
por los seis meses que acaban en diciembre 
inmediato; y si V. Jí. pudiese decir una p^^ 
labra de recomendación al Ministerio, mi i 
teres pei'sonal y el de! país deberían 
nuevo motivo de obligación á V. E. 

El Morning-I'osl, papel de gran tono en 
Inglaterra y de tanto influjo como el Times, 
ha publicado ayer la biografía de V. E., qm 
le remito inclusa, y que sería digna de ;~ 
producción en nuestros diarios. 

Veo por nuestra prensa que el tratado que 
hice con Espaíía anda de un lado para otro, 
como un huérfano, sin encontrar apoyo. No 
puedo ocultar á V. E. que encuentro nu mis- 
terio incomprensible en esa política. Los 
dos motivos que el Ministio me dio por causa 
de desaprobación el año pasado no existen 
ya. El uno era la ciudadanía de los hijos 
de españoles en la República Argentina, 
cuyo principio lia sido consagrado ya y pro- 
mulgado por nuestro gobierno el año pasa- 
do. El otro motivo era que no se sabía Iq 
que era la deuda de tesorena que yo acepfcí^ 



715 



ahora se sabe que esa deuda no comprendo 
los gastos de la guerra de la Independencia, 
y que ella consiste simplemense en lo que 
esas mismas provincias, que hoy se llaman 
Confederación Argentina^ debían cuando se lla- 
maban Vireinato de Buenos Aires : cuya deu- 
da, aceptada ya por las leyes de Rivadavia, 
fué pagada en su mayor parte, y cuj^o resto 
debe ser pagado, no plata sino en tierras pú- 
blicas. 

Últimamente el Ministro ha pasado el tra- 
tado al Congreso, pero ha mantenido en secre- 
to mi nota de 7 de diciembre del año pasado, 
en que demostré todas aquellas cosas. Si 
toda la razón que han dado los Ministros 
para rechazar mi tratado consiste en su mera 
desaprobación unifoime, eso sería como pro- 
vocarme á mí á que desapruebe yo en alto 
todo lo que ellos hacen. Entonces, en lu- 
gar del mutuo apoyo y del mutuo respeto 
que nos debemos unos á otros los amigos de 
la causa nacional, empezaríamos á destruir 
recíprocamente nuestros trabajos, y Buenos 
Aires conseguiría su victoria preparada por 
nuestras propias manos. Lo cieito es que, 
según el derecho tradicional de las viejas 
naciones de Europa, la República Argenti- 
na sigue siendo hasta aquí á los ojos de ellas 
una Colonia española, cuya independencia 
solo han reconocido como un hecho algunas 



-716- 



de ellas, y otras ni asi por sus intereses ( 

niercíales. ¿ HerÁ posible ijue nuestro 
nlstrcs, nuestros hombiea de estado, i 
den cuenta seria de lo que interesa d la 
constitución de la autoridad argentinu. la re- 
nuncia solemne á favor de ella de los an- 
tiguos derechos de la Corona de España? 
Confío eji que el talento y el buen corazón 
de V. E. llevarán á bien la pei'sistoni-ia con 
que yo vuelvo sobre este punto esencial de 
nuestra política, y en el que e-stá compro- 
metido nuestro crédito exterior, mucho luás 
que lo que se lo figuran nuestros Ministros 
de gobierno. 

Acabo de tener carta de Madrid, en que 
me dicen que la devolución del tratado he- 
cha |)or nuestra Cámara de diputados se ha 
considerado en España como uu pretestfj 
para eludir su aprobación, y yo no disto de 
creerlo. Tanibien se dice que un nuevo Mi' 
nístro vendía para reabrir la negociación 
España. Si el negociador fuese tan feliz qi 
consiguiere más que yo, sin contar hoy con 
apoyo poderoso que yo tuve entonces de las 
Cortes de París y Londres, en ningún caso 
la España tomaría sobre sí la deuda de nues- 
tra tesoreifa local, como no lo lia hecho coa 
ninguna Hepública de América. Entonces ol 
nuevo tratarlo tendría por único objeto qui- 
tar mi nombje de él y poner el de otro ue- 



Vti¿^ 



717 



gociador. Si este es el pago y reconocí miento 
que me esperan de los servicios que presto 
á mi gobierno, no veo con qué derecho sus 
Ministros esperen que yo encuentre bueno 
lo que ellos hacen, y tomen á mal que un 
día yo haga la historia de esta negociación 
delante de nuestro país, de un modo que 
no sería muy agradable para los que la han 
entorpecido con un desden del interés nacio- 
nal, capas de desalentar al patriota más fer- 
voroso. 

Recibo carta del doctor Peña do Rio Ja- 
neiro, en que me expresa su confianza en 
el buen éxito de su negociación: me dice 
que ya podemos considerar la alianza como 
un hecho. Si fuese así en efecto, sería la 
mayor fortuna para nuestro país que la 
última gloria de la presidencia de V. E. fue- 
se el restablecimiento do la integridad ar- 
gentina por el medio que ha querido dejarnos 
la obstinación del círculo que gobierna á 
Buenos Aires. Bajo la influencia de ese 
gran triunfo» ¡qué fácil no sería para V. E. 
resolver el problema de la presidencia que 
viene, de la cual dependerá la suerte de la 
constitución, pues será bajo su influencia que 
lo revicion de ella tendrá lugar por las pro- 
vincias que integran la República completa! 
Yo creo que Buenos Aires debe contener 
una vanguardia cada día más numerosa en 



— 718 — 

favor de la canuta nacional, formada por las 
violencias y desaciertos del gobierno de 
Alsina. Ya él ha conseguido hacer del gene- 
ral Rosas nn soldado caloroso de V. E.: y los 
porteños íinpfMtantcs de todos los partidiw 
acabarán por buscar en los auspicios de la 
nación el respeto qne les niega el gobienio 
i'evoluuionario de Buenos Aii-^s, y la garan- 
tía do sus principios é institnciones locales. 
Me repito gustoso, mi querido señor Presi- 
dente, su mejor amigo y apasionado ser- 
vidor, etc. 



DEL EDITOR 



I V<tB»e páíduA T12 1 



El doctor Albenii, como ae I 
(]ua dirigía al Ministro de Beh 



i visto en laa ^ 
¡iones Extenorea/j| 
i eatas cartas al Presideute, insistía en la oonve^" 
uiencia de que los órganos de publicidad hícierBn 
oonouer en Europa la poliüca de la Confederación. 



— 719 — 

Entre otros, hizo un arreglo para que á la llegada 
de cada vapor se publicaran, bajo su dirección, artí- 
culos en La Semaine Politique. 

De uno de esos artículos tomamos la parte con- 
sagrada á comentar el proceso á Bosas, que vá á 
continuación : 



Le gouvernement de Buenos- Ayres s'ést beaucoup 
ocoupé de Bosas pendant le mois dernier. 

Le président actuel do la confódératíon, qui a ren- 
versé sur-le-champ de bataille le dictateur Eosas et 
Ta obligó á se réfugier á Southampton, ne se sou- 
vient plus de lui ; mais ceux qui le défendirent á 
Monte-Caseros l'attaquent aujourd'hui et le condam- 
nent pour les actes auxquels ils ont preté In main. 

Bosas a été condamné sans procés, saus audienco, 
sans preuves, sans aucune des formes réguliéres que 
respectent tous les pays civilisés. — MM. Frias et 
Peña s'en sont plaints hautement devant l'autorité 
méme qui á íait ce coup d'Etat. — Contrairement á 
la constitution de Bnénos-Ayres, qui abolit la con- 
fiscation, les biens de Rosas ont été confisques, de- 
clares propriété de TEtat et vendus aux enohéres pu- 
bliques. 

Ce procés a produit partout une mauvaise impres- 
sion : il est inique dans la forme et odieux au fond. 

Qui condamné Rosas? Le gouvernement de Buénos- 
Ayres, c*est-á-dire le gouvernement local d*une des 
qnatorze provinces de la République Argentine. 

Pour quels motifs? 

Les termes de la loi le déclarent coiipable de I ése 
patrie^ pour sa tyrannie antérieure et pour avoir 

trahi V indépendance de sa patrie^ 

Mais quelle est cette patrie dont parle la loi? 



-720- 



La réponse á cette queation renverae tout Véchafen- 
dage de ce prooes, ausai incousistant i|ue l'éditice de 
la politiqoe isolée de Baónos-Ayres. 

La patrie de líoaan, de meme que cello de aes 
juges, le dooteiir Alsina et. aes collíigiies, c'est la Ré- 
publique Argentine, la Nation Argentiiie cuniposée 
de 803 quatorze provincea. 

Le docteur Alsina oe dirá pas qn'íl est le ñis de 
quatorze putriea, et que daña la uation il y a autaat 
de píitriea que de províncea; ce serail abaurde en 
droit public. Or, si tous les argentina aont fiU d'ane 
aeule patrie coraprenaiit lea quatorze provinces de la 
contedération, et nou jiaa la province de Buénos- 
Ayrea toute aeule, il eat iiicontestaljle que le gou- 
vernement de Buénoa-Ayrea a jugp une líanae daas 
laqueJIe il n'est paa compétent et s'eat. approprié de? 
biena qui, eu toua cas. apparteiiueut á la républiqae 
entiére. 

Que fait la Ilépubliqne ou Confédératíon Argenfí- 
ne á propoa de liosas 'í 

Elle l'oublie ot s'oocupe k inatituer des lois la oii 
régnait le dospotiame renversé de ce diotateur tonibe. 

Que font lea jugea de Roafts daña íeurs rapports 
avec la Répiíblique Argentine, c'est-á-dire avec la pa- 
trie an nom de laquelle ils chátíent l'ancieu tyran? 

lis fonts plus de mal a leur paya que Hoaae ne 
lui eu a jamaia í'ait, car ¡la raffaibliaseiit en le dé- 
membrant; Íla méoonnaiasent le droit aouveraíu de 
l'asaociation argentine k gouverner la totalit^ du ter- 
ritoire qu'elle poasede, et k douner des lois k tonte 
la population qui ritabite ; ila se mettent eiifin en 
étnt de r¿volte contre l'autorité genérale a laquelle 
pst aoumis le paya. N'y at-il paa lá un double motif 
d'inooinpétence, et les gouvernanta particuliera de 
Bnénos-Ayres sont-iis aptea h piuiir un acte dont 
eux-méuiea pourraient avoir a repondré devaut la 



— 721 — 

jastice nationale? Mais ce que oet étrange procés 
prouve sortout, c'est qa*au lieu de s'efforoer d'éteindre 
l'esprit de révolution, Buenos -Ayres le ravive et Ta- 
Umente. 

( La Semaine PoHtique — 27 Setiembre de 1S67 ) 



Creemos que el lector estimará los documentos que 
le son proporcionados como explicativos de las cues- 
tiones tratadas en la correspondencia que venimos 
publicando; y en tal sentido transcribimos en seguida 
un párrafo de una carta de Kosas á Alberdi. 

Londres, Marzo 30 de 1858. 
Señor Dr. D. Juan Bautista Alberdi* 

Suplico á vd. me dispense la licencia que me to- 
mo al enviarle 20 ejemplares de mi protesta en tres 
idiomas. Esto es por si usted me hace el favor de 
hacer llegar los que de ellos crea conveniente, á las 
manos del señor General Urquiza. 

Como con el texto español, y el modo como lo di- 
rijí, hacen meses á las naciones en Europa y Amé- 
rica, he resguardado ya todos mis derechos, si ade- 
más he dispuesto esa publicación en tres idiomas, 
es solamente por el respeto que se merecen dichas 
Naciones, sus Soberanos y sus Gobiernos. He puesto 
el español en el centro, para la mejor comodidad de 
los lectores en las confrontaciones ; por que él me 
defenderá de la crítica mal entendida, y por que el 
texto español es el responsable, y al que en toda 
duda debe estarse. 

Juan M. de Rosas. 

40 



París, 7 de Diciembre de J868. 



A S. E. el señor Presidente de la Confederación 
Argentina, Capitán General D. Justo José de 
Ur quiza. 

Mi querido señor Presidente: 

Estoy en Paris desde algunos días, con- 
forme á la indicación de V. E., que me tras- 
mitió el Sr. Ministro, y á las miras de qué di 
cuenta á V. E. antes de ahora. He pedido 
una audiencia al Emperador, que ayer recien 
llegó de Compiégne, para presentarle mi cre- 
dencial de Ministro. 

Los acreedores ingleses do Buenos Aires 
y algunos negociantes relacionados con esa 
plaza, han presentado una nueva petición al 
Gobierno de S. M. B., á fin de que se oponga 
á la ley de derechos diferenciales, dada úl- 
timamente por la Confederación. La suscri- 
ben como veinte nombres, entre los cuales 
figuran los banqueros Baring y Rostchild. 
En el acto de saberlo, he dirigido una nota 
á lord Malmesbuiy (de la que mando copia á 



— 724 — 



nuestro gobierno), pidieado que el obierno^ 

S. M. deseche la petición, y coníorme á la neu- 
tralidad de que hace voto, se aletenga de int»- 
venir en una cuestión nu4>stiay enteramente 
doméstica. La respuesta de loni Malmesbmy 
et* tan reservada que no p&rmite entrevere) 
partido que piense tomar el GKtbierno Bri- 
tánico, Nuestro derecho es tan clai-o que yo 
no dudo que el Gobierno inglés se limiteá 
dejar ias cosas como están. Sin embargo, 
el paso (lado por negociantes de tanto influ- 
jo debí: darnos algún cuidado, y demostrarnos 
la necesidad de trabajar con actividad, en 
ilustrar la opinión del público iuglés, sobre 
el nuevo régimen de la Kepública Argenti- 
na. I*revaloce hasta hoy la ignorancia más 
completa sobro nuestras cusas por falta de 
publicacionea abuudantt's en inglés; y debe- 
mos temer un cambio en la política inglesa 
como consecuencia de eso erroi' de la opinión 
publica, si no nos ein|joiianio3 en combatir- 
lo ](or el uiediü indicado tantas veces á núes- 
tío (Jobienio. 

SirvHse fijarse V. E. en lo que acaba de su- 
ceder. Los bonos de Buenos Alies en Londres 
han subiiio del 78 en ijue estaban al 84 "/o. sin 
más motivo que lu noticia del descubrimien- 
to de oro ou lu provincia de San Luis. El 
Times y otros órganos de la liolsa presenta- 
ron á, San Lili» como parte integrante de 



-^725 — 

Buenos Aires. Pudo haber cálculo en ello, 
(pues El Times es propiedad de la casa de 
Baring en gran parte ), pero más hubo igno- 
rancia, pues el mismo periódico rectificó ese 
error él 23 de noviembre con datos que yo su- 
ministró. 

He tenido que fomentar igualmente algu- 
nas otras publicaciones en inglós, que remito 
á V. E. (por si conviniese reproducirlas en 
nuestros periódicos), con mis escasos medios 
personales á falta de otros. 

Por solicitud del General Rosas remito á 
V. E. adjunto un duplicado de los escritos 
que mandó por el vapor anterior. 

No ha llegado hasUi este momento á París 
la correspondencia del vapor de octubre, así 
es que no sé si tendré el honor de recibir 
carta de V. E. Tampoco le tuve en el va- 
por pasado, que ninguna correspondencia me 
trajo del Paraná. 

Por esta razón ignoro lo que haya de cier- 
to acerca de la noticia que ha corrido aquí, 
de origen brasileño, que el señor Carril es 
el candidato de V. E. para Presidente, y que 
la Vice- presidencia será admitida por V. E. 
Yo no creo en esta noticia, porque dudo 
que V. E. tenga una combinación fija des- 
de tan temprano. En materia de elecciones, 
los acontecimientos tienen siempre grande 
influencia; ellos forman en parte los candi- 



-72G- 



datos naturales, como inlluyon siempre las con* 
dicioiies del terreno en la formación del plan 
de una batalla, pues es difícil saber desde 
et principio de la campaua á qué general 
convendm dai' el mando del ala izquierda, 
y á cual el del ala derecha. V. E. rao per- 
donará »i esta comparación no es exacta. 

Como e.sta cnastion Íntei*esa á la vida de 
ta organización nacional, en que me ha ca- 
bido el honor de colaboiar, aunque humíldc- 
raento. espero que la amistad de V. E. me 
Itevar^i á bien que le hable acerca de ella. 
Yo creo que la combinación de que han 
habladii los papeles de Europa no seria la 
más útil para V. E. personal mente, ni para 
el país en general. Yo creo que la influencia 
de V. t!,., tan asencial á la vida de la Con- 
federación, sena mayor quedando del todo 
fuera del Poder Ejocntivo, es decir, rehusan- 
do ta Vice-presidencia. Solo como medio 
de parar el golpe del partido de Buenos Ai- 
rea servido por la elevación del señor Carril 
á la presidencia, hubiera sido permitido que 
V. E. quedase como Vice-prnsidente. Pero 
esta combinación, que es opuesta al sentido 
de nuestra Constitución, sería para V. E. 
muy filcil de evitar; y la mejor ilo todas se- 
ría quizá aquella en que no figurase ninguno 
de los hombres de E.stado que hoy fon 
el Poder Ejecutivo de la Confedera 



727 



aún en el rango de Ministros. V. E. lo con- 
siguiría fácilmente con solo invitarlos pú- 
blicamente á que imiten su ejemplo. Este 
hermoso antecedente haría que los miembros 
secundarios del poder se ocupan menos en 
adelante de cuestiones de elecciones, y se 
contraigan más al servicio de la República. 
Si V. E. quedase en la Vice-presidencia, los 
de Buenos Aires tendrían ese pretexto para 
decir que era el obstáculo para la unión. 

Estoy tan lejos de mezclar mi interés 
privado en esta manera de opinar, que si 
V. E. propusiese y el paíá aceptase para can- 
didatos á dos argentinos los más descono- 
cidos y modestos, con solo reunir los requi- 
sitos de honradez, simple buen juicio y amor 
á la patria, yo sería el primero en ir á 
servir á ese Gobierno de humilde agente, 
como estoy seguro de que lo serviría V. E. ; 
y de este modo no quedando herida ninguna 
ambición, no teniendo la misma Buenos 
Aires ninguna objeción que dirigir, todos 
con el apoyo de la gran influencia personal 
de V. E., y con su ejemplo de gran ciuda- 
dano, rodearíamos al nuevo Gobierno, y la 
Confederación iría adelante en el camino de 
prosperidad y regeneración en que V. E. ha 
tenido la gran gloria de colocarla. 

Sea cual fuere la combinación que pre- 
valezca, mi determinación es de respetar y 



— 728 — 

obedecer ciegamente al Presidente que re- 
sulte electo annqne fuese de mi entera de- 
safección. Yo no creo que podamos tener 
patria jamás, si esta manera de proceder 
no se extiende y arraiga entre nosotros. Por 
lo mismo que tengo esta determinación, creo 
tener doble derecho a discutir en tiempo 
oportuno las condiciones del candidato á 
quien le propino desde ahora mi respeto 
completo para despuca de electo magistra- 

do. o 

Saluda, et(!. 



AÑO 1859 



París, 7 de Enero de 1 859. 



A. El S. el Sr. Presidente de la Confederación 
Argentina, Capitán General D. Jusio José de 
Ur quiza. 

Mi querido señor Presidente : 

El 19 de diciembre tuve el honor de ser 
recibido por el Emperador Napoleón en cali- 
dad de Ministro de la Confederación Aigen- 
tina. Su acogida fué tan afable ó más aun 
que la que merecí de la Reijiia de Inglaterra. 
Ni remotamente aludió á las ocurrencias del 
año pasado. Me habló del gran porvenir á 
que estaban llamadas las provincias argen- 
tinas al favor de la paz. Yo le observé que 
la paz y el orden eran el objeto más caro 
de las aspiraciones del gobierno argentino, 
y que él los buscaba en el establetámiento 
de una sola autoridad para toda la Repiíbli- 
ea. Me preguntó el Emperador por Buenos 
Aires; le conteste que guardaba hasta hoy 
la actitud aislada que había querido tomar. 



do el rungo de Madrid ntüido nnestraa pro- 
TÓM^a» foeroa colonta saya.> Después de 
algunas otras paJabian generalea, coacluyd» 
dkáéodotoe qoe tenfaiosmáa vivos deseos i 
^Tor de la pro|Hedad argimtniA J ~ 

ridente actual de la Coofederacioi 

En Hos di3S sigoieates fui recibido á las 
visitas de estilo por el Principe Gerónimo, 
por el Príncipe Napoleón y por la Princesa 
Matilde. De todo ello hicieron mención los 
periódicos que remito á V. E 

El Príncipe Napoleón, qae parece on ] 
inclinado al general Rosas, me habló i' 
antigua ambtad de V. E. i^on éste. 1 
dije qae. á pesar del dosacaerdo en qc 
había colocado la marcha de los acoati 
mientes, V. G. oonservaba por él la estj 
cioi; y respeto debidos á la amistad j 
y al infort;unio presente. Le referí, en j 
ba de ello, el ofrecimiento de que yo ; 
baba de .ser (árgano, y él escuchó con pía 
lo que había hecho V. E. (') 

Sigo igualmente en el antiguo f 



— 733 — 

na armonía con el Conde Walewski, quién 
tiene un carácter muy bueno y nada vindi- 
cativo. Me ha sido muy fácil volver á es- 
timarle, cuando monos por la probidad que 
ha justificado absteniéndose de ejercer el 
influjo evidente del Emperador para exten- 
der en los Gabinetes de Europa la actitud 
que tomó el año pasado en los negocios del 
Plata, sin intención, ahora lo creo, de hacer- 
nos un agravio. 

Tengo el placer de decir á V. E. que para 
reatablecer las cosas á este pió, no he teni- 
do necesidad de hacer ninguna concesión in- 
digna. 

Tengo mucho gusto en participar á V. E. 
que en el Consistorio Romano del 23 de di- 
ciembre el Santo Padre ha pioclamado los 
Obispos para las diócesis de Córdoba, Salta 
y San Juan. El señoi- Filippani me escribo 
que continuaba activando las diligencias re- 
lativas á la diócesis del Litoral y al nombra- 
miento de su obispo. 

El doctor Campillo, nuestro Ministro para 
Roma, llegó á I^arís el 20 de diciembre, y 
pasará en estos días para su destino. En 
el instante coloqué en sus manos los G,000 
pesos que estaban depositados en Londres 
para gastos del Estado en cosas eclesiásticas. 
Justamente el señor Filippani acababa de 



or Campillo estaría pronto en Roma. 

He reríbído la noticia oficial del segundo 
nt¿h&'M) daíto por nnestro ^^iemo al tratado 
<H»e rtr\i-hrit en Madrid. Ksta vez me h& ím- 
pn-íi'rtuui'i menos, porque bu viat»! más claro 
el oriíjen de )a resistencia. PerRwto en creer 
í|U6 (jÍ único miembro del f^'>bÍenio qne 90 
incliiiHlm á mí e« natm-almenle V. E. Ten- 
go lumñanz^ en f,ne V. E. me conservara 
eaa actitud, que agradeíMxt y que retribuyo 
de l«>do corazón. Acepto, por otra parte, el 
ejemplo de independencia que me han dado 
los otros Bfeñores del gobierno oo cl seno de 
la m ai K'/^ru unidad política que ñas eati'ccha, 
y yo lo tendré pvesent* á mi turno caando 
llegue la ocanion de repetirlo. 

A poxar do la determinación que tenia 
de reiituiciar mi uiisiou á Españaparael ctiso 
d(^ «er ríichazado segunda vez el tratado, he 
ncoptndo la autorización que me acaba de 
dar el Gobierno para abrir de nuevo la ue- 
Kociacion, porque espero que el doctor Seguí 
t'i f'l doctor Peña traigan ¡I los consejos del 
finliirriui Hcntimientos mitaca prevenidos y 
inf'w inteligencia en esta cuestión. 

Croo que no tendré necesidad de moverme 



— 735 — 

de París para celebrar el tratado ; pero á fin 
de que la negociación no falle- por tercera 
vez, (lo cual daría mala opinión de nuestro 
Gobierno y de sus negociadores), pido por 
este correo á nuestro Gobierno que me mande 
nuevas instrucciones, claras, terminantes y de- 
talladas, sobre los puntos dudosos de la cues- 
tión. La falta de instrucciones en esa forma 
lia sido el origen en gran parte de que fallasen 
las negociaciones de Paraná y Madrid. La 
necesidad de dar instrucciones claras y lumi- 
nosas obligará á nuestro Gobierno del Paraná 
á estudiar detenidamente la cuestión con Es- 
paña, y á comprender los puntos difíciles de 
ella mejor que los han entendido hasta aquí 
los señores Gutiérrez, Carril, Derqui, López, 
etc. Me permito formar este juicio en vista 
de los motivos superficiales invocados para el 
primero y segundo rechazo. Oyendo al señor 
Campillo sobre este punto, no me ha quedado 
la menor duda acerca de la opinión que me 
permito expresar á V. E. en el seno de la amis- 
tad con que me honra V. E. 

Si V. E. se sirve recomendar la remisión 
pronta de nuevas instrucciones al Dr. Seguí ó 
al Dr. Peña (si estuviesen en el gobierno), 
estoy seguro de que tendremos tiempo para 
concluir un tratado sobre el reconocimiento 
de la independencia de la República Argen- 
tina, que V. E. pueda presentar al Congreso 



-736 — 



al conclair 8u Presidencia, como la corona 
de su grande obra, de la organización na- 
cional. 




CARTA DEL GENERAL URQ 

( PragmeDl') j 

Paraná, 24 de Agosto de It 
Exnuj. señor ductor don Juan B. Álberdi 
Mi muy distinguido amigo : 

A nadie acuerdo ni más competencia 

ni más interés en mis actos públicos, que á vd. 

Le adjunto unas cartas para el general 
Rotjas. 

Había pensado con algunos amigos de en- 
viarle una suma de dinero, poique me han 
dichoque está pobre. — Pero no lie querido 
herir su susceptibilidad, y le pido me diga, 
si aceptaría una demostiacion de esa clase 
Vd. cuidará de enviarme su contestación. — 
Yo no puedo dejar de prestarle la conside- 
ración que se merece un hombre que ha es- 
tado al frente dt; hi Nación y donde lia pres- 
tado servicios cuando menos por la energía 
con que siempre ha sostenido los derechos 
de la soberanía ó independencia nacioiL 
Jnd» José dtí Urgui^a■'* 



París, 7 de Febrero de 1869. 



A S. R. él señor Presidente de la Confederación 
Argentina^ Capitán General D, Justo José de 
Ur quiza. 



Mi querido señor Presidente: 

Por este vapor dirijo á nuestro Gobierno las 
tres bulas pontificias de los obispos procla- 
mados para las iglesias de Salta, Córdoba y 
San Juan. También remito las autorizacio- 
nes que ha dado el Santo Padre á los tres 
obispos, para dispensas de varios puntos de 
disciplina. Todo esto me ha sido enviado 
por el Sr. Filippani, nuestro antiguo agente 
en Roma, cuyo celo continúa obligando nues- 
tro reconocimiento hasta hoy mismo. 

Tengo el placer de incluir á V. E. cartas del 
señor Campillo, que llegó á Roma el 21 de 
enero sin novedad alguna. En estos prime- 
ros dias de febrero, debe ser recibido por el 
Santo Padre en calidad de Ministro. Te- 
niendo ya nombrados los obispos, desmem- 



47 



738- 



la diócesis de Buenos Aires, ^TTme^^ 
tas y corrientes nuesti'as relaciones políticas 
con la Santa Sede, yo creo que nuesti-o Go- 
bierno no debe hacer sacrificio alguno de 
nuestros principios constitucionales que inte- 
resan á la población y al comercio, si ha de 
ser esto indispensable para conseguir un con- 
cordato, pues Roma y toda la Italia están 
en vísperas de un sacudimiento que tendi'á 
la más alta inñuencia en el sistema de sus re- 
laciones políticas con los Estados católicos. 
Esta es la opinión que prevalece hoy en el 
mundo político. El estado de la Europa es 
sumamente critico y alarmante, sobre todo 
por lo que respecta á Italia. 

He presentado tres Memonindum á Jos 
gobieinos du Inglaterra, Francia y Cerdeña, 
explicando la situación y los deseos de! go- 
bierno de V. E. en la cuestión del tratado 
sobre indemnizaciones, que fué deaecliado 
por el Congreso; y las conversaciones que 
he tenido hasta aquí con el Conde Walews- 
ki y el Marques de Villamarina, Ministro 
sardo en Paría, me hacen esperar un resul- 
tado favorable. 

Doy cuenta detallada del estado de esta 
negociación á nuestro gobierno de Paraná. 

Aquí han llamado mucho la atenoiou eo 
el último mes Iob asuntos de San Juan. 
Aunque sin correspondencia de nuestro Go- 



739 



bierno acerca de ellos, he creído deberlos 
presentar como aparecen de los artículos 
impresos que acompaño á V. E. 

Yo miro ese hecho como el resultado de 
un plan sistemático que tiene su base y 
cuartel general en Buenos Aires. Ese sis- 
tema está en decadencia incurable, y todos 
sus excesos no harán más que acabarlo de 
hundir. Sus campanas de puñal no le da- 
rán mas que la ignominia del crimen, uni- 
da á la vergüenza de la derrota. Para ello 
creo que no necesitará V. E. salir de su mode- 
ración habitual. Bien desearía Buenos Aires 
vernos perder esa moderación inherente á 
la fuerza y á la justicia, que ha colocado 
tan alto el crédito político de V. E. dentro 
y fuera del país. La moderación, por su- 
puesto, no exclnyQ la energía de ciertas 
reprensiones, exigidas por la seguridad del 
orden público. 

Lo real y positivo es que el hecho de 
San Juan va á influir, pero no decidir tal 
vez en las elecciones de la Presidencia ve- 
nidera. En lugar de formar la candidatura 
definitiva, yo creo que la crisis producida 
por ese acontecimiento va á anular las can- 
didaturas que se habian formado ya. Los 
sucesos venideros en el curso de este año 
formarán el candidato que ha de prevalecer, 
pero no serán los sucesos de San Juan, se- 



gun creo. Tras eUo8 pneden venir otrósde 
más bulto. Si la alianza y la coopei-acíon 
del Braáil fuesen eficaces, yo creo quü la oae»- 
tion de Buenos Aires, tratada y resuelta mi- 
litarmente en el sentido de la iutegridad 
nacional, vendría á servir á la vez para ce- 
rrar de un modo brillante la Presidencia de 
V. E., y preparar de un modo íácil y sólido 
la Presidencia que viene. Hasta entonces es 
poí-ible que las combinaciones se sucedan 
unas á otras, y que difícilmente pueda tener 
V. E. una combinación fija. En elecciones 
como en guena (si V. E. me pennite esta 
comparación), uo se puede t^ner escrito el 
plan de batalla desde el día que principia 
la campaña. Se improvisa sobre el oampo 
mismo según las condiciones del terrena 
Muchas veces, cuanto más inesperado, más 
eficaz es el plan. 

Yo creo que un candidato que no salga 
del circulo de los hombres que forman el 
gobierno actual, será siempre mejor para la 
vida de la Constitución que ha proclamadu 
V. E. Será el medio de tener un gobierno 
que no necesite vivir luchando incesante- 
mente para conservar su existencia, y que 
que pueila ocuparse desahogadamente del 
interés dul país sin peligro de sucumbir. 

La fórmula px'eciosa con que V. E. dio prin* 
cipio á su gobierno, será siempre la mejor 



741 



regla para combinar el nuevo gobierno que 
le ha de suceder : — la fusión de todos los 
partidos, la fusión de todas las divisiones de 
la opinión y del poder, es decir, la verda- 
dera unión nacional bajo un solo gobierno 
común sin color de partido. Yo creo que el 
medio de hacer práctica esta fusión, sería 
poner á la cabeza de ella á un hombre que 
no haya sido ni unitario, ni federal: un ar- 
gentino, sin más color que el de argentino. 
Para esto, naturalmente, es preciso que no 
haya figurado de un modo remarcable en 
los partidos que han dividido la Repiiblica : 
es decir, tendrá que ser un hombre no muy 
conocido. Cuanto menos conocido, mejor 
podrá hacerse el centro de todas las entida- 
des }'' partidos encontrados, sin excepción de 
ningimo. ¿Por qué todas las capacidades, 
todas las notabilidades hoy en juego no po- 
drían ser invitadas de un modo más ó me- 
nos directo á seguir el ejemplo Wasliingto- 
riano de V. E? Es indudable que en Europa, 
en todas partes, en todo nuestro país, esto 
daría á V. E. y á nuestra República un nue- 
vo título de celebridad y aplauso. En nin- 
gún caso podría servir esto para dar ventajas 
á Buenos Aires. Al contrario, sería el me- 
jor medio de poner en ejercicio simultánea- 
mente y á la vez todas las capacidades que 
tiene la Confederación sin excluir ninguna. 



— 742- 



A la cabftza de ellas qui daiía siempre V. E. 
oomo el centinela glorioso del nuevo régi- 
men, protegiéndolo desde su puesto con la 
égida de su nombre y de su poder personal. 
Como esta cuestión interesa á la vida de 
la organización nacional, en que me ha ca- 
_ bido el honor de colaborar aunque humil- 
demente, espero que la amistad de V. E. 
me llevará á bien la libertad respetuosa que 
me tomo de ablarle confidencialmente acer- 
ca de ella. Estas elecciones decidirán de la 
vida de la Constitución, porque van á servir 
de antecedente para las eltccionss venideras. 
Si ahora se toman los candidatos del seno 
gobierno, ya podremos contar contjue ni 
Be tomarán de otra parte, y sucederá que^ 
gobierno vivirá la mitad de su periodo co¡ 
titucional, no tanto para los negocios vita- 
les de la Nación, cuanto para Ion intereses 
de su reelección más ó monos parcial. De 
modo que estas elecciones van á formar la 
jurisprudencia política que ha de salvar 6 
comprometer la Constitución, que V. E. tuvci 
la gloria de promulgar, y que puede llevar 
9U nombre á la posteridad con más segu- 
ridad que el recuerdo de siia victoria.^ milita- 
res, como le sucedió al general Washington. 



leras, 
cor^^ 



París, 7 de Marzo de 1859. 



A 8. E. el señor Presidente de la Confederación 
Argentina^ Capitán General don Justo José de 
Ur quiza. 



Mi querido señor Presidente: 

He recibido con muchísimo placer su in- 
teresante carta de 27 de diciembre. En cuan- 
to á su objeto principal, debo decir á V. E. 
que los gobiernos de Inglaterra y Francia 
están por ahora demasiado absorbidos en la 
cuestión de la guerra, que amenaza á toda 
la Europa, para que puedan contraerse á 
estorbar la acción de V. E. en la pacificación 
de Buenos Aires. En este punto, la buena 
estrella que acompaña á V. E. se muestra 
fiel á su pasado. 

¡ Ojalá no tuviéramos otro estorbo eficaz 
que el de estos gobiernos! Yo temo más 
que sea el Brasil el que nos impida obrar 
por la falta de su cooperación, que siempre 
temí por mi parte, y que veo en cierto modo 
confirmada por el resultado que ha tenido 



744 



la misión del doctor Peña con ocasión díí' 
cambio de Ministerio en Río Janeiro. 

Afortunadamente tiene boy V. E. en su 
mano un medio muy eficaz de estimular la 
alianza del Brasil, y es el de estrechar más 
y más la amistad de nuestro país con la Re- 
pública de los Estados Unidos, La oportu- 
nidad no puede ser más feliz. Los Estados 
Unidos tienen necesidad de la cooperación 
de V. E: para su cuestión con el Paraguay. 
En esa cuestión, su causa (la libertad fluvial ) 
es la nuestra. A cada instante los Estados 
Unidos nos dan pniebas de su amistad sin- 
cera por el gobienio de V. E. La obra del 
capitán Page, que acaba de publicarse ofi- 
cialmente eu Washington, está llena de elo- 
gios de un extremo á otro, á la adminiftra- 
cion y gobierno de V. E. 

El Brasil aceptará la alianza, que le im- 
pone la naturaleza de las cosas, y obj 
también como en 1852; pero no será 
á fuerza de estímulos pimzantes. 

Lord Malmesbury ha contestado á mi 
moranñum sobre la cuestión de iudemnizacio- 
nes, desechando la base del tratado de Es- 
paña, que le propuse para un nuevo convenio, 
por orden de nuestro Gobierno. «¿Cómo 
quiere vd. que esperemos un tratado más 
eficaz sobre esa base (me ha dicho), cuando 
también ese tiatado ha sido rechazado ? » — 



vax- 



745 



He remitido á nuestro Gobierno la copia de 
la nota de lord Malmesbury. He replicado á 
esta nota, insistiendo en la necesidad de en- 
sanchar las instrucciones del negociador in- 
glés y en el Paraná afirmando la sinceridad con 
que V. E. ha procedido en esa cuestión. Tam- 
bién mando copia de esta réplica, al Paraná. 

Los Gobiernos de Francia y de Cerdeña 
no han respondido todavia á mi Memorándum 
sobre la misma cuestión. No es de extrañar, 
porque son justamente los dos Gobiernos que 
están á la cabeza del movimiento que ame- 
naza conflagar toda la Europa. En esta si- 
tuación la Francia hace concesiones a la In- 
glaterra en toda cuestión subalterna, para 
conseguir su neutralidad, cuando menos en 
la guerra contra el Austria. La situación de 
Italia no es la causa, es la ocasión de la gue- 
rra inminente. 

El Santo Padre acaba de dar un paso de 
mucha gravedad. Ha expresado al Austria 
y á la Francia el deseo de que sus ejérci- 
tos salgan de los Estados Pontificios. Como 
el Papa no tiene apoyo en su pueblo, la eje- 
cución de esta medida sería el principio del 
movimiento. Todo depende á esta hora de 
la negociación pacifica que ha entablado la 
InglateiTa para ver de someter á la diplo- 
macia la solución de la cuestión, en lugar de 
entregarla á las armas. 



— 746- 



En la semana entrante se sabrá el del 
lare de esa negociación. 

En esta situación en que el Papa 
senta como á la vanguardia del peligro ge- 
neral, el señor doctor Campillo ha iniciado 
líi negociación de nuestro Concordato. Pero 
muy felices seríamos, si la situación fuese el 
único ob3tácuIo. Lo notable es que el Santo 
Padre ha manifestado recelos de que nuestra 
Constitución no permita llevar á cabo el 
Concordato, por el poder que ella da al Pre- 
sidente de conceder el pase ó retener las 
bulas pontificias. Es probable que el doctor 
Campillo haya trasmitido esto misino á V. E. 

He comunicado al gobierno de Madrid que 
nuestro ÍToblcrao no acepta el tratado firma- 
do con España. He explicado lealmente 1 
dificultades con que ha tropezado, y el dex 
ardiente de V. E. por concluir uu trat^ 
que concilie los deseca legítimos de tos i 
países. Con las bases que V. E. me ind! 
en su carta, estaría yo casi seguro de ( 
cluirlo; pero tengo necesidad de esperar I 
nuevas instrucciones que he pedido al Pa- 
raná, para prevenir nuevos tropiezos. Es 
tiempo que yo hable á V. E. toda la verdad 
en este asunto : nuestros amigos políticos, el 
señor Carril y el señor Gutiérrez no han en- 
tendido ni entienden absolutamente la cues- 
tión de la deiula, y con sus nociones desa- 



747 



certadas han hecho tomar á nuestro país una 
posición que no es sória en la cuestión de 
España. Nada me sería más fácil que poner 
esta verdad al alcance de la capacidad más 
humilde; pero, respetando mi puesto, no he 
debido hacerlo. 

Tengo el sentimiento de anunciar á V. E. 
que ha muerto el señor Dickson, nuestro 
Cónsul general en Londres. La República 
Argentina, 3^ el Gobierno de V. E. especial- 
mente, deben mucho al apoyo leal y lumi- 
noso que nos prestó ese hombre honrado ante 
la opinión y ante el gobierno inglés. Ha 
muerto de resultas de la impresión que hizo 
en su carácter pundonoroso el embargo aten- 
tatorio y ultrajante puesto por la autoridad^ 
de Buenos Aires á su casa sucursal de esa 
ciudad. Deja una gran fortuna, y su nom- 
bre rodeado de la mayor respetabilidad. He 
pedido á su hijo don Spencer Dickson, que 
hacía de Vice-Cónsul, que siga hecho cargo 
del Consulado, hasta que nuestro Gobierno 
nombre un Cónsul general. Me permito hacer 
presente a V. E. que es preciso tener sumo 
cuidado eji elegir la persona que ha de ejer 
cer ese Consulado, por la influencia de su 
respetabilidad personal en todas nuestras em- 
presas que se inician en Londres para ca- 
minos, empréstitos, vapores, etc. Cuando yo 
vaya en este verano á Londres, ine infor- 



748- 



maré atentamente, y trasmitiré al 
datos seguros para nna elección act-rtada. 
Sería sensible que se repitiese lo de Ply- 
month, donde pe nombró un Cónsul por in- 
dicación del señor Buschental. Necesito decir 
íi V. E. confidennialmento que esto amigo no 
tiene ni una sola relación de fundamento en 
Inglaterra. 

El General Rosas ba recibido con mucho 
entusiasmo la carta de V. E. del mes de di- 
ciembre, á juzgar por la que él me escribo 
á mí, acompañándome para V. E. la 
tengo el gusto de incluirle. 

Tengo que molestar la atención de V.] 
con un negocio que me es personal. Si V. 
no me dá el apoyo de su influjo cerca de 
nuesti'on amigos políticos y colegas de V. E. 
en el gobierno de Paraná, acabarán por ven- 
cer y arruinar á su muy atento y segu»> 
servidor de V. E. No bien ha concluido et 
pleito por el tratado con España, cuando ya 
me suscitan otro por sueldos y asignaciones, 
en que me presentan como deudor de ocho 
mil y tantos pesos, que yo ecbré y que me 
fueron pagados el año pasado sin ob8er\-a- 
cion alguna, por asignaciones que me acuer- 
da la ley de sueldos diplomáticos, y por 
gastos autorizados anticipadamente por mi 
gobierao. 

He cobrado últimamente mi sueldo 



i 



„ 749 — 

segundo semestre de 1858. Pero al ordenar 
su pago, me previene el Ministro, por or- 
den del Vice-Presidente, que el dicho pa- 
go se me hace por avance de sueldos, estando 
ya pagado dicho semestre con 8.475 pesos que 
se me entregaron antes porque se me debían 
y que más tarde se han declarado abonados 
indebidamente. La hostilidad de esa con- 
tabilidad me hace creer necesario señalar á 
los ojos de V. E. la prevención personal que 
la usa como medio de venganza, en daño 
del servicio público. 

Es preciso estar muy prevenido en efecto, 
para llamar indebidamente abonado lo que se 
me ha pagado para gastos de instalación 
de ministro, y como sobresueldo por estar 
acreditado en dos cortes. La ley de suel- 
dos diplomáticos autoriza estos dos gastos 
por palabras claras y terminantes. La ne- 
cesidad que he tenido de hacerlos no se 
puede ocultar á nadie. El señor Carril me 
instaba porque me recibiese de Ministro. Me 
recibo en ese rango, y ahora me niega los 
medios de instalarme como Ministro. Me 
censuraba porque no iba bastante á la socie- 
dad, y ahora me niega los medios de con- 
currir á ella con el decoro que corresponde 
á nuestro país. Si hay una táctica ó un 
cálculo de economía en esa conducta do nues- 
tros amigos políticos, más juicioso sería que 



■ 750 — 



3 enviasen mis cartas de retÍi*o, 
cion á que el país no puede costear una Le- 
gación en Europa, ó á que j'o uo sé servirlo 
á gusto de nuestros amigos. Soy uno de 
los empleados que nada ahorra ni gana por 
su industria privada, de modo que si el em- 
pleo que tengo, ademas de tomarme todo mi 
tiempo y de estacionar mi bolsillo privado, 
me ha de servir para adeudarme y arnii- 
narme, yo creo que podría ser más útil A 
V. E. y al país sin necesidad de pasar por 
este sacrificio. He tenido que escribir un 
despacho de cuatro pliegos, que dirijo á nues- 
tro gobierno, sobre este asunto especial. No 
necesito mas que un poco de atención de 
parte del gobierno para que mi derecho sea 
reconocido, como sucedió en otro reclamo 
que hice en 1857 de otro error de contabi- 
lidad, por el que se me desconocía una can- 
tidad semejante á la que se me niega hov. 
Esa atención me sería dada, si V. E. tnbie- 
ae la bondad de escribir una palabra al Pa- 
raná. 

Antes de concluir esta carta, acabo de 
recibir una nota de lord Malmesbury, res- 
pondiendo á mi última réplica en támiinos 
que no nos dejan esperanza de que el go- 
bierno británico pase por otras bases de arre- 
glo de la deuda de indenmizaciones, que 
las contenidas en la convención de 21 de 



751 



agosto. Yo creo, según esto, que V. E. 
debe ir acostumbrando á los miembros del 
Congreso á la idea de someter de nuevo á su 
aprobación la misma convención en la se- 
sión de este año. A pesar de esto, yo voy 
á proponer la otra base que me indicó el 
gobierno para el caso de ser rechazada la 
primera, á saber : — la reducción á siete años 
del término para el pago con una rebaja de 
30 Yo del capital, sin intereses por el tiempo 
pasado. 

Acaba de llegar el correo del Plata, por el 
(|ue no tengo carta de V. E. hasta este mo- 
mento. El señor doctor Seguí me comuni- 
ca que el señor Vice-Presidente ha rehusado 
la aceptación por parte del gobierno á una 
letra por 2.800 pesos, que giró por desfalcos 
y pérdidas sufridas en el cobro y traslación 
de mis haberes el año pasado. ¿No cree V. E. 
que por el decoro mismo de esta Legación 
habría sido más digno que el gobierno acep- 
tara esa libranza, como anticipo de sueldos 
cuando menos, ya que le parecía inaceptable 
el cargo por desfalcos ? — El hecho es que, por 
esa determinación del señor Cari'il, el Ministro 
argentino en Europa no recibe el sueldo de 
9.000 pesos que le asigna la ley, sino 8.000 
aproximadamente. Yo veo, mi querido se- 
ñor Presidente, que mi posición es insoste- 
nible con la actitud que el señor Carril guarda 



— 752 — 

hacia mi, y seré feliz si pnedo realiz; 
esperanza de acompañar á V, E. en este em- 
pleo hasta el fin de su Presidencia. 

Veo con placer que nada desagradable 
ocuiTía en nuestro país á !a salida del último 
vapor. Quiero creer que !a salud de V. E. 
y todos sus interesantes planes marchan con 
la mayor felicidad. Con estos sentiniientoe 
tengo el placer de repetirle mí amistad apa- 
sionada y respetuosa, etc. 




París, 7 de Abril de 1859. 



A S. E. el señor Presidente de la Confederación 
Argentina, Capitán General don Justo José de 
Urqui£^a. 



Mi querido señor Presidente: 

Los gobiernos de Francia, Inglaterra y 
Cerdeña se han puesto de acuerdo en su cues- 
tión de indemnizaciones con nosotros. To- 
dos han adherido al partido tomado por In- 
glaterra de insistir en la base que el gobierno 
argentino suscribió. en la Convención de 21 
de agosto, rechazada por el Senado. Ellos 
esperan que el Senado, solicitado de nuevo 
por V. E. modificará su primera determina- 
ción. En ese sentido ha escrito el gobierno 
inglés á su Legación en el Plata por el pa- 
quete de marzo, y en el mismo escriben por 
este vapor de abril á sus Legaciones los go- 
biernos de Francia y Cerdeña. 

Todos mií^ esfuerzos, que no han sido pe- 

48 



754- 



qneños, han podido menoe que Io9 informes 
del señor Christie. y que la reflexión siguiente 
qae parece ser el motivo principal de sn de- 
termi nación. 

Habiendo yo presentado á Inglaterra el 
cuadro de los tratados amencanoíi cou His- 
pana, como el precedente de deieclio ameri- 
cano que servia de apoyo á la opinión del 
Senado argentino, para excluir los intereses 
por el tiempo atrasado, en op^^siciou á los tra- 
tados ingleses que alegó el señor Christie para 
reclamar esos intereses, han creído estos go- 
biernos que si ceden á la Confederación Ar- 
gentina en este punto (como tal vez sería su 
deseo), van á crear nn antecedente qu 
ría reclamado por todas las otras repñbticaa 
americanas con quienes tienen hoy CU( 
nes pendientes la Francia y la Inglaterra 
motivos de la misma naturaleza. 

Por otra parte, no tienen fé en que el 
greso acoja mejor la nueva convención 
se hiciera que la del 21 de agosto. La 
de deuda interior sancionada hasta hoy 
por una Cámara, no ha sido suficiente pam 
calmar su desconfianza. Ocurre también que 
en Venezuela el Congreso rechazó mi arreglo 
parecido por maniobras secretas del Gobier- 
no que fueron conocidas; y aunque de V. E. 
tienen estos gobíeinos una opinión muy alta, 



bticaa 



— 766 — 

ese precedente no ha dejado de hacernos 
daño. 

En esta situación de cosas me permito 
decir á V. E. que, según mi opinión, nues- 
tro gobierno debería acudir de nuevo al Se- 
nado para pedir la reconsideración del tra- 
tado de agosto, en vista del compromiso de 
honor en que está nuestro gobierno, y de la 
actitud que han tomado los gabinetes do 
Francia, Inglaterra y Cerdeña. El gobierno 
de V. E. ganaría mucho con este paso, y el 
honor de nuestro país, lejos de perder por 
él, ganaría la consideración que viene siem- 
pre del cumplimiento de todos los deberes 
pecuniarios. 

Esto no quita, en mi opinión, que nues- 
tro gobierno, al dirigiise de nuevo al Con- 
greso, no pudiera introducir alguna modifi- 
cación dirigida á contemplar la susceptibilidad 
del Senado. A este respecto diré á V. E. 
que si los agentes de Inglaterra, Francia y 
Cerdeña que residen ahí no reciben faculta- 
des para aceptar ú ofrecer otra base que la 
del Convenio del 21 de agosto, se les ha 
prevenido al menos, si no estoy mal infor- 
mado, que en todo caso oigan y trasmitan 
las proposiciones y reparos que haga nuestro 
gobieino. Según esto, aunque los Ministros 
extranjeros presenten como base fija y de- 
-finitiva la del Convenio de 21 de agosto, yo 



creo qne 



en úldmo ca<ü estos | 



desecbanan alguna modificacioii Joata y | 
cional que tóese necesaiia país c 



exigencias 



coDtrarías. Estas 



xiooea y algunas otras hagüí á naeBtro gobier- 
no en mi comonjcacion oficial de t^sta fecha. 

Ei Santo Padre retrocedió, ó modificó so 
piñoiera declaración, que todo el mundo b> 
mi^ como la expresión terminante de sa de- 
aeo de ver desalojadn su territorio por loe 
ejércitos de Francia y Austria. 

El hecho es qae e! gohiemo de Roma si- 
gue esi&tiendo bajo la protección ile esaa 
dos fuerzas estranjent^ prontas á darse de 
balazos en el mismo terrítorío qne están am- 
parando. Parece qne la preferencia del go- 
bieiiio de Roma por el Austria es* tan indu- 
dable, como la del pueblo es favorable á. la 
Francia. 

Lo cierto es que por un camino ú otro, 
por los rongresos ó por los ejércitos, loe 
E>tadi<s del Papa y de toda Italia van á i'e- 
cibir proftindos cambios en su sistema de 
gobierno. En *sa situación, es casi una 
fortuna para nosotrns que la obstinación y 
sequedad de Roma haga impracticable el 
Concordato que nuestro país ha deseadlo y 
propuesto con tanta nobleza. Como sabrá 
V. E.. muy poco ó nada ha adelantado nues- 
tro amigo ei doctor Campillo en sus negocia- 




— 757 — 

ciones en aquella corte, y temo mucho que 
lio saque más fruto positivo que la experien- 
cia práctica de las cosas de la Curia Roma- 
na, y lo imposible de conciliar sus exigencias 
con los intereses y principios del derecho 
moderno de América. 

El Congreso de la Europa se reunirá próxi- 
mamente, á fines de abril. Aunque hay es- 
peranza de una solución pacífica, ella no es 
grande, y se teme que prevalezca el deseo 
atribuido á Francia y Cerdeña de un desen- 
lace militar. 

En estas circunstancias graves, el minis- 
terio inglés está en crisis y acaba de disol- 
ver el Parlamento por un conflicto ocurrido 
en la cuestión electoral. 

Tanto Lord Malmosbury como el Conde 
Walewski, Ministros de Negocios extranjeros 
de Inglaterra y Francia, asistirán como re- 
presentantes de estos países al Congreso eu- 
ropeo. 

Este sería un momento muy á propósito 
para que yo fuese á España á ver de con- 
cluir en 20 dias ó un mes el tratado de re- 
conocimiento do la Independencia, á fin de 
que la administración de V. E. deje al país 
este nuevo servicio. He recibido una nota 
del gobierno de Madrid, en que me expresa 
su buena disposición á entrar en nuevas ne- 
gociaciones, pero prefiere que yo me trasla- 



-768- 



de á esa Corte, por las i-azotu« que «ia en 
Hu nota, de que mando á V. E. copia. Tam- 
bién le mando copia do la nota que yo paeé 
á Madrid, anunciando la deNaprobacioa del 
tratadlo por mi gubíemo, [>orr)ne importa que 
V. E. cím(tZ2a w'nno lie llevado este iiegx.«.'i.i, 

3ue ha do haci-r mucho papel en la historia 
e 8U administración y en la vida puMicn 
de V. R., Si no me engaño. 

El tratado con E»paña será la base v pun- 
to do partida para obtener bnenos an«gto8 
con Uoma en negocios eclesiásticos; y .sobre 
indemnizaciones, con luglatena, Francia y 
Cerdcña. No ha do tener menos trascenden- 
cia en nuestra cuestión con Buenos Aires- 
Es muy difícil que Roma se sienta dispuesta 
á hacer concesiones importantes á una repú- 
blica americana, cuyo Ministro en esa Corte es 
desconocido en su cai'áctor de tal, p<:ir el Em- 
bajador de Eiípaña, á causa de que esa Monar- 
quía (á quien la misma Santa .Setle, concedió 
la propiedad de las Ameritas) no ha i-econocí- 
do todavía la Independencia argentina. DificU 
será que la Inglaterra y la Francia consientan 
en hacer un nuevo tratado para el pagode in- 
demnizaciones, sobre la 6(7Stí que yo estipuló en 
el tratado español, oonio lo he propuesto por 
orden del señor Carril, mientras no vean 
ese mismo tratado concluida y convertido en 
verdad práctica. 



769 



Por todos estos motivos estoy casi deci^ 
dido á ir á España por unos 20 días, aunque 
no tenga por ahora más insti-uociones nue- 
vas que las breves pero muy sensatas indi-» 
caciones que me ha hecho V. E. en su carta 
de 27 de diciembre sobre los puntos de la 
deuda y de la ciudadanía. 

El reconocimiento de la deuda de tesore- 
ría, que el señor Carril ha rechazado absolu- 
tamente, porque no entiende la cuestión de la 
deuda, es una condición de sentido común y 
aun de honor para nuestro país. Chile y Ve- 
nezuela la admitieron en sus tratados, pero 
nadie la admitió con más extensión y lar- 
gueza que el Brasil en sus tratados con Por- 
tugal, relativos á su independencia. Pues 
bien, lejos de perjudicarse por ese reconoci- 
miento, esos tres países de la América del 
Sur son los que tienen más crédito finan- 
ciero en Europa. 

Yo desearía mucho que V. E. hablase so- 
bre este punto con el señor Varnhagen, Mi- 
nistro del Brasil que ha residido en Madrid, 
y que ahora va con el mismo carácter al 
Paraguay. Este caballero es digno de las sim- 
patías de V. E. y de nuestro país, por la ge- 
nerosa cooperación que me prestó en Madrid 
para conseguir el reconocimiento de la In- 
dependencia. Permítame V. E. recomendár- 
sele á ese título, á la par que como un sabio, 



— 760 — 



cuyos trabajos hacen honor á la América del 
Sur. El sale para América por este vapor 

Me permito enviar á V. E. varias publica- 
ciones del último mes que se refieren á nues- 
tros negocios, y que sería útil tal vez repro- 
dacir en nuestras prensas, apoyando unas y 
refutando otras. 

Me es agradable decir á V. E. que la 
Constitución que acaba de darse Venezuela 
contiene muchos principios que prueban el 
influjo que ha ejercido el ejemplo de la nues- 
tra. V. E. podrá veiificarlo por el ejemplar 
que le envío. 

El señor Lefebvre de Becour reclamó de 
V. E. una vez. (') contra las corresponden- 
cias do Mr. Mannequin que publicaba el 
Nacional Argentino, algo hostiles al gobierno 
de Francia. Bueno sería que V. E. señalase 
á la atención de ese Ministro, las que pu- 
blica La Patrie de París, remitidas de Bue- 
nos Aires ó preparadas por el señor Balcarce 
con frecuentes ataques, algunos de ellos á la 
persona de V. E. Aquí yo no lo reclamo 
al gobierno, porque no sería cuerdo, pero lo 
hago refutar y contradecir en el momento. 
Baenos Aires continúa haciendo gastos «a 
propiciarse la prensa de Europa, en tanto 
que el señor Carril ha impedido que el 



a lia Urqulu & Alberdl il 



— 761 — 

biemo del Paraná me reconozca los gastos 
que he tenido que hacer con fondos pei-sona- 
les para escdtos que eran indispensables á 
la defensa y crédito de nuestro gobierno. 

Al acabar esta carta, tengo el grandísimo 
placer de recibir la comunicación de V. E. 
del 17 de febrero, en que viene un abrazo 
de triunfo, que siento tener que contestar des- 
de 2.000 leguas, en lugar de la dicha de 
dárselo pei*sonal mente. La paz entre el Pa- 
raguay y los Estados-Unidos, debida en gran 
parte al prestigio personal de V. E., es una 
gloria que tendía eco en todo el mundo la- 
tino. Decuide V. E., que j-o tendré buen 
cuidado de hacerlo resonar bien por acá, en 
el honor de nuestro país, y de la persona 
gloriosa de V. E. Por el efecto que ha pro- 
ducido ya en el Brasil, no dudo que ese gran 
resultado, nos dará pronto la feliz solución 
de la cuestión de Buenos Aires, y de la cues- 
tión no menos gi'ave de la Presidencia que 
viene, que V. E. está llamado á resolver por la 
alta influencia de su prestigio. Tengo fé 
que V. E. lo hará con la altura de corazón y 
de miras que ha puesto siempre en todas 
las grandes cuestiones de nuestro país. 

Como no tengo ni quiero tener secreto pa- 
ra V. E., me permito enviarle un impreso 
sobre la cuestión de elecciones, que hasta 



hoy ea ooufidenuial y privado á peaar dé 
ser impioso. Nadie tiene otro ejemplar. (') 
He tomo la libertad de mandar á V. K, dos 
ejemplares de. él en e! seno de la amistad con 
<]ue me honra. Dudo (¡iieel piihiico argentino 
IJegvie A cono«etlo, peio 8u autor quedará 
satisfecho con ijue lo conozca un hombre 
público de tanto patriotismo y tanta buena 
fó como V. E. Lo que puedo aseguiar a V. 
E-, e.s que ese impreso ha sido inspirado por 
iguales sentimientos. V. E., es árbiti'o de su 
publicidad ó reserva. 

Nuestro Gobierno me ha mandado instruc- 
ciones ])ara el tratado con E.spañn, que se 
aproximan nmeho d los puntos indicados por 
V. E. en sn caita de 27 de diciembre, ('} y me 
permito decirle, sin cumplimiento alguno, que 
más discretas y sensatas bon las indicaciúnos 
de V. E-, porque se contraen á la sustanciii, 
y dejan ai negociador las libertades de for- 
ma que son necesarias, cuando se trata de 
coordinar exigencias contrarias, como suce- 
de en todo tratado de paz. Sin embargo, 
yo voy á emprendei' la negociación, con la 
confianza de que V. E. podrá añadir á la lista 
de sus grandes servicios, la de haber con- 



-lEclitor.i -mm 

a de Urqnísü qua pnbUMMÜ^H 



— 763 — 

seguido el reconocimientx) de la Independen- 
cia argentina por España. 

Estos Gobiernos van á estar absorbidos por 
cuatro meses en las grandes sesiones del Con- 
greso de la Europa, y V. E. no debe temer 
que embaracen su acción en los grandes tra- 
bajos de centralización nacional que ocupa- 
rán su actividad fecunda en este año. 



París, 6 de Mayo de 1859. 



A S. E. el señor Presidente de la Confederación 
Argentina^ Capitán General don Justo José de 
Urqu^J^a. 



Mi querido señor Presidente: 

Por todas partes los acontecimientos de 
este año favorecen las miras nacionales de 
V. E. en el sentido de reinstalar la integri- 
dad del país. El desenlace pacífico de la 
cuestión de San Juan, el de la cuestión del 
Paraguay en que la Confederación ha ga- 
nado más que los Estados Unidos, el de la 
revolución de Chile que nos asegura la amis- 
tad importante del gobierno de ese país, y 
el desarrollo que viene á tener nuestra alian- 
za con el Brasil por la influencia de los actua- 
les acontecimientos de Europa, son eventos 
que ponen en manos de V. E. la solución 
segura de la cuestión de nuestra integridad 
nacional y de la formación de la presidencia 
que viene. 



-766 — 



La temidít guena entre la Francia y e! 
Austria ha dado ya piincipio. El Austria, 
eludiendo el Congreso pacificador que se pro- 
yectaba, dirigió un uÜimatiiin ¡í la Cerdeña, 
para que respondiese en tres días si desar- 
maba ó 110, bajo la amenaza do la guerra 
en el último caso. Aceptada la guerra por 
la Ceidtiña, loa ejércitos de Francia se lian 
trasladado iimiediatamente á su territorio, 
donde la aparición délos austriacos no se ha 
hecho esperar; ile modo que las hostilidades 
están ya principiadas. 

T.a guerra es por ahora entre Francia, Aus- 
tria y Cerdeña, ó mas bien Italia. Lasde- 
mas potencias do primer rango quedan neu- 
trales. Pero como los intereses que la guerra 
■ tiene por objeto son esencialmente europeos, 
es muy dificil que la guerrtt deje de volverse 
general. 

La Toscana acaba de proclamar su adhe- 
sión al Piamonte. Módena y PaiTna han se- 
guido su ejemplo. 

En Roma han empezado ya las demos) 
oiones populares, contra el Austria. 

Los soldados fiance.ses que la ocupan 
podrán impedií' un movimiento popular en 
favor de la causa por la cual pelean los mis- 
mos franceses, unidos á los italianos en Cer- 
deña. El Santo Padre no dejará el Vaticano, 
pero su poder temporal corre mucho peligro 



'1 



— 767 — 

desde ahora, por nna necesidad de la guerra 
de la independencia italiana, que su carác- 
ter sacerdotal no le permite satisfacer por sí 
mismo. 

Es una nueva fortuna de V. E. y de nues- 
tro país que sus intereses modernos, garan- 
tidos por la Constitución, no se hayan com- 
prometido en un con(*ordato concluido bajo 
las ideas que prevalecen hoy en la Curia 
romana, deque V. E. .^erá instruido á su tiem- 
po por el Di*. Campillo. Vienen circunstan- 
cias en que podremos obtener un concordato 
que concilie los intereses de nuestra religión 
con los de nuestra patria; como se hallan 
conciliados en la Constitución do Mayo. Yo 
no extrañaría que nuestro amigo el Dr. Cam- 
pillo tuviese necesidad de dejar á Roma en 
algunos dias. 

De esta situación general de los gobier- 
nos de Europa, resulta para V. E. la ven- 
taja de tener completamente libre y desem- 
barazada su acción política en la cuestión 
nacional con Buenos Aires, por todo este año 
cuando monos. El Brasil, si quiere obrar 
conforme á los tratados de 1867, puede estar 
bien seguro que estos gobiernos no se ocu- 
parán de contenerle la mano. 

En estos dias, como previne á V. E. antes 
de ahora, salgo para Madrid, con el objeto 
de concluir la negociación del reconocimiento 



-768 — 



de uuestra Independencia. Ojalá pueda con- 
seguirlo á tiempo, para que V- E. pueda agre- 
gar este nuevo título á los muc)ios y glan- 
des aervicios al país, que harán memorable su 
gobitirno en la historia de la Repúbiica Argen- 
tina. En el eatado en que se halla la ne- 
gociación, no creo que tendré necesidad de 
quedar muchos días en España. Por otra par- 
te, la absorción completa de estos gobiernos 
en la cuestión de la guerra europea mo per- 
mitirá ausentarme sin el menor inconveniente. 

El General Rosas, si he de creer on sus 
palabras, se ha alegrado muchísimo del triun- 
fo diplomático obtenido por V. E. on la cues- 
tión del Paraguay. Remito á V. E, el duplica- 
do de .su carta, que fué por el vapor anterior 
dirigida desde Inglaterra directamente, por 
falta de tiempo para mandarla á Francia á 
fin de incluirla en mi correspondencia. 

Los periódicos de la Confederación, laa 
cartas del Plata y de Chile, y sobre rodo los 
perii^dicoa de Europa inspirados por d Brasil; 
hablan de un plan de reelegir á V. E. en la 
Pieaidencia que viene, por un voto nacional, 
derogatorio de la Cnuíititucion, on nombre da 
la necesidad públita. Al mismo tiempo dicen 
que los pcriúdicu.4 inspirados por V. E. han 
desmentido la existencia de ese plíu: 
contrario á la Constitución. 

Yo no sé lo que !o.i aeonteciuiientoa i 



769 



den llegar á legitimar llegado el caso de una 
crisis que amenace á la vida de la Con- 
federación. El peor de los expedientes pue- 
de á veces ser justificado por la necesidad 
suprema de salvar la suerte del país. 

Si esta necesidad lo exigiese alguna vez, 
por no quedar otro expediente, no por eso 
el empleo de él dejaría de ser una medida 
muy peligrosa para la gloria de V. E. y para 
la suerte de nuestro país. Aquí se asegura, 
y muchos lo creen, que el consejo de esa 
medida emana de entidades extranjeras á la 
patria argentina. En el interés de esta pa- 
tria, que V. E. y yo amamos tanto, permí- 
tame, mi querido señor Presidente, que le 
cxprece respetuosamente una opinión sobre 
lo que se podría hacer en el caso de de una 
crisis, en lugar de de emplear aquel expe- 
diente de que tanto se habla desde ahora. 

¿ Quién podría desear con más sinceridad 
que yo, que V. E. continuase en la Presi- 
dencia por uno ó dos períodos más? — Basta 
decir que yo considero una desgracia el que 
la Constitución no lo permita. Si cuando 
j^o escribía el proyecto en Chile, hubiese es- 
tado seguro de que V. E. sería electo Presi- 
dente, no me habría atrevido á proponer el 
principio de no reelección para aprovechar 

■ 4« 



de una candidatura tan feliz, en favor de la 
organización y de la paz de nuestro pais. 

La adopción de ese principio solo prueba 
la completa impersonalidad con que se ha 
discutido y dado la Conatitucion. Pero una 
vez dada y aancionada con tanta gloria, te- 
nemos que respetarla, si queremos que se 
tenga respeto de nosotros. 

Y justamente porque deseo que V. E. pro- 
siga á la cabeza del gobierno de nuestro país 
por muchos años, yo celebraría que V. E. no 
aceptase una reelección que podría conside- 
rarse como revolucionílria. Si alamos son 
sinceros en la adopción de esa idea, yo creo 
que se equivocan completamente en la elec- 
ción del medio de conseivar á V. E. á la 
cabeza del país. Los hombros del Brasil po- 
dran desearlo tal vez con sinceridad, pero 
dudo mucho que aconsejen á su Empera- 
■ dor el servir al Imperio por un camino día- 
metralmente opuesto á la Conatitucion de sü 
país. 

Lo que yo no dudo es que loa agentes bra- 
sileros en Europa anunciarían con satisfac- 
ción sardónica, que V. E. había aceptado la 
derogación de la Constitución que tuvo la 
gloria de promulgar, y que contiene princi- 
pios que fuerzan al Brasil á reformar su Cons- 
titución imperial en el mismo sentido qae 1» 



771 



nuestra, so pena de quedar desierto y atra- 
sado, si no adopta muchos de nuestros prin- 
cipios. 

Vo}^ á peí mitirme expresar á V. E. la com- 
binación que á mi ver sería de preferir, en 
el caso que los acontecimientos de Buenos 
Aires se desenvolviesen favorablemente á lu 
integridad de la República Argentina. El 
influjo de V. E. podría hacer recaer la elec- 
ción de Presidente en un vecino honrado, 
militar ó civil, aunque no fuese conocido sino 
como hombre honesto, ya fuese de Entre- 
Rios ó de otra provincia argentina, y aun 
d(^ la misma Buenos Aires, con tal que tu- 
viese la completa confianza de V. E. Yo no 
exchiiría de ese rango aun simple coronel, 
á un simple hacendado. Dirían tal vez que 
esa elección era una farsa para cubrir la re- 
tención del po ler real y efectivo en manos 
de V. E. No importaría que lo dijesen. En 
la misma ficción no podría dejai*se de ver un 
homenaje do respeto tiibutado por V. E. á 
la ley fundamental. La crítica sería acallada 
y vencida en nombre de la conveniencia pu- 
blica, palpada por todos. 

Bajo el gobierno de ese presidente cons- 
titucional se procedería á la reforma de la 
Constitución, aunque fuese antes de los diez 
años, si así lo rcqueiía un interés supiemo 



1 i>átria. Máa excusable sería 
Clon ijue no la otra; porque esta reforma 



in sacn- 
nientrasj 

quo flV 



aunque inconstitucional, al fin sería hecha 
por una convención y no por el jefe del 
podee ejecutivo; y en ella se vería un sacri- 
ficio hecho á la paz y á la unión, mientras 
que la otra se presentaría como an 
de ambición. 

Aunque hay muchos puntos en quo 
Constitución es digna de reforma y conven- 
dría reformarla, sería político invocar como el 
primero ó tal vez único motivo de proceder á 
ella, la necesidad de facilitar la reincorpora- 
ción de Buenos Airea en el seno de la unioQ 
federal. Al tiempo de hacer la reforma, se 
podría establecer el principio do la reelección 
del presidente. Una vez proclamada de nue- 
vo la Constitución revisada, se procedería 
naturalmente á elegir nuevo presidente y 
V. E. podría volver al poder por doce años 
máa, llamado por todos los prestigios de glo* 
ría y de legalidad de que su nombru se pre- 
sentaría rodeado por los acontecimientos, y 
por la necesidad de conservarlo en el mando 
del país Gonciliado de ese modo con ej res- 
peto á ].i ley fundamental. 

En lugar de este ú otio expediente pare* 
cido. una medida del Estado del estilo de U^ 
del 2 dediciembí 



773 



prometería todo á mi ver. Por de pronto ten- 
dría tal vez un buen resultado material ; pero 
la moral de la causa empezaría á resentirse 
desde ese día. Los enemigos de V. E. se ha- 
rían de una arma poderosa como un ejército 
paia sus planes de revuelta. En Europa, en 
Estados Unidos, en Inglaterra especialmente 
peí riería mucho la buena opinión que se tie- 
ne de nuestra causa. Se comprende que en 
Europa haya tenido buen éxito el golpe de 
Estado por el cual Napoleón suprimió la 
Constitución republicana para conservar el 
poder. La República, en Europa, era un 
contrasentido. Suprimirla era restablecer 
las cosas al orden natural. Pero suprimir 
la Constitución republicana en nuestro país, 
sería, al contrario, como anular el único go- 
bierno posible. 

La ausencia de V. E. del poder, por un 
tiempo más ó menos corto, quitaría á los di- 
sidentes de Buenos Aires el pretexto que 
alegan para continuar desunidos y probaría 
que la Constitución que V. E. había dado 
al país era un benficio real y un verdadero 
título de gloria. 

Si me equivoco en la idea que me permito 
someterle, ruego a V. E. se sirva perdonar- 
me y no ver otra cosa en mi sugestión, que 
el interés patriota y amistoso que me la ins- 



pira. Yo no aspiro á nada, yo no trabajo 
contra nadie. En todo lo que me permito 
opinar oficiosamente delante de V. E., lo hago 
con el mayor respeto de mi conciencia y do la 
verdad, que interesa á la patria argentina. 
Si yo concentrase mi interén privado, estaría 
á ciegas porque V. K. coiuimiase en el poder, 
no iinpoi-ta por qué medio. Pero ya cieo que 
todos los interesen bien entendidos, aconsejan 
buscar en la Constitución misma, el niediú 
menos chocante, de conservar á V. E. a\ (rea- 
te de los destinos de la Nación, por iin puriodo 
largo; y esta es la mira de la convención, 
que he tenido el honor de indicarlo. 

El influjo de un triunfo diplomático obteni- 
do en el Paraguay, «e ha hecho sentir ta- 
vürablemente en la opinión de estos gobieiTios 
y de la prensa euiopea ; pero en ninguna parte 
con más brillo que en loa Estados- Ünidua, 
donde los primeros porióriicos couiparivn á 
V. E, con Wasliington. Me anuncia como con- 
secuencia de ese resultado, un gran movi- 
miento de capitales y de empresas industria- 
les de loa Estados-Unidos, hacia los países 
del Rio de la Plata. 

Como los papeles y los agentes del Brasil 
habían anunciado que la mediación del Im- 
perio, daría concluida la cuestión del Paia- 
guay, cuando ha venido la uotifia de que 



775 



ese triunfo era obra exclusiva de V. E., los 
órganos brasileros, un poco desconcertados de 
que ese honor no pertenezca al Brasil, se han 
contentado con asegurar que el Ministro bra- 
silero había concurrido á la par de V. E. á 
obtener ese resultado. 




V 



d 



Aragón (España) 2 de Juaio de 1859. 

A S. E. el Sr. Presidente de la Confederación Ar- 
gentina, Capitán General D. Justo José de ür- 
quijga. 

Mi querido señor Presidente: 

Hoy he dado principio á las negociaciones 
con el gobierno de España, y no hemos tro- 
pezado con dificultad que me haga esperar 
un mal éxito. — Es muy posible que el tra- 
tado vaja en tiempo en que el Congreso de es- 
te año pueda aprobarlo, lo cual haría mucho 
bien al crédito del gobierno de V. E. — La 
disposición do este gabinete en favor nuestro, 
es siempre muy noble 5^ muy amistosa, á lo 
cual ha contribuido mucho, la excelente y 
fina acojida que V. E. dio últimamente al se- 
ñor Creue, ministro español en el Plata. El 
escribió á Madrid de un modo muy favorable 
á V. E. y la Reina se ha informado de todo 
ello con la mayor detención, quedando parti- 
daria decidida de V. E. 

El mismo Ministro de Relaciones Extran- 




jeras, me ha encargado de trasmitírselo i 
V E. — Lostle Buenos Aires trabajan hoy 
mismo con má" actividad que la primora 
vez on cruzar mi negociación ; pero j'o respon- 
do á V. E.. de que esta vez serán todavía 
menos felice» que en la nasada. 

En su sobrino de V. E., nuestro cónsul ge- 
neral en lladrid, Ue enuontrado siempre la' 
misma noble y generosa cooperación a favor 
de nuestro gobierno que en la pasada nego- 
ciación. 

La guerra do Francia con Austria marcha 
lentamente, pero con ventaja en favor de Ib 
primera. Hasta hoy no se ha generalizado 
lagneira, pero no falta temores deque estn su- 
ceda. El 7 de junio sr abre el nnevo Parla- 
mento británico, y pocos dias d&spues sea 
brá si subsiste ó no el ministerio de 
Derby, No seda improbable que tuviese 
gar un cambio de gabinete. De todos i 
dos eso no sucedería sino cuando haya p» 
el término de la negociación que hoy me t 
ne en España. 

El Rey de Ñapóles tio de la Keina do Espfti 
ha muerto, y el nuevo gobierno ha proclama 
su neutralidad en la presente guerra. Yo jj 
mito á nuestro gobierno {lo hará el señor "^ 
leus desde París), la pi-oclama de la Reina J 
Inglaterra, participado á todas las Legación 
sobro la neutralidad que se propone guan" 



779 



en la cuestión. La Reina aunque neutral 
también, se muestra adicta ala Francia. Pero 
toda esta neutralidad no impide que estas na- 
ciones se armen á gran prisa como lo están 
haciendo y se preocupan de tal modo de la gue- 
rra actual, que se les tomaría por verdaderos 
beligerantes. 

Así no tema V. E. que la política de estas 
naciones distraiga su atención y mucho menos 
sus fuerzas, para poner obstáculos á los esfuer- 
zos de la Confederación en favor de la causa 
de su centralización ó integridad. 

Estoy lleno de curiosidad, por saber el gi- 
ro que lian tomado los planes de V. E. en los 
meses que están corriendo. 

Esta carta irá por la via de Portugal, y ma- 
ñana escribiré al Ministro de Relaciones Ex- 
tranjeras de V. E. por la vía de Inglaterra, 
pero no podré hacerlo oficialmete. 

Es posible que mi carta venidera vaya da- 
tada de París con la noticia ya de estar fir- 
mado el reconocimiento de la independencia 
argentina por España. 

Entre tanto, tengo el gusto de repetirme 
<le V. E. su mejor amigo y apasionado ser- 
vidor. 



París, 7 de Agosto de 1859. 

A. S. E. el señor Presidente de la Confederación 
Argentina, Capitán General, D. Justo José 
de TJr quiza. 

Mi querido señor Presidente: 

El 16 de julio firmó en Madrid el nuevo 
tratado de reconocimiento de nuestra Inde- 
pendencia, que lleva no obstante la fecha del 
9 de julio por una condescendencia del gobier- 
no español. A los dos días de suscribirlo salí 
para París, donde me detengo solo para des- 
pachar este vapor, en que doy cuenta al go- 
bierno de mi misión á España, y para hablar 
con el gobierno francés sobre el carácter de 
la mediación que se propone ejercer de acuer- 
do con Inglaterra entre la Confederación y 
Buenos Aires. En seguida pasaré á Londres 
para hacer otro tanto, con aquel gobierno, 
y poner á Lord Jhon Russell bien al cabo 
de nuestra política. 

El cambio de ministerio en Inglaterra me 
tomó en Madrid, cuando me hallaba á punto 



782- 



lie concluir el tratado; pero tal cambio no 
habría importado nada, si la paz firmada 
repentinamente no hubiera devuelto á estoe 
gobiernos la libertad de atención que les 
permite ocuparse de nuestros negocios le- 
janos. 

Nosé todavía con precisión lo que se pro- 
pone el gobierno mgléa. Desdt España es- 
cribí á Lord John Russell. expresándole nues- 
tra esperanza de que mantendría la política 
inglesa favorable á la integridad argentina. 
He contestó favox'ableniente. como se ve 
la nota que mando en copia á nuestro 
bierno. 

Al llegar á París, le he escrito nuevanien 
te, haciéndole observar que si se aciedita 
un Ministro cerca de Buenos Aires, Icjns de 
servir esa medida para conseguir la paz que 
desea el gobierno inglés, solo serviría para 
alejarla, porque ese paso daría alientos á la 
resistencia de Buenos Aires. También mi 
do á nuestro (^.obierno copia de esta no! 
Puede ser que mi nota ejerza algún infli 
en el modo como se acredite al agente 
glés que debe mediar entre los dos paj*tii 
argentinos, 

íío he recibido todavía reapuesta. 

Por el Gobierno de Francia he sabido 
siguiente sobre este asunto; — La Francia' 
obra de acuerdo con la Inglaterra en eatíi 



ina. I 



783 



mediación, me ha dicho el señor Benedetti, 
subsecretario de Estado del Emperador. La 
mediación se reduciría simplemente á propo- 
ner á los dos partidos próximos á hostihzarse. 
los medios de arreglar sus diferencias pací- 
ficamente, sin imponerlos de ningún modo, 
y dejando á la libre voluntad de ellos el ad- 
mitirlos ó no, sin que en este último caso 
estén dispuestos á emplear medios de otra 
naturaleza los gobiernos mediadores. El se- 
ñor Benedetti me aseguró que al constituir 
osta misión especial, no se hacía variación 
ninguna en el modo con que estaban acre- 
ditadas al presente las Legaciones de Fran- 
cia é Inglaterra ceica de la Confederación. 

Los hechos probarán á V. E., antes que 
yo lo sepa, si esta declaración es cierta ó no. 

Si V. E. me permite expresarle mi opi- 
nión, yo creo que no habría inconveniente 
en aceptar y aprovechar de la mediación, 
con tal que sea de modo que no perjudique 
á la integridad política de nuestra nación, 
es decir, con tal que los agentes mediadores 
de Francia é Inglaterra no vayan acredita- 
d(>s cerca del gobierno de Buenos Aires en 
la forma que se emplee cerca de un Gobier- 
no nacional é independiente. Creo que este 
punto debe examinarse con mucho cuidado 
antes de admitir la niediacion. No debemos 
olvidar que ella ha sido acordada en virtud 



784- 



de una petición de tos misuioa uegociantf 
que ahora un año solicitaron, movidos 
Álsina. que so enviase simplemente un 
nistro inglés A Buenos Aires- Debemos te- 
mer que la mediación uo sea más que un 
pretexto pava conseguir aquella mira, qw 
tenía por objeto erigir indirectamente á Bu 
nos Aires en nación independiente. ' 

Si los mediadores deben obrar con facul- 
tades del género y en la foinia que obró 
Monsieur Chriatic- antes de ahora; es decir, 
si la mediación fuese compatible con el res- 
peto de nuestra integridad política, yo creo 
que V. E. podría tratar de conseguir por 
medio de ella lo iiiisrao que buscaba por me- 
dio de la guerra, á saber: — la integridad 
de la República, ó bien sea la incoi'poracion 
de Buenos Aires, 

Poro si el intei'és de eata integridad tniei 
hiciera imposible aceptar la mediación, 
creo que V. E. podría destícharla con ■ 
respeto y con las formas dignas que VyT 
conoce, sin temor de comprometer la amistad' 
de estos gobiernos. Aunque es verdad que 
ellos nunca echarían mano de la fuerza; estA 
determinación, sin embargo, solo sería i 
veniente en un caso indispensable. 

Si V. E. creyese deber docidirae por'ií 
guerra, yo creo qne convendría hacerla i 
dísima y eficazmente, porque si el resulta 



— 785 — 

vacilase ó se hiciese esperar, habría peligro 
de que estos gobiernos considerasen á la Con- 
federación sin medios suficientes para subor- 
dinar á Buenos Aires, y se determinasen al 
fin á reconocer á esta provincia como nación 
independiente, creyendo que de ese modo 
cortaban la guerra de raíz. Algo he traslu- 
cido de esto intento. Si el gobienio de Al- 
sina se apercibe de ello^ hará esfuerzos he- 
roicos por prolongar la resistencia. V. E., 
mejor que yo, comprenderá que en tal caso 
no deberíamos omitir ninguno para vencer 
presto. La erección de San Nicolás en pro- 
vincia separada, por un movimiento expon tá- 
neo de su población, podría damos la victo- 
ria con mediación ó sin ella, pues debilitado 
Buenos Aires en su extensión territorial, im- 
pediríamos que fuese reconocido como Estado 
por los Gobiernos de Europa. 

La Francia sigue en este punto la ini- 
ciativa inglesa, en mi opinión. 

En Inglaterra hay que distinguir dos cosas 
en este negocio : — la intención del gobierijo 
es una ; y la de los peticionarios es otra. 

La intención ulterior de los que han pe- 
dido la mediación es un sueño: es que la 
Confederación se incor[)ore en Buenos Aires, 
y que ese puerto vuelva á tomar los cinco 
millones de renta de aduana de toda la 

5() 



-78G — 



República, como en otro tiempo, pava que 
pueda pagar los intereses y amortizar Ja deu- 
da inglesa f|ue gravita sobre esa provincia, 
y para que las casas de comercio de Buenos 
Aires vuelvan á ser, como en otro tiempo, 
las únicas casas coosignatarias de boda la 
República, 

Los tratados de libertad fluvial que hacen 
imposible el restablecimiento de cae rtrden 
de cosas, deseado por los acieedores y por 
los comerciantes ingleses de Buenos Airea, 
imponen al Gobierno inglés que firmó esos 
tratados una política diferente, y poco favo- 
rable naturalmente á esos intereses perse- 
guidos por los comerciantes que explotaban 
los monopolios antiguos de Buenos Aires, 

No es de creer que el (.íobieino inglés 
piense salir de esta política. 

Cediendo á la petición, en cierto modo, 
habrá querido complacer á personas de in- 
fluencia, que perteuecen al partido que hoy 
está en el Ministerio. Una de ellas es el señor 
Baring, dueño en gran parte del Times y 
miembro influyente del Parlamento. Es uno 
de los que han apoyado la petición. La casa 
de Baring representa en Inglaterra el 
dito de 14 millones de pesos tuertes que da 
Buenos Aires á Inglaterra. 

Ayudados por la razón, que en Inglate- 
rra es un poder yo espero que conseguiremos 



— 787 — 

desvirtuar todos esos manejos. Lo sensible 
ea que en Inglaterra el público no conozca 
nuestras cosas argentinas. Mucho tiempo 
hace que escribo á nuestro gobierno sobre 
la necesidad de traducir y publicar en inglés 
todos los escritos y documentos que han ser- 
vido para ilustrar la opinión de nuestro mis- 
mo país. Pero hasta ahora no se me han 
facilitado los medios que indiqué para ello. * 

El medio de interesar á los ingleses en la 
suerte de la Confederación tanto como lo es- 
tán en la de Buenos Aires, sería pedirles un 
empréstito de 6 ó 8 millones de pesos, que nos 
servirían para hacer el ferrocarril de Córdo- 
ba, el cual podría ser hipotecado. El es un 
medio de probar ante estas naciones el de- 
recho que tiene la Confederación para su- 
bordinar á Buenos Aires á la ley de la ma- 
yoría nacional del pueblo argentino, pues en 
ese tratado la España renuncia y trasfiere sus 
derechos antiguos de soberanía en todo el 
suelo argentino á favor del gobierno de la 
Canfederacion. Esta razón no podría ser con- 
siderada de poco peso por estas naciones 
que tanto respetan el derecho tradicional. 

El tratado con España nos es útil bajo 
muchos otros aspectos. El es la llave en cier- 
to modo, de nuestras relaciones con la Corte 
de Roma; puede sor la base y apo3^o de 
nuestros arreglos sobre indemnizaciones con 



-788- 



los gobiernos de Inglaterra, Francia y Oftr- 
deña. Ha sido celebrado en confonnidad 
con las instiucciones últimas dc-1 Gobierno 
Argentino y con las indicaciones de V. E. en 
su carta de. , . 

lieconocida la deuda de Tesorería hasta 
el 26 de mayo do 1810 como ha sido, no 
entran en ella los gastos de la gueria de la 
Independencia. La deuda podrá sei' pagada 
en papL'l de deuda consolidada, ó en tierras 
públicas, á nuestra elicciun para ¡siipago. 

Al disentir las bases de mediación, podria 
proponerse esta idea como condición, paia que 
la república acepte como suya la deuda inglesa 
de Buenos Aires, y yo creo que los peticio- 
narios no la desecliarian desde que la viesen 
apoyada por los consejos del gobierno in- 
glés' En lugar de obtener pequeños emprés- 
titos por la segunda mano do agentes des- 
conocidos, valdría mas solicitarlos de frente, 
oficialmente, como baee Baenos Aires, como 
liace Chile, dirigiéndose á los primeros ban- 
queros do la Europa. Se obtendrían quizá» 
con más ventajas, y el empréstito obtenido 
en gran escala ayudaría al prestigio y cré- 
dito de nuestro país, en lugar de que los 
préstamos pequeños solo sirven para hacer 
sospechosos su crédito y sus reeursos, y no 
nos d;'.n la amistad de acrcedorL'S influye] 



789 



El acreedor del tesoro público es siempre un 
amigo del gobierno. 

Para este negocio de la mediación el tra- 
tado con España viene á tiempo. 

Al reconocer la deuda he admitido más 
bien el principio en que ella descansa, pues 
en el tratado no reconocemos cantidad, ni 
prometemos pagar tal ó cual suma, y se deja 
entender que esta deuda, ya reconocida an- 
tes de ahora, fué pagada en su mayor parte. 

En el punto sobre ciudadanía el tratado 
cita nuestra ley argentina como una de las 
reglas que han de gobernar esa materia. 

Conociendo todo este negocio á fondo, co- 
mo lo conozco, sabiendo perfectamente lo que 
he hecho al suscriba- el tratado, y habiendo 
procedido con la rectitud que V. E. me co- 
noce en todos mis actos públicos, no vacilo 
en decirle que el país y nuestra causa gana- 
rían muchísimo con la latificacion y sanción 
de ese tratado. Permítame decirle, aunque 
parezca jactancia, que muchas Repúblicas 
de Sud-Amóiica mejor paradas que la nues- 
tra difícilmente conseguirían un tratado tan 
ventajoso como el del 9 de julio. Básteme 
decir á V. E. que ninguno de los tratados 
concluidos antes de ahora por las Repúbli- 
cas de América con España, contiene con- 
cesión ó ventaja alguna que no nos esté con- 
cedida á nosotros por el nuestro. 



— 790 — 



Ruego A V. E. que se haga leer la nota 
que dirijo á nuestro Gobienio, explicando 
todaft Jas circunstancias del tiatado. 

Ahora, por respeto á V. E. y por el interés 
de nuestra causa, me permitirá defender á 
uno de sus soldados, á quien se ática en sus 
intereses y en su honor en nombre del Go- 
bierno á quien está sirviendo. Ese soldado 
es su muy atento servidor. El Ministerio me 
ha enviado unos papeles de la Contaduría, 
para convencerme de que he cobrado suel- 
dos por duplicado. Estos papeles, mi que- 
rido señor Presidente, lejos de sei' mis li- 
bramientos, mis recibos ó documento alguno 
que justifiquen el doble pago, son simplt'S 
dichos de la Contaduría, que podrían ser ca- 
beza de un proceso que merece el empleado 
que asi trata el honor de un funcionario de 
mi clase, y que así conduce la contabilidad 
de su cargo. La letra original de Buschen- 
tal que devuelvo inutilizada, y la falta com- 
pleta de libramiento ni recibo dado por mi 
6 por apoderado mío por la suma con que 
se pretende pagado mi sueldo de la última 
mitad de 1857, son pruebas que ponen íl la 
Contaduría en la responsabilidad de esclare- 
cer de un modo forma! este punto, que in- 
teresa á la dignidad de la administración. 
Por mi parte, yo repito al Gobierno con do- 
ble convicción que no he cobrado ni se ma 



791 



ha pagado indebidamente un solo real de 
sueldo ; y iiiego á Y. E. se persuada dé esta 
verdad. 

Después de escrito lo que precede, he te- 
nido una entrevista con el conde Walewski, 
en la que me ha dicho que la mediación con- 
certada con la Inglaterra, para lo cual cuen- 
tan con el concurso del Brasil, no altera en 
nada el modo como hasta aquí han estado 
acreditadas los legaciones de Inglaterra y 
Francia cerca de la Confederación. Me ha 
expresado con más claridad el objeto de la 
mediación. « Es más que mediación, me ha 
dicho, lo que nos proponemos hacer. Que- 
remos hacer servir toda nuestra acción moral 
para reunir en un solo Estado la Confedera- 
ción y Buenos Aires, para unirlos á ustedes 
en una sola nación. Si nuestras bases fuesen 
desechadas, no só lo que podría sobrevenir ; 
y temería que las cosas nos condujesen á le- 
conocer la mdependencia de Buenos Aires. > 

Yo tomé estas últimas palabras como sim- 
ple amago para estimularnos á recibir bien 
la mediación, c Por lo demás, le dije yo, 
el fin de la mediación no puede menos de 
agradarnos, porque es exactamente lo que 
el gobieino argentino se propone realizar 
por medio de las anuas, y su acción será 
benéfica si se sabe entablar de modo que no 




— 7fl2 — 



alarme ni comprometa ta «nsceptibilidad ^ 
iuterós legítiino de la Nación Argentina. > 

Si la (lorTota de Hornos es efectiva, como 
el señor Baudrix me manda decir, y la gue- 
>Ta hubiose comenzado ante^ que llegue la 
mediación, esta podrá servir á V. E. para 
concluir por nügociaciones diplomáticas los 
triunfo» coineiizadoB por las armas, como aca- 
ba de liaoer ni Emperador Napoleón en la 
paz de Villatranca con el Austiia. 

Esta nueva peiipecia de nuestra cuestión 
me liace creer que V. E. debe atraei-se de 
nuevo las sinpatíaa y la confianza del Brasil, 
para ganar por esto medio las de estos go- 
biernos, que obran de concierto con él; y 
me alegraría muchísimo que fuese cierto lo 
que he oído decir que el Ministro inglés en 
Montevideo, encargado de mediar por S. M. B., 
es amigo y afecto á V. E. 

Saluda, efcc^ 



París, del 5 al 7 de Diciembre de 1859. 

A. S. E. el Sr. Presidente de la Confederación Ar* 
gentina, Capitán General D. Justo José de Ur- 
quíj^a. 

Mi querido señor Presiden te: 

El telégrafo de Lisboa nos anticipa la bri- 
llante noticia de un triunfo de V. E. sobre 
los disidentes de Buenos Aires, que probla- 
mente ha puesto á esa provincia en sus ma- 
nos á estas horas. No conocemos hasta este 
instante detalle ninguno, porque la corres- 
pondencia aún no ha llegado. Los momentos 
3^^ las cuestiones que vienen para nuestro país 
son de la mayor importancia. No puedo 
prescindir de entrar en algunas considera- 
ciones, siguiendo mi hábito de acompañar á 
V. E. en todas las peripecias de su impor- 
tante carrera. 

En este mes, llegando una prevención de 
nuestro gobierno, había dirigido yo una Me- 
moria á los gobiernos de Francia é Inglate- 
rra, explicando los motivos y miras de la 



-794- 



campaña que V. E. tei-mina con tanta glo- 
ria. Aunque el interés de estos gobiernos 
coincide completamente con el de la Con- 
federación Argentina en el deseo ile ver 
concluida la cuestión que divide á nuestro 
país, no sería de extrañar que ellos tuvie- 
sen que objetar algo al triunfo militar de 
V. E., en cuauto él contraría la solución 
pacífica que habían ofrecido como media- 
dores. Hasta ahora no tengo motivo cierto 
para temerlo. Esperando recibir mi corres- 
pondencia, he querido evitar do hablar con 
estos señoras, hasta no conocer el estado en 
que quedaban nuestras cosas. Una mala dis- 
posición en estos gobiernos sería de temer 
on el caso que la ciudad de Buenos Aires 
resistiese, que fuese necesario sitiarla, y qvie 
Alsina 86 propusiese explotar una de esas 
resistenciaB troyanaa que él conoce de oficio. 

Por este motivo convendría que V. E. no 
omitiese diligencia para propiciarse la con- 
fianza y simpatías de los agentes extranje- 
ros allí establecidos, pues sus infonnes con- 
tribuií'án mucho á arreglar la conducta de 
estos gobiernos. 

En el caso que hubiese sitio y la guerra 
se prolongase alrededor tle la ciudad de 
Buenos Aires, yo creo que sería n 
de prevenir ó de evitar cualquier a 
tranjero que pretendiese darse á la : 



— 795 — 

dencia de esa provincia con aspiraciones de 
Estado, el suscitar y proclamar la erección 
de San Nicolás en provincia independiente 
de Buenos Aires, y unirla á las demás que 
forman la República Argentina. 

Si, por el contrario, V. E. hubiese triunfa- 
do del todo sobre Buenos Aires, yo creo que 
convendría altamente á la seguridad perso- 
nal de V. E. y á la suerte de la Confedera- 
ción que no prolongase mucho su pennanen- 
cia en el seno de esa ciudad. 

Con otra administración local que no sea 
la del doctor Alsina, fácil será celebrar un 
pacto provisorio para la reincorporación de 
Buenos Aires, sobre las bases más ó menos 
que V. E. admitió en las varias tentativas 
de unión hechas antes de ahora hasta la re- 
visión de la Constitución. Quizá esa revisión 
misma, aunque precoz, sería un paso con- 
veniente, si el favor de circunstancias felices 
nos permitiese operarla hoy mismo en el inte- 
rés de robustecer más y más el poder nacional. 

Entretanto creo que convendrá mucho á 
V. E. aprovechar á gran priesa de la victo- 
ria para tomar ciertas medidas, que son muy 
difíciles en tiempos normales. Tales serían 
las de revocar todas las promociones consu- 
lares y diplomáticas para el extranjero, he- 
chas por Buenos Aires; retirar el exequátur 
dado por su Gobierno local á los cónsules 



-796 — 



allí residentes, y concederlo de nuevo en nom- 
bre de la nación ; tomar posesión de los ar- 
chivos y trofeos nacionales que han quedado 
en Buenos Aires como antigua capital de 
la Nación ; hacer qne esa provincia retire su 
protesta contra los tratados de libertad flu- 
vial, etc., etc. 

He remitido á nuestro Gobierno copia de 
la Memoria á que arriba aludo, dirigida á los 
gabinetes de París y Londres. Lord John Rus- 
sell y el señor CoUAntes, Ministro de la Reina 
de España, me han contestado ya en términos 
muy comedidos. Antes de salir de Londres, 
tuve el guato de poner en contacto con ese 
grande hombre de Estado al señor Yancey, 
Ministro de los Estados Unidos, que ha pre- 
sentado aquí las cuestiones del Plata del mo- 
do más favorable y honroso á V. E. En este 
momento debe hallarse ya en Estados Uni- 
dos de Norte América. 

Mi contento de ver á V. E. revestido 4 
esta nueva gloria, es indecible. 

Lo celebro como si yo mismo hubiese coi? 
seguido esa victoria; lo celebro por la suerte 
de nuestras instituciones, que van á tener 
en ella una nueva y biillante garantía. 

Saluda, etc. 



AÑO 1860 



I 







I 



París, 6 de Enero de 1860. 

A S. E. el señor Presidente de la Confederación 
Argentina, Capitán General D. Justo José de 
TJr quiza. 

Mi querido señor Presidente: 

Permítame V. E. tener el honor de abra- 
zarle de nuevo por el reciente triunfo que 
nos comunica este vapor : — el tratado victo- 
rioso de paz que restablece la integiidad de 
la República Argentina y pone fin á su úl- 
tima campaña. El telégrafo de Lisboa nos 
dá esta noticia en globo, pues no hemos re- 
cibido nuestra correspondencia hasta esta 
hora. 

Su última campaña es tan brillante y fecun- 
da, que si se hubieran perdido los títulos que 
dan á su nombre para ser recordado por la 
posteridad, — la conclusión del sitio de Monte- 
video, la destrucción de la tiranía de Rosas, la 
libertad de los afluentes del Plata, la Constitu- 
ción de un gobierno nacional, y tantos otros 
grandes hechos, — bastaría ella sola, (la úl- 
tima campaña) para hacer inolvidable el 
nombre de V. E. en la Historia de América. 



— 800 — 

Destruyendo á Rosas, V. E. libertí^ á la 
América de un escándalo; venciendo á l09 
que le liahían sucedido en sti política de aisla- 
miento y restableciendo la integridad argen- 
tina, V. E. lia salvado un principio q\ie in- 
teresa á la América entera. (') 

No pretendo lisonjearle, mi queiído señor 
Presidente. Me permito expresarle la ver- 
dad de las impresionéis de entusiasmo que 
ha producido en mi espíritu su reciente cam- 
paña. No conozco ni puedo juzgar la parte 
militar de ella, sino por dos hechos que sal- 
tan á los ojos; el primero es que no ha te- 
nido aliados exti anjeros ; el segundo es que 
ha vencido completamente en todos los terre- 
nos. Haber concluido un tratado de paz te- 
niendo los medios de acabar al adversario 
con las armas, es un hecho que liiu:e alto 
honor á su talento y á su corazón de pa- 
triota ; porque siendo hermanos nuestros los 
vencidos, no hubieía sido feliz que asistiesen 
enlutados al seno de la vida común y soli- 
daria en que vamos á entrar en adelante. 

Celebrando esa paz por la mediación del 
Paraguay, que busc/i V. E., en lugar de ha- 
cerlo por la mediación enropí 
Buenos Airea, V. E. ha obter 



801 



triunfo para el honor de América, y dado una 
buena leccioniá los gobiernos de Europa, que 
parecían cansados de apoyar la noble causa 
de la integridad argentina. Todos en Eu- 
ropa, americanos y extranjeros, han compren- 
dido y estimado el mérito de esa política de 
V. E. — El conde Walewski mismo, al saber 
sus victí)rias de Cepeda y Martin García, me 
dijo que con tal que diesen por resultado 
la paz del país, las aplaudía completamente. 
— En cuanto al Gobierno inglés, su aplauso 
no debe sernos dudoso; pues salvando la 
integridad argentina, aunque sea sin la me- 
diación de su Ministro, V. E. ha obtenido lo 
que el Gobierno inglés ha deseado constante- 
mente sentir por su política leal para con 
n oso tíos. 

Hoy sé que la InglateiTa ha obrado na 
todo ese negocio de la mediación, solo por 
complacer á la Fiancia ó al conde Walewski, 
que solicitó su concurso. 

Ahora estamos ansiosos de conocer las con- 
diciones y bases de la paz, el modo cémo 
Buenos Aires entra en la unión, la influen- 
cia que todo esto ejeiza en la composición del 
nuevo gobierno nacional. Pero nos basta sa- 
ber qu(í siendo todo ello obra principal del buen 
sentido y del bn(?n patriotismo do V. E., no 
podrá menos do ser tan feliz y acertado como 

51 



— 802- 



todoa los grandes hechos anleñores qoc e!' 
progreso argentino ha conseguido |x>r su 
brazo. 

La fortuna viene en nuestro apoyo por 
todas partes. El Conde Walewskí, que fii¿ ol 
grande apoyo de Buenos Aires en esta cor- 
to acaba de sahr del Ministeiio de Relaciones 
Exteriores. ;lebÍendo suceílerle en su rango 
el señor Tbouvenel, Embajador fi"ancós en 
Constan tino pía al presente. Se dice que este 
cambio ha tenido origen en incidentes que 
se refieren á la cuestión de Italia. La apro- 
bación á la revolución liberal de Italia que 
el Emperador Napoleón acaba de dar por 
un panfleto anónimo inspirado por él, ha pro- 
ducido á más de ese. otros notables eventos 
en Europa: uno de ellos es la retardación del 
Congreso de todas las potencias qu'.^ debía 
celebrarae en París en este mes. Los po- 
deres retrógrados parecen haberse alannado 
un poco con el liberalismo de la política 
religiosa de Napoleón IIL ■ De todos modos 
se considera ya coniu inevitable la ¡¡érdida 
del poder temporal del Papa, si no en su 
totalidad, al menos en la mayor parto. Esta 
actitud del Emperador Napoleón ha resta- 
blecido la cordialidad de su gobierno con 
Inglaterra, y desde ese momento se ha ro- 
bustecido la confianza de la paz en Europa. 

Soy muy feliz de pensar que en este año 



— 803 — 

de 1860, que se abre con tan dichosos aus- 
picios para nuestro país, tendré el placer de 
ver á V. E. en la República Argentina, don- 
de tengo miras de ir á ocuparme enteramen- 
te de mis intereses personales privados, de 
que he hecho un completo abandono por 
más de cinco años. 
Saluda, etc. 



París, 6 de Enero de 1860. 



Señor don Mariano Baudrix. 



Mi apreciado amigo : 

Después que partió el vapor anterio)', llegó á mis 
manos su interesante carta del 30 de Octubre, que 
ha sido el boletín mas completo que se haya reci- 
bido aquí, de las victorias de Martin García y de 
Cepeda. 

El telégrafo de Lisboa nos anunció antes de ayer 
la paz entre Buenos Aires y la Confederación y la 
reincorporación consiguiente de esa provincia en la 
nación. Esperamos por instantes la correspondencia 
del vapor, que nos explique las condiciones y ba- 
ses de la paz. Ellas no podrán ser sin() victoriosas 
para la causa nacional en que felizmente se halla 
envuelto el interés bien entendido de Buenos Aires. 

Educado en esta ciudad, y preocupado en su favor 



-804- 



cmo el primer porteño, yo no alaqoé » Vaaits 
Air^s mo liettie el 11 de Sennobre en que se f^V^ 
ró de U oacioii- Vaelto al seno de esta. Baeixw Air» 
vuelve á ser, paiB mi, la porción más simpática de 
la República Argeotma. y nu gran elemento pan el 
gobierno y el engrandedmiento de nuestra nación. 

LHé <]ae le cabe i vd. nna gran parte de honor ai 
esoK acoatecimieiitos, por un aotivisima y hábil coope- 
raotoii, en la organización de Ib escnaii^ vencedora- 
Lo Ivlictto de todo corazón. 
"Sai 



Saluda, etc. 



Juan B. Alherdi. 



París, 7 de Marzo de 1860. 



Señor Doctor ^Don Santiago Derqui. 



Distinguido rcompatriota y señor : 

Suponiéndole, como es de cieer, á la cabe 
za de nuestro país cuando esta llegue, per- 
mítame vd. decirle que el principal motivo 
de la renuncia que envío de mis empleos en 
Europa, es el deseo de dejar á vd. su entera 
libertad de elección para estas plazas. No 
me mueve á ello consideración pereonal de 
ningún género, pues haya ó no sido parti- 
dario de su candidatura, yo no veo en vd. 
hoy sino al Presidente constitucional; y si 
su política fuese conforme á la Constitución, 
y á la que ha seguido el general Urquiza, 
mi disposición sería la misma que antes 
á continuar sirviendo nuestra bella causa 
común. 

Cuanto mas estudio el convenio de noviem- 
bre, y sobre todo las medidas ulteriores para 



„- »>« — 



y cttn- 

petar, 1 

riel co- I 



poner en ejecución «os eatípalacionai, ■■■• 
me convenzo ^e que Btww» Aires no pien- 
sa ni ha pen«ad«> on raomeoto eu cumplirlo: 
es on expediente que solóle ha servido para 
desembarazante fjei e'^ército vencedor, y cttn- 
serrar su aislamiento con mas ú menos 
id malo. 

Hasta aqai Boenos Airea ha usado 
convenio para arrancar á la Confedei 
sa diplomacia en Francia, y para recn 
en gran parte, el antigno monopolio del co- 
mercio directo, haciendo abolir los derechos 
diferencíale» bajo la promesa fatáz de entregar 
sn adnana local á la Confederación. — ¡ Entre- 
gar so aduna á la Confederación! Pero la 
aduana es todo el poder para Buenos Aires 
y la única razón positiva de sn aislamiento. 
Si fuese capaz de entregar so aduana, ¿qué 
motivo tendría para estar separado de la 
Confederación ? 

Buenos Aires no (¡uedará en eso. En ade- 
lanto empleará el convenio de noviembre 
para destrair la Constitución federal, so pre- 
texto de reorganizarla, y para dispersar to- 
das las provincias de la Confederación con 
el fin de goberaarlas, como en otro tiempo, 
por esa dispersión misma. Para llegar á ese 
resultado, Buenos Aires fonserva su titulo de 
Estado. No pudiendo componei-se la Coi 
deiaf:ion de un Estado y de varias " 



— 807 — 

cias^ áorá preciso igualar la condición de to- 
dos los miembros; y no pudiendo Buenos 
Aires descender al rango de Santa Fó ó de 
San Luis, va á proponer que las provincias 
se erijan en Estados como él. No bastará 
sino que eso se realice para que nuestro país 
tenga la sueite de Centro- América. Yo sé 
que Buenos Aires no conseguirá ese resulta- 
do, pero es lo que va á solicitar por los me- 
dios que le da el convenio de noviembre, 
dictado, en su mayor parte, por Alsina desde 
el poder y desde su casa. 

Es preciso que vd. se prepare á resistir 
todo eso, y á defender la Constitución y la 
vida de la Confederación misma. Más her- 
mosa misión no podía caberle á un hombre 
público de nuestro país. 

El nombramiento del señor Balcarce para 
nuestro representante en Francia ha sido 
una medida del señor Can-il muy anticipada, 
pomo decir incomprensible. 

Los hechos le ' van á probar á vd. muy 
presto que por ese acto Buenos Aires recu- 
pera la política exterior que ha aparentado 
renunciar en el convenio. No creo que ese acto 
pueda subsistir mucho tiempo. El que ha 
combatido hasta ayer la Confederación y sus 
hombres no puede convertirse en su apóstol 
de una hora para otra. 

Anticipándome á las necesidades de núes- 



tro Gobierno, lié aquí lo quo pienso 1 
Si por este vapoi' le viene an carta de i 
como agente de Buenos Aires, y á mí 
mía como Ministro en esta Corte, 3^0 reten- 
dré el arcliivo do la Legación bajo algún pre- 
texto plausible, hasta ver c-ómo se desen- 
vuelven ios acontecimientps. y á fin de (jue 
Buenos Aires no se posesione de los secre- 
tos de nuestra diplomacia. Cuando cayó Ro- 
deas en 1852, Balcarce, que le representaba 
Epu Fiancia, mandó á Buenos Aiics todo el 
archivo argentino. Hoy no me lia entregado 
el nuevo á pesar del convenio. De modo que 
la Confederación no lia poseído hasta aqui ni 
archivo, ni secreto alguno de Buenoe Aires, 
en Francia ¿Y ella, la provincia disidente, 
entraría hoy lín posesión del archivo nacio- 
nal en Francia? 

Si no vÍDÍe.^e mi carta de retiro y mi em- 
pleo de Ministro en Francia continuase vi- 
gente, con solo trasladarme á Londres, Bal- 
carce quedarií» aqui como Eueargado de 
Negocios por mi ausencia (ó por la ausen- 
cia del Ministro Argentino, aiutro viniese eti 
mi lugarj. De este modo si Buenos Aii'es no 
anduvie.srj derecho, Balcarce cosaria en aus 
funciones por mi solo regreso y presencia en 
Francia. Por este uiedin cumpliríamos cc^ 
el convenio sin exponernos á ser vícti 
de él. 



809 



Dudo que Buenos Aires deje de seguir co- 
municmndo con Balcarce y con Francia de 
un modo ó de otro. No crea vd. que con- 
sienta él en pagar los sueldos á Balcarce 
para que las órdenes solo le sean dadas por 
el Gobierno del Paraná. Yo no tengo duda 
que procede con segundas miras en todo es- 
te asunto, y que no debemos entregamos á 
cuerpo descubierto, como ha hecho el señor 
Carril. 

Ayer llegó la correspondencia del vapor, 
y hasta hoy día 7 no he recibido ningún 
pliego oficial. — Anoche estuvo Balcarce en 
casa, y me dijo que tampoco había recibido 
él la menor comunicación oficial. ¿Es esto 
cierto ó afectado?' — No lo sé. 

Tal vez la correspondencia anda de ma- 
nos á vueltas en Inglaterra tras del señor 
Wilson, nuestro nuevo Cónsul General, que 
no tiene domicilio en Londres. Sobre este 
punto llamo mucho su atención. Los con- 
sejos indiscretos del General Santa Cruz^ han 
puesto nuestro consulado general en Londres 
en la situación más ridicula. Suplico á vd. 
que íi este respecto se haga leer lo que digo 
á nuestro Ministro de Relaciones Exteriores. 

Tengo el honor de presentar á vd. mis 
cumplimientos 5^ de repetirle mis respetos 
con que soy su atento servidor, etc. 



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París, 7 de Marzo de 1860. 



A. S:E. el señor Capitán General D. Justo José 
de Urquüa. 



Mi excelente y honorable señor general: 

Como V. E. continúa siempre á la cabe- 
za de nuestro país por el influjo de sus con- 
sejos y por el poder de su prestigio, cedo 
con placer á mi costumbre de escribirle sobre 
las conveniencias de nuestra causa común. (') 

El convenio de noviembre será siempre 
un título de honor para V. E. En él todas 
las nobles intenciones están de parte de la 
Confederación, pero todos los artificios ocultos 
para eludir la unión deseada, están de pail^e 
de la proviu(;ia de Buenos Aires. Poco im- 
portará que ci tratado sea bueno en sí, si por 
las medidas ulteriores destinadas á ponerlo 
en ejecuciones, ese pacto se convierte en vic- 



(1) No creemos quo nea necoHario explicar la ra/.oii ñor (|ii<^ van aquí 
huí cartafl dirijidaff á Urquixa, deHpues qne deBccndió de la Fri-Ridoncia, 
pnefl foé bien importante la parto que, debido a ru «eran influencia, lo cu- 
po en lo0 RuceHOH poHteriorcfl, y que tanto intcrenan hoy á la hintoria. 

(Editor.) 



— 812- 



toriii de los eneinigúa de la unión inx'ocada 
on ¿1 como t*u objeto. En esB panto es doiiile 
va á medirse la habilidad de los liombi-ea 
de Paraná con los de Buenoíí Aires. Híista 
aquí veo con dolor que la triste habijidail 
de loa políticoa do Buenos Aires ha obtenido ' 
del gobieino de Paraná dos cosas graves, por 
la'a que el Convenio de noviembre sirve de 
instrumento paia dar á Buenos Aires lo que 
buscó ántfls de ahora por las negociaciones 
del señor Chiistio y del señor Yancey. 

Una de ellas es la/)(7/íííV:(/. erltrifír. Buenos 
Aires la renunció del todo eu el artículo G" 
del Convenio, Aunque el Convenio no lo dice, 
se entiende que la renunció para que la ejer- 
ciera la Confederación, Como Buunos Ai- 
rea no ejercía política extoi'ior sino en Fran- 
cia, tal renuncia venia á ser nominal. Sin 
embargo, Buenos Aires lia encíintrado el me- 
dio de recuperar y agrandar lo mismo que 
aparentó abandonar. Win retirar á su agente 
que tenia en París, ha conseguido del señor 
Carril que la Confederación entregue á ese 
mismo agentfci, que es el señor Baleare*, su 
política exterior en Francia. Esto hace que 
las cosas se realicen a((Ui al revés justamente 
de lo que dispone el artículo G" del Con.ye: 
nio. Es decir, en lugar de que Buenos Ai- 
res entregue su política exterior á la Confe- 
deración, la Confederación es la que entrega 



— 813 — 

la suya á Buenos Aires, como en el tiempo 
en que no había gobierno nacional consti- 
tuido. 

Del modo con que se ha procedido en este 
asunto, resulta que el señor Balcarco que- 
dará en posesión de dos Legaciones : — una 
de Buenos Aires, que no ha cesado ; y otra 
de la Confederación. — Yo creo que no se 
debió nombrar al señor Bal caree antes de ha- 
cerle cesar del todo como agente de Buenos 
Aires, ó lo que es igual, antes que la Lega- 
ción de Buenos Aires en París dejase de 
existir del todo. De otro modo era de es- 
perar lo que ha sucedido, que mientras la 
Confederación ha cumplido con el tratado, 
Buenos Aires lo ha desconocido y quebran- 
tado en el artículo G. — Quedando las dos Le- 
gaciones como hoy sucede, si mañana la Con- 
federación retirase la suya al señor Balcarce, 
ó noml)rase otro Ministro en su lugar, el se- 
ñor Balcarce seguiría existiendo en esta Cor- 
te con la Legación de Buenos Aires. 

Y coiuo el señor Balcarce debe imponerse 
de todos los secretos de la Confederación, si 
toma posesión de nueslro archivo, sin que 
la Confederación conozca el menor secreto 
de Buenos Aires, por no haber poseído el 
archivo de su Jjo^acion ni un solo día, en 
el caso [)Osiblo de una nueva disidencia, núes- 



-814 — 1 



tra poeicioD vendría á ser tfU) (lesvento^MB 
cumo ridicula. 

Que Buenos Aires consen'a hasta aquí el 
medio de entenderse directamente con el go- 
bierno de Fi-aneia, no hay la menor duda. 
Y en eabo consistía todo el mal que hemos 
tratado de evitar. Poco importa que mande 
ó no mande notas en este momento. El 
hecho es que él conserva abierto el camino 
de entenderse con Francia. Lo só por el 
mismo señor Balcarce. que no me ha hecho 
ningún misterio, y lo sé también por est» 
gabinete. Ni el gobierno de Buenos Aires, 
ni el de la Confederación han mandado al 
señor Balcarce cartas do retiro, como agente 
de Buenos Aires. Sin esa formalidad sigue 
y seguirá considerado en la Corte do Fi-au- 
cia como agente do Buenos Aires, aunque la 
Confederación le noinbi'o también su agente. 
Asi lo entienden en esta Corte. La». 
gaciones serán dos, aunque el agente eea^i 
solo. 

Crea V, E. firmemente que Buenos Ai 
no retirará su Legación, si la Confederarion, 
á quien corresponde retirarla, no la retira; 
pues Buenos Aires saije muy bien qutí si re- 
tirase al señor lialcaice por razón de haberle 
nombrado la Confederación, mañana podría 
suceder que el gobierno nacional mandase 
un sucesor al señor Balcarce, y en ese caso 



;eute. 
AS^P 



815 



Buenos Aires temería naturalmente no po- 
der volver á conseguir que le admitiesen un 
nuevo agente en la corte de Francia. Así, 
Buenos Aires no sacai*á por nada el pié que 
ha conseguido meter en Tullerías. 

¿Cree V. E. que Buenos Aires había de 
consentir en pagar él los sueldos al Agente de^ 
la Confederación en Francia, para que las ór- 
denes solo le fuesen dadas á ese agente por 
el Gobierno de la Confederación, y no por 
el de Buenos Aires ? 

Hay dos medios de parar este golpe de la 
diplomacia de Buenos Aires : — ó bien con- 
servar el Ministro de la Confederación en 
Francia con residencia en Londres, mientras 
el señor Balcarce es Encargado de Negocios 
en París; en cuyo caso, si Buenos Aires no 
anduviese derecho, con solo trasladarse de 
Londres á París el Ministro Argentino, cesaba 
en sus funciones el señor Balcarce. 

El otro medio sería nombrar un nuevo 
Ministro para Francia, que no sea ni el 
señor Balcarce ni yo, que sea un porteño, 
si se trata de agradar á Buenos Aires, pero 
un porteño nacionalista, no un porteño que 
haya trabajado por la desmembración de la 
República. El señor Balcarce, que ayer tra- 
bajaba activamente en denigiar á la Confe- 
deración y á sus hombres públicos, ¿podría 
trabajar hoy dignamente en realzarlos? Si 



-816- 



Boenoíi Aires tiene motivos para pedir mí es- 
chipión, ¿no los tiene también la Confedera- 
ción para pedir la del aeñor Balcarce? — El 
medio dtf^ni) de no ofender á nadie sería man- 
dar nna tercera ¡jeisona. 

Pero el requisito esencial, en nno ú otro 
vHwo, debe ser el envío dt> las oartas do re- 
tiro para el señor Balcarce y para mí: al 
uno como agente de Buenos Aires, al otro 
oonio agimte de la Conf»!<ieracion. 

No creo íjiie se tomen mis consejos csmo 
un cálculo de egoísmo, pues mando por este 
vapor mi renuncia do todos los empleo» di- 
plomáticos que V. E. me hizo el honor i' 
confiar en estas Oórtos. Aseguro á Vj' 
que no hago mi renuncia pnrtjuG me disgi 
el gobierno del doctor Derqui. Aunque ■ 
haya sido yo partidario de su candidatura, 
me hasta que sea Presidente ronstituciunal 
para respetarle. Y si su gobierno sigue el 
programa del de V. E., j'O no tendría dificul- 
tad en continuar sirviendo al país en la 
Corto de Londres ü otro puesto en el extran- 
jero. 

Otra concesión grave que Buenos Aitx's ha 
arrancado á la Confederación con pretexto 
de poner en ejecución el tratado de noviem- 
bre, es la supresión de los derechos difei 
cialfs. La supresión en sí misma no es i 
Ella era una consecuencia lógica de! 



eos di- 
nor dL 

]ue W^ 



— 817 — 

nio de unión. Pero yo temo que se haya 
anticipado demasiado esa medida. Tal vez 
habría convenido esperar á que Buenos Aires 
realizara del todo su incorporación á la na- 
ción, prestando juramento á la Constitución 
federal. Suprimidos los derechos antes que 
se haya reaHzado del todo la incorporación, 
temo que hayamos perdido el mejor estí- 
mulo para traerla á incorporarse. 

Si me permito hablar á V. E. de este último 
punto, no es sino para llamar su atención á 
la necesidad que tenemos de obrar con mu- 
cha calma, con mucha prudencia en las me- 
didas destinadas á poner en ejecución el 
Convenio de noviembre, á fin de que ese pacto, 
bueno en sí mismo, no se convierta, por decre- 
tos orgánicos de ól, en victoria de Buenos Ai- 
res, es decir, de la política de desunión. 

Nuestro amigo el Dr. Campillo me ha es- 
crito el 25 de febrero desde Marsella, do» de 
estaba de paso para Lisboa con la mira de 
tomar el vapor que debe llevarle al Plata. 
Así, es posible que llegue á Paraná al mismo 
tiempo que esta carta. Estoy al cabo de lo 
mucho y de lo bien que ha trabajado para ob- 
tener el fin de su misión. (*) Pero el diploma- 



cia Cartas del doctor Juan del Campillo, año 1859. Archivo de corres- 
pondenrid histórira y política del doctor Juan fí. Afíterdi. 
Podrá verse en tomos siguicates. 

(Editor). 

52 



tíoo mas báhil 'le) mnndo no lo habiofB < 
seguido. Volviéndose sin firmar el Concor- 
dato, lleva á sn pafá elbonordehabersalvado 
la CoDstttncicm y la cansa de so-s progreso* 
de uu tratado qne podía comprometetiat. 
Caando me mosírú eu París el proyecto de 
concordato qne le ofrecían en Roma, yo le di> 
je i\ue no veía inconveniente en admitircM 
ú üuo i)rr)yecto semojaiite, con taj que ae er- 
presafte en el mismo textu que las concesio- 
nee qne hace la Confederación, se entienden 
hechas cwi arreglo á ím Constitución rifffnti; ó sin 
t.jjerjuicw de ^la. Pero |>arece que el Gobierno 
' de Roma no ha querido que se nombre si- 
quiera en el Conconlato esa Consiilttrinn, en 
virtud de la cual es sostenido el culto ca- 
tólico por nuestro tesoro nacional. El solo 
quiere que se nombren las leyes de la iglesia, 
pero DO la ley fundamental de la nación, á 
pesar de ser ésta la que dá á nuesti-o fio- 
bienio toda su investidura, para celebrar el 
Concordato como ima de las Altas PaWw con- 
tratantes. 

En medio de pste conflicto, pueflo aser- 
rar á V. E. que no son nuestras institucio- 
nes las que están equivocadas, sino mas bien 
la política de Rouia, núes es un testimonio 
de esto la opinión violenta y crítica en que 
se encuentra colocado el Santo Padre en este 
momento con todos los gobiernos civilizados 



— 819 — 

de la Europa. Sacrificar nuestra Constitu- 
ción á exigencias que están en vísperas de ser 
vencidas, no sería prudente. Quedando co- 
mo estamos, nada noe impide cultivar las 
mas bellas relaciones con el Sumo Pontífice. 
Quedamos con respecto á Roma, en la posi- 
ción en que están Chile, el Brasil, Bélgica, 
Piamonte, Estados-Unidos, Inglaterra, es de- 
cir, mas de cien millones de católicos. 

De todos modos, la misión del Dr. Cam- 
pillo no ha sido estéril, pues lleva á nuestro 
país un caudal de experiencia propia en el es- 
tudio de la Corte que tiene el rol de metró- 
poli espiritual de la Confederación. 



pl 



París, 7 de Mayo de 1860. 



A 8. E. él señor Presidente de la Confederación 
Argentina, doctor D. Santiago Derqui. 



Mi distinguido señor Presidente: 

La noble prueba de confianza que me ha 
dado V. E. nombrándome su Ministro de Ha- 
cienda, me ha impresionado vivamente, á 
pesar de mi despego por los empleos. Como 
he tenido el honor de decírselo en anteriores 
cartas, yo deseo ser útil á mi país, y estoy 
dispuesto á servirlo bajo el gobierno actual. 
Pero yo me permito pensar que V. E. se equi- 
voca de un modo lisonjero para mí, cuando 
cree que puedo ser útil como Ministro de 
Hacienda. Mis conocimientos en este ramo 
son mas bien teóricos que prácticos. Mi sa- 
lud, por otra parte, incompleta y desigual, 
no me permite asistir á trabajos diarios con 
la asiduidad que reclama una oficina tan 
ardua. 

Mi nombre, tal vez por una preocupación 



— 822 — 



que me favorece, podría valer más que nñ 
accioa efectiva para nuestras ñnanzas. Yo 
lo dejo á la disposición del gobierno de V. E. 
Yo seré Ministro de Hacienda de un modo 
nominal más que efectivo por cierto tiempo, 
y para loa objetos que en nombre de V. E. 
me indica el señor Ministro Alvear. 

Desde ahora y desde aquí felizmente po- 
dré nacer quizás por nuestras ñnanzas niáf 
que lo que harta ahí mismo. El cómo, V. E. 
mismo lo ha indicado: encargándome dk ini- 
cial' la negociación de un empréstito. 

Para mí, el crédito es la fiíonte principal 
del tesoro argentino, pero no en la tortna pa- 
raciojal en que lo quería el señoi' Fragueiro, 
sino en la forma práctica y positiva de los 
empi'éstitos levantados en el extranjero. El 
era opuesto á tomar prestado fuera del país. 
Pero ¿dóude puede tomarlos el país que do 
tiene capitales dentro de sí mismo ? La Fran- 
cia, por ejL'mplo, hace bien de no buscar en 
el extranjero lo que puede obtener dentro, 
porque es lica. Pero todas las repúblicas de 
América y la mayor parto de los Estados de 
Europa han hecho siempre !o que hoy hace 
nuestro Gobierno : — acudir at extranjem 
por empréstitos. 

Doy tanta latitud al crédito puesto en uso 
por un empréstito, porque de él puede de* 
pender la ejecución de im glande y vasto 



™ 823 — 

cambio en nuestro sistema aduanero, median- 
te el cual, sin necesidad de ejércitos ni de 
campañas, echaríamos á tierra el ascendiente 
de Buenos Aires y Montevideo como con- 
currentes comerciales. El empréstito nos per- 
mitiría llenar por 4 ó 5 años el déficit que 
dejase una casi supresión temporal de los de- 
rechos de aduana. Por este inedio podría- 
mos hacer de la Con,federacion el pasaje para 
entrar en Buenos Aires y Montevideo, al 
revés de lo que ahora sucede. 

Pero esto no se puede hacer en un día. 
El crédito, es decir, la fé, la confianza, no 
se improvisan. Pero puede empezar á for- 
marse, y junto con ella los recursos. Un em- 
préstito es difícil aún para los Estados de 
mayor crédito, como Chile, por ejemplo, que 
ha tenido que emplear más de un año para 
negociar en Londres el último, á pesar de 
que sus bonos estaban al 106 por ^c Pero 
para un país en el estado del nuestro, levan- 
tar un empréstito, es lo mismo que empe- 
zar á formar su crédito público. 

Podremos hacerlo, lo haremos, pero con 
paciencia y pertinacia ; y una vez hecho to- 
do lo tendremos en nuestra mano. 

Si debo obrar oficialmente en este asunto, 
como lo ha creído conveniente V. E. con 
razón á mi ver (pues ningún agente parti- 
cular puede tener el prestigio que el repre- 



-824 — 



sentante de una nación,) ye creo que mi 
retiro de Londres debe ser postergado para 
más tarde, conseiTándome para la ejecuciou 
de esba misión financiera el doble carácter 
de Ministro titular de Hacienda y Plenipo- 
tenciario de la Confederación en íngla 
como V. E. mismo lo ha acordado ya, se| 
me escribe el señor Alvear. 

Para llevar á cabo el, empréstito, tendré' 
mos que observar varias precauciones allá 
y aquí. Allá importará robustecer la con- 
fianza general por las constantes promesas 
de paz y por nna política de moderación 
hacia todos nuestros adversarios. En real 
dad, ¿á qué nos serviría emprender lucí 
antes de tener abundantes medios? 

Aquí nos convendrá emplear activamenl 
la prensa y muchos agentes, para dar á co- 
nocer las ventajas que nuestro país ofrece á 
los prestamistas. Sin este requisito no 
puede llevar á cabo en Europa ninguna 
presa semejante. 

Buenos Airea y sus acreedores en Lóñ" 
dres nos van A contrariar fuertemente ape- 
nas se aperciban de nuestro intento. Por lo 
mismo nos convendrá proceder en este ne- 
gocio con reserva. 

Nos convendrá al mismo propósito no agi- 
tar cuestión alguna desagradable con los 
gobiernos de Europa, mientras nos ocúpame» 



825 



de realizar nuestro empréstito. En teniendo 
recursos, todas las soluciones nos serán fá- 
ciles. 

Los gobiernos de Europa no nos son desa- 
fectos, ni son indiferentes á nuestras conce- 
siones. Lo que hay es que no nos conocen, 
no tienen noticia de nuestras instituciones. 
Es porque no hemos hecho lo bastante para 
darlas á conocer. En nuestro país mismo, 
para hacer conocer á sus pueblos sus propios 
recursos y derechos, ha sido necesario escri- 
bir 3" publicar mucho. ¿ Qué extraño es que 
el extranjero, donde no hemos hecho esto 
mismo, no nos conozca? Todo peso gasta- 
do en dar á conocer nuestro país en Europa 
será multiplicado por 5 y 10 en un porve- 
nir más cercano que lo que se creería. 

A este fin será preciso que el gobierno me 
autorice, ó comprenda en la autorización que 
he recibido para el empréstito, la de levan- 
tar fondos y aplicarlos á trabajos preparato- 
rios, sin los cuales no hay ejemplo de que 
se lleve á cabo en Europa la realización de 
un negocio de millones. Esto mismo ha he- 
cho el Brasil, y es un dolor que nosotros, 
poseyendo un país mil voces más hermoso 
para la industria y para las poblaciones de 
la Europa, no saquemos las mismas ventajas. 

Ahora voy á España á cangear el trata- 
do. Espero que la protesta loca del Gobier- 



-826- 



no de Buenos Airea uo traiga dificultad al- 
guna que prolongue mi presencia en Madrid, 
y Gu breve estaré do regreso en Londres para 
ocuparme del asunto principal. 

En cuanto á los cambios consulares, per- 
seguidos como consecuencia do la integridad 
argentina restablecida por el pacto de no- 
viembre, temo un poco que las dudas sobre- 
venidas últimamente sobre la eficacia de ese 
pacto, bagan difícil lo que hubiera sido inuj' 
sencillo haciéndolo al día siguiente que se 
firmó el convenio. Sin embargo, voy á tratar 
de hacerlo. Pero creo que ui allá ni aquí 
debemos apurar este asuuto en términos que 
nos indispongan con los gobiernos extranje- 
ros, á menos que la integridad ai'gontina no 
corra un riesgo inminente. 

Tengo el houor de suscribirme de V. 
con todo mi respeto y recunocimiento,J 
muy afectuoso servidor, etc. 



Londres, Setiembre 8 de 1860. 



A S. E. el 8r. Capitán General Don Justo José- 
de Urquüa. 



Mi apreciadísimo señor General: 

Como le tengo por un hombre honesto y 
leal no puedo tener duda de que V, E. me 
conserva el respeto y estima á que creo que 
me dan título mis antecedentes respecto de 
V. E. En esta virtud, á pesar de su silencio 
de más de un año, me permito escribirle en 
un momento solemne con ocasión del grandí- 
simo peligro que corre la Constitución y la 
organización nacional que V. E. ha tenido la 
gloria de fundar y que son el primer título 
á la alta i-eputacion que V. E. goza en el 
mundo. Esos trabajos están á pique de des- 
aparecer. Los que fueron sus enemigos al 
tiempo de instituirse, lo son todavía. Sola- 
mente han cambiado de armas, pero no de 
intenciones. Lo que no han conseguido por 



las batallas se proponen conseguir por la re- 
foi-ma de la Constituciün federal. Todas la! 
reformas que se propone Buenos Aires tie- 
nen por objeto conservar en favor de esa 
provincia por la autoridad de la Constitución 
reformada los poderes y rentas que Buenos 
Aires asumió por la revolución de 11 de Se- 
tiembre. Para apoyar esa revolución escribió 
Sarmiento en Chile en el año 1S53 un libro que 
tuvo por objeto confesado, minar y destruir 
nuestra Constitución. La doctrina de ese 
libro ha sido aplicada literalmente al plan 
de reforma que ha presentado Buenos Aires 
escrito por el mismo Sarmiento, Mitre y 
Velez. 

Para disponer á las autoridades y á los 
pueblos de la Confederación á que acepten 
esa reforma pérfida, se ha calculado el con- 
venio de 6 de Junio que no es más que un 
tejido de artificios seductores destinados á 
ejercer una presión moral en el patriotismo 
de las provincias, sin que sus promotores es- 
tén penetrados de iguales sentimientos. 

Yo no puedo creer que esas miras y el 
peligro que corremos se hayan escapado á la 
sagacidad y buen juicio de V. E. Le supli- 
co, señor, que no me tenga por un hombre 
apasionado ni dominado por el espíritu de 
partido. Le hablo con el más grande res^ 
peto por la patria, por V. E. y por mf mismo. 



— 829 — 

Yo soy uno de los que creo conveniente 
y necesario la intervención y participación 
de Buenos Aires en la gestión del gobierno 
nacional. Pero rechazo ciertas reformas que 
propone Buenos Aires porque tienden á con- 
prometer su intervención legítima y á res- 
tablecer la influencia abusiva y desorganiza- 
ción que ejerció en las provincias. 

Esas reformas no deben ser admitidas de 
ningún modo si se quiere conservar la vida 
del gobierno nacional que ha fundado V. E. 
Me permitiré enumerarlas para que V. E. 
recomiende su repulsa al patriotismo de los 
buenos amigos de la causa nacional. — Las 
reformas inadmisibles de todo punto serán las 
2% 3*, 4", b\ 12^ 14% 19% 20% 21% 22% 25% 
y 26*^. Es decir, las reformas que llevan en 
el Plan de Buenos Aires los números 2, 3, 
5, 12, 14, 19, 20, 21, 22, 26 y 26. 

La 1% de esas reformas que lleva el N^ 2 
tiene por objeto hacer que en ningún caso 
la nación se puede ingerir en la Constitución 
de Buenos Aires, lo cual sería monstruoso 
admitir en la reforma de la Constitución 
nacional, que se hace precisamente porque 
esa provincia lo ha pedido. 

Si se admitiese la reforma 3*. el poder 
de gobierno nacional por restablecer el orden 
en una provincia sublevada quedaría reduci- 
do á cero, porque sin que la provincia lo Ha- 



-830- 



^ mase no tendm el poder de enti-ar en ella, 

^M aunque la guei-ra civil ardiese en peligro de 

^B toda la Nación. 

^B Admitir la quiuta reforma (que se refiere 

^H al art. L2 de la Constitución) sería como arre- 

cí batar á la Confederación un ejército de 10.000 

^B hombres. En efecto, no son los ejércitos si- 

^B nó los intereses, los que han de forzar á 

^1 Buenos Aires á entrar en la unión nacional. 

^M pero esa i-eforma tiende á encadenar las 

^M manos de la nación por que no puede em- 

^B plear estímulo alguno en desarrollar su co- 

^H mei'cio directo. Que la nación no emplee 

^H derechos diferenciales sea enhonibuena. Pe- 

^H ro que conserve el poder do emplear ese y 

^1 otros medios contra la provincia que pretende 

^H ejercer injustas diferencias entre la naciou. 

^H Las reformas 12 y 14 (sobre los artículos 

^P 36 y 43 de la Constitución) tienen por ob- 

W^ jeto excluir del Congreso á muchos hombres 

capaces de sostener la causa nacional contra 
las pretensiones de Buenos Aires. Por ellas 
se pretende conseguir que el Congreso se 
componga por lo que toca á las provincias 
de representantes int'xpertí)8 y poco versados 
en asuntos nacionales, para asegurar el as- 
cendiente fácil de Buenos Aires en el Con- 
greso. Por esas reformas no podían ser miem- 
bros del Congreso muchos argentincu 
méritos que están hoy en Chile y en 



>s do i| 
Mon- 



— 831 — 

tevideo. Que Rosas hubiese propuesto tal 
reforma era cosa muy comprensible, pero de 
parte de Sarmiento, Mitre y Vélez es una 
traición á sus antiguos amigos de causa y 
de destierro, y por la República sería un 
deshonor y un daño grave. 

La reforma 19 (relativa al art. 64 inci- 
so 28) lleva por objeto sustraer la Constitu- 
ción revoltosa de Buenos Aires á toda revi- 
sión 3^ refoma que puede proponer la nación. 

Esa reforma, así como la 2*^ y la 26* que 
le son correlativas, son un golpe de muerte 
dado á la uniou que se afecta desear. Ellas 
tienden á desmembrar la nación y sobre to- 
do á facilitar la separación de Buenos Aires 
por la autoridad de la misma Constitución 
federal. 

Las reformas 20, 21, tienen por objeto 
dar garantías al desorden y en la revolución, 
para que puedan obrar impugnemente bajo 
la égida de la Constitución misma. 

La reforma 22 es para que un Presidente 
provinciano sea como un majistrado de palo 
y sus Minitros puede hacerlo todo. 

La reforma 25 es para que la provincia 
Buenos Aires quede independiente de la 
unión dentro de la misma unión, en virtud 
de los pactos de noviembre y de Junio que 
segim esa reforma 25, debe ser parte virtual 
de la Constitución. 



— 832- 



En todas osas reíonnas hay un plaü ocal- 
to pero ciertísimo de acabar con la institu- 
ción del gobieruo nacional. Se invoca para 
ello el ejemplo de la constitución de Estados 
Unidos. Es un prestaste hipócrita. Los que 
se dicen unitarios de tradición no pueden 
creer de buena fó que convenga á nuestras 
provincias el 'siatema de gobierno que está 
haciendo la raina de Méjico, Centro América, 
Nueva Granada y Venezuela. 

Si adoptamos esas retormas caeríamos al 
momento en el desprecio de la Europa; y 
perderíamos las simpatías de los gobiernos 
serios, debidas precisamente á nuestra cons- 
titución juiciosa y acertada. 

No hablo por pasiou. No soy opuesto á 
toda reforma. Yo creo que debemos acep- 
tar algunas en obsequio de la miion. Si Bue- 
nos Aires las solicita por mera susceptibilidad, 
acéptense entonces ias reformas 6, 7, S, t), 
10, n, 13, 15, 17. Ninguna do ella sería de 
gran importancia para la vida de la Confe- 
deración. 

Aunque controvcrtibins y discutibles tam- 
poco seiían deaechablcs del todo las refor- 
mas 1, 4, 16 y 18. 

La refoi"ma 1= sería admisible en esta for- 
ma... t previa cesión hecha por el pueblo 
que haya de federalizarso consultado por voto 
directo y universal.» 



833 



Gomo las legislaturas de Buenos Aires son 
hechas por el gobierno y piensan, siempre co- 
mo él. nunca darán su consentimiento para la 
división de esa provincia, tan necesaria á la in- 
tegridad nacional. 

Pero otra cosa sucedeiá si se pregunta 
individualmente á cada vecino del Norte de 
Buenos Aires, si vota por su elevación al ran- 
go de provincia independiente. — Así se está 
haciendo para conseguir la unión de la Italia 
contra las maniobras de gobiernos como el 
de Buenos Aires. 

Las otras reformas se pueden admitir sin 
peLgro con tal que se ponga al principio de 
la constitución un artículo en el que se des- 
criba todo el territorio de que consta, nom- 
brando una por una las provincias que las 
componen inclusa Buenos Aires, se supon a 

Si Buenos Aires entra ala Confederación 
quedando inalterable y vigente la Constitu- 
ción Federal en sus artículos 6, 6, 12, 36, 
43, 46, inciso 28, 83, mcisos 20, y 23; 86, 
10 J, y 103 (á que se refieren las funestas 
reformas de que hablo al principio) la suer- 
te de la patria se habrá salvado para siem- 
pre, la unión será una verdad completa, y 
todos los deseos y los votos de los argenti- 
nos que se ha emitido sobrii ella con oca- 
sión déla visita de V. E. á Buenos Aires, 

58 



serian coronados del éxito más noble y más 
puro. 

Corao la cuestión os de vida ó muorte yo 
creo que V. E. debe asumir en ella la fran- 
queza que conviene en los grandes casos. 
Por mi parte yo acepto el todo de la res- 
ponsabilidad de los consejos que tengo el ho- 
nor de ofrecerle oon el mayor respeto, hasta 
hacerle áibitro de la publicidad de esta carta 
si V. E. la creyese digna de ello. 

La crisis porque pasa el país, en estos mo- 
mentos, es la más grave qno haya experi- 
mentado desde muchos años. No lo parece 
así porque la crisis no es militar. Poro es 
tan grave, aunque parlamentaria puramente, 
que todos los grandes trabajos de V- E., rea- 
lizados por la organización nacional dasde 
la caída de Rosas, van á pasar como el hu- 
mo, ó quedar victoriosos para siempre, se- 
gún que la Convención admita ó rechace 
ciertas reformas. Yo hago votos ú Dios para 
que nuestra patria y V". E. sean ventni-osos 
en este trance diíícil. 

Tengo el honor de repetii'ine su leal ¡iinigo 
y respetuoso servidor. 



París, 24 de Mayo de 1861. (1) 

A 8. E. el Señor Capitán General Don Justo José 
de TJrquiza. 

Mi muy distinguido amigo y señor general: 

He recibido con el mayor placer la carta 
que V. E. me ha heclio el honor de dirijir- 
me con fecha 6 de abril. He recibido igual- 
mente unas palabras de V. E. que me dirije 
el señor Baudrix de la más grande signifi- 
cación para la causa general de nuestra re- 
pública, por la actitud acertada que V, E. 
ha tomado en presencia de los últimos su- 
cesos. 

Hasta este momento no he tenido el gusto 
de recibir la carta y los papeles que el se- 
ñor doctor Victorica debía dirijirme, por 
orden de V. E., por conducto del señor Ama- 
deo Tahier. Este caballero me ha escrito 
desde Burdeos con fecha 21 del presente, 
anunciándome que por circunstancias que no 
le permitirían venir á París inmediatamen- 
te, había tenido que entregar los dichos pa- 
cí) Contestada extensamente por el general Urquixa desde el Cuartel Ge- 
neral 9n tírondona^ Provincia de Santa Fe, 30 de Julio de Í861. Será pu- 
blicada entre la interesante correspondencia politicb é histórica del doctor 
Alberdi.-CKditor.) 



-836- 



peles á un agente de ta posta á bordo del 
mismo vapor en ijiie vino, en vi puerto de 
Burdeos. A pesar de que es alarmante esta. 
demora de tren días, atendiendo á la regu- 
laridad de la posta tn Fra.ncia, no desenpeio 
de recibir todavía su interesante cnrrt-spoii- 
dencia. 

Así, las noticias generales y las palabras 
del señor Baudris son toilo el dato que hoy 
tengo para estimar la actitud de V. E. El 
ver á V. E. convencido de los malos efectos 
de la reforma, es ya por ai solo un aconteci- 
miento feliz para nuestra república, por puras 
y patrióticas que hayan sido, couio no lo 
dudo, las miras con que V. E. y sua amigos 
adliiiiosen á osa reforma en obaequio del grau 
propósito de la unión. 

La cuestión vieiie á establecerse, por la 
fuerza de las cosas, tal como estuvo en 1858, 
y 1859: ella es la misma: la cnusa de toda 
la Nación en oposición con la de alguna de 
sus piovincias. Por medio de la reforma, la 
provincia de Buenos Aires logn'i re'^taurar 
laa ventajas ijue liabía perdido legítimamente 
en los campo» de batalla. Felizmente ena 
restauración ha sido nominal y esnüa moa 
bien que real, pues en la verdad de los he- 
chos la causa de hi integridad nacional que- 
dó siempre triunfante desde que conservó, 
como conserva, intactas sus dos grandes 



— 837 — 

bases puestas por la mano benemérita de 
V. Em á saber: — la libertad fluvial y la inte- 
gridad de la soberanía política declarada por 
la Corona de España en confirmación de la 
Revolución de Mayo de 1810; á favor de la 
maj^oríade los argentinos, en que reside núes» 
tro principio de autoridad moderna. En los 
tratados de julio de 1853 y en el de España 
de 1859 está la organización real y normal 
de nuestra República; y bien puede la de- 
magogia de Buenos Aires alterar como quiera 
nuestra Constitución escrita: hay un hecho 
que ya no podrá cambiar jamás, y es que la 
mayoría del pueblo argentino ha entrado en 
el periodo de su virilidad y tomado pose- 
sión de su derecho soberano á dar la ley á 
la nación. Lo que Buenos Aires buscaba por 
la exclusión de veinte y tantos diputados del 
Congreso, era una quimera que no alcan- 
zará jamás; la de tener una mayoría respecto 
de todas las provincias de la República. 

La causa que V. Fj. defiende desde 1851 
y que á los diez años vuelve á entrar en 
camino de deberle mayores servicios, es la 
misma que en los Estados Unidos defiende 
hoy el gobierno de Washington. La mayo- 
ría de los Estados Unidos pretende con razón 
que ningún Estado aisladamente tiene el de- 
recho de separai'se, siendo su unión perpe- 
tua y tan indisoluble como la del matrimo- 



— 838 — 

nio. V. E. la deteudia con doble titulo, 
pues entre nosotros la provincia disidente era 
una sola, mientraH que en Norte-América los 
Estados disidentes son diez. 

En más de un sentido la revolución d« 
los Estados Unidos ofrece á nuestro pais mi 
gran uampo de aprovechamiento. Las po- 
blaciones y los capitales de Europa se abs- 
tienen hoy naturalmente de ir á la América 
del Noite. Los eniigiuHos tampoco van al 
Brasil, y el país predilecto hoy día paralas 
empresas europeas es la Confederación Ar- 
gentina. 

El momento, por lo tanto, es solemne para 
nuestros destinos públicos. Con solo la paz 
bien establecida veremos acudir los elemen- 
tos de prfisperidad íÍ nuestro suelo. Pero para 
tener esa paz, necesitamos de una autoridad 
fuerte y bien constituida. SÍ no me engaño, 
V. E. es el señalado por la Providencia para 
dar á nuestro país esas dos cosas. La fuei-za 
misma de las cosas le conducen á esa situa- 
ción. Los de Buenos Aires lo divisan ya, y 
por eso se ensañan en deprimir su nombre. 
V. E. tiene demasiarlo esperieuciadu la vida 
pública para no conocer que esos ataques soa 
de mera candidatura, digámoslo asi. 

Nuestro (robierno presente, debilitado pol- 
la reforma, difícilmente podría satisfacer las 
necesidades de nuestra época, por puras que 



— 839 — 

fuesen las intenciones del actual Presidente. 
Yo creo que él mismo, así como toda la re- 
pública, se convencerán pronto de la necesi- 
dad de un Gobierno más eficaz y fuerte. Si 
las circunstancias, como es de esperar, traje- 
sen de nuevo á V. E. á la cabeza de la re- 
pública, V. E. tendría oportunidades de ex- 
cederse á sí mismo en servicios nuevos á 
la Nación. En Hacienda, nuestros recursos 
están intactos. Buenos Aires los paralizó, en 
cierto modo, por la mano del señor Riestra. 
Nuestra república encontrará en Europa más 
recursos que los que posee Buenos Aires el 
día que se proponga obtenerlos con eficacia. 

La empresa del señor Rams, ya en cami- 
no de ejecución, lleva considerables capitales 
á nuestras provincias. La del ferro-canil de 
Córdoba, representada por el señor Weelwright 
no necesita más que un impulso un poco 
enérgico de nuestro Gobierno para conver- 
tirse en realidad. V. E. por su parte, en su 
acertada idea de fomentar colonias en sus 
tierras particulares, está contribuyendo á rea- 
lizar los hechos que han de transformar el En- 
tre Ríos en una nueva Buenos Aires por su 
riqueza y su espíritu europeo. 

En política exterior, es decir, en garantías 
internacionales para dar más y más firmeza á 
nuestia organización, un mundo de cosas 
tendremos todavía que hacer. Las intrigas 



— 840 — 

hábiles de Buenos Aires lian conseguido pa- 
ralizar toda nuestra acción exterior, princi- 
palmente en nuestras i'elaciones con Europa. 

Pero lo que interesa ante todo es que nues- 
tro país empiece por tener un Gobierno fuerte 
y efectivo, con todos los medios y atribucio- 
nes que poseían antes de la reforma. 

Me es muy grato volver á entrar en hon- 
rosa correspondencia con V. E. hoy que se 
trata de traer á nuestro pais á la hermosa 
y íecunda via en que entró hace ocho años. 

Saluda, etc. 



Londres, 7 de Setiembre de 1861. 

A 5. E. el señor Brigadier General don Juan E. 
Pederneraj Vice- Presidente de la República Ar- 
gentina. 

Mi muy distinguido señor General : 

En una época de crisis y de dificultades, 
no extrañará V. E. que le hable de las que 
nos ocurren por acá, pues la crisis no nos 
afecta solamente en el interior, sino también 
en los negocios que nuestro país tiene á dis- 
tancia. ¿ A quién sino á V. E. que toma un 
interés tan vivo por la defensa y el triunfo 
de nuestra bella causa nacional, podré diri- 
girme tras el deseo de que nuestro Gobier- 
no se ocupe seriamente de los medios de satis- 
facer las necesidades do nuestra política en 
Europa ? 

V. E. me permitirá que le hable en esta 
carta con la sencillez que sirve para dar me- 
jor á conocer una situación. 

La obra de Buenos Aires, llevada á cabo 
al favor de la desgraciada confianza que supo 



-842- 



jnapiramo» bajo el ministerio del señor 
tra, en el sentido de anular nuestra política 
exterior, continúa existiendo en mucha parte 
hasta hoy mismo. Para quien comprenda 
que nuestra integridad interior depende, en 
sa mayor parte, de la política extranjera, no 
puede ser más grave el malestar de nuestro 
servicio público en Europa. Nuestra posi- 
ción aquí (yo no puedo llamarla mía perso- 
nalmente, porque no me represento á mí mis- 
mo) ea de una nulidad bochornosa. No fataría 
ainó que se trasluciese en público, para qu-' 
cayésemos en el más gmnde menoacaso á lus 
ojos de estos países y gobiernos. No tene- 
mos la más pequeña acción en la prensa, no 
contamos con un solo diario, con ana sola 
voz que se alce en nuestro íavor. Si nos 
atacan, el ataque queda en pié, porque que- 
da sin respuesta. Toda respuesta ó toda in- 
serción cuesta dinero, ó la promesa de dinero. 
Yo no dispongo de él, ni tengo el poder de 
prometerlo. La influencia de Buenos Airea, 
tuvo buen cuidado de dejarnos sin órgano al- 
guno en la piensa de Europa y sin los medios 
de tenerlo. Entretanto la prensa de esa pro- 
vincia es la única que circula en Europa, al 
favor de la ventaja de hacer todo nuestro trá- 
fico directo. Si esta situación se prolonga, la 
opinión pública dentro de poco cambiaiú con- 
tra nosotros, y éstos gobiernos que marchan 




843 



con la opinión, tuerta ó derecha, tendrán que 
hacerle concesiones á nuestras expensas. Hoy 
que Buenos Aires busca su apoyo, es más im- 
portante que nunca que no descuidemos este 
punto. 

A falta del apoyo de la prensa podría su- 
plir mi acción oficial en estos gobiernos. Pero 
también en este punto me han atado las 
manos. La Legación de mi cargo no tiene 
un redactor en francés. Presentar los nego- 
cios de importancia en oti^a lengua, es per- 
der el tiempo y no ser entendido. Así, no 
es tanto un secretario lo que me falta, sino un 
redactor hábil y fuerte para poner mis traba- 
jos en el idioma usual de la diplomacia. Yo 
lo tenía ; pero los trabajos de Buenos Aires 
cuidaron de dejarme sin él, aconsejando in- 
sidiosamente una economía mal entendida. 

A falta de todos estos medios yo pudiera 
emplear los mios propios en mis relaciones 
privadas con escritores y hombres públicos, 
pero para esto tendría necesidad de dinero, 
y mis sueldos no se me pagan desdo año y 
medio á esta parte. Yo no llamo pago á los 
libramientos, porque ellos mismos no están pa- 
gados hasta hoy. Un soldado puede hacer 
una campaña en nuestros países con solo su 
patriotismo, pero á lo menos necesita armas 
y municiones. Yo no carezco de patriotis- 
mo, pero en este terreno de las cortes ex- 



• Mu ee tro feesora caiwado por la 
cte. Pero, por lo misnko, naestro goÍMt- 
i adoptar el arttitrio que le soffiem 
ec este vapor de antorícanDe 
ate para tomar, e& su nombre j bajo 
~ idaJ, aqm' en Ean]>pa. los foa- 
I neceeanos para él pago de esta Lega- 
1 y demás serviciua, con condicioneB coot- 
s conloe medías y ñtoacioD de noeetio 
Sobre este ponto capital para Doee- 
vicio, me p^^nito llamar la ateocioo 
1 de V. E. á mi despauíbo o6cial de 
día. Vo creo qne ooo á acoerdo de 
inteligente y patriota IGnistro de 
W%f4'****^« se podría combinar on expedieote 
intoediato y eficas sobre ello. 

A falta de todos eetoe medios podría ser- 
virme el apoyo de nnestrae Cónsules: pero 
casi todos los qoe tiene nnesbra repúbli- 
ca en Enropa han sido puestos por la inflaen- 
cia Je Baenoá Aires, y do ee de esperar que 
la contraríen, ano en el caso que ella se ejer- 
sa contra la nación, CL«mú tenemos ejemploa 
de ello en la conducta de algunas. 

Por lo demás, no noe íaltan aquí circó n» 
t&ucia» que nos son favorables por 
de la fortuna t de nneatra acción 



845 



acerca de las cuales hablo oficialmente al 
señor Ministro de Relaciones Exteriores ; que 
naturalmente dará cuenta á V. E. 

Deseándole buen éxito en sus nobles y glo- 
riosos esfuerzos por nuestra pátría, tengo 
mucho placer en repetirme de V. E. su res- 
petuoso S. S. y amigo. 



II 



Vl 



Londres, 23 de Setiembre de 1861. 

A S. E. el señor Capitán General de la Repú- 
blica Argentina D. Justo José de TJrquiza. 

Mi muy distinguido amigo y *^Sr. Genera!: 

Este vapor me ha traído su luminosa é 
interesante carta del 30 de julio. Le agra- 
dezco muchísimo este honor y los preciosos 
datos que V. E. se sirve suministrarme para 
entender la situaccion de nuestro país. Pero 
el mismo vapor trae fechas posteriores de 
IB días y la noticia de estar hecha la paz 
con Buenos Aires. No conocemos sus bases, 
pero yo no dudo que correspondan al gran 
poder de que dispone la nación para hacer 
prevalecer su derecho en cualquier terreno. 
El Times de antes de ayer dá como un he- 
cho la separación pacífica de Buenos Aires 
en eirtud de un tratado celebrado con el go- 
bierno nacional. No dice más que esto, con 
lo cual deja entender que la independencia 



— 848 — 



es definitiva. Yo sé qiie no es ni puede sor 
así, pero no teniendo datos oficiales |X)r este 
correo ni cartas de nuestro gobierno, no me 
he atrevido á rectificar. El aserto adquici-e 
cierta importancia dü la circunstancia de ser 
conocidamente del Cónsul de la Confedera- 
ción vn Londres, el artículo del Times. V. E. 
sabrá i|Ue este Cónsul fu4 promovido por el 
señor Riestra, y es hasta hoy su corresponsal. 
Por obra pai-te, la noticia de la paz no 
rae sorprende. Yo aseguré á Lord John Ru- 
ssell (luo, á pesar de los preparativos milita- 
res á que nos obligaba la conducta de Buenos 
Aires, no habría guerra probablemente, y 
me fundaba en la persuacion, que tengo para 
mí miamo, de que en esta vez no podía te- 
ner lugar la solución radical y profunda que 
exige ia crísín en que pstá y seguirá la re- 
públicu, basta que reivindique todos los po- 
deres y recursos quo le ha retirado la reforma 
inspirada por Buenos Aires. Esa solución 
vendía por sí misma, y V. E. desempeñará 
en ella el primer papul, sin necesidad do que 
V. E. haga nada poique venga, ni por tener ese 
papel. Se lo daián las cosas mismas, como 
tuve el honor de decirle en mi carta del 24 de 
mayo, no por esfuerzo alguno de carácter vio- 
lento. Toda nuestra revolución de 50 años € 
una cadena do golpes de Estado, emana 



849 



del pueblo unas veces y otras de los gobier- 
nos; pero todos impotentes y entoriles, sabe 
V. E. mejor que yo que la buena política no 
hace nada á golpes^ y prefiere más bien la 
maña ó la destreza. 

Lo que se ha conseguido ahora sin embar- 
go es de mucha importancia, porque se ha 
asegurado la nación contra el mal de una 
disolución completa á que la precipitaba la 
política de Buenos Aires. Yo creo que más 
no se podía hacer por ahora, y la razón de 
esto es obvia. Lo que falta que hacer en 
el interés de la paz del país, es reorganizar 
el gobierno nacional más fuerte que lo es- 
taba antes de la reforma ; y V. E. ha debi- 
do comprender con su juicio seguro y pene- 
trante que el momento de ese cambio no 
era el presente, pues él podía traer la dis- 
minución del poder provincial de V. E., que 
es la palanca normal en que descansa el edi- 
ficio de nuestro orden nacional por ahora y 
por mucho tiempo. Eso vendrá sin violen- 
cia, y coincidirá con la época en que el robus- 
tecimiento del poder nacional sea el de V. E. 
mismo, su primer servidor. 

Entretanto yo creo que la misión del go- 
bierno del señor doctor Derqui será impor- 
tante á la causa nacional, si se contrae á 
conservar y desarrollar los intereses materia- 

54 



— 850 — 



les y los medios rentísticos de la República 
por leyes económicas calculadas al efecto. 
Yo creo qne la acción militar poco tendría 
qiio hacer á este respecto. 

Si Buenos Aires lia obtenido por el traía- 
do algún compromiso que estorbe al gobierao 
nacional consolidar su existencia por leyes 
económicas, la situación será muy grave y 
difícilmente podrá sostenerse. El gobierao 
no podrá marchar con dos millones mensua- 
les de pesos papel, por ojemplo; y aunque 
eao le bastase al gobierno, el país difícilmente 
podrá soportar la falta de su comercio di- 
recto. 

Si la guerra era, para mí, inconcebible co- 
mo medio de restablecer por ahora el vigor 
del poder nacional no es menos difícil para 
no comprender cómo se pueda organizar 
una paz que deje satisfechos tantos y tan 
grandes intereses materiales como han que- 
dado dislocados por los cambios que suscitó 
Buenos Aires de dos años á esta paite. Por 
lo tanto, prefiero abstenerme de hacer juicio 
hasta no conocer lo que se haya hecho, sir- 
viéndome de mucho consuelo en el intervalo 
la persuacion que tengo del buen tino de 
V. E. y de la plenitud do medios que le 
asistían á principios de agosto, para hacer 
prevalecer el interés nacional en el terreno 



861 



de la diplomacia lo mismo que en el campo 
de batalla. 

Esperando los futuros trabajos que la Pro- 
videncia depara á V. E. en provecho de nues- 
tra patria, yo no ceso de prepararme para 
ser su modesto cooperador, y de ello irá V. E. 
recibiendo pruebas de vez en cuando. Le 
suplico entretanto me considere su más desin- 
teresado y fiel amigo y servidor. 



París, 7 de Octubre de 1861. 

A 8. E. el señor Capitán General de la República 
Argentina don Justo José de Ur quiza. 

Mi muy distinguido amigo y Sr. General: 

El señor Dr. D. Diógenes de Urquiza ha te- 
nido la bondad de instruirme por este vapor 
de la ruptura de la negociación de paz ocurri- 
da el 22 de agosto. No hubo tiempo para 
que me la comunicara el Gobierno. Como 
las bases en que insistía Buenos Aires eran 
tan desastrosas para la República, los amigos 
de la Nación no hemos podido monos de feli- 
citamos de que la cuestión busque una so- 
lución más feliz en el uso doloroso de la 
fuerza material. Estamos, por lo tanto, diri- 
giendo vc)tos al cielo para que las armas de 
V. E. sean victoriosas esta vez, como lo han 
sido siempre, por la causa de los pueblos. 

Yo comprendo la repugnancia con que V. E* 
ha tenido que aceptar este medio de solución, 
cuando reflexiono en que es muy posible que. 



-854- 



á pesar de la victoria, quede pendiente la cri- 
sis que padtice nuestra Repiíblica. En efecto, 
todo acontecimiento que deje en pió la Cons- 
titución reformada, deja los intereses de la 
Nación en manos de la pi-ovincia de Buenos 
Aires, en lo cual consiste la crisis. Bien sé 
que la Constitución, no puede ni debe ser 
revocada por la espada. Pero nuestras ar- 
mas, si son victoriosas, como hay que esperar, 
van á preparar la solución definitiva de la 
crisis en favor de la causa nacional. 

Esa solución para mí tiene dos grados; 
ó mas bien ditího, la actual crisis argentina 
tiene dos soluciones : — una preparatoria y 
pasajera; otra definitiva y pennauente para 
siempre. Ninguna de ellas debe ser obra de 
la violencia. La marcha de las cosas ha de 
señalar la hora de una y otra. La primera 
solución es — V. E. Presidente de la Repiíblica ; 
la segunda es — Buenos Aires á la cabeza de 
la Nación, bajo condiciones por las que sea la 
Nación la que gobierne realmente en Buenos 
Aires. Solo V. E., por trabajos pacíficos y 
graduales después de estar en el poder, podrá 
realizar esta última solución, quesera el co- 
ronamiento de nuestra organización naciott 
y la única terminación definitiva y pertt 
nente de nuestro pleito de cincuenta años. 

Las bases y condiciones de esta soluO^ 
están desarrolladas en el libro que me ] 



866 



mito remitirle, trabajado con el paciente amor 
á la patria de que V. E. ha dado siempre 
á su autor el más brillante ó infatigable ejem- 
plo. Conociendo los instintos generosos de 
V. E.,no dudo de que esa solución lo satisfaga 
completamente. Por otra parte, su penetrante 
buen juicio no podrá desconocer que la cues- 
tión argentina necesita un arreglo de tal na- 
turaleza que quede firme y respetado por to- 
dos, aún después que la Providencia ponga 
un término á la gloriosa carrera de V. E.; 
ó aún antes de eso, para que los últimos años 
de su ilustre vida no sean perturbados por 
la necesidad de hacer campañas anuales en 
defensa de los intereses de su provincia y de 
las otras. Es preciso levantar baluartes para 
vencer la resistencia de Buenos Aires en la 
misma Buenos Aires, y hacer de modo que 
ella encuentre su interés bien entendido en 
abandonar esa resistencia. Esta es la mente 
de la solución propuesta para practicarse 
hoy día, porque ella requiere, como requisito 
previo, la presencia á la cabeza de la nación 
de un jefe del prestigio y de la fuerza de 
V. E., y á la ]ey solamente toca designar ese 
tiempo. Pero creo que este es el momento 
propio de introducir y dar á conocer esta so- 
lución para familiarizar con ella al pueblo 
argentino. Por otra parte, la creo capaz de 
servir á la causa nacional en este momento 



-866- 



mismo, porque ella pi-ueba que los naciona- 
listas no tienen miras que no sean compa- 
tibles con la dignidad y el interés bien en- 
tendido de Buenos Aires. 

Yo no dudo que V. E. me disimule la 
franqueza amistosa y cordial con que me en- 
trego á estas consideraciones de alta poU- 
tica argentina en la correspondencia per- 
sonal que V. E. me hace el honor de sostener 
conmigo. 

Esperando ansioso recibir el boletín de la 
nueva victoria, tengo el honor placentero da 
anticiparle mia abrazos de felicitación por el 
triunfo de los principios y de las institucio- 
nes de la República Argentina, confiados esta 
vez, como otras, á su brazo benemérito. 

Rne-go á V. E. ino crea siempre su mu}' 
adicto y decidido amigo. 



París, 23 de Noviembre de 1861. (1) 



Señor don Garlos Lefebvre de Becour, Ministro 
de Francia en el Paraná. 



Mi querido señor y amigo: 

Este vapor, salido del Plata á mediados de octu- 
bre, nos ha traido la noticia de un nuevo triunfo 
del general Mitre, regalado por sus adversarios. A 
pesar de su triunfo así obtenido, yo creo tan difícil 
la empresa del general Mitre de someter y organizar 
á su modo toda la Confederación, como la del gene- 
ral Urquiza de someter á Buenos Aires en la altura 
á que han llegado las cosas. 

Como es posible que en tal situación los oficios 
de los Ministros extranjeros se empleen de nuevo 
para promover un compromiso, me permito hablar- 
le de los medios que pudieran darnos una paz es- 
table. 

La debilidad de la Confederación y su anarquía 
viene naturalmente de que carece de gobierno gene- 
ral. El que lleva este nombre dejó de ser un poder 



d» IMihlicando aqnl cnta carta dirijida á un pernonaje de influencia, por 
sn alta poHicion, en aquella época, no hacemoH m^ que renpetar el or- 
den en que eHtaba copiada.— (Kditor.i 



reftTy electivo desde la reíorm» y por su causa. So- 
lo es un gobierno noiniüal. La taita de medios efec- 
tivoa de poder le arrastra á buscarlos donde puede, 
y de ahí su necesidad latal de entrar en todas laa 
vías peligrosas. Así el año pasado buscó el poder 
que le falta en la alianza con Buenos Aires ; últíma- 
meutelo ha buscado en la formación de un ejercito 
propio y de triunfos propios. — De aquí loa últimos 
desastres. 

Yo creo que esta vea se perauailírá ol presidente 
da que un gobierno es imposible eon los medios que 
le ha dejado la reforma; y que su presencia com- 
plica la sitnaoiou, y embaraza el medio de ealir de 
ella. Esta en la posición en que se halló el señor 
Eivftdavia en 18'2li, y como lo creo patriota, no du- 
do que al fin tendrá que imitar su noble ejemplo, 
dimitiendo un poder imposible. 

Una inteligencia entre el general ürquiza y el gene- 
ral Mitre podría ser hoy no solo necesaria, sino muy útil 
para tocios los intereses en luclia. — Son dos capacidades 
que se completan mutuameute, para íormar un poder 
que se extienda ú todo el pais sin resistencia. Xi el ge- 
neral Mitre ])odria gobernar á las provincias sin el auxi- 
lio de un hombre como el general Urquiza, ni este 
podría goberuar á Buenos Aires sin la cooperación 
de uu hombre como el general Jritro. Los dos por 
sus cualiiladf's responden á dos modos de ser que la 
República aíecta en sus ciudades y eu sus cam- 
pañas. 

Para que su inteligencia de resultado litil, debe ser 
sincera. Desde el momento que uno se proponga 
engañiir al otro, la smedud de hombres de Estado 
les falta ; asumen el rol de ci.'imicos, y la uniou se 
vuelve una comedia. 

Para que la uuiou de estas dos personas sea esta- 
ble, debe descansar en la unión de los intereses públi- 



869 



COS. No hay que equivocarse : la división argentina 
me es personal ; está en los intereses. Los intereses 
están en guerra, y ellos son los que ponen en guerra 
á los hombres. Los intereses están en guerra porque 
una parte los tiene absorbidos todos de su lado; y la 
otra está privada de todo lo que le pertenece. 

Sólo una distribución leal y justa de las ventajas 
y medios entre las dos partes del país hará estable 
y duradera su unión. 

El medio práctico de establecer ese equilibrio en 
la distribución de los medios y de las fuerzas del 
país, es la subdivisión del poder provincial de Bue- 
nos Aires. 

E-ecomiendo mucho á su atención la lectura de un 
folleto, — Condiciones de la unión definitiva de la 
B^epública Argentina, que ha ido de Londres. Yo 
conozco á su autor. Nada ha escrito ahí que no sea 
el fruto de una razón libre de toda preocupación de 
partido. 

La división de Buenos Aires daría á esa ciudad 
el ascendiente supremo en toda la República ; á ésta 
le daría su capital y le aseguraría su integridad. A 
Mitre le daría el medio de gobernar toda la Repú- 
blica, sin resistencia de ningún género. 

Sin esa división, Mitre no podría ser Presidente de 
la República, sin ser destruido por la resistencia de 
la misma Buenos Aires. 

Si él subiese á la Presidencia para gobernar por 
la Constitución actual y según un orden ó método 
de división administrativa de la República tal cual 
hoy existe. Mitre no iría a residir en el Paraná. Si 
residía en Buenos Aires como presidente, á su lado 
habría un gobernador de la provincia. Ese goberna- 
dor sería su antagonista nato y poderoso. Si asumía 
los dos empleos, no lo podría verificar por seis años. 
Desde que la ley local le^diese un gobernador á su 



I 



— 860 — 

lado, J^ no podrís poseer oomo Presidente la 
ó tmoro de Buenos Aires, qne sería manejada por el ) 
GobemodcT. Entonces snbiendo de rango, desoen- 
derfa en poder real, j le sucedería eo Boeoos Airas 
lo qae al préndente D«^ni delante del gobernador 
de Entre- Ríos. 

Para q«e el presidente y el gobernador existan 
en Buenos Airea sin hacerse ia guerra, basta.ría di- 
vidir la provincia, v dar al presidente la dadad oo- 
mo terntorío de sn mando exclusivo, j al gobemv 
dor la campaña ^gida en provincia separada. 

De este modo el prestdeQt« annque poseyendo solo 
la ciudad de Bnenos Aires, sería tan fnert« oomo 
ooalqnier gobernador, porque Buenos Aires ( la ciudad ) 
snoierra el puerto y tiene la aduana, es decir, el te- 
soro, y k» más cousiderable de los iutereises extranjeros. 

Con osa bnae y oon el apoyo de un hombre oomo 
el general Urquiza, la presidencia en manos de OD 
hombre como Slitre, nos daría, es probable, mochos 
años de paz y progreso. 

El general L'rijiiiza ganaría en ello la veiitaja de 
ver formar^ie entre la ciudad de Buenos Aires y el 
Entre-Ríos, una nueva proviccia que le relevaría de 
la necesidad de hacer campañas todos los años para 
contener el poder exliorbitaiite hoy día de Buenos 
Aires, y que le permitiría trocar al ñu de sus años 
de tina quietad digna y honorable. 

Si llegase la ocasión 'ie hablar vd. sobre esto con 
ambos, yo no tendría obstáculo en qne les hablase 
de esta carta y de las ideas que contiene. Desnudo 
de toda personalidad, mi deseo no es otro que ver 
á mi país organizado regulan;; ente, y en vía de la 
prosperidad de que es tan capaz por sus dotes na- 
turales. 

Saluda, etc. 

-Tviíí B. Alh-^rdi- 



París, 24 de Noviembre de 1861. 



A S. E, el señor Capitán General de la República 
Argentina don Justo José de Urquiza. 



Mi muy distinguido amigo y Sr. General : 

En toda su última campaña 5^ en estos 
momentos mismos tan difíciles le tengo á 
toda hora presente, como la columna fuerte 
de nuestra bella y desgraciada caasa nacional. 
Creo no haberme equivocado en la causa 
que, á mi ver, nos ha traido á la situación 
presente. Esa causa es la división que ha 
debilitado nuestras fuerzas y puesto toda la 
República á la merced de Buenos Airea, sin 
que por su parte esta provincia haya hecho 
gran cosa para obtenerla. El remedio sencillo 
de esa división vendrá naturalmente cuan- 
do la fuerza de las cosas haga cesar el ele- 
mento que sirve de obstáculo por ser insu- 
ficiente. 

Yo creo que es tiempo 3'a de convencerse 



qne nuestro paÍH }ia quedado sin gobierao 
general, desde que la reforma debilitó y anu- 
ló sua inedioa, eiitiTgándolos á Buenos Ai- 
res. La presidencia actudl es iniposíblo. Ni 
el doctor Derqni, ni nHdie en su lugar, po- 
dría gobernar la República por la Constita- 
cion presente, porque, según ella, el Presi- 
dente no tiene en realidad poder alguno. Es 
un mero poder nominal; ¡alto de medios, 
tiene que conspirar para encontraiios donde 
pueda, y de ahí la necesidad fatal que le 
precipita en todas las malas vías. Uu go- 
Iwerno en u»a situación es una calamidad 
para el país, lejos de ser un bien. Tal fué 
la situcion en que se encontraron el señor 
Rivadavia y el doctor López en 1826. Lo 
ijue ellos liifiornn es oí pnrtido más pruden- 
te y más leal que puede tcimar un argentino 
iinianto de su piüs. Yo no iludo quü el señor 
doctor Dcripii se veni |iri-cisadi.i por la fuerza 
du las cnsus á snguir ese ejemplo. 

Lo primi'rn <jue tendrá qun hacer el numo 
Presidente, si no quien' tfner la suerto del 
doctor Derqui. es cumbiar la Constitución 
actual, convocando una C'on\"encion al efecto. 
Peío. en la situación presente, ese cambio 
no pndiia ser hfclio sino por un acuerilo tic 
las dos priuciiialí's iiitlucncias que han que- 
dado cu el país, que sou la de V. E. y la 
del general iíitre. Para prepararlo y facili- 



863 



tarlo, convendría tal vez que en el primer 
gobierno general que se forme tengan gran- 
de y directo influjo tanto V. E. como el ge» 
neral Mitre. Yo sé que eso no depende ente- 
ramente de la voluntad de ustedes dos ; pero 
los amigos del país podrían hacer suyo el arre- 
glo de este punto. 

Dudo que por sí solos ni Y. E. ni el gene- 
ral Mitre puedan llevarlo á cabo, porque la 
resistencia del uno bastaría para neutralizar 
el esfuerzo del otro. La unión de sus esfuer- 
zos, en el sentido de un común propósito 
nacional, sería tan útil á los dos partidos en 
que está dividida la nación como á los inte- 
reses y á las personas de los dos hombres 
que ho}^ deciden de sus destinos. Felizmente 
es posible poner de acuerdo todos los inte- 
reses encontrados, por poco que se empeñen 
en ello los hombres influyentes de ambos 
lados. Yo me permitiré volver sobre este 
punto en otra carta. 

Ahora diré á V. E. reservadamente el 
peligro á que está expuesta nuestra causa 
por hallarse la nación sin un gobierno ge- 
neral eficaz. El estado de anarquía, que 
es su consecuencia, justifica la pésima opi- 
nión que Buenos Aires nos ha formado en 
Europa. Es preciso que V. E. sepa que el 
crédito de la Confederación y el de sus 
hombres están aquí por los pies de los ca- 



— 864— 



ballos. Lo peor es, mi querido señor Oflni^ 

ral, que la principal culpa es nuestra, pues 
Be puede decir que nuestro gobierno ha muer- 
to para los negocios en Europa de dos años 
á esta pai"te, vista su absoluta inacción. Bue- 
nos Aires lo puso asi cuando introdujo 80 
influencia en el Paraná. Cambió los Cón- 
sules de la Confederación. Anuló esta Le- 
gación, dejándola sin empleados y sm sueldo», 
que no se le pagan hace ya cerca de dos 
años, y dejó á nuestro gobierno sin uu ór- 
gano en la prensa de Europa. Después del 
señor Riestra las cosas han quedado asi lias- 
ta este momento. Los cónsules repuestas 
vacilan en admitir su empleo, temerosos de 
una segunda destitución. El señor Riestra, 
siendo nuestro Ministro de Relacionéis Exte- 
riores, tomó nota de cuanto consejo he dado 
á nuestro gobierno durante estos últimos 
años, y lo que nosotros no hemos hecho- 
hace Buenos Aires al pie de la leti^ft. ~ 
la prensa de Europa está ganada por su 
bierno. Nuestro descrédito es tan 
que dentro de poco ni por plata se ata 
tal vez ningún periódico á defendemos.^ 
fuerza de oir á Buenos Aires sin oirnQi 
nosotros, se va tomando á nuestro 
como el representante de la harbarU- y i 
Buenos Aires como el de la civilUaeion. I 
Times j o\ Journal des Debats, que son loel 



866 



meros órganos de la prensa europea, lo hacen 
entender así. Pronto ese juicio pasará en 
autoiidad de cosa juzgada, y los gobiernos 
de Europa, siempre atentos á la opinión, lo 
pondrán en práctica por su política en el 
Plata, como hacen hoy en Méjico. Estamos 
expuestos á que el día menos pensado los 
gobiernos de Europa pongan sus medios al 
servicio de Buenos Aires, para hacer de su 
gobierno el gobierno de toda la república 
Argentina. Existe un plan entre los gobier- 
nos de Europa para intervenir en las Re- 
públicas de América, con el objeto de hacer 
cesar las eternas guerras que destruyen su 
comercio. La formidable expedición que aca- 
ba de partir para Méjico es un primer pa- 
so de ese plan. Ella tiene por principal ob- 
jeto fomentar y sostener gobiernos fuertes, 
tomando por base los gobienos existentes que 
se presentan como los más civilizados. Los te- 
nedores do bonos en Inglaterra son los princi- 
pales promotores de esa intervención en Mé- 
jico, y hace tiempo que la están pidiendo para 
el Plata. Como Buenos Aires les debe 16 
millones de pesos fuertes, lo presentan na- 
turalmente como el representante de la civi- 
ImicioUy á fin de que Europa apoye su go- 
bierno y lo imponga á todas las provincias 
presentadas como bárbaras sistemáticamente. 






-866 — 



Y no nos valdrán las simpatías y el apo- 
yo dft algunos diplomáticos, puea los conse- 
jos ijne den d sua gobiernos en favor nuestro 
podrá exponerlos á perder su plaza como 
parciales, según le sucedió al señor Le Moy- 
ne, cuando los daba en lavor tie Buenos 
Airea contrariando la opinión general (jue 
nos favorecía á nosotros en tiempos paira- 
dos. 

El elemento do la política exterior fué ol 
gran nieilio con que V. E, destruyó al gene- 
nal Rosas, y se sobropuso á Buenos Aires 
por muclioH años. Abandonado por noso- 
tros, ese elemento hi pasado otra vez á ma- 
nos de Buenos Aires, que lo comprende hoy 
mejor que nosotios, qne lo cultiva activa- 
mente, y que lo hará servir, si nos descuidamos 
para imponer á toda la república la autori- 
dad del gobierno de Buenos Aires, en nombre 
de la civilización y á favor de una interven- 
ción europea, por la cual trabajan hoy infi- 
nitas influencias que nos son desafectas. 

Le revelo á V. E. todas estas cosas y lo 
hablo con esta franqueza ahora que vuelva 
á ser el único y grande apoyo de nuestra 
causa nacional argentina. V. E. puede evi- 
tar á nusstro país inmensos males haciendo 
oir de un modo franco y ent^rgico sus influ- 
yentes consejos, dirigidos al gobierno existen- 
te, sea cual fuere y si es posible al Congi-eso 



— 867 — 

mismo, para que llame su atención sobre los 
amagos de ruina y desquicio que vienen de 
nuestra política exterior, abandonada com- 
pletamente y reducida á la más absoluta im- 
portancia. 

La falta conocida de medios pecuniarios 
no' sería una excusa de la inacción del gobier- 
no, porque podría autoiizarme para obtener 
en Europa, en su nombre y por su cuen- 
ta, los fondos necesarios al gasto de su diplo- 
macia. Mientras nosotros nos miramos tanto 
para contraer créditos de nada, Buenos Ai- 
res bota con el pié cientos de millones que 
algún día acabarán por ser deuda nuestra, 
después de haberse empleado en airninarnos 
á nosotros mismos. 

Ruego á V. E. me crea siempre su muy 
adicto y decidido amigo. 



París, 7 de Enero de 1862. 

A S. E. el Sr. Vice- Presidente de la República 
Argentina^ Brigadier General D. Juan Estévan 
Pedernera. 

Mi apreciadísimo señor Vioe-Presidente. 

Tengo el placer de darle mis gracias por 
sus dos interesantes cartas de octubre y de 
noviembre, Q llegadas á mis manos á un 
mismo tiempo el 3 de enero. Los sentimien- 
tos generosos y elevados que campean en 
ellas, confirman más y más la envidiable re- 
putación de que V. E. disfruta por su carác- 
ter leal y caballeresco. Si hay para mí una 
cosa digna de admiración 5^^ respeto en me- 
dio del cuadro doloroso que ofrece nuestra 
situación, es la figura política que en él hace 
V. E. con su firmeza varonil, grande y mo- 
desta. La historia no dejará de tenerle en 
cuenta este nuevo título á la gratitud argen- 
tina. Su conducta recibe un nuevo realce 
del ejemplo tristísimo que se ha repetido á 
su lado. No hay palabras bastante enérgicas 
paia calificar la humillación que ha hecho 



(1) CartiH del Brij^adier General don Juan R. Peder oera, afto 1861. 
Archivo df la eorreapondeneia hiitórica y po/itira del doctor Juan üau- 
tista Alberdi. 

Se publicarán oa tomoa sif^uientet).— ;Kditor>. 



-8?0- 



' en el extras jen> al _ 

la manera da alejane de su poealD j 
país del señor Préndente de la ~ 

I» dolomso es qae toda la 
dad de lúa ai-'tm del Dr. Derqoí cAb 
modn sobn.* el GeneTat rnjoizai á 
de los que no reo de lejos otra figura do- 
minante en la L'onfederackm que la del vence- 
dor de Rosas. £1 nombie del Dr. Oerqni, 
á peaar del rango oficial qa» c-jerna. era in- 
MgniScauíte y uacuro en Europa. d^Hide era te- 
nido (-orno rample mstrnmento d>-l General 
Urquiza. Lo lualo es qne, para reíotar este 
error, habría qae entrar en revelaciones qne 
tal ves es más ñtil al honor de nuestro país 
d omitir. De todoe modos, eso pmeba coánto 
tif'v- que tra'-aiai e! «eñ'-i 'í-.'ni-i-a! Uri^ii- 
za paia le^caljl-njer sa noini-ie beaemerito 
<il IutU*''' ]':'di'\uio •'[•■if- t^-iiía alioia cinoo años. 
Ft^-liznií^üf"-. !a o ■a.--i>:>ii y !.:.< metlii-s ^e le p^e- 
-•jiiran -i: ;ibiiiiiani;ia. l'na d-- l;is oondicio- 
n-.- e-.-n.-iül^", ]..aia e^a le-tauraci.in. :;erá 
ioñ'iüi'f: iJ>; h iiitjre'S d-- iiireligencia v de 
prt-tiííio. La íixpiineniLÍA acaba de probarle 
lú- luí. e-E"- r';-:iiitad' •? de una mala elección. 
Para la cau-a y para ti sistema de gobier- 
!)•'• áf; ijii-'; el <íen-_ral Urqiiiza se lia cons- 
titui i'"' •vi i'.-pi' s-üítan'e ]ii-t-''ricri, Ins hombres 
de int'.-lig'i-i.'.ia y do ci>Mito ?oii indispensa- 
bles. n>' -o pU'.dv g> ■' viT.ar sin su coopera- 



— 871- 



cion. El G-enera! Urquiza debe traerle» de 
nuevo á au rededov. La sepaiacion del Dr. 
Derqui le presenta una coyuntura feliz para 
conseguirlo, puea fué sii presencia en el poder 
la causa principal de au alejamiento. En 
Chite, en Montevideo, en Buenos Airea, hay 
muchoa hombres con quienes el General Ur- 
quiza debe contar en estos momentos y pa- 
ra loa que vienen. 

Importará muchísimo cjue reanude aua re- 
laciones y simpatías con los Ministros ex- 
tranjeros que ahí residen. Ellos forman la 
opinión de un gobierno, que por mil cauaaa 
ya conocidas están mal dispuestos hacia nos- 
otros, y que con un simple cambio de acti- 
tud pueden hacernos más mal que t,odo el 
poder dü Buenos Aires. Me permito llamar 
le atención de V. E.á lo qne sobre esto escribo 
al señor Ministro de Relaciones Exteriorts. 

Como estos gobiernos solo se atienen á 
los hechos consumados respecto de uo.iotros, 
convendrá que el General Urquiza obre como 
un relámpago y sin detenerse en formas, para 
evitar que Mitre cambie los hechos á su 
favor, aunque sea momentáneamente. De 
nada nos servirían la justicia y el derecho 
en este último caso, pues toda la conside- 
ración de, la Europa se iría al lado de Buenos 
_ Aires. 

Mitre nos enseña cómo debemos tomar la 



— 872 - 



Constitución que él ha heclio roformai" 
disolver el gobierno nacional. El es el línico 
que la toma á lo aério desde que no hace 
ningún caso de ella, ó cuando más la em- 
plea como uno de sns cañones de anarquía 
y de desvastacion. Lo que importa ante 
todo ea librar á la Repiíbliea de sus enemi- 
gos, obrando según las leyes de la situa- 
ción, quo es completamente revolucionaría; 
pues lo que llamamos la Constitución adtial, 
no es más que la revolución convertida en 
Código fundamental. 

Por mi partí?, mi querido señor General. 
esté V. E, seguro (¡ne ine sostendré en mí 
puesto y en mi deber mientras pueda man- 
tenerme materialmente en pié. De nuestro 
gobierno dependerá en mucha pai^te el qoe 
yo no sucumba. A él le toca apreciar la 
importancia de los trabajos que la defensa 
de nuestia cansa exige en este terreno. 

Deseándole aliento y coraje invencibles. 
y una feliz estrella en el año nuevo en que 
entramos, tengo el placer de renovar á V. E. 
mis respetos, y do estrecbar su mano gene- 
rosa y simpática. 



INSTRUCCIONES 



SegDD las cuales deberá expedirse, dorante mí ausencia, 



EL SR. GARL03 I. UMARCi 



INSTRUCCIONES 

Segan las cuales deberá expedirse el señor Carlos M. Lamarca 

durante mi ausencia 



§ 1» 

Facultades y funciones del señor Lamarca 

Todas las facultades y funciones que de- 
berá ejercer el señor Lamarca, están especi- 
ficadas y determinadas en la nota que pasó 
al Ministerio, avisando mi partida y los en- 
cargos que dejaba al señor Lamarca, attache 
de la Legación. La nota es de feclia . . . 

Esas facultades no se aumentan ni redu- 
cen por el título de Encargado de negocios in- 
terino, que se dá al señor Lamarca en la nota 
del Ministerio ; pues los empleados argenti- 
nos solo reciben sus facultades de su gobierno 
respectivo ó de sus delegados. 

§2° 

Ck>rrespondencia de los gabinetes de Francia y de Inglaterra 

ff 

El señor Lamarca abrirá toda la corres- 
pondencia que venga á la Legación argentina, 
de ambos gabinetes, y en vista de ella hará 
lo siguiente: 



Si lafl notas fuesen simples circulares, par- 
ticipando actos del gobierno de que vienen, 
y exigen nn simple acuse de recibo f'i fácil 
respuesta; ain embargo de ello, el señor La- 
marca escribirá un proyecto de nota y lo con- 
aultaiii con el señor Manneqnin, ó con el 
señor Baésa, ó Mr. Bowens. 

Si la nota extranjera se contrae á pedir 
datos, ó exige una contest.aeion un poco com- 
plicada, el señor Lamarca se abstendrá de 
darlas y me coasultaní mandándome copia 
en papel de seda para que yo le envié la res- 
puesta. 

El señor Lamarca, en uno y otro caso. 
no debela pasar nota ninguna sin consultar 
de alguno de los dos modos que quedan se- 
ñalados. 



?í 3" 



ci:i] del Paraná 

servirá no abrir m 



El señor Lama 
conr'<p«ii'l<-n''Í,i oftri.il ,],■} Paraná. — ^En el acto 
de recibirla, me \<< avisaiú por el telégrafo á 
Roma ú á Madrid. V en vista de mi respue.'sta 
la dirigirá cerrada como la recibió, á uno ú 
otro de.stiuo, bajo leeibo. 

So couoce eiiál es la correspondencia ofi- 
cial, porque trae el sello del gobierno y me 
os dirigida en mí calidad ilo empleado. 



877 



§ 4» 

Correspondencia privada 

También se servirá el señor Lamarca no 
abrir mi correspondencia privada, es decir, 
las cartas que me vengan ya del Plata, ya 
de Chile, ó de cualquier otra parte. 

El señor Lamarca me la mandará á donde 
yo esto, después de saber dónde estoy, por 
el telégrafo. / Véase el § 13 ). 



§ 6^ 

Papeles oficiales: reserva 

El señor Lamarca, aun dentro de su cuar- 
to, tendrá siempre los papeles oficiales, debajo 
de llave. — Es inútil añadir que no deberá 
mostrarlos á nadie, ni hablar de lo que ellos 
contienen con persona alguna. 

La conversación sobre política argentina, 
es cosa de que debe abstenerse totalmente 
el señor Lamarca, habland j con personas di' 
s ¿(lentes. 

Si le niegan un hecho, — déjelo negar. 

Si me hacen un cargo, — responda que nada 
sabe. 



Si nos critican, — ^ calle la boca, y evite 
toda defensa. 

§6' i 

Haga y rciníba laa que menos pueda. En 
ninguna parte, repita sus visitas A menudo. 

§ 7" 

Loa nolloa 

Los dos sellos deben estar siempi-e debajo 
de llave. 

El señor Lamarea no debe emplear los 
sellos sino para loa casos estrictamente oficia- 
les é indispensables. 

Ninguna cosa queda en su poder mas de- 
licada que los sellos. El es responsable de 
todo abuso (juG se haga do los sellos, por 
quien quiera que fuese, y es inútil añadir 
que todo abuüo de los sellos es regido por el 
Código penal. 



hj\ señor Laniarca liani uso de ellas solo 
para ver á empleados del Ministerio, ó á 
miembros del cuerpo diplomático. En todo 
otro caso, debe emplearla tarjeta ¿¡ersoii al. 



— 879 



§ 9» 

Fiestas é invitaciones 

El señor Lamarca en su calidad de mi sus- 
tituto interino, no está obligado á concurrir 
á ellas. Si gustase ir á algunas, podrá ha- 
cerlo, por su cuenta, cuando fuese convida- 
do. No pedirá nunca que le conviden si 
expontáneamente no lo hacen. 

En las fiestas ó soirées mucho decoro, ha- 
blar poco y nada de galanteos. 

§ 10 

Posta 

El señor Lamarca irá á la oficina central 
de la posta, y en su calidad de empleado de 
la Legación Argentina, hará dos cosas : 

1^ Prevendrá que se ha cambiado el adres- 
se de la Legación — del 35 rué Blanche, al 52 
rué Taiblout. 

2^ Hará conocer del director de la posta, 
la autorización que ha recibido de mí para 
recibir mi correspondencia. 

§ 11 

En las tarjetas mías, que el señor Lámar- 



ca distribuya, p. p. c. pondrá con lápiz, al 
pié, el nuevo adresse 52 rué Taiblout. Este 
adresse dará, también en el Ministerio de Re- 
laciones Extrenjeias y en la Embajada in- 
glesa. 



g 12 



^ 



El señor Lamarca entrará en relación con 
el portero de la nueva casa y le ofrecerá 
una compensación mensual para su desem- 
peño leal y atento; haciéndole conocer bien 
mi nombre y mi posición, asi como las del 
señor Lamarca. 

Al |>ortero de la rae Blanche le pagará por 
al.miii tiempo, i/iiinr,' fram-osal mes. adflan- 
tados, para que reciba la correspondencia 
que nos siguiese viniendo, á pesar de los 
avisos de nuestra mudansay haga conocer 
iniestro nue\o tnhnsc á las personas que le 
pregunten por él. 



La única caita paj-ticnlur i^no oficio) que 
podrá abrir el sL'ñor Lamarca de las que me 
vengan dol i'lafa, será la de Mouteridfo del 



— 881 — 

Dr. Pico. Para conocerla podrá compararla 
con el sohre escrito que se acompaña al mar- 
gen. (O 

El señor Lamaica sacará un extracto de 
las noticias políticas que traiga, y que puedan 
ver la Im (porque habrá quizas noticias que 
no convenga publicar^. De ese extracto tra- 
ducido al francés^ mandará un ejemplo á Bél- 
gica, otro á Dunkerque, otro á la rué d'Aróo- 
le, á París, a las personas que él sabe. 

Volverá acerrarla carta y me la manda- 
rá original donde yo esté. 

No nombrará al Dr. Pico para nada. 

§ 14 

Carta de Norte América 

Vendrá una carta gruesa de Norte Amé- 
rica en estos días. Siendo así, es decir, abul- 
tada, ei señor Lamarca la abrirá. Dentro 
vendrá probablemente una Memoria escrita 
por el señor Ortiz sobre tierras públicas en 
la Confederación Argentina. El señor La- 
marca sacará una copia de ella, con tiem 
po, á fin de poder mandar el oiiginal al se- 



(1) 8e encuentra un sobre dirijido aní : "A Monsienr J. B. Alberdi, GhMX- 
icé d'Affoiree de la Oonfederation Ar^centine, 35 me Blanche, Parls^'eon 
•1 sello de la administración de CorreoM de Montevideo, fecha 4 de Enero 
de 1856. 



56 



ñor Gutiérrez por el paquete de¡ 7 de mayo, 
dejando en París la i'opi». 

§ 15 



Dar el niimero de la nueva casa, 52 me 
Taiblout á los amigos; por visitas, en la 
Legiicion iiigleea, aieiido y dándolo h1 que 
vive allí con las adiesses; otro tantíi en la 
Legación Norte Americana ; otio tanto á !os 
señorea (tÍI y Lbanle, cónsul y vioe-cúnsul 
argentino. 

§ t(í 

Tan luego como los ejeifiuifur y autoriza- 
ción á favor del seiíoi- (ril y del señor Lliaule, 
liayau sido dados, ol señor Lamarca icmi- 

tirá, para asinitos de pasiiportes y legaliza- 
ciones, á todas las (jul- vengan al (Jniiniiliido 
Arfientino, me Saint Jeorge -Y". -í-!í. 

S 1" 



El señor Lamarca leerá todos los días es 
tas Iii.'tfnicciimes ó al menos con mudia íre 
cuencia. 



883 



Todo su honor en la posición jen que que- 
da, está reducido á observarlas bien. 

No leerlas, olvidarlas, leerlas ligeramente, 
es lo mismo que quebrantarlas. 

Todas estas instrucciones se encierran en 
una regla, á saber: — No hacer nada, no 
hablar nada, no escribir nada, sino lo es- 
trictamente indispensable. En caso de duda 
abstenerse. 

El señor Lamarca me escribirá desde dos 
días después de mi partida á Roma. 

Legración AjrsreQtina.— París, 18 de Abril de 1856. 

Juan Bautista Alberdi. 



La cori'ospondeneia ofioial mantenida por el 
Ministro doctor Alberdi con el Gobierno 
Argentino, que comprende las fechas 
desde 7 el Octubre de 1860 hasta que 
cesó en 1862, se publicará oportuna- 
mente. 

Entretanto vá á continuación el inventario 
del Archivo de la Legación Argentina 
que estuvo á cargo del Dr. Alberdi. De- 
bemos hacer notar que el Archivo del 
Ministerio de Relaciones Exteriores — por 
la traslación del Paraná á Buenos Aires, 
y luego por incendios, — sufrió considera- 
bles perjuicios, á tal punto que hoj^ no 
existen sino escasos fragmentos de las 
conmnicaciones de la Legación Argen- 
tina. 



Inventario de lo que contiene el Archivo de la antigua Legación 
Argentina en Europa, desde 1864 hasta 186á 



CARPETA NÚMERO UNO 

(LoB guarismos qne están entro paréntesis, indican el número de notas 

y documentos) 

Notas del Gobierno Argentmo de 1854 (20) 
— 1855 (26)— 1856 (50)— y 1857 (45). 

CARPETA NÚMERO DOS 

Notas del Gobierno Argentino de 1858 (63) 
—y 1859 (82). 

CARPETA NÚMERO DOS ***" 

Notas del Gobierno Argentino de 1860 (64) 
—y 18(51 (45). 

CARPETA NÚMERO TRES 

Notas del Gobierno Español de 1857, 59 
y 60 (42). 

CARPETA NÚMERO CUATRO 

Notas del Gobierno Francés de 1855 (7) 



— de 1886(23)— de 1857 (20) — de 1858 (22) 
lie 1869 (14) — de 1860 (13)— de 1861 (19) 

— de 1862 (11). 

CARPETA NÜHEBO CINCO | 

Notas del Gobierno Inglés de 1865 ( 1 1 ) — * 
dol866(27) — del8Ó7 (12) — de 1858(29) 

— de 1869 (19)— da 1860 (16)— de Í86Í 
(13) — y de 1862 (6). 

CARPETA NÚMERO SEIS 

Notas del Gobierno Pontificio de 1856 ( ñ) 

— y 1867 (1). 

CARPETA NÚMERO SIETE 

Notas de Embajadas y Legaciones en Euro- 
pa ( 39 ). 

CARPETA NUMERO OCHO 

Notas de varias autoridades de Euiopa (21). 

CARPKTA NÚMERO NIIKVE 

Cartas de loa niiembroa de la familia Im- 
perial de Francia (63). 

CARPETA SÚMKRO DIEZ 

Cónsules aigentinos en Europa. — Agente 
en Roma. — Legación Argentina en Ñapó- 
les. — Un Tratado entre Chile, Perú y Ecua- 
dor.— Tratado con el Brasil (139). 



889 



CARPETA NÚMERO ONCE 

Ferrocarril de Rosaiio á Córdoba. — Agen- 
cia comercial de la Confederación Argenti- 
na. — Buenos Aires. — Señor Huergo. — Señor 
Baudrix. — Señores Trouvó - Chauvel y Du- 
bois. — Instrucciones para los Cónsules.— Co- 
lombier Hnos. y otros según la carpeta. — ( 40 ), 

CARPETA NÚMERO DOCE 

Diferentes (68). 

CARPETA NÚMERO TRECE 

Congreso de París en 18B6. — Tres docu- 
mentos en inglés. 

CARPETA NÚMERO CATORCE 

Despachos del Gobierno Argentino para 
los señores BraumüUers, Napp 3' Santa Colo- 
ma padre é hijo. 

CARPETA NÚMERO QUINCE 

Despacho para los señores Fauché, Tras- 
serra y Pabehot. 

CARPETA NUMERO DIEZ Y SEIS 

Monsieur Le Moine etc. (Hay algo de Espa- 
ña) (30). 

CARPETA NUMERO DIEZ Y SIETE 

Asuntos de España — (28) — (Se ha puesto 
este paquete en la carpeta número 8.) 



CiBPETA NUJiIERO DIEZ Y OCHO 

Espediente de un reclamo contra el Gobier- 
no Español, etc. (Está corrado). 



CARPETA NÚMERO IHE2 T SUEVE 

Rio Salado (5). 

CAJtPETA KflMEBO VEDÍTE 

Despacho para el señor Campillo. 






CAHPETA NÚMERO VEINTIUNO 

Dos libroa remitidos para el Gobierno in 
glés, (1859-1860). 



CARPETA NÚMERO VEINTIDÓS 

Tratado de NApolea. — (Cubierta de hoja 
de lata). 

CARPETA NUMERO VEINTE Y TRES 

Manifiesto del Director Provisorio de la Con- 
federación Argentina (1853). 

CARPETA NI'MKRO VKTNTE Y CUATRO 

Mensage del Prosidente d« la Confedera- 
ción (1854). 

(^AUl'ETA NIJIIKRO VEINTK T CINCO 

hey de gastos de la Confederación Argen- 
tina (1855-185G). 



— 891 -- 

CABPITA KÜH£RO VBIKTE Y 8EIS 

Constitución Nacional y OonstitucionM 
provinciales déla Confederación (1866). 

CARPETA NÚMERO VEINTE Y SIETE 

Memoria del Ministro de Hacienda déla 
Confederación (1858). 

CARPETA NUMERO VEINTIOCHO 

Memoria del Ministro del Interior de la 
Confederación (18B8). 

CARPETA NUMERO VEINTINUEVE 

Memoria del Ministro de Guerra y Mari-* 

na (1858). 

CARPETA NUMERO TREINTA 

Memoria del Ministro de Justicia (1858.) 

CARPETA NÚMERO TREINTA Y UNO 

Tarifa de aforos para el año 1858. 

ÓARPETA NIÑERO TREINTA Y DOS 

Memoria del Ministro de Hacienda (1859). 

CARPETA NUMERO TREINTA Y TEES 

Memoria del Ministro de Relaciones Ex- 
teriores, año 1859. 

CARPETA NUMERO TREINTA Y CUATRO 

Tarifa de aforos para el año 1859. 



l-AHrKTA SlIMERíl TRKISTA T CIKCO 

Memoria del Ministro de ReJaciones Ex- 
teriores (1860). 



CARPETA XirMERO TEEINTA T SEIS 

Memoria del Interior, año 1860. 



I 



CARPETA KITMBRO TREINTA T SIET^ 

Colección de varios artículos por el Doctor 
■Seguí. 

CARPETA NUMERO TKEISTA Y OCHO 

Un libro de la Dirección General de Co- 
nreos de Londres. 



LIBROS 

TOMOS 1, 2 Y 2 t''^ 

Contienen la correspondencia de la Lega- 
ción con el Crobierno Inglés y lo pertenecien- 
te á Inglaterra. 

TOMO TRK.-!, CUATUO Y CUATRO "' 

Contienen la correspondencia con el gobier- 
no Francés y lo perteneciente á Francia. 

TOMO CINCO 

Contiene la correspondencia con Estados 
Unidos, Roma y Cerdefía. 



893 



TOMO (sin numero) 

Contiene la correspondencia con el Gobier- 
no Español y lo perteneciente á España. 

DOS TOMOS (sin NUMERACIÓN) 

Contienen la correspondencia del Gobier- 
no Argentino desde el mes de diciembie de 
1857 hasta el mes de agosto de 1860. 

UN TOMO GRUESO ( SIN NUMERO ) 

Contiene la correspondencia desde el 7 de 
setiembre de 1860 hasta el 21 de enero de 
1863. 



Hecho triple en París el veinte de octubre 
de mil ochocientos sesenta y tres. 

He recibido el contenido del anterior in- 
ventario por comisión del señor Ministro do la 
Legación Argentina. 



Manuel R. García. 

por el Ministro Halcarce. 



(jabriel F. Valens. 

Por el Ex-MiDÍHtro Alberdi. 



— 896 — 



NDICE 



Del Editor 

Correspondencia dirijida al Ministro de de- 
laciones Exteriores de la Confederación 
Argentina 15 

Cartas y documentos del Archivo del doctor 
Alberdi 445 

Correspondencia dirijida al ^V. Presidente 
de la Confederación Argentina 647 

El (reiieral Ilrquiza 549 

El Juez (le Paz de San Nicolás, dá cuenta al 
Gobierno, de la actitud del General Urquiza, 
en ])res<»n<'-ia de la revolución del 1 1 de Se- 
tiembre 554 

Fragmento de carta del (íen^ral Rosas al doctor 

Alberdi 557 

(Correspondencia 663 

Instrucciones según las cuales deberá expedirse 

el Sr. C M. J.amarca 873 

Inventario de lo que contiene el Archivo de la 
antigua Lpgacion Argentina en Europa, des- 
de 1H64 hasta I8(J2 887 



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Escritos postumos 




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